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Ecología

El mercado mundial de coches eléctricos (China va muy por delante)

El mayor mercado mundial de coches eléctricos es China, con más de 7 millones matriculados el año pasado. En España se matricularon menos de 90.000 en el mismo periodo de tiempo.

El gobierno de Pekín favorece los coches eléctricos por varias razones. Una de ellas es que no tienen petróleo, por lo que dependen de las importaciones procedentes de otros países. El coches eléctrico es, por tanto, una vía para que China reduzca su factura de crudo.

Los chinos llevan 15 años de ventaja a Europa y tienen unos precios de coste extraordinariamente ventajosos en comparación con otros países.

Para equipar los coches eléctricos se necesitan baterías, que representan alrededor de un tercio del coste total de fabricación del vehículo. Las baterías también proceden principalmente de Asia. Actualmente sólo el 1 por cien de la producción mundial de pilas de iones de litio procede de la Unión Europea.

Bruselas ha aprobado un plan llamado “Airbus de las baterías”, en el que ya ha desembolsado 8.000 millones de euros. Consiste en crear una cadena de valor europea para fabricar las baterías de litio.

Ampulosamente en Bruselas las llaman “gigafactorías” y, si algún día se levantan, estarán ubicadas en Francia, Alemania y Suecia. La elección de los países que albergarán esas “gigafactorías” refleja el origen político del proyecto, y es una señal bastante segura de su futuro desmantelamiento.

En el proyecto participan 17 monopolios europeos. Entre ellos figuran Stellantis, Saft (filial de TotalEnergies), BMW, Mercedes, BASF y Solvay. Siguen el olor de las subvenciones públicas y sacarán provecho de ello, aunque el plan sea un fiasco, pero no importa porque no lo pagarán ellos de su bolsillo.

El pretexto para este derroche de dinero público será verde (sostenibilidad, descarbonización) y progresivamente se añadirán motivos proteccionistas: desafiamos a China, que lleva a cabo una competencia desleal, creamos nuevos puestos de trabajo…

La única pregunta que queda es saber cuánto tiempo tardará Bruselas en abandonar el proyecto. Tardará bastante tiempo y el despilfarro será cada vez mayor.

Los monopolios lo tienen claro: el coste de fabricación de los automóviles lo determina -básicamente- el precio de la fuerza de trabajo. Por lo tanto, es necesario invertir en los países en los que la mano de obra es más barata, y no donde viven los votantes.

Por eso los monopolios del automóvil invierten en levantar en China sus cadenas de montaje, incluidos los monoplios europeos.

El mercado del coche eléctrico es puramente político o, si se quiere, artificial. No crece por motivos económicos sino gracias a las subvenciones públicas. En agunos países, como Dinamarca, la mitad del mercado procede de los presupuestos del Estado. La principal razón para las ayudas es el fantasma de la llamada “emergencia climática”.

Si eso fuera cierto, los gobiernos subvencionarían cualquier vehículo eléctrico, independientemente del lugar en el que se fabrique. Pero no es así. Por ejemplo, Estados Unidos sólo apoya a los coches eléctricos ensamblados en el país.

Por lo tanto, los presupuestos verdes ocultan una política proteccionista en favor de los monopolios locales y en perjuicio de China, lo que se irá agravando progresivamente con el paso del tiempo.

Finalmente, los coches eléctricos no descarbonizan nada: la fabricación del vehículo en sí implica emisiones de CO2 mucho más elevadas que las de un vehículo con motor de combustión, debido principalmente a las emisiones vinculadas a la fabricación de la batería.

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Ecología

Macron pide la suspensión de las regulaciones verdes europeas para reindustrializar Francia

Corren malos tiempos para la Agenda 2030. La semana pasada Macron instó por dos veces a la Unión Europea a dejar de imponer más normativas medioambientales, afirmando que Europa ya ha hecho mucho más que otras potencias industriales.

