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Los ataques contra Engels están dirigidos contra el materialismo

Un escrito anterior ha suscitado comentarios críticos que, aparentemente, se dirigen sólo contra Engels, de quien dicen que le hizo un daño inmenso al marxismo con su “Dialéctica de la naturaleza”. No obstante, a pesar de las apariencias, el objetivo de ese tipo de críticas no está enfilado contra Engels sino contra el materialismo, es decir, que se trata de otro intento más de convertir al marxismo en una variante del idealismo subjetivo, que es el propósito de esos “marxistas occidentales” partidarios de la filosofía “de la praxis”, que se pretenden amparar en la Tesis 11 sobre Feuerbach acerca de “cambiar el mundo”.

La burguesía no sólo tiene una concepción errónea acerca de la naturaleza sino que su error desemboca en otra concepción no menos errónea acerca de eso que llaman “ciencias de la naturaleza” por contraposición a las ciencias humanas o sociales. Son dos variedades del mismo error. Un ejemplo de ello es cuando el Vaticano rechaza la homosexualidad por ser una práctica “antinatural”, cuando entre los animales el índice de homosexualidad oscila de un 2 a un 15 por ciento, según las especies. Como no podía ser de otra forma, el récord del orgullo gay lo ostenta la cacatúa rosa, una especie de loro con un 44 por ciento de ejemplares que mantienen relaciones “íntimas” con los de su mismo sexo. Decir que en el sexo hay algo natural o antinatural es absurdo, lo mismo que hablar del índice de crecimiento “natural” o “vegetativo” de la población. Por cierto: ¿la demografía es una ciencia social o natural?

El “marxismo occidental” quiere reducir el marxismo al materialismo histórico porque así es como entienden ellos la práctica y la consigna de “cambiar el mundo”. También dicen que “extender la dialéctica a todo lo que existe en la naturaleza es salirse completamente del objeto del marxismo”. El propósito del idealismo es que la burguesía pueda proseguir indefinidamente lanzando todo tipo de sandeces en nombre de la ciencia, mientras que los marxistas deben mantener la boca cerrada porque lo suyo son sólo las ciencias sociales. Es fácil adivinar que se trata de un desarme en toda regla del proletariado y, naturalmente, un intento de vaciar al marxismo de contenido, que empieza por expulsar a Engels del olimpo de los “padres fundadores”, del que hace tiempo que ya han sacado a Lenin y Stalin.

El ataque fue iniciado por Lukacs quien imputó a Engels (nada menos que) una profunda incomprensión de la naturaleza práctica de la industria y la experimentación científica que, según Lukacs, son puramente contemplativos (1). En este punto el problema de los idealistas como Lukacs es doble. Por un lado, tienen una noción muy diferente de la de Marx y Engels acerca de la práctica: lo mismo que los partidarios de la filosofía “de la praxis”, Lukacs no sabe lo que es la praxis. Por el otro, el tortuoso concepto de naturaleza (y de la dialéctica de la naturaleza) que trata de esbozar (2), también es ajeno al marxismo.

Lo mismo le ocurre a Alfred Schmidt, un seguidor de la llamada Escuela de Frankfurt que en los años sesenta escribió una penosa obra titulada “El concepto de naturaleza en Marx”, en la que se saca de la manga un supuesto enfrentamiento entre Marx y Engels y le imputa a la “Dialéctica de la naturaleza” un tratamiento exterior al objeto de la ciencia (3), algo superpuesto a él, artificioso. Lo ha repetido la burguesía muchas veces: la dialéctica de la naturaleza de Engels se superpone a la naturaleza e incluso a la ciencia, adherida como si fuera un apósito, un postizo.

Por ejemplo, según Schmidt, Engels aplica categorías hegelianas a la célula, incluso despreocupándose de sus presupuestos idealistas especulativos. Es falso. Engels no aplica nada a la célula y mucho menos categorías hegelianas, es decir idealistas. Schmidt oculta que Engels no se refiere a la célula sino a la teoría celular, que es algo muy distinto. Por lo demás, hasta el menos informado se apercibe de que la esencia del desarrollo celular es dialéctica: uno se divide en dos y dos forman uno.

En estos ataques Engels sólo es la coartada. El verdadero propósito del “marxismo occidental” es lanzar un torpedo a la línea de flotación del materialismo en su conjunto y, por consiguiente, Marx es la otra parte del asunto porque, como materialista, se le pueden hacer exactamente las mismas imputaciones que a Engels, ya que ambos defienden el mismo materialismo. En la obra de Marx no existe ninguna dicotomía entre el ser humano y la naturaleza. Ésta no es algo externo o exterior al ser humano: “El hombre no está en la naturaleza sino que es naturaleza”, dice Marx.

A diferencia de Lukacs, Marx no considera al hombre como un espectador que no interviene en la naturaleza sino que, muy al contrario, habla de “metabolismo” (“Stoffwechsel”) entre el hombre y la naturaleza. El trabajo humano, la producción, es la parte principal de ese metabolismo del que habla Marx.

Pero, por cierto, hagamos un inciso: el concepto de metabolismo procede de la filosofía griega (“metabolei”), en donde significaba “movimiento”, de donde pasó a la biología para sustituir al término “intosuscepción” con el que hasta principios del siglo XIX se había explicado la especificidad de los cambios (dialécticos) que experimentan los seres vivos, a diferencia de los objetos llamados “inertes”.

Es obvio que hoy (como en tiempos de Marx) el metabolismo es un concepto propio de las ciencias naturales y, más en concreto de la fisiología y la bioquímica. Pero el metabolismo supera la descripción científica de un mera interacción dialéctica de la manera en que habitualmente se entiende: se trata de una auténtica interpenetración, de una progresiva asimilación de la naturaleza por la sociedad. Ciertamente hay una diferencia: donde las ciencias naturales hablan de digestión, Marx habla de producción.

El concepto de metabolismo que utiliza Marx ayuda a entender su definición de naturaleza: “La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre, es decir, la naturaleza en cuanto no es ella misma el cuerpo humano. El hombre vive de la naturaleza; esto quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el que debe permanecer en un proceso continuo, a fin de no perecer. El hecho de que la vida física y espiritual del hombre depende de la naturaleza no significa otra cosa sino que la naturaleza se relaciona consigo misma, ya que el hombre es una parte de la naturaleza”.

