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Categoría: Ecología (página 19 de 30)

La superficie de la plataforma de hielo antártica aumentó entre 2009 y 2019

La plataforma de hielo antártica aumentó su superficie en más de 5.000 kilómetros cuadrados durante la década de 2009 a 2019, según un estudio publicado en la revista de la European Geosciences Union (1). Se redujeron 18 plataformas de hielo, mientras que otras 16 aumentaron de tamaño.

Las plataformas de hielo antártico ganaron 661 gigatoneladas de masa de hielo durante la última década.

La reducción de la superficie de la Península Antártica (6.693 kilómetros cuadrados) y la Antártida Occidental (5.563 kilómetros cuadrados) fue compensada por el crecimiento de la superficie de la Antártida Oriental (3.532 kilómetros cuadrados) y las grandes plataformas de hielo Ross y Ronne-Filchner (14.028 kilómetros cuadrados).

La mayor disminución se observó en la plataforma de hielo Larsen C, donde se perdieron 5.917 kilómetros cuadrados de hielo en 2017, y el mayor aumento de superficie se observó en la plataforma de hielo Ronne en la Antártida Oriental, donde un aumento gradual en la última década (535 kilómetros cuadrados) condujo a una superficie de 5.889 kilómetros cuadrados de 2009 a 2019.

La mayor parte de las pérdidas se produjeron en el oeste del continente antártico, que concentra la mayor parte de la actividad volcánica. Sin embargo, investigaciones recientes indican (2) que el flujo de calor térmico inducido por la actividad volcánica tiene consecuencias significativas para la dinámica de los glaciares en esta parte del continente (fusión subglacial, cambios de pendiente, etc.).

Las plataformas de hielo antártico proporcionan soporte a la capa de hielo, estabilizando el flujo de hielo en tierra y su contribución a los cambios en el nivel del mar.

No hay muchas mediciones de los cambios en la superficie de las plataformas de hielo a escala antártica. Los datos anteriores a la era de los satélites (antes de la década de los sesenta) son extremadamente limitados, los datos históricos son importantes para comprender el cambio a largo plazo de la posición del frente de hielo y su respuesta a los forzamientos medioambientales.

Los autores utilizaron datos del satélite Modis (espectrorradiómetro de imágenes de resolución moderada) para medir el cambio en la posición y la superficie de desprendimiento de 34 plataformas de hielo antárticas entre 2009 y 2019.

(1) https://tc.copernicus.org/articles/17/2059/2023/
(2) https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/2017GL075609

Las políticas verdes son políticas imperialistas

En Europa una de las políticas verdes más características es el arancel sobre el carbono, que penaliza las importaciones procedentes de muchos países, especialemnte africanos. El nombre oficial es MEAFC (Mecanismo Europeo de Ajuste de las Fronteras del Carbono) y se aplicará a siete sectores de actividad económica a partir de 2026.

Para África el coste del arancel será de 25.000 millones de dólares al año de ingresos perdidos, según un informe publicado el 9 de mayo por la Fundación Africana del Clima y el Instituto Firoz Lalji para África, un centro de investigación de la London School of Economics (*).

Como cualquier otro arancel, el MEAFC es una medida proteccionista de la economía europea dirigida contra África, aunque en su justificación abundan los pretextos seudoecologistas, especialmente los derechos de emisión. Si no se impusiera el arancel, la industria europea se trasladaría a África.

La Unión Europea va a someter los productos importados desde África al mismo precio del carbono impuesto a los bienes producidos en Europa.

El arancel entrará en vigor el próximo 1 de octubre, con un periodo transitorio de tres años durante el cual sólo se aplicarán las obligaciones de información. No se exigirán pagos hasta 2026.

Inicialmente se aplicará a siete sectores industriales (cemento, acero, hierro, aluminio, fertilizantes, electricidad e hidrógeno). Sin embargo, en el futuro la lista de los que van a quedar protegidos se ampliará progresivamente y el perjuicio para África será cada vez mayor.

La Unión Europea representa una importante salida para los productos africanos. Absorbe alrededor del 26 por cien de las exportaciones de fertilizantes, el 16 por cien de las exportaciones de hierro y acero, el 12 por cien de las exportaciones de aluminio, el 12 por cien de las exportaciones de cemento y el 33,1 por cien de las exportaciones de productos manufacturados.

El Continente Negro alberga 33 de los 46 países más pobres del mundo que, como señala el informe, serán los más afectados por el arancel “ecológico” europeo, principalmente por su incapacidad financiera y tecnológica para descarbonizar sus procesos productivos.

