El hijo de Tony Blair, Nick, es la pieza clave de un consorcio al que acaban de adjudicar un contrato de 2.000 millones de libras esterlinas del gobierno de Londres para externalizar una parte importante del entrenamiento del ejército británico, sustituyendo los ejercicios físicos por la realidad virtual.
El acuerdo demuestra que el rearme está favoreciendo a empresas con estrechos vínculos con el gobierno y una trayectoria de corrupción e ineptitud comprobadas.
La empresa de Blair se ha asociado con una empresa británica de pésima reputación y un gigante armamentístico estadounidense para adjudicarse el contrato.
El Ministerio de Defensa lleva planificando el Sistema de Entrenamiento Colectivo del Ejército (Acts) desde 2023. Consiste en trasladar gran parte del entrenamiento de 60.000 soldados al año de ejercicios físicos a ejercicios de realidad virtual mediante gafas y pantallas.
El gobierno anunció que el consorcio Omnia Training ganó el contrato del Acts en julio. Será el socio estratégico del ejército durante los próximos 15 años, organizando nuevos programas de entrenamiento para soldados mediante la digitalización y la simulación, a través de una relación diferente con la industria que transformará el entrenamiento militar.
Los videojuegos serán proporcionados por Skyral, un miembro clave del consorcio Omnia. Skyral surgió de una empresa de informática más grande. Su directora, Naomi Hulme, declaró a The Guardian que su sistema de realidad virtual militar se desarrolló a partir de los videojuegos: “Si cambias, por ejemplo, magos por soldados y dragones por tanques, se vuelve realmente aplicable a la defensa”.
Describió sus aplicaciones informáticas de entrenamiento militar como Fortnite potenciado, en referencia a un juego. A los altos mandos militares les gusta el entrenamiento en línea porque es más barato que los ejercicios de combate reales. Sin embargo, existen pocas pruebas sobre la eficacia del entrenamiento de tropas a gran escala mediante realidad virtual.
Skyral se fundó en 2023, un par de meses antes de que el Ministerio de Defensa iniciara la licitación para el contrato de Acts y cuenta con un personaje que sirve de escaparate, Nick Blair, hijo del antiguo primer ministro laborista, implicado con Aznar en los crímenes de guerra de la Guerra de Irak. Skyral describe a Nick Blair como un “inversor, asesor y emprendedor con amplia experiencia”.
Del fútbol a la guerra
Sin embargo, las cualificaciones de Blair para trabajar en tecnología de defensa no son evidentes. Es licenciado en Historia por Oxford y trabajó como agente de fútbol, ayudando a comprar y vender a jugadores de élite, en una empresa que su madre, la abogada Cherie Blair, le ayudó a fundar.
Skyral afirmó que Nick Blair había trabajado en la intersección de la tecnología y la política oficial durante los últimos 10 años. La empresa también asegura que su participación en el contrato de Acts asciende a 88,6 millones de libras esterlinas, lo que la convierte en una pieza clave, aunque minoritaria, del consorcio. Se unirá a ella Capita, una veterana empresa británica de privatización de servicios públicos, cuya participación en el acuerdo ronda los 54 millones de libras esterlinas.
Capita se encargará del análisis de las necesidades estratégicas de formación, la planificación y gestión de la formación, así como del seguimiento y la evaluación de su eficacia. Es una empresa con un pésimo historial con los servicios públicos en general, y con el Ministerio de Defensa en particular. Desde 2012 ha gestionado el reclutamiento del ejército, un cargo que perderá el próximo año debido a su ineptitud.
En 2019 el comité de auditoría del Parlamento declaró que “el rendimiento de Capita ha sido pésimo desde su inicio y no ha logrado cumplir los objetivos de reclutamiento del ejército en ningún momento durante la vigencia del contrato”.
El Ministerio de Defensa miente
Dado que el acuerdo Acts tiene una duración de 15 años, el Ministerio de Defensa ha renovado su colaboración con Capita a largo plazo. Dan Jarvis, secretario de Defensa cuando se anunció Acts, afirmó que el consorcio Omnia estaba compuesto por «empresas con sede en Reino Unido». Es mentira. El mayor accionista de Omnia es la empresa armamentista Raytheon, con sede en Estados Unidos.
