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El elevado coste de las baterías de los coches eléctricos compromete la Agenda 2030

El elevado coste de las baterías de los coches eléctricos es un gran obstáculo, tanto para los fabricantes como para los compradores, lo que comprometería el objetivo de transición a vehículos de cero emisiones en 2035, advierte el Tribunal de Cuentas de la Unión Europea.

El costo de las materias primas necesarias para fabricar las baterías, así como el costo de la energía, aumentan constantemente, lo que compromete el objetivo de acabar con la venta de vehículos con motor de combustión para 2035.

A pesar de la aparición regular de nuevas fábricas de baterías, el elevado coste de fabricación podría hacer que el precio de los vehículos eléctricos aumentara, haciéndolos inasequibles los compradores de bajos ingresos, que son la mayoría. La Unión Europea depende en gran medida de las importaciones de cinco materias primas clave (cobalto, níquel, litio, manganeso y grafito natural) para la producción de baterías. Estas importaciones provienen principalmente de Australia, la República Democrática del Congo y China.

La escasez de estas materias primas, junto con la creciente demanda mundial, podría generar costos más altos, que inevitablemente afectarán el precio de los vehículos eléctricos.

La ausencia de acuerdos de libre comercio con los principales proveedores y los riesgos políticos asociados a ellos países podrían poner en peligro el suministro, agudizando así el aumento de costes.

La Comisión Europea está tratando de implementar soluciones para mitigar estos costos, en particular ofreciendo alivio regulatorio para promover industrias verdes y diversificando sus proveedores comerciales.

Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, el Tribunal de Cuentas de la Unión Europea advierte que el aumento del coste de las materias primas podría hacer que los vehículos eléctricos fueran inaccesibles para gran parte de la población.

Esta situación no solo podría disminuir el interés económico de las inversiones en instalaciones de producción, sino también comprometer la Agenda 2030 de la Unión Europea.

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Estados Unidos aprueba la venta de carne de pollo cultivada en laboratorio

Después de Singapur, Estados Unidos es el segundo país en aprobar la venta de carne de pollo cultivada en laboratorio. Esta decisión podría cambiar la forma en que la carne llega a nuestros platos y representa un paso importante hacia un futuro alimentario de comida basura de última tecnología.

Las dos empresas de tecnología alimentaria con sede en California, Upside Foods y Good Meat, recibieron la aprobación del Departamento de Agricultura de Estados Unidos para vender carne de pollo cultivada en laboratorio. Esta aprobación sigue a la inspección y aprobación de los sistemas de seguridad sanitaria de sus infraestructuras. Anteriormente, en noviembre, estas empresas recibieron luz verde de la Agencia de Seguridad Alimentaria de Estados Unidos (FDA).

El Servicio Federal de Inspección de Seguridad Alimentaria (FSIS) también emitió un aviso de cumplimiento a Joinn Biologics, una empresa que trabaja con Good Meat. La producción de esta carne de pollo se logra mediante el cultivo de células extraídas de animales o huevos de pollo fertilizados en biorreactores, donde se alimentan con nutrientes similares a los que consumirían los animales reales.

“Esta autorización cambiará fundamentalmente la forma en que la carne llega a nuestras mesas”, dijo Uma Valeti, fundadora de Upside Foods. Los productos de estas empresas pronto estarán disponibles en varios restaurantes. La chef francesa Dominique Crenn ya ha hecho un pedido a Upside Foods para su restaurante en San Francisco, mientras que se espera que el mequetrefe de José Andrés sea el primero en ofrecer Good Meat en uno de sus restaurantes en Washington, o quizá envíe la basura a Ucrania, junto con los demás paquetes de comida basura.

A pesar de la aprobación oficial, producir carne en el laboratorio sigue siendo costoso. A diferencia de las alternativas a la carne de origen vegetal, la carne cultivada en laboratorio requiere un proceso de producción intensivo en energía y recursos. Empresas como Bond Pet Foods se han pasado a la producción de alimentos para mascotas a partir de proteínas animales creadas a través de la fermentación microbiana, lo que representa un mercado potencialmente menos exigente.