El Presidente francés lanzó su petición al presentar su plan para la reindustrialización del país, que incluye créditos fiscales y otras medidas para promover las industrias verdes, pero también vehículos y baterías fabricados en Europa.

También pidió una “pausa” en la regulación europea en materia de restricciones medioambientales, afirmando que la Unión Europea ha hecho más que todos sus vecinos y que ahora necesita estabilidad.

“Estamos por delante, en términos de regulación, de los estadounidenses, los chinos y todas las demás potencias del mundo”, dijo Macron. “No debemos hacer nuevos cambios en las reglas”, añadió, subrayando que ello supondría riesgos para la financiación de los proyectos.

Macron ha expresado en repetidas ocasiones su preocupación por las políticas proteccionistas del gobierno estadounidense para apoyar a la industria y la transición energética.

Instó a Europa a defenderse de esta competencia, así como del auge de China. Los planes reindustrializadores de Macron siguen la pauta marcada por el asesor de seguridad nacional de Biden, Jake Sullivan, hace unos días de entrar en la economía de guerra: reforzar el papel del Estado, acabar con la deslocalización industrial y el predominio de la economía financiera.

Macron aclaró que la “pausa” debería producirse tras la aprobación del New Deal Verde. La aclaración pretendía tranquilizar a los europarlamentarios, preocupados por un posible acercamiento de Francia a las posiciones del PPE, el principal grupo del Parlamento Europeo.

Las movilizaciones de los agricultores en Holanda han lanzado la voz de alerta sobre las políticas verdes de Bruselas. El PPE pide una “moratoria” para determinados proyectos ambientales. El New Deal Verde es el principal paquete de medidas climáticas de la Unión Europea, la mayoría de las cuales (reforma del mercado del carbono, fin de las ventas de coches con motores de combustión interna) ya han sido aprobadas, pero otras (envases, emisiones contaminantes de las explotaciones ganaderas) siguen siendo objeto de arduas negociaciones en los pasillos de Bruselas.

Naturalmente, se ha montado una gran revuelo y el sábado la Primera Ministra, Elisabeth Borne, ha tenido que matizar: “No hay pausa alguna en las ambiciones climáticas de Francia”, dijo. “Francia no defiende en absoluto una moratoria […] No hay ningún cambio de rumbo”, dijo Pascal Canfin, que preside la comisión de Medio Ambiente en el Parlamento Europeo.

Macron “tuvo una frase desafortunada que no refleja lo que hace Francia», concedió finalmente en Le Monde. «La expresión ‘pausa’ es una bomba retórica, claramente torpe”, dijo Thomas Pellerin-Carlin, director del Programa Europa del Instituto de Economía del Clima (I4CE).

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Ecología

Un movimiento creado desde arriba: el Dia de la Tierra

La ONU estableció el 22 de abril como Día de la Tierra porque el 22 de abril de 1970 se convocó en Estados Unidos el primer Día de la Tierra, y todo lo que empieza en Estados Unidos acaba siendo imitado por los demás países del mundo, por las buenas o por las malas.

No se trata de preservar el planeta para las generaciones futuras. “Lucha hoy popr un mañana mejor”, decían. Tal mañana no existe. No hay futuro. Todo está empeorando. La seudoecología es un movimiento para fomentar la depresión y el miedo a los desastres: las especies se extinguen, el agua se contamina, el aire se llena de polución, el calor es insoportable, el petróleo se agota y la civilización desaparece.

Es mera futurología, predicciones que jamás se cumplen, como demuestran los 50 años transcurridos desde entonces. Los pronósticos son equivocados porque no es una doctrina que pretenda acertar sino atemorizar, lograr que las personas vivan siempre atemorizadas.

Si tuviéramos que decantarnos por la mejor predicción seudocientífica de aquel primer Día de la Tierra es la de que la era glacial era inminente, ya que la Tierra se enfriaba y en el año 2000 la temperatura sería 11 grados más baja.

