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Harkis: si Roma no paga a los traidores, ¿qué porvenir les espera?

Entre las leyes que la historia cumple siempre rigurosamente se incluye la de que “Roma no paga a los traidores”. Nunca, porque en cualquier sociedad no hay cosa más despreciable que la traición.

En Argelia a los traidores los llaman “harkis”. Fueron los que durante la descolonización no se pusieron del lado de los suyos, sino del colonialismo. Tras la liberación fueron perseguidos en su propio país y ejecutados ignominiosamente. Unos 50.000 lograron huir a Francia, donde llevan una existencia infernal, junto con sus familias.

En África nadie les quiere por colaboracionistas y en Europa son despreciados por ser moros y musulmanes. Cada 19 de marzo se manifiestan regularmente contra los Acuerdos de Evian por los que Francia concedió la independencia.

Sin embargo, hay gente compasiva que se apiada de ellos, como el Presidente de la República, que el 25 de setiembre les recibió en el Elíseo con los honores propios de la ocasión. Macron lo había prometido durante su campaña electoral.

Pero “en política” hay que poner una vela a dios y otra al demonio. La historia siempre pasa factura, tarde o temprano. Es otra de sus leyes inexorables. Hace un año, cuando Macron estuvo en Argel tuvo que pagar el peaje correspondiente y calificar la colonización francesa como un crimen contra la humanidad, “una verdadera barbarie”, dijo, ese pasado que “debemos mirar de cara para presentar excusas”.

Con los años los colonialistas se arrepienten de sus crímenes, pero no mucho. Nunca hubieran sido lo que son sin sus colonias (y sus crímenes).

Los “harkis” ni siquiera pueden hacer ese doble juego y no les gustó nada que Macron los calificara de “criminales” porque hace 60 años ellos tenían una percepción opuesta de la situación política. Creían que ellos eran los buenos y que el FLN era una organización terrorista que ponía bombas y mataba a personas inocentes.

Hoy Catalunya también tiene sus “harkis”, que defienden el artículo 155 y se ven a sí mismos como españoles cien por cien, e incluso como ambas cosas. Se creen en el lado bueno de la contradicción, pero lo confunden con el lado fuerte. Son los esclavos que están de parte de sus amos, los que suponen que la historia es una foto fija y que la balanza se inclinará siempre del mismo lado.

Como los “harkis”, en el futuro vivirán una existencia indigna (en cualquier parte donde vivan). No sólo ellos, sino también sus familias, sus hijos y sus descendientes. El auténtico pecado original es la traición y pasa de una generación a otra.

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Se cumplen 30 años del asesinato de Thomas Sankara

La figura del líder burkinés, de cuyo asesinato se cumplirán tres décadas el próximo 15 de octubre, se ha convertido en un mito vigente que trasciende las fronteras de África. Mientras, su muerte sigue sin estar clara.

Su rostro está en camisetas, chapas y pegatinas allá donde se mire. Sus discursos se escuchan una y otra vez en la sede de movimientos ciudadanos y en las aulas de las universidades. Dirigentes de todos los rincones del continente, estudiantes y campesinos citan sus frases. Fue el presidente de un pequeño y pobre país africano tan solo durante cuatro años, pero su legado revolucionario ha traspasado las fronteras de Burkina Faso y está hoy presente y vivo en el mundo. Este 15 de octubre se cumplen 30 años de su muerte por orden de su amigo y compañero de armas, una traición en toda regla. Aún se busca su cadáver. Si Latinoamérica tuvo a su Che Guevara, África vibra con su Thomas Sankara.

Sentado sobre una precaria silla de un maquis (bar) que se asoma a la avenida Babanguida de la capital burkinesa, Fidèle Toé saborea una bebida fría. Amigo personal de Thomas Sankara, del que fue su director de gabinete y luego ministro de Trabajo, sonríe cuando le preguntan por él. “¿Su legado? Es inmenso y está muy presente, no sabría por dónde empezar”, asegura. Basta con cruzar la calle y caminar un poco para llegar a la sede del Partido Sankarista, que se proclama heredero de sus ideas. Tanto como los jóvenes que forzaron la caída de Blaise Compaoré con un alzamiento popular en noviembre de 2014 y que le tenían presente en cada discurso, en cada ceremonia. Como los actuales gobernantes del país, que pretenden hacer justicia sobre su muerte tras tres décadas de silencio y bloqueo. Como cantantes, artistas e intelectuales de media África. Todos lo reivindican.

