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1920: la proclamación de la República Socialista Soviética de Irán

En 1920 se creó una República Socialista Soviética en la provincia iraní de Gilan. Un siglo después, este efímero Estado es un poderoso recordatorio de las antiguas luchas en Oriente Medio contra el imperialismo extranjero y los opresores nacionales.

Desde hace cinco años, un grupo de guerrilleros nacionalistas y comunistas recorría los bosques de Gilan, provincia iraní situada en la orilla suroccidental del mar Caspio. El 4 de junio de 1920, entraron en la capital regional, Rasht, y proclamaron la República Socialista Soviética de Irán (RSSI).

Ante los habitantes, que los recibieron como libertadores, proclamaron: “En adelante, este movimiento nacional, con la ayuda y el concurso de todos los humanistas del mundo y reivindicando los justos principios del socialismo… ha entrado en la fase de la revolución roja”.

La revolución, pensaban, no debía limitarse a Gilan, sino que debía desafiar al imperialismo británico y a la clase dirigente colaboracionista iraní en la capital nacional, Teherán. Y efectivamente, durante dieciséis meses la bandera roja ondearía sobre la región, proyectando su sombra también sobre el resto del país. Pero en octubre de 1921, las tropas del gobierno central, con el apoyo británico, lograron reprimir la rebelión de Gilan. Los acontecimientos allanaron el camino para que el autócrata Reza Khan, que había llegado al poder en un golpe de estado en Teherán a principios de aquel año, estableciera la monarquía pahlavi, que duró hasta 1979.

Un siglo después de los acontecimientos de 1920, es importante revisar la historia de la RSSI porque demuestra el papel esencial que desempeñaron los comunistas iraníes en aquellas luchas. La RSSI pone de relieve los debates que condujeron a la ruptura con la Segunda Internacional, enriqueciéndolos con la perspectiva de los no europeos que luchan contra las injusticias coloniales y raciales.

De la revolución a la guerra

La RSSI y el golpe de Reza Khan pueden considerarse dos reacciones diferentes al fracaso de la revolución constitucional de noviembre de 1906 en Irán. Esta última había intentado establecer la soberanía popular, sometiendo al rey a una constitución y un parlamento, y expulsando al imperialismo británico y ruso. Sin embargo, los logros de esta revolución se deshicieron al intensificarse las divisiones internas en el movimiento, y Gran Bretaña y Rusia unieron sus fuerzas para apoyar a los leales reaccionarios.

La crisis política que siguió a la revolución se intensificó durante la Primera Guerra Mundial, ya que aunque Irán no fue protagonista del conflicto, se convirtió cada vez más en un campo de batalla entre las grandes potencias. Mientras las tropas zaristas ocupaban el norte de Irán, los británicos ocupaban las regiones del sur para salvaguardar los intereses de la Anglo-Persian Oil Company. La escasez de grano y alimentos fue causada en gran parte por esa ocupación extranjera, agravada por las sucesivas sequías. El resultado fue la hambruna de 1917-1918, además de que Irán se vio afectado por epidemias de cólera y gripe española, que mataron a entre uno y dos millones de personas de una población total de nueve millones.

A medida que Irán caía bajo el dominio de potencias extranjeras -con el apoyo del Sha-, algunos antiguos participantes en la revolución constitucional llegaron a la conclusión de que era más eficaz buscar derechos políticos, reformas sociales e independencia a escala regional. Esta estrategia fue llevada a cabo por Mohammad Khiabani en Azerbaiyán, por Mohammad Taqi Khan Pesyan en Jorasan y, de forma decisiva para nuestra historia, por Mirza Kuchak Khan (1880-1921) en la región de Gilan.

El movimiento Jangal

Mirza Kuchak Khan

Kuchak Khan había estudiado teología islámica, aunque nunca llegó a ser clérigo, como suelen afirmar los actuales dirigentes de Irán. Al comienzo de la revolución constitucional, desempeñó un papel destacado en la creación de una asociación de estudiantes de seminario y se unió a la defensa armada de las revueltas campesinas en Gilan. Rápidamente se ganó la reputación de patriota piadoso dispuesto a sacrificar su vida por la independencia de Irán y la justicia social. Su inspiración política procedía del panislamismo anticolonial y del socialismo reformista.

Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Kuchak Khan lanzó un movimiento guerrillero en los bosques del mar Caspio, el Movimiento Jangal (bosque), que rápidamente ganó popularidad entre los campesinos de la región tras infligir varias derrotas a las tropas zaristas. El Movimiento Jangal fue un intento regional de revivir los principios de la revolución constitucional: democracia e independencia. Sus reivindicaciones sociales, en cambio, eran muy tibias, ya que pretendía ganarse el apoyo de los terratenientes y los notables, prometiendo explícitamente la protección de la propiedad privada.

En 1917 los jangalíes habían logrado ocupar partes de Gilan. La revolución rusa de febrero desorganizó a las tropas zaristas en la provincia y fue recibida con gran entusiasmo por los jangalíes, que a su vez recibieron mensajes de solidaridad de los soviets de soldados caucásicos. Desde Petrogrado, el jefe del gobierno provisional, Alexander Kerensky, decretó la continuación de la presencia militar rusa en Irán. Pero tras la Revolución de Octubre, que puso fin a la alianza de Rusia con Londres y París, los jangalíes y los bolcheviques se encontraron en el mismo bando en su lucha contra el imperialismo británico.

El 2 de diciembre de 1917 los bolcheviques hicieron un llamamiento a los musulmanes de Rusia y del este: “El suelo se escapa bajo los pies de los ladrones imperialistas. Ante estos grandes acontecimientos, nos dirigimos a vosotros, los esforzados y desheredados musulmanes de Rusia y Oriente”.

Estas declaraciones, la revelación de todos los tratados secretos firmados por la Rusia zarista y las demás potencias imperialistas, y la anulación del tratado anglo-ruso de 1907 que dividía a Irán en esferas de influencia, fueron recibidas con gran entusiasmo por los iraníes. Pero bajo la presión británica, el gobierno iraní se negó a reconocer a la Rusia soviética.

De hecho, los británicos aprovecharon la oportunidad para intensificar sus intervenciones en Irán, utilizando este frente alternativo para proporcionar apoyo al Ejército Blanco que operaba en el norte de Irán. El movimiento Jangal sufrió varias derrotas en 1918-19 que lo debilitaron seriamente, y algunos de sus dirigentes desertaron, seducidos por las propuestas británicas.

Los bolcheviques se dirigen al este

Sin embargo, el Movimiento revivió en el verano de 1919. A medida que la ola revolucionaria en Europa retrocedía, los bolcheviques se volvieron cada vez más hacia el este, al intensificarse las luchas anticoloniales, al triunfar los bolcheviques en la guerra civil y al convertirse el imperialismo británico en la principal amenaza para la supervivencia de la revolución rusa. Estos factores destacaron la importancia de las relaciones del Estado soviético con Irán. Los bolcheviques, que hacían campaña por la inclusión de Oriente en general y de Irán en particular en la revolución mundial, ganaron una audiencia creciente.

No obstante, la ejecución del enviado soviético I. Kolomitsev en Irán por parte de las tropas gubernamentales y la firma del acuerdo anglo-iraní, que convirtió a Irán en un protectorado británico de facto, obligaron a los bolcheviques a modificar su táctica. Crecieron los sentimientos nacionalistas y antibritánicos en Irán, lo que fortaleció a los jangalíes y aumentó la simpatía por los bolcheviques.

