La CIA y la mafia marsellesa. Los socialistas, los Guerini y la CIA (y II)

(Extractos de «Marseille
sur Héroïne, la
French Connection
(1945-1975)»,
de Alfred McCoy)
Manifestación contra la guerra en la calle Canebiere, Marsella. 1 de Enero de 1950. Masiva participación de portuarios y mujeres.
La primera medida tomada por los socialistas para romper la
huelga de Marsella consistió  en eliminar
de las filas de los CRS a los partisanos supuestamente comunistas. Una vez esto
alcanzado  sería posible sin dificultad
dar a estas unidades  la orden de emplear
métodos violentos contra los huelguistas. A estos efectos, ya dado que los
informes oficiales no habían sido cortos de elogios  respecto a la conciencia profesional de estos
policías[1], el
alcalde socialista Gastos Defferre les reprocha haberse colocado de parte de
los manifestantes en los choques del 12 de Noviembre[2].
Después de que los responsables socialistas confeccionaran la lista de hombres
sospechosos de comunismo, Defferre  la
transmitió al ministro socialista Jules Moch, quien ordenó la destitución de
los acusados[3]. Esta iniciativa de los
socialistas fue ciertamente del gusto de las acosadas organizaciones corsas. A
diferencia de la policía regular  los
CRS  habían atacado seriamente el
contrabando y el mercado negro a los que se dedicaban los bajos fondos[4]. Una
vez ejecutada la depuración, los CRS se lanzaron al ataque de los piquetes de
huelga con una violencia desatada[5].
Pero hacía falta algo más que una depuración  policial para romper la determinación de
veinticuatro mil huelguistas de Marsella. Si los americanos pensaban   lograr una victoria en Marsella, tendrían
que combatir. Esto es exactamente lo que hizo la CIA. Gracias a sus relaciones
con el Partido Socialista, la CIA
había enviado a Marsella  agentes y un
equipo de especialistas en guerra psicológica que negociaron directamente con
los jefes de las organizaciones corsas para 
la participación de los hermanos Guerini. Los agentes de la CIA proporcionaron armas y
dinero a las bandas corsas para que pudieran atacar los piquetes de huelga
comunistas  y fustigar a los principales
dirigentes sindicales.
Durante este mes de huelgas, los gángsters de la CIA y los CRS maltrataron a
los piquetes de huelga, asesinando numerosos huelguistas. Para rematar, los
especialistas de guerra psicológica 
difundieron manifiestos, emisiones de radio  y carteles dirigidos a disuadir a los
trabajadores de continuar la huelga.  Algunas
iniciativas de la guerra psicológica 
fueron bastante brillantes: en un momento en el que el gobierno
americano  amenaza con repatriar a los
Estados Unidos un cargamento de sesenta y cinco mil sacos de harina  destinada a la ciudad hambrienta si los estibadores
no la descargaban inmediatamente[6].  La violencia y el hambre se hicieron sentir
tan duramente  que el 9 de diciembre los
trabajadores de Marsella abandonaron la huelga al mismo tiempo que sus
compañeros del resto de Francia. La conclusión de este episodio no está exenta
de ironía.
La
Nochebuena
de Navidad de 1947, ochenta y siete vagones
llegaban a la estación de Marsella, cargados de harina, de leche, de azúcar y
de fruta, «donativo del pueblo americano»,
con la aclamación de centenares de escolares 
que agitaban pequeñas banderas norteamericanas[7]. Los
Guerini obtuvieron poder y notoriedad  por el papel que jugaron en el aplastamiento
de la huelga de 1947, para afirmarse como los nuevos jefes de la mafia
corsa.  Pero aun cuando la CIA  contribuyó a restablecer este poder, no
fue  más que hasta la huelga de
portuarios de 1950  cuando los
Guerini  adquirieron suficiente fuerza
para tomar el control de los muelles de Marsella. Influencia política  y dominio sobre los muelles creaban las
condiciones perfectas para el desarrollo de los laboratorios de heroína de
Marsella, justo cuando el patrón de la
Mafia
, Lucky Luciano, buscaba nuevos proveedores. La
austeridad económica que había provocado la huelga de 1947 también estuvo en el
origen de la de 1950. La condición de los trabajadores, lejos de mejorar en
este intervalo de tres años, había empeorado por el contrario. Marsella con su tradición
de radicalismo obrero tenía desde luego razones para ponerse en huelga.
