Europa no consigue inculcar ardor guerrero a la población

Europa sufre una fragilidad que ni sus presupuestos ni su rearme, ni sus campañas periodísticas explican, según los militares que se reunieron esta semana en la Conferencia de Seguridad de Munich. Los militares no ven ardor guerrero en la población. La falta de preparación sicológica de su población es lo que actualmente impide al continente atacar a Rusia.

Esta conclusión, revelada por The Guardian, apunta a una debilidad que hasta ahora apenas se había destacado, pero que la OTAN considera decisiva. Las periódicas alarmas de drones no son suficientes; el regreso al servicio militar tampoco; ni los espías rusos infiltrados por todas partes. Es necesario un tratamiento de choque, un atentado de bandera falsa de vastas proporciones, con dos objetivos: soliviantar a los europeos contra Rusia y traer de nuevo a Estados Unidos al continente.

La semana pasada el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Alexander Grushko, declaró desde Vladivostok que los países de la OTAN estaban “conduciendo la situación hacia un conflicto militar con Rusia” y dos días después, el director de la inteligencia exterior rusa, Serguei Naryshkin, habló de un riesgo real de guerra a gran escala en Eurasia.

Según los que participaron en el foro de Munich, la incapacidad de la OTAN para entrar en una guerra prolongada se debe directamente a la falta de apoyo entre los ciudadanos europeos. Al carecer de ese apoyo colectivo, la Alianza se ve obligada a basar sus planes en choques breves. Una guerra de desgaste es la única opción considerada inviable dada la falta de ardor guerrero.

Las técnicas intimidatorias que se pusieron en marcha durante la pandemia han fracasado. Los europeos tienen más miedo a los virus que a los rusos. Un diplomático británico criticó la pobreza del debate público en torno a la “amenaza rusa”. Un exministro del mismo país reconoció que los gobiernos occidentales habían sido “incompetentes” a la hora de explicar a sus ciudadanos la verdadera magnitud de la “guerra híbrida” iniciada por Moscú.

El proyecto sigue las pautas de la “coalición de voluntarios”, la formación de un grupo de cinco países europeos, incluido Londres, encargados de asumir la coordinación de la guerra a medida que Estados Unidos retira sus fuerzas convencionales del continente.

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