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Cultura

India cancela un festival de cine israelí por la oposición del público

Uno de los países fundadores de los Brics, India, es hoy uno de los mayores apoyos internacionales que tiene Israel en el mundo. Sin embargo, los indios no están de acuerdo con su gobierno y apoyan a Palestina decididamente.

Por eso recientemente tuvieron que cancelar un festival de cine israelí, que estaba programado para celebrarse en el Museo Nacional de Cine Indio en Mumbai a principios de este mes. La Corporación Nacional de Desarrollo Cinematográfico de la India (NFDC) tuvo que anularlo por la oposición de los espectadores.

Más de mil trabajadores del cine, directores y ciudadanos publicaron una declaración colectiva que se opuso a la programación del festival de cine israelí (1), mientras el genocidio en Gaza continúa desde hace meses.

En su declaración, los firmantes deploran la organización del acto en el contexto actual donde “el mundo entero es testigo de los crímenes de guerra israelíes […] El genocidio está ocurriendo en tiempo real, y el mundo entero es testigo de esta monstruosidad criminal inhumana, que vemos con horror en nuestros dispositivos móviles y pantallas de televisión”.

La NFDC organizó este festival en un momento en que los palestinos están sufriendo los peores crímenes de guerra de las últimas décadas porque es una institución pública respaldada por el gobierno.

En los últimos años India e Israel se han convertido en socios económicos. Comercializan armas y, desde octubre, India ha aceptado enviar decenas de miles de trabajadores a Israel para cubrir su escasez de mano de obra.

El cine indio: un lavado de cara

Pero la decisión del NFDC de organizar un festival de cine israelí va más allá de los vínculos económicos entre ambos países… La NFDC y su predecesora, la Film Finance Corporation (FFC), se crearon para apoyar el cine alternativo que critica la sociedad y las normas, y para servir como medio para la representación del cambio. Pero la institución también es un aparato ideológico del Estado, e incluso del gobierno del momento, contribuyendo a construir la imagen de dirigentes políticos, como la antigua Primera Ministra Indira Gandhi.

Un ejemplo de esto es la película de 1976 Manthan or the Churning, sobre la revolución industrial láctea en la India. Esta película muestra la política de desarrollo desde un punto de vista socialista, destacando principalmente el éxito de los programas gubernamentales.

La película se rodó en pleno estado de excepción y fue “el capítulo más negro de la historia de la India desde su independencia” (2). Impuesto el año anterior, el reinado del terror duró 21 meses. Gandhi necesitaba una película para lavar su imagen pública, lo que se reprodujo en 1980 cuando Gandhi volvió a ser Primera Ministra y entregó 6,5 millones de dólares a la NFDC para financiar una película biográfica que costó 22 millones de dólares. Nunca antes el Estado indio había pagado una suma tan gigantesca por una sola película, que tuvo un falso tonillo épico y una distribución internacional.

El rotundo éxito de la película en los Oscar convalidó la financiación del gobierno indio, especialmente porque la NFDC recibió un tercio de los beneficios mundiales cosechados por la película.

No es de extrañar, pues, que la NFDS intentara organizar un festival de cine israelí durante un fin de semana. Lo que no tiene precedentes, sin embargo, es el rechazo de la sociedad, hasta el punto de cancelar el acto.

El primer y más grande defensor de Palestina: India

Hasta la histórica visita del primer ministro Narendra Modi a Israel en 2017, la India apoyaba la causa palestina, original e históricamente. Jawaharlal Nehru, mucho antes de convertirse en el primer Primer Ministro de la India, dijo en 1936: “El problema de Palestina es, esencialmente, un problema nacional: un pueblo que lucha por la independencia contra el control y la explotación imperialistas. No es un problema racial ni religioso”.

Mahatma Gandhi también expresó su opinión sobre Palestina: “Palestina pertenece a los árabes en el mismo sentido en que Inglaterra pertenece a los ingleses y Francia a los franceses”.

A medida que la lucha por la libertad de India contra el imperialismo británico se intensificó a finales de los años cuarenta del siglo pasado, la posición política de India hacia Palestina no hizo más que fortalecerse. Tras la admisión de Israel en la ONU en 1949, Nehru votó en contra de la partición de Palestina e Israel.

Durante la era de Indira Gandhi (1966-1977), India mantuvo una posición de solidaridad con Palestina. Fue la primera jefa de Estado en reconocer la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), en 1974 y también transformó la oficina de la OLP en una embajada en Nueva Delhi, otorgándole todas las instalaciones diplomáticas disponibles para una embajada.

El dirigente de la OLP, Yasser Arafat, visitó India más de una vez durante el mandato de Indira Gandhi. En 1981 India emitió un sello postal conmemorativo de una rupia con pequeñas impresiones de las banderas de la India y Palestina. En 1983, un año antes del asesinato de Gandhi, India organizó una cumbre del Movimiento de Países No Alineados en la que afirmó una vez más su apoyo a Palestina.