Los movimientos seudoecologistas nunca fueron otra cosa que una cortina de humo. El Día de la Tierra se convocó para distraer al movimiento estudiantil de la Guerra de Vietnam y Mayo del 68. Su animador fue el senador Gaylord Nelson, que propuso una serie de concentraciones, sobre todo en las universidades.

Los medios de comunicación se volcaron en la convocatoria, con grandes titulares en portada. Una semana antes, el Today Show de la NBC no dejó de emitir debates sobre el medio ambiente. El Departamento de Interior proporcionó más de mil oradores para que hablaran en los actos. El Congreso dio el día libre para que los congresistas también pudieran intervenir en las concentraciones.

El Día de la Tierra comenzó al amanecer en Washington con una ceremonia de apertura protagonizada por los indígenas, que saludaron la salida del sol. La gente desfiló por las ciudades y pueblos. Se calcula que lograron movilizar a unos 20 millones de estadounidenses, sobre todo estudiantes de las universidades. A diferencia de las movilizaciones contra la Guerra de Vietnam o contra el racismo, la policía ni siquiera apareció. Todo transcurrió pacíficamente.

En medio de la aclamación, Nixon creó la Agencia de Protección del Medio Ambiente, aprobó la Ley de Educación Ambiental, la Ley de Aire Limpio, la Ley de Mejora de la Calidad del Agua y la Ley de Especies Amenazadas, la Ley de Política Medioambiental, la Ley de Protección de Mamíferos Marinos, la Ley de Ríos Salvajes y la moderna Ley de Aguas Limpias.

Al año siguiente, en 1971, el gobieno franquista creó el ICONA, Instituto para la Conservación de la Naturaleza, aunque en realidad sólo cambió el nombre de un organismo burocrático. Antes se llamaba Dirección General de Montes. Los mismos perros con distintos collares.

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Ecología

Alemania desmantela un parque eólico para ampliar una mina de carbón

El año pasado Alemania comenzó a desmantelar un parque eólico para ampliar la mina a cielo abierto de lignito de Garzweiler, en el estado de Renania del Norte-Westfalia. El gigante energético alemán RWE es el adjudicatario de la mina.

La crisis energética ha acabado con la Agenda 2030. El estado de Renania del Norte-Westfalia había prometido que eliminaría progresivamente el carbón para 2030, al igual que RWE, la empresa propietaria de la mina.

Las turbinas eólicas estaban en funcionamiento desde 2001, y las subvenciones del gobierno han expirado. Energiekontor & WPD explotan el parque eólico.

La producción anual de Garzweiler es de 25 millones de toneladas, según RWE. Estima que las reservas de lignito de la zona podrían durar hasta 2045. El combustible se suministra sobre todo a la cercana central térmica de Neurat.

La excavación se limitó inicialmente a una superficie de 66 kilómetros cuadrados en la zona de Garzweiler 1. El complejo se amplió en 2006 al sector Garzweiler 2 en una superficie de 48 kilómetros cuadrados.

La población de varios municipios de la zona al oeste de Colonia tuvo que ser realojada debido a la ampliación de la mina. Además de la ubicación del parque eólico, RWE va a ocupar una zona de la pequeña localidad de Lützerath y sus alrededores. Será completamente desalojado y demolido.

Los planes verdes se desmantelan en Europa, un proceso que es un fracaso estrepitoso para Los Verdes, que están en el gobierno de Berlín y en otros estados federados.

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Corrupción Ecología

La sequía española es la gran oportunidad de los hijos de puta

En agosto de 2005, el huracán Katrina desoló el interior de Estados Unidos provocando más de 1300 víctimas y una migración de centenares de miles de personas. El llamado «tercer mundo» ingresó en los Estados Unidos, y para el diario Wall Street Journal, esto era una «ventana de oportunidades» para reformar drásticamente el sistema de protección social en las zonas afectadas, donde empresas de primera línea podrían hacer grandes negocios con la gestión de determinados servicios públicos.