En este contexto, los bolcheviques se dirigieron a Kuchak Khan en julio de 1919, calificándolo de “famoso campeón de la independencia persa”. Tras reconquistar Bakú de los ejércitos otomano, británico y blanco a finales de abril de 1920, los bolcheviques fueron en busca del general Denikin del Ejército Blanco, que había huido a la ciudad portuaria de Anzali, en Gilan.

Aprovechando la situación, Kuchak Khan exigió que las tropas británicas abandonaran Gilan, y la población local acogió la llegada de la flota rusa el 18 de mayo de 1920. Sin embargo, el almirante Raskolnikov dejó claro que el poder en Anzali pertenecía a Irán, y la flota rusa abandonó las aguas iraníes una semana después.

Debilitados por la campaña militar británica de 1918-1919, los jangalíes contaron con el apoyo soviético y con cientos de jóvenes comunistas iraníes. Aprovechando sus contactos con los nacionalistas iraníes que se remontaban a la revolución constitucional, Sergo Ordzhonikidze, jefe del departamento del Cáucaso del Partido bolchevique, facilitó el acuerdo entre los jangalíes y el Partido Comunista Iraní que sentó las bases para la creación de la RSSI, a pesar de que los dirigentes bolcheviques de Moscú tenían dudas sobre la viabilidad de dicho Estado.

Según este acuerdo, el comunismo no debía introducirse en Gilan. Tras la toma de Teherán, una Asamblea Constituyente establecería un gobierno revolucionario y los soviéticos no interferirían en los asuntos internos de Irán.

Los comunistas y la RSSI

Haydar Khan Amuoqli

Los comunistas iraníes que se unieron a los jangalíes eran miembros del partido probolchevique Adalat (Justicia), que habían formado en 1916 en Bakú los miembros del Partido Socialdemócrata de Irán. Ambas partes sacaron su fuerza de las decenas de miles de trabajadores iraníes migrantes en el Cáucaso, especialmente los trabajadores del petróleo de Bakú.

Desde mediados de 1918, Adalat comenzó a establecer sucursales en una docena de ciudades iraníes y reclutó a miles de personas en el Ejército Rojo iraní. Tras unir fuerzas con los jangalíes, la dirección del Adalat convocó un congreso en Anzali del 20 al 23 de junio, y cambió su nombre por el de Partido Comunista Iraní (PCI).

Los debates en el Congreso fueron dirigidos por dos facciones. Una de ellas estaba dirigida por el revolucionario iraní Avetis Soltanzadeh, que fue elegido primer secretario. Abogaba por una revolución socialista, en lugar de una burguesa o nacionalista, que se lograría mediante la redistribución de la tierra, la nacionalización de las industrias y el establecimiento de una “democracia soviética”.

La otra facción, dirigida por Haydar Khan Amuoqli, un veterano de la revolución constitucional, que no estuvo presente en el Congreso, argumentó que las condiciones precapitalistas de Irán significaban que estaba en el camino de la revolución nacional y no estaba maduro para el comunismo. Por lo tanto, los comunistas tenían que apoyar a la burguesía e incluso a los terratenientes que se oponían al imperialismo británico.

Los jangalíes también estaban divididos. Kuchak Khan tenía inclinaciones socialistas, pero soñaba con la liberación nacional y no con que los soviets ocuparan el lugar de los terratenientes y los comerciantes. Se vio atrapado entre los terratenientes y comerciantes ferozmente antibolcheviques y el ala izquierda de los jangalíes dirigida por Ehsanollah Khan Dustdar. Este último tenía estrechos vínculos con los comunistas iraníes y, como comandante del recién formado Ejército Rojo iraní, abogaba por marchar con los bolcheviques sobre Teherán para derrocar al gobierno.

Esas diferencias ideológicas determinaron el programa y la acción de la RSSI. El gobierno revolucionario expulsó a las fuerzas británicas y a los funcionarios del gobierno central, limitó el poder de los grandes terratenientes, los comerciantes y los clérigos, estableció un banco nacional y subió los impuestos, ya que el nuevo estado carecía de fuentes financieras importantes. Mejoró la educación y luchó contra la discriminación étnica y religiosa. Sus medidas contra el acaparamiento y los monopolios protegieron a la población de la escasez de alimentos en el resto del país.

Pero en dos meses, la coalición PCI-Jangali se rompió. La cuestión de la reforma agraria era controvertida, ya que los llamamientos a la redistribución de la tierra asustaron a los aliados de Kuchak Khan.

Hubo rumores de “adquisiciones injustificadas, prohibición del comercio privado, cierre de bazares, ataques al clero musulmán” organizados por “dirigentes izquierdistas del PCI”. Además, se extendieron rumores descabellados, difundidos por publicaciones pro-británicas, terratenientes y políticos, de que los bolcheviques vendían pan de paja y pegamento, estaban a punto de confiscar las casas de los campesinos, obligar a las mujeres a descubrirse, e incluso que enterraban a personas vivas en los patios de las mezquitas, para extorsionarlas.

Al cabo de un mes, las tensiones se dispararon. Kuchak Khan abandonó Rasht el 9 de julio de 1920 para reorganizar sus fuerzas en los bosques de Gilan. El PCI y los desertores radicales de los jangalíes tomaron el poder el 31 de julio de 1920 y formaron un nuevo gobierno revolucionario, muy debilitado por su ruptura con Kuchak Khan. Ante la falta de dinero y el recrudecimiento de la guerra con el gobierno central, la RSSI aumentó los impuestos que pesaban sobre los campesinos y los artesanos.

En el marco del giro de los bolcheviques hacia los países coloniales, el 18 de septiembre de 1920 se celebró en Bakú un Congreso de los Pueblos del Este. La RSSI fue objeto de muchas discusiones. La delegación iraní estuvo bien representada, con 202 delegados de un total de 2.050. Amuoqli y sus partidarios argumentaron que “la ruptura con Kuchak Khan como representante de las clases nacionalistas y las tendencias revolucionarias de Persia” había sido un grave error. El presidium del Consejo de Acción y Propaganda elegido en el Congreso de Bakú estuvo de acuerdo y emitió una resolución criticando al PCI:

“Nuestra posición en Persia se vio comprometida por una política ineficaz: la proclamación de una ‘república socialista’, la aplicación prematura de ciertas medidas ostensiblemente ‘comunistas’, [que equivalían a] un saqueo absoluto, enemistaron a la población persa y reforzaron la política del gobierno del Sha y la posición de los británicos”.

Tras el Congreso, los bolcheviques calificaron a la RSSI de “aventura persa” y, bajo la dirección de Lenin, el Comité Central del Partido Comunista Ruso aprobó una resolución en la que se pedía el fin de la lucha armada en Gilan “porque ya no era un movimiento democrático”. En el Congreso de Bakú, Soltanzadeh fue marginado en el PCI y se eligió un segundo Comité Central bajo la dirección de Amuoqli con la tarea de reconstruir la coalición con Kuchak Khan.

La caída de la RSSI

Mientras el PCI intentaba reconciliarse con Kuchak Khan, los británicos aprovecharon la situación para reorganizar las tropas iraníes. Los intentos de manipular a los políticos iraníes corruptos les decepcionaron y trataron de promover a un oficial cosaco, Reza Khan, para que gobernara el país con puño de hierro. Tras ser ascendido al rango de teniente coronel, Reza Khan dirigió a sus hombres hacia Teherán y tomó la capital el 21 de junio de 1921.