Las citas de Marx se pueden multiplicar a gusto del lector, pero me quedaré con aquella en la que afirma que la historia misma, la historia social, no es más que una parte de la historia natural, es decir, de la transformación (desdoblamiento lo llama) de la naturaleza en sociedad y, por consiguiente, que no existe ninguna diferencia entre las ciencias de la naturaleza y las de la sociedad (4). Lo mismo cabe decir de Darwin, del que parece que cuando habla del origen de las especies se refiere sólo a la naturaleza; pero cuando habla del origen del hombre, ¿no habla Darwin también de la naturaleza? Si eso es así, ¿cuál es la diferencia entre unas ciencias y otras?

Los marxistas tienen un concepto erróneo de sí mismos si creen que Marx y Engels procedieron de una manera diferente al resto de los pensadores más grandes de la humanidad al “mezclar” a la ciencia con “otras cosas” que (por ello mismo) parece que no lo son, es decir, que no son científicas. Newton hizo exactamente lo mismo que ellos al llamar “filosofía natural” a la física. Lo mismo cabe decir de Descartes, conocido tanto por su filosofía como por su geometría analítica. Además de un conocido filósofo, Aristóteles escribió varias obras sobre biología, Kant fue el pionero de la cosmología…

Ya que he hablado antes de la sexualidad, recordaré que Darwin la ponía como ejemplo de selección “natural”, después de llevar a cabo su propia selección, que era muy poco “natural” y, desde luego nada científica: las mujeres, decía Darwin, seleccionan a los hombres por su atractivo físico (5). Mi duda es si una afirmación como esa:

a) forma parte de las ciencias sociales
b) forma parte de las ciencias naturales
c) es una chorrada, o sea, ideología y prejuicios de la peor especie

Los guapos, las guapas, los feos y las feas son un ejemplo claro de lo que los biólogos llaman “dimorfismo” o sea otro ejemplo de dialéctica: a lo largo de su evolución “natural” las especies, lo mismo que las células, experimentan un desdoblamiento dialéctico (uno se divide en dos) entre ejemplares sexualmente diferenciados, macho y hembra, que en las especies menos evolucionadas no existe porque son “unisex”.

Etcétera. La dialéctica está por todas partes, incluida la naturaleza, las galaxias, los átomos, la geometría y la lucha de clases. Al defenderlo así Engels llevó a cabo un trabajo magistral, escribió una obra pionera y revolucionaria en su campo, tanto que, por esos escritos y por otros a la misma altura, Engels pasará a la historia como uno de los más grandes pensadores de la humanidad: el que sentó las bases del materialismo realmente científico. Los marxistas deberían sentirse muy orgullosos de contar entre sus filas con un gigante de la talla de Engels.

(1) Lukacs, Historia y conciencia de clase, Grijalbo, México, 1969, pgs. 179 y stes.
(2) Historia y conciencia de clase, cit., pgs. 263 a 265.
(3) Schmidt, El concepto de naturaleza en Marx, Siglo XXI, Madrid, 1977, pgs. 46 y stes.
(4) Marx, Manuscritos: economía y filosofía, Alianza, Madrid, 1968, pgs.110-111 y 152-153.
(5) Darwin, El origen del hombre, Madrid, 2006, tomo II, pg.376.

La dialéctica está por todas partes

Juan Manuel Olarieta

En un foro comunista uno de los participantes abre un hilo para exponer que a pesar de que los marxistas afirman que las contradicciones están por todas partes, él no es capaz de verlas, sin embargo, en una piedra que hay tirada en un camino. A mi ocurre lo mismo cuando me asomo al balcón de mi casa: veo pasar a la gente por la calle pero no se quiénes son. Para encontrar la dialéctica en una piedra hay que saber qué es la dialéctica. Cuando en un camino te encuentras con alguien a quien conoces le saludas, pero pasas de largo en caso contrario. Lo mismo ocurre con la dialéctica. Pasamos de largo ante ella porque no sabemos lo que es.

Para reconocer a la dialéctica hay que ver las cosas en movimiento porque donde hay movimiento hay contradicciones y, por lo tanto, dialéctica. Dado que todo está en movimiento, la dialéctica está por todas partes. Si estamos rodeados por ella deberíamos ser capaces de verla. Si no es así es porque no la conocemos: o no sabemos lo que es o no vemos que todo está en movimiento.

En el caso de la piedra, que nos parece como algo inerte, sin movimiento, se me ocurre que su composición atómica es consecuencia de una larga transformación a lo largo del tiempo, como tantos otros compuestos químicos. Por ejemplo, es muy posible que antiguamente esa piedra estuviera compuesta de elementos radiactivos inestables que con el tiempo han modificado su composición atómica hasta convertirse en estables, bien entendido que esa estabilidad es relativa, es decir, que a pesar de las apariencias sigue siendo inestable, que sigue cambiando como consecuecia del viento o la lluvia u otros fenómenos físicos, químicos, geológicos o de otro tipo.

La radiactividad es un fenómeno típicamente dialéctico, una contradicción que se produce en el núcleo de los átomos de determinados elementos químicos entre los protones y los neutrones, por la cual dicho elemento se transforma en otro distinto. Lo que ocurre es que la radiactividad no se ve a simpe vista y da la impresión de que la piedra no está cambiando.

«Mientras contemplamos las cosas como en reposo -escribió Engels en el Anti-Dühring- cada una para sí, junto a las otras y tras la otras, no tropezamos ciertamente con ninguna contradicción en ellas«. A su vez, si no somos capaces de analizar las cosas en movimiento es como consecuencia de una larga tradición metafísica, es decir, como consecuencia de una deformación intelectual que es típica de la cultura occidental, a diferencia de la oriental.

Pero padecemos otra deformidad aún más característica: tenemos la estúpida creencia de suponer que la cultura occidental es toda la cultura, la cultura por antonomasia, mientras que las concepciones orientales las tomamos por exóticas, curiosas e irrelevantes. Donde en China ven contradicciones por todas partes, nosotros no somos capaces de ver nada.

Además de ignorancia, lo nuestro es pura soberbia intelectual que, con el tiempo, no ha hecho más que crecer y desarrollarse, por lo que vivimos en medio de la estupidez y disfrutamos con ella. Por eso es costumbre burlarse de la dialéctica y considerarla como una reliquia de la que sólo se acuerdan los marxistas. Desprecian la dialéctica aquellos que no saben lo que es.

El ejemplo más conocido es el de Dühring, que consideraba la contradicción como un contrasentido que tenemos que rechazar porque es ilógico o incoherente. Lo mismo que Dühring han repetido otros autores, como el jurista austriaco Hans Kelsen o el filósofo Karl Popper. En la cultura occidental todo conocimiento que se precia de ser científico empieza por el principio de no-contradicción, es decir, desde el principio tiene la voluntad de no incurrir en contradicciones, de tal manera que si, a pesar de ello las contradicciones aparecen, hay que rechazar la teoría por incoherente.