En consecuencia, las políticas verdes, que son características de las grandes potencias de la Unión Europea, van dirigidas contra los países más pobres del Tercer Mundo, como los africanos. Es un conjunto de medidas destinadas a mantener la hegemonía mundial e impedir el desarrollo económico de otros países. La mejora del bienestar debe quedar reservada al pequeño elenco de población privilegiada que pretende dirigir los destinos del mundo a su modo y manera.

(*) https://www.lse.ac.uk/africa/assets/Documents/CBAM-report.pdf

Los científicos rusos se desmarcan de las ideologías climáticas occidentales

El Consejo Científico de la Academia Rusa de Ciencias ha declarado en un reciente congreso que el papel del hombre en el calentamiento del planeta no es tan importante como se cree.

Serguei Glazyev, presidente del Consejo y antiguo asesor científico del Kremlin, afirma que la principal causa de los desastres climáticos locales no es la actividad humana, sino la creciente emisión de hidrógeno natural debido a los cambios en las fuerzas gravitatorias de la Luna y el Sol.

“El aumento de las temperaturas y la mezcla de ozono e hidrógeno son las principales causas de los incendios forestales y esteparios. Lo mismo puede decirse de los recientes incendios catastróficos. Este descubrimiento refuta totalmente el concepto del Protocolo de Montreal, cuya aplicación ha llevado a la extinción de sectores enteros de la industria química, sin ningún impacto en el tamaño de los agujeros de la capa de ozono, que simplemente se han hecho más grandes”.

La Academia de Ciencias va a presentar sus conclusiones a Putin, pero sobre todo quiere elaborar “las medidas necesarias en el ámbito de la seguridad nacional y las relaciones internacionales, incluidos el Protocolo de Montreal y el Acuerdo de París sobre el clima”.

Es posible que Rusia se retire pronto de la “lucha” contra el CO2 atmosférico y, en consecuencia, de los protocolos climáticos internacionales, que constituyen la base de las políticas de descarbonización.

Sería una declaración de guerra contra las ideologías climáticas occidentales.

La participación de Rusia en el Protocolo de Montreal ya ha sido criticada en varias ocasiones en el pasado. A principios del año pasado, el científico Igor Mazurin escribió en una columna para la agencia de prensa Regnum: “A lo largo de 30 años, la suma de las pérdidas de los distintos países participantes en el Protocolo de Montreal […] se calculará sobre la base de las emisiones totales de gases de efecto invernadero”.

Tras la Guerra de Ucrania, parece que Rusia abre un nuevo frente de lucha contra las potencias occidentales y con ello puede minar uno de los instrumentos de la hegemonía occidental: las ideologías climáticas.

—https://zuerst.de/2023/05/26/eine-kriegserklaerung-an-den-westen-steigt-russland-aus-dem-klima-dogma-aus/

La revuelta agraria en Holanda

El intento del gobierno holandés de reducir la cabaña ganadera ha provocado una revuelta agraria que, a su vez, ha desencadenado un vasto y heterogéneo movimiento de protesta, impulsado por las políticas económicas de explotación a ultranza y recortes de derechos sociales.

Las movilizaciones se oponen a las políticas verdes. El detonante ha sido una sentencia dictada en 2019 por el Tribunal Supremo, según la cual el gobierno había incumplido sus obligaciones europeas de proteger 163 zonas naturales de las emisiones de nitrógeno procedentes de las actividades ganaderas. La sentencia llevó al gobierno a imponer un límite de velocidad de 100 kilómetros por hora en las autopistas y a frenar la expansión de la construcción y el mercado inmobiliario.

En el último siglo el número de trabajadores holandeses en el sector agrario ha disminuido drásticamente, pasando del 40 por cien durante la guerra mundial a sólo el 2 por cien en la actualidad. Sin embargo, durante el mismo periodo, los Países Bajos se han convertido en el segundo exportador mundial de productos alimenticios, después de Estados Unidos. Su industria cárnica y láctea desempeña un papel central en las cadenas de suministro mundiales.

Una de las delirantes organizaciones seudoecologistas holandesas, el partido animalista, propuso reducir a la mitad la cabaña ganadera, expropiando entre 500 y 600 explotaciones que emiten nitrógeno, un elemento químico que empieza a ser tan demonizado como el CO2. La propuesta de un grupo marginal pasó a convertirse en la política de Estado de los partidos institucionales.