Mientras los golpistas de Teherán consolidaban su poder, la reconciliación entre el PCI y Kuchak Khan fue anunciada en Irán Rojo, el órgano oficial de la RSSI. Se nombraron miembros no comunistas para el nuevo gobierno revolucionario, que anunció que Gilan serviría de base para la revolución en Irán, que no se permitía la injerencia de países extranjeros, que sólo se solicitaría ayuda soviética en casos de emergencia y que los campesinos quedaban exentos de pagar impuestos durante tres años.

El trabajo de la RSSI se vio obstaculizado por la persistente desconfianza interna y las luchas internas. Kuchak Khan estaba preocupado por la creciente popularidad de Amuoqli en la región. Lo que es más importante, pretendía seguir apoyando a los ricos terratenientes y comerciantes, por lo que se opuso a los llamamientos a la nacionalización de las tierras de Amuoqli, con el fin de obtener el apoyo de la mayoría de la población campesina.

A finales de septiembre de 1921, Amuoqli y su aliado kurdo Khalu Qorban fueron invitados por Kuchak Khan a una reunión para resolver sus problemas, pero fueron víctimas de un intento fallido de asesinato. Aprovechando el caos creado por estas luchas internas, la división cosaca de Reza Khan marchó sobre Gilan. Mientras Amuoqli huía, Khalou Qorban y sus hombres desertaron y, junto con los cosacos de Reza Khan, atacaron a Kuchak Khan.

El 15 de octubre, la capital Rasht cayó en manos de los cosacos. Amuoqli fue capturado y ejecutado por uno de los aliados de Kuchak Khan, aunque no está claro si él dio la orden. Rodeado por las tropas de Reza Khan y sus aliados, Kuchak Khan murió congelado en las montañas.

La revolución del fin del mundo

Los conflictos internos de la RSSI entre comunistas y nacionalistas desempeñaron un papel importante en su caída, pero el imperialismo británico y la clase dirigente iraní de ricos terratenientes y comerciantes fueron los verdaderos culpables.

La RSSI estaba aislada en Irán en ausencia de una clase obrera moderna que, incluso en pequeño número, podría haber dirigido las luchas urbanas y podría haber formado un frente unido con los campesinos. Aunque esta perspectiva existía en China en 1925-27, la realidad es que no existía en las condiciones particulares de Irán en 1920.

Sin embargo, la RSSI sirve para recordar las posibilidades que abrió la Revolución de Octubre y su giro hacia el este. De repente, movimientos como los jangalíes y el PCI pudieron prever un resultado muy diferente para sus luchas: la eliminación del colonialismo y la pobreza en la que vivía la mayoría de los campesinos.

Separatistas y prorrusos (en Ucrania la baraja se ha roto dos veces)

Los medios de comunicación occidentales se refieren a la población de ciertas regiones de Ucrania como “separatistas” o “prorrusas”. Da la impresión de que no son ucranianos ni lo han sido nunca.

Sucede algo parecido cuando algunos defienden a Ucrania como nación, un derecho inalienable que, en ocasiones, tratan de extender a sus fronteras, tanto si se delimitaron en buena lid como si se dibujaron de manera gratuita.

No es tan frecuente afirmar que la población en Ucrania se reparte entre fascistas y antifascistas, un abismo político y social sin cuya delimitación no se explica lo que está ocurriendo. Todas las mistificaciones sobre la guerra se empeñan en ocultar esa separación.

En 2014 en Ucrania se produjo un Golpe de Estado que acabó con un gobierno libremente elegido por la población. Dicho golpe estuvo auspiciado por Estados Unidos, que puso a los fascistas ucranianos al frente del Estado y de sus instituciones.

Cuando en un país se produce un golpe de Estado, se rompe la baraja. La población queda con las manos libres. Ya no impera el deber de acatar las imposiciones del gobierno ni de ninguna institución pública, ya que todas ellas son ilegítimas.

Es lo que ocurrió entonces en Ucrania. Numerosas poblaciones se desvincularon del nuevo gobierno de Kiev y se alzaron en armas, iniciando una guerra civil, es decir, no una guerra con los “prorrusos”, que no existían, sino entre los mismos ucranianos.

La guerra pudo acabar con los Acuerdos de Minsk que, lo mismo que el golpe, se logró con la intervención de potencias extranjeras: Alemania, Francia y Rusia, que se constituyeron en garantes de su cumplimiento.

Para lograr los Acuerdos de paz, muchas localidades entregaron las armas y cedieron el poder al gobierno golpista. Otros firmaron pero no cedieron el poder ni entregaron las armas.

De manera voluntaria, Crimea decidió incorporarse a Rusia en un referéndum en el que tanto los ucranianos como los rusos y los tártaros, votaron favorablemente, lo mismo que habían votado en los dos referendums anteriores, incluido el que se celebró en la época soviética.

Además del gobierno golpista, los Acuerdos de Minsk fueron firmados por representantes de las dos regiones del Donbas. Por lo tanto, ambas partes se reconocieron mutuamente. El gobierno de Kiev, que era “de facto”, admitía la existencia de otros dos gobiernos igualmente “de facto”. Esos dos gobiernos regionales no eran separatistas: no trataban de crear Estados independientes sino que aceptaban la soberanía de Ucrania y sus fronteras.

Con la firma de los Acuerdos, el gobierno golpista de Kiev sólo trató de ganar tiempo, pero jamás tuvo intención de cumplirlos, y Alemania y Francia nunca le presionaron a ello. Sólo las dos Repúblicas del Donbas y Rusia defendieron dichos Acuerdos y, por lo tanto, sólo ellos defendieron la paz.

Entonces los medios de comunicación occidentales comenzarón a introducir la expresión “prorrusos” para referirse a las Repúblicas del Donbas. Lo mismo que Rusia, ellos también defendían la paz. Eran los únicos que lo hacían.

Al no cumplir los Acuerdos, el gobierno golpista reanudó la guerra civil, que adoptó la forma de una masacre implacable de la población de Lugansk y Donetsk que acabó con la vida de 15.000 personas. Es de lo más normal que las víctimas quieran separarse de sus verdugos.

El Donbas se convirtió en separatista porque la baraja se volvió a romper por segunda vez. Un gobierno golpista, como el de Kiev, no se conforma con llegar al poder por la fuerza sino que aspira a mantenerlo sin sentirse atado a ningún tipo de acuerdo, y mucho menos si es de paz.

En Kiev deberían sentirse satisfechos si no caen del poder por la misma vía por la que llegaron a él, o sea, por la guerra.

Carrero Blanco, ese hombre (respuesta a Carlos Hernández de Miguel)

El pasado 9 de junio, el periodista Carlos Hernández de Miguel, conocido por sus trabajos sobre los españoles en los campos de concentración nazis, publicaba un artículo sobre la figura del almirante Carrero Blanco (*).

En su artículo, comienza haciendo referencia a su biografía: su carrera militar, su paso por Marruecos, la Guerra Civil y la dictadura. Éste es el punto que nos interesa. Hernández destaca el posicionamiento filonazi de Carrero (que no es de extrañar). Pero, ese análisis del hombre “más franquista que Franco” es bastante superficial y no nos dice nada más que no sepamos: que Carrero era un fascista convencido, que era antisemita, que era anticomunista, que escondió nazis y colaboró con ellos… ¿Acaso no se sabía?

Carrero y su entorno

Cuando en 1940 Carrero Blanco elabora uno de los primeros informes sobre la participación española en la Guerra Mundial al lado del Eje: desaconseja cualquier intervención porque España no está en condiciones de combatir, indicando que el ejército británico podría intervenir sobre las islas Canarias, Guinea o el bloqueo del puerto de Vigo. ¿Fue sobornado por los servicios secretos británicos como gran parte de la cúpula franquista, tal y como descubrió Ángel Viñas en los archivos de York? Hoy en día no existen evidencias de ello, como sí existen de otros generales sobornados como Queipo, Varela o Kindelán, el mismo al que el gobierno del PSOE le puso su nombre a una cátedra en Aviación (1).

