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Categoría: Cultura (página 3 de 9)

Por primera vez desde la Revolución de Octubre Ucrania celebra la Navidad esta noche

Por primera vez desde 1917 Ucrania se prepara para celebrar esta noche oficialmente la Navidad. Occidente les ha cambiado hasta el calendario a los ortodoxos, que la celebran el 7 de enero, siguiendo el calendario juliano.

Es consecuencia de una ley aprobada el 28 de julio por Zelensky. “El pueblo ucraniano ha estado sujeto durante mucho tiempo a la ideología rusa en casi todos los ámbitos de la vida, incluido el calendario juliano y la celebración de la Navidad el 7 de enero”, dice la nota explicativa de la ley aprobada por la Rada.

Sin embargo, prosigue el texto, “la lucha exitosa […] por su identidad contribuye a la conciencia y al deseo de cada ucraniano de vivir su propia vida, con sus propias tradiciones, sus propias fiestas”.

La Iglesia ortodoxa ucraniana, que se ha escindido de la rusa, también ha cambiado su calendario, porque esa es la única tradición en los países del este de cnfesión ortodoxa.

La decisión de trasladar la Navidad forma parte de una serie de medidas absurdas que el gobierno ucraniano ha tomado en los últimos años para distanciarse de Moscú. Se trata de “la continuación de un cambio cultural significativo en el país: el último intento de erradicar la influencia de Moscú en Ucrania”, dice la BBC. “La adopción del calendario gregoriano occidental es también un signo del continuo deseo de Kiev de alinearse con Europa”, concluye.

Pero el año pasado muchos ucranianos ya se pasaron al calendario gregoriano y celebraron la Navidad la noche del 24 al 25 de diciembre.

La ley ilustra que se ha ampliado entre la brecha entre las iglesias de Kiev y Moscú desde hace varios años, una escisión forzada por el gobierno de Kiev, que ha cerrado las numerosas parroquias que no han aceptado el cisma.

Situada durante varios siglos bajo la supervisión religiosa del Patriarcado moscovita, la Iglesia ortodoxa ucraniana fue declarada autocéfala e independiente del Patriarcado de Moscú en 2019.

En mayo del año pasado, la Iglesia ucraniana que se mantuvo fiel a Moscú, también declaró su independencia como reacción al apoyo a la guerra expresado por el patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa, Cirilo.

La ‘mala conciencia’ llega al cine con un genocidio al más puro estilo americano

Recientemente el actor Robert De Niro acabó el rodaje de la última película del director Martin Scorsese, “Los asesinos de la luna”, que ya se ha estrenado. Fue premiada por Gotham y el acto oficial de entrega se celebró el 27 de noviembre con la solemnidad que acostumbra esta industria.

El argumento no puede ser más estadounidense: hace un siglo la tribu osage descubrió que su reserva de Oklahoma estaba encima de un mar de petróleo y desde ese mismo momento los asesinatos de indios se suceden unos a otros.

Una vez más, la historia se repite. El “hombre blanco” no extermina a los osage porque sean indios sino para robarles su petróleo y, como el asesino es el sheriff, hay que crear una policía paralela, el FBI, que dio sus primeros pasos entonces destapando a los autores del genocidio.

En la ceremonia De Niro se subió al escenario y, después de leer algunos comentarios sobre la película, dijo que la primera parte de su discurso había sido manipulado en el teleprompter. “El comienzo de mi discurso fue editado, cortado y yo no lo sabía”, anunció al público.

Entonces sacó su móvil para leer el discurso original que llevaba preparado, incluida la parte eliminada de su comentario: “La historia ya no es historia, la verdad no es la verdad. Incluso los hechos son reemplazados por hechos alternativos e impulsados ​​por teorías de la conspiración y fealdad”.

Luego arremetió contra dos de sus objetivos favoritos, Trump y la industria cinematográfica, en este caso por el trato dispensado a los nativos americanos a lo largo de la historia. “Las mentiras se han convertido en una herramienta más en el arsenal del charlatán [Trump]. El expresidente nos mintió más de 30.000 veces durante sus cuatro años en el cargo y mantiene el ritmo en su actual campaña de represalias. Pero a pesar de todas sus mentiras, no puede ocultar su alma. Se aprovecha de los débiles, destruye los dones de la naturaleza y falta al respeto, por ejemplo utilizando a ‘Pocahontas’ como insulto”.

La multinacional Apple, productora de la película, fue la responsable de la censura. El acto era publicitario. Querían que el actor se centrara en la película, no en la industria, de la que Apple forma parte. Los que ponen el dinero son así de estrictos cuando se tata de recuperar la inversión.

Desde luego que en la publicidad no cabe “la política”, ni tampoco aprovechar la situación para lanzar críticas desagradables. Todo tiene que ser bonito y divertido.

En 2017, cuando aún era presidente, Trump había llamado “Pocahontas” despectivamente a la senadora Elisabeth Warren (del partido contrario) en un acto de desagravio hacia los nativos americanos. Es propio de su estilo faltón y chulesco, como también es propio de la industria cinematográfica, que durante décadas, desde los tiempos de Griffith, lo que ha llevado a las pantallas del mundo entero el genocidio inverso: las matanzas de los colonos americanos por los malvados indios.

Pero el acta de nacimiento de un país esencialmente colonial no se puede esconder eternamente. El ladrón ha sido sorprendido “in fraganti” y ahora aparece la “mala conciencia” del cine (que es el cine estadounidense). Ha llegado el momento de pedir disculpas. Los indios no eran los malos. A partir de aquí una mentira se sustituye por otra y es natural que un presidente de Estados Unidos siga mintiendo otras 30.000 veces en sus cuatro años de mandato.

En el acta de nacimiento de Estados Unidos, además de los colonos y los colonizados, están las mentiras. Sin ellas nunca hubiera llega a ser lo que es hoy. Por eso llegará otro momento en el que vuelva la “mala conciencia” y la industria cinematográfica haga lo mismo con los vietnamitas que con los indios, por ejemplo. Ocurrirá dentro de otras tantas décadas, cuando ya no pueda entrar en el discurso político, en la práctica, sino sólo en una anécdota histórica, del pasado lejano.

Mientras tanto, en la candente actualidad, los palestinos son los indios de este momento y también padecen una ola de asesinatos peor que la de los osage y lo que escuchamos siguen siendo mentiras, con una película del sionista Steven Spielberg en ciernes.

En fin, la industria cinematográfica no puede dejar de ser una industria. Pero quien ocupa la Casa Blanca ya no es Trump, sino Biden, que no es ningún advenedizo y De Niro hizo campaña en su favor durante las últimas elecciones.

Desde el inicio de su carrera política en 1971, ¿cuántas mentiras ha contado Biden? Es una pregunta difícil. Es mejor preguntar si Biden ha dicho alguna vez la verdad en su vida. Pero si el presidente de Estados Unidos no cuenta la verdad, ¿quién lo hará?

