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50 años sin Malcom X

Hoy el centro Shabazz de Nueva York está recordando al dirigente afroamericano Malcolm X, al cumplirse 50 años del asesinato de una de las figuras más importantes de la lucha por los derechos de los negros en Estados Unidos. Malcolm X fue una de las caras más visibles de la lucha por los derechos civiles.

El centro Shabazz, que promueve el legado de Malcolm X y su esposa, la también militante Betty Shabazz, homenajea a la figura del dirigente afroamericano en el mismo lugar en el que fue asesinado medio siglo atrás, un acto para el que se han agotado las entradas. No se han facilitado detalles sobre el homenaje que se ofrecerá a la memoria del dirigente afroamericano.

Malcolm X abrazó las ideas de la Nación del Islam, una organización que congregaba a la comunidad negra y denunciaba las políticas segregacionistas de Estados Unidos. Durante 12 años, Malcolm X fue una de las principales cabezas visibles de la Nación del Islam, atrayendo a los ciudadanos afroamericanos y a personalidades como el boxeador Mohamed Alí, con discursos duros y de enfrentamiento contra el imperialismo.

En 1960, se reuniría en el Hotel Theresa, de la ciudad de Harlem, con el dirigente revolucionario cubano Fidel Castro, mientras éste participaba en Nueva York en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Según recogen las crónicas del momento, Malcolm X le aseguró a Fidel que “mientras el Tío Sam esté contra ti, sabes que eres un hombre bueno”.

Ernesto Che Guevara, en 1964, mientras participaba en un debate de la ONU en Nueva York, envió un mensaje a Malcolm X donde enviaba “los cálidos saludos del pueblo cubano y, en especial, los de Fidel, que recuerda con entusiasmo su visita a Harlem hace unos pocos años. Unidos venceremos”.

En su último discurso público en 1965, Malcolm X sentenció que “vivimos en una época de revolución, y la sublevación del negro norteamericano es parte de la rebelión contra la opresión y el colonialismo que ha caracterizado esta época”.

En febrero de 1965, mientras pronunciaba un discurso en el auditorio del Audubon Ballroom de la ciudad de Manhattan, Malcolm X fue asesinado con más de 15 disparos.

Su prédica e internacionalismo, la claridad de su idea de liberación en Estados Unidos, y la humildad de sus actos, serían los ejemplos que luego tomarían organizaciones como las Panteras Negras y el movimiento antibelicista norteamericano.

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Memoria Histórica

La ocupación soviética de Afganistán (1)

Para el movimiento comunista internacional la ocupación militar de Afganistán que llevó a cabo el ejército soviético en 1979 es, después de la guerra de Corea, uno de los episodios más oscuros del siglo pasado, un alarmante síntoma de bancarrota. Unos lo interpretan como un deber internacionalista ante el llamamiento del propio gobierno afgano. Para otros es la mejor demostración del carácter imperialista (o socialimperialista) de la URSS. En cualquier caso, se trata del cómodo manejo de un cliché para salir del atolladero lo mejor posible.

La intervención soviética deriva del propio carácter del país, de su pertenencia al movimiento de los no alineados, así como de su inserción estratégica en Asia central junto con otro países, especialmente Pakistán.

Como todos los del Tercer Mundo, Afganistán surge en el pasado siglo como una creación artificial, con fronteras dibujadas por los imperialistas (línea Durand) que reparten a las poblaciones arbitrariamente y, por consiguiente, provocan un problema nacional, especialmente con los pashtunes. Ese tipo de problemas dividen a los países y los enfrentan con sus vecinos, por lo que son estimulados por las potencias imperialistas.

Además, Afganistán es “tierra de nadie”, una región que no es ni el Imperio Británico (India y Pakistán), ni el Persa (Irán), ni el zarista (Rusia, URSS). Su surgimiento explica las relaciones privilegiadas que mantuvo con la URSS desde la Revolución de Octubre:

a) el gobierno de Kabul contribuyó junto al ejército rojo en el aplastamiento de la contrarrevolución blanca y de los “basmaci” durante la guerra civil rusa, que en parte se desenvolvió en suelo afgano

b) Afganistán y la URSS firmaron en 1920 uno de los primeros tratados internacionales de la historia en los que se reconoce el derecho a la autodeterminación de las naciones

c) desde su fundación en 1955, Afganistán formó parte del bloque de países no alineados.

Casi en ese mismo momento se producen otros dos acontecimientos fundamentales: Pakistán se separa de la India y el imperialismo crea CENTO, una especie de OTAN en Asia central uno de cuyos puntales, además de Pakistán, es Irán, en donde es aplastada la revolución nacionalista de Mossadegh (Operación Ajax).

Durante la guerra fría Afganistán es un país atrapado y aislado por el imperialismo. Su único aliado es la URSS, que se encarga de mantener el Estado y, en particular, el ejército. Desde 1956 hasta 1978, la URSS proporcionó a Afganistán 1.265 millones de dólares en ayuda económica y aproximadamente 1.250 millones de dólares de ayuda militar. El 60 por ciento del comercio exterior afgano es con la URSS.

Lo mismo que su vecino, Pakistán es otro Estado artificioso que se separa de la India por motivos religiosos, al constituir su población con mayoría musulmana, mientras que comparte con Afganistán una parte de la población pashtún, lo que es motivo de fricciones entre ambos.

Frente a dos vecinos no alineados, India y Afganistán, Pakistán se convierte en el más fiel vasallo del imperialismo en Asia central cuyo ejército dispone, además, de un arsenal nuclear.

Frente a vecinos muy poderosos, el Estado afgano es débil y sobrevive volcado hacia el exterior y de espaldas a su propia población. La ayuda soviética y las ventas de gas sufragan los presupuestos públicos y crean una burbuja en Kabul, la capital, de clases urbanas separadas del mundo rural. En esa burbuja es donde se crea el Partido Democrático del Pueblo Afgano (PDPA), que agrupa a los medios más avanzados del país, a su vez estrechamente ligados a la URSS. Dicho partido es tan artificial como el propio país. Está radicalmente escindido en dos facciones: Jalq (“Nación”) y Parcham (“Bandera”). La primera es mayoritaria y de origen pashtún; la segunda es minoritaria y de origen darí.

Kabul no es más que una pequeña urbanización en medio de una sociedad feudal, rural y patriarcal, en la que, sin embargo, sobrevivía una organización de tipo comunal en la cual:

— el 80 por ciento de la población es analfabeta
— casi dos millones de habitantes son nómadas o seminómadas
— más de la mitad de las tierras no se pueden cultivar

La inmensa mayoría la población vive en la miseria. En 1972 se produjo una de las hambrunas más dramáticas de la historia, en la que murieron millones de personas.

En Afganistán, lo mismo que en muchos países del Tercer Mundo, la fragilidad del Estado convierte a los golpes palaciegos en la forma de relevar al gobierno. En 1973 uno de esos golpes sustituyó a la monarquía por la república, poniendo a la cabeza del Estado al general Mohamed Daud, provocando el primer flujo de exiliados políticos hacia Pakistán, como el tayiko Ahmed Shah Massoud y el pastún Gulbuddin Hekmatyar.

En un contexto de inestabilidad creciente, el 17 de abril de 1978 el gobierno asesina en Kabul a Ali Akbar Kaibar, destacado dirigente del PDPA, y una manifestación espontánea de más de 10.000 militantes de dicho Partido acaba en una redada policial en la que encarcelan a los dirigentes Nur Mohammad Taraki, Babrak Karmal y Hafizulá Amín. Temiendo que los asesinaran en masa, los militantes del Jalq en el ejército atacan el palacio presidencial, asesinan a Daud y el 28 de abril toman el poder.

Hafizullah Amin
Hafizullah Amin

Nur Mohammad Taraki es elegido Presidente de la República y Hafizulá Amín ejerce de primer ministro. Ambos son dirigentes de Jalq y ponen en marcha un programa avanzado de reformas democráticas:

— separan la religión del Estado
— inician una campaña de alfabetización en la que por primera vez en las escuelas se enseña en las lenguas nativas de los alumnos y asisten mujeres
— implantan la reforma agraria
— erradican los cultivos de opio
— eliminan los impuestos elevados contra la población
— legalizan los sindicatos
— imponen un salario mínimo
— promueven la igualdad de derechos para las mujeres: permiso de no usar velo, transitar libremente y conducir automóviles, abolición de la dote, integración de mujeres al trabajo y a estudios universitarios, así como a la vida política con cargos públicos (7 mujeres fueron elegidas al parlamento).

Se trata más bien de una declaración de buenas intenciones que de realizaciones inmediatas, especialmente en el campo, donde varias medidas encuentran una fuerte oposición.

Al mismo tiempo, el gobierno desata una intensa campaña represiva. Cuarenta de los generales y aliados políticos de Daud, entre ellos dos antiguos primeros ministros, son ejecutados. También hubo muertos, encarcelados y desaparecidos entre los fundamentalistas. La represión alcanza a Parcham, que fue perdiendo influencia y Babrak Karmal, su dirigente, tuvo que exiliarse en Praga.

El gobierno y Jalq están muy lejos de tener una línea política coherente. La política represiva parece más bien responsabilidad del primer ministro Amín, a quien Taraki delega una parte importante del poder. También hay evidencias muy sólidas de que Amín era un agente de la CIA desde sus tiempos de estudiante en Estados Unidos, lo que explicaría alguna de sus acciones al frente del gobierno.

A comienzos de los años sesenta Amín cursaba estudios de doctorado en la Universidad de Columbia y Winsconsin en una época en la que la CIA reclutaba sus agentes entre los estudiantes extranjeros. El presidente de la Asociación de Estudiantes Afganos en Estados Unidos, Zia H. Noorzay, trabajaba para la CIA y más tarde se convirtió en Ministro de Hacienda de Afganistán. Uno de los estudiantes afganos a quien Noorzay y la CIA trataron en vano de reclutar, Abdul Latif Hotaki, declaró en 1967 que un buen número de los funcionarios clave del gobierno de Afganistán que estudiaron en Estados Unidos eran de la CIA. Aunque se dijo que en 1963 Amin se convirtió en dirigente de la Asociación de Estudiantes Afganos, no se ha podido corroborar. Sin embargo, se sabe que, en parte, la Asociación se financió con dinero procedente de la Fundación Asia de la CIA, a la que Amín estuvo asociado.

El encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Kabul, Bruce Amstutz, se reunía frecuentemente con Amín. En circunstancias normales, esos contactos pasarían desapercibidos, pero había una guerra civil y, al mismo tiempo que hablaba con un contendiente, Estados Unidos armaba al otro bando. Amin también se reunía en secreto con Pakistán y China. El corresponsal de The Guardian, Jonathan Steele, escribió (1) que Amin reconoció haber recibido dinero de la CIA antes de 1978. El embajador británico en Moscú Braithwaite señaló que después de varias reuniones con Amin, incluso el embajador estadounidense preguntó a Bush padre, entonces director de la CIA, si le tenía en su nómina (2).

El 14 de febrero de 1979 un comando fundamentalista secuestra en Kabul al embajador de Estados Unidos, Adolph “Spike” Dubbs, antiguo embajador en Moscú, exigiendo la liberación de tres presos. Antiguo embajador en Moscú, a Dubbs le nombraron tras llegar el PDPA al poder para reconducir los acontecimientos. Más claramente: Dubbs empieza a dirigir los primeros planes de la CIA en Afganistán.

El secuestro es una provocación a la que se añaden varias circunstancias oscuras de varios personajes oscuros que el tiempo no ha logrado aclarar suficientemente. Tras la caída de la URSS los documentos desclasificados del KGB demuestran que:

— Estados Unidos pide al gobierno de Amín que negocie con los secuestradores
— el responsable del KGB en Kabul se opone y recomienda el asalto
— Amín se niega a negociar, ordena el asalto y los fundamentalistas asesinan al embajador
— la ejecución inmediata de los fundamentalistas asegura su silencio

En marzo cae el sha de Irán y Jomeini llega al poder. Al mismo tiempo, en Herat, una ciudad fronteriza entre ambos países, estalla una sublevación militar dirigida por oficiales fundamentalistas del ejército.

Para reprimir la revuelta, el ejército afgano recurre a la ayuda de los pilotos soviéticos. No fue tan sangrienta como la pintó la propaganda imperialista y los “historiadores”. La ciudad de Herat no fue bombardeada, ni hubo miles de víctimas afganas. El número total de bajas soviéticas parece no haber sido superior a tres.