Un giro de 180 grados

El legado de las políticas proárabes de la India cambió después del establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel en 1992, con la apertura de una embajada en Tel Aviv. En aquel momento, el gobierno del Primer Ministro Narasimha Rao alentó las relaciones bilaterales y destruyó la mezquita de Babri Masjid. El cine popular indio dio un giro radical hacia historias reaccionarias, patrioteras e históricamente inventadas como Bombay (1995), Sarfarosh (1999) y Refugee (2000).

Israel suministró municiones a India durante la Guerra de Kargil, un breve conflicto entre India y Pakistán que tuvo lugar de mayo a julio de 1999 en el distrito de Kargil de Jammu y Cachemira y a lo largo de la línea de control.

La NFDC siguió fielmente el cambiante contexto político y se alejó de su objetivo inicial. Lanzó “Cinemas of India” en un intento de ganar dinero distribuyendo más ampliamente sus películas más antiguas producidas en los años ochenta.

Cuando el gobierno reaccionario del BJP llegó al gobierno en 2019, reestructuró las principales instituciones cinematográficas de “servicio público” del país, incluida la NFDC, que ahora funciona de manera diferente.

La cancelación del festival de cine israelí es una pequeña victoria, pero Bollywood, la segunda industria cinematográfica más grande del mundo, sigue el rastro de Hollywood: la causa palestina no existe y el genocidio tampoco.

(1) https://thewire.in/film/nfdc-cancels-israeli-film-festival-after-online-signature-campaign-by-artists-activists
(2) https://iascurrent.com/modern-history/india-after-1947/emergency/

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Cultura

Un cine para la Guerra Fría

La Guerra Fría no fue un enfrentamiento larvado entre dos países, Estados Unidos y la URSS, sino un intento de los imperialistas para impedir la revolución socialista y la liberación de los pueblos oprimidos por el colonialismo.

Para encubrir las verdaderas contradicciones características de aquella época, Estados Unidos ha realizó un enorme esfuerzo propagandístico, que aún no ha acabado. El cine formó parte de aquel velo ideológico. En la época más dorada de Hollywood, el Telón de Acero estuvo vinculado al telón.

Nunca hubo dos contendientes disputando una misma competición, con las mismas reglas. No hubo más que un contendiente que intentaba avasallar a los demás, así como el intento de algunos por escapar del cerco.

El cine refleja justamente esa situación. Hay un protagonista, que es Estados Unidos, que presenta a los demás en un segundo plano, acompañado de un mensaje partidista muy simple: el primero es bueno y los que no se dejan someter son los malos. Los guiones de las películas siempre acaban igual: los primeros triunfan y los segundos fracasan, en un mundo -capitalista- donde no está permitido ser “un perdedor”.

Los que no quieran acabar como “fracasados” deben tomar partido por los “buenos”, hacer lo mismo que ellos. El “estilo de vida americano” es inmejorable y todo el mundo debería vivir como viven los estadounidenses. Es lo que crea esa falta de simetría caracerística del imperialsmo en la posguerra: los que defienden ese estilo de vida son héroes y los que tratan de destruirlo son malvados. Los pueblos no deben vivir conforme a sus propias normas sino a las de Estados Unidos.

En cualquier retórica idelógica, la difusión de un determinado mensaje dominante requiere la censura de los demás. El dogma debe aplastar a la herejía y la verdad a la mentira, que es la esencia de otro de los componentes fundamentales de la Guerra Fría: el macartismo y la caza de brujas con sus akelarres, antiguos, modernos y posmodernos.

La propaganda cinematográfica no se elaboraba en estudios dispersos por el mundo, sino en un mismo centro, Hollywood, que al mismo tiempo estaba férreamente sometido al Comité de Actividades Antiamericanas. La lista negra de personajes vetados para el cine llegó a los 300. No se rodaba el cine que querían los directores y guionistas sino las grandes multinacionales (Metro, Warner, Paramount), que a su vez seguían directrices políticas impuestas a golpe de juicios, encarcelamientos y exilio.

Para difundir el mensaje imperialista, la propaganda cinematográfica creó varios géneros nuevos como el espionaje, la ciencia ficción, la fantasía y, por supuesto, las películas bélicas.

Las películas de ciencia ficción experimentaron un crecimiento notable. Son el reino de la metáfora, la lucha entre la Tierra (Estados Unidos, los países occidentales) y los marcianos, llamados así porque procedían de Marte, “el planeta rojo”, poblado de seres extraños, malignos, que querían lo mismo que la URSS: invadirnos, acabar con “nosotros”.

El género alcanzó cotas paranoicas cuando en los años cincuenta la URSS comenzó a lanzar los primeros satélites artificiales, capaces de dar la vuelta a la Tierra sobrevolando por encima de las cabezas de los estadounidenses, dentro de artefactos siniestros, como los platillos volantes, los cohetes o los ovnis.