En Dakar, el rapero Didier Awadi compone y graba sus canciones en su estudio llamado “Sankara”. El reggaeman marfileño Tiken Jah Fakoly se considera de la generación del capitán burkinés y le rinde homenaje en cada concierto, en cada entrevista. “Le llevaremos siempre en el corazón”, dijo recientemente. Hace solo un año, el expresidente ghanés Jerry Rawlings, su amigo personal, lo expresó con nitidez en Uagadugú durante el 29º aniversario de su muerte: “Sus ideas están de actualidad”. Y el economista senegalés Ndongo Sylla le considera un “precursor de la buena gobernanza y un modelo de la gestión virtuosa de las finanzas públicas”. Pero, ¿cuáles son esas ideas?, ¿qué fue lo que hizo para que su legado siga vivo pese a que fue intencionadamente ocultado y arrastrado por el barro?

En 1983 el joven capitán Sankara, con solo 33 años, se convertía en presidente de Alto Volta tras un golpe de Estado. Además de destacado miembro de la Agrupación de Oficiales Comunistas, era un antiimperialista, panafricanista y feminista convencido. Creía en las capacidades del continente y de sus gentes, pero sabía que había que empezar por uno mismo. Sus políticas definían un pensamiento claramente revolucionario: renombró a su país como Burkina Faso (el país de los hombres íntegros), confiscó las tierras a los latifundistas para dárselas a los campesinos, organizó grandes campañas de alfabetización y vacunación, prohibió la mutilación genital femenina y los matrimonios forzosos…

Si alguien conoce bien en España su figura ese es el escritor Antonio Lozano, autor de la galardonada novela El caso Sankara. “Muchos fueron los logros de la revolución sankarista”, explica, “la lucha contra la corrupción fue uno de los más espectaculares y el primero en dar ejemplo fue él mismo, manteniendo su modesto sueldo de capitán, adoptando como coche oficial el más barato del país en ese momento, dejando claro que los tiempos del nepotismo quedaban atrás al prohibir a sus familiares directos el acceso a la función pública. La lucha en favor de la igualdad de género fue otra de las grandes batallas de Sankara y las medidas que tomó en ese ámbito revolucionaron la situación de la mujer en la sociedad burkinesa. Los avances en el campo de la economía –con una reforma agraria que logró el autoabastecimiento en cereales–, de la educación o de la sanidad fueron objetivos clave de la profunda renovación del país que Sankara se había propuesto”.

No fue solo el Renault 5 como coche oficial, también ordenó a sus ministros viajar en clase turista (“Vais a llegar al mismo tiempo que los demás”, les dijo) y les instó a vestir y consumir productos locales, empezando por él mismo. En julio de 1987 intervino en una cumbre de la Organización para la Unidad Africana (OUA) en Adís Abeba para pedir a los líderes africanos que se negaran a pagar la deuda externa, un yugo que impedía avanzar a los jóvenes estados. Y añadió: “Si Burkina Faso es el único país que lo hace, yo no estaré en la próxima conferencia”.

Tres meses después lo habían asesinado de manera brutal junto a 12 de sus colaboradores y a instancias de su camarada y amigo Blaise Compaoré. Para entonces, su discurso generaba inquietud en el exterior y sus acciones habían pinchado en hueso en el interior. Él sabía que su final podía estar cerca. “Aunque los revolucionarios, como los individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrá matar sus ideas”, había dicho días antes.

La revolución de las ideas

A juicio de Lozano, “quizá fue en la transformación de las mentalidades donde la obra de Sankara ha pervivido con más fuerza. El burkinés pasó de ser el eslabón más bajo de la cadena de la miseria saheliana para convertirse en el protagonista de una aventura política insólita que despertaba la admiración de millones de africanos. Sankara era el presidente que todos querían para sí, el referente que demostraba que África sí puede avanzar en la transformación política y social por sus propios medios”. Precisamente por eso lo asesinaron, opina el escritor afincado en Gran Canaria.

Para entonces, “la revolución vivía ciertas derivas, como juicios populares sin posibilidad de defensa, ejecuciones o despidos masivos”, asegura Toé, “era imposible controlar a todos los colaboradores, la gente estaba entusiasmada y se cometieron excesos”. Y los enemigos del régimen, la clase media amenazada, aquellos que defendían intereses extranjeros o los jefes tradicionales que vieron recortados sus privilegios, aplaudieron la desaparición de Sankara. Sin embargo, para la combativa izquierda africana fue un impacto brutal. Al igual que Sylvanus Olympio, Patrice Lumumba, o Amílcar Cabral, otro líder africano que se había atrevido a alzar la voz frente a Occidente caía asesinado. Tres décadas después, su cadáver sigue sin aparecer.

A juicio de Bruno Jaffré, considerado su mejor biógrafo, Sankara fue el último dirigente revolucionario de la África contemporánea. No es fruto del azar que la única primavera africana que realmente terminó con la caída de un dictador estos últimos años tuviera lugar en Burkina Faso en 2014. El lema de esta insurrección popular fue “La patria o la muerte”, el eslogan de Sankara. Su mensaje se trasmitió a las siguientes generaciones, permaneció vivo en la memoria de los burkineses y fue esta memoria la que salió a la luz durante la caída del régimen de Compaoré, la que dio fuerza a los manifestantes. Pero también es una leyenda para una parte de la juventud de otros países africanos. Su nombre es conocido por todos, incluso si no se conoce en profundidad la amplitud de las reformas que puso en marcha, según dijo en una reciente entrevista concedida al periódico Liberation.