No voy a entrar ahora a criticar un punto de partida (el repudio de las contradicciones) que carece de justificación, es decir, a preguntarle a un científico algo que parece una obviedad: ¿por qué rechaza Usted las contradicciones desde un principio? ¿En qué se fundamenta? Lo que sí quiero poner de manifiesto es algo que me parece mucho más importante: aún en el supuesto de que las contradicciones se intenten rechazar, reaparecen igualmente, lo cual demuestra que ninguna ciencia puede prescindir de ellas.

El ejemplo más clamoroso fue el intento que desde finales del siglo XIX se llevó cabo para axiomatizar la matemática, fundamentándola en la lógica, es decir, en el principio de no-contradicción. El intento «fracasó» porque las no- contradicciones produjeron contradicciones.

Pero resulta aún más curioso recordar lo que le ocurrió a Niels Bohr cuando propuso los fundamentos de la Mecánica Cuántica. Entonces muchos físicos le dijeron que los postulados de aquella teoría eran contradictorios, lo cual parecía obvio. Bohr no fue capaz de encontrar ninguna explicación, hasta que durante un viaje a China se topó con una frase de Heráclito que a partir de entonces se convirtió en el lema que defendió toda su vida: Contraria sunt complementaria. Para el físico danés no había otra manera de explicar algo tan moderno como la Mecánica Cuantica que la dialéctica: los contrarios forman una unidad, son complementarios.

Con la dialéctica siempre nos topamos con una contradicción. Por un lado están aquellos que se burlan de Engels diciendo que los ejemplos que pone para explicarla son simplones, banales y ridículos. A esos tipejos les ocurre lo mismo que a Monsieur Jourdain, que era tan ignorante que no sabía que hablaba en prosa. Como la dialéctica es tan corriente, se pueden ejemplos tan sencillos que los vemos por todas partes, o deberíamos y, desde luego, podemos entenderlos a la perfección. Pero para los listillos las cosas nunca pueden ser simples ni sencillas; hay que complicarlas.

El otro polo de la contradicción está en aquellos que dicen: ciertamente la dialéctica está por todas partes, pero hay una manera más sencilla de explicar los fenómenos. Es típica del positivismo anglosajón, lo que pasa es que esas personas también les ocurre lo mismo que a Monsieur Jourdain: no saben que están defiendo una ideología (no una posición científica) y que la misma les lleva a otra contradicción: a tratar de explicar un fenómeno dialéctico de una manera no-dialéctica.

Los que no gustan de las contradicciones viven en medio de una contradicción, y a los demás nos pasa lo mismo.

Messi: ¿Pucherazo?

Nicolás Bianchi

Andan, con razón, las redes agitadas ante la injusta decisión de la FIFA de otorgar a un gris y desdibujado Lionel Messi el Balón de Oro al mejor jugador del Mundial. Hasta el propio presidente de quien siempre gana la organización de los Mundiales de Fútbol, el kapo Blatter, dice estar (o fingir) «sorprendido», aunque sobrepone su condición de «diplomático», es decir, de cínico.

Después de la Copa del Mundo en Alemania-2006, la FIFA diseñó una nueva estrategia comercial para hacerse con los derechos televisivos y los patrocinadores (las entradas en taquilla son el «chocolate del loro» -aún así eran muy caras y entre el público brasileiro no vimos ni un rostro negro, todos blancos y recién duchados-, lo que no obsta para que insten a los Gobiernos a que no permitan la venta ambulante alrededor de los estadios de productos relacionados con el Mundial o la venta en las gradas de la cerveza Budweiser -pese a que la ley brasileña prohíbe su consumo en los recintos deportivos- por su contrato con la FIFA además de ser patrocinador («sponsor»). Y es que están los patrocinadores como Budweiser o McDonald’s, los patrocinadores locales (de la nación que sea) y, sobrevolando a todos, los socios («partners») como Coca-Cola. Adidas o Sony, entre otros, no muchos más. Aún en tiempos de crisis, el fútbol de élite sigue siendo un gran negocio.

La Copa del Mundo tuvo un ganador: la marca Adidas, uno de los principales socios de la FIFA. La empresa alemana llegó al Mundial patrocinando a nueve selecciones, una menos que su gran competidora, la estadounidense Nike, y una más que la italiana Puma. La final la disputaron dos selecciones de la firma de las tres tiras, Alemania y Argentina, quienes dejaron a Nike la consolación entre Brasil y Holanda. Desde 2006, cuando Francia (Adidas) e Italia (Puma) jugaron la final en Berlín, Nike no se quedaba fuera de la final del campeonato. La firma americana perdió, además, a su estrella, Cristiano Ronaldo, en la fase de grupos (Portugal), mientras que, por su parte, la marca teutona sufrió la mala imagen de un patrocinado suyo: Luis Suárez y su mordisco -reincidente, aquí lo más grave- al italiano Chiellini.

Es Adidas quien viste a los árbitros y proporciona el balón oficial (Brazuca). Además de esto, casi todos los premios individuales se los llevaron jugadores Adidas: Messi el Balón de Oro; Manuel Neuer, el portero alemán, el Guante de Oro y el colombiano James Rodríguez la Bota de Oro como máximo goleador del torneo. Sólo el francés Paul Pogba, jugador de la «cuadra» -hay que hablar así- Nike, se llevó un galardón al mejor jugador joven (21 años).

Lionel Messi, al margen de su indiscutible calidad como futbolista, un fuera de serie, ni siquiera fue incluido en el once ideal del campeonato. Sin embargo, recibió, «sorprendentemente», el trofeo patrocinado por Adidas, curiosamente el patrocinador de Messi y socio de la FIFA. Las uvas están maduras. Desconocemos si entre el jurado estaba algún pariente del pulpo Pol.

Nota. – Messi, que ni él se cree merecedor de ese premio, y hasta lo puede perjudicar, no podía rechazarlo -lo que le hubiera rehabilitado en cierta forma- pues, al fin y al cabo, se debe a su patrón, pero desde aquí apostamos a que a no mucho tardar, Messi declarará que no se merecía ese galardón.

Ustedes lo van a ver.

Un neonazi en la Comisión de Libertades del Parlamento europeo

Juan Manuel Olarieta

El eurodiputado Udo Voigt, de 62 años, antiguo presidente de la organización neonazi alemana Partido Nacional Democrático (NPD), ha sido elegido hace unos días para formar parte de la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento de Bruselas. Eurociudadanos, habéis leído bien: vuestra libertad depende de un nazi como Voigt.

El 20 de noviembre de 2010 Voigt fue invitado por los fascistas hispanos a celebrar los actos de conmemoración de la muerte de Franco, e incluso llegó a pronunciar un discurso en la Plaza de Oriente de Madrid.