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Ecología

Las temperaturas mundiales no han subido en los últimos nueve años

No ha habido ningún aumento de las temperaturas mundiales desde julio de 2015 hasta marzo de este año, es decir, durante casi nueve años, según los registros satelitales de la Universidad de Alabama en Huntsville que miden las temperaturas en la troposfera.

Con respecto a la media del periodo 1991-2020 la temperatura fue de +0,20ºC, mientras que en febrero fue de sólo +0,08ºC.

Si tomamos un periodo de tiempo aún más largo, desde enero de 1979, la tendencia lineal de calentamiento se mantiene en +0,13ºC por década (*).

Se trata de mediciones reales de temperaturas que contrastan con las predicciones apocalípticas basadas en modelos informáticos o en las declaraciones de los grupos seudoecologistas.

Así, el movimiento 300.org intentó impedir que se superara las 300 partes por millón (ppm) de CO2 en la atmósfera, ya que ello elevaría las temperaturas y extinguiría la vida en el planeta.

El límite se basaba en un artículo publicado en 2007 por el “experto” James Hansen en el que aseguraba que 350 ppm de CO2 en la atmósfera era el topeque podían admitir los seres vivos.

Aquella web desapareció de puro ridículo hace ya varios años y actualmente la concentración de CO2 está en 418 ppm y, a pesar de ello, las temperaturas no aumentan de manera correlativa.

(*) https://www.drroyspencer.com/2023/04/uah-global-temperature-update-for-march-2023-0-20-deg-c/

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Ecología

Los cultivos ucranianos podrían ser una mina de oro para la agroindustria

En 2011 Wikileaks publicó los cables diplomáticos mostrando que Estados Unidos presionaba a varios países del mundo en favor de Monsanto y otras multinacionales de la agroindustria, como DuPont, Syngenta, Bayer y Dow. Debían adoptar políticas a favor de los cultivos transgénicos.

Morgan Williams estaba en el centro de la red de alianzas de las empresas de biotecnología con la política exterior estadounidense y, al mismo tiempo, dirigía el Consejo de Comercio Estados Unidos-Ucrania. También era director de asuntos gubernamentales del fondo de inversión privada SigmaBleyzer, que recaudaba dinero para Ucrania.

Los 16 directivos del Consejo proceden de empresas agroalimentarias estadounidenses, entre ellas representantes de Monsanto, John Deere, DuPont Pioneer, Eli Lilly y Cargill. Entre los veinte asesores principales se encuentran James Greene (antiguo jefe de la Oficina de Enlace OTAN-Ucrania), Ariel Cohen (miembro de la Heritage Foundation, un equipo de análisis de Washington), Leonid Kozachenko (presidente de la Confederación Agraria Ucraniana), seis antiguos embajadores estadounidenses en Ucrania y el antiguo embajador ucraniano en Washington, Oleh Shamshur.

Shamshur es asesor de una filial de Hill & Knowlton, que forma parte del holding londinense WPP, un conglomerado de grandes empresas de relaciones públicas, entre ellas Burson-Marsteller, asesora de Monsanto desde hace tiempo.

A principios de los noventa Hill & Knowlton dirigió la campaña internacional de embustes para justificar la agresión imperialista contra Irak, así como la promoción de la imagen de la OMS al principio de la pandemia.

En marzo de 2014, un mes después del Golpe de Estado en Ucrania, un equipo de especialistas en intoxicación con sede en Kiev, formó el Ukrainian Crisis Media Centre para ayudar a mejorar la imagen de Ucrania y gestionar sus comunicaciones en las cadenas mundiales de comunicación.

El director de la empresa era Myron Wasylyk, miembro de la oficina en Ucrania del Consejo de Comercio de Estados Unidos. En Ucrania la directora es Oksana Monastyrska, que trabaja para Monsanto y para la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial.

