Los Acuerdos de Oslo acabaron con la solución de dos Estados en Palestina hace 30 años

Hace 30 años las grandes cadenas de comunicación celebraron la firma de los Acuerdos de Oslo. En las fotos aparecían el Presidente de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasser Arafat, y el Primer Ministro israelí, Isaak Rabin, en el balcón de la Casa Blanca, junto a Bill Clinton.

Había motivos para la fiesta. La URSS ya no existía y la paz llegaba a Oriente Medio. Según decían, en Palestina coexistirían dos Estados: uno para los judíos y otros para los árabes.

Hoy lo único cierto es que Arafat fue asesinado, Rabín también y en Palestina la guerra empeora a cada momento.

En la segunda mitad de los setenta la OLP, el Movimiento de Países No Alineados y la URSS establecieron dos principios fundamentales para solucionar la guerra en Palestina. El primero fue declarar que un Estado palestino independiente en Cisjordania y la Franja de Gaza era una condición necesaria para una resolución pacífica de la guerra. El otro, que los asentamientos israelíes eran una violación del Cuarto Convenio de Ginebra y un obstáculo importante para la paz.

En los ochenta ambos principios gozaron de un apoyo masivo dentro de la ONU, con la excepción de Israel, naturalmente.

Los Acuerdos de Oslo marcaron la desaparición de esos dos principios fundamentales. El debilitamiento de la URSS se contagió al Movimiento de los No Alineados y la OLP. En Palestina aparecieron nuevos protagonistas de la resistencia, como Hamas, y surgió la Primera Intifada. Hamas nunca se incorporó a la OLP ni reconoció los Acuerdos de Oslo.

Apoyado por Estados Unidos, Israel utilizó los Acuerdos de Oslo para crear un nuevo marco de negociación que desafió los dos principios básicos. Los Acuerdos omitían cualquier referencia a dichos principios. A partir de entonces todo era negociable, sobre todo si el interlocutor era una Autoridad Palestina plenamente sometida a Israel y opuesta a la resistencia de su pueblo.

En el marco de los Acuerdos, Israel dejó de ser considerado como el principal obstáculo para la paz en la región y aprovechó el momento. Estableció una vasta red de puestos de control de seguridad para los palestinos y carreteras de circunvalación que permitían a los israelíes viajar directamente desde los asentamientos a Israel, lo que trastornó la vida cotidiana de los palestinos y cortó la contigüidad palestina entre Cisjordania y Gaza.

También incumplió los acuerdos de retirada de los territorios ocupados, sin lo cual el Estado palestino era inviable. Eso provocó el descontento entre los palestinos en la primavera de 2000 y, desencadenó la Segunda Intifada.

Ahora Israel rechaza incluso las versiones más rudimentarias de un Estado palestino propuestas por Estados Unidos durante las últimas dos décadas. No se retira de los territorios ocupados sino que coloniza otros nuevos.

Por parte palestina, lo han perdido todo y ya no queda nada más que perder. Tampoco hay nada que negociar. Cuando Hamas no acepta la fórmula de dos Estados y exige la desaparición de Israel, tiene razón.

Cuando en 2004 Hamas recula y acepta una tregua en las fronteras de 1967, la respuesta de Israel es siempre la misma: un bombardeo que asesina al jeque Ahmad Yassin, el fundador del movimiento.

En un documento publicado en 2017, el movimiento islamista volvió a aceptar la creación de un Estado palestino provisional en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este dentro de las fronteras de 1967. Nadie hizo mucho caso…

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