Espartaco: la rebelión de los esclavos que acabó con las listas negras de Hollywood

La película Epartaco, estrenada en 1960, cuenta la historia de una revuelta de esclavos en la antigua Roma. Fue escrita por dos comunistas incluidos en las listas negras de Hollywood. Su llegada a los cines fue una burla a la caza de brujas macartista.

El Primero de Mayo de 1946 no tuvo precedentes en Estados Unidos. Los veteranos de guerra, recien licenciados, se unieron a maestros, escritores, artistas, abogados y otros trabajadores para marchar triunfalmente por Manhattan. “El número de manifestantes, según los contamos, superó los 150.000 y mientras llenaban Union Square, vitoreando a dirigentes y oradores comunistas y de izquierda”, escribió el escritor comunista Howard Fast en sus memorias, Being Red. “Uno podría haber declarado que el futuro de la izquierda en Estados Unidos era extremadamente brillante y, por supuesto, se habría equivocado”.

El Primero de Mayo de 1948 esos mismos comunistas celebrados sólo dos años antes se convirtieron en el blanco de violentas multitudes reaccionarias que gritaban “¡Maten a los comunistas por Jesucristo!”. Fast encabezó el bloque cultural del Partido Comunista de miles de académicos, artistas y escritores que pronto se vieron envueltos en una pelea callejera con estudiantes anticomunistas de una escuela parroquial cercana.

La segunda manifestación fue un mal augurio. Con el advenimiento de la Guerra Fría, los comunistas se convirtieron rápidamente en enemigos nacionales. Ya no eran vistos como progresistas luchadores por la libertad, sino más bien como subversivos peligrosos. El propio Fast fue citado ante el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes y encarcelado tras negarse a confesar nombres.

Fast fue incluido en las listas negras de la industria editorial. Él era sólo uno de una generación de artistas que fueron expulsados ​​de la corriente principal estadounidense. Las listas negras arruinaron sus carreras, condenándolos a la oscuridad y, a menudo, a la pobreza. Muchos libros de esta época aún permanecen inéditos y los guiones no se han realizado; figuras culturales que alguna vez fueron famosas han sido en gran medida borradas de la historia estadounidense.

Pero dentro del terror inquebrantable del período McCarthy se encuentran historias de resistencia. La experiencia de Fast en prisión, por ejemplo, lo llevó a escribir la novela Espartaco, que luego fue adaptada al guión por el escritor comunista Dalton Trumbo. Cuando la película se proyectó en 1960, después de una década en la clandestinidad, los nombres de dos comunistas iluminaron el comienzo de la película, un gran desafío para los reaccionarios de la época.

Esta es la historia de Espartaco, o cómo los comunistas lograron por primera vez acabar con las listas negras.

‘Las cárceles de hoy serán la victoria del mañana’

Howard Fast es una de esas figuras olvidadas en la memoria irregular del canon literario estadounidense. Publicó su primera novela a los dieciocho años y pasó varias décadas construyendo su carrera en el mundo editorial, convirtiéndose en un novelista popular. También fue un miembro activo del Partido Comunista. Antes de ser incluido en la lista negra, se involucró apasionadamente en el apoyo a los combatientes republicanos españoles; en 1945 se incorporó a la dirección del Comité Conjunto Antifascista para los Refugiados. El grupo no era nada subversivo y atrajo donaciones de figuras como Eleanor Roosevelt y Edith Lehman, esposa del gobernador de Nueva York, Herbert Lehman. Pero las mareas políticas cambiaron y en 1946 Fast recibió una citación ante el Comité de Actividades Antiamericanas para entregar la lista de donantes.

Fast se negó a dar nombres, pues sus abogados le aseguraron que el desacato al Congreso no daría lugar a ninguna pena de prisión. Pero ese mismo año fue citado nuevamente, esta vez por un libro que había escrito sobre el dirigente yugoslavo, El Increíble Tito, y su futuro se volvió incierto. En 1947, él y otros diez miembros del Comité de Refugiados fueron condenados a prisión.

Fast y sus camaradas confiaban en su atractivo, pero poco se podía hacer por su reputación y su carrera. “Mi nuevo libro, The American” –un retrato de John Atgeld, el gobernador progresista de Illinois– “fue destrozado sin piedad”, recuerda Fast. Ahora también estaba bajo vigilancia constante. “Mi teléfono fue intervenido. Agentes estúpidos del FBI se colaban en mi apartamento [durante las actividades de recaudación de fondos] y otros agentes me seguían por las calles”, recuerda.

En 1949 las escuelas de Nueva York recibieron instrucciones de retirar de sus estanterías todos los ejemplares de su libro de ficción histórica, Ciudadano Tom Paine. Hoover envió a sus policías para ordenar a los bibliotecarios de la Biblioteca Pública de Nueva York que destruyeran los libros de Fast. El FBI impidió a los editores imprimir sus nuevas obras, incluidas aquellas que había escrito bajo seudónimo.

En 1950 el anticomunismo se había extendido y las esperanzas de Fast de que se anulara su sentencia de prisión se perdieron. Fast fue encarcelado, una experiencia que describió como claramente deshumanizante:

“Allí, en largos bancos, estaban sentados cien hombres, blancos y negros, todos desnudos. Estaban sentados abatidos, encorvados y con la cabeza gacha, evocando imágenes de los campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial. Ahora nos están arrebatando la dignidad a la que nos aferrábamos tan desesperadamente”.

Lo colocaron en una celda de cinco por dos metros con una asustada muchacha de dieciocho años que había entrado y salido de prisión desde que él tenía doce y, según Fast, había sido violada por otros prisioneros más de cien veces. Afortunadamente para Fast, fue trasladado a Mill Point, una prisión de mínima seguridad en Virginia Occidental.

Para algunas personas que vivían fuera de Estados Unidos, Fast y sus camaradas encarcelados eran mártires. Se llevaron a cabo manifestaciones y eventos para recaudar fondos en apoyo de los prisioneros mientras la solidaridad internacional llegaba a raudales. El poeta chileno Pablo Neruda escribió el poema “A Howard Fast”, alabando los escritos de Fast sobre “héroes negros, capitanes de las carreteras, los pobres y las ciudades”, y lamentando lo que Neruda llamó el “renacimiento de la Gestapo”.

El encarcelamiento de Fast fue una calamidad para la libertad de expresión, pero también tuvo su lado positivo. Pasó gran parte de la última parte de su condena con el novelista comunista Albert Maltz y encontró consuelo en su trabajo diario construyendo estructuras para la prisión. Su obra maestra fue una réplica funcional de la famosa estatua del Manneken Pis. El director de la prisión fue extrañamente amable y le regaló una máquina de escribir para que pudiera escribir después de sus obligaciones diarias.