Tras el levantamiento de Herat se amotinaron otras guarniciones. La inestabilidad era galopante y forzó al gobierno a reclamar a la URSS ayuda militar trece veces entre enero y setiembre. Todas las peticiones fueron rechazadas. Como explicó un funcionario soviético: “Hemos estudiado cuidadosamente todos los aspectos de esta operación y hemos llegado a la conclusión de que si nuestras tropas se desplegaran en el país, la situación en Afganistán no sólo no mejoraría sino que empeoraría seriamente”. No obstante, los soviéticos incrementaron el número de asesores y comenzaron a elaborar los planes de contingencia шторм333 (Storm333) para la utilización a gran escala de fuerzas terrestres.

Como respuesta a la intervención soviética, los imperialistas desencadenan la llamada Operación Ciclón, que refuerza su presencia en Islamabad (Pakistán), desde donde comienzan a organizar y entrenar a los talibanes. La escalada militar se inició, pues, bastante antes de la entrada del ejército soviético en diciembre de 1979. El consejero norteamericano de seguridad de la época de Carter, Zbigniew Brezinsky, reconoció que la intervención imperialista “empezó el 3 de julio de 1979 cuando el presidente Carter firmó la primera directiva sobre la asistencia clandestina a los oponentes del régimen pro soviético de Kabul” (3). En sus memorias el antiguo director de la CIA Robert M. Gates confirma que “la intervención de la CIA se produjo 6 meses antes de que las tropas soviéticas entraran en Afganistán el 24 de diciembre de 1979” (4).

La responsabilidad de Amín en el control del gobierno afgano se puso de relieve en setiembre, cuando ordena el asesinato de Taraki, lo que hizo cambiar de opinión a los soviéticos. A finales de diciembre la 40 División del ejército soviético con 80.000 soldados y 3.800 tanques y vehículos blindados penetra en el país. Su misión no era ayudar a Amin sino ejecutarlo. Al tiempo que entraban por el norte, tropas especiales atacan el palacio presidencial en Kabul. En una batalla larga y sangrienta, habitación por habitación, Amín fue finalmente acorralado y ejecutado.

Le sucedió Babrak Karmal, dirigente de Parcham recién llegado de su exilio en Praga, que puso en marcha una política errática.

(1) Ghosts of Afghanistan: The Haunted Battleground, Portobello Books, Londres, 2012.
(2) Afgantsy: The Russians in Afghanistan, 1979-89, Oxford University Press, 2011.
(3) Nouvel Observateur, enero de 1998.
(4) Duty: Memoirs of a Secretary at War, Alfred A. Knopf, 2014.

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Memoria Histórica

Comunista, independentista, matemático

El año pasado se publicó en Francia un libro del periodista Jean-Charles Deniau titulado “La verdad sobre la muerte de Maurice Audin”, un comunista argelino, militante independentista y profesor de matemáticas en la Universidad de Argel, detenido y desaparecido durante la batalla de 1957 contra el colonialismo.

Fue un crimen de Estado, uno de los muchos que cometieron los colonialistas durante las guerras de liberación nacional de aquella época. No hay nada nuevo que decir sobre el asunto, como no sea volver a repetir, una y otra vez, lo que se sabe, que es mucho, y lo que se sospecha, que es más aún.

Que desde hace más de medio siglo Francia guarde silencio sobre los crímenes que ha cometido en Argelia es, en efecto, una redundancia. El silencio es una parte del terrorismo de Estado, y cuando tanto se habla ahora del terrorismo, precisamente en Francia, hay que empezar hablando del terrorismo promovido, armado, financiado, respaldado y meticulosamente organizado por el Estado francés.

A la casa en la que vivía Audin en Argel llegaron los paracaidistas el 11 de junio de 1957 y nada más se ha vuelto a saber de él, salvo que los criminales estaban a las órdenes del general Massu.

Su caso no es diferente de los otros 3.000 desaparecidos que hubo entre enero y octubre de aquel año, un verdadero agujero demográfico en medio de la “Batalla de Argel” que marcó el punto sin retorno en una guerra sin tregua por sacudirse de encima el yugo colonial.

Audin fue víctima de la paranoia anticomunista de la época. En medio de la guerra fría, para los imperialistas franceses la “Batalla de Argel” formaba parte de la lucha contra el comunismo y contra la URSS, lo que explica el ensañamiento con el profesor de matemáticas.

Había nacido en Beja, Argelia, el 14 de febrero de 1932. Tenía, pues, 25 años y una familia con tres hijos pequeños cuando fue secuestrado por los paracaidistas. También su mujer y sus tres hijos, uno de ellos recién nacido, estuvieron encerrados en la vivienda durante cuatro días, custodiados por los paracaidistas.

Audin militaba en el Partido Comunista de Argelia, que era clandestino desde hacía dos años. Además de sus clases en la universidad, se dedicaba al trabajo sindical. Pocos meses después de su desaparición, Laurent Schwartz leyó en la Universidad de la Sorbona su tesis doctoral, que fue premiada en ausencia.

El gobierno de París y los militares a su servicio lanzaron entonces la típica cortina de humo para consumo de la prensa: tras su detención Audin se había logrado fugar durante un traslado. Naturalmente que ni la policía ni los paracaidistas emprendieron su búsqueda. ¿Para qué?

En 1958 una investigación minuciosa (y censurada) llevada a cabo por el historiador Pierre Vidal-Naquet concluyó que no existió tal fuga y que murió a manos de los paracaidistas, indicando al posibilidad de que falleciera como consecuencia de las torturas de que fue objeto por el teniente Charbonnier durante su interrogatorio en el cuartel de El Biar.

Las memorias que dejó escritas el coronel Yves Godard empezaron a destapar que el asesinato no fue exactamente así, sino peor aún. Tras su detención Audin fue asesinado a sangre fría por Gerard Garcet, uno de los lugartenientes del general Massu.

Cada vez que se levantaba por las mañanas, el general francés redactaba una lista con los combatientes que debían morir y los que debían seguir con vida un poco más de tiempo. Entre la vida y la muerte de aquellos héroes la tortura estaba a medio camino.

En su libro Deniau pone en boca del general Aussaresses, otro criminal de la guerra de Argelia recientemente fallecido, que tras la detención de Audin, él personalmente como responsable de información se encargó de organizar su ejecución encubierta “con la cobertura plena y entera del poder político”. Pero, ¿cómo creer al general mentiroso, a ese que siempre había dicho que el detenido se fugó?

El cuerpo de Audin nunca apareció. A petición de su viuda y después de numerosas protestas, hace dos años Hollande prometió abrir los archivos y, en efecto, a los tres meses a la viuda le llegó un sobre con varios documentos del Ministerio de Defensa tan cuidadosamente seleccionados que no aportaban nada nuevo que no se supiera de antemano.

En enero del año pasado el ministro de Defensa repitió las promesas de contribuir al esclarecimiento de la verdad con todo lo que estuviera al alcance de su mano. Otra burla macabra. El ministro tiene la mano muy corta.

Sirvan estas líneas para recordar a los imperialistas, a todos ellos, que se equivocan si creen que el silencio es sinónimo de olvido. Todo lo contrario.

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La necesidad de re-escribir otra vez la historia

Lo dijo Alfonso Guerra nada más abandonar el escaño que había “okupado” durante más de 35 años: cuidado con esos que quieren re-escribir la historia, en este caso la historia de la transición, que debe quedar como hasta ahora, como un auténtico cambio.

Los que pretenden re-escribirla incurren en un delito de enaltecimiento del terrorismo, ha sancionado el Tribunal Supremo, empeñado en sepultar bajo mil expedientes judiciales a quienes buscan el polvo bajo el felpudo. No hay alternativa: o bien hay que pasar página, olvidarnos, que es lo que han intentado hasta ahora, o bien, en caso contrario, si la memoria nos persigue como una pesadilla, hay que volver al canon, a la versión oficial.

No sólo está ocurriendo en España, sino en toda Europa occidental, que también tuvo su transición un poco antes, en 1945, y en Europa oriental, que tuvo su transición en 1990, un poco después.

Todas estas transiciones tienen algo en común: que -según Lenin- van a contrapelo de la historia real que cabría esperar, a saber, que en los tiempos del imperialismo la tendencia de los Estados es en el sentido opuesto, de la democracia al fascismo. Un tema apasionante, sin duda, para los historiadores (para los de verdad).

En Europa oriental la caída del telón de acero también necesita re-escribir la historia de lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial, que acabó “contranatura”: quien debió ganar la guerra fue el III Reich y sus aliados. El ejército soviético estropeó el guión porque la propia URSS fue un cuerpo extraño dentro de la historia del siglo pasado que los cronistas no son capacaces de digerir.

“Si no somos capaces de cambiar la historia, cambiemos la manera de contarla”, piensan, y están empeñados en ello. Para eso disponen de los aparatos ideológicos del Estado, de la universidades y de los universitarios que en medio de los archivos polvorientos siguen re-buscando los pelos que Stalin tenía justo en el agujero del culo.

La lucha contra el fascismo, cuyo máximo ejemplo es la Segunda Geurra Mundial, se resume entonces en el desembarco de Normandía, del que La 2 sigue emitiendo un reportaje tras otro, o la máquina Enigma que descrifró los códigos secretos, o los heroicos pilotos de la RAF, o las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, o… cualquier cosa que no sea la URSS

Tras el golpe de Estado de Kiev del pasado año, re-calificado como acción cívica y democrática, la historia, o mejor dicho, la manera de contarla, sigue cambiando. Ahora la versión oficial es que al final de la guerra la URSS invadió primero Ucrania y luego Alemania.

Sin embargo, el desembarco de Normandía no fue una invasión de Francia por parte de Estados Unidos. Ni hablar.

“Díme cómo escribes la historia y te diré quién eres”. El gobierno ucraniano (y el polaco) está poniendo de manifiesto su naturaleza fascista al re-escribir la historia de una manera fascista. Lo mismo va a ocurrir dentro de poco en los países de Europa occidental, cuando en el gobierno se consoliden organizaciones como el Frente Nacional, Pegida y similares.

El 27 de enero se cumple el 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, el símbolo por antonomasia de la barbarie fascista y el canciller polaco, Grzegorz Schetyna, ha dicho a la radio que no fueron los soviéticos sino los ucranianos quienes liberaron a los antifascistas recluidos en ellos.

¿Cómo es posible esta manipulación? Por una sencilla razón: los soviéticos no podían liberar a nadie de nada porque ellos mismos estaban esclavizados por Stalin y el KGB. La estupidez de los imperialistas y de los “historiadores” a su servicio es monumental. Si los soviéticos padecían una brutal y sanguinaria dictadura, ¿cómo es posible que 30 millones de personas dieran su vida para defenderla? Si la URSS armó hasta los dientes a una población humillada y sojuzgada tan salvajemente como dicen, ¿por qué no volvieron sus armas contra los opresores que los gobernaban?

Dado el escaso alcance de su intelecto, los mercenarios de las universidades no se plantean dudas como las siguientes: ¿por que todos los campos de concentración nazis estaban en el este de Europa y no en países como Bélgica, Francia o Dinamarca? ¿No había judíos en esos países o no sólo los judíos fueron encerrados en ellos?

El 27 de enero se conmemora el Día de las Víctimas del Holocausto (judío) y el diario L’Express titulaba ayer en su portada: “Ambiente de guerra fría en el aniversario de la liberación de Auschwitz”. Para no tener que explicar lo inexplicable, el gobierno polaco, en cuyo suelo se encuentra Auschwitz y la mayor parte de los demás campos de concentración, no ha invitado a Putin a los actos oficiales.

Pues bien, la verdad es revolucionaria y, a la inversa, la revolución es patrimonio de la verdad: la liberación del campo de concentración de Auschwitz fue obra del ejército soviético y, por si alguno aún no sabe lo que significa la palabra “soviético”, aclararé que se trataba de un ejército internacional en el que combatieron, entre otros, ucranianos, polacos, rusos… y judíos.

El nieto de uno de aquellos combatientes soviéticos que liberó Auschwitz, Pinchos Fridberg, un judío de nacionalidad letona que se declara contrario a Putin, manifestaba en Twitter (Russia Insider, 21 de enero) su indignación por la exclusión de Rusia de los actos oficiales:

“Soy ciudadano de la Lituania democrática. Esto me da el derecho no sólo para tener sino también para expresar abiertamente una opinión diferente de la opinión oficial. Auschwitz fue liberado por el Ejército Rojo. Mi padre fue un soldado de ese ejército desde diciembre de 1941 hasta el último día de la guerra. Fue herido en combate tres veces cuando luchaba en el frente.