No es que Carrero Blanco fuera un superhéroe que buscaba defender el país ante cualquier amenaza. Se trata de una persona que analiza qué es lo que puede aportar España a la guerra: nada. Se trata de un hombre de estado. Del estado fascista nacido de un país en ruinas en abril de 1939. Si la República fue una revolución, Franco fue el encargado de la Restauración. Y Carrero Blanco, un hombre de ese estado restaurador encargado de tejer todas las redes necesarias para su mantenimiento. Por ejemplo, fue Carrero el encargado de las entrevistas en 1948 entre Juan de Borbón y Franco llegaran a buen puerto, pero los resultados fueron distintos. Es decir, 20 años antes de que Juan Carlos I fuera nombrado sucesor de Franco, Carrero ya pensaba en el porvenir de la dictadura. Era un fascista con una gran visión de futuro.

Carrero fue ascendido a Jefe de Estado Mayor tras las luchas mafiosas que tenía el franquismo en su interior, principalmente entre militares y falangistas. Recordemos que los primeros fueron sobornados por los servicios secretos británicos para que no España no entrara en el conflicto, y los falangistas de la mano de Serrano Suñer tenían como objetivo un alineamiento total con el Eje. Parece que el ascenso de Carrero al Estado Mayor obedece más a una visión de Estado por parte del almirante que, por la confianza ciega, que dice Hernández de Miguel tenía Franco en Carrero.

Las décadas de los 50, 60 y 70 se caracterizaron a nivel mundial por las descolonizaciones y por la Guerra Fría. Es decir, por la derrota de Occidente en los territorios ocupados en el s. XIX y por un mundo bipolar. A ese mundo no era ajeno el fascismo español, ni Carrero Blanco, ni Franco que había elegido ser el “bastión de Occidente”. Pero España no era una potencia como sí lo eran las que estaban perdiendo sus colonias en África o Asia. Y el fascismo español jugaba entre el alineamiento total con Occidente y una cierta postura de no alineamiento. No es casual que el Che viniera a España para entrevistarse con Franco y ofrecerle la entrada en el Movimiento de los No Alineados (2). Otra cosa fue el resultado final (no llegaron a entrevistarse).

Carrero, al igual que Estados Unidos, era un anticomunista furibundo. Pero Carrero tenía, al igual que una parte muy minoritaria de la élite del franquismo, ciertos sueños de independencia económica, política e industrial. Carrero no era un tecnócrata del Opus Dei que vendería a su madre por un contrato. Carrero representaba a una élite que se quería dirigirse de igual a igual con las potencias occidentales. No para combatirlas, sino para ser como ellas.

‘Una región tan española como Cuenca’

Así definía Carrero el Sáhara en una visita realizada en 1958 a la colonia. Fue el creador de un estatus especial para las colonias que buscaba introducirlas en el mismo lugar y condiciones que las del resto del país. Como dice el refranero español… “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. ¿Era un libertador Carrero? Era un hombre de estado que pretendía anteponerse a una posible independencia del Sáhara.

¿Cómo? Incluyéndola al igual que una provincia más, como lo son Canarias o Ceuta y Melilla (Puerto Rico es un Estado Libre Asociado a los EEUU) y para darle un aspecto democrático, se crea también un partido político único donde están las élites saharauis que se pliegan a España. Aparentemente, la democracia es total en el Sahara: las figuras políticas saharauis juran una Constitución, la franquista (el Fuero de los Españoles), tienen un parlamento propio, tienen un partido (PUNS, Partido de Unidad Nacional del Sáhara donde su bandera incluye el símbolo tamazigh), etc.

El Plan Islero

Puede gustar más o menos, pero el desarrollo de un arma nuclear es garantía de independencia. Dentro de ese contexto de descolonización que comentamos más arriba, numerosas excolonias y países que habían dependido de las metrópolis comenzaron el desarrollo de energía nuclear. Tal fue el caso de Egipto bajo el gobierno de Nasser, el de Perón en Argentina, etc.

España comenzó en los años 60 su propio proyecto nuclear. Un proyecto que pretendía romper con la dependencia que se tenía de Europa en materia energética con el objetivo de la autosuficiencia. El problema radica en que la libre producción de energía nuclear y la tenencia de armas nucleares sólo puede estar en manos de las potencias occidentales. Un país que tenga acceso a armas nucleares puede discutir en igualdad de condiciones con las potencias de Occidente. Como decíamos arriba, Carrero quería que España entrara en ese selecto club de potencias imperialistas, pero entre los planes de Carrero y esa élite que representa y los planes de EEUU y Occidente hay un abismo.

Una colonia no puede tener armamento nuclear. Por ello, a Nasser le dio un golpe de estado un militar bajo órdenes de la embajada norteamericana en El Cairo, y a Perón se lo dio un grupo de militares bajo órdenes de la misma embajada en Buenos Aires.

Y en el caso español… “Spain is different”. Aquí había un matiz. ¿Qué golpe militar vas a dar si ya has dado un golpe de estado contra el gobierno legítimo 40 años antes? ¿A quién vas a destituir?

Carrero Blanco y el PSOE

Los años 70 en España es la década donde las huelgas y manifestaciones se multiplican, donde el régimen franquista que tanto había ganado buscaba una salida. Se junta también que Franco está haciéndose mayor y hay que buscar una salida controlada. El escenario social que vive el país fuerza a las élites a movilizarse y pensar en una voladura controlada del régimen.

“En el congreso de agosto de 1970 en Toulouse, González defendería la renovación basada en los socialistas del interior, ganando la votación. El congreso de 1972, también en Toulouse, registró ya el enfrentamiento con Rodolfo Llopis -representante de los ‘históricos’, herederos del PSOE de la República-, adoptándose las resoluciones renovadoras, aunque la dirección quedara en manos de un colectivo donde Nicolás Redondo era primus inter pares. Entre estos dos congresos tiene lugar la intervención de Carrero a favor de González” (3).

Esa voladura tiene que estar en manos de gente de confianza. Gente que, si hay un cambio de poder en España, saben que no les van a defraudar. El PCE no podía ser esa gente de confianza porque, aunque el carrillismo quisiera pactar en cualquier condición, las bases del PCE eran más difíciles de controlar que las PSOE. En definitiva, el PCE había sostenido el peso de la oposición al franquismo desde la Guerra y el PSOE era un partido desaparecido, que al crearlo de la nada es mucho más fácil de manipular.

¿Cómo pudo crear el PSOE una estructura nacional cuando no tenía medios ni militantes suficientes para esa estructura? ¿Quién trazó el plan de que el PSOE tenía que ser la fuerza de la oposición? Parecer ser que Carrero creador del SECED (espionaje franquista), vio en el PSOE la continuidad de la dictadura (no hace falta un militar dictador para vivir en dictadura) sin que se vieran amenazados los intereses de las élites de este país.

El final

EL 20 de diciembre de 1973, Carrero Blanco voló por los aires por una bomba colocada por ETA. El día anterior tuvo una entrevista con Henry Kissinger (secretario de Estado de Estados Unidos) donde se discutió el Sáhara y el programa nuclear español.

Este artículo es una respuesta al escrito de Carlos Hernández de Miguel (*), donde el periodista prefiere mencionar una faceta conocida por todos: que el franquismo colaboró con los nazis (el PSOE también los escondió), que era antisemita, anticomunista, etc. ¿Algo nuevo?