Las imposiciones verdes desencadenaron una ola de protestas de los agricultores, que bloquearon carreteras con sus tractores, ocuparon plazas y centros públicos y practicaron escraches a los cargos públicos. Al movimiento se sumaron los obreros, los trabajadores precarios, los jubilados y los estudiantes.

El resultado fue el movimiento BBB, un bloque heterogéneo formado como consecuencia de una profunda crisis económica y un hartazo de los partidos políticos institucionales, como el VVD que encabeza Mark Rutte, que está en el gobierno desde 2010.

Al igual que otros países capitalistas, desde los años ochenta el gobierno ha intensificado la explotación, ha precarizado la fuerza de trabajo, ha privatizado los servicios públicos, ha mercantilizado las instalaciones sanitarias y la educación superior, y la alarmante escasez de viviendas sociales convive con el auge de los bancos y los fondos buitre.

La crisis financiera de 2008 provocó uno de los rescates bancarios más costosos, seguido de seis años de austeridad que condujeron a un empobrecimiento generalizado. Entre 2020 y 2022 muchos trabajadores han perdido su empleo y han visto caer sus salarios.

La pandemia no pudo acabar con las protestas que, tras los confinamientos, volvió a crecer rápidamente. Desde la primavera del año pasado, los agricultores han colgado miles de banderas nacionales invertidas a lo largo de las carreteras y autopistas, como símbolo de descontento.

La inflación ha sumido a muchos trabajadores holandeses en la pobreza. En mayo casi una quinta parte del electorado, alrededor de 1,4 millones de personas, acudió a votar por el BBB, que ha obtenido sus votos en las zonas periféricas, no urbanas, que se han visto duramente afectadas por la crisis económica.

Los pedantes dirían que el BBB es un partido populista, o quizá calificativos peores. En su día también menospreciaron a los chalecos amarillos. Es consecuencia de la miopía de quienes no aceptan que están surgiendo nuevos movimientos sociales y políticos sobre las cenizas de los viejos dinosaurios, aferrados a concepciones caducas.

Francia no puede pagar la transición energética

La situación económica de Francia es la misma que la de cualquier otra potencia capitalista: recesión, inflación y endeudamiento. Como los tipos de interés están subiendo, el pago de la deuda pública se ha vuelto imposible. Son tres billones de euros, que casi alcanzan al 120 por cien del PIB francés.

Las deudas son una bola de nieve. Desde que Macron llegó a la presidencia hace seis años, la deuda ha sumado otros 600.000 millones de euros más. Como la mayoría de los países del mundo, Francia se endeuda para reembolsar deudas anteriores, es decir, que unas se pagan con las siguientes.

La calificación de la deuda pública francesa ha bajado y esta semana seguirá bajando. El gobierno teme que Standard & Poor’s la rebaje porque lleva desde diciembre bajo “vigilancia negativa”.

Si la calificación de la deuda sigue bajando, los especuladores se llevarán su dinero a otro país y Macron sumará otra humillación más. El gobierno está en un callejón sin salida. La Primera Ministra, Elisabeth Borne, ha pedido a todos los ministerios que reduzcan sus gastos en un cinco por cien.

Macron había prometido una reducción de impuestos 2.000 millones de euros antes de 2027, pero tiene que llevar a cabo una costosa transición energética y los bolsillos están completamente vacíos.

Los recortes a las pensiones sólo van a ahorrar 18.000 millones de euros al fisco, pero el gobierno necesita mucho más para imponer la transición energética. La factura verde es de 65.000 millones anuales de aquí a 2030.

El gobierno no puede sacar más dinero de los trabajadores y otros sectores populares. Desde la lucha de los chalecos amarillos y contra los recortes a las pensiones, Francia está empantanada en una batalla campal en las calles.

Al gobierno no se le ha ocurrido otra cosa que restablecer el ISF, un impuesto temporal sobre las grandes fortunas. Pero Macron derogó el ISF en 2017 cuando llegó a la presidencia, por lo que se trata de la confesión de un fracaso. Si el gobierno lo restablece, los especuladores sacarán su dinero del país y se marcharán a Estados Unidos.

En un informe presentado a la Primera Ministra la semana pasada, el economista Jean Pisani-Ferry aboga por un choque fiscal sin precedentes para financiar la transición ecológica.

En 2017 Pisani-Ferry fue el inspirador del programa económico de Macron cuando se presentó como candidato a la presidencia. Su plan es subir los impuestos. La otra alternativa es renunciar a la descarbonización y demás políticas verdes.