Marsella era la «Puerta de Oriente» de Francia, por la que circulaba el
material (principalmente las municiones y los víveres norteamericanos)
destinados a los cuerpos expedicionarios franceses combatiendo en Indochina. La
guerra de Indochina era tan impopular en Francia como lo iba a ser la guerra de
Vietnam en Estados Unidos. Además, Ho Chi Minh había participado en la creación
del Partido Comunista francés  y era
considerado en Francia como un héroe por los miembros progresistas de la clase
obrera, especialmente en Marsella, en donde residían numerosos indochinos[8]. En
enero, los portuarios de Marsella emprendieron el boicot selectivo de barcos
que transportaran mercancías hacia la zona de combates. Y el 3 de febrero la CGT convoca una asamblea  de portuarios que decide publicar una
declaración «el regreso de los cuerpos expedicionarios de Indochina para poner
fin a la guerra de Vietnam» y exhortando a 
«todos los sindicatos a iniciar las acciones mas eficaces posibles
contra la guerra de Vietnam». La circulación de los cargamentos de armas con
destino a Indochina fue «paralizada».[9]
Aunque los puertos del Atlántico se unieron al embargo a principios de febrero,
su acción no tuvo la misma eficacia ni la misma importancia que la huelga de
Marsella[10]. A mediados de
febrero  la huelga se había extendido a
la industria metalúrgica[11], a
las minas y a los ferrocarriles.
Pero la mayoría de estas huelgas se iniciaban a
regañadientes. El 18 de febrero, el periódico parisino Combat escribía que
Marsella estaba otra vez preparada para el combate: el 70% de los trabajadores
marselleses apoyaban la huelga, contra solamente el 2% en Burdeos, el 20% en Toulouse,
y el 20% en Niza[12]. El radicalismo de la
clase obrera de Marsella necesitaba una vez mas de métodos especiales, y Thomas
Braden, de la CIA,
ha narrado posteriormente de que manera resolvió el problema:
«Ante mí, en la mesa, hay una hoja de papel amarillo, arrugada y
descolorida. Lleva la siguiente inscripción, escrita a lápiz: “Recibido de
Warren G. Haskins la suma de 15.000 dólares. (Firmado) Norris A. Grambo” He
buscado este papel el mismo día en que los periódicos revelaban el “escándalo” de
las relaciones existentes entre la Agencia
Central
de Investigación 
y los estudiantes y dirigentes sindicales. Fue una búsqueda melancólica,
y cuando terminé me sentí triste. Porque Warren G. Haskins era yo.  Norris A. Grambo  era Irving Brown, de la American Federation
of Labor (AFL).  Los 15.000 dólares
procedían de la caja de la CIA,
y este papel amarillento es el último recuerdo 
que  poseo de una vasta operación
secreta…Fui yo quien dio la idea de dar 15.000 dólares a Irving Brown. Tenía la
necesidad de pagar a sus escuadras de pandilleros de los puertos del
Mediterráneo, para que los cargamentos 
norteamericanos pudieran ser descargados contra la oposición de los
portuarios comunistas»
[13].
Gracias a los dos millones de dólares proporcionados por la CIA, el dirigente de la AFL, Irving Brown, hizo venir
de Italia a esquiroles, que puso disposición de su aliado, Pierre Ferri-Pisani[14].
Descrito por la revista Time como un «corso rudo e impetuoso», Pierre
Ferri-Pisani puso a trabajar a estos esquiroles 
así como a una escuadra de criminales corsos en los muelles, en donde
descargaban las armas provenientes de Norteamérica, consiguiendo así romper la
huelga. Rodeado de sus mercenarios, Ferri-Pisani  irrumpía en las células locales del Partido
comunista amenazando con hacer «pagar personalmente» a los dirigentes del
Partido  si el boicot continuaba. Y, como
informaba con satisfacción esa misma revista Time, «el primer comunista que
intentó expulsar a los hombres de Ferri-Pisani fue arrojado al agua»[15]. Por
otra parte, los hombres de Guerini fueron los encargados de caer a golpes  sobre los piquetes de huelga comunistas para
permitir a las pandillas    y a los
esquiroles llegar a los muelles, para poder 
empezar a descargar  las
municiones y los víveres. El 13 de marzo los representantes del gobierno  estaban en disposición de anunciar que, a
pesar de un boicot persistente por parte de los trabajadores comunistas, 900
portuarios reforzados por la tropa habían restablecido el servicio normal del
puerto de Marsella[16].