En definitiva, Carrero Blanco era un enviado de una parte de las élites españolas que buscaba colocar a España dentro del plano de las potencias europeas, poder discutir con ellas de igual a igual, controlar colonias igual que lo hacía Francia o Gran Bretaña. Pero el imperialismo y Occidente tenían y tienen otros planes para España: algo que Carrero Blanco no pareció entender hasta el 20 de diciembre de 1973.

Lo que sí quiero preguntarle al propio Hernández de Miguel es: ¿por qué no ha hecho referencia a la intervención de Carrero Blanco en el surgimiento del PSOE? ¿Tendrá que ver que Hernández de Miguel fue el Jefe de Prensa del Gabinete de Zapatero?

(*) Hernández de Miguel: https://www.eldiario.es/sociedad/carrero-blanco-marino-filonazi-antisemita-pudo-liderar-franquismo-franco_130_9065742.html

(1) Congreso aprueba quitar honores a Alfredo Kindelán y el nombre de su cátedra (La Vanguardia)
(2) El Che se paseó por Madrid tres veces durante el régimen franquista (El Periodico)
(3) https://www.elmundo.es/cronica/2014/09/28/54269d6922601d21548b4573.html

¡Rusia es culpable!

Desde este alarido ululado por el nazi-falangista y cuñadísimo del general Franco, Ramón Serrano Suñer, hasta hoy, Rusia, o la URSS, siempre ha sido culpable ya sea por eslavista o por socialista. Si lo primero, dizque una raza inferior; si lo segundo, vade retro. Incluso la Iglesia se llama “ortodoxa” para diferenciarse de la verdadera, la nuestra.

Hoy el eslavismo se «perdona» si lo consuetudinario y el ecosistema está “occidentalizado”, como ocurre, por ejemplo, en el oeste de Ucrania, país eslavo, que viene a ser “lo moderno”. Lo contrario del este, el Donbass, la parte industrial y más desarrollada del país, que, aún también occidentalizada, es demasiado rusófona, demasiado eslavista, poco moderna. Son culpables.

Adoctrinados bajo el franquismo, siempre supimos que Rusia era culpable, pero no ya tanto por su eslavismo -ni sabíamos qué de era eso y menos que Dostoyevski era paneslavista- como estigma, sino por algo infinitamente peor: el socialismo y/o el comunismo. Pecado imperdonable.

Incluso la II República española no reconoció a la Unión Soviética hasta la guerra civil en que recibió ayuda de ella y nadie más que ella, además de las Brigadas Internacionales. Todavía nos dan arcadas la lectura de un editorial del diario El País comparando inicuamente la ayuda soviética a la República contra la sublevación militar nazifascista, con las ayudas de los países miembros de la OTAN a Ucrania, cuyo ejército está infestado de nazis.

Sucede que Rusia es culpable. Cuando la Revolución de octubre de 1917 en Rusia, una coalición de 17 países europeos la atacaron para asfixiarla. Inmediatamente después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, con la victoria aliada sobre los nazis, donde el papel de la Rusia soviética fue decisivo, se diseñó la “guerra fría” contra la URSS, creándose la OTAN en 1949.

Caído el muro de Berlín, toda la política exterior estadounidense se ha dirigido contra la antigua Unión Soviética y el mundo bipolar. En la actualidad se instruyen “revoluciones de colores” estratégicamente antirrusas. Y, lo último, se desata y provoca una guerra en Ucrania para tener a Rusia mås cerca de tiro. Serrano Súñer, Hitler, Churchill, Biden, todos de acuerdo: “Rusia es culpable”.

Juicio contra la OTAN por los crímenes de guerra cometidos en Serbia en 1999

En 1999 la OTAN bombardeó Serbia durante 78 días seguidos, contaminando al país balcánico con al menos 15 toneladas de municiones de uranio empobrecido altamente tóxicas. Los abogados serbios han presentado varias demandas contra la OTAN, pero todavía no han recibido ninguna admisión formal de culpabilidad por ls crímenes cometidos contra la población civil.

La OTAN ha respondido oficialmente a las demandas presentadas por los serbios ante el Tribunal Superior de Belgrado por el uso de munición de uranio empobrecido durante la campaña de bombardeos de 1999, alegando inmunidad judicial, según declaró Srdan Aleksic, abogado que representa a las víctimas.

En su declaración ante el tribunal, la oficina de enlace de la OTAN en Serbia dijo que la Alianza tiene plena inmunidad bajo la jurisdicción serbia sobre la base del acuerdo de 2005 entre la Alianza y la Unión Estatal de Serbia y Montenegro sobre la participación en el tránsito y el apoyo a las operaciones de mantenimiento de la paz y el acuerdo de 2006 en virtud del cual se estableció la oficina de enlace en Belgrado.

Sin embargo, ninguno de estos acuerdos concede inmunidad a la OTAN como organización, y la inmunidad no puede aplicarse con carácter retroactivo. Por lo tanto, no se puede conceder inmunidad a la OTAN por los crímenes de guerra contra civiles y por su agresión ilegal en virtud del acuerdo de 2005.

Los bombardeos causaron víctimas entre la población civil y la OTAN es responsable de la violación del derecho a la vida y de los daños causados, subrayó Aleksic, quien espera que el Tribunal Superior de Belgrado celebre audiencias sobre la cuestión en octubre.

Aleksic y el abogado italiano Angelo Fiore Tartaglia presentaron en enero de 2021 una demanda contra la OTAN por el uso de uranio empobrecido en el ataque a Yugoslavia de 1999. A principios de este año se presentaron otras dos demandas. Tartaglia ya había representado con éxito a cerca de 200 soldados italianos que murieron de cáncer o enfermaron gravemente tras estar expuestos al uranio empobrecido mientras servían en Kosovo durante la misión de mantenimiento “de la paz” de la OTAN en esa región serbia.

En septiembre de 2000 el Tribunal de Distrito de Belgrado declaró al general estadounidense Wesley Clark y al secretario general de la OTAN, Javier Solana, culpables de crímenes de guerra por el bombardeo de Yugoslavia en 1999.

Sin embargo, una revolución de colores que derrocó al presidente yugoslavo Slobodan Milosevic en octubre de 2000 hizo que se revisara el veredicto y, a finales de 2001, el Tribunal Supremo de Serbia anuló la decisión.

Serbia tiene una de las tasas de cáncer más altas de Europa, con casi 60.000 pacientes oncológicos diagnosticados cada año, y una tasa de cáncer infantil hasta 2,5 veces superior a la media europea. Los médicos serbios están convencidos de que la elevada tasa de cáncer está directamente relacionada con el amplio uso de munición de uranio empobrecido durante los bombardeos de la OTAN.

Además de los cánceres, los científicos han informado de un alarmante aumento de la infertilidad, las enfermedades autoinmunes y los trastornos mentales en las dos últimas décadas, incluido el trastorno de estrés postraumático y otros problemas psicológicos asociados a los bombardeos.

A principios de este año, la directora del Instituto Serbio de Radiología y Oncología, la doctora Danica Grujicic, declaró que los bombardeos de 1999 habían tenido un impacto devastador en la ecología de la región y que el uso de uranio empobrecido, combinado con los ataques deliberados a plantas químicas e instalaciones industriales peligrosas, había creado un desastre medioambiental que afectaba a países mucho más allá de las fronteras de la antigua Yugoslavia.