En cualquier caso, lo más probable es que la transición ecológica no se pueda llevar a cabo. No hay manera de pagar unas cantidades tan astronómicas, y menos en una situación de bancarrota económica, como la de Francia.

‘El cambio climático aumenta los precios’ es la última estupidez del Banco Central Europeo

Un informe que acaba de publicar el Banco Central Europeo sostiene una de las grandes imbecilidades de este tipo de organismos: que el aumento de las temperaturas supondrá un incremento de la inflación anual de entre 0,32 y 1,18 puntos porcentuales de aquí a 2035 (*).

Los “expertos” vuelven a darle la vuelta a las leyes mas elementales de la economía política: lo que va a aumentar la inflación y la carestía de la vida es el derroche presupuestario ocasionado por las políticas verdes de la Unión Europea.

Como el objetivo del Banco Central Europeo es mantener la inflación en el 2 por cien, lo que deberían aconsejar es poner fin a la emisión de dinero fiduciario con la que pagan los despropósitos ambientales de Bruselas.

En cualquier caso, los trabajadores europeos lo van a pasar muy mal y a la recesión se sumará la carestía de la vida, que serán las constantes económicas de los próximos meses y las protestas obreras y populares irán en aumento.

“El cambio climático plantea riesgos para la estabilidad de precios al tener un impacto al alza sobre la inflación”, afirman los “expertos” del Banco. Los salarios van a estar a la presión del alza de precios, lo que podría repercutir en las expectativas de inflación, forzando una respuesta de política monetaria por parte del Banco Central Europeo.

El aumento de las temperaturas no tendrá precedentes y aumentará la inflación anual de los alimentos entre 0,92 y 3,23 puntos porcentuales, según el documento. Las variaciones climáticas aumentarán las diferencias de precios dentro de las diferentes regiones europeas. En el sur, donde las temperaturas son más cálidas, sufrirán más.

Los cretinos del Banco señalan también que el aumento de las temperaturas alterará la estacionalidad de la inflación. Las subidas de precios serán más rápidas, a corto plazo, por los veranos excepcionalmente calurosos como el de Europa este año.

(*) https://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/scpwps/ecb.wp2821~f008e5cb9c.en.pdf

El mercado mundial de coches eléctricos (China va muy por delante)

El mayor mercado mundial de coches eléctricos es China, con más de 7 millones matriculados el año pasado. En España se matricularon menos de 90.000 en el mismo periodo de tiempo.

El gobierno de Pekín favorece los coches eléctricos por varias razones. Una de ellas es que no tienen petróleo, por lo que dependen de las importaciones procedentes de otros países. El coches eléctrico es, por tanto, una vía para que China reduzca su factura de crudo.

Los chinos llevan 15 años de ventaja a Europa y tienen unos precios de coste extraordinariamente ventajosos en comparación con otros países.

Para equipar los coches eléctricos se necesitan baterías, que representan alrededor de un tercio del coste total de fabricación del vehículo. Las baterías también proceden principalmente de Asia. Actualmente sólo el 1 por cien de la producción mundial de pilas de iones de litio procede de la Unión Europea.

Bruselas ha aprobado un plan llamado “Airbus de las baterías”, en el que ya ha desembolsado 8.000 millones de euros. Consiste en crear una cadena de valor europea para fabricar las baterías de litio.

Ampulosamente en Bruselas las llaman “gigafactorías” y, si algún día se levantan, estarán ubicadas en Francia, Alemania y Suecia. La elección de los países que albergarán esas “gigafactorías” refleja el origen político del proyecto, y es una señal bastante segura de su futuro desmantelamiento.

En el proyecto participan 17 monopolios europeos. Entre ellos figuran Stellantis, Saft (filial de TotalEnergies), BMW, Mercedes, BASF y Solvay. Siguen el olor de las subvenciones públicas y sacarán provecho de ello, aunque el plan sea un fiasco, pero no importa porque no lo pagarán ellos de su bolsillo.

El pretexto para este derroche de dinero público será verde (sostenibilidad, descarbonización) y progresivamente se añadirán motivos proteccionistas: desafiamos a China, que lleva a cabo una competencia desleal, creamos nuevos puestos de trabajo…

La única pregunta que queda es saber cuánto tiempo tardará Bruselas en abandonar el proyecto. Tardará bastante tiempo y el despilfarro será cada vez mayor.