“Puedo traer aquí las fotocopias de los dos documentos, milagrosamente conservados en los archivos de mi familia. Mi padre murió en 1992. Pero si hoy viviera y se enterara de que el país cuyas fuerzas liberaron Auschwitz no participa en los actos conmemorativos de 2015, creo que se sentiría ofendido.

“Putin tiene que ser invitado a Auschwitz”. Es el título de un reciente artículo de Efraim Zuroff, a quien llaman “el último cazador de nazis”. Otra publicación reciente se llama “Boris Nemtsov: no podemos celebrar la liberación de Auschwitz sin Putin”. Difícilmente Nemtsov puede ser considerado sospechoso de respaldar a Putin. “Estoy de acuerdo con Zuroff. Estoy de acuerdo con Nemtsov…”

Pues no. Hay quien no puede salir en una foto que va a dar la vuelta al mundo. Como dice la prensa de Estados Unidos Putin está aislado y debe aparecer como tal, fuera de juego. Pero, ¿aislado de quién?, ¿aislado por quién?

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Nuevas pruebas de los crímenes del imperialismo japonés en China

A finales de abril los funcionarios de los archivos de la provincia de Jilin, en el noreste de la República Popular de China, hicieron públicos casi 100.000 documentos que datan de la Segunda Guerra Mundial, para demostrar la brutalidad del ejército japonés durante la ocupación del este de China (1937-1945).

Changchun, capital de la provincia de Jilin, donde están los archivos, fue la capital de Manchukuo, el Estado títere del noreste de China creado y controlado por el imperialismo japonés. Cuando en julio de 1945 la derrota era inminente, antes de huir de la ciudad, los imperialistas japoneses trataron de destruir los archivos. Pero, dada su magnitud, no pudieron destruir todos. Los enterraron apresuradamente en las afueras de la ciudad, donde una parte de ellos fueron encontrados en 1950.

Los documentos se componen de cartas, informes y grabaciones de las conversaciones telefónicas entre los soldados y funcionarios del ejército imperial de Japón en China. Muchos documentos revelan nueva información sobre las víctimas de la masacre de Nankín (1937). Los archivos también evidencian la creación por el gobierno japonés de una red de burdeles militares en los territorios ocupados en los que las mujeres chinas eran tratadas como esclavas sexuales de las tropas japonesas.

Un buen número de cartas y documentos oficiales testimonian el grado de crueldad extrema de los japoneses hacia los civiles y los prisioneros. Algunos registros arrojan luz sobre el Unidad 731, cuyos presos, fueron utilizados como conejillos de indias en las investigaciones bacteriológicas del ejército imperial japonés.

”El contenido de estos documentos chocará, sin duda, a más de uno”, estima Zhao Yujie, investigador de los archivos de la provincia de Jilin, que ha participado en la traducción de los documentos del japonés antiguo.

Los datos revelados por los archivos son estremecedores. Durante la masacre de Nankín un soldado japonés escribió en su diario: “Voy a lanzar mi cuchillo sobre este hombre [un civil] y veo que sus miembros están temblando. De hecho, matar a alguien con un cuchillo, es como cortar el tofu”.

En otro documento del cuartel general imperial encabezado ”Sobre el restablecimiento del orden público en la región administrativa de Nankín”, que data de febrero de 1938, las violaciones formaban parte del orden público imperial, para lo cual establecía todo un cálculo logístico y burocrático acerca del número de burdeles que eran necesarios para el desahogo sexual de las hordas ocupantes japonesas. El artículo 10 llevaba el título ”La situación de las estructuras de consuelo en cada región administrativa”. Las ”estructuras de consuelo” eran un eufemismo para referirse a los prostíbulos, estableciendo una proporción de 178 a 200 soldados japoneses en Nanjing por cada mujer china prostituida.

En la ocupación militar de China la prostitución tenía como objetivo limitar las protestas sociales causadas por las violaciones y reglamentaba minuciosamente la protección de los soldados japoneses de las enfermedades venéreas y el uso de los medios de control de la natalidad.

Según Su Zhiliang, profesor de la Universidad de Shanghai, que también está a cargo del Centro de investigación sobre la cuestión de las esclavas sexuales bajo la ocupación japonesa, los 100.000 documentos puestos a disposición de los lectores en Jilin son sólo una milésima parte de los documentos de la época ocultos en los archivos. ”Si se hicieran públicos todos estos documentos, los crímenes cometidos por los invasores japoneses parecerían mucho más impactantes”, dijo.

Debido a la destrucción de los documentos, los historiadores tienen hoy en día muy poca información sobre el campamento de prisioneros ingleses y norteamericanos que había cerca de la ciudad de Mukden, ahora llamada Shenyang. Con el sobrenombre de ”Auschwitz oriental” en este campo de prisioneros había unos 2.000 reclusos originarios de Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Austria. Los presos fueron obligados a trabajar casi las 24 horas diarias para construirlo, fueron maltratados y alimentados pésimamente durante su periodo de detención.

Los archivos de Changchun contienen tres documentos sobre este campo, incluyendo la lista de los presos del bombardero americano B29 derribado en 1944 y las actas de las deliberaciones de su tripulación en Mukden.

”Para negar la masacre de Nankín los Japoneses han sostenido durante mucho tiempo que antes de la guerra la población de la ciudad era de 200.000 habitantes”, dice Zhao Yujie. ”Pero en los documentos hemos leído que los japoneses, que hicieron un censo antes de la masacre, calcularon la población de la ciudad en un millón de habitantes”. Según los documentos del archivo, en los seis meses que siguieron a la entrada de las tropas japonesas en la ciudad en 1937, 340.000 civiles fueron asesinados.

Otros documentos demuestran el trato cruel que los japoneses dispensaron a los que calificaban como ”espías soviéticos”, que eran soldados presos del Ejército Rojo. Según una circular interna, la Unidad 731 utilizó a los presos soviéticos como conejillos de indias para realizar experimentos médicos y biológicos con ellos.

Cuando en 1931 Japón invadió China, la Unidad 731 se instaló en Harbin, levantando un campo de concentración que sirvió a los científicos japoneses, bajo la dirección de Shiro Ishii, como laboratorio de experimentación con seres humanos, primero prisioneros chinos y a partir de 1942 soviéticos. Tres mil cautivos sirvieron como conejillos de indias, algunos padecieron operaciones quirúrgicas sin anestesia y otros fueron contaminados deliberadamente y murieron horriblemente a consecuencia del tifus, peste, cólera y sífilis. Se trataba de determinar si la resistencia a ciertas enfermedades mortales dependía de la raza de las personas. Otros fueron fusilados.

Cuando el Ejército Rojo soviético liberó Harbin, los japoneses intentaron borrar las huellas de sus experimentos en el campo 731 y los últimos presos supervivientes del laboratorio fueron gaseados. Shiro Ishii y los demás científicos regresaron a Japón. Los servicios secretos estadounidenses les ofrecieron la impunidad a cambio de que les entregaran los resultados de sus investigaciones. Shiro Ishii murió plácidamente en 1959, sin haber sido nunca molestado por sus crímenes.

Hasta la década de los noventa el gobierno japonés no pidió disculpas oficialmente a las mujeres chinas y coreanas que fueron obligadas a prostituirse durante la ocupación. Pero ambos países, China y Corea del norte, declararon que estas excusas eran insuficientes, requiriendo a Japón una indemnización por el daño sufrido por las esclavas y prisioneras.

En febrero de este año 37 chinos cuyos familiares fueron víctimas de los trabajos forzosos bajo la ocupación japonesa, presentaron una denuncia colectiva, reclamando una indemnización a las multinacionales Mitsubishi Materials y Nippon Cocke & Engeneering de un millón de yuanes chinos (163.000 dólares estadounidenses) para cada demandante.

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La CIA y la mafia marsellesa. Los socialistas, los Guerini y la CIA (y 2)

La primera medida tomada por los socialistas para romper la huelga de Marsella [de 1947] consistió en eliminar de las filas de los CRS [policías antidisturbios franceses] a los partisanos, supuestamente comunistas. Una vez alcanzado eso, sería posible, sin dificultad dar a estas unidades, la orden de emplear métodos violentos contra los huelguistas. A estos efectos, y dado que los informes oficiales no habían sido cortos de elogios respecto a la conciencia profesional de estos policías (1), el alcalde socialista [de Marsella] Gaston Defferre les reprochó haberse colocado de parte de los manifestantes en los choques del 12 de noviembre [de 1947] (2).

Después de que los responsables socialistas confeccionaran la lista de hombres sospechosos de comunismo, Defferre la transmitió al ministro socialista Jules Moch, quien ordenó la destitución de los acusados (3). Esta iniciativa de los socialistas fue ciertamente del gusto de las acosadas organizaciones corsas. A diferencia de la policía regular, los CRS habían atacado seriamente el contrabando y el mercado negro a los que se dedicaban los bajos fondos (4). Una vez ejecutada la depuración, los CRS se lanzaron al ataque de los piquetes de huelga con una violencia desatada (5).

Pero hacía falta algo más que una depuración policial para romper la determinación de 24.000 huelguistas de Marsella. Si los americanos pensaban lograr una victoria en Marsella, tendrían que combatir. Esto es exactamente lo que hizo la CIA. Gracias a sus relaciones con el Partido Socialista, la CIA había enviado a Marsella agentes y un equipo de especialistas en guerra sicológica que negociaron directamente con los jefes de las organizaciones corsas para la participación de los hermanos Guerini. Los agentes de la CIA proporcionaron armas y dinero a las bandas corsas para que pudieran atacar los piquetes de huelga comunistas y fustigar a los principales dirigentes sindicales.

Durante este mes de huelgas, los gángsters de la CIA y los CRS maltrataron a los piquetes de huelga, asesinando numerosos huelguistas. Para rematar, los especialistas de guerra psicológica difundieron manifiestos, emisiones de radio y carteles dirigidos a disuadir a los trabajadores de continuar la huelga. Algunas iniciativas de la guerra psicológica fueron bastante brillantes: en un momento en el que el gobierno americano amenaza con repatriar a Estados Unidos un cargamento de 65.000 sacos de harina destinada a la ciudad hambrienta si los estibadores no la descargaban inmediatamente (6). La violencia y el hambre se hicieron sentir tan duramente que el 9 de diciembre los trabajadores de Marsella abandonaron la huelga al mismo tiempo que sus compañeros del resto de Francia. La conclusión de este episodio no está exenta de ironía.

La Nochebuena de 1947, ochenta y siete vagones llegaban a la estación de Marsella, cargados de harina, de leche, de azúcar y de fruta, “donativo del pueblo americano”, con la aclamación de centenares de escolares que agitaban pequeñas banderas norteamericanas (7). Los Guerini obtuvieron poder y notoriedad por el papel que jugaron en el aplastamiento de la huelga de 1947, para afirmarse como los nuevos jefes de la mafia corsa. Pero aun cuando la CIA contribuyó a restablecer este poder, no fue más que hasta la huelga de portuarios de 1950 cuando los Guerini adquirieron suficiente fuerza para tomar el control de los muelles de Marsella. Influencia política y dominio sobre los muelles creaban las condiciones perfectas para el desarrollo de los laboratorios de heroína de Marsella, justo cuando el patrón de la Mafia, Lucky Luciano, buscaba nuevos proveedores. La austeridad económica que había provocado la huelga de 1947 también estuvo en el origen de la de 1950. Las condiciones de los trabajadores, lejos de mejorar en ese intervalo de tres años, habían empeorado. Marsella con su tradición de radicalismo obrero tenía desde luego razones para ponerse en huelga.

Marsella era la “Puerta de Oriente” de Francia, por la que circulaba el material (principalmente las municiones y los víveres norteamericanos) destinados a los cuerpos expedicionarios franceses que combatían en Indochina. La guerra de Indochina era tan impopular en Francia como lo iba a ser la guerra de Vietnam en Estados Unidos. Además, Ho Chi Minh había participado en la creación del Partido Comunista francés y era considerado en Francia como un héroe por los miembros progresistas de la clase obrera, especialmente en Marsella, en donde residían numerosos indochinos (8). En enero, los portuarios de Marsella emprendieron el boicot selectivo de barcos que transportaran mercancías hacia la zona de combates. Y el 3 de febrero la CGT convocó una asamblea de portuarios que decidió publicar una declaración: “El regreso de los cuerpos expedicionarios de Indochina para poner fin a la guerra de Vietnam”, exhortando a “todos los sindicatos a iniciar las acciones mas eficaces posibles contra la guerra de Vietnam”. La circulación de los cargamentos de armas con destino a Indochina fue “paralizada” (9).