Fast, que esperaba utilizar su tiempo para escribir, no se atrevió a poner una sola palabra en el papel. En cambio, comenzó a investigar. Estaba particularmente interesado en un movimiento alemán fundado en 1914 por Clara Zetkin, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg que más tarde se fusionó con el Partido Comunista Alemán. El nombre de su grupo era Liga Epartaco. Fue su experiencia en Mill Point, con todas las ansiedades y temores que a menudo conlleva la prisión, la que lo inspiró a escribir su novela Espartaco.

“Nunca me arrepiento del pasado”, escribió, “y si mi terrible experiencia ayudó a escribir Espartaco, creo que valió la pena”. Después de todo, fue mientras estuvo encarcelado cuando “comenzó a comprender más profundamente que nunca toda la agonía y la desesperación de la clase baja”. Como escribe Neruda en su poema dedicado al Ayuno: “Las cárceles de hoy serán la victoria de mañana”.

En busca de un editor

Después de sus meses en prisión, fue liberado a un mundo donde el terror estaba en pleno apogeo. “El país estaba más cerca que nunca de un estado policial”, escribió en su introducción a Espartaco en 1996. “Hoover, el jefe del FBI, asumió el papel de un dictador menor. El miedo a Hoover y sus expedientes sobre miles de liberales impregnó el país”. En ese entorno, Fast comenzó a escribir un manuscrito que narra la crónica de Espartaco, el esclavo que se entrenó como gladiador y encabezó una revuelta de esclavos en la antigua Roma.

Pero al escribir un libro también viene la búsqueda de un editor que, en el caso de los escritores incluidos en la lista negra, eran tan accesibles para ellos como lo son los yates para los pobres, es decir, nada. Al antiguo editor de Fast, Angus Cameron de Little, Brown and Company, le gustaba Espartaco y accedió a publicarlo rápidamente y con orgullo. Pero Hoover envió entonces a un agente federal a Boston, donde se reunió con el presidente de la editorial y le dio instrucciones directas de no publicar otro libro de Fast. La editorial abandonó el libro, lo que provocó que Cameron dimitiera en protesta.

Después de varios intentos fallidos de conseguir otros editores convencionales, Fast recurrió a la autoedición. Su nombre y su notoriedad fueron suficientes para despertar el interés incluso sin editor. El libro se vendió bastante bien. Su familia vendió más de cuarenta mil copias del libro.

Pasarían años antes de que las principales editoriales recogieran el libro. Al final, vendió millones de copias y tuvo más de cien ediciones en más de cincuenta y seis idiomas. También se convertiría en una famosa película del mismo nombre. Pero primero, Fast y sus colaboradores deberían romper el control del anticomunismo sobre Hollywood.

El campo de concentración estadounidense

En 1947 Hollywood estaba cada vez más dividido en dos facciones polarizadoras: los miembros del Partido Comunista y sus simpatizantes, y los anticomunistas que se dedicaban a expulsarlos de la industria. Fue la reaccionaria Motion Picture Alliance la que empujó a la industria hacia estos campos opuestos, sin dejar prácticamente ningún espacio para la neutralidad.

Los comunistas de Hollywood se oponían abiertamente al antisemitismo, el fascismo, el racismo y la explotación laboral, y colaboraban con sus nombres reales en publicaciones “peligrosas” como People’s World, New Masses y el Daily Worker. “Vieron el peligro -el peligro real- para la gente de la industria que representaban las prácticas laborales de la época”, dijo el abogado Carey McWilliams, más tarde editor de Nation, en una entrevista con Bruce Cook, biógrafo de Trumbo. “Y sabían que los nazis no estaban fingiendo”.

Después de que el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes citara a los “diecinueve hostiles” de Hollywood, más de siete mil personas se reunieron en el Shrine Auditorium de Los Ángeles antes de la partida del grupo hacia la capital. Aprovecharon su viaje a Washington para organizar mítines en Chicago y Nueva York antes de llegar a las audiencias. De los diecinueve originales, los once individuos que se negaron a cooperar con el comité pasaron a ser conocidos como los Diez de Hollywood. El undécimo era el dramaturgo comunista alemán Bertolt Brecht, que vivió en Estados Unidos tras huir de la Alemania nazi y luego, tras su audiencia, huyó de Estados Unidos hacia Alemania Oriental.

Entre ellos se encontraba el guionista mejor pagado del grupo y también el testigo más hostil del comité: Dalton Trumbo. “Su trabajo”, dijo Trumbo al investigador jefe Robert E. Stripling después de pedirle que respondiera “Sí” o “No”, “es hacer preguntas y el mío es responderlas. Responderé con mis propias palabras. Muchas preguntas sólo pueden ser respondidas “sí” o “no” por un idiota o un esclavo”. Al salir, gritó: “¡Este es el comienzo de un campo de concentración estadounidense!” A finales de octubre de 1947, los Diez de Hollywood fueron citados por desacato al Congreso. Todos fueron condenados a prisión, Trumbo a un año.

El Comité de Actividades Antiamericanas y el Acuerdo Waldorf de 1947, el pacto entre estudios y ejecutivos que impuso las listas negras, devastaron a muchos en la industria del entretenimiento. “La gente estaba asombrada por los suicidios de esa época y las cosas increíbles que estaban sucediendo en ese momento”, recuerda McWilliams. “El uso de la libertad”, escribió Trumbo en 1949 en The Time of the Toad, “la misma invocación de la Declaración de Derechos es un procedimiento extremadamente peligroso”. Trumbo dirigió su indignación moral no sólo contra los conservadores, sino también contra los colaboradores liberales en la caza de brujas anticomunista y contra aquellos que permanecieron pasivos.

La hora del sapo

Pero lejos de purgar completamente la industria de comunistas, las listas negras los empujaron a las sombras. Las listas negras han creado un nuevo mercado en Hollywood: el mercado negro. Los guiones de las personas incluidas en la lista negra se vendieron con nombres falsos o con el nombre de otros escritores. Mientras esperaba que se escuchara su apelación, Trumbo se ganó la vida modestamente escribiendo guiones de bajo presupuesto para los hermanos King, una productora de películas de serie B. Entre la audiencia de 1947 y su entrada en el sistema penal estadounidense en 1950, Trumbo, bajo nombres falsos, produjo dieciocho guiones. “Ninguno”, insistió, “fue muy bueno”.

Para Trumbo, el Instituto Correccional Federal en Ashland, Kentucky, fue similar a la experiencia de Fast en Mill Point; es decir, afortunadamente, sin incidentes. Trumbo no estaba completamente solo en prisión. De hecho, estaba a poca distancia, veinticuatro pulgadas para ser exactos, de otro miembro de Hollywood Ten, John Howard Lawson. Más tarde se les unió Adrian Scott.