El género acaba confluyendo con la gran paranoia, la peor de todas, las armas nucleares, y en suma, con la constatación de que la URSS no era un experimento fallido, incapaz de alcanzar el nivel excelso del “estilo de vida americano”, sino que podía superarlo.

Los sesenta fueron una época muy oscura para este tipo de construcciones ideológicas paranoicas. Si la URSS no era un país de fracasados, si podía ponerse al mismo nivel que Estados Unidos, entonces puede atacarnos y destruirnos. Estamos en peligro, que es la mejor manera de estar que tienen los países occidentales. Todo y todos nos amenazan, vivimos rodeados de riesgos, este mundo está lleno de peligros…

La URSS era algo que había que tomarse muy en serio. En 1960 fueron capaces de derribar un U2 estadounidense, un avión diseñado para que nadie pudiera derribarlo.

La mejor expresión de aquella paranoia fue “Teléfono rojo volamos hacia Moscú”, una película estrenada por Stanley Kubrik en 1964, cuyo título en inglés es aún más fascinante: “Extraño amor: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba”. A la película no le falta de nada, ni siquiera un viejo científico nazi parapléjico (Strangelove, Amor extraño) que asesora a la Casa Blanca porque un experto siempre viene bien: los soviéticos (los comunistas) están contaminando Estados Unidos.

A la película ni siquiera le falta la presencia del actor Sterling Hayden, víctima de la caza de brujas por ser comunista, representando el papel de un general anticomunista que lleva un nombre significativo: Jack El Destripador.

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Lo que está de moda es Corea del sur

El rio Han cruza Seúl igual que el Pisuerga pasa por Valladolid. Dibuja al sur el barrio de Gangnam, el más lujoso de la capital surcoreana, que antes aparecía en las postales y ahora en los vídeoclips. Es el “Gangnam style” que se hizo famoso hace una docena de años, la parte del país que la publicidad quiere mostrar: moderna, avanzada, limpia… la mejor imitación del estilo de vida americano en Asia.

Donde ahora hay rascacielos, tiendas, discotecas y peluquerías, en los años setenta eran sólo terrenos agrícolas. La urbanización de Gangnam se aceleró siguiendo las líneas trazadas por el gobierno militar coreano, que enriquecieron a los propietarios de tierras. Ahora queda el esplendor de la especulación urbanística, un Pedralbes del siglo XXI.

“Gangnam style” fue como La Macarena de Los del Río para la España cañí unos años antes. Sin embargo, internet estuvo por medio, porque ya no triunfa una canción sino un vídeo. El vídeo coreano alcanzó en YouTube las mil millones de visitas por vez primera. Junto con el “Juego del calamar” expresa el “hallyu”, la “ola coreana”, una moda cultural que ha llegado a todo el mundo desde los Juegos Olímpicos de 1988. El término “hallyu” se acuñó en China en la década de los noventa, cuando la cultura coreana comenzaba a extenderse y, en especial, el K-pop, la música pop coreana, el cine, e incluso la comida.

Naturalmente, el turismo se ha disparado. En 2021 el grupo musical BTS, exponente del K-pop, fue el que más vendió en el mundo y actuaron en la Casa Blanca, denunciando el odio contra los asiáticos en Estados Unidos.

Las marcas comerciales coreanas, como Samsung, triunfan… a costa de los trabajadores, que hace unos días han podido convocar, por fin, la primera huelga obrera de su historia, sobre la que los medios de comunicación han guardado un silencio absoluto. Eso queda fuera del “hallyu”; nunca puede estar de moda, como tampoco destapar que tanto el “Gangnam style” como el “Juego del calamar” son otras tantas críticas corrosivas de una sociedad coreana a la que el capitalismo tampoco le sienta nada bien.

En su etapa de rapero el músico coreano Park Jae-sang, conocido como “Psy”, fue multado por sus letras corrosivas y el segundo de sus discos resultó censurado y retirado de la venta. Compuso “Gangnam Style” para ridiculizar a los los nuevos ricos del barrio, su ostentación y su narcisismo.

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Cultura

La herencia soviética en África

En febrero de 1960 se inauguró la Universidad de la Amistad de los Pueblos en Moscú. El objetivo era proporcionar a los estudiantes del Tercer Mundo una educación superior de alto nivel. Entonces nadie se preocupaba por lo que se llamaban “países subdesarrollados”, que empezaban a liberar amarras de las viejas potencias coloniales, que nada habían dejado en pie (y mucho menos universidades).

La iniciativa pasó totalmente desapercibida en los círculos occidentales, pero tuvo un éxito instantáneo. Antes de su apertura recibió cerca de 2.000 solicitudes para 500 plazas disponibles. Las ayudas proporcionadas a cada estudiante seleccionado son apreciables: una asignación mensual, alojamiento en una residencia y, sobre todo, un apoyo educativo impresionante: alrededor de 800 profesores para 4.000 estudiantes.