Aunque los puertos del Atlántico se unieron al embargo a principios de febrero, su acción no tuvo la misma eficacia ni la misma importancia que la huelga de Marsella (10). A mediados de febrero la huelga se había extendido a la industria metalúrgica (11).

Pero la mayoría de estas huelgas se iniciaban a regañadientes. El 18 de febrero el periódico parisino Combat escribía que Marsella estaba otra vez preparada para el combate: el 70 por cien de los trabajadores marselleses apoyaban la huelga, contra solamente el 2 por cien en Burdeos, el 20 por cien en Toulouse y el 20 por cien en Niza (12). El radicalismo de la clase obrera de Marsella necesitaba una vez mas de métodos especiales, y Thomas Braden, de la CIA, ha narrado posteriormente de qué manera resolvió el problema:

“Ante mí, en la mesa, hay una hoja de papel amarillo, arrugada y descolorida. Lleva la siguiente inscripción, escrita a lápiz: ‘Recibido de Warren G. Haskins la suma de 15.000 dólares (Firmado) Norris A. Grambo’ He buscado este papel el mismo día en que los periódicos revelaban el ‘escándalo’ de las relaciones existentes entre la Agencia Central de Investigación y los estudiantes y dirigentes sindicales. Fue una búsqueda melancólica, y cuando terminé me sentí triste. Porque Warren G. Haskins era yo. Norris A. Grambo era Irving Brown, de la American Federation of Labor (AFL). Los 15.000 dólares procedían de la caja de la CIA, y este papel amarillento es el último recuerdo que poseo de una vasta operación secreta… Fui yo quien dio la idea de dar 15.000 dólares a Irving Brown. Tenía la necesidad de pagar a sus escuadras de pandilleros de los puertos del Mediterráneo, para que los cargamentos norteamericanos pudieran ser descargados contra la oposición de los portuarios comunistas” (13).

Gracias a los dos millones de dólares proporcionados por la CIA, el dirigente de la AFL, Irving Brown, hizo venir de Italia a esquiroles, que puso disposición de su aliado, Pierre Ferri-Pisani (14).

Descrito por la revista Time como un “corso rudo e impetuoso”, Pierre Ferri-Pisani puso a trabajar a estos esquiroles así como a un escuadrón de criminales corsos en los muelles, en donde descargaban las armas procedentes de Norteamérica, consiguiendo así romper la huelga. Rodeado de sus mercenarios, Ferri-Pisani irrumpía en las células locales del Partido comunista amenazando con hacer “pagar personalmente” a los dirigentes del Partido si el boicot continuaba. Y, como informaba con satisfacción esa misma revista Time, “el primer comunista que intentó expulsar a los hombres de Ferri-Pisani fue arrojado al agua” (15). Por otra parte, los hombres de Guerini fueron los encargados de caer a golpes sobre los piquetes de huelga comunistas para permitir a las pandillas y a los esquiroles llegar a los muelles, para poder empezar a descargar las municiones y los víveres. El 13 de marzo los representantes del gobierno estaban en disposición de anunciar que, a pesar de un boicot persistente por parte de los trabajadores comunistas, 900 portuarios reforzados por la tropa habían restablecido el servicio normal del puerto de Marsella” (16).

Aunque hubo boicots esporádicos, hacia mediados de abril Marsella estaba ya sometida y la huelga prácticamente terminada (17). Pero esas “victorias“ durante la guerra fría tuvieron consecuencias imprevistas. Al proporcionar dinero y apoyo a las organizaciones corsas, la CIA había eliminado el último obstáculo que impedía las operaciones de contrabando de los corsos en Marsella. Cuando el “medio“ añadió la toma del control de los muelles a la influencia política que había adquirido con ayuda de la CIA en 1947, se reunieron todas las condiciones para que Marsella se convirtiera en el laboratorio de heroína de Norteamérica. La policía francesa declararía mas tarde que los primeros laboratorios de Marsella se abrieron en 1951, solo algunos meses después de que el hampa tomara el control de los muelles.

Gaston Defferre y el partido socialista también salieron victoriosos de las huelgas de 1947 y 1950 que debilitaron al Partido comunista local. Desde 1953 hasta su muerte, en 1986, Defferre y los socialistas han reinado sin pausa en el ayuntamiento de Marsella. Los Guerini parecen haber mantenido sus relaciones con los socialistas de la ciudad. Los miembros del clan Guerini han servido de guardia personal y como pega-carteles a los candidatos socialistas locales, hasta la caída del clan, en 1967.

(1) Agulhon et Barrat, CRS à Marseille, pgs. 156-173.
(2) Le Provençal, 14 de noviembre de 1947
(3) Agulhon et Barrat, CRS à Marseille, pg. 204.
(4) Ibid, pg. 76.
(5) Ibid, pg. 196. Entrevista con el teniente coronel Lucien Conein, McLean, Virginie, 18 de junio de 1971 (Lucien Conein sirvió de oficial de enlace de la OSS por parte de la Resistencia francesa durante la II Guerra Mundial, convirtiéndose después en un agente de la CIA.
(6) Castellari, La Belle Histoire de Marseille, pg. 22
(7) Ibid, pg. 222.
(8) Las estrechas relaciones existentes entre la comunidad vietnamita de Marsella y la izquierda francesa tuvieron igualmente un papel en la historia de la segunda guerra de Indochina. Tras la Liberación, el comisario de Marsella, Raymond Aubrac, que simpatizaba con la izquierda, descubrió las miserables condiciones que sufrían los campamentos de trabajadores indochinos instalados en las afueras de la ciudad e hizo todo lo posible para sanearlos. Sus esfuerzos le valieron el respeto de las organizaciones nacionalistas vietnamitas y, por su mediación, fue presentado a Ho Chi Minh, quien había venido a Francia a negociar en 1946. Cuando la comisión Pugwash elaboró en 1967 una proposición de desescalada destinada a poner fin a la guerra de Vietnam, Aubrac fue elegido para transmitirla a Ho Chi Minh en Hanoi (Agulhon et Barrat, CRS à Marseille, pg. 43).
(9) Combat (Paris), 4 de febrero de 1950.
(10) New York Times, 18 febrero de 1950, pg. 5.
(11) New York Times, 24 de febrero de 1950, pg. 12.
(12) Combat, 18-19 febrero de 1950.
(13) Braden, Me encanta que la CIA sea inmoral, pg. 10.
(14) Filippelli, American Labor, pg. 181; Ronald Radosh, American Labor and United States Foreign Policy, New York, Random House, 1969, pgs. 323-324.
(15) Time, 17 de marzo de 1952. pg.23.
(16) New York Times, 14 de marzo de 1950, pg.5.
(17) New York Times, 16 de abril de 1950, 4 sección, pg. 4.

Extractos de “Marseille sur héroïne, la French Connection (1945-1975)”, de Alfred McCoy

Primera parte

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Memoria Histórica

Talidomida: un veneno que empezó en los campos de concentración y acabó en la farmacia de la esquina

El mes pasado un tribunal de Madrid anuló la condena al laboratorio alemán Grünenthal por las malformaciones causadas por la ingesta de talidomida, un medicamento que causó graves secuelas en los fetos de las mujeres embarazadas que lo tomaron. La cifra de víctimas puede alcanzar a las 3.000 personas nacidas en torno a 1960. En todo el mundo el número sube hasta unos 12.000 perjudicados.

La talidomida es un fármaco que fue comercializado en 50 países del mundo bajo 80 etiquetas distintas entre los años 1958 y 1963. Los médidos lo prescribían como sedante y calmante para tratar la ansiedad y el insomnio. En aquella época los tranquilizantes más efectivos eran los barbitúricos, que se vendían con gran éxito en todo el mundo y tenían un mercado multimillonario. Pero eran muy tóxicos y cada vez más gente los usaba para suicidarse. También eran frecuentes las muertes por sobredosis accidentales. La empresa que encontrara un tranquilizante poco tóxico se enriquecería de inmediato.

Con una composición química parecida a la de los barbitúricos, la talidomida se promocionó por la supuesta ausencia de efectos secundarios. En una sociedad narcotizada, la talidomida era el narcótico perfecto; se la calificó como “la píldora durmiente del siglo”. A mediados del pasado siglo era la tercera droga más vendida y los alemanes consumían un promedio de 15 millones de píldoras al año.

También empezaron a recetar talidomida para las mujeres embarazadas, según decían los médicos, para prevenir las náuseas. Pero era un poderoso abortivo: cerca del 40 por ciento de los embriones expuestos al medicamento moría antes o poco tiempo después del parto. Además provocaba malformaciones congénitas en el feto, denominadas focomelias, es decir, recién nacidos con las extremidades (brazos y piernas) como las focas. La droga afectaba también a la concepción si lo tomaba el padre, ya que incidía sobre el esperma.

El último crimen de guerra de los nazis

Las Facultades de Medicina siguen afirmando que la talidomida la fabricó la farmacéutica alemana “Chemie Grünenthal” a mediados de la década de los cincuenta, pero es falso. En febrero de 2009 aparecieron los primeros indicios de que el medicamento fue una droga creada por los nazis y probada con los presos recluidos en los campos de concentración del III Reich durante la II Guerra Mundial. Trabajando por separado, dos investigadores encontraron una serie de documentos que muestran que no fue Grünenthal quien descubrió el fármaco.

La empresa alemana siempre sostuvo que la talidomida había sido descubierta por casualidad en 1953 por científicos que habían tratado de producir un antialérgeno pero, según informó “The Sunday Times” el 8 de febrero de 2009 el Dr. Martin Johnson, director de una asociación de ayuda a las víctimas de la talidomida en el Reino Unido, encontró documentos que sugieren que la droga fue descubierta antes de que Grünenthal la patentara en 1954.

Johnson afirmó que ya se había experimentado previamente sobre seres humanos, que probablemente la talidomida fue uno de un número indeterminado de productos químcos desarrollados en Dyhernfurth (un laboratorio químico) o Auschwitz-Monowitz bajo la dirección de Otto Ambros (1901-1990), el máximo experto nazi en guerra química, que trabajaba al servicio de la multinacional francesa Rhône-Poulenc, que estuvo bajo control nazi durante los años de la II Guerra Mundial. Por encargo de Rhône-Poulenc, Ambros buscaba un antídoto contra el gas sarín y tras la guerra se incorporó al laboratorio de Grünenthal.

En la posguerra esta empresa se limitó a registrar en la oficina de patentes los ensayos que se habían llevado a cabo en los campos de concentración, poniendo a la droga el rótulo de Contergan, nombre comercial de la talidomida en Alemania. Johnson califica a esta droga como el último crimen de guerra de los nazis.

Por su parte, el argentino Carlos De Napoli, que ha investigado a los nazis que huyeron a Sudamérica, también sostiene en su libro “Los laboratorios de Hitler” idéntica conclusión: que la talidomida tiene su orígen en los campos de concentración nazis y en la experimentación allá con seres humanos.

De Napoli ha descubierto un informe enviado el 13 de noviembre de 1944 por Fritz Meer, un ejecutivo de IG Farben, a Karl Brandt, un general de las SS que fue médico personal de Hitler y jefe de su programa eugenésico. El informe establece que la droga fue sometida a pruebas y que estaba lista para su uso. Meer era el superior jerárquico del Dr.Mengele en el escalafón jerárquico del partido nazi.

IG Farben fue el monopolio alemán que fabricó el gas Zyklon B, utilizado para el exterminio de los presos en los campos de concentración nazis. Se trataba de una poderosa empresa química de procesamiento de petróleo y caucho que utilizaba mano de obra proveniente de los campos de exterminio. En Nuremberg fueron condenados 24 directivos de I.G. Farben por cometer crímenes contra la humanidad, entre ellos Otto Ambros y Fritz Meer. Pero después de ser condenado, Meer fue liberado en 1952 y cuatro años después le nombraron director de la Bayer, una de las multinacionales herederas de IG Farben.