Voigt es un militar de profesión que alcanzó el grado de capitán tras 12 años de servicio en la Luftwaffe, las fuerzas aéreas alemanas, de donde le expulsaron en 1984 por negarse a abandonar el NPD. Su padre también era nazi y luchó en las SS durante la Segunda Guerra Mundial, lo que le costó cuatro años de cárcel en la Unión Soviética. En 1968, cuando sólo contaba con 16 años, el hijo se afilió al NPD, que presidió entre 1996 y 2011. Una de sus campañas políticas más conocidas es la petición de que le concedieran el Premio Nobel de la Paz a Rudolf Hess, entonces preso en la cárcel de Spandau por crímenes de guerra.

El europarlamentario ha sido encausado en 15 procesos judiciales acusado de “incitación al odio racial y a la violencia”, “negación del Holocausto” y “ostentación de propaganda y símbolos nazis”. En 1998 los tribunales alemanes le condenaron a cuatro meses de prisión por pedir a sus votantes durante un mitin que se involucraran en un “combate armado”.

Voigt cuestiona el número de muertos del Holocausto. En un cartel electoral de 2011 se le veía subido a una moto con el lema “Gas geben!”, que se puede traducir como “¡A todo gas!”, una referencia directa a los campos de exterminio nazis. En 2010 tuvo que pagar una multa de 1.000 euros por hacer apología de las SS en un discurso durante la celebración del 65 aniversario del final del III Reich. El año pasado publicó un libro que presentó en un conocido bar de Berlín famoso por ser el centro de reunión de los nazis de la capital germana.

En Alemania Voigt es muy conocido por sus declaraciones imperialistas, chovinistas y racistas. En unas declaraciones a «El Mundo» (1) exigió la anexión de los territorios polacos fronterizos que Alemania perdió tras la Segunda Guerra Mundial. Para él “Europa es el continente de los blancos” y Hitler «un gran hombre de Estado” que “consiguió algo fantástico, eliminó el paro en muy pocos años”.

El NPD se fundó en 1964 para reagrupar a los naonazis alemanes, que hasta entonces estaban muy divididos. Entre ellos estaba el Partido Socialista del Reich de Otto Ernst Remer, heredero del NSDAP que presidió Hitler. El nuevo dirigente del NPD, Udo Pastörs, ha calificado a Alemania como “república de judíos”. Voigt, Pastörs y el NPD representan fielmente al típico movimiento nazi, esclareciendo la verdadera naturaleza del fascismo, que es inseparable del Estado burgués al que sirve y del que se sirve, por lo que merece la pena prestar un poco de atención a asuntos de este tipo.

Hace 10 años 16 Estados Federados alemanes -nada menos- presentaron un demanda colectiva ante el Tribunal Constitucional alemán exigiendo la ilegalización del NPD. La sentencia falló a favor de los nazis al asegurar que los servicios secretos alemanes (BND) estaban tan ligados a ellos que era imposible diferenciar las actividades realizadas por los espías de las propias del partido.

Actualmente hay un segundo intento de ilegalizar al NPD a través del Tribunal Constitucional que está pendiente de sentencia. En Munich un tribunal alemán juzga a la NSU (Clandestinidad Nacionalsocialista), un grupo de matones del que formaba parte Ralf Wohlleben, un antiguo dirigente del NPD en Turingia. Entre 2000 y 2007 la NSU asesinó a 10 personas, entre ellas 8 de origen turco.

Pero lo realmente importante es tomar nota de lo siguiente: además de la complicidad de los aparatos represivos del Estado, se ha vuelto a demostrar que la NSU estaba asociada al espionaje del gobierno de Turingia. Los fascistas no son nada sin el Estado que está detrás suyo. Para cometer sus crímenes los nazis tenían documentación falsa, tarjetas, pisos francos, dinero, vehículos, armas e información proporcionados por el Estado. Como han reconocido algunos parlamentarios alemanes, el movimiento neonazi está a sueldo del Estado (2).

La imagen de fuerza electoral de los neonazis que están transmitiendo los medios burgueses es errónea. Su apoyo electoral es insignificante: el uno por ciento de los votos. Para que Voigt llegara al Parlamento de Estrasburgo ha necesitado que el Tribunal Constitucional alemán rebaje el suelo mínimo necesario (tres por ciento de los votos) para obtener representación parlamentaria. Lo mismo que Hitler en su época, que trepó gracias a los centristas católicos, los nazis trepan gracias al apoyo que le dan otras fuerzas políticas.

Los nazis izan las velas pero son otros los que soplan. ¿Quién ha votado en Bruselas a favor de que Voigt forme parte de la Comisión de Libertades del Parlamento? Cuando contestemos a esta pregunta sabremos quiénes están impulsando al fascismo en Europa y se lavan las manos como Pilatos.

La letralleta

Nicolás Bianchi

No fue una decisión fácil. No para John Ezkerra, ”El Zurdo”. Vivía, no hacía muchas lunas, en un rancho modesto, propietario de pocos acres como pasto para cristianas reses bovinas y ovinas así como una huerta autárquica que abastecía a sus dos hijas y su laboriosa mujer de origen vasco (su fortísimo acento la delataba). Los sábados, John, bajaba al mercado local –vivían en un monte- a intercambiar quesos y leche de oveja (para hacer cuajadas), también lekas y puerros, por monedas bastantes para reparar un apero descompuesto u otro avatar imprevisto. Una economía mercantil, simple y descomplicada, preindustrial, sin plusvalía, fisiócrata, de trueque, yo qué sé. De John Ezkerra, ”El Zurdo”, nunca se oyó decir que fuera un reaccionario amante de relaciones feudovasalláticas ni que fuera cuáquero o metodista puritano, pues tenía transistor y televisión y gustaba de francachelas con camaradas. No desconectó, como suele decirse, del mundanal ruido (porque se dice así, no?) y le gustaba estar informado, aunque siempre pensó, desde que se cayó de un guindo, que la información veraz era para ingenuos y la información falsa dizque desinformación para ilusos. la verdad es ingenua, infantil, y la mentira ilusa, ilusionante, prestímana y para adultos. Así discurría nuestro héroe fumando su pipa al calor de su victoriana chimenea mientras leía –en inglés- al lakista poeta Wordsworth y acariciaba a su setter. Todo muy british, flemático, encantador, ciudadano. Sin pecar de escaso rigor, puede decirse que era un hombre feliz, de una felicidad agraria, descomplicada, ya se dijo esto. Las horas demoraban, cansinas, tac-tic y no tic-tac, casi aburridas en un tiempo abolido, que eso debe ser el paraíso y la parusía: una ritmia arrítmica.