Los monopolios lo tienen claro: el coste de fabricación de los automóviles lo determina -básicamente- el precio de la fuerza de trabajo. Por lo tanto, es necesario invertir en los países en los que la mano de obra es más barata, y no donde viven los votantes.

Por eso los monopolios del automóvil invierten en levantar en China sus cadenas de montaje, incluidos los monoplios europeos.

El mercado del coche eléctrico es puramente político o, si se quiere, artificial. No crece por motivos económicos sino gracias a las subvenciones públicas. En agunos países, como Dinamarca, la mitad del mercado procede de los presupuestos del Estado. La principal razón para las ayudas es el fantasma de la llamada “emergencia climática”.

Si eso fuera cierto, los gobiernos subvencionarían cualquier vehículo eléctrico, independientemente del lugar en el que se fabrique. Pero no es así. Por ejemplo, Estados Unidos sólo apoya a los coches eléctricos ensamblados en el país.

Por lo tanto, los presupuestos verdes ocultan una política proteccionista en favor de los monopolios locales y en perjuicio de China, lo que se irá agravando progresivamente con el paso del tiempo.

Finalmente, los coches eléctricos no descarbonizan nada: la fabricación del vehículo en sí implica emisiones de CO2 mucho más elevadas que las de un vehículo con motor de combustión, debido principalmente a las emisiones vinculadas a la fabricación de la batería.

Macron pide la suspensión de las regulaciones verdes europeas para reindustrializar Francia

Corren malos tiempos para la Agenda 2030. La semana pasada Macron instó por dos veces a la Unión Europea a dejar de imponer más normativas medioambientales, afirmando que Europa ya ha hecho mucho más que otras potencias industriales.

El Presidente francés lanzó su petición al presentar su plan para la reindustrialización del país, que incluye créditos fiscales y otras medidas para promover las industrias verdes, pero también vehículos y baterías fabricados en Europa.

También pidió una “pausa” en la regulación europea en materia de restricciones medioambientales, afirmando que la Unión Europea ha hecho más que todos sus vecinos y que ahora necesita estabilidad.

“Estamos por delante, en términos de regulación, de los estadounidenses, los chinos y todas las demás potencias del mundo”, dijo Macron. “No debemos hacer nuevos cambios en las reglas”, añadió, subrayando que ello supondría riesgos para la financiación de los proyectos.

Macron ha expresado en repetidas ocasiones su preocupación por las políticas proteccionistas del gobierno estadounidense para apoyar a la industria y la transición energética.

Instó a Europa a defenderse de esta competencia, así como del auge de China. Los planes reindustrializadores de Macron siguen la pauta marcada por el asesor de seguridad nacional de Biden, Jake Sullivan, hace unos días de entrar en la economía de guerra: reforzar el papel del Estado, acabar con la deslocalización industrial y el predominio de la economía financiera.

Macron aclaró que la “pausa” debería producirse tras la aprobación del New Deal Verde. La aclaración pretendía tranquilizar a los europarlamentarios, preocupados por un posible acercamiento de Francia a las posiciones del PPE, el principal grupo del Parlamento Europeo.

Las movilizaciones de los agricultores en Holanda han lanzado la voz de alerta sobre las políticas verdes de Bruselas. El PPE pide una “moratoria” para determinados proyectos ambientales. El New Deal Verde es el principal paquete de medidas climáticas de la Unión Europea, la mayoría de las cuales (reforma del mercado del carbono, fin de las ventas de coches con motores de combustión interna) ya han sido aprobadas, pero otras (envases, emisiones contaminantes de las explotaciones ganaderas) siguen siendo objeto de arduas negociaciones en los pasillos de Bruselas.

Naturalmente, se ha montado una gran revuelo y el sábado la Primera Ministra, Elisabeth Borne, ha tenido que matizar: “No hay pausa alguna en las ambiciones climáticas de Francia”, dijo. “Francia no defiende en absoluto una moratoria […] No hay ningún cambio de rumbo”, dijo Pascal Canfin, que preside la comisión de Medio Ambiente en el Parlamento Europeo.

Macron “tuvo una frase desafortunada que no refleja lo que hace Francia», concedió finalmente en Le Monde. «La expresión ‘pausa’ es una bomba retórica, claramente torpe”, dijo Thomas Pellerin-Carlin, director del Programa Europa del Instituto de Economía del Clima (I4CE).