Los estudiantes africanos fueron tratados como príncipes. Cobraban de 80 a 150 rublos al mes, frente a los 50 a 70 de los becarios soviéticos, cuando el salario medio en Rusia era de unos 100 rublos.

A partir de marzo de 1961 la Universidad tomó el nombre de Patricio Lumumba, el Primer Ministro del Congo que había sido asesinado poco antes por los colonialistas belgas. Tras la caída de la URSS volvió a denominarse Universidad de la Amistad de los Pueblos y el año pasado recuperó el de Patricio Lumumba.

La herencia soviética en África está formada sobre todo por miles de ingenieros, agrónomos, médicos, farmacéuticos, ejecutivos administrativos y del sector privado, técnicos, profesores universitarios y de escuelas secundarias. Han contribuido y siguen contribuyendo a la construcción de los Estados africanos.

A finales de los años ochenta, los etíopes formados en la URSS representaban el 30 por cien de los puestos ejecutivos en el Ministerio de Asuntos Exteriores y casi la mitad de los ejecutivos en los ministerios económicos y las empresas públicas.

Algunos antiguos estudiantes de la URSS y el bloque del este europeo alcanzaron de hecho el nivel más alto en sus países. José Eduardo dos Santos, presidente de Angola desde 1979, estudió en la URSS de 1963 a 1969. Fue el principal dirigente de los estudiantes angoleños en la URSS y se licenció en ingeniería de petróleo y telecomunicaciones en Bakú. Fikre-Selassié Wogderess, Primer Ministro etíope de 1985 a 1987, estudió en el Instituto de Ciencias Sociales de Moscú en 1975. Alemu Abebe, Ministro de Agricultura de Etiopía, estudió medicina veterinaria en Moscú.

En Malí, varios presidentes se formaron detrás del Telón de Acero, entre ellos Alpha Oumar Konaré (1971-1975, Instituto de Historia, Universidad de Varsovia), Amadou Toumani Touré (1974-1975, Escuela Superior de Tropas Aerotransportadas en Riazán, URSS), Dioncounda Traoré (1962-1965, Facultad de Lengua Rusa de Moscú y Facultad de Mecánica y Matemáticas de la Universidad Pública de Moscú).

En el ámbito cultural, la URSS también prestó atención a la formación en las distintas profesiones cinematográficas (operadores, guionistas, directores, críticos de cine, iluminadores). La escuela de cine soviética desempeñó y sigue desempeñando un papel importante en la forma en que los africanos se representan a sí mismos y se oresentan ante el mundo. Entre los cineastas destaca el senegalés Sembene Ousmane, el maliense Souleymane Cissé y el mauritano Abderrahmane Sissako (Tomboctú), por nombrar sólo a algunos que estudiaron en la URSS, principalmente en el Instituto de Cine de Moscú (VGIK).

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Cultura

El expolio francés en Argelia durante la colonización

Los colonialistas lo roban todo; también la cultura. La historia de la colonización francesa en Argelia está marcada por numerosos episodios de expolio cultural. Tras la quinta reunión de la comisión de historiadores franceses y argelinos celebrada recientemente, el gobierno de Argel presentó una lista de objetos robados que Francia tiene que devolver.

Por el momento se desconoce el contenido de la lista, pero las negociaciones previas entre París y Argel sobre las devoluciones han sido largas.

En 2020 Francia devolvió a Argelia los cráneos de 24 combatientes argelinos asesinados al inicio de la colonización francesa. Conservados durante más de siglo y medio en el Museo Nacional de Historia Natural de París, los restos son un símbolo de la resistencia argelina.

Pero un censo de 2018 reveló que el Museo del Hombre de París albergaba un total de 536 cráneos argelinos, 70 de los cuales pertenecen a combatientes de la resistencia de la masacre de Zaatcha cometida en 1849.

En 2012 el Presidente francés François Hollande prometió la devolución del cañón Baba Merzoug que protegía la bahía de Argel desde el siglo XVI y que está instalado en el puerto militar de Brest desde 1833. Pero ahora el cañón Baba Merzoug es propiedad privada del Hotel de Brienne.

El Ministerio de Cultura francés se niega a devolver las llaves de la ciudadela de Argel, entregadas por Dey Hussein al ejército francés tras la capitulación de la ciudad en 1830, porque dice que pertenecen al Museo del Ejército de París.

Durante la visita del Presidente Jacques Chirac a Argelia en 2003, se devolvió el sello del dey de Argel. Este sello fue robado por el mariscal de Bourmont en 1830 durante la expedición a Argel.

En diciembre pasado, el Ministro de Asuntos Exteriores argelino, Ahmed Attaf, dijo que Francia se había negado a devolver la espada y el albornoz del emir Abdelkader.