En mayo de 2013 Monsanto anunció un plan para invertir 140 millones de dólares en una planta de semillas de cereales no transgénicos en Ucrania, y el portavoz de Monsanto en Ucrania, Vitally Fechuk, confirmó que solo trabajarían “con semillas convencionales porque son las únicas permitidas en Ucrania para la producción y la exportación”.

En efecto, los transgénicos estaban prohibidos en Ucrania y las multinacionales presionaban para introducirlos. En noviembre de aquel año seis asociaciones de agricultores ucranianos redactaron un proyecto de ley para legalizarlos. Como dijo el presidente de la Asociación Ucraniana de Cereales, Volodymyr Klymenko, querían introducir las mismas semillas modificadas genéticamente que se estaban cultivando desde hace tiempo en Estados Unidos.

A finales de año el entonces presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich, rechazó el acuerdo de asociación con la Unión Europea que iba vinculado a un préstamo de 17.000 millones de dólares del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. En su lugar, Yanukovich optó por 15.000 millones de ayuda rusa, junto con un descuento en los precios del gas natural.

A pesar de la prohibición, el artículo 404 del acuerdo con la Unión Europea incluía una cláusula que establecía, entre otras cosas, que ambas partes se comprometían a cooperar para ampliar el uso de la biotecnología.

El rechazo de aquel acuerdo aceleró el Golpe de Estado de 2014 y su triunfo favoreció la concesión del préstamo al nuevo gobierno golpista, a cambio de privatizar la tierra cultivable para vendérsela a las empresas agroindustriales y abrir el país a los cultivos modificados genéticamente.

“Ucrania, y Europa del este en general, figuran entre los mercados de crecimiento más prometedores para el gigante de la maquinaria agrícola Deere, así como para los productores Monsanto y Dupont”, dijo entonces Michael Cox, director de un banco de inversiones.

Estaba previsto que la inversión de Monsanto en Ucrania ascendería a 300 millones de dólares en varios años. Las organizaciones opuestas a los organismos genéticamente modificados no ocultaron entonces su apoyo al Presidente depuesto y… a Rusia, que tembién prohíbe los cultivos transgénicos.

El 13 de diciembre el vicepresidente de Monsanto, Jesús Madrazo, había pronunciado un discurso en la conferencia Estados Unidos-Ucrania en Washington. Para la multinacional era importante “crear un entorno propicio” en Ucrania para “fomentar la innovación y emular el desarrollo continuo de la agricultura”. A su debido tiempo, añadió Maddrazo, “la biotecnología será una herramienta disponible para los agricultores ucranianos”.

Pocos días antes de las declaraciones de Madrazo, Monsanto había lanzado su programa “Cesta de cereales del futuro” para Ucrania, que subvencionaba a los campesinos para que aceptaran los nuevos cultivos transgénicos.

En palabras de Williams, presidente del Consejo de Comercio Estados Unidos-Ucrania, “la agricultura ucraniana podría ser una auténtica mina de oro”. Sin embargo, añadía, “muchos aspectos del clima empresarial [en Ucrania] tenían que cambiar, siendo el principal mantener al gobierno fuera del negocio”.

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Ecología

Los proyectos europeos de hidrógeno ‘verde’ en África son una nueva forma de colonialismo

Los proyectos europeos para fabricar hidrógeno “verde” en África son una versión energética de la colonización de toda la vida. Europa planea grandes infraestructuras para importar el hidrógeno desde el Continente Negro.

Las gigantescas inversiones no se están diseñando en función de los intereses de la población africana, sino de las necesidades europeas de contar con una energía “limpia”. Es lo mismo que ocurre con la basura: Europa está limpia porque arroja la basura en África.

El Continente Negro exportará grandes cantidades de energía “limpia” mientras la población seguirá padeciendo cortes de luz intermitentes.

Las corrientes seudoecologistas que justifican este tipo de políticas forman parte del viejo colonialismo. Para que las fábricas de hidrógeno sean realmente “verdes”, los europeos necesitan instalar gigantescos parques eólicos y solares. Por ejemplo, el suministro de energía previsto para el proyecto de Boegoebaai, en Cabo Norte, es muy superior a la suma de toda la capacidad eléctrica instalada actualmente en Sudáfrica.