Agotado por las manifestaciones y los escenarios incesantes, Trumbo casi saludó ciertos aspectos de la vida carcelaria. En prisión se encontró con contrabandistas y falsificadores, muchos de los cuales eran analfabetos. Leyó y escribió cartas para un licorero llamado Cecil, cuya esposa cuidaba sola de cinco niños enfermos, luchando por mantenerlos calientes y alimentados. Esos once meses en Ashland cambiaron a Trumbo en muchos sentidos. Anteriormente un escritor nocturno, ahora sólo escribía durante el día. Una vez inmune al sonido de un silbato, se detuvo instantáneamente para formar fila. Pero nunca abandonó sus principios.

En 1956 Trumbo había regresado a Hollywood y dominaba el arte del mercado negro.

Después de cumplir sus condenas, John Wexley, Albert Maltz, Ring Lardner, Ian Hunter, Dalton Trumbo y muchos otros en la lista negra vivieron exiliados en la Ciudad de México, buscando trabajo y refugio del acoso persistente del FBI. Un día, el guionista canadiense Hugo Butler, incluido en la lista negra, arrastró a Dalton y Cleo Trumbo a ver una corrida de toros. Una corrida de toros termina con un indulto, o perdón del toro, que se concede después de que la multitud agita pañuelos en apoyo a la demostración de valentía de un toro. El evento inspiró la película de Trumbo The Brave One (1956), un drama que sigue a un niño y su toro. La película ganó un Oscar bajo el seudónimo de Trumbo, Robert Rich. Fue la primera grieta en el muro de las listas negras.

La prensa escuchó rumores de que Trumbo era Robert Rich. En lugar de confirmarlos, expuso el alcance del mercado negro de Hollywood al señalar a la prensa otros escritores incluidos en la lista negra que podrían haberlo escrito. En 1956 Trumbo había regresado a Hollywood y dominaba el arte del mercado negro. Tenía muchos seudónimos y escritores que ofrecían sus nombres para ayudarlos a iniciarse en la industria. John Abbott, Sam Jackson, CF Demaine y Peter Finch fueron sólo algunos de sus “alter ego”. Lo que demostró en su naturaleza estratégica y elusiva fue que cualquier guión podía ser escrito por un comunista usando un nombre falso o por un guionista fachada. La lista negra sólo era efectiva en la medida en que los empresarios estuvieran dispuestos a hacerla cumplir, y la marea estaba cambiando.

Espartaco soborna al gobierno franquista

El primer borrador del guión de Espartaco fue escrito por Fast, pero no fue lo suficientemente rápido como para completar el trabajo a tiempo. Los Gladiadores de Arthur Koestler, un libro con un tema similar, estaba en camino a la producción, y la productora de Kirk Douglas, Bryna Productions, que produjo Espartaco, estaba lista para llevarlo a la pantalla. Así que Douglas recurrió al bolígrafo más rápido de Occidente, Dalton Trumbo, firmado bajo el seudónimo de Sam Jackson.

Rápidamente comenzaron a filmar, pero el director original, Anthony Mann, chocó con Douglas. Al parecer, olvidando que Douglas no sólo era la estrella de la película sino también el jefe, Mann fue despedido. Douglas lo reemplazó con Stanley Kubrick, a quien llamó “un niño arrogante del Bronx”. Muchos problemas surgieron a lo largo del rodaje de la película. Desde los censores que restringieron cualquier contenido vagamente sexual u homosexual, hasta sobornar al gobierno español de Franco para que usara soldados en una escena. La película fue una tarea vasta y compleja.

En el momento del rodaje, no estaba claro si Trumbo y Fast podrían aparecer en los créditos en la pantalla. La década de 1950 estaba llegando a su fin y no estaba claro si las listas negras eran efectivas en ese momento. El debate se acaloró cuando Mann anunció que Trumbo, no Sam Jackson, había escrito la película. Las columnas de chismes recogieron la noticia y, por primera vez en una década, se reveló la portada de Trumbo.

El público acudió en masa para ver una película cuya pantalla de título mostraba los nombres de dos subversivos comunistas convictos, Howard Fast y Dalton Trumbo. Luego se publicó la edición del New York Times del 19 de enero de 1960, proclamando en la portada que Trumbo sería acreditado como guionista de la siguiente producción de Otto Preminger, Exodus.

Hollywood se estaba sumergiendo en la ola de las listas negras. ¿Habría una respuesta represiva? En caso contrario, ¿significaría el fin del macartismo? ¿El público boicotearía la película o la celebraría? Cuando se estrenó Spartacus, los cines de todo el país señalaron con el dedo medio a la represión anticomunista de la época. El público acudió en masa para ver una película cuya pantalla de título mostraba los nombres de dos subversivos comunistas convictos, Howard Fast y Dalton Trumbo.

Siguieron piquetes, pero eran relativamente reservados. Un grupo llamado Veteranos Católicos fue el más ruidoso. Sin embargo, apoyaron plenamente la película inglesa estrenada a principios de ese año, llamada Conspiracy of Hearts, sobre monjas católicas que protegen a niños judíos de los nazis. El guión había sido acreditado a Robert Presnell Jr, pero en realidad fue escrito por Dalton Trumbo.

Las listas negras, a todos los efectos, se habían acabado. En 1960 Kennedy fue elegido presidente y poco después fue al cine con su hermano. Ante una serie de películas que podrían haber visto, los hermanos católicos eligieron nada menos que Espartaco, cruzando el piquete de los veteranos católicos para asestar un golpe mortal a las listas negras. Cuando Kennedy salió del cine y le preguntaron qué pensaba de la película, simplemente respondió: era una buena película.

“El terrible castigo de la crucifixión ha sido anulado con la única condición de que se identifique el cuerpo o la persona viva del esclavo llamado Espartaco”, grita un soldado romano en una famosa escena final de Espartaco. Kirk Douglas se pone de pie, pero sus dos vecinos lo siguen al unísono y gritan “Soy Espartaco”, mientras otros mil esclavos se levantan detrás de ellos. Espartaco se convirtió en un seudónimo de resistencia, de libertad.

Howard Fast y Dalton Trumbo estuvieron entre los miles de comunistas en Estados Unidos que lucharon contra el macartismo. Era una época en la que, como dijo Trumbo, “los demonios nos estaban persuadiendo de que la mejor defensa de la libertad era abandonarla por completo”.

Taylor Dorrell https://jacobin.com/2023/09/trumbo-fast-spartacus-hollywood-blacklists-red-scare

El saqueo del patrimonio cultural de Crimea

En febrero de 2014 cuatro museos de Crimea y uno de Kiev enviaron una gran colección de oro escita a Países Bajos para una exposición temporal. Al finalizar, Crimea había pasado a formar parte de Rusia. Entonces Holanda se negó a devolver los objetos históricos pertenecientes a los museos.