Las bibliotecas francesas poseen un gran número de libros, manuscritos, mapas y documentos argelinos robados, entre ellos, los 37 manuscritos del emir Abdelkader, expoliados en 1843. Actualmente se conservan en la biblioteca del museo Conde de Chantilly.

La biblioteca personal del jeque El Haddad fue robada durante la insurrección de 1871-1872 y hoy se encuentra en la Biblioteca Universitaria de Lenguas y Civilizaciones de París.

En 2006 Argelia solicitó al gobierno de París la restitución de las cabezas de estatuas encontradas en Cherchell y de copias de grabados de Henri Lhote. Francia ni siquiera prestó atención a las legítimas exigencias argelinas.

Tras un acuerdo firmado en 1968, Francia devolvió 293 obras de arte robadas a Argelia, entre ellas pinturas de maestros como Claude Monet y Auguste Renoir.

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Cultura

Moscú exhibe al aire libre los trofeos militares de la Guerra de Ucrania

Los países de la OTAN han enviado a Ucrania algunos de sus mejores equipos militares por valor de decenas de miles de millones de dólares en un esfuerzo por desangrar a Rusia.

Ayer comenzó en Moscú una exposición al aire libre de algunas de esas armas en el Parque de la Victoria, que recuerda el triunfo sobre Alemania nazi en 1945. Muestra decenas de vehículos militares capturados y piezas de armas de doce países, la mayoría de ellos miembros de la OTAN.

Los equipos ha sido reparados, al menos en parte, para volverlos a poner en funcionamiento y se han cubierto con pegatinas para que los visitantes comprueben los países que más han apoyado al ejército ucraniano.

Las piezas informan sobre los fabricantes, sus características técnicas y tácticas, así como dónde y bajo qué circunstancias cayó en manos de las tropas rusas.

La exposición se ubica en el Parque de la Victoria en la colina Poklonnaya, un complejo conmemorativo dedicado al triunfo del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi. También es el lugar donde Napoleón Bonaparte estuvo en 1812 antes de entrar en la capital rusa durante la invasión militar.

El Museo del Parque de la Victoria ya contaba con una exhibición al aire libre de armas soviéticas y del Eje fascista, capturadas durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy, 79 años después de la capitulación de la Alemania nazi, el complejo ha sido equipado con nuevas armas, recién llegadas del campo de batalla y pertenecientes a la OTAN.

Rusia ha destruido el equivalente a tres ejércitos ucranianos

“Es un gesto: estamos demostrando nuestra fuerza, y en algunas áreas nuestra superioridad, al mostrar el material de la OTAN, no sólo a nuestro propio pueblo, sino también a Occidente”, dijo Alexei Podberezkin, director del Centro de Asuntos Militares.

La exposición sirve “como ilustración de lo que sucederá a continuación con el equipo enviado a Ucrania, incluidas las nuevas armas que comienzan a llegar ahora, incluidos los tanques Abrams, los misiles ATACMS y mucho más”, añadió Podberezkin.

El teniente coronel Earl Rasmussen, un veterano con 20 años de experiencia en el ejército estadounidense, está de acuerdo en que la exposición está diseñada para enviar una señal a Occidente: Rusia está ahí y su ejército es capaz de volver a hacerlo.

Hasta ahora Rusia ha destruido el equivalente a tres ejércitos ucranianos, recuerda Rasmussen. “Las armas, las municiones… la capacidad de producción, la capacidad logística, todo está del lado de Rusia, añade.

“Es superior. Domina la escalada. También hay superioridad aérea y superioridad táctica. El tiempo está de su lado. Y todo esto [la continuación de la guerra] sólo agota a Occidente cada vez más. Desafortunadamente, creo que es un asunto triste para la población occidental. Y además, sus propios dirigentes les mienten”, asegura el coronel.

La exposición de Moscú es básicamente “una vergüenza para Occidente”. Recuerda las decenas de miles de millones de dólares desperdiciados en Ucrania. “Demuestra que los paquetes de ayuda” proporcionados por los países occidentales “no cambiarán el resultado de la guerra y sólo son una pérdida de dinero”, lamenta.

Es también otro recordatorio para Occidente de que su tecnología militar, en particular los Leopard, los Abrams, los Bradley, etc., no son las armas milagrosas que esperaban antes de la anunciada contraofensiva de Ucrania, que chocó contra el muro de las defensas rusas, comenta Podberezkin.

En el campo de batalla estos equipos no son mejores que las armas rusas. Las guerras no sólo las decide el acero, sino también las personas, en primer lugar los comandantes, los dirigentes militares, asegura Podberezkin.

Rasmussen está convencido de que los ingenieros militares rusos ya han examinado los equipos, analizando la capacidad de blindaje, los sensores, equipos de comunicaciones, interoperabilidad, etc. “Estoy seguro de que los ingenieros y diseñadores [rusos] lograron modificar fácilmente el equipo ruso para contrarrestar cualquier prestación que aún no habían abordado”, concluye Rasmussen.