Además de fábricas, los europeos tendrán que construir en África puertos y gasoductos que transporten el hidrógeno a su destino, el Viejo Continente, que respirará aliviado por la reducción de los gases de efecto invernadero.

El complejo de hidrógeno Hyphen, un proyecto en Namibia, se extenderá a lo largo de unos 4.000 kilómetros cuadrados, una superficie cuatro veces superior a la de Berlín. Para ello hay que expropiar grandes superficies de terreno a la población local, que se verá obligada a desplazarse a otros lugares para sobrevivir.

Para suministrar energía a la futurista megaciudad de Neom, en Arabia saudí, las comunidades locales tuvieron que ser desalojadas y sólo entonces la multinacional alemana Thyssenkrupp pudo construir una planta de hidrógeno “verde”. Las protestas fueron reprimidas britalmente por la policía y los manifestantes condenados a muerte.

En Sudáfrica ya han comenzado las movilizaciones por la tierra en Boegoebaai debido a la expropiación de 160.000 hectáreas de terreno para un complejo de producción y exportación de hidrógeno “verde” y amoníaco.

Hay previstas varias plantas en países con escasez de agua como Túnez, Marruecos y Argelia. El agua es la materia prima en la elaboración de hidrógeno, por lo que las multinacionales “verdes” competirán con las necesidades de la población y la producción agrícola local, lo que se supondrá en un foco de conflictos.

En las regiones áridas el agua también hay que fabricarla. Los complejos de producción de hidrógeno “limpio” necesitarán plantas desalinizadoras que, a su vez, tienen un elevado consumo energético y generan residuos de salmuera que se vierten al mar.

Si los planes coloniales salen adelante, en el futuro la situación será la siguiente: Europa tendrá la conciencia tranquila porque consumirá una energía “limpia”, mientras que África se quedará con la energía “sucia” convencional. Entonces Europa aplicará a África el impuesto que grava la importación de mercancías fabricadas con energía “sucia”.

Queda la alternativa de calcular al revés: ¿qué ocurrirá si el cuento de la lechera del hidrógeno “verde” fabricado en África no sale rentable?, ¿quién pagará las pérdidas? En Marruecos el dinero público está cubriendo las pérdidas de la planta de Ouarzazate, el mayor parque solar del mundo, cuya construcción contó con el apoyo de Alemania. Las pérdidas ascienden a 86 millones de dólares al año.

El gobierno namibio financia el 24 por cien del gigantesco proyecto de hidrógeno “verde” de Hyphen, cuyo coste asciende a 9.400 millones de dólares. Es casi igual al PIB de Namibia: 12.310 millones de dólares. Una obra faraónica es tan importante como el resto de la economía, que difícilmente podrá pagar ninguna cantidad de dinero si el proyecto no resulta finalmente rentable.

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La ‘temperatura media’ del planeta ha subido 1 grado en 150 años

El IPCC acaba de publicar un informe de 36 páginas, para cuya elaboración reclutó a unos 150 colaboradores de renombre. Sus conclusiones han sido reproducidas de la manera acostumbrada por casi todos los medios de comunicación del mundo.

Como es habitual, el informe manipula un concepto, la “temperatura media mundial”, que no tiene ningún sentido físico real. Según el IPCC, en los últimos 150 años, un siglo y medio que coincide con lo eso que llaman “revolución industrial”, dicho promedio ha aumentado 1,09 grados centígrados.

Para tener un punto de referencia físico: en muchos puntos de la península la temperatura sube de la mañana al mediodía, es decir, en ocho horas, 20 grados centígrados y nadie se ha lamentado nunca de un cambio mucho más brusco y, desde luego, totalmente real.