Una vez a la semana, mirándose al espejo –se ignora con qué secreta intención- para recortarse el bigote donde se le pegaban los fideos, pensaba en lo dichoso y suertudo, puritita alacridad, apocatástasis y ataraxia, que era pues se había metamorfoseado –sin llegar a onerosas exageraciones kafkianas- en todo aquello que había combatido cuando era joya y líder, talentoso y carismático. Ya era cincuentón, canoso (herencia genética) y con caries (herencia desconocida). Sus ojos, según sus amantes, lindos (según los buitres, qué más da). La melena rebelde, pero la opinión pública no estaba con este sansón. Se volvió un buen hombre, un buen ciudadano, viendo crecer a sus hijas legítimas y bastardas como si fuera un Borgia antiabortista, aparentando pero sin disimulo, o al revés, según. Todo okey, all right, hasta que…

No lo hagas, John –imploró su bella esposa.
No, papá, no seas cabrón, joputa –suplicaron sus delicadas vástagas.
I’m sorry –dijo nuestro Hamlet-: debo hacerlo.

John Ezkerra cogió del vetusto arcón lo que más temía su familia: la pluma como caduceo y letralleta pues nunca tuvo valor para esgrimir otras armas más letales. Desempolvó el cálamo, entintó, y se fue a desfacer entuertos por polvorientos caminos defendiendo quijotescas causas perdidas rumiando ese tiempo en que llegue… el día menos pensado.

Junto al asesino siempre hay un cajero

En la actualidad la invocación de los derechos humanos y las consiguientes sanciones internacionales a los países que no los respetan son una de las formas más importantes de injerencia imperialista, porque quienes las imponen desempeñan el doble papel de jueces y partes. Naturalmente que en las democracias europeas no hay violaciones de los derechos humanos, ni presos políticos, ni torturas, ni nada de eso. Los que los violan son países del Tercer Mundo. Lo que no van a hacer los imperialistas es sancionarse a sí mismos…

Pero… siempre hay un pero. A diferencia de Estados Unidos Europa no ha sanciondo al régimen de Omar al-Bashir que gobierna Sudán desde 1989 tras un golpe de Estado militar, a pesar de que está procesado por el Tribunal Penal Internacional acusado de masacres en masa contra la población y de convertir a su país en el centro de operaciones más importante de Al-Qaeda.

¿Por qué? ¿Se les ha olvidado? ¿Lo propondrán ahora los nuevos eurodiputados de ‘Podemos’?

La explicación es la siguiente: el banco francés BNP es al gobierno de Omar al-Bashir lo que Bárcenas al de Rajoy y Jake Guzik a Al Capone, por lo que caben las dos posibilidades de siempre:

a) el cajero se chiva del jefe y queda impune
b) el cajero paga el pato y es el jefe el que queda impune

Tras arduas negociaciones Estados Unidos ha impuesto una sanción económica brutal (8.900 millones de dólares) al BNP y va a someter a investigación (o sea, a chantaje) a otra serie de grandes bancos europeos que se están lucrando con los negocios sudaneses, entre ellos Commerzbank, Deutsche Bank, Crédit Agricole, Société Générale y UniCredit. En la banca europea está la clave que explica los motivos por los que Europa ha dado carta blanca a Omar al-Bashir.

Las sanciones económicas no conciernen sólo a Sudán sino a otros países sometidos al bloqueo imperialista, cuyo ejemplo más conocido es Cuba. Se trata de algo mucho más amplio. Francia ya fue sancionada por Estados Unidos por vender fragatas Mistral y también el banco Abn-Amro fue multado en 2005 por hechos similares.

Lo curioso es leer la explicación que expone el decreto del gobierno de Etados Unidos que multa al BNP. Dice que a través del banco francés, el gobierno de Sudán “y bancos vinculados a él” han llevado a cabo operaciones de miles de millones de dólares, que desde 1997 la sucursal del BNP en Ginebra era el banco central de facto del Estado de Sudán y que desde 2000 ha estado poniendo en circulación pagarés de los bancos sudaneses para financiar las exportaciones de petróleo del país africano:

“Por su papel en la financiación de las exportaciones de petróleo de Sudán -dice el decreto- el BNPP de Ginebra ha jugado un papel clave en el comercio internacional de Sudán. En 2006 los pagarés gestionados por el BNPP de Ginebra suponían cerca de una cuarta parte de las exportaciones, y una quinta parte de las importaciones procedentes de Sudán. Más del 90 por cien de esos pagarés eran en dólares estadounidenses. Además, los depósitos del Banco sudanés número 1 en el BNPP de Ginebra representaron aproximadamente el 50 por cien de las reservas de divisas de Sudán en esa época”.

La sentencia afirma abiertamente que el BNP ha estado financiando conscientemente tanto el terrorismo de Al-Qaeda como las masacres cometidas por el gobierno de Sudán contra su propia población, detallando las medidas adoptadas por el banco para ocultar sus negocios en el país del Nilo. Por eso la prensa europea ha silenciado las sanciones de la Casa Blanca o las ha explicado recurriendo a Cuba. O el silencio o la media verdad.

Las sanciones son tanto un aviso para navegantes (Commerzbank, Deutsche Bank, Crédit Agricole, Société Générale, UniCredit) y una amenaza a los monopolistas eurpeos, como un espejo del nivel al que están cayendo las relaciones entre Estados Unidos y las potencias europeas. Habría que complementar la información con la reciente depuración de los espías dobles que tenía Estados Unidos empotrados en el gobierno alemán y las acusaciones contra Alstom por currupción ante los tribunales de Estados Unidos, iniciadas el año pasado y que se han saldado este año con la venta de sus acciones a General Electric. Un chantaje en toda regla porque las sanciones solicitadas ascendían a mil millones de dólares.

La espada de Damocles no sólo pendía sobre Alstom sino sobre sus capataces, uno de los cuales, el número dos, es Georges Chaudron de Courcel el cual, a su vez, ya estaba en el banquillo de los acusados porque también era el número dos del banco BNP y “dimitió” de sus cargos hace unas pocas semanas en medio de una tortuosa negociación sobre las sanciones entre Francia y Estados Unidos.

En su libro “Hard choices” Hillary Clinton confiesa que cuando era Secretaria de Estado, presionó al presidente argelino Buteflika para que firmara un contrato de suministro de gas con General Electric. Eso que ahora llaman “puertas giratorias” no es otra cosa que capitalismo monopolista de Estado, es decir, que los grandes negocios se hacen de la mano del Estado de cada cual. No hay que rasgarse las vestiduras, esto funciona así: en cada negocio hay un gobernante y en cada divisa un carro blindado.