El Ministerio de Defensa británico está cediendo una parte fundamental del entrenamiento militar británico a una empresa extranjera. La privatización hace que sea extremadamente improbable que el ejército británico recupere esa parte de su entrenamiento, aunque en 15 años encuentre un nuevo contratista.
Omnia ganó la licitación en un concurso en el que compitió con el gigante armamentístico israelí Elbit. Hubo una campaña contra la decisión del ejército británico de firmar un acuerdo de entrenamiento con Elbit por valor de 2.000 millones de libras, lo que generó preguntas en la Cámara de los Comunes.
Raytheon también tiene un historial de chapuzas. En 2024 acordó pagar al gobierno estadounidense una multa de 950 millones de dólares para quedar exonerada de las acusaciones de fraude y soborno en los misiles Patriot que fabrica y otros sistemas de defensa aérea. El Departamento de Justicia de Estados Unidos declaró que “Raytheon participó en planes delictivos para defraudar al gobierno estadounidense en relación con contratos de sistemas militares críticos y para obtener negocios mediante sobornos en Qatar”.
Como buen contratista militar, Raytheon infló los precios cobrados al ejército estadounidense en más de 100 millones de dólares y, además, sobornaron a un alto dirigente del ejército qatarí para obtener contratos de defensa. Luego ocultaron el pagos de los sobornos falsificando los documentos oficiales.
Esta empresa es ahora un socio estratégico a largo plazo del ejército británico.
Fútbol y evasión fiscal: una redundancia
Nick Blair tiene licencia de la FIFA para comprar y vender futbolistas desde 2011, cuando fundó su propia empresa, Magnitude, con sede en Rio de Janeiro, que originariamente no era más que un anexo del bufete jurídico de su madre, Cherie Blair.
En 2013 vendió al futbolista mexicano Héctor Herrera al Oporto por 8 millones de euros. En su momento fue el mayor transpaso del fútbol mexicano. Para Blair también fue importante: a los 27 años fue su consagración como traficante de jugadores. Cobró 300.000 euros de comisión en un chanchullo en el que actuó como agente doble: a la vez representaba a un jugador y a un club, lo que está prohibido por la ley en casi todos los países del mundo, incluido Portugal.
El objetivo del fraude era evadir impuestos: si un club de fútbol paga la comisión al jugador, además debe pagar impuestos sobre esa cantidad antes de pagar a su agente, y debe pagar además el IVA. Por esta razón los clubes se encargan de pagar la comisión directamente al agente. Cuesta menos y todos ganan.
Un buen hijo de papá y de mamá
Como abogada, la madre Cherie financió Magnitude y negoció muchos de los primeros contratos. Aprovechó su fama, derivada de la época de los Blair en el número 10 de Downing Street, para abrir puertas a la firma. Su experiencia jurídica como abogada londinense fue de gran ayuda en la redacción de los contratos.
La primera aventura empresarial de Nick fue la empresa de videojuegos Magnitude Gaming. Aunque fracasó rápidamente, utilizaron el mismo nombre para lanzar su empresa de representación deportiva.
Su madre, Cherie, figuraba como accionista con un 20 por cien y se considera clave para el éxito inicial de la empresa.
Cuando Magnitude abrió sus oficinas en Río de Janeiro, el patriarca Tony Blair ya tenía una oficina en Sao Paulo para su negocio de asesoría gubernamental. Cherie se marchó poco antes del acuerdo con Herrera, cuando Nicky disolvió la filial británica de la empresa. Ahora, la empresa opera exclusivamente en Latinoamérica.
La herencia de un criminal de guerra
El padrino Blair desempeñó un papel fundamental en la justificación de la invasión de Irak en 2003, mintiendo una y otra vez, sobre las armas de destrucción masiva, junto con Bush y Aznar. En la invasión murieron al menos 500,000 ciudadanos irakíes.
Últimamente ha aceptado la invitación de Trump para unirse a su “Junta de Paz” para Gaza que, entre otras muchas cosas, es un intento descarado de suplantar a la ONU.