Paradógicamente, los pretextos para autorizar la venta de la carne artificial son los mismos de siempre: supone un paso hacia un futuro sostenible. En realidad, es otro paso hacia el control de la alimentación por un puñado de países y grandes monopolios industriales.

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Quieren cerrar las puertas del infierno

Es una leyenda moderna. Las guías turísticas dicen que en 1971 los geólogos soviéticos perforaban el subsuelo en Darvaza, cerca de Achgabat, la capital de Turkmenistán, para evaluar la cantidad de gas metano que contenía. El suelo cedió formando tres enormes cráteres de 70 metros de diámetro y 20 metros de profundidad. Del agujero emanaba metano y los científicos le prendieron fuego, creyendo que la combustión pronto lo haría desaparecer.

No es exactamente así. Al parecer la sima se formó en la década de los sesenta y no se incendió hasta los ochenta. Medio siglo después la mecha sigue encendida como si el gas no se agotara nunca. De noche, en medio del desierto de Karakum, el espectáculo impresiona a los turistas. Parece conducirles a las entrañas mismas de la Tierra.

Es una especie de volcán permanente en medio de la arena. Ahora Turkmenistán es un Estado independiente y posee las cuartas mayores reservas del mundo de gas. Es tan abundante que hasta ahora el gobierno no ha impedido la fuga del gas.

Turkmenistán es un país dominado por el desierto en la orilla del mar Caspio, entre Irán, Afganistán, Uzbekistán y Kazajistán. Tiene sólo 6 millones de habitantes.

Los “expertos” del IPCC, el Equipo Internacional de la ONU sobre el Cambio Climático, aseguran que el metano es un gas de efecto invernadero que dura menos tiempo en la atmósfera que el CO2, pero tiene 28 veces más potencial de calentamiento.

Cuando se quema el metano, se convierte en otro gas diferente: el maldito CO2.

Los documentales, las guías turísticas y los medios recurren al sensacionalismo para hablar del agujero: la caldera del diablo, las puertas del infierno… Es la canción “Highway to hell” de AC/DC convertida en realidad: “Oye Satanás… voy camino a la Tierra Prometida”.

Lo mejor sería taparlo y las obras no serían muy costosas. Se podrían pagar con el ahorro que supone la venta del gas que se ha fugado. El año pasado el Presidente del país, Gurbanguly Berdymujamedov, prometió apagar el gran mechero y el viceprimer ministro, Shahym Abdrahmanov, encargado de la cartera de petróleo y gas, ha ordenado crear un equipo de científicos, al que se podrán sumar especialistas extranjeros (*).

Entre una atracción turística y el gas, Turkmenistán ha optado por el gas.

(*) https://turkmenportal.com/en/blog/43135/gas-crater-that-has-been-burning-for-more-than-50-years-will-be-extinguished-in-turkmenistan

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Inusual ola de frío en Brasil

Es extraño ver abrigos y bufandas en un país tropical, como Brasil, que ha vivido una ola de frío inusual para el mes de mayo en su mitad sur, amenazando a miles de personas sin hogar, así como a los cultivos.

Con el termómetro a 1,4ºC, Brasilia, que está en el centro geográfico territorial, ha registrado las temperaturas más frías de su historia, a pesar de que el invierno austral no comienza hasta la semana que viene. En la página principal del sitio web del instituto meteorológico Inmetro, un mapa de Brasil muestra toda la mitad sur del país coloreada de naranja, con la leyenda: “Peligro, ola de frío”.

En Sao Paulo, al sureste, la mayor megalópolis de América Latina, el termómetro registró 6,6ºC, un récord para un mes de mayo desde 1990, con una temperatura de 4ºC bajo cero.

En el sureño estado de Santa Catarina, donde las temperaturas han sido inferiores a 2ºC, la nieve ha hecho las delicias de los turistas. Según el diario Folha de Sao Paulo, la pequeña ciudad de Urupema tuvo una ocupación hotelera superior al 90 por cien. La localidad, de 2.500 habitantes, dio la bienvenida a los visitantes, algunos de los cuales hicieron un largo viaje para ver la nieve por primera vez en su vida.