Cuando la prensa británica destapó el origen histórico del fármaco, Grünenthal rechazó cualquier relación con los nazis o con Rhône-Poulenc para el desarrollo de la talidomida. Insistió en que fueron tres de sus empleados los que descubrieron la droga. Posteriormente el laboratorio informó de que había perdido gran parte de los archivos con las pruebas. Por su parte, Sanofi-Aventis, que adquirió Rhône-Poulenc, precisó que también iba a “revisar sus archivos».

Se buscan enfermos para un nuevo fármaco

Es mentira. En 1954 el jefe del laboratorio de investigación de Grünenthal no era otro que Heinrich Mückter, antiguo médico del ejército alemán durante el III Reich. Mückter hizo lo que había aprendido con Hitler: decidió probar la talidomida en seres humanos. No lo hizo personalmente, sino que mandó distribuir la droga en forma gratuita entre los médicos alemanes, para que se la recomendaran a sus pacientes. ¿Por qué?

Porque inicialmente la talidomida se comercializó como un tratamiento para las convulsiones epilépticas. Más tarde se demostró que no era efectivo. Después se utilizó en unos ensayos clínicos como un nuevo antihistamínico como tratamiento de la alergia. Tras un tiempo, comprobaron que tampoco tenía efecto alguno. Tenían una medicina y necesitaban buscar una enfermedad para rentabilizar la inversión.

La explicación es, pues, la cuadratura del círculo en materia de salud, la medicina inversa: primero inventamos el fármaco y luego inventamos al enfermo que necesita comprarlo para curarse. De lo contrario, el dinero gastado se perdería.

Después de recomendar el fármaco a los médicos, Mückter recibió las respuestas que tanto esperaba. Los informes médicos describían a la talidomida como un poderoso sedante. Habían encontrado un remedio para el insomnio. Mückter falseó las pruebas y Alemania aprobó la talidomida para su administración a seres humanos. Unos meses más tarde, una gran campaña publicitaria anunciaba la aparición de una píldora totalmente inofensiva para dormir plácidamente.

En agosto de 1958 la empresa envió a más de 40.000 médicos alemanes una carta en la que recomendaba el Contergan para combatir las náuseas que la mayoría de las mujeres sufre en los primeros meses del embarazo: “No daña a la madre ni al hijo”, proclamaba la carta.

La campaña publicitaria giraba alrededor de su bajísima toxicidad y en algunos países el consumo masivo se vio favorecido al declarar libre su venta. Rápidamente los médicos de todo el mundo empezaron a intoxicar a sus pacientes. Recomendaban la talildomida para el resfriado, la tos, el asma, el dolor de cabeza, la ansiedad y el insomnio. Incluso la promocionaban para tranquilizar a los niños en los propios consultorios médicos. En 1957 se convirtió en un medicamento para ayudar a las mujeres embarazadas.

Los primeros avisos

Un año después de comercializar su droga, Grünenthal recibió informes inquietantes: en 1956 nació el primer niño con las consecuencias de la talidomida. Un obstetra australiano, William McBride, se dio cuenta de que algo iba mal. Envió sus observaciones a la revista de medicina Lancet, pero su publicación se retrasó unos meses “por falta de espacio”.

Algunos de los pacientes que consumían la talidomida en forma crónica sufrían temblores, disminución de la presión sanguínea, pérdida de memoria y reacciones alérgicas. También se describían casos de pérdida del tacto en los píes, los tobillos, las pantorrillas y las manos. Pero los capitalistas de Grünenthal descalificaron estas advertencias. Cuando algún médico les preguntaba si habían recibido quejas sobre efectos secundarios, le mentían.

En febrero de 1961 la columna de cartas a la redacción del “British Medical Journal” publicaba una nota en la que un lector advertía que estaban llegando informes sobre “el posible peligro tóxico de esa droga sedante” y que había “síntomas negativos de neuritis periférica en pacientes tratados con talidomida por períodos de seis meses o más”.

Sin embargo, en octubre de aquel año, después de experimentar con animales, la empresa británica Distillers Co., puso a la venta otra variante de la talidomida bajo el nombre de Distaval, con la siguiente etiqueta de presentación: “Distaval se puede dar con completa seguridad a las mujeres y a las madres embarazadas, sin efecto nocivo alguno sobre el feto”.

En diciembre, los derechos para la comercialización de la droga fueron vendidos a la empresa sueca Astra para comercializarla en aquel país bajo el nombre de Neurosedyn y, muy poco después, la misma empresa advertía que el nuevo fármaco “podía ser peligroso para el feto”, pues ya se sospechaba de su relación con el nacimiento de 90 niños con malformaciones congénitas en Suecia.

Antes de que se hicieran públicos los terribles efectos de la talidomida y sin autorización de la FDA, en Estados Unidos la empresa Richardson-Merrill repartió dos millones y medio de tabletas entre 1.000 médicos estadounidenses. De esa manera, la droga llegó hasta unas 20.000 personas, incluidas cientos de mujeres embarazadas que dieron a luz hijos deformes.

Todo se encubre con dinero

En Alemania el juicio contra Grünenthal se prolongó durante más de tres años en los que la empresa farmacéutica expuso argumentos insostenibles: que las malformaciones se debían al efecto de aditivos alimentarios, detergentes o a los rayos emitidos por las pantallas de los televisores; que los fetos no tenían derechos legales; que las malformaciones eran la consecuencia de intentos de aborto entonces la responsabilidad, por lo tanto, era de las madres.

Finalmente todo se tapó con dinero. Nadie fue declarado culpable. Grünenthal ofreció 31 millones de dólares a los 2.866 damnificados que residían en Alemania y declaró que si el juicio continuaba, no podría cubrir los gastos y se tendría que declarar en quiebra porque le resultaba imposible pagar las indemnizaciones a los afectados. La asociación que agrupaba a las familias afectadas aceptó la oferta y el juicio terminó.

Hasta la fecha Alemania sólo ha indemnizado a las víctimas en el interior del país, aunque la droga se distribuyó en 46 países repartidos por todo el mundo. Hay otros países en los que los estragos de la talidomida siguen ocultos. Los médicos y las famarcéuticas son sagrados, los hechiceros modernos que deciden impunemente sobre la vida y la muerte de sus semejantes.

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Memoria Histórica

Cuando las calles se regaron con sangre y luego con olvido

En plena guerra de Corea, el 10 de marzo de 1952, Stalin removió las aguas internacionales ofreciendo a las potencias imperialistas la firma de un tratado de paz con Alemania, el restablecimiento de la unidad alemana y la retirada de las fuerzas de ocupación en el año siguiente a la firma del acuerdo.

La oferta cayó en saco roto. El mundo estaba al borde del abismo nuclear. Francia estaba a punto de firmar el tratado internacional por el que se restablecía el ejército alemán camuflado dentro la Comunidad Europea de Defensa.

Un mes antes, en febrero, el gobierno de Corea del norte acusó a las fuerzas aéreas de Estados Unidos de lanzar napalm y bombas bacteriológicas portadoras de plagas. China confirmó la noticia. En Corea del norte brotaron epidemias y varios organismos internacionales emprendieron investigaciones para verificar la validez de las acusaciones, que finalmente se confirmaron.

En París el Movimiento por la Paz convocó dos semanas de luchas contra las armas biológicas y catorce encuentros regionales para exigir el fin de la guerra de Corea.

El detonante fue la visita del general Ridgway para tomar posesión de su cargo como comandante en jefe de la OTAN en Europa. Matthew Ridgway era un asesino especialmente repudiado, ya que durante la Guerra de Corea había estado al frente de las fuerzas que lanzaron las armas bacteriológicas. «El pueblo de Paris nunca va a tolerer a un criminal de guerra en la capital», dijo el PCF al inicio de la campaña.

Los sindicatos de la CGT llamaron a seguir el ejemplo de los trabajadores japoneses, que habían participado masivamente en la protesta contra el general «de la peste y el tifus».

Siguiendo el Plan Cloven el gobierno francés prohibió las manifestaciones. Durante la guerra fría los imperialistas prohibieron la lucha por la paz. Pero entonces los comunistas eran de verdad, no como ahora, así que a pesar de la prohibición mantuvieron las convocatorias y varios días antes, cuando empezó la distribución de folletos por los barrios, volvió a aparecer una represión policial sin precedentes, seguida de detenciones.

Durante una primera manifestación celebrada el 23 de mayo se produjeron graves choques entre los manifestantes y la policía, que detuvo a 279 personas, de las que 42 fueron encarceladas y sometidas a juicio.

Ridgway llegó a Paris el 27 de mayo, atravesando la ciudad con una nutrida escolta policial hasta el Arco del Triunfo. En Villejuif los manifestantes, dirigidos por su alcalde, Louis Dolly, trataron de bloquear el cortejo oficial y desplegaron una pancarta en la Avenida de Italia, una de las arterias más importantes del sur de la capital francesa.

Por la mañana detuvieron al redactor jefe de L’Humanité, André Stil, acusado de violar una ley de 1848 por convocar manifestaciones públicas, armadas o no. Por la tarde, tras la tradicional subida al Muro de los Federados en homenaje a la Comuna de París, los manifestantes salen a la calle enarbolando retratos de André Stil como otros tantos llamamientos a la lucha.

Entonces las manifestaciones no eran una fanfarria sino que se organizaban meticulosamente como auténticas guerras de movimientos por las calles. El sitio web del PCF de Aubervilliers resume así los minuciosos preparativos:

«Se aprobaron y programaron las rutas de las marchas. El criterio de organización fue el de la ‘bola de nieve’: pequeños grupos que se unen y desplazan hasta el lugar acordado, donde se unen con otros grupos. Y se deben formar columnas de militantes de los suburbios y de los distritos periféricos para entrar en París. Los coches se encargarán de llevar el material a la manifestación: nada de banderas sino pequeñas pancartas a veces en chapas metálicas, fijadas en grandes palos de madera. Sin los materiales usuales de las manifestaciones, los grupos se deben organizar para ser muy móviles y capaces de enfrentarse a la ofensiva de la policía. Obviamente, la prueba va a ser muy dura: los locales [del PCF y los sindicatos] se equiparán como enfermerías de campaña y se prepararán vehículos destinados al transporte de los heridos a la clínica de Bluets»(1).

Tal como habían previsto el PCF y la CGT, la policía colocó controles de carretera en las puertas de acceso a París para impedir los desplazamientos de las columnas de manifestantes desde los barrios obreros de la periferia. Para superar los controles, en la primera línea se pusieron los militantes de choque, que en aquella época en París eran los veteranos, militantes expertos, resistentes que habían luchado contra la fascismo durante la guerra. La avalancha humana tiene tal fuerza que los primeros puestos de control de la policía ceden. Los manifestantes vuelcan los vehículos de la policía, asedian e incendian la comisaría de la calle de la Banca.

Fue el choque más duro. Sin embargo, una vez recuperados del efecto sorpresa, la policía trató de volver a controlar los movimientos de las masas por las calles con las armas de fuego en la mano. Un sargento disparó y el comunista argelino Hocine Belaid cayó cerca de una tienda de ropa. Aunque le trasladaron rápidamente a un hotel y luego en coche a la clínica de Bluets, murió sin recuperar la conciencia (2).

Por la tarde siguieron los enfrentamientos. Unos 600 manifestantes resultaron heridos y uno de ellos, el tornero Charles Guénard, antiguo miembro de la resistencia, combatiente de los Franco-Tiradores y Partisanos y concejal comunista del ayuntamiento, murió meses más tarde como consecuencia de las heridas recibidas. La policía detuvo a más de 700 manifestantes, a los que molió literalmente a golpes. Fueron procesados y sometidos a juicio otros 140 manifestantes.

El gobierno estaba lanzado a una ofensiva total. En varios puntos de Francia la policía registró las sedes del PCF, de las juventudes comunistas y de la CGT, cuyo secretario general, Benoît Frachon, tuvo que pasar a la clandestinidad, de la que no regresó hasta finales del año siguiente, cuando la tensión se calmó. Detuvo y sancionó a los militantes por hacer pintadas y pegar carteles, e incluso intentó levantar la inmunidad parlamentaria de los diputados comunistas y abrió varias causas judiciales por delitos contra la seguridad interior del Estado.

Cuando en junio del siguiente año se celebró el 29 Congreso de la CGT, el secretario general del sindicato, que seguía en la clandestinidad, sólo pudo hacer una breve aparición para saludar a los congresistas. El punto principal que se aprobó fue el de iniciar una campaña por la liberación de los que aún seguían presos en las cárceles por la manifestación del 28 de mayo del año anterior.