Luego esa temperatura real vuelve a bajar a la misma velocidad a la que ha subido, sin que a nadie se le ocurra hablar de la “temperatura media”.

Según el IPCC, el impacto de los gases de efectos invernadero sobre la “temperatura media” ha sido un aumento de 1,07 grados, lo que significa que la única causa de la variación del promedio es la industria.

En otras palabras, la “temperatura media” casi no cambia por causas naturales. Las miles de investigaciones realizadas sobre las variaciones de las temperaturas antes del siglo pasado, en épocas en las que la humanidad apenas liberaba gases de efecto invernadero, se pueden tirar a la basura. Han trabajado para nada. Sólo se debe atender a lo que digan los “expertos” que redactan los ridículos informes del IPCC.

La mayor parte del documento trata sobre la manera de reducir (y eventualmente eliminar) las emisiones del maldito CO2. Sin embargo, no hay la más mínima mención a la cuestión candente: la energía nuclear. Es algo más bien político sobre la que el IPCC no ha sido capaz de ponerse de acuerdo.

Si el IPCC no se moja es porque -posiblemente- ciertas sectas seudoecologistas, como Greenpeace, presionan contra la energía nuclear, lo que deja en mal lugar el famoso “consenso científico” que el IPCC se enorgullece de encarnar.

A pesar de que el informe habla largo y tendido de las políticas que deben aplicarse para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sobre todo en los ámbitos de la energía, el transporte, la industria, la agricultura y el urbanismo, no hay ninguna evaluación del coste económico de la “transición ecológica”. Da la impresión de que es gratis.

Es otro informe vacío del IPCC en el que falla la física y también la economía.

(*) https://report.ipcc.ch/ar6syr/pdf/IPCC_AR6_SYR_SPM.pdf

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Reciclar el jabón usado para quienes no pueden comprarlo nuevo

Las tonteorías sobre el decrecimiento, el consumismo y el despilfarro se han convertido en una plaga que tiene el objetivo de responsabilizar a la población más empobrecida de su propia condición. Cuando ya no queda nada, hay que hacer de la necesidad virtud y reciclar las sobras.

Los que tienen la tripa llena pregonan que debemos consumir menos pero mejor. Es la consigna de Pauline Grumel que en 2017 fundó Unisoap, la primera asociación francesa que recicla jabón usado.

Con sus colaboradores, Grumel recorre los hoteles para recoger los jabones usados. Según su página web, tres millones de franceses ya no pueden permitirse comprar productos de higiene, por no hablar de los estudiantes que dependen de la distribución gratuita de alimentos.

Unisoap es una asociación sin ánimo de lucro que cuenta con cinco trabajadores. Lleva los jabones recogidos por los trabajadores de 130 hoteles a un centro de Lyon para discapacitados (Esat-Myriade), donde los jabones se trituran y esterilizan antes de ser envasados de nuevo.

A continuación se distribuyen gratuitamente a organizaciones caritativas que los reparten entre los menesterosos. “Estamos muy solicitados y a veces hacemos operaciones especiales, por ejemplo para estudiantes”, afirma la fundadora de la asociación.

La caridad se ha instalado en los países que siempre presumieron de opulencia. 20.000 de los tres millones de franceses que no tienen dinero ni para comprar un jabón, reciben cada año uno reciclado.

Grumel se ha convertido en una estrella de los medios de comunicación franceses, que aplauden a rabiar su iniciativa. Le acabarán dando el Premio Nóbel de la Paz. De momento el Ayutamiento de Lyon la ha nombrado “embajadora del turismo sostenible”.

La segunda mano es el gran mercado del futuro, quizá el único para grandes sectores de trabajadores empobrecidos. Cada vez hay más mercancías recicladas porque los trabajadores ya no pueden comprarlas de estreno.

Nos parece bien, pero el jabón reciclado no vuelve a los mismos hoteles de los que salió, para que se limpien con él los que no duermen en la calle porque se pueden permitir el lujo de pagarse una habitación.