Eel instituto meteorológico Inmetro ha advertido de las consecuencias de la ola de frío en la agricultura brasileña, en un país considerado uno de los graneros del mundo. El comunicado de Inmetro se refiere en particular al riesgo de que las heladas amenacen los cultivos de huerta, así como las cosechas de maíz y caña de azúcar.

Si esto ha ocurrido en el hemisferio sur, en el norte la situación ha sido parecida. A comienzos de este mes, las heladas en la región de Bas Saint Laurent, en Canadá, han sido fatales para los cultivos frutales, especialmente las fresas.

Algo parecido ha ocurrido en otra provincia canadiense, Nueva Escocia. Las asociaciones de fruticultores y viticultores afirman que los cultivos de uva y fruta de hueso se podrían perder totalmente este año debido a una ola de frío extremo.

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La superficie de la plataforma de hielo antártica aumentó entre 2009 y 2019

La plataforma de hielo antártica aumentó su superficie en más de 5.000 kilómetros cuadrados durante la década de 2009 a 2019, según un estudio publicado en la revista de la European Geosciences Union (1). Se redujeron 18 plataformas de hielo, mientras que otras 16 aumentaron de tamaño.

Las plataformas de hielo antártico ganaron 661 gigatoneladas de masa de hielo durante la última década.

La reducción de la superficie de la Península Antártica (6.693 kilómetros cuadrados) y la Antártida Occidental (5.563 kilómetros cuadrados) fue compensada por el crecimiento de la superficie de la Antártida Oriental (3.532 kilómetros cuadrados) y las grandes plataformas de hielo Ross y Ronne-Filchner (14.028 kilómetros cuadrados).

La mayor disminución se observó en la plataforma de hielo Larsen C, donde se perdieron 5.917 kilómetros cuadrados de hielo en 2017, y el mayor aumento de superficie se observó en la plataforma de hielo Ronne en la Antártida Oriental, donde un aumento gradual en la última década (535 kilómetros cuadrados) condujo a una superficie de 5.889 kilómetros cuadrados de 2009 a 2019.

La mayor parte de las pérdidas se produjeron en el oeste del continente antártico, que concentra la mayor parte de la actividad volcánica. Sin embargo, investigaciones recientes indican (2) que el flujo de calor térmico inducido por la actividad volcánica tiene consecuencias significativas para la dinámica de los glaciares en esta parte del continente (fusión subglacial, cambios de pendiente, etc.).

Las plataformas de hielo antártico proporcionan soporte a la capa de hielo, estabilizando el flujo de hielo en tierra y su contribución a los cambios en el nivel del mar.

No hay muchas mediciones de los cambios en la superficie de las plataformas de hielo a escala antártica. Los datos anteriores a la era de los satélites (antes de la década de los sesenta) son extremadamente limitados, los datos históricos son importantes para comprender el cambio a largo plazo de la posición del frente de hielo y su respuesta a los forzamientos medioambientales.

Los autores utilizaron datos del satélite Modis (espectrorradiómetro de imágenes de resolución moderada) para medir el cambio en la posición y la superficie de desprendimiento de 34 plataformas de hielo antárticas entre 2009 y 2019.

(1) https://tc.copernicus.org/articles/17/2059/2023/
(2) https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/2017GL075609

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Las políticas verdes son políticas imperialistas

En Europa una de las políticas verdes más características es el arancel sobre el carbono, que penaliza las importaciones procedentes de muchos países, especialemnte africanos. El nombre oficial es MEAFC (Mecanismo Europeo de Ajuste de las Fronteras del Carbono) y se aplicará a siete sectores de actividad económica a partir de 2026.

Para África el coste del arancel será de 25.000 millones de dólares al año de ingresos perdidos, según un informe publicado el 9 de mayo por la Fundación Africana del Clima y el Instituto Firoz Lalji para África, un centro de investigación de la London School of Economics (*).

Como cualquier otro arancel, el MEAFC es una medida proteccionista de la economía europea dirigida contra África, aunque en su justificación abundan los pretextos seudoecologistas, especialmente los derechos de emisión. Si no se impusiera el arancel, la industria europea se trasladaría a África.