Francia ha amenazado con tomar represalias. Está estudiando la posibilidad de abandonar el dólar en sus transacciones comerciales y de deshacerse de sus reservas de divisas estadounidenses, como ya están haciendo Rusia y Japon, entre otros países.

Las sanciones económicas forman parte de la rivalidad entre las grandes potencias imperialistas. El vacío que unos crean los aprovechan otros, como China, que ha exportado armas a Sudán violando las resoluciones de la ONU en la que ocupa una plaza en el Consejo de Seguridad. El 18 por cien del petróleo que llega a China procede de Sudán.

Esta situación explica la sangrienta guerra civil en Sudán y que los imperalistas lo dividieran hace dos años, creando un Estado fantasma en el sur. Fue el fin del estado más extenso de África. A marchas forzadas los imperialistas están creando pequeños Estados por todo el mundo. Les resultan mucho más manejables. El modelo de Estado del imperialismo es San Marino, Singapur, Mónaco, Bahrein, Andorra, Barbados, Swazilandia, Kosovo, Liechtenstein…

La justicia del tendero

Nicolás Bianchi

Turiferarios, tertulianos, “todólogos” y demás fauna, cuando sueltan el latiguillo que versa “la gente no es tonta”, en realidad están pensando lo contrario, que sí lo es. O, si no lo es del todo, es susceptible de ser manipulable. Que eso son los medios de comunicación de masas bajo el capitalismo, salvo excepciones, al servicio de la ideología dominante: manipular a las masas y conformar eso que llaman “opinión pública” como si sus cerebros fuesen de plastilina. Y la manipulación no es otra cosa que ofrecer una mercancía ponzoñosa en contra de los intereses objetivos de las masas y/o el “público” convertido en espectáculotariado. La sociedad no se dividiría en clases sino, como lo presumía Ortega y Gasset, en élites y masas, en listos y purria.

De un tiempo a esta parte la prensa venal –sobre todo la más troglodítica- hace escrutinios aritméticos, en especial divisiones y cocientes, calculando a cuántos años de cárcel sale al criminal dizque “terrorista” cargarse a según cuántas víctimas. Lo han hecho ahora con el noruego Behring diciendo que la máxima pena que le puede caer, según la legislación noruega, es de 21 años que, divididos por los muertos que ha causado, le sale a este vikingo por sólo ¡82 días por occiso! Y saldría del trullo con “sólo” 53 añitos (tiene 32 ahora). Estas aritméticas penales me recuerdan al cáustico Swift (el autor de “Los viajes de Gulliver”) cuando decía aquello de que, si voy a ir a la horca lo mismo por un hurto famélico que por asesinar a alguien, pues no dudo en matar al sujeto y así no hay testigos que me delaten. En otras palabras, con tal de defender la sacrosanta propiedad privada, siendo indiferente que hubiera hurto o robo con intimidación, al margen de circunstancias agravantes o atenuantes o eximentes, se incitaba o inducía –indirectamente- al crimen pues, hicieras lo que hicieras, el resultado era el patíbulo y, claro, de perdidos al río.

El fascismo rampante al que, en realidad, le importa menos la vida de la víctima que su utilización política, por mucho que finjan, “descubrió” que a Iñaki de Juana Chaos o a Troitiño les salía la condena casi gratis. Dividieron el número de años cumplidos (una burrada de tiempo) entre el supuesto número de víctimas y les pareció poco y de ahí la “doctrina Parot” como némesis fascista. Por supuesto no estoy comparando al noruego con estos voluntarios antifascistas.

El Derecho Penal –español o no- no divide las condenas. Al contrario, no sólo se suman aritméticamente (que no dividen) los delitos sino también las penas, sean en el mismo o en diferentes sumarios. Las penas se acumulan (se refunden), pero se fija un máximo de cumplimiento, que antes era de 30 años y ahora de 40, cualquiera que fuese la pena impuesta, sean 200 ó 2.000 años. Se supone que la finalidad de la pena es la reinserción y, por tanto, que no cabe la perpetua porque si hay perpetua no hay reinserción que valga, ya me contarás. Algún día debería salir el penado. La pena no se divide, como les gustaría a estos vampiros, sino que se refunde. No les importaría morirse si se les garantizara que el penado viviera los 2.000 años de condena y los cumpliera íntegramente. Ni Satanás sería tan cabrón.

Ucrania ha puesto a Rusia en guerra con Estados Unidos

Óscar Miguélez

Así lo manifestó públicamente Sergei Glazyev, consejero económico de Putin, el 31 de mayo (1) en referencia a la presencia de consejeros militares del Pentágono en Ucrania. Pero las declaraciones de Glazyev, quien expresa lo que Putin no puede decir abiertamente, fueron mucho más allá, entrando en el terreno geoestratégico e histórico. «Cualquier guerra en Europa supone grandes beneficios para Estados Unidos, en el fortalecimiento de su influencia geopolítica, y se están aferrando a su tradición», dijo Glazyev.

En declaraciones posteriores a la BBC (2) Glazyev atacó también a la Unión Europea tras el acuerdo firmado con Ucrania el 27 del mes pasado. Calificó al presidente ucraniano y al primer ministro, Yatseniuk, de nazis y fascistas y al primero le llamó Frankenstein nazi: «Organizaron un golpe militar en Ucrania, ayudaron a los nazis a ocupar el poder. Este gobierno nazi está bombardeando la región más grande de Ucrania». El asesor de Putin dijo que Europa quiere como vecino a un Frankenstein nazi.

Glazyev considera a Ucrania como un país ocupado por Estados Unidos, que está «desplegando una guerra en Ucrania, después de organizar un golpe de Estado y poner a su propia gente al mando, para usar a Ucrania como un detonador en contra de Rusia y Europa. El caos se extiende por Ucrania y el caos adquiere cada vez más las características de una catástrofe general». De hecho la situación en Ucrania ya es de guerra, agregó Glazyev, y la misma no se dirige sólo contra Rusia, sino también contra la propia Europa.

En cuanto a las sanciones económicas impuestas a Rusia, Glazyev las calificó como una «guerra económica total» en la que Alemania y los países bálticos perderían un billón de euros.

El objetivo del nuevo gobierno ucraniano es el mismo que el de Estados Unidos, y no se trata de los ucranianos a los que la prensa imperialista denomina «prorrusos» sino de la misma Rusia. Frente a cada una de las trampas y provocaciones tendidas por el ejército ucraniano junto a la frontera, Glazyev preconiza una línea estratégica a largo plazo contra Estados Unidos, que debe tener su expresión en el terreno militar. La situación en Ucrania, concluye Glazyev, conduce a la Tercera Guerra Mundial.