Un movimiento creado desde arriba: el Dia de la Tierra

La ONU estableció el 22 de abril como Día de la Tierra porque el 22 de abril de 1970 se convocó en Estados Unidos el primer Día de la Tierra, y todo lo que empieza en Estados Unidos acaba siendo imitado por los demás países del mundo, por las buenas o por las malas.

No se trata de preservar el planeta para las generaciones futuras. “Lucha hoy popr un mañana mejor”, decían. Tal mañana no existe. No hay futuro. Todo está empeorando. La seudoecología es un movimiento para fomentar la depresión y el miedo a los desastres: las especies se extinguen, el agua se contamina, el aire se llena de polución, el calor es insoportable, el petróleo se agota y la civilización desaparece.

Es mera futurología, predicciones que jamás se cumplen, como demuestran los 50 años transcurridos desde entonces. Los pronósticos son equivocados porque no es una doctrina que pretenda acertar sino atemorizar, lograr que las personas vivan siempre atemorizadas.

Si tuviéramos que decantarnos por la mejor predicción seudocientífica de aquel primer Día de la Tierra es la de que la era glacial era inminente, ya que la Tierra se enfriaba y en el año 2000 la temperatura sería 11 grados más baja.

Los movimientos seudoecologistas nunca fueron otra cosa que una cortina de humo. El Día de la Tierra se convocó para distraer al movimiento estudiantil de la Guerra de Vietnam y Mayo del 68. Su animador fue el senador Gaylord Nelson, que propuso una serie de concentraciones, sobre todo en las universidades.

Los medios de comunicación se volcaron en la convocatoria, con grandes titulares en portada. Una semana antes, el Today Show de la NBC no dejó de emitir debates sobre el medio ambiente. El Departamento de Interior proporcionó más de mil oradores para que hablaran en los actos. El Congreso dio el día libre para que los congresistas también pudieran intervenir en las concentraciones.

El Día de la Tierra comenzó al amanecer en Washington con una ceremonia de apertura protagonizada por los indígenas, que saludaron la salida del sol. La gente desfiló por las ciudades y pueblos. Se calcula que lograron movilizar a unos 20 millones de estadounidenses, sobre todo estudiantes de las universidades. A diferencia de las movilizaciones contra la Guerra de Vietnam o contra el racismo, la policía ni siquiera apareció. Todo transcurrió pacíficamente.

En medio de la aclamación, Nixon creó la Agencia de Protección del Medio Ambiente, aprobó la Ley de Educación Ambiental, la Ley de Aire Limpio, la Ley de Mejora de la Calidad del Agua y la Ley de Especies Amenazadas, la Ley de Política Medioambiental, la Ley de Protección de Mamíferos Marinos, la Ley de Ríos Salvajes y la moderna Ley de Aguas Limpias.

Al año siguiente, en 1971, el gobieno franquista creó el ICONA, Instituto para la Conservación de la Naturaleza, aunque en realidad sólo cambió el nombre de un organismo burocrático. Antes se llamaba Dirección General de Montes. Los mismos perros con distintos collares.

Alemania desmantela un parque eólico para ampliar una mina de carbón

El año pasado Alemania comenzó a desmantelar un parque eólico para ampliar la mina a cielo abierto de lignito de Garzweiler, en el estado de Renania del Norte-Westfalia. El gigante energético alemán RWE es el adjudicatario de la mina.

La crisis energética ha acabado con la Agenda 2030. El estado de Renania del Norte-Westfalia había prometido que eliminaría progresivamente el carbón para 2030, al igual que RWE, la empresa propietaria de la mina.

Las turbinas eólicas estaban en funcionamiento desde 2001, y las subvenciones del gobierno han expirado. Energiekontor & WPD explotan el parque eólico.

La producción anual de Garzweiler es de 25 millones de toneladas, según RWE. Estima que las reservas de lignito de la zona podrían durar hasta 2045. El combustible se suministra sobre todo a la cercana central térmica de Neurat.

La excavación se limitó inicialmente a una superficie de 66 kilómetros cuadrados en la zona de Garzweiler 1. El complejo se amplió en 2006 al sector Garzweiler 2 en una superficie de 48 kilómetros cuadrados.

La población de varios municipios de la zona al oeste de Colonia tuvo que ser realojada debido a la ampliación de la mina. Además de la ubicación del parque eólico, RWE va a ocupar una zona de la pequeña localidad de Lützerath y sus alrededores. Será completamente desalojado y demolido.

Los planes verdes se desmantelan en Europa, un proceso que es un fracaso estrepitoso para Los Verdes, que están en el gobierno de Berlín y en otros estados federados.

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