Unos días después, el 14 de julio, aniversario de la Revolución Francesa, se celebró una gigantesca manifestación para exigir la liberación de los presos políticos. Entre las organizaciones que se sumaron a la convocatoria del PCF y la CGT estaba el Movimiento por las Libertades Democráticas en Argelia, cuyo dirigente, Messali Hadj, estaba en situación de arresto domiciliario. El numeroso proletariado norteafricano (tunecinos, marroquíes) que participó añadió consignas anticoloniales a la exigencia de liberación de los presos políticos. En plena festividad nacional francesa aparecieron banderas argelinas y consignas a favor de la independencia.

La manifestación coincidía con un desfile militar en el que participan los paracaidistas del ejército que habían vuelto de la guerra de Indochina. Una vez finalizado aquel acto, atacaron al proletariado en la otra manifestación sin que la policía tratara de impedirlo. Al final, cuando la marcha estaba a punto de disolverse, la policía cargó contra los manifestantes, desencadenándose una verdadera batalla campal. 20 furgonetas de la policía ardieron en llamas, los antidisturbios volvieron a desenfundar sus armas y dispararon indiscriminadamente contra la multitud, asesinando a 7 personas e hiriendo a otras 140 en pleno centro de París (3).

Entre los responsables de la masacre, además de Baylot y Dides y otros parecidos, estaba Maurice Papon, prefecto general de policía, un vichysta que años después, en 1988, fue condenado por crímenes contra la humanidad cometidos durante la ocupación nazi de Francia. Pero en 1953 la policía tuvo pleno apoyo de todos los partidos parlamentarios, excepto del PCF, que calificó los hechos como una provocación. La burguesía orquestó una campaña para prohibir las manifestaciones y, de hecho, hasta 1968 el Primero de Mayo no se volvió a celebrar por las calles. La fiesta del 14 de julio acabó aún peor: la Revolución Francesa jamás se ha vuelto a celebrar con manifestaciones populares.

Uno de los comunistas asesinados era Maurice Lurot, a quien una bala atravesó el corazón. Muchísimos años después, el 21 de setiembre de 1995, su hijo escribió una carta a L’Humanité Dimanche, en la que decía: «Cada año, mientras todos bailan, busco con lágrimas en los ojos una palabra que me reconforte en L’HD [Humanité Dimanche]. Cada año mi padre es asesinado de nuevo por los camaradas, por su olvido». En efecto, el olvido es ese crimen que cometemos cada año. No es el crimen que cometen contra nosotros, sino nuestro propio crimen. Olvidamos que lo poco que tenemos se lo debemos a quienes, como Maurice Lurot, Abdellah Bacha, Larbi Daoui, Abdelkader Trari, Mouhoub Illoul, Tahar Madjine y Amar Tadjadid, dieron su vida por lo mismo por lo que nosotros seguimos luchando ahora.

A pesar de los asesinatos, el Plan Cloven y la represión policial fracasaron estrepitosamente. Lograron que casi medio millón de militantes abandonara el PCF entre 1946 y 1953, pero siguió siendo el primer partido de Francia. Nadie destruyó al PCF, que también se destruyó a sí mismo. Se ahorcó con la soga del olvido de lo que había sido y de lo que quiso ser.

(1) http://pcfaubervilliers.fr/spip.php?article246
(2) Vídeo del funeral de Hocine Belaid: http://www.cinearchives.org/Films-447-189-0-0.html
(3) Daniel Kupferstein: Les balles du 14 juillet 1953, http://vimeo.com/99715119

Más información:
La CIA utilizó a los secuaces de Tito para luchar contra los comunistas (Plan Cloven 1)
Una policía paralela para acabar con los comunistas (Plan Cloven 2)

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Memoria Histórica

La CIA y la mafia marsellesa. Los socialistas, los Guerini y la CIA (1)

Si las alianzas creadas durante la guerra por los bajos fondos corsos tendrían importantes consecuencias tras la liberación para el tráfico de heroína, constituyendo los cimientos de la futura dinastía criminal de Marsella, el fin de la ocupación alemana iba a traer tiempos difíciles para el “ambiente” marsellés.

Durante mas de veinte años Carbone y Spirito habían controlado la mafia, inaugurando nuevas formas de actividad criminal, organizando el mando y la disciplina y sobre todo estableciendo alianzas políticas. Ya no estaban, y ninguno de los patrones supervivientes gozaba del poder ni de las prerrogativas de recoger su cetro.

Para agravar las cosas los enemigos tradicionales, es decir los partidos socialistas y comunistas permanecieron firmemente unidos hasta mediados de 1946, obligando así a una alianza entre conservadores y mafia a fin de obtener a toda costa el poder político. Con ocasión de las primeras elecciones municipales, en abril de 1945, una coalición de izquierda pone al jefe del Partido Socialista, Gaston Deferre, en la alcaldía. Rompiendo con los socialistas en 1946, el Partido Comunista lleva con éxito una campaña independiente y elije su propio candidato a la alcaldía en noviembre [1].

Por otro lado, una nueva unidad policial, los CRS (Compagnies Républicaines de Sécurité), se habían convertido en el azote de la mafia marsellesa. Formados durante los combates de la Liberación en agosto de 1944, cuando la mayoría de los policías municipales (que habían sido notorios colaboracionistas) desaparecieron [2], se asignó a los CRS la tarea de restablecer el orden público, buscar a los colaboradores, perseguir el contrabando y reprimir el tráfico del mercado negro. Un elevado porcentaje de sus oficiales habían sido reclutados entre los resistentes comunistas, y cumplieron con su deber demasiado eficazmente para la tranquilidad del hampa [3].

Pero ésta no tarda en preparar su ascenso al poder. En otoño de 1947, un mes de sangrientas batallas callejeras, reveses electorales y la intervención secreta de la CIA privó al Partido comunista del poder y establecieron una redistribución definitiva de las cartas políticas en Marsella. Cuando las huelgas y los disturbios finalizaron, los socialistas habían roto todo contacto con los comunistas, una alianza entre los socialistas y el hampa controlaba la vida política de Marsella y los hermanos Guerini se habían convertido en los “árbitros” incontestados del submundo marsellés. Durante veinte años sus decisiones tendrían fuerza de ley en el seno de la delincuencia. El enfrentamiento comenzó muy inocentemente en las elecciones municipales del 19 y 26 de octubre de 1947.

A escala nacional, el nuevo partido anticomunista del general de Gaulle (RPR, Rassemblement pour la République) alcanza un confortable éxito electoral en toda Francia. En Marsella, los conservadores reconstituidos consiguieron suficientes puestos en el consejo municipal como para descartar un alcalde comunista y elegir una alcaldía conservadora. Uno de los primeros actos oficiales de la nueva administración consistió en aumentar las tarifas de tranvías municipales: una decisión perfectamente inatacable, por estar perfectamente justificada por la agravación del déficit financiero. Pero esta medida tendría consecuencias imprevistas.Más de dos años después del fin de la guerra, Marsella no conseguía liberarse de las ruinas dejadas por los bombardeos aliados. La tasa de paro era elevada, los salarios bajos, reinaba el mercado negro y una grave penuria de los elementos más indispensables daba un aire desesperado a los compradores matinales [4].

Los tranvías tenían una importancia vital para la ciudad y el incremento de tarifas tuvo por efecto adelgazar el monedero y provocar la cólera. El sindicato obrero social-comunista, CGT, replicó mediante el boicot activo de los tranvías. El conductor que osaba conducir un tranvía quedaba bloqueado por las barricadas y el lanzamiento de piedras por parte de la población furiosa [5].

La clase obrera de Marsella no estaba sola en su desgracia. En toda Francia los obreros sufrían las dificultades de una dolorosa recuperación económica. Los obreros trabajaban largas jornadas para relanzar la producción y sus esfuerzos se veían mal pagados. Presionados por sus consejeros norteamericanos, los sucesivos gobiernos franceses bloqueaban los salarios a fin de acelerar la renovación económica. En 1947 la producción industrial prácticamente había alcanzado su nivel de antes de la guerra, pero el obrero especialista medio de París no ganaba mas que el 65 por cien de lo que conseguía en el momento más duro de la depresión [6].

Llegaba hasta el hambre, literalmente. El precio de los alimentos se había disparado y el obrero medio comía un 18 por cien menos que en 1938. Pudiendo apenas los salarios cubrir sus gastos de alimentación, los obreros estaban obligados a llevar la parte mas pesada de los impuestos. El sistema fiscal era tan injusto que el prestigioso periódico Le Monde lo había definido como ”más inicuo que el que había provocado la Revolución Francesa” [7].

En Marsella, durante todo el inicio del mes de noviembre, los incidentes agravaron las tensiones políticas como consecuencia del boicot de los tranvías, que culminaron con el desencadenamiento de la violencia el 12 de noviembre. Aquel día fatal comienza con una manifestación matutina de obreros enfurecidos, continuó por la tarde con el apalizamiento de los concejales comunistas durante una reunión municipal y acabó con un muerto al atardecer [8].

Aquella mañana temprano numerosos millares de obreros se habían reunido frente al Palacio de Justicia para exigir la liberación de cuatro jóvenes obreros metalúrgicos detenidos por atacar un tranvía. Cuando la policía conducía a dos de ellos hacia el tribunal, la muchedumbre se echa encima de los guardias y los dos hombres escaparon. Animados por el éxito, se busca durante numerosas horas forzar los cordones policiales, exigiendo que las acusaciones contra los obreros se retiren. Ante la determinación de las masas, el tribunal se reúne precipitadamente y hacia las cuatro de la tarde la acusación de reduce a un delito menor. Los manifestantes se preparan a dispersarse cuando un obrero no identificado llega gritando ”¡Todos a la alcaldía! ¡Están golpeando a nuestros camaradas!” [9]

Esta agresión tuvo lugar en el curso de una reunión ordinaria del consejo municipal, cuando los concejales comunistas habían planteado la cuestión de las tarifas de los tranvías. La discusión se había hecho violenta, y algunos de los matones partidarios del alcalde (todos miembros de la banda Guerini) intervinieron contra los concejales comunistas [10].

La noticia de las agresiones de extendió rápidamente en Marsella y en una hora cuarenta mil manifestantes se reunieron ante el ayuntamiento [11].

El puñado de policías presentes no pudo controlar la situación hasta que el antiguo alcalde comunista Jean Cristofol hubo calmado a la multitud. En media hora se había dispersado, y a las 18:30 todo estaba tranquilo. Mientras que la mayor parte de manifestantes volvían a sus casas, un grupo de jóvenes obreros se reúne sobre los muelles y ocupa las pequeñas calles situadas en los alrededores de la época. Con sus locales de noche y sus burdeles, este sector se consideraba generalmente como el barrio del hampa. Era notorio que estos establecimientos controlaban el mercado negro y constituían un legítimo objetivo de la cólera de la clase obrera. Mientras que las masas invadían las calles rompiendo los cristales, Antoine y Barthelemy Guerini dispararon contra ellos, hiriendo a numerosos manifestantes. Por la noche un joven metalúrgico moría a causa de las heridas [12].

A la mañana siguiente el diario comunista La Marselleise afirmaba que ”Carlini y Vernejoul volvían a los métodos de Sabiani en la alcaldía de Marsella”. El diario decía que una investigación había revelado que el ataque del que habían sido víctimas los concejales se debía a los hombres de Guerini [13].

Esta acusación no fue refutada de manera convincente ni por el periódico socialista Le Provençal ni por Le Meridional gaullista. En el curso de la audiencia del tribunal del 16 de noviembre, dos policías testificaron haber visto a los Guerini disparar contra la gente. En la misma audiencia, uno de los más jóvenes hermanos Guerini reconoció que Antoine y Barthelemy se encontraban en aquellos lugares en el momento del tiroteo. Pero cuatro días mas tarde los policías se retractaron misteriosamente y el 10 de diciembre la confederación local de trabajadores llamó a una huelga general. La ciudad quedó paralizada. Los trabajadores de Marsella habían alcanzado el punto de ruptura casi al mismo tiempo que sus camaradas del resto del país. Las huelgas salvajes estallaron por todos los sitios, en fábricas, en minas y ferrocarriles [15].

Al salir a la calle los militantes obreros para manifestarse por salarios dignos y por disminuciones de precios, la dirección del Partido Comunista fue obligada, contra su voluntad, a iniciar una acción. El 14 de noviembre, al día siguiente de que los sindicatos de Marsella llamaran a la huelga, la CGT llama a  una huelga general en todo el país.

