La Unión Europea deja de financiar la Bienal de Venecia por la participación de Rusia

La Bienal de Venecia tiene más de un siglo de historia y actualmente es una de las muestras culturales más prestigiosas del mundo. Por eso antes la Unión Europea la solía financiar; ahora ahora ha dejado de hacerlo porque… llegan los rusos. Dos millones de euros menos para los organizadores.

Es una cuestión de imagen. Los occidentales están empeñados en mostrar a los rusos como una sociedad atávica, mientras que si acercas a cualquier país al arte, le pones un sello de civilización. En Rusia no hay música, pintura, arquitectura, ni literatura, ni teatro; es un país dominado por la represión, la guerra, los tanques y los misiles.

Un portavoz de Bruselas lo ha explicado así: “Los proyectos culturales financiados por el dinero de los contribuyentes europeos deben preservar los valores democráticos y promover el diálogo abierto, la diversidad y la libertad de expresión, valores que no se respetan en la Rusia actual”.

Hace falta tener la cara muy dura para justificar el recorte de la subvención en la “libertad de expresión” y, por si no fuera suficiente, admitir a 99 países que tienen cho que decir en lo que a “valores democráticos” se refiere, como Qatar, Somalia, Arabia Saudí o en Zimbabue, por poner sólo algunos ejemplos.

En Bruselas se creen árbitros de la moral internacional, de los países “malvados” (como Rusia), y de los “buenos” (todos los demás). Pero no les pregunten a esa banda de parásitos en qué se basan para admitir o expulsar a los unos y los otros de ese reino de los cielos que es Europa. No deben preguntarles nada porque les van a mentir. Son una banda de hipócritas que siempre rodean sus chanchullos con la misma verborrea: democracia, libertad, derechos humanos…

La Comisión Europea estuvo presionando a los organizadores desde antes de la apertura de la Bienal. Pero no se dejaron intimidar por los chupatintas de Bruselas. El director, Pietrangelo Buttafuoco, defendió la participación de Rusia con una obviedad: “la Comisión Europea está chantajeando la exposición internacional de arte”.

Como suele ocurrir, a Bruselas el tiro le ha salido por la culata. Como resultado de la polémica, el número de visitantes de la Bienal se ha disparado. Si la tendencia continúa, será la Bienal más concurrida en sus 125 años de historia gracias a Rusia.

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