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La ‘Batalla de Argel’ inspira a los estudiantes estadounidenses

En la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, se proyectó la película “La batalla de Argel” a los estudiantes que se manifestaban contra los crímenes israelíes en Gaza.

Estrenada en 1966, “La batalla de Argel” está clasificada entre las 50 mejores películas de todos los tiempos. Evoca uno de los episodios de la guerra de la independencia de Argelia y describe escenas de la lucha contra el colonialismo francés.

Relata la historia de Ali La Pointe, cuyo nombre ha pasado a la posteridad, y la lucha entre el FLN, la organización que dirigió la guerra, y la décima división paracaidista del ejército francés por el control de la Casbah, una historia vecinal de Argel y bastión de la rebelión.

Nominada tres veces a los Óscar y ganadora del “león de oro” en el Festival de Venecia, Oliver Stone aclamó una puesta en escena llevada al límite de la realidad.

La película, dirigida por el italiano Gillo Pontecorvo a partir de un libro de Yacef Saadi, tuvo, desde su estreno, una repercusión internacional, aunque se topó con la censura en algunos países, como Francia o Sudáfrica, bajo el régimen del apartheid.

Siguiendo la lucha de los movimientos de descolonización, la película inspiró numerosos movimientos antiimperialistas, revolucionarios, obreros y estudiantiles del mundo, como el Mayo francés de 1968.

Es un himno a los pueblos oprimidos, víctimas de la injusticia y la segregación. También constituye una lección sobre el papel de los servicios de inteligencia en todo el mundo y policías enfrentados a la guerrilla.

En 2003, después del inicio de la Guerra de Irak, el Estado Mayor del Ejército estadounidense proyectó la película en el Pentágono para mostrar situaciones que las tropas podrían encontrarse sobre el terreno, particularmente en un entorno urbano. “La Batalla de Argel es un modelo para enseñar la guerra de guerrillas urbana y comprender mejor el desarrollo de la guerra en Irak”, declaró Donald Rumsfeld, entonces secretario de Defensa, que asistió a la proyección.

Hoy la película que se proyecta regularmente en la Escuela de las Américas, un centro de entrenamiento militar estadounidense, cristaliza el interés de los estudiantes de la Universidad de Stanford. Es un manifiesto para los pueblos que aman la libertad y luchan por su emancipación.

En la película Larbi Ben Mhidi, uno de los héroes de la guerrilla, que acababa de ser detenido por paracaidistas franceses, respondió a la pregunta de un periodista sobre el uso de cestas para esconder bombas para colocar en cafés y restaurantes de la capital: “Dadnos vuestros bombarderos, nosotros os daremos nuestras cestas”.

Una respuesta que ha resistido la prueba del tiempo y sigue siendo relevante hoy en día. En la guerra de Gaza está, por un lado, Israel, que utiliza bombarderos y medios militares sofisticados para superar los combates palestinos, cuyas armas se limitan a lanzacohetes y ametralladoras.

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Una escritora sudafricana rechaza un premio en Alemania por solidaridad con Palestina

Las poblaciones que han sufrido el apartheid, como Sudáfrica, manifiestan una especial sensibilidad hacia Palestina. De ahí que la escritora Zukiswa Wanner haya rechazado un premio del Instituto Goethe, porque considera a Alemania como cómplice de las matanzas en Palestina.

Es una postura de principios contra el racismo, del que los africanos podrían hablar profusamente. “Me siento incapaz de guardar silencio o de conservar una condecoración oficial de un gobierno tan insensible al sufrimiento humano”, declaró la escritora.

En lugar de estar entre los países que condenan el genocidio, Alemania se ha convertido en uno de los dos mayores exportadores de armas a Israel, dijo la autora en un comunicado de prensa. “Me gustaría que el gobierno alemán, al pensar y decir ‘nunca más’, reconociera que esto nunca debería repetirse para nadie”, escribió.

En 2020 Wanner recibió la Medalla Goethe, una condecoración oficial de Alemania otorgada por el Instituto Goethe, que premia a personas “que han prestado servicios excepcionales al intercambio cultural internacional y a la educación de la lengua alemana”.

“¿Qué significa ser escritora si no puedes ser un espejo de la sociedad, criticarla y también aplaudirla?”, se preguntaba la autora en unas declaraciones a la televisión.

Un viaje a los territorios palestinos ocupados para el Festival de Literatura Palestina (PalFest) en mayo del año pasado llevó a Wanner a establecer paralelismos con el régimen de apartheid en Sudáfrica, de donde es originario su padre, un exiliado político.

La experiencia le abrió los ojos para conectarse con artistas y militantes palestinos que desafiaron el apartheid israelí, encontrando formas de viajar, comunicarse y apoyar a las familias de los demás cuando las personas estaban encarceladas.