La Unión Europea va a someter los productos importados desde África al mismo precio del carbono impuesto a los bienes producidos en Europa.

El arancel entrará en vigor el próximo 1 de octubre, con un periodo transitorio de tres años durante el cual sólo se aplicarán las obligaciones de información. No se exigirán pagos hasta 2026.

Inicialmente se aplicará a siete sectores industriales (cemento, acero, hierro, aluminio, fertilizantes, electricidad e hidrógeno). Sin embargo, en el futuro la lista de los que van a quedar protegidos se ampliará progresivamente y el perjuicio para África será cada vez mayor.

La Unión Europea representa una importante salida para los productos africanos. Absorbe alrededor del 26 por cien de las exportaciones de fertilizantes, el 16 por cien de las exportaciones de hierro y acero, el 12 por cien de las exportaciones de aluminio, el 12 por cien de las exportaciones de cemento y el 33,1 por cien de las exportaciones de productos manufacturados.

El Continente Negro alberga 33 de los 46 países más pobres del mundo que, como señala el informe, serán los más afectados por el arancel “ecológico” europeo, principalmente por su incapacidad financiera y tecnológica para descarbonizar sus procesos productivos.

En consecuencia, las políticas verdes, que son características de las grandes potencias de la Unión Europea, van dirigidas contra los países más pobres del Tercer Mundo, como los africanos. Es un conjunto de medidas destinadas a mantener la hegemonía mundial e impedir el desarrollo económico de otros países. La mejora del bienestar debe quedar reservada al pequeño elenco de población privilegiada que pretende dirigir los destinos del mundo a su modo y manera.

(*) https://www.lse.ac.uk/africa/assets/Documents/CBAM-report.pdf

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Los científicos rusos se desmarcan de las ideologías climáticas occidentales

El Consejo Científico de la Academia Rusa de Ciencias ha declarado en un reciente congreso que el papel del hombre en el calentamiento del planeta no es tan importante como se cree.

Serguei Glazyev, presidente del Consejo y antiguo asesor científico del Kremlin, afirma que la principal causa de los desastres climáticos locales no es la actividad humana, sino la creciente emisión de hidrógeno natural debido a los cambios en las fuerzas gravitatorias de la Luna y el Sol.

“El aumento de las temperaturas y la mezcla de ozono e hidrógeno son las principales causas de los incendios forestales y esteparios. Lo mismo puede decirse de los recientes incendios catastróficos. Este descubrimiento refuta totalmente el concepto del Protocolo de Montreal, cuya aplicación ha llevado a la extinción de sectores enteros de la industria química, sin ningún impacto en el tamaño de los agujeros de la capa de ozono, que simplemente se han hecho más grandes”.

La Academia de Ciencias va a presentar sus conclusiones a Putin, pero sobre todo quiere elaborar “las medidas necesarias en el ámbito de la seguridad nacional y las relaciones internacionales, incluidos el Protocolo de Montreal y el Acuerdo de París sobre el clima”.

Es posible que Rusia se retire pronto de la “lucha” contra el CO2 atmosférico y, en consecuencia, de los protocolos climáticos internacionales, que constituyen la base de las políticas de descarbonización.

Sería una declaración de guerra contra las ideologías climáticas occidentales.

La participación de Rusia en el Protocolo de Montreal ya ha sido criticada en varias ocasiones en el pasado. A principios del año pasado, el científico Igor Mazurin escribió en una columna para la agencia de prensa Regnum: “A lo largo de 30 años, la suma de las pérdidas de los distintos países participantes en el Protocolo de Montreal […] se calculará sobre la base de las emisiones totales de gases de efecto invernadero”.

Tras la Guerra de Ucrania, parece que Rusia abre un nuevo frente de lucha contra las potencias occidentales y con ello puede minar uno de los instrumentos de la hegemonía occidental: las ideologías climáticas.

—https://zuerst.de/2023/05/26/eine-kriegserklaerung-an-den-westen-steigt-russland-aus-dem-klima-dogma-aus/

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La revuelta agraria en Holanda

El intento del gobierno holandés de reducir la cabaña ganadera ha provocado una revuelta agraria que, a su vez, ha desencadenado un vasto y heterogéneo movimiento de protesta, impulsado por las políticas económicas de explotación a ultranza y recortes de derechos sociales.

