Hace bien poco estaba muy extendida una visión positiva de la informática, los ordenadores e internet. El triunfo de la ciencia y la tecnología marcaría el nuevo milenio. Ahora todo ha cambiado; las empresas tecnológicas reculan. La mayor parte de las noticias que se difunden sobre las nuevas tecnologías son negativas y los “expertos” hablan de “tecnofeudalismo” como una era oscura que la humanidad tiene por delante.
Los sondeos indican que la población está más preocupada que entusiasmada por el crecimiento de la inteligencia artificial o las bases de datos. En abril un hombre lanzó un cóctel molotov contra la vivienda de Sam Altman, el director de OpenAI.
La Comisión Europea ha sancionado a las nuevas empresas tecnológicas en varias ocasiones. En cinco de ellas a Google le han impuesto miles de millones de euros en multas por prácticas monopolistas y abuso de posición dominante. Pero, ¿qué otra cosa hacen todos los monopolios sino aprovecharse de su posición en el mercado?
Lo mismo ha ocurrido con Meta, que está bajo constante escrutinio por parte de Bruselas, especialmente por transferir datos personales de usuarios europeos a servidores en Estados Unidos, destapando el abrumador dominio de la tecnología procedente del otro lado del Atlántico. Pero, ¿no decían que el capital no tiene patria?
Pero allí la situación no es mejor para el monopolio de Zuckerberg. Una demanda presentada por 48 estados contra Meta ha conducido a un acuerdo histórico de 18.000 millones de dólares. Es posible que a las redes sociales les ocurra lo mismo que al tabaco: una etiqueta avisará de que perjudican la salud, y no sólo la de los niños.
Además de Facebook e Instagram, le ha ocurrido lo mismo a otro tipo de plataformas, como Snap, TikTok y YouTube.
También en Estados Unidos los vecinos se han manifiestan contra las cámaras de vigilancia instaladas en las calles y carreteras por empresa Flock. El malestar se extiende a los concejales que aprueban y contratan las instalaciones.
Lo mismo ocurre con los centros de datos. Las manifestaciones se multiplican y las detenciones también. Sólo este año la policía ha detenido a 37 personas en Estados Unidos en las manifestaciones contra los centros de datos.
Según dicen los “expertos”, la inteligencia artificial va a conducir al despido de miles de trabajadores, mientras nada dicen de los nuevos empleos cualificados que se están creando. Se les podría haber ocurrido proponer que, en cualquier sociedad que no fuera capitalista, el aumento de la productividad podría permitir la reducción de la jornada de trabajo.
Lo mismo ocurre con la desinformación. Las campañas de los inquisidores han conducido a crear la imagen de que en las redes sociales no hay más que bulos, con algunos países (Rusia) dedicados en cuerpo y alma a difundirlos mediante bots, granjas de trolls, “deepfakes”…
La piratería es otra de las lacras características de las nuevas tecnologías. Naturalmente los intrusos suelen estar al servicio de países como Rusia o China. Meten sus narices en los servidores, roban información confidencial y paralizan el funcionamiento de internet. No sólo es una forma moderna de espionaje sino, además, un atentado contra la propiedad intelectual.
Las redes sociales también son el cepo en el caen los ingenuos niños, engañados y acosados por depravados. Por eso la policía, en lugar de patrullar las calles, patrulla por internet a la caza y captura de pedófilos, chantajistas…
Los países comienzan a prohibir a los adolescentes la utilización de las redes sociales. Es una medida que ya ha fracasado en Australia, a pesar de lo cual otros siguen el mismo camino: España, Grecia, Francia, Dinamarca, Portugal, Alemania, Reino Unido…
En lugar de prohibir las manipulaciones de las empresas tecnológicas, la prohibición se impone a los adolescentes.
Surgido en Inglaterra a principios del siglo XIX, el ludismo fue un movimiento de resistencia violenta y desesperada contra el proceso de industrialización. En lugar de rebelarse contra el capitalismo, los artesanos, principalmente tejedores, se rebelaron contra las máquinas, rompiendo herramientas y destruyendo fábricas. Ahora aquel movimiento arcaico vuelve a cobrar fuerza; no le gusta el desarrollo de las fuerzas productivas.
En 2020 se creó en Estados Unidos un movimiento juvenil llamado “Log Off”, que denuncia las fechorías de las redes sociales. En Nueva York se ha creado el Club Ludita, un grupo de estudiantes de secundaria en Brooklyn que no quieren móviles, ordenadores, redes sociales, ni nuevas tecnologías. Lo mismo que los sicólogos, ofrecen a otros estudiantes “curaciones digitales” de una hora.
Dentro de poco es probable que las redes sociales lleven un etiqueta en portada, como los paquetes de tabaco: “Internet perjudica gravemente su salud”.