Su cuerpo y los de una docena de colaboradores con los que estaba reunido fueron desmembrados y enterrados, supuestamente, en una fosa común localizada en el cementerio de Dagnoën, en Uagadugú, a donde cada 15 de octubre acuden miles de personas a rendirle homenaje. Sin embargo, el silencio y el bloqueo impuestos por el nuevo régimen impidieron que avanzara la investigación sobre su muerte hasta que la sublevación popular de noviembre de 2014 derroca a Compaoré y el camino queda expedito para localizar sus restos.

En busca de la verdad

El proceso de identificación del cadáver se inicia en 2015 con la exhumación de los cuerpos, la toma de muestras y la realización de pruebas de ADN, primero en Francia y luego en un laboratorio de Santiago de Compostela. Sin embargo, los resultados no son concluyentes y no se puede establecer ningún perfil genético. Para mayor embrollo, un estudio topográfico realizado en marzo pasado en los terrenos del Conseil de l’Entente, el lugar donde asesinaron a Sankara y a sus camaradas, revelaba la existencia de tumbas no identificadas. Automáticamente, el juez de instrucción François Yaméogo abre una investigación. La paradoja es que este descubrimiento se produce a raíz de los trabajos previos para la construcción de un memorial en honor de Sankara.

Considera Jaffré en la citada entrevista que su pensamiento está vigente porque “cuando releemos su discurso sobre la deuda externa encontramos las problemáticas que se imponen ahora a numerosos países europeos, como Grecia. ¿No es la deuda un instrumento de sumisión? El discurso de Sankara recoge los argumentos de quienes militan contra la legitimidad de esas deudas. Rechazó someterse al FMI y la ayuda condicionada a las reformas dictadas desde el exterior. Era antiimperialista sin ser dogmático. La mundialización, la omnipresencia de los dictados del FMI y del Banco Mundial siguen siendo desafíos del mundo actual. Por otra parte, Sankara, influido por el ecologista René Dumont, es el primer dirigente político que denunció la responsabilidad humana en la degradación del medioambiente. Pero también defendió la emancipación de las mujeres, rechazó la alienación cultural, lo que no significaba la negación de la cultura dominante pero sí la valorización de una doble cultura, y se preocupó por la dependencia económica de su país, impulsando la industria de transformación del algodón, principal recurso de Burkina Faso”.

Para Antonio Lozano, “el discurso de que África no puede salir adelante sin la tutela occidental sigue vivo, y así seguirá mientras los recursos naturales del continente sean indispensables para el funcionamiento de la maquinaria industrial del Norte. Aceptar referentes como el de Sankara contradice a las claras ese discurso que tanto ha calado en el imaginario de la ciudadanía occidental, como ya antes lo habían hecho los estereotipos fabricados para justificar la esclavitud primero, la colonización después. Sankara debía desaparecer para dejar de ser la esperanza de los pueblos africanos, la voz que reclamaba la unidad del continente, que clamaba contra la injusticia de la deuda externa y se oponía a su pago”.

A su juicio, el nombre de Compaoré ha terminado hundido en el lodo de los dictadores corruptos africanos, mientras que el de Sankara, hoy más que nunca, se sigue alzando como uno de los referentes indispensables de la política del continente, aunque por desgracia no exista en estos momentos nadie en Burkina Faso con el carisma necesario para tomar el relevo de la profunda transformación emprendida por el presidente de los pobres en los años 80. En torno a él y a su obra se elevó un muro de silencio que aún permanece en pie y que tiene el objetivo de que su nombre no signifique nada fuera de las fronteras del continente negro, donde sigue siendo el líder que todos querrían para sus pueblos. Con vistas al 30 aniversario de su asesinato, desde diferentes ciudades del mundo se sigue trabajando para abrir en ese muro fisuras que dejen pasar la voz del hombre que dio a su país el nombre de aquello en que lo quiso convertir: la tierra de los hombres íntegros.

—José Naranjo http://mundonegro.es/ideas-no-murieron/


Una imagen muy poco habitual del dirigente africano

Más información:
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— Se paraliza la investigación del asesinato del Che Guevara africano
— Golpe de Estado en Burkina Faso

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África descabalga a Neson Mandela de su pedestal de leyenda

Cuando un personaje, como Mandela, ha acaparado durante los últimos años de su vida, los titulares de los medios de comunicación del mundo entero, hasta acabar siendo una leyenda, es porque hay gato encerrado. Nadie pasa tan rápidamente de un anonimato de décadas de cárcel al pedestal de la Jefatura del mismo Estado que lo mantuvo preso.