Al relatar su viaje, recuerda que, durante las negociaciones para poner fin al apartheid, a los sudafricanos se les concedió el derecho al retorno, que niegan a los palestinos. Las políticas de segregación, toques de queda y restricciones de movimientos que observó en Palestina, le recordaron las experiencias de las personas negras y mestizas en Sudáfrica.

“En Sudáfrica los negros fueron deportados a tierras étnicas conocidas como bantustanes. Son precursores, en mi opinión, de la llamada ‘Área A’ en Palestina, que sería gobernada por los palestinos de forma independiente, pero donde las fuerzas israelíes pueden entrar y tomar como rehenes a personas, de manera arbitraria”, denunció.

Al reflexionar sobre estas similitudes y su herencia sudafricana, Wanner dijo que veía la resistencia anticolonial como un movimiento trascendental en el que cada alma consciente debe hablar. “No es necesario ser de un país con una historia de apartheid para ver las injusticias e indignidades diarias infligidas a los palestinos”, dijo al anunciar su decisión de devolver la medalla.

Desde el 7 de octubre, Alemania se ha distanciado de los artistas, debido a su postura hacia el Estado de Israel, a pesar de que este país no aplica los Acuerdos de Oslo, según Wanner.

La autora señala, además, que en el Festival de Cine de Berlín, durante el cual el cineasta palestino Basel Adra y el periodista israelí Yuval Abraham recibieron el premio al mejor documental por su película “No Other Land”, que denuncia la destrucción de las aldeas palestinas en la Cisjordania ocupada, el ministro alemán de Cultura aseguró que sólo había aplaudido al productor israelí de la película.

“La historia de Sudáfrica tiene un término para esto: pequeño apartheid”, añadió.

Wanner señala que generalmente los países del Tercer Mundo se apoyan entre sí frente a las injusticias en todo el mundo, mientras que, con el tiempo, los estados con pasado colonialista experimentan una brecha cada vez mayor entre ellos y sus poblaciones.

“Reino Unido, clave para la Commonwealth –aunque no sabemos exactamente quiénes son los plebeyos de esta riqueza–, también enfrenta serios problemas, porque parece que muchos británicos ahora tienen los ojos abiertos ante la complicidad del gobierno y la oposición” con Israel, añade Wanner.

La escritora no sólo rechaza una distinción simbólica, sino que critica la participación de las potencias coloniales en la opresión internacional y hace un llamamiento a Alemania para que se enfrente su legado histórico de violencia en Namibia y Tanzania.

Nacida en Zambia de padre sudafricano y madre zimbabuense, Wanner ha recibido numerosos galardones internacionales, como el Premio Literario Sudafricano, el Commonwealth Best Book Africa y el Premio Herman Charles Bowman.

La sudafricana estableció su propia editorial para promover la literatura africana y encabeza proyectos destinados a fomentar un mayor compromiso literario entre los pueblos de África.

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Por primera vez desde la Revolución de Octubre Ucrania celebra la Navidad esta noche

Por primera vez desde 1917 Ucrania se prepara para celebrar esta noche oficialmente la Navidad. Occidente les ha cambiado hasta el calendario a los ortodoxos, que la celebran el 7 de enero, siguiendo el calendario juliano.

Es consecuencia de una ley aprobada el 28 de julio por Zelensky. “El pueblo ucraniano ha estado sujeto durante mucho tiempo a la ideología rusa en casi todos los ámbitos de la vida, incluido el calendario juliano y la celebración de la Navidad el 7 de enero”, dice la nota explicativa de la ley aprobada por la Rada.

Sin embargo, prosigue el texto, “la lucha exitosa […] por su identidad contribuye a la conciencia y al deseo de cada ucraniano de vivir su propia vida, con sus propias tradiciones, sus propias fiestas”.

La Iglesia ortodoxa ucraniana, que se ha escindido de la rusa, también ha cambiado su calendario, porque esa es la única tradición en los países del este de cnfesión ortodoxa.

La decisión de trasladar la Navidad forma parte de una serie de medidas absurdas que el gobierno ucraniano ha tomado en los últimos años para distanciarse de Moscú. Se trata de “la continuación de un cambio cultural significativo en el país: el último intento de erradicar la influencia de Moscú en Ucrania”, dice la BBC. “La adopción del calendario gregoriano occidental es también un signo del continuo deseo de Kiev de alinearse con Europa”, concluye.

Pero el año pasado muchos ucranianos ya se pasaron al calendario gregoriano y celebraron la Navidad la noche del 24 al 25 de diciembre.

La ley ilustra que se ha ampliado entre la brecha entre las iglesias de Kiev y Moscú desde hace varios años, una escisión forzada por el gobierno de Kiev, que ha cerrado las numerosas parroquias que no han aceptado el cisma.

Situada durante varios siglos bajo la supervisión religiosa del Patriarcado moscovita, la Iglesia ortodoxa ucraniana fue declarada autocéfala e independiente del Patriarcado de Moscú en 2019.