Las movilizaciones se oponen a las políticas verdes. El detonante ha sido una sentencia dictada en 2019 por el Tribunal Supremo, según la cual el gobierno había incumplido sus obligaciones europeas de proteger 163 zonas naturales de las emisiones de nitrógeno procedentes de las actividades ganaderas. La sentencia llevó al gobierno a imponer un límite de velocidad de 100 kilómetros por hora en las autopistas y a frenar la expansión de la construcción y el mercado inmobiliario.

En el último siglo el número de trabajadores holandeses en el sector agrario ha disminuido drásticamente, pasando del 40 por cien durante la guerra mundial a sólo el 2 por cien en la actualidad. Sin embargo, durante el mismo periodo, los Países Bajos se han convertido en el segundo exportador mundial de productos alimenticios, después de Estados Unidos. Su industria cárnica y láctea desempeña un papel central en las cadenas de suministro mundiales.

Una de las delirantes organizaciones seudoecologistas holandesas, el partido animalista, propuso reducir a la mitad la cabaña ganadera, expropiando entre 500 y 600 explotaciones que emiten nitrógeno, un elemento químico que empieza a ser tan demonizado como el CO2. La propuesta de un grupo marginal pasó a convertirse en la política de Estado de los partidos institucionales.

Las imposiciones verdes desencadenaron una ola de protestas de los agricultores, que bloquearon carreteras con sus tractores, ocuparon plazas y centros públicos y practicaron escraches a los cargos públicos. Al movimiento se sumaron los obreros, los trabajadores precarios, los jubilados y los estudiantes.

El resultado fue el movimiento BBB, un bloque heterogéneo formado como consecuencia de una profunda crisis económica y un hartazo de los partidos políticos institucionales, como el VVD que encabeza Mark Rutte, que está en el gobierno desde 2010.

Al igual que otros países capitalistas, desde los años ochenta el gobierno ha intensificado la explotación, ha precarizado la fuerza de trabajo, ha privatizado los servicios públicos, ha mercantilizado las instalaciones sanitarias y la educación superior, y la alarmante escasez de viviendas sociales convive con el auge de los bancos y los fondos buitre.

La crisis financiera de 2008 provocó uno de los rescates bancarios más costosos, seguido de seis años de austeridad que condujeron a un empobrecimiento generalizado. Entre 2020 y 2022 muchos trabajadores han perdido su empleo y han visto caer sus salarios.

La pandemia no pudo acabar con las protestas que, tras los confinamientos, volvió a crecer rápidamente. Desde la primavera del año pasado, los agricultores han colgado miles de banderas nacionales invertidas a lo largo de las carreteras y autopistas, como símbolo de descontento.

La inflación ha sumido a muchos trabajadores holandeses en la pobreza. En mayo casi una quinta parte del electorado, alrededor de 1,4 millones de personas, acudió a votar por el BBB, que ha obtenido sus votos en las zonas periféricas, no urbanas, que se han visto duramente afectadas por la crisis económica.

Los pedantes dirían que el BBB es un partido populista, o quizá calificativos peores. En su día también menospreciaron a los chalecos amarillos. Es consecuencia de la miopía de quienes no aceptan que están surgiendo nuevos movimientos sociales y políticos sobre las cenizas de los viejos dinosaurios, aferrados a concepciones caducas.

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Francia no puede pagar la transición energética

La situación económica de Francia es la misma que la de cualquier otra potencia capitalista: recesión, inflación y endeudamiento. Como los tipos de interés están subiendo, el pago de la deuda pública se ha vuelto imposible. Son tres billones de euros, que casi alcanzan al 120 por cien del PIB francés.

Las deudas son una bola de nieve. Desde que Macron llegó a la presidencia hace seis años, la deuda ha sumado otros 600.000 millones de euros más. Como la mayoría de los países del mundo, Francia se endeuda para reembolsar deudas anteriores, es decir, que unas se pagan con las siguientes.