Contrariamente a lo que se podría creer, los dirigentes comunistas de la época estaban lejos de ser  fieros revolucionarios. Eran en su mayor parte hombres de cierta edad, de tendencia conservadora, que habían servido a la patria en las filas de la Resistencia y que ahora aspiraban, por encima de todo, a tomar parte en el gobierno de su país. La habilidad que habían demostrado en la dirección de la Resistencia les había ganado el respeto de la clase obrera y, gracias a sus esfuerzos, los trabajadores franceses sindicados habían aceptado los bajos salarios tras la guerra, absteniéndose de hacer huelgas en 1945 y 1946. Sin embargo, su apoyo continuo a la política de austeridad draconiana del gobierno comenzaba a suponerles menos votos en las elecciones sindicales, y en 1946 un observador del Departamento de Estado norteamericano  declaraba que los dirigentes comunistas ”no podían contener el descontento de la base” [16].

Cuando a mediados de noviembre de 1947 las huelgas salvajes y las manifestaciones estallaron, el Partido Comunista se vio obligado a apoyarlas para no perder la dirección de la clase obrera. En cualquier caso, lo hizo sin entusiasmo. Sin embargo, a finales de noviembre, tres millones de trabajadores estaban en huelga y la economía francesa se encontraba prácticamente paralizada. Desdeñando la opinión de sus propios expertos, los responsables de la política exterior norteamericana interpretaron la huelga de 1947 como una maniobra política del Partido Comunista y temieron que no fuera mas que el preludio de una ”toma del gobierno”. El motivo de esta ceguera era sencillo: desde mediados de 1947 la guerra fría se había ”congelado” y todos los acontecimientos políticos se consideraban bajo el punto de vista del ”conflicto ideológico mundial que opone el comunismo del este a la democracia occidental” [17].

Inquietos por los progresos soviéticos en el Mediterráneo oriental y por el crecimiento de los partidos comunistas en Europa occidental, el gobierno de Truman organizó en mayo un plan de estructuración europeo (el conocido como Plan Marshall), cuyo presupuesto se elevaba a numerosos miles de millones de dólares, y crea la CIA en septiembre [18].

Decididos a salvar a Francia de un golpe de Estado comunista inminente, la CIA intervino para ayudar a romper la huelga, escogiendo para ello al Partido socialista como porra. Tras décadas de investigación, los actores de aquellas operaciones clandestinas salieron del secreto oficial que les había tapado durante tanto tiempo. Cuando a principios de 1947 el Congreso de Estados Unidos votó un presupuesto de 400 millones de dólares para combatir al comunismo, el presidente Harry Truman ”empleó este dinero de forma abierta en Grecia y Turquía, pero de forma clandestina en Francia e Italia, con la CIA como intermediario, con el objeto de apoyar a los partidos políticos democráticos” [19].

Aquel verano, en el caos burocrático que siguió a la creación de la CIA, las funciones de investigación fueron repartidas entre el Departamento de Defensa, el Departamento de Estado y la rama ejecutiva bajo la dirección más bien vaga del nuevo director de la CIA. Ante la urgencia de dotarse de una fuerza de investigación, el National Security Council creó la OPC (0ffice of Policy Coordination) en junio de 1948, a fin de desarrollar ”una capacidad de acción política secreta”, misión mas bien amplia que suponía operaciones clandestinas tales como la infiltración en los sindicatos.

Financiados por la CIA pero acogidos por el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa, la OPC se desarrolla en esta situación anormal, fuera de todo control burocrático y mucho mas generosamente financiada que la misma CIA [20].

El fundador de la OPC fue Frank Wisner, antiguo agente de la OSS que había pasado los años posteriores a la guerra en Europa reclutando antiguos nazis, en primer lugar a numerosos criminales de guerra, a fin de enviarles tras las líneas soviéticas. Bajo su dirección brillante y original, la OPC atraerá rápidamente talentosos veteranos de la OSS como Thomas Braden y William Colby que compartían la opinión según la cual todo enemigo del comunismo, ya fuera oficial de la Gestapo o gángster corso, podía ser un aliado de Norteamérica [21].

Tal como explicaba Colby, futuro director de la CIA, la OPC de Wisner ”actuaba como la orden de los Templarios, dedicada a salvar la libertad de Occidente de las tinieblas comunista” [22].

Desde el inicio de la Guerra Fría, la CIA y la OPC decidieron que los sindicatos eran la clave del combate por Europa occidental. Mediante la American Federation of Labor (AFL), la cual organizaba ya sus propias redes clandestinas en Europa, la Agencia se propuso hacer llegar unos dos millones de dólares a los dirigentes sindicales anticomunistas [23].

”Creo que el interés manifestado por la AFL/CIO para la protección del puerto de Marsella y otras cosas de este tipo habían empezado antes de la creación de la Agencia” declaraba Braden, responsable de la OPC para estas operaciones. ”Tengo la impresión que eran efectuadas por la OSS, o bien por el ejército, o bien por el Departamento de Estado” [24].

Es un hecho que a principio del año 1947 el embajador de Estados Unidos en Francia, Jefferson Caffery, había avisado a Washington de que ”el poder del Kremlin se extiende cada vez mas mediante el Partido comunista francés y su fortaleza, la CGT” [25]. En una tácita petición de fondos, el embajador lamentaba que ”los dirigentes sindicales que se oponen al dominio de los comunistas sobre la CGT no hayan tenido la ocasión (principalmente por falta de dinero) de organizar grupos de oposición eficaces” [26].

Cuando en 1947 los comunistas convocaron huelgas contra el Plan Marshall, la CIA, en el curso de una de sus primeras operaciones, lanza un contraataque secreto. Con la AFL como intermediaria, organiza la primera escisión de un sindicato europeo haciendo llegar fondos a Leon Jouhaux, dirigente socialista, que hizo salir a su sindicato, Force Ouvrier, de una CGT controlada por los comunistas [27].

Sin reconocer el origen, el presidente de la AFL, George Meany, presumiría más tarde de ”haber financiado la escisión del sindicato francés bajo control comunista: “Nosotros lo hemos pagado, nosotros hemos conseguido dinero de los sindicatos americanos, nosotros hemos organizado sus sedes y enviado material” [28].

A primera vista, podría parecer erróneo ver a la CIA apoyando a un organismo situado a la izquierda como un Partido socialista. En Francia no existían mas que tres partidos políticos importantes: el socialista, el comunista y el gaullista, y, por simple eliminación, la CIA se echa en los brazos de los socialistas. Si el general de Gaulle se mostraba demasiado independiente para el gusto de los americanos, los dirigentes socialistas, que perdían rápidamente terreno ante los comunistas, estaban totalmente dispuestos a colaborar con la CIA.

En un artículo del Saturday Evening Post fechado en 1967, el antiguo director del departamento de asuntos internacionales de la CIA, Thomas W. Braden, explicaba la estrategia de la agencia, que consistían en servirse de la izquierda para combatir a la izquierda. Ese fue el trabajo de Jay Lovestone, el adjunto de David Dubinsky en el Sindicato Internacional de los Trabajadores del Textil. Habiendo sido el dirigente del Partido Comunista de Estados Unidos, Lovestone tenía un perfecto conocimiento de las operaciones de infiltración en el extranjero.

En 1947 la comunista CGT lanza una huelga que no consigue paralizar la economía francesa. Se temía una toma del poder. En esta coyuntura intervienen Lovestone y su adjunto Irving Brown. Con ayuda de los fondos proporcionados por el sindicato de Dubinsky crearon Force Ouvrier, un sindicato no comunista. Cuando escaseó el dinero, recurrieron a la CIA. Así es como empieza la financiación secreta de los sindicatos “libres”, que pronto se extendió a Italia.

Sin esta financiación, la historia de la posguerra hubiera sido muy diferente [29]. Los envíos de la CIA, del orden de un millón de dólares por año, aseguraron al Partido socialista una sólida base electoral en el seno del movimiento obrero [30] y dieron a sus dirigentes la potencia política necesaria para enfrentarse a los trabajadores en huelga. Mientras que el dirigente socialista de Marsella, Gaston Deferre, predicaba una cruzada anticomunista desde lo alto de la tribuna de la Asamblea Nacional y en las columnas de Le Provençal [31], el ministro de Interior socialista Jules Moch, ordenaba a la policía intervenir brutalmente contra los trabajadores en huelga [32]. Con los consejos y la ayuda del agregado militar norteamericano en París, Moch pide la incorporación de 80.000 reservistas y moviliza a 200.000 soldados para luchar contra los huelguistas.

Frente a ese despliegue de fuerza, la CGT suspendió la huelga el 9 de diciembre, tras menos de un mes de paro laboral [33]. Lo enfrentamientos mas sangrientos de esta huelga no tuvieron lugar en París, como dijo Braden, sino en Marsella. Por numerosas razones, era fundamental para la política extranjera norteamericana conseguir una victoria en Marsella que, siendo uno de los mayores puertos internacionales de Francia, constituía una cabeza de puente vital para las exportaciones del Plan Marshall hacia Europa.

Una influencia duradera de los comunistas en la administración del puerto hubiera supuesto una amenaza al éxito del Plan Marshall y de todo programa de asistencia posterior. Siendo Marsella la segunda ciudad de Francia, una victoria duradera de los comunistas sobre el electorado marsellés aumentaría las oportunidades del Partido Comunista de recoger suficientes votos para formar gobierno. El Partido comunista representaba ya al 28 por cien del electorado y era el primer partido de Francia. El agravamiento de la ruptura entre los Partidos Comunista y socialista de Marsella, y la actitud anticomunista de Defferre se habían manifestado ya en el curso de los debates de la Asamblea Nacional sobre los sangrientos incidentes del 12 de noviembre en Marsella.

Mientras que los portavoces  locales del Partido Comunista habían imputado a los Guerini las violencias sufridas por los concejales y el asesinato de un obrero metalúrgico, el dirigente socialista Gaston Defferre prefirió atacar a los comunistas: ”Las banderas americanas y británicas que ondeaban en el ayuntamiento han sido arrancadas por las hordas comunistas… Ahora sabemos de lo que son capaces los comunistas: yo no dudo que el gobierno extraerá consecuencias. El partido socialista deplora esos incidentes, y no tolerará que aquellos que se dicen diputados lleguen a desafiar la ley” [34].

Algunos días después, el diputado comunista Jean Cristofol refutó las acusaciones de Defferre, acusando a su vez a los malhechores a las órdenes de Guerini de estar a sueldo de los partidos gaullista y socialista de Marsella.

Cuando Defferre se levanta para negar que ni siquiera conoce a Guerini, otro diputado comunista le recuerda que un primo de Guerini era redactor en jefe de su diario Le Provençal. Después tomó la palabra para revelar algunos signos inquietantes del renacimiento del hampa marsellesa. A los colaboracionistas se les concedía la libertad condicional y los funcionarios autorizaban la reapertura de los locales nocturnos, entre los que figuraba el Club Parakeet de los Guerini. Estos locales habían sido cerrados en junio de 1947 por orden del mismo Cristofol, entonces alcalde de la ciudad [35].