En Ucrania Estados Unidos está movilizando todas las fuerzas disponibles. El Pentágono controla las armas, controla las finanzas, controla al gobierno y, finalmente, controla a las bandas nazis, un término que Glazyev no rehuye utilizar. Las tropas ucranianas ascienden ya a unos 50.000 soldados, que en setiembre serán 200.000, una militarización total del país. Está renovando el equipamiento de los carros de combate, que ya se han utilizado en la lucha contra los insurgentes en el este.

No obstante, Glazyev afirma que el objetivo es la recuperación de Crimea, lo cual puede ser la excusa, el propósito inmediato, pero no el verdadero proyecto de Estados Unidos, que parece ser el que defendió el 13 de marzo el senador John McCain cuando le exigió a Obama que instalara el escudo antimisiles en los países de Europa del este.

En el oeste, durante su etapa al frente del gobierno, Zapatero ya introdujo a España en dicho escudo, poniendo a la base naval de Rota y al resto de la Península en el ojo del huracán.

(1) Vídeo: US is militarizing Ukraine to invade Russia, http://www.youtube.com/watch?v=nWT5HM_NMlI
(2) Asesor de Putin califica de «nazi» al gobierno de Ucrania, http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2014/06/140627_ultnot_rusia_ucrania_nazis_men.shtml

La crisis es una bendición que el cielo nos envía

Este fin de semana (*) se celebra en Barcelona la segunda reunión internacional para convencernos de que la crisis capitalista es una bendición que el cielo nos envía, de que el decrecimiento económico no es negativo sino positivo. La primera se convocó hace dos años en París. El lema es “small is beautiful”, el perfume auténtico se sirve en frascos pequeños. La calidad (no la cantidad) de vida está de moda.

La capacidad del capitalismo para tratar de sucederse a sí mismo en las condiciones más difíciles, como las actuales, no puede constituir ninguna sorpresa, así como tampoco la imaginación de sus corifeos, como Carlos Taibo, para que su desplome sea lo más dulce posible. Antes a eso lo llamaban “aterrizaje suave»; ahora decrecimiento económico. De paso el capitalismo puede aprovecharse de ella para resolver algunos problemas ecológicos que tiene pendientes.

En 1972 lo llamaron “crecimiento cero” y en 1987 “crecimiento sostenible” pero con la crisis eso se ha vuelto insostenible. Ahora lo mejor que podía pasarnos es que nos cayéramos por la cuesta abajo. Bendito sea el capitalismo; hemos tenido suerte: nos estamos hundiendo y debemos alegrarnos por ello.

En fin, las teorías del decrecimiento económico que propugnan los imperialistas son la personificación de la desvergüenza, con el añadido de que nos llegan como otra de esas modas rabiosamente revolucionarias (como todas las modas), que es como aparece recurrentemente en esos ridículos medios “alternativos” que la propugnan.

Repasar el recorrido que han seguido los imperialistas para colarnos esta sandez supina del decrecimiento económico resulta, además de largo, bastante pesado, pero se puede resumir diciendo que tiene su origen moderno en aquel montaje de monopolios multinacionales como Volkswagen que se llamó “Club de Roma”, un puchero en el que guisaron sus postulados malthusianos, confirmados en el informe que llevaba como título “Los límites del crecimiento” que constituyó la más gigantesca campaña de propaganda que se ha llevado a cabo jamás.

El famoso informe fue una de las primeras proyecciones informáticas que se hicieron, aunque ahora nadie quiere acordarse de ello porque sus predicciones tenían el mismo nivel científico de las de Rappel, el tarot y los horóscopos. Cómo serían las cosas en aquel fatídico año de 1972 que todos pudimos empezar a respirar mucho más tranquilos: hasta las Cortes franquistas presentaron el primer proyecto de ley contra la contaminación.

Lo que quisieron demostrar entonces ya lo sabíamos de antemano porque nos lo habían dicho los Testigos de Jehová y las corrientes protestantes milenaristas que pululan en el mundo anglosajón: el mundo se acaba. La traducción de la Biblia al lenguaje de la teoría económica imperialista, realizada por el reverendo Malthus a finales del siglo XVIII, tiene varias connotaciones que conducen al mismo sitio: las materias primas se agotan, el suelo se desertiza, el hambre acecha, el aire se contamina, la demografía explota, la biodiversidad se reduce, etc.

Pero, ¿por qué se acaba el mundo? Si lo estudiamos despacio veremos que tiene su lógica: el mundo se acaba porque, como dice Carlos Taibo, es finito. La Tierra es como una nave espacial que recorre el universo, un recinto cerrado en el que el agua, los alimentos y el combustible se agotan… Todo se acaba tarde o temprano… Hasta la paciencia.

Los más listillos lo plantean de una manera mucho más “científica”, introduciendo términos difíciles como entropía, tendencia al caos, al desorden, muerte térmica, paralización de la vida… como en las películas de ciencia ficción de la serie B pero totalmente creíble porque se apoya en la magia: la segunda ley de la termodinámica. Incuestionable.

Cuando se presta un poco de atención a ese tipo de disquisiciones se aprecia algo muy significativo: las relaciones de producción han desaparecido y con ellas ya no hay mención a ninguna sociedad de clase; no hay capitalismo sino que nos hablan de sociedad industrial, o moderna, o avanzada, o tecnológica. Todo son fuerzas productivas. Lo que se agota no es el capitalismo sino la civilización contemporánea (toda ella).

El decrecimiento, pues, consiste en dar marcha atrás, es una ideología reaccionaria, un retorno al mito del “buen salvaje” de Rousseau que hoy se reviste de un aspecto modernista: volver de la sociedad industrial a la agrícola, de la ciudad al campo. Es allá donde está la vida sana, natural, auténtica, pura, sin CO2, aditivos, colorantes, ni conservantes. Los jornaleros que emigraron en los sesenta a las grandes urbes masificadas se equivocaron de recorrido. Tenemos que cambiar nuestros artificiales calzoncillos de nylon por otros de auténtica lana de oveja merina, abandonar internet para volver a las señales de humo.

La teoría del valor es una antigualla; hay que empezar a pensar en la economía en términos físicos. Pongamos un ejemplo: el problema del hambre en el mundo no es un problema del precio de los alimentos sino de su volumen: de las toneladas de producción mundial de trigo, de arroz, de maíz, etc. El problema más grave es que la Tierra tiene una superficie limitada de cultivo; no da más de sí y, además, como sabemos desde comienzos del siglo XIX gracias a David Ricardo, el suelo tiene una fertilidad decreciente. En la ideología burguesa todo es siempre decreciente, todo cae cuesta abajo… menos los beneficios de las multinacionales.