Empezó un pleito. Ucrania exigió que se los entregaran y Rusia que los devolvieron a los museos de origen. Al cabo de nueve años, los tribunales holandeses han dictado la sentencia esperada: la riqueza histórica y cultural se va a Kiev.

“Aunque las piezas del museo proceden de Crimea y, en este sentido, pueden considerarse parte del patrimonio de Crimea, son parte del patrimonio cultural del Estado ucraniano tal como existe como Estado independiente desde 1991”, dictamina el tribunal.

Siempre se dijo que una cultura corresponde a un pueblo, una nación, una sociedad, una tribu… Ahora es la primera vez que la cultura pertenece a un determinado Estado y la explicación es que la cultura vale mucho dinero… sobre todo si es de oro.

Ahora la aduana ucraniana acaba de anunciar la llegada de un convoy con más de 2,5 toneladas procedente de Ámsterdam, que se ha puesto bajo la autoridad de la Iglesia ortodoxa, que ahora ya no está sometida a Moscú sino al Patriarcado de Constantinopla.

El tercer paso también ha llegado: el patrimonio cultural hay que protegerlo de los bombardeos rusos y es lo que ha hecho la Iglesia ortodoxa con el patrocinio de la UNESCO: transferir el tesoro a las capitales occidentales.

Ha sido un viaje de ida y vuelta. El patrimonio debía estar en Ucrania, pero Ucrania es un país fantasma. Es mejor que las reliquias ucranias las expongan los museos de Italia, Francia, Inglaterra y… el Vaticano.

Sí, porque al Vaticano no le importa exhibir objetos religiosos como los ortodoxos… siempre que sean valiosos.

Es un saqueo cultural que está en las mejores tradiciones de los expolios europeos.

Francia y China rompen con 20 años de colaboración científica

El 26 de julio, en Shanghai, una placa de piedra con la inscripción “Instituto Pasteur” fue reemplazada por una nueva placa que decía “Instituto de Inmunología e Infecciones”. La modificación estuvo acompañada de una actualización del sitio web del centro de investigaciones científicas.

Señala el final de una asociación científica de 19 años entre China y Francia o, si se quiere, entre el Instituto Pasteur de Shanghai y la Academia de Ciencias de China (CAS).

Las dos instituciones habían establecido su colaboración en 2004, pero en marzo del año en curso, el Instituto Pasteur anunció la suspensión del acuerdo. El nombre de la organización también había que cambiarlo.

Desde 2021 el Instituto Pasteur de Shanghai ya no es miembro de la Red Pasteur, una alianza internacional compuesta por 33 instituciones de 25 países y regiones. La medida ha provocado especulaciones sobre su alcance. Es otra señal de la expulsión de China de los países occidentales en ciencia y tecnología.

El Instituto Pasteur de Shanghai ha desempeñado un papel importante en la cooperación científica entre China y Francia, que se formalizó mediante un acuerdo gubernamental hace 40 años. Se estableció justo después del brote de SARS en 2004 y tenía la misión de fortalecer la capacidad científica de China en enfermedades infecciosas emergentes.

A pesar de su modesto tamaño dentro del CAS, el Instituto Pasteur se puso a la cabeza en áreas como virología, desarrollo de vacunas e inmunología. Ha realizado importantes contribuciones a la investigación de virus como el de la hepatitis C, el ébola, el VIH y el zika, así como al desarrollo de fármacos y vacunas.

Sin embargo, a pesar de estos logros, el Instituto Pasteur no salió a la luz pública durante la reciente pandemia. La ruptura de la asociación plantea interrogantes sobre su impacto en la investigación científica y la cooperación entre China y Francia. El campo de la salud y las enfermedades infecciosas requiere una fuerte colaboración internacional, y el final de esta alianza histórica plantea preocupaciones sobre el futuro de esta cooperación esencial para abordar algunos desafíos científicos.

El Ayuntamiento de Kiev aprueba un reglamento para erradicar el idioma ruso

El Ayuntamiento de Kiev cree que el saber sí ocupa lugar. Casi todos los vecinos de la capital ucraniana hablan el idioma ruso, pero el Ayuntamiento se empeña en prohibirlo, lo cual es una característica de los países fascistas, como Ucrania, donde la mayor parte de las normas jurídicas son para prohibir algo, quemar libros o censurar los conciertos de música.

Es absolutamente legítimo que en la capital de un país, incluido Ucrania, se desarrolle el idioma local, para lo cual no es necesario prohibir otro en absoluto, ni tampoco derribar los monumentos a escritores, músicos, pintores o científicos, algo que en Ucrania es común desde hace muchos años, incluso antes del inicio de la guerra (*).

El reglamento se llama “la moratoria sobre el uso público de productos culturales de habla rusa en la capital” y uno de los concejales del Ayuntamiento lo explica de la siguiente manera: “Es necesario proteger el espacio de información ucraniano de las influencias híbridas del estado agresor, que está tratando de destruir la identidad nacional ucraniana, la cultura, las tradiciones, costumbres y memoria histórica”.

El año pasado todos los libros publicados en Rusia fueron prohibidos en Ucrania, pero todavía hay libros rusos publicados en la propia Ucrania, por lo que el Ayuntamiento de Kiev también los quiere prohibir.

Es un fenómeno único en el mundo porque hasta hace poco el 90 por cien de los libros vendidos en las tiendas de Kiev estaban en ruso.

La música en ruso queda prohibida. Ahora bien, hay ciertas sinfonías que carecen de letra, pero también hay que prohibirlas porque fueron escritas por autores rusos.

Incluso si los artistas rusos apoyan a Ucrania en la guerra, también están prohibidos.

El año pasado el Teatro Dramático Ruso eliminó la palabra “ruso” de su nombre y casi todas las representaciones en ruso han desaparecido de los escenarios. Lo mismo sucede con los circos rusos.

La prohibición de todo lo ruso se extiende a “los objetos de la cultura material y espiritual que tengan un significado artístico, histórico, etnográfico y científico y estén sujetos a conservación, reproducción y protección”.

El antiguo Museo de Arte Ruso, que aparece en la imagen de la portada, ahora se llama Museo Nacional “Galería de Arte de Kiev”, pero es difícil que sobreviva porque alberga una de las mayores colecciones de pinturas rusas fuera de Rusia.

Si queda algo por prohibir, los vecinos de Kiev no se deben preocupar porque el Ayuntamiento aprobará otro reglamento que lo incluya.

El fascismo es el peor enemigo de la cultura porque es el fruto amargo de la ignorancia.

