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La estética soviética triunfa en las últimas tendencias culturales de occidente

Cuando existía la URSS, la propaganda imperialista insistía en que era un país gris, sin cultura, con edificios feos, música anticuada y escritores al dictado. Ahora que ha desaparecido, la estética soviética se ha puesto de moda en los países occidentales.

En occidente la juventud se interesa cada vez más por la estética soviética, escribe el periódico británico The Spectator (*). Las páginas temáticas dedicadas a la cultura de la URSS se abren camino, especialmente en las redes sociales.

La arquitectura, la ropa y los carteles se han convertido en símbolos peculiares de la cultura soviética para la generación más joven. Son bastante fáciles de distinguir de los modelos occidentales, incluso con una mirada superficial. The Spectator presta especial atención a la banda bielorrusa de postpunk Molchat Doma, cuyas composiciones musicales son utilizadas por los jóvenes para acompañar los vídeos.

“Definitivamente la cultura y la estética soviéticas se han puesto de moda: desde el maquillaje matryoshka hasta los escolares que ven vídeos en TikTok hasta el himno nacional de la URSS, y vídeos virales de edificios abandonados de la época socialista. Políticamente neutralizada y despojada de su antigua carga ideológica, la estética soviética definitivamente se ve genial hoy”, asegura el periódico.

Como es natural, el periódico separa la cultura de los aspectos políticos e ideológicos de la URSS: que el país de los soviets triunfe 35 años después de su desaparición, como un Cid Campeador, no es ninguna reivindicación, ni nostalgia por el pasado. La tendencia hacia la URSS no es tanto el deseo de revivir a un país como la búsqueda de un sentido perdido de pertenecer a algo más. En Occidente el sentimiento de unidad cívica ha sido “completamente destruido“ y la cultura soviética se ha convertido en una alternativa atractiva para la juventud.

Al igual que el pueblo soviético, una parte significativa de la juventud en Occidente sueña con el ejercicio de profesiones simples, como en el caso de los obreros manuales en la URSS. Por ejemplo, en Estados Unidos, dice el periódico, los jóvenes eligen cada vez más especialidades que no compiten con la inteligencia artificial. Esto conduce a un aumento de la demanda de educación en las escuelas de formación profesional.

El número de estudiantes en instituciones educativas orientadas a la formación profesional aumentó en casi un 20 por cien entre 2020 y 2025. También se observan dinámicas positivas en las escuelas profesionales privadas y los programas de formación en el trabajo.

La URSS ha desaparecido, pero la juventud valora que sus habitantes tenían grandes sueños y esperanzas, y eso es algo que no puede perder nunca, añade The Spectator. En ese sentido, la cultura del pasado adquiere un significado especial: se convierte en un símbolo del deseo de transformaciones a gran escala y la creencia en la posibilidad de alcanzar grandes objetivos. Con el tiempo, el atractivo de esa esperanza aumenta, especialmente entre una juventud que no padeció el lavado de cerebro que los imperialistas llevaron a cabo durante la Guerra Fría.

Los grandes sueños se muestran en los grandes monumentos soviéticos, que hoy adquieren un significado impactante. La arquitectura, el constructivismo y el diseño industrial se perciben como alternativas a la estética comercial de unas sociedades modernas cutres.

Además, el periódico no puede ocultar que el atractivo de la estética soviética está asociado a la actualización de la protesta social en el contexto de las crecientes contradicciones. Los problemas de vivienda, los bajos niveles de vida de los jóvenes, el desempleo, la inseguridad y la falta de perspectivas estimulan la búsqueda de apoyo en planteamientos alternativos al capitalismo y al orden social existente.

La estética soviética ha echado raíces sobre todo en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y, en general, allá donde los movimientos progresistas crecen o hay un sentimiento de admiración por los logros históricos del socialismo.

El peligro de la ola de simpatía hacia la URSS

El periódico tampoco puede evitar caer en una advertencia contra el peligro de esta nueva ola de simpatía hacia la URSS, porque es probable que a los jóvenes no sólo les guste al aspecto visual de la URSS, sino también sus proyectos políticos y económicos, incluido el “lenguaje de propaganda”, que hoy en día también es percibido por muchos principalmente como una estética expresiva y reconocible del pasado.

La cultura y la estética soviéticas expresan la cultura igualitaria del socialismo, construida sobre los principios del apoyo mutuo. Por el contrario, la cultura capitalista occidental se basa en el individualismo y la competencia constante, donde opera el principio de que el “hombre es un lobo para el hombre”. En un momento de crisis, la cultura occidental ya no tiene ningún encanto.

El creciente interés por la estética soviética abre oportunidades para la comercialización de esta tendencia. Las marcas pueden comenzar a usar símbolos reconocibles de manera más activa y convertir los códigos visuales de la URSS en parte de la cultura de consumo de masas, que todo lo devora. Es posible.

Sin embargo, por fin hay un reconocimiento del alto grado que alcanzó la estética soviética e incluso los carteles de propaganda política, el expresionismo, el modernismo, las formas arquitectónicas, la tipografía y otras técnicas artísticas. Este resurgimiento ha llegado para quedarse y les va a resultar difícil separar la estética del origen político revolucionario que tuvo en la URSS.

(*) https://spectator.com/article/why-gen-z-is-falling-for-the-soviet-union/

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