—https://dailytelegraph.co.nz/world/nato-claims-immunity-to-serbian-lawsuits-on-use-of-depleted-uranium-in-1999-bombings/

El levantamiento antiimperialista de Mau Mau, Kenia (II)

A principios de los años cincuenta, los elementos más jóvenes y radicales del movimiento nacionalista en Kenia habían comenzado a separarse de los que hacían campaña por la reforma constitucional. Estos africanos eran generalmente Kikuyu que habían sido reducidos a ocupantes ilegales en su propia tierra por las leyes introducidas por los británicos, y estaban cada vez más desilusionados con el cambio conservador propugnado por organizaciones como la KAU. Leer más

El levantamiento antiimperialista de Mau Mau, Kenia (I)

El levantamiento de Mau Mau comenzó en 1952 como reacción a las desigualdades e injusticias en la Kenia controlada por los británicos. La respuesta de la administración colonial fue una feroz represión de los rebeldes, que resultó en muchas muertes. Para 1956, el levantamiento había sido aplastado de manera efectiva, pero el alcance de la oposición al régimen británico había quedado claramente demostrado y Kenia estaba encaminada hacia la independencia, que finalmente se logró en 1963. Leer más

El ingreso de Finlandia en la OTAN es una declaración de guerra contra Rusia

Lo mismo que Ucrania, Finlandia debe lo que tiene a la Revolución de Octubre, que le permitió conquistar su independencia como Estado, bajo el paraguas de Alemania. Sin embargo, la derrota del Reich en la Primera Guerra Mundial les permitió guardar ciertas apariencias de autonomía.

La actual Guerra de Ucrania también tiene muchos paralelismos con la “guerra de invierno” que enfrentó a Finlandia con la URSS entre 1939 y 1940.

El 30 de noviembre de 1939 el Ejército Rojo atacó a Finlandia, iniciando así la “guerra de invierno” entre ambos países. En 1963 el presidente finlandés Urho Kekkonen reconoció que los soviéticos tenían razones “comprensibles” para iniciar aquella guerra.

La “guerra de invierno” terminó con la firma del Tratado de Moscú el 13 de marzo de 1940, que Finlandia no respetó al unirse a la agresión alemana contra la URSS en junio de 1941. En Finlandia los historiadores la llaman “guerra de continuación”.

En ella Finlandia desempeñó un papel importante -pero ignorado- en el asedio nazi a Leningrado que acabó con el exterminio de un millón de personas, la tercera parte de la población.

La guerra con Finlandia acabó el 19 de septiembre de 1944, un poco antes que con Alemania. Ambos países firmaron el Armisticio de Moscú, en el que la URSS realizó importante concesiones al país nórdico, porque el combate fundamental era con el III Reich. El Ejército Rojo necesitaba concentrarse en la derrota de Alemania.

El tratado de paz definitivo se firmó en París el 17 de febrero de 1947 bajo los auspicios de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia.

El elemento fundamental del tratado era la neutralidad de Finlandia porque la URSS necesitaba, como ahora Rusia, un cordón para proteger sus fronteras, es decir, que sus vecinos no se convirtieran en un foco de conflictos.

Los tratados de paz han estado vigentes durante más de 70 años si que jamás se haya producido ningún conflicto entre embas partes.

La adhesión de Finlandia a la OTAN supone, pues, una violación de los términos del Tratado de París o, en otras palabras, anularía el armisticio de 1944. Eso significa que ambas partes, Finlandia y Rusia, volverían a la situación anterior, es decir, a la guerra.

En ella, una vez más, Finlandia jugaría exactamente el mismo papel subordinado respecto a la OTAN que ahora juega Ucrania.

Gracias a Finlandia, la OTAN pondría sus misiles a 50 kilómetros de San Petersburgo. Uno de los motivos de la “guerra de invierno” fue precisamente la nacesidad de la URSS de desmilitarizar la frontera con Finlandia para salvaguardar Leningrado.

1945: la rendición de la Alemania nazi

En 1943, los estadounidenses, los británicos y los soviéticos acordaron que la rendición de la Alemania nazi no se negociaría por separado y que sería incondicional. A principios de la primavera de 1945, Alemania estaba prácticamente derrotada y los Aliados se preparaban para recibir colectivamente su rendición incondicional. Pero, ¿dónde tendría lugar esta ceremonia de rendición: en el Frente Oriental o en el Frente Occidental?

Aunque sólo sea por razones de prestigio, los aliados occidentales preferían que la Alemania nazi reconociera su derrota en algún lugar del frente occidental. Las conversaciones secretas que británicos y estadounidenses mantenían ya en ese momento (es decir, en marzo de 1945) con los alemanes en la neutral Suiza, en flagrante violación de los acuerdos aliados y con el nombre en clave de Operación Sunrise, prometían ser útiles en este contexto. Podrían conducir a una rendición alemana en Italia, que era el objetivo original de las conversaciones, pero también podrían conducir a un acuerdo sobre la futura rendición alemana, una rendición general y supuestamente incondicional. Los detalles intrigantes, como el lugar de la ceremonia, podrían determinarse de antemano y sin la participación de los soviéticos. De hecho, había muchas posibilidades en este sentido, ya que los propios alemanes seguían acercándose a los estadounidenses y a los británicos con la esperanza de concluir un armisticio por separado con las potencias occidentales o, si esto resultaba imposible, llevar al cautiverio estadounidense o británico el mayor número posible de unidades de la Wehrmacht mediante rendiciones “locales”, es decir, la rendición de unidades menores o mayores del ejército alemán en zonas restringidas del frente.

La Gran Guerra de 1914-1918 terminó con un armisticio claro e inequívoco, que tomó la forma de una rendición incondicional de Alemania. La capitulación se firmó en el cuartel general del mariscal Foch, en el pueblo de Rethondes, cerca de Compiègne, el 11 de noviembre, poco después de las 5 de la mañana, y los cañones callaron a las 11 de esa misma mañana. La Segunda Guerra Mundial, en cambio, terminó, al menos en Europa, en intriga y confusión. Tanto es así que aún hoy circulan muchas ideas erróneas sobre el momento y el lugar de la rendición alemana. De hecho, la Segunda Guerra Mundial terminó en el teatro europeo no con una, sino con una serie de rendiciones alemanas, una verdadera orgía de rendición. E incluso después de las firmas, a veces se tardaba mucho tiempo en terminar las hostilidades.

Todo comenzó en Italia el 29 de abril de 1945, con la rendición de todos los ejércitos de Alemania en el suroeste de Europa a las fuerzas aliadas dirigidas por el mariscal de campo británico Harold Alexander. La ceremonia tuvo lugar en la ciudad de Caserta, cerca de Nápoles. Entre los firmantes del lado alemán estaba el general de las SS Karl Wolff. Fue él quien dirigió las negociaciones con los agentes secretos estadounidenses en Suiza sobre cuestiones delicadas como la neutralización de los antifascistas italianos; en los planes americano-británicos para la Italia de la posguerra, no había lugar para estos antifascistas. Stalin había descubierto esta “Operación Amanecer” y expresó su aprensión por el acuerdo que se estaba elaborando entre los aliados occidentales y los alemanes en Italia. Sin embargo, finalmente dio su bendición a la rendición. El armisticio se firmó el 29 de abril, pero no preveía un alto el fuego hasta el 2 de mayo. Esto daría a los estadounidenses o británicos el tiempo suficiente para dirigirse a Trieste, donde las tropas alemanas luchaban contra los partisanos yugoslavos de Tito; Tito tenía buenas razones para creer que Trieste pasaría a formar parte de Yugoslavia después de la guerra, y probablemente tenía en mente el dicho de que la posesión vale por el título. Sin embargo, los estadounidenses y los británicos querían evitarlo. Una unidad neozelandesa llegó a Trieste “tras una frenética carrera desde Venecia” el 2 de mayo y ayudó a obligar a los alemanes de la ciudad a rendirse la noche siguiente. Una crónica neozelandesa del acontecimiento relata de forma eufemística que sus hombres “llegaron justo a tiempo para liberar la ciudad con unidades del ejército de Tito”, pero admite que el objetivo era impedir que los comunistas yugoslavos tomaran Trieste por su cuenta y establecieran su propia administración militar, lo que habría reforzado su derecho a la zona.