La calificación de la deuda pública francesa ha bajado y esta semana seguirá bajando. El gobierno teme que Standard & Poor’s la rebaje porque lleva desde diciembre bajo “vigilancia negativa”.

Si la calificación de la deuda sigue bajando, los especuladores se llevarán su dinero a otro país y Macron sumará otra humillación más. El gobierno está en un callejón sin salida. La Primera Ministra, Elisabeth Borne, ha pedido a todos los ministerios que reduzcan sus gastos en un cinco por cien.

Macron había prometido una reducción de impuestos 2.000 millones de euros antes de 2027, pero tiene que llevar a cabo una costosa transición energética y los bolsillos están completamente vacíos.

Los recortes a las pensiones sólo van a ahorrar 18.000 millones de euros al fisco, pero el gobierno necesita mucho más para imponer la transición energética. La factura verde es de 65.000 millones anuales de aquí a 2030.

El gobierno no puede sacar más dinero de los trabajadores y otros sectores populares. Desde la lucha de los chalecos amarillos y contra los recortes a las pensiones, Francia está empantanada en una batalla campal en las calles.

Al gobierno no se le ha ocurrido otra cosa que restablecer el ISF, un impuesto temporal sobre las grandes fortunas. Pero Macron derogó el ISF en 2017 cuando llegó a la presidencia, por lo que se trata de la confesión de un fracaso. Si el gobierno lo restablece, los especuladores sacarán su dinero del país y se marcharán a Estados Unidos.

En un informe presentado a la Primera Ministra la semana pasada, el economista Jean Pisani-Ferry aboga por un choque fiscal sin precedentes para financiar la transición ecológica.

En 2017 Pisani-Ferry fue el inspirador del programa económico de Macron cuando se presentó como candidato a la presidencia. Su plan es subir los impuestos. La otra alternativa es renunciar a la descarbonización y demás políticas verdes.

En cualquier caso, lo más probable es que la transición ecológica no se pueda llevar a cabo. No hay manera de pagar unas cantidades tan astronómicas, y menos en una situación de bancarrota económica, como la de Francia.

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‘El cambio climático aumenta los precios’ es la última estupidez del Banco Central Europeo

Un informe que acaba de publicar el Banco Central Europeo sostiene una de las grandes imbecilidades de este tipo de organismos: que el aumento de las temperaturas supondrá un incremento de la inflación anual de entre 0,32 y 1,18 puntos porcentuales de aquí a 2035 (*).

Los “expertos” vuelven a darle la vuelta a las leyes mas elementales de la economía política: lo que va a aumentar la inflación y la carestía de la vida es el derroche presupuestario ocasionado por las políticas verdes de la Unión Europea.

Como el objetivo del Banco Central Europeo es mantener la inflación en el 2 por cien, lo que deberían aconsejar es poner fin a la emisión de dinero fiduciario con la que pagan los despropósitos ambientales de Bruselas.

En cualquier caso, los trabajadores europeos lo van a pasar muy mal y a la recesión se sumará la carestía de la vida, que serán las constantes económicas de los próximos meses y las protestas obreras y populares irán en aumento.

“El cambio climático plantea riesgos para la estabilidad de precios al tener un impacto al alza sobre la inflación”, afirman los “expertos” del Banco. Los salarios van a estar a la presión del alza de precios, lo que podría repercutir en las expectativas de inflación, forzando una respuesta de política monetaria por parte del Banco Central Europeo.

El aumento de las temperaturas no tendrá precedentes y aumentará la inflación anual de los alimentos entre 0,92 y 3,23 puntos porcentuales, según el documento. Las variaciones climáticas aumentarán las diferencias de precios dentro de las diferentes regiones europeas. En el sur, donde las temperaturas son más cálidas, sufrirán más.

Los cretinos del Banco señalan también que el aumento de las temperaturas alterará la estacionalidad de la inflación. Las subidas de precios serán más rápidas, a corto plazo, por los veranos excepcionalmente calurosos como el de Europa este año.

(*) https://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/scpwps/ecb.wp2821~f008e5cb9c.en.pdf