En mayo del año pasado, la Iglesia ucraniana que se mantuvo fiel a Moscú, también declaró su independencia como reacción al apoyo a la guerra expresado por el patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa, Cirilo.

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Cultura

La ‘mala conciencia’ llega al cine con un genocidio al más puro estilo americano

Recientemente el actor Robert De Niro acabó el rodaje de la última película del director Martin Scorsese, “Los asesinos de la luna”, que ya se ha estrenado. Fue premiada por Gotham y el acto oficial de entrega se celebró el 27 de noviembre con la solemnidad que acostumbra esta industria.

El argumento no puede ser más estadounidense: hace un siglo la tribu osage descubrió que su reserva de Oklahoma estaba encima de un mar de petróleo y desde ese mismo momento los asesinatos de indios se suceden unos a otros.

Una vez más, la historia se repite. El “hombre blanco” no extermina a los osage porque sean indios sino para robarles su petróleo y, como el asesino es el sheriff, hay que crear una policía paralela, el FBI, que dio sus primeros pasos entonces destapando a los autores del genocidio.

En la ceremonia De Niro se subió al escenario y, después de leer algunos comentarios sobre la película, dijo que la primera parte de su discurso había sido manipulado en el teleprompter. “El comienzo de mi discurso fue editado, cortado y yo no lo sabía”, anunció al público.

Entonces sacó su móvil para leer el discurso original que llevaba preparado, incluida la parte eliminada de su comentario: “La historia ya no es historia, la verdad no es la verdad. Incluso los hechos son reemplazados por hechos alternativos e impulsados ​​por teorías de la conspiración y fealdad”.

Luego arremetió contra dos de sus objetivos favoritos, Trump y la industria cinematográfica, en este caso por el trato dispensado a los nativos americanos a lo largo de la historia. “Las mentiras se han convertido en una herramienta más en el arsenal del charlatán [Trump]. El expresidente nos mintió más de 30.000 veces durante sus cuatro años en el cargo y mantiene el ritmo en su actual campaña de represalias. Pero a pesar de todas sus mentiras, no puede ocultar su alma. Se aprovecha de los débiles, destruye los dones de la naturaleza y falta al respeto, por ejemplo utilizando a ‘Pocahontas’ como insulto”.

La multinacional Apple, productora de la película, fue la responsable de la censura. El acto era publicitario. Querían que el actor se centrara en la película, no en la industria, de la que Apple forma parte. Los que ponen el dinero son así de estrictos cuando se tata de recuperar la inversión.

Desde luego que en la publicidad no cabe “la política”, ni tampoco aprovechar la situación para lanzar críticas desagradables. Todo tiene que ser bonito y divertido.

En 2017, cuando aún era presidente, Trump había llamado “Pocahontas” despectivamente a la senadora Elisabeth Warren (del partido contrario) en un acto de desagravio hacia los nativos americanos. Es propio de su estilo faltón y chulesco, como también es propio de la industria cinematográfica, que durante décadas, desde los tiempos de Griffith, lo que ha llevado a las pantallas del mundo entero el genocidio inverso: las matanzas de los colonos americanos por los malvados indios.

Pero el acta de nacimiento de un país esencialmente colonial no se puede esconder eternamente. El ladrón ha sido sorprendido “in fraganti” y ahora aparece la “mala conciencia” del cine (que es el cine estadounidense). Ha llegado el momento de pedir disculpas. Los indios no eran los malos. A partir de aquí una mentira se sustituye por otra y es natural que un presidente de Estados Unidos siga mintiendo otras 30.000 veces en sus cuatro años de mandato.

En el acta de nacimiento de Estados Unidos, además de los colonos y los colonizados, están las mentiras. Sin ellas nunca hubiera llega a ser lo que es hoy. Por eso llegará otro momento en el que vuelva la “mala conciencia” y la industria cinematográfica haga lo mismo con los vietnamitas que con los indios, por ejemplo. Ocurrirá dentro de otras tantas décadas, cuando ya no pueda entrar en el discurso político, en la práctica, sino sólo en una anécdota histórica, del pasado lejano.

Mientras tanto, en la candente actualidad, los palestinos son los indios de este momento y también padecen una ola de asesinatos peor que la de los osage y lo que escuchamos siguen siendo mentiras, con una película del sionista Steven Spielberg en ciernes.

En fin, la industria cinematográfica no puede dejar de ser una industria. Pero quien ocupa la Casa Blanca ya no es Trump, sino Biden, que no es ningún advenedizo y De Niro hizo campaña en su favor durante las últimas elecciones.

Desde el inicio de su carrera política en 1971, ¿cuántas mentiras ha contado Biden? Es una pregunta difícil. Es mejor preguntar si Biden ha dicho alguna vez la verdad en su vida. Pero si el presidente de Estados Unidos no cuenta la verdad, ¿quién lo hará?