(*) https://www.diariocritico.com/opinion/miguel-angel-almodovar/cuando-pushkin-cae-algo-nuestro-se-derrumba

El FBI incauta los nombres de dominio de la mayor librería digital de internet

La mayor biblioteca para la descarga de libros electrónicos, Z-Library, antes llamada BookFinder, sigue bajo la diana del FBI, que ha incautado los nombres de dominio.

La plataforma está acusada de piratería porque ofrece acceso gratuito a una vasta base de datos con millones de libros y artículos, lo que la convierte en uno de los sitios de difusión cultural y científica más socorridos en internet.

Además de b-ok.lat, booksc.me y b-ok.as, la lista de dominios retirados en esta nueva ronda de incautaciones también incluye singlelogin.me, que anteriormente eran los principales nombres de dominio utilizados para iniciar sesión y registrar nuevas cuentas.

“Desafortunadamente, uno de nuestros dominios principales de inicio de sesión ha sido incautado hoy. Por lo tanto, recomendamos utilizar el dominio singlelogin.re para iniciar sesión en su cuenta, así como para registrarse. Por favor, comparte este dominio con otros”, ha solicitado la librería.

“También puedes restaurar el acceso a tu cuenta o crear una nueva utilizando nuestra dirección de correo electrónico mágica. Sólo tienes que enviar cualquier carta de tu buzón al correo electrónico blackbox@zlib.se, y recibirás tu acceso personal a Z-Library en la carta autogenerada en 3-5 minutos”.

El panel de acceso principal del sitio desapareció, aunque han logrado rehabilitarlo. En cualquier caso sigue estando disponible en la red Tor, I2P y a través de una dirección alternativa.

Los dominios incautados de Z-Library muestran ahora un mensaje indicando que el FBI los incautó de conformidad con una orden emitida por el Tribunal de Distrito del este de Nueva York.

Z-Library se había enfrentado anteriormente a una serie de problemas legales, que culminaron el año pasado con la incautación de sus dominios y la detención de dos presuntos operadores en Argentina.

Las anteriores denuncias de derechos de autor contra la librería digital dieron lugar a pleitos que finalmente obligaron a incautar sus dominios en 2015 y a aplicar bloqueos de dominios y amenazas en 2021 en Estados Unidos y Francia por derechos de propiedad intelectual.

En noviembre del año pasado dos ciudadanos rusos fueron detenidos y acusados de administrar la librería digital, semanas después de que el FBI confiscara los dominios web.

Aunque el servicio siguió operando tras las retiradas de dominios en las redes Tor e I2P, la librería anunció a mediados de febrero varios sitios distintos, pero esta vez utilizando dominios personalizados registrados en diferentes lugares del mundo.

Como era de esperar, los dominios personales secretos para cada usuario no impidieron al FBI derribar el portal de acceso principal disponible en singlelogin.me.

Queda por ver si se producirán más incautaciones de dominios, dado que la librería digital sigue operando con múltiples dominios. Sin embargo, es obvio que el FBI está decidido a cerrarla y castigar a sus administradores.

El gobierno de Ucrania hace gala de su barbarie también en el terreno cultural

La reciente crítica de Nikita Isakin, secretario de prensa de la embajada rusa en la Irlanda de Vichy, a un reciente artículo publicado en el pro OTAN Irish Times, fue demasiado amable tanto con el estúpido artículo como con los filisteos de la OTAN que están detrás de este último esfuerzo por boicotear el arte ruso.

Isakin centró su breve declaración, en primer lugar, en la pura estupidez de intentar prohibir a Dostoievski y Tolstoi, a quienes he citado repetidamente en artículos anteriores, no porque fueran rusos sino, junto con un puñado de otros, porque son el patrón oro de la literatura. Divorciar a esos y a otros rusos con los que nos hemos cruzado anteriormente es destruir no sólo la literatura rusa sino toda la literatura y cualquiera que diga lo contrario es un ignorante en el mejor de los casos y un tonto incorregible y un apologista de Banderite en el peor. Este fascismo cultural de la OTAN recuerda demasiado al Doctor Fausto de Thomas Mann, escrito cuando los nazis banderistas originales de Ucrania estaban en pleno apogeo.

Sugerir, como hacen estos nazis, la prohibición de Chaikovsky y Shostakovich, aunque sea temporalmente, muestra una arrogancia ignorante que uno sólo debería encontrar entre nuestros amigos de cuatro patas. Chaikovsky y Shostakovich están, cada uno a su manera, a la altura de Brahms, Rachmaninov, Elgar, Wagner, Prokofiev, Schubert, Chopin, Sibelius, Mozart, Stravinsky, Bach y el gran Beethoven, que dedicó su Sinfonía nº 3, dirigida aquí por el ex nazi Herbert von Karajan, a Napoleón Bonaparte.

Es en este contexto en el que Isakin centra su atención en el Ministro de Cultura ucraniano, Oleksandr Tkachenko, cuyos llamamientos a boicotear el arte ruso se mencionan en el artículo del Irish Times, así como los de la miembro de Pussy Riot Maria Alyojina, cuya idea de la cultura es celebrar una orgía con sus compañeras agentes de la OTAN en el altar de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú.

Aunque Isakin afirma con razón que “presentar a Pussy Riot como fuente de opinión sobre asuntos culturales es una propuesta bastante exótica, que roza el insulto a los lectores”, es mucho peor que eso. Pussy Riot, Femen y todas las que son como ellas son enemigas del arte, de todo el arte y, en el caso de Pussy Riot, tanto los cosacos de Crimea como las autoridades rusas fueron demasiado blandos con ellas. Su objetivo y el objetivo por el que están financiadas por la OTAN y por el que el Irish Times de la OTAN las promueve cínicamente, es destruir y denigrar toda la cultura, pero la cultura rusa específicamente en este caso.

El violento ataque de las Pussy Riot a la Catedral de Cristo Salvador de Moscú está directamente relacionado con los ataques mucho más violentos a los fieles ortodoxos en el Reich de Zelensky, y que el Irish Times u otros medios de la OTAN lo ignoren deliberadamente es una negligencia criminal y una responsabilidad criminal.

Pero volvamos al ofensivo artículo del Irish Times, que está encabezado por un par de terroristas enmascaradas de las Pussy Riot dedicadas al vandalismo de bajo nivel, que es la antítesis misma de las artes. El artículo empieza diciéndonos que Maryna Odolska, una “artista” ucraniana que llegó a Irlanda el pasado mes de marzo, se apropió de la cultura al cantar Song For Ireland de Phil Colclough, cuya versión definitiva está aquí y cuya letra no tiene absolutamente nada que ver con Europa del Este o con la lucha de los rusoparlantes por preservar su cultura.

Para ver cómo los verdaderos artistas utilizan la música irlandesa en beneficio de ambos, echa un vistazo a estos talentosos serbios, los celtas ortodoxos como se llaman a sí mismos, hacen su propia fantástica versión de The Star of the County Down , un clásico irlandés. Una comparación y contraste entre estos buenos serbios y los parásitos ucranianos daría para un buen artículo, pero debemos seguir adelante.