Aunque hubo boicots esporádicos hasta mediados de abril,
Marsella  estaba ya sometida y la huelga
prácticamente terminada[17].
Pero esas «victorias» durante la guerra fría tuvieron consecuencias
imprevistas. Al proporcionar  dinero y
apoyo a las organizaciones corsas, la
CIA
había eliminado el último obstáculo que impedía las
operaciones de contrabando de los corsos en Marsella. Cuando  el «medio» añadió la toma del control de los
muelles a la influencia política      que
había adquirido con ayuda de la
CIA
en 1947, se reunieron todas las condiciones para que
Marsella se convirtiera en el laboratorio de heroína de Norteamérica. La
policía francesa declararía mas tarde que los primeros laboratorios de Marsella
se abrieron en 1951, solo algunos meses después de que el hampa tomara el
control de los muelles. Gaston Defferre y el Partido Socialista también
salieron victoriosos de las huelgas de 1947 y de 1950 que debilitaron al
Partido comunista local. Desde 1953 hasta su muerte, en 1986, Defferre y los
socialistas han reinado sin pausa en el ayuntamiento de Marsella. Los Guerini
parecen haber mantenido  sus relaciones
con los socialistas de la ciudad. Los miembros del clan Guerini han servido de
guardia personal y como pega-carteles a los candidatos socialistas locales,
hasta la caída del clan, en 1967.


[1] Agulhon et Barrat, CRS à Marseille, pp. 156-173.59.
[2] Le Provençal, 14 novembre 1947
[3] Agulhon et Barrat, CRS à Marseille, pp. 204, 215
[4] Ibid., pp. 76, 128.
[5] Ibid., p. 196.63. Entrevista con el teniente coronel
Lucien Conein, McLean, Virginie, 18 juin 1971. (Lucien Conein sirvió de oficial
de enlace  de la OSS por parte de la Resistencia francesa
durante la II Guerra
Mundial, convirtiéndose después en una gente de la CIA.
[6] Castellari, La Belle Histoire de Marseille, p. 22 1
[7] 1bid., p. 222.
[8] Las estrechas relaciones
existentes entre la comunidad vietnamita de Marsella y la izquierda
francesa  tuvieron igualmente un papel en
la historia de la segunda guerra de Indochina. Tras la Liberación, el comisario
de Marsella, Raymond Aubrac, que simpatizaba con la izquierda, descubrió las
miserables condiciones que sufrían los campamentos de trabajadores indochinos
instalados en las afueras de la ciudad  e
hizo todo lo posible para sanearlos. Sus esfuerzos le valieron  el respeto de las organizaciones
nacionalistas vietnamitas y, por su mediación, fue presentado a Ho Chi Minh,
quien había venido a Francia a negociar en 1946. Cuando la comisión Pugwash
elaboró en 1967 una proposición de des-escalada destinada a poner fin a la
guerra de Vietnam, Aubrac fue elegido para 
transmitirla a Ho Chi Minh en Hanoi ((Agulhon
et Barrat, CRS à Marseille, p. 43).
[9] Combat (Paris), 4 febrero de 1950
[10] New York Times, 18 febrero de  1950, p. 5
[11] New York Times, 24 febrero de  1950, pág. 12
[12] Combat, 18-19 febrero de 
1950
[13] . Braden, « Me encanta que la CIA sea “inmoral” », Pág. .
10.
[14] Filippelli, American
Labor,  p. 181; Ronald Radosh, American Labor and United States
Foreign Policy (New York : Random House, 1969), páginas 323-24
[15] Time, 17 marzo de 1952. pág.
23.
[16] New York Times, 14 marzo de
1950, pág.5
[17] New York Times, 16 abril de
1950, 4ª  sección, pág. 4

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