¿Qué debemos hacer? Dar media vuelta. La economía, como el reloj de la historia, puede entrar en el túnel del tiempo, retroceder, dar marcha atrás. Es reversible y en lugar de progresar lo que debemos hacer es regresar porque la civilización moderna, la industria, la tecnología, tienen un carácter destructivo hacia la naturaleza.

A partir de este punto el imperio del sol decreciente enfrenta a la naturaleza con la sociedad y al hombre con el medio. Se plantea justamente de ese modo, en términos abstractos e intemporales: el hombre deteriora el planeta, el agua, el aire, el paisaje, el subsuelo, el océano, etc. En nombre de la naturaleza la burguesía imperialista y sus secuaces están logrando que en amplios sectores del mundo entero el ser humano se desprecie a sí mismo, reniegue de sí mismo y de su capacidad para seguir evolucionando, mejorando.

Yo no voy a ser de los que caigan en esa trampa. ¿Por qué creo que sigue siendo posible el progreso? ¿Por qué creo que sigue siendo posible la (r)evolución? Pues por lo que ya dijo Giordano Bruno y le costó la hoguera: el mundo no es una nave espacial cerrada porque es infinito. ¿Que hace falta para seguir avanzando? La revolución socialista. ¿Qué es lo que conduce al mundo hacia el socialismo? El desarrollo incesante de las fuerzas productivas y su contradicción con las relaciones de producción.

Pero mi opinión no vale nada. El que quiera tener la suya propia que eche un vistazo a la historia desde los tiempos del neolítico. Se dará cuenta de que no ha habido, no hay y no habrá nunca marcha atrás en este proceso. Como la evolución, la revolución es irreversible e inevitable.

(*) Artículo publicado en marzo de 2010 en http://odiodeclase.blogspot.com.es/2010/03/la-crisis-es-una-bendicion-que-el-cielo.html

Un manifiesto para justificar que las tripas se queden vacías

Hace un par de siglos las corrientes más avanzadas de la burguesía eran ateas, de manera que acabaron con lo sobrenatural para quedarse sólo con lo natural, aunque no fueron capaces de llegar a una concepción científica de lo que es la naturaleza, y mucho menos de la relación entre lo natural y lo social, una tarea que incumbió al marxismo.

La concepción burguesa de la naturaleza es paisajística, o sea, estética. El burgués no es el campesino que trabaja la tierra de sol a sol y huye de ella a la menor oportunidad. A pesar de que es una clase social urbana, que siempre ha vivido de espaldas del campo, la burguesía ha impuesto sus puntos de vista sobre la naturaleza, como tantos otros que forman parte de la ideología dominante.

El capitalismo nos ha traido a una ciudad asfaltada, con viviendas de ladrillo y aire acondicionado en el coche, pero soportamos una contradicción: vivimos en una ciudad aunque nos gusta engañarnos y creer que lo que en realidad nos gusta es todo lo contrario, el césped, pasear por el campo los domingos por la mañana y respirar aire puro. Mientras históricamente la humanidad ha huido siempre del campo a la ciudad, la burguesía “alternativa” quiere recorrer ahora el camino inverso… eso sí, en coche, con paraguas por si llueve, crema para que el sol no nos queme la piel, spray contra los mosquitos y un iPod en el bolsillo.

Para la burguesía, lo mismo que para la mayor parte de nosotros, la naturaleza representa el paraíso perdido. Es idílica y su prototipo sigue siendo el viejo romanticismo de 1800, el mito del buen salvaje de Rousseau: frente a la ciudad donde vivimos, que es la cuna de todos los males, la gente “de campo” es depositaria de los mejores valores de la humanidad.

Nuestra concepción de la naturaleza forma parte de una ideología burguesa arraigada a la conciencia como una hiedra. Por su origen romántico, está repleta de sentimentalismo: dado que la naturaleza es, por sí misma, algo bueno y bonito, hay que conservarla tal cual porque todo lo que el hombre ha hecho siempre con ella es destruirla. Y cuando me refiero “al hombre” en general también estoy hablando de ese “hombre” típico del idealismo alemán del siglo XIX del que no se sabe ni de dónde viene ni a dónde va.

Sujeta a una decadencia imparable, para la burguesía actual el progreso ya no existe, y si existe hay que acabar con él porque destruye la naturaleza. En 1973 los imperialistas del Club de Roma lo llamaron “límites del crecimiento” y ayer un manifiesto firmado por relevantes personajes de la farándula política nos llamaron a poner coto a la supuesta “crisis ecológica”, entre ellos Xosé Manuel Beiras, Alberto Garzón, Cayo Lara, Pablo Iglesias, Esther Vivas y López de Uralde.

El manifiesto asume todos los tópicos seudoecologistas que el imperialismo lleva predicando desde hace décadas para encubrir y, al mismo tiempo, justificar la profunda crisis que atraviesa y que se resume últimamente en la consigna del decrecimiento. Hablan de la “vida buena” por no decirlo más claramente: la buena vida, que debe ser la de los firmantes. Los burgueses que tienen la tripa llena miran a los demás con sus propios ojos y dicen que consumimos demasiado. Por consiguiente, que no tengamos trabajo, que quienes lo tienen ganen menos, los desahucios de viviendas, los recortes en educación o la liquidación de la sanidad, no es algo malo sino algo saludable, o dicho de otra manera: no es algo bueno para nosotros, pero sí para el planeta, para la naturaleza y para la ecología. Por lo tanto, ya sabéis: hay que resignarse a tener el plato cada vez más vacío o, como decía antiguamente el movimiento obrero, a apretarse el cinturón.

El manifiesto es un resumen de todos y cada uno de los topicazos de la posmodernidad burguesa más actual, más a la moda, que hay que mencionar aunque ni ellos mismos sepan lo que significa: caos, colapso de la civilización, barbarie, crecimiento demográfico, genocidio, agotamiento de los recursos, cambio climático, transversalidad… Para no repetir siempre las mismas frases grandielocuentes proponen algo tan infantil como “hacer las paces con la naturaleza”.

El modelo es el 15-M, “que abre posibilidades para otras formas de organización social”. La alternativa no es ya el socialismo sino “una nueva civilización” porque, como es bien sabido, el socialismo es “desarrollista”, cree en el progreso, en el incremento de las fuerzas productivas y del bienestar de la humanidad.

A la burguesía “alternativa” el socialismo se le ha quedado pequeño. El próximo cambio tiene que ser del tamaño del neolítico. Lo que no saben es que con el neolítico es cuando aparecieron las grandes ciudades precisamente…

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