En Gran Bretaña, mucha gente sigue creyendo firmemente que la guerra contra la Alemania nazi terminó con la rendición alemana en el cuartel general de otro mariscal de campo británico, Montgomery, en el brezal de Luneburg, en el norte de Alemania. Sin embargo, esta ceremonia tuvo lugar el 4 de mayo de 1945, al menos cinco días antes de que las armas callaran en Europa. Y esta rendición sólo se aplicó a las tropas alemanas que habían estado luchando contra el 21 Grupo de Ejército británico-canadiense de Montgomery en los Países Bajos y el noroeste de Alemania hasta ese momento. Como medida de precaución, los canadienses aceptaron la rendición de todas las tropas alemanas en Holanda al día siguiente, 5 de mayo, en una ceremonia en Wageningen, una ciudad de la provincia de Gelderland, en el este de los Países Bajos. Para los británicos, por supuesto, era importante y gratificante creer que los alemanes habían tenido que suplicar un alto el fuego en el cuartel general de su querido “Monty“; para él, el prestigio asociado al acontecimiento compensaba un poco el hecho de que su reputación había sufrido considerablemente por el fiasco de la Operación Market Garden. Montgomery había patrocinado este intento de cruzar el Rin en la ciudad holandesa de Arnhem en septiembre de 1944.

En Estados Unidos y Europa Occidental, el acontecimiento de Lüneburg Heath se considera, con razón, una capitulación estrictamente local. Es cierto que, en cierto modo, se reconoce como un preludio de la rendición final alemana y del consiguiente alto el fuego. Pero para los estadounidenses, los franceses, los belgas y otros, esta rendición final de Alemania tuvo lugar en el cuartel general del general Eisenhower, comandante supremo de todas las fuerzas aliadas en el Frente Occidental, en un modesto edificio escolar de la ciudad de Reims en las primeras horas del 7 de mayo de 1945. Sin embargo, el armisticio no iba a entrar en vigor hasta el día siguiente, el 8 de mayo, y sólo a las 23.01 horas. Por esta razón, las ceremonias conmemorativas en Estados Unidos y Europa Occidental siguen celebrándose el 8 de mayo.

Por muy importante que fuera, el acto de Reims no era todavía la ceremonia de rendición definitiva. De hecho, con el permiso del sucesor de Hitler, el almirante Dönitz, los portavoces alemanes habían llamado a la puerta de Eisenhower para intentar una vez más concluir un armisticio sólo con los aliados occidentales o, en su defecto, intentar rescatar más unidades de la Wehrmacht de las garras soviéticas mediante rendiciones locales en el Frente Occidental. Eisenhower no estaba personalmente dispuesto a consentir más rendiciones locales, y mucho menos una rendición general de Alemania sólo ante los Aliados Occidentales. Pero apreciaba las posibles ventajas para el bando occidental si de alguna manera el grueso de la Wehrmacht acababa en cautividad británica y estadounidense en lugar de con los soviéticos. Además, se dio cuenta de que se trataba de una oportunidad única para inducir a los desesperados alemanes a firmar la rendición general e incondicional en su cuartel general en forma de documento conforme a los acuerdos interaliados; este detalle, obviamente, haría mucho por mejorar el prestigio de Estados Unidos.

En Reims, por lo tanto, se jugó un escenario bizantino. En primer lugar, un oscuro oficial de enlace soviético, el general de división Ivan Susloparov, llegó desde París para salvar la apariencia de la necesaria colegialidad aliada. En segundo lugar, aunque los alemanes tenían claro que no se podía hablar de una rendición por separado en el Frente Occidental, se hizo una concesión en forma de acuerdo para que el armisticio no entrara en vigor hasta pasadas cuarenta y cinco horas. Esto se hizo en respuesta al deseo de la nueva dirección alemana de dar al mayor número posible de unidades de la Wehrmacht una última oportunidad de rendirse a los estadounidenses o a los británicos. Este intervalo dio a los alemanes la oportunidad de transferir tropas desde el este, donde los intensos combates continuaban sin cesar, al oeste, donde, tras las ceremonias de firma en Lüneburg y luego en Reims, casi no se disparó más. Los alemanes, cuya delegación estaba encabezada por el general Jodl, firmaron el documento de rendición en el cuartel general de Eisenhower a las 2.41 horas del 7 de mayo, pero los cañones no debían ser silenciados hasta las 11.01 horas del 8 de mayo. Y sólo después de que la capitulación alemana se hiciera efectiva, los comandantes locales estadounidenses dejaron de permitir que los alemanes que huían escaparan detrás de las líneas aliadas occidentales. Por lo tanto, se puede decir que el acuerdo alcanzado en la ciudad de Champagne no fue una rendición completamente incondicional.

El documento firmado en Reims dio a los estadounidenses precisamente lo que querían, es decir, el prestigio de una rendición general alemana en el Frente Occidental en el cuartel general de Eisenhower. Con su sueño de una rendición a los aliados occidentales solo aparentemente fuera de alcance, los alemanes también obtuvieron lo mejor que podían esperar: un “aplazamiento de la sentencia”, por así decirlo, de casi dos días. Mientras tanto, los combates continuaron casi exclusivamente en el frente oriental, y un sinnúmero de soldados alemanes aprovecharon la oportunidad para desaparecer detrás de las líneas británico-estadounidenses.

Sin embargo, el texto de la capitulación de Reims no era del todo coherente con la redacción de una capitulación general alemana acordada anteriormente por los estadounidenses y británicos y los soviéticos. También es dudoso que el representante de la URSS, Susloparov, estuviera realmente cualificado para cofirmar el documento. Además, es comprensible que los soviéticos no estuvieran nada contentos de que se permitiera a los alemanes seguir luchando contra el Ejército Rojo durante casi dos días más, mientras que en el Frente Occidental la lucha estaba prácticamente terminada. Todo esto dio la impresión de que lo que se había firmado en Reims era en realidad una rendición alemana sólo en el Frente Occidental, un acuerdo que violaba los acuerdos aliados. Para aclarar las cosas, se decidió celebrar una ceremonia de rendición final, de modo que la rendición alemana en Reims se revelara retroactivamente como una especie de preludio de la rendición final y/o como una rendición puramente militar, aunque los estadounidenses y los europeos occidentales siguieran conmemorándola como el verdadero final de la guerra en Europa.