El segundo párrafo del Irish Times se lamenta de que ni Pussy Riot ni Maryna Odolska pueden regresar a sus respectivas patrias de Rusia y Ucrania. Pero no hay nada, salvo la buena vida inmerecida de la que disfruta en Irlanda, que impida a Odolska volver a su Kiev natal y, si las Pussy Riot afirman ser fugitivas de la justicia, además de fingir ser artistas, no son las únicas de la OTAN que hacen ese truco barato.

El ministro de Cultura ucraniano, Oleksandr Tkachenko, es citado para explicar por qué debemos dejar de escuchar a Chaikovsky y por qué debemos arrojar nuestros ejemplares de Guerra y Paz y Los hermanos Karamazov a la pira, como si fuéramos banderitas divirtiéndonos con un poco de cebo judío en el Berlín de los años treinta.

“Esta guerra”, opinó Tkachenko en el periódico The Guardian, en la línea dura de la OTAN, “es una batalla civilizacional por la cultura y la historia” y por eso el Kremlin está “utilizando todas las oportunidades a su alcance, desde la promoción del ballet ruso hasta la protección de los derechos de los rusoparlantes en el extranjero, para promover sus intereses”.

Tómese un momento para considerar lo peligrosamente estúpido que debe ser este hombre. Está diciendo que las bailarinas del Ballet Bolshoi son otro grupo Wagner, tan peligroso como las tropas de primera línea del general Armagedón y, lo que es aún más siniestro, que Rusia se equivoca al intentar defender “los derechos de los rusoparlantes en el extranjero”.

Eso es fascismo puro y duro. Y proviene de un régimen del Reich que instituyó esta guerra porque un gran número de ucranianos han hablado ruso desde que eran bebés y, gracias al Grupo Wagner, ellos y los hijos de sus hijos tienen ahora derecho a seguir hablándolo. Y, por cierto, Tkachenko está difundiendo esta bilis en el Irish Times, que ha sido un enemigo declarado de la lengua irlandesa, que estuvo prohibida durante mucho tiempo en la Irlanda de Vichy y que ha sufrido durante mucho tiempo a los vándalos culturales del Irish Times, Tkachenko, Odolska y los de su calaña.

Después de dar al emigrante económico Odolska y a unos cuantos colaboradores irlandeses varios centímetros de columna para hablar, el artículo vuelve al Lago de los Cisnes, interpretado aquí por los quintacolumnistas de Disney de Putin porque “en Rusia el Lago de los Cisnes tiene un significado subversivo”. Aunque de alguna manera dudo que los soldados rusos que luchan alrededor de Bajmut estén transmitiendo El Lago de los Cisnes para inquietar a sus enemigos, no me sorprende que el Irish Times de la OTAN conceda una plataforma a los filisteos ucranianos y traidores rusos para hacer una crítica tan inane que no estaría fuera de lugar en uno de los golpes cómicos semipornográficos del Príncipe Payaso Zelensky.

Pero luego volvemos a las Pussy Riot, que nos dicen que los iconos culturales, presumiblemente las famosas compañías de ballet rusas, no son más que otro grupo de asalto ruso y que por eso hay que fomentar los actos de terrorismo dentro de Rusia y “pedimos el embargo total a los recursos rusos como el gas, el petróleo y en realidad todos los recursos”. Ningún problema por parte de la OTAN o de los filisteos del Irish Times a ese llamamiento a las armas.

Aunque la autora concluye su basura diciendo que la cultura, la rusa presumiblemente incluida, debería utilizarse para tender puentes, eso, junto con sus intentos de acorralar a la embajada rusa para que le proporcione una declaración bumerán, no es más que un ejercicio para salvar la cara y cubrirse el trasero.

Pero para concluir, ahora debo cubrir el mío. Como la mayoría de los irlandeses, nunca compro el Irish Times, a pesar de que mis impuestos se utilizan para mantener a flote esta hoja de propaganda de la OTAN. Aunque he hecho algunos comentarios despectivos sobre los filisteos, no han sido intencionados y son simplemente el resultado de la mala prensa que los filisteos han recibido desde que Gutenberg inventó la imprenta. Sin embargo, los filisteos pueden estar tranquilos, ya que este artículo y las declaraciones en las que se basa dejan bien claro que la OTAN, el grupúsculo del Reich de Zelensky y sus interesados apologistas occidentales pronto les sustituirán como el alfa y el omega de la barbarie cultural y, sea lo que sea lo que ocurra con los filisteos, en su caso, el oprobio será más que merecido.

—Declan Hayes https://strategic-culture.org/news/2023/01/20/kiev-cancel-culture-continues/

Los nuevos nómadas ya no son los viejos vagabundos de antes

Hace ya casi cinco años que recomendamos el libro de Jessica Bruder, Nomadland, que lleva el subtítulo de “La supervivencia en los Estados Unidos del siglo XXI”. Ahora queremos repasar la película dirigida por Chloe Zhao e interpretada magistralmente por Frances McDormand, en el papel de Fern, una viuda que abandona su hogar y su mundo en un pueblo de Nevada cuya única industria ha sido destruida por la crisis económica.

El capitalismo siempre se parece a sí mismo. Un siglo después vuelve “Las uvas de la ira”, aquella novela de Steinbeck que relató -como ninguna- la Gran Depresión de 1929. Entonces el banco se quedó con la pequeña granja y la familia protagonista buscaba en California una nueva “Tierra Prometida” que no existe.

En el siglo XXI los trabajadores siguen perdiendo su trabajo, luego su vivienda y, finalmente, se convierten en nómadas. Unos 20 millones de personas viven en caravanas en Estados Unidos. También son emigrantes, pero no van a ninguna parte.

En la película la protagonista se echa a la carretera en su furgoneta y pronto descubre que es una de los miles de estadounidenses ancianos obligados a llevar una vida de vagabundos. Recorren las carreteras en busca de trabajo y aparcamiento gratuito.

En una de las primeras escenas de la película, Fern consigue un trabajo temporal en Amazon y se la ve caminando por el enorme almacén, saludando con la cabeza a sus compañeros. Pero en el mundo real los trabajadores de Amazon no se pasean como Fern. Se les obliga a sostener un ritmo frenético. Los trabajadores de más edad, en particular, sufren en estas condiciones, pero -a pesar de ello- Amazon les contrata.

El monopolio logístico se ha dado cuenta del valor de estos trabajadores ancianos y errantes. Obtiene créditos fiscales del gobierno por contratarles porque pertenecen a categorías laborales desfavorecidas, exigen muy poco salario, no tienen prestaciones y no se afilian a ningún sindicato.