[1] Agulhon et Barrat, CRS de Marseille, pg. 144.
[2] nlion, Les FTB pgs. 292-293.
[3] Agulhon y Barrat, CRS de Marseille, pgs. 46-47, 75-77.
[4] Castellari, La Belle Histoire… pgs. 218-19.
[5] Agulhon et Barrat, CRS de Marseille, pg.145.
[6] Ioyce Kolko et Gabriel Kolko, The Limits of Power, New York, Harper&Row, 1972, pg. 157.
[7] Ibid., pg. 440.
[8]  Agulhon et Barrat, CRS de Marseille, pgs. 145-146.
[9]  Ibid., Pág. 147.
[10] Ibid., Pág. 148.
[11] Ibfd., Pág. 171.
[12] Ibid., págs. 149-150.
[13] La Marseillaise, 13 de noviembre de 1947.
[14] La Marseillaise, 17 y 21 noviembre y 10 de diciembre de 1947
[15] Kolko y Kolko, The Limits of Power, pg.396.
[16] Ibid., pg. 157.
[17] Walter Lafeber, America, Russia and the Cold War, New York, John Wiley and Sons, 1967, pg. 47.
[18] Ibid., pgs. 48 y 56.
[19] John Ranelagh, The Agency: The Rise and Decline of the CIA, New York, Simon&Schuster, pg. 131.
[20] Comisión senatorial sobre las actividades del gobierno, History of the Central Intelligence Agency, Supplementary Detailed Staff Report on Foreign and Military Government, Printing Ofice, Rapport du Sénat, pgs.94-755 y 25-37.
[21] John Loftus, The Belarus Secret, New York, Knopf, 1982, pgs. 105-29; William Colby, Honorable Men. My Life in the CIA, New York, Simon&Schuster, 1978, pg. 75.
[22] Colby, Honorable Men, pg. 73.
[23] Ronald L. Filippelli, American Labor and Postwar Italy, 1943-1953, Stanford, Standford University Press, 1989, pgs. 112-113.
[24] Tom Braden hizo estos comentarios en noviembre de 1983. Cfr. Ranelagh, The Agency pgs. 247-48
[25] Peter Weiler, The United States, International Labor and the Cold War: The Breakup of the World Federation of Trade Unions, Diplomatic History, 5, núm. 1, 1981, pg. 12.
[26] Trevor Barnes, Le secret de la guerre froide: la CIA et la politique étrangere américaine en Europe, 1946-56, 1er partie, Historical Journal 24, núm. 2, 1981, pgs. 411-412.
[27] Filippelli, American Labor; pp. 112-13. Algunos meses antes de ”provocar” la escisión entre las fracciones comunista y socialista de la CGT, el dirigente obrero socialista Leon Jouhaux había estado (…) en Washington para reunirse con miembros del gobierno de Truman (Le Monde, 12 de mayo de 1957).
[28] Filippelli, American Labor; pg. 113.
[29] Thomas Braden, Soy feliz de que la CIA sea inmoral, Saturday Evening Post, 20 de mayo de 1967, pg. 14.
[30] Ibid. No era la primera vez que los servicios de inteligencia norteamericanos empleaban este modo de financiación secreto para crear disensiones en las filas del movimiento obrero francés. Durante la Segunda Guerra Mundial, la rama Travail de la OSS, dirigida por Arthur Goldberg, procuró fondos a la ”dirección socialista de la CGT clandestina, pero rechazó categóricamente proporcionarlos a los elementos comunistas de la misma organización. Esta postura ocasionó un grave incidente que envenenó las relaciones entre (…) los partidos citados (R. Hams Smith, OSS: The Secret History of American’s First Central Intelligence Agency (Berkeley, University of California Press, 1972, pg.182.
[31] Le Provençal, Marseille, 8-9 y 14 de noviembre de 1947.
[32] ”Es entonces cuando los dirigentes de la fracción Force Ouvrier se separan definitivamente de la CGT y fundaron, con ayuda de las organizaciones sindicales norteamericanas, la organización que aún lleva ese nombre” (Jacques Julliard, la IV République, Paris, Calmann-Lévy 1968, pg. 124).
[33] Kolko et Kolko, The Limits of Power, pg. 370. Esta alianza entre la CIA y los socialistas fue aparentemente precedida de complicadas negociaciones. En el curso de una visita a Washington en mayo de 1949, el dirigente del Partido socialista Leon Blum declaró a un periodista francés: ”Numerosos diplomáticos americanos con (…) los que he hablado están convencidos de que el socialismo puede ser la mejor defensa contra el comunismo en Europa”. La prensa norteamericana informó mas tarde que el secretario del Tesoro del presidente Truman había exhortado a Blum a reunir a los partidos no comunistas y expulsar a los comunistas del gobierno (Le Monde, Paris, 12 de mayo de 1967, Le Provençal, 14 de noviembre de 1947, La Marseillaise, 14 de noviembre de 1947.
[34] Le Provençal, 14 noviembre de 1947, La Marseillaise, 14 de noviembre de 1947.
[35] La Marseillaise, 14 de noviembre de 1947.

Extractos del libro “Marseille sur héroïne, la French Connection (1945-1975)”, de Alfred McCoy

Segunda parte

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Memoria Histórica

Guía práctica del perfecto criminal

Algún marxista ortodoxo diría que los grandes crímenes y criminales son como una superestructura: reflejan el momento social como un termómetro refleja la temperatura. El asesinato de la Presidenta de la Diputación de León, por ejemplo, pasará a los anales más negros de la historia como una miniatura del caciquismo político de principios de este siglo, de la España más siniestra y la piscaresca más ruin.

Pero si somos sinceros tendremos que reconocer que lo que realmente tiene morbo es el crimen perfecto: burlar la ley y que no te pillen. Hay crímenes tan perfectos que nadie los considera siquiera como crimenes. Parecen cosas normales. Por ejemplo, el ex-rey Juan Carlos mató a su hermano de un disparo, pero nadie habla de asesinato sino de “accidente”. Por eso ni siquiera los jueces ni la policía abrieron nunca un sumario. No había nada que investigar y todo aquello que no se investiga no existe. No forma parte de eso que los científicos llaman “los hechos”.

Tenéis que ver esas series de la televisión que tratan del CSI, la policía científica: la ciencia y la policía funcionan de la misma manera. Se atienen a “los hechos”. A veces incluso ambos, policías y científicos, utilizan el mismo lenguaje y hablan de “evidencias”, es decir, de hechos tan claros que ni siquiera es necesario explicarlos: son evidentes.

Si miras para otro lado, las cosas dejan de ser evidentes, por lo que a los científicos y policías hay que preguntarles: ¿a dónde miran?, ¿a quién investigan?, ¿que buscan? Luego que no me hablen de «pruebas» porque las pruebas hay que buscarlas. Las pruebas no sólo son un asunto que concierne al intelecto, sino también a la voluntad: no hay más ciego que el que no quiere ver.En todo el mundo uno de los crímenes más graves que existen es el empleo de armas químicas y gases, que los tratados internacionales prohíben desde hace más de un siglo. Naturalmente su empleo siempre ha quedado impune porque quienes matan con tales medios es porque disponen de ellos, es decir, porque tienen poder y a quien tiene ese poder no hay manera de llevarle a los tribunales esposado.

Por lo tanto, el crimen perfecto, la impunidad, no es más que una radiografía de la balanza de poder en el mundo. Pero no sólo de eso, sino también de la hipocresía, de eso que el saber popular dice: “el que hace la ley hace la trampa”. Primero calman a los moralistas, prohiben las armas químicas y luego pasan olímpicamente de prohibiciones.

A los profesores universitarios les encanta hablar de “los hechos” pero se pasan el curso ocultándolos, es decir, hablan de los hechos que les da la gana. Por eso se les considera como una parte de “la autoridad”, porque funcionan como la policía y como todos los que comparten el poder: pasan por alto todo aquello que no les interesa. Como ejemplo hablemos de una serie de “hechos” que nunca nadie explicará en una Facultad de Química a sus estudiantes, seguramente porque no los consideran como parte integrante de tal ciencia.

El desarrollo de la Química siempre estuvo impulsado, a partes iguales, por el capitalismo y la guerra. Desde 1800, con los fertilizantes y plaguicidas, el capitalismo convirtió a la agricultura en una rama de la química. Marx dijo que la agricultura había pasado de ser “un procedimiento puramente empírico de la parte más rudimentaria de la sociedad” en el empleo científico consciente de la agronomía. Lo mismo cabe decir de los tintes, cuyo uso se expandió como un anexo de la industria textil.

El otro motor de la Química fue la guerra, o sea, la pólvora y tuvo su origen en el mismísimo Lavoisier, el fundador de la Química científica, un lacayo del feudalismo que inventó un nuevo método de producción de explosivos con el potasio extraído de Alsacia. En España tenemos un ejemplo parecido en la empresa Explosivos Rio Tinto que, además de lo que su denominación indica, tiene una segunda fuente de negocio: la fabricación de agrotóxicos, fertilizantes y pesticidas.

En la segunda mitad del siglo XIX donde más avanzó la química fue en Alemania, por la necesidad de desvincularse del bloqueo económico británico sobre las materias primas estratégicas por medio de sustitutivos sintéticos. A comienzos del siglo XX Inglaterra tenía el monopolio mundial de la explotación minera de los nitratos de Chile, un producto químico que integra la fabricación de explosivos. La pólvora negra se compone de un 75 por ciento de salitre (nitrato de potasio), un 12 por ciento de azufre y un 13 por ciento de carbón vegetal. El nitrato amónico, la nitroglicerina y el trinitrotolueno (TNT) también son derivados del nitrógeno. A finales del siglo XIX no era posible el rearme alemán sin eludir el control británico sobre los yacimientos naturales de nitrógeno.

No había otra posibilidad que acudir a la búsqueda de procedimientos artificiales de obtención de nitrógeno. El imperalismo alemán recurrió a la ciencia y, en concreto, a Fritz Haber, un prototipo del perfecto criminal, o mejor dicho, del trato dispensado en los países capitalistas a los criminales de guerra con diploma.

En 1908 Haber inventó un mecanismo de síntesis del amoniaco que liberó a Alemania de la dependencia de los nitratos naturales, de modo que a partir de entonces pudieron fabricar explosivos artificialmente con el amoniaco como materia prima. El procedimiento de Haber proporcionó el 45 por ciento del ácido nítrico necesario para la fabricación de los explosivos, municiones, proyectiles y bombas empleados por Alemania en la I Guerra Mundial.

Pero el papel de Haber (y la ciencia) en la guerra no acabó ahí. También organizó el departamento de gases tóxicos del ejército alemán a través del recién creado Instituto Kaiser Guillermo de Berlín, una leyenda en el mundillo científico, al que ponen como modelo de investigación. Naturalmente que a costa de ocultar y disimular determinados “hechos” nada gratificantes para la ciencia.

Por iniciativa de Haber, en 1916 se creó la Fundación Kaiser Guillermo para las Ciencias Técnicas y Militares, que al año siguiente pasó a depender del Ministerio de la Guerra. La fusión de la universidad con el ejército es un modelo típico del imperialismo que las universidades son las mayores interesadas en silenciar. Si no son capaces de reconocer la identificación de la ciencia con el capitalismo, mucho menos van a reconocer su complicidad con las guerras y las masacres.

Durante la guerra mundial, Haber propuso al ejército utilizar gas cloro contra las tropas aliadas y fue responsable directo de la fabricación de los primeros gases venenosos que -a pesar de la prohibición- se emplearon en el campo de batalla, entre ellos el gas mostaza. Bajo su dirección un grupo de investigadores creó el Zyklon B, un insecticida basado en el cianuro que fue utilizado años más tarde por los nazis en los campos de exterminio.

La actividad de Haber tampoco se limitó a los laboratorios, de los que extrajo 5.000 botellas metálicas repletas de gases tóxicos, sino que fue nombrado capitán del ejército alemán, en cuya condición estuvo supervisando su lanzamiento en el mismo campo de batalla, al mando de una compañía de infantería. La batalla química se saldó con 15.000 víctimas entre los aliados.

Al finalizar la contienda su nombre apareció en una lista de criminales de guerra y los aliados reclamaron su extradicion para procesarlo como tal. No obstante, ya en época de la República de Weimar, Haber volvió a la dirección del Instituto de Física y Electroquímica de Berlín, continuando sus investigaciones secretas para la fabricación de nuevo armamento químico.

A pesar de sus crímenes -o quizá gracias a ellos precisamente- fue laureado en 1918 con el premio Nobel de Química. Al fin y al cabo el mismo Alfred Nobel que había instituido el conocido galardón se enriqueció fabricando explosivos. El discurso que Haber pronunció en 1920 ante la Academia sueca es un ejemplo de la hipocresía típica de algunos científicos, aunque no sean capitanes del ejército: su invento de la síntesis del amoniaco era una gran aportación para la elaboración de abonos agrícolas, que a su vez aumentarían las cosechas y aliviarían así el hambre en el mundo.

Una fábrica de muerte que se presenta como alivio del hambre… algo parecido a la falacia que sostienen ahora mismo las multinacionales de los transgénicos, otro caso de aplicación humanitaria de la ciencia a la resolución -desinteresada- de acuciantes dramas de la humanidad, como el hambre y la enfermedad.

¿Quieres convertirte en un perfecto criminal? Antes deberás aprobar una licenciatura en ciencias, de esas que llaman “puras”, o sea, que no tienen nada que ver con “la política”, ni con las ideologías, ni con nada de nada. En la universidad te dan carta banca, licencia para matar, y si matas mucho es posible que recibas hasta el Premio Nobel.