Fue en Berlín, en el cuartel general del mariscal Zhukov, donde se firmó la rendición política y militar definitiva y general de Alemania el 8 de mayo de 1945; o lo que es lo mismo, que la rendición alemana concluida el día anterior en Reims fue debidamente ratificada por todos los aliados. Los firmantes por parte de Alemania, siguiendo las instrucciones del almirante Dönitz, fueron los generales Keitel, von Friedeburg (que también estuvo presente en Reims) y Stumpf. Como Zhukov tenía un rango militar inferior al de Eisenhower, éste tenía una excusa perfecta para no asistir a la ceremonia en los escombros de la capital alemana. Envió a su adjunto británico, el mariscal de campo Tedder, a la firma, lo que obviamente restó brillo a la ceremonia de Berlín en favor de la de Reims. Para los soviéticos y la mayoría de los europeos del Este, la Segunda Guerra Mundial en Europa terminó con la ceremonia de Berlín del 8 de mayo de 1945, que condujo a la deposición de las armas al día siguiente, el 9 de mayo. Para los estadounidenses, y para la mayoría de los europeos occidentales, “lo real” fue y sigue siendo la rendición de Reims, firmada el 7 de mayo y efectiva el 8 de mayo. Mientras que los primeros siempre conmemoran el final de la guerra el 9 de mayo, los segundos lo hacen invariablemente el 8 de mayo. En cuanto a los holandeses, lo celebran el 5 de mayo, fecha de la ceremonia en la sede canadiense de Wageningen. Que uno de los mayores dramas de la historia del mundo haya llegado a un final tan confuso e indigno en Europa es consecuencia, como escribe el historiador estadounidense Gabriel Kolko, de la forma en que los estadounidenses y los británicos trataron de obtener todo tipo de ventajas, grandes y pequeñas, para sí mismos -a costa de los soviéticos- de la inevitable rendición alemana.

La razón por la que nunca se firmó un verdadero tratado de paz con Alemania fue que los vencedores -los aliados occidentales, por un lado, y los soviéticos, por otro- no pudieron ponerse de acuerdo sobre el destino de Alemania. Como resultado, pocos años después de la guerra, surgieron dos estados alemanes, lo que descartó de hecho la posibilidad de un tratado de paz que reflejara un acuerdo aceptable para todas las partes implicadas. Un tratado de paz con Alemania podría haber permitido resolver definitivamente todas las cuestiones pendientes después de la guerra, como la cuestión de la frontera oriental de Alemania. Pero tal acuerdo sólo fue factible cuando la reunificación de las dos Alemanias se convirtió en una propuesta realista, es decir, tras la caída del Muro de Berlín. Esto hizo posible las negociaciones “Dos más Cuatro” del verano y otoño de 1990. En el transcurso de estas negociaciones, los dos estados alemanes, por un lado, encontraron formas de reunificar Alemania. Por otra parte, los cuatro grandes vencedores de la Segunda Guerra Mundial -Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética- impusieron sus condiciones a la reunificación de Alemania y aclararon el estatus del país recién reunificado, teniendo en cuenta no sólo sus propios intereses, sino también los de otros Estados europeos afectados, como Polonia. Como resultado de estas negociaciones, se firmó un convenio en Moscú el 12 de septiembre de 1990. Aunque sólo sea por eso, puede considerarse el tratado de paz que puso fin oficialmente a la Segunda Guerra Mundial, al menos en lo que respecta a Alemania.

Fue entonces, en 1990, cuando los soviéticos se comprometieron a retirar sus tropas de todos los países de Europa del Este que habían sido sus “satélites”, y han cumplido esa promesa; también disolvieron el Pacto de Varsovia. Las tropas estadounidenses, en cambio, han permanecido en Alemania desde entonces, y el Congreso de Estados Unidos acaba de decidir formalmente que permanecerán allí indefinidamente, a pesar de que la mayoría de los alemanes desearían que los yanquis regresaran a casa. Estados Unidos tampoco ha respondido a la disolución del Pacto de Varsovia con la disolución de la OTAN. Esta alianza se había creado supuestamente para defender a Europa de una amenaza soviética, y esa amenaza había dejado de existir. Además, Washington incumplió su promesa de no ampliar la OTAN hasta las fronteras de Rusia a cambio de la retirada de las tropas del Ejército Rojo; en su lugar, Polonia, los países bálticos y la República Checa, entre otros, fueron inscritos como miembros de la alianza. Con la OTAN sirviendo claramente a propósitos ofensivos, incluso en lugares lejanos como Afganistán, el empuje de la alianza en las partes orientales de Europa parecía cada vez más amenazante para los rusos. No es difícil entender por qué Moscú consideró inaceptable la prevista integración de Ucrania en la OTAN. Así es como surgió la actual guerra en Ucrania. Esperemos que este conflicto, a diferencia de la Segunda Guerra Mundial, termine pronto con un armisticio inequívoco y un sólido tratado de paz.

Jacques R. Pauwels http://www.jacquespauwels.net/

Azovstal: una fábrica construida gracias a los planes quinquenales soviéticos

El complejo siderúrgico Azovstal, uno de los mayores del mudo, fue construido en los años treinta del siglo pasado, en tiempos de los planes quinquenales soviéticos. Fue destruido tras el ataque del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial y volvió a ser reconstruido y ampliado tras la victoria del Ejército Rojo en 1945.

Las instalaciones contaban con una especie de urbanización, centro comercial e instalaciones deportivas para los trabajadores. También construyeron subterráneos, que inicialmente sirvieron para el transporte de personas y materiales bajo la factoría. Durante la Guerra Fría los subterráneos se ampliaron con fortines de hormigón, capaces de soportar el impacto de armas nucleares.

Tras la disolución de la URSS, la empresa, que era de titularidad pública, fue vendida por el gobierno ucraniano a un conocido oligarca, Rinat Leonidovych Ajmetov que, durante años, fue miembro del Partido de las Regiones. Era el partido gobernante en Kiev en el momento del Golpe de Estado fascista de 2014.

Rinat L. Ajmetov

Tras el golpe llegó la guerra civil al Donbas y, fiel a su nombre, el Partido de las Regiones defendió los Acuerdos de Minsk y la autonomía para Lugansk y Donetsk.

Cuando el gobierno central convirtió a los Acuerdos en papel mojado, Ajmetov tomó postura por los golpistas nazis contra el Donbas. Siempre apuesta por el caballo ganador. Como su fábrica estaba en el Donbas y había sido incautada por la República Popular de Donetsk, promovió activamente la guerra contra la población civil para recuperar sus dominios. No lo logró en su totalidad; sólo lo suficiente para que Azovstal quedara fuera del alcance de las milicias populares… hasta hace unos pocos días.

Ajmetov ocupa el lugar 330 en la lista Forbes de los magnates más ricos del planeta. Es dueño del club de fútbol Shajtar Donetsk. Pero no es un capitalista típico sino alguien estrechamente vinculado al crimen organizado, como la mayor parte de los oligarcas ucranianos. Como buen “nacionalista”, es conocido porque las ramificaciones de sus empresas, reales y ficticias, empiezan y acaban en paraísos fiscales.

En la noche del viernes comenzó la evacuación de los últimos civiles que quedaban en los subterráneos. El Batallón Azov había anunciado que los dejaría partir a cambio de agua y alimentos. Los zapadores del ejército ruso tuvieron que quitar las minas que el Batallón había colocado en el corredor humanitario que debían seguir los civiles.

Aprovechado la evacuación, un grupo de nazis intentó escapar en un vehículo rompiendo el cerco, pero no lo lograron. Uno murió y algunos resultaron heridos. Otro grupo salió con una bandera blanca para negociar su rendición con las tropas rusas.

Ayer se supo que el 75 por ciento de los más 50 civiles que se encontraban en los subterráneos de la acería y fueron evacuados, decidieron instalarse en las zonas liberadas de la República Popular de Donetsk, e incluso en Rusia. El asentamiento se vio favorecido por el restablecimiento de los suministros de luz y agua a Mariupol.

También se supo que el ejército ruso ya ha entrado en una parte de los subterráneos, donde ha tomado posiciones.

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