A diferencia del libro, que no hace concesiones, la película carga una parte de la responsabilidad sobre la propia protagonista, que rechaza las oportunidades que se le presentan. Es una nómada vocacional, muy al estilo gringo, de los viejos “hobos”, “On the road” o “Easy rider”.

El guión trata un tema inevitablemente político, pero la cineasta lo suaviza porque para hacer una “buena película” hay que rebajar su carga ideológica, sobre todo en los tiempos que corren, cuando al vaso de orujo siempre le añaden cubitos de hielo.

Así queda como una película “personal”, descriptiva más que crítica. El horror del capitalismo, que arroja a los trabajadores a la carretera, hay que verlo como una nueva oportunidad: te deshaces de todo, incluso de tu casa, y puedes ir a donde te de la gana, como Thelma y Louise. A eso le llaman “libertad”. A veces también dicen que eso es lo realmente divertido.

La precariedad es un chollo. En todo el mundo millones de personas ya han perdido la mayor parte de lo que tienen o lo han perdido todo. Los trabajadores deberían empezar a pensar en el decrecimiento, en cómo sobrevivir con lo mínimo en una condiciones económicas cada vez peores, pero con la oportunidad de ser, por fin, “libres” porque la libertad consiste en que te priven de todo lo que te mantiene atado, que son siempre cosas materiales, prescindibles.

¿A quién no le gusta viajar? En Estados Unidos todos los años hay una reunión en Quartzville, Arizona, de los nuevos nómadas que viven en autocaravanas. Se llama la “Rubber Tramp Rendezvous”. Como muestra la película, allí recibes lecciones para hacer más confortable una vieja furgoneta. No puedes sentirte solo. Hay muchos en tu misma situación, lo cual siempre es reconfortante.

Cuando te pregunten “¿A dónde vas?”, responderás que “No hay camino, se hace camino al andar”, porque hoy las personas sólo viajan para ir a algún sitio. Nadie conduce por el simple placer de conducir sin pisar nunca el freno, como los nómadas de verdad.

No es otra película distópica más; es que las utopías ahora son así. Hacen de la necesidad virtud.

Israel trata de silenciar la historia de la limpieza étnica en Palestina

Los grupos de presión de Israel en Occidente andan frenéticos estos días. Están desesperados por desacreditar y denunciar cualquier acto político o trabajo artístico que exponga la fea cara criminal de la ocupación israelí, especialmente en el mundo occidental y sus festivales, foros, universidades y medios de comunicación.

Se trata de un ataque a la libertad de expresión, que antaño fue un pilar de la democracia occidental, pero que desgraciadamente ya no lo es.

Actualmente se está llevando a cabo una feroz campaña contra la película Farha, del director jordano Darin Sallam, que narra la historia de una niña de 14 años cuyo pueblo fue brutalmente atacado por soldados israelíes durante la Nakba de 1948.

Desde su escondite, ve cómo matan a sangre fría a toda una familia, una experiencia que cambia su vida y el futuro con el que soñaba.

El ministro israelí de Finanzas, Avigdor Lieberman, ha proferido una retahíla de insultos contra la película y la cadena Netflix por planear su exhibición. Él y un grupo de organizaciones sionistas pidieron que se prohibiera la película en el Festival de Cannes por considerar que sus creadores son antisemitas, y que no fuera nominada a los Oscar, como había solicitado el Ministerio de Cultura jordano.

El cineasta israelí Alon Schwartz se enfrentó a una campaña de odio similar por su documental sobre la masacre de Latrun, en la que más de 80 prisioneros de guerra egipcios fueron quemados vivos. Sus cuerpos fueron arrojados a una fosa común que luego se pavimentó para crear un aparcamiento y ocultar así cualquier rastro del crimen.

Los grupos de presión israelíes intentan presentar a este Estado como un oasis de democracia, coexistencia, derechos humanos y libertad de expresión, negando y suprimiendo la narrativa palestina y presentándola como antisemita.

Por desgracia, esta repugnante falsificación de la historia cuenta con la complicidad de algunos gobiernos europeos -sobre todo en Londres, Berlín, París y Bruselas-, además de Washington.

Las bandas criminales sionistas desalojaron por la fuerza a más de 760.000 palestinos de sus hogares so pena de muerte antes de la Nakba de 1948, y borraron del mapa más de 450 de sus aldeas, en un plan sistemático de limpieza étnica.

Estos hechos han sido ampliamente descritos y documentados por historiadores israelíes como Ilan Pappé, basándose en testimonios personales y archivos internacionales. La película no hace nada más.

De lo que no se dan cuenta los israelíes es de que están fracasando sus esfuerzos por ocultar su sangrienta historia y las masacres que han cometido y siguen cometiendo contra personas inocentes en la Palestina ocupada, y por impedir que el relato veraz palestino llegue a distintas partes del mundo.

Europa no es el mundo, y los gobiernos europeos no son sus pueblos. Hay medios alternativos, sociales y de otro tipo, que pueden utilizarse. Lo más importante es que la nueva generación de jóvenes árabes y musulmanes -incluidos los palestinos- es muy consciente y creativa, también en las artes, los medios de comunicación y en todo tipo de soportes. Es este cambio acelerado lo que tanto preocupa y asusta a Israel.

El fracaso de sus campañas de desinformación, el amordazamiento de la libertad de expresión y la utilización del arma tóxica del antisemitismo quedaron patentes durante el Mundial de Qatar. Los equipos de televisión israelíes que se encontraban allí quedaron conmocionados por el odio que les mostraron los aficionados árabes y de otros países, incluidos los procedentes de países “normalizadores”.

La llegada al poder de un gobierno abiertamente racista y fascista bajo Benjamin Netanyahu -producto de décadas de criminalidad y supremacismo- puede ayudar a levantar el velo de duplicidad de la fea cara de Israel.

Farha llegará a todos los espectadores con principios del planeta, y el insulto antisemita no ayudará. Aunque no gane ningún premio, conquistará corazones en todo el mundo. Y si Netflix se somete a la presión sionista y lo retira -como han hecho Facebook, Instagram y Twitter al prohibir y excluir contenidos palestinos-, hay muchos otros puntos de venta a los que se puede recurrir.

El director y el equipo de producción de la película merecen todo nuestro apoyo y solidaridad frente a estas campañas nauseabundas.

Esta solidaridad, junto con el enorme apoyo a la causa palestina mostrado por los aficionados árabes y de otros países en el Mundial de Doha -que ondeaban banderas palestinas en sus partidos y se negaban incluso a hablar con los equipos de televisión israelíes- me hace confiar en que esta causa está resurgiendo, apoyada por un resurgimiento de la resistencia creativa en los territorios palestinos ocupados, y que el fin de la ocupación es sólo cuestión de tiempo.

Abdel Bari Atwan https://www.raialyoum.com/israels-war-on-the-palestinian-narrative

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