Incluso aquellos a los que engañó se les empieza a caer la venda de los ojos en la misma Sudáfrica. “¿Qué concesiones realizó a los que habían sostenido el criminal régimen de apartheid, uno de los más sanguinarios del siglo pasado?” La tentación de hacer un paralelismo con la transición española es irresistible…

El 6 de mayo nuestro admirado Jean Paul Pougala, el vendedor de mangos silvestres en el mercadillo de Dakar, lanzaba la primera salva de artillería: “No, Mandela no es mi héroe”, escribió Pugala. La situación es peor que en la época del apartheid. Ahora la minoría blanca vive su mayor época de esplendor económico, mientras la población negra se sumerge en la miseria.

En 1994 Mandela homologó la República Sudafricana al resto de países africanos. Los billetes sudafricanos llevan la efigie de Mandela pero quienes dirigen el Banco Central son los mismos blancos racistas de siempre, a los que el antiguo preso abrió las puertas del Continente Negro.

El capital financiero sudafricano exporta ahora más capitales que nunca al resto de África. En 2012 el fondo PIC (Public Investment Corporation) y el Nedbank se aduañaron del Ecobank. El primero se creó en 1911 para gestionar los fondos de pensiones de los funcionarios sudafricanos. La minoría blanca controla el 95 de su capital, estimado en 100.000 millones de dólares.

El Nedbank es la filial de la empresa de seguros británica Old Mutual, que con un 20 por ciento del capital controla la dirección y compite con otros capitales africanos en condiciones muy ventajosas gracias a un gobierno africano “negro”. Lo mismo se puede decir de otros grandes capitales que circulan con un falso marchamo “africano”, a pesar de estar dirigidos por empresarios blancos, cuando no sucursales británicas.

El imperialismo quiso que Mandela fuese un ejemplo no sólo para los dirigentes africanos sino para la misma población, pero en Sudáfrica la población negra empieza a apercibirse de que el ANC, la organización que pactó el fin del apartheid, les ha traicionado. Muchos barrios están al borde de la revuelta. Los grupos más activos empiezan a mirar a Robert Mugabe, el ogro de los imperialistas, que siguió el camino opuesto al de Mandela en Zimbawe.

El apartheid no se ha acabado: es otra falsedad. Un europeo no tiene ningún problema para entrar en Sudáfrica. Ni siquiera necesita visado, algo imposible para cualquier africano. Las mejores tierras para los cultivos siguen siendo propiedad de los blancos…

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La fiscal del Tribunal Penal Internacional reconoce actuar a las órdenes del imperialismo francés

Recientemente un testigo admitió haber sido sobornado y presionado por la fiscal del Tribunal Penal Internacional, Fatú Bensuda, para que declarara en contra del antiguo presidente marfileño Laurent Gbagbo, de lo que se arrepintió a última hora.

Ahora quien levanta el velo de las vergüenzas es la propia fiscal, quien ha confesado literalmente lo siguiente: “No hay nada serio contra Gbagbo; el juicio no es más que una presión política procedente de Francia contra la que nada puedo hacer” (1).

El que paga manda y el infame séquito de jueces y fiscales del Tribunal no sólo lo ha nombrado Francia, sino que es Francia quien, además, lleva varios años pagando sus emolumentos para que mantengan en pie este montaje de altos vuelos.

Tampoco es de extrañar, por tanto, que la mayor parte de los países africanos tengan intención de abandonar en bloque el tratado que aprobó la creación de dicho Tribunal como otra forma más de que las viejas potencias coloniales se inmiscuyan en los asuntos internos del Tercer Mundo con la manoseada excusa de los derechos humanos. Es un auténtico escándalo internacional que, dentro de unos días, la Unidad Africana vaya a pedir a sus miembros que salgan del Tribunal.

En África el primero de los derechos humanos es que los imperialistas se vayan del Continente, llevándose consigo sus tropas expedicionarias, sus mercenarios, sus ONG, sus misioneros y sus empresas de saqueo.

En Costa de Marfil -según el periódico sudafricano Cape Times- Francia organizó cinco golpes de Estado durante el mandato de Gbagbo, que había ganado las elecciones en 2000. Más que detenido, fue secuestrado por el ejército francés en 2011, y desde entonces permanece recluido en la cárcel (2).

Los mismos que promovieron el golpe, los imperialistas franceses, son los que luego detienen a Gbagbo y a su familia, los torturan (incluidos a los niños pequeños) y los llevan a La Haya para hacer una pantomima de juicio. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen; son los policías, los fiscales, los jueces y los carceleros.

“No se trata sólo de que los africanos sean los únicos sometidos a esta institución -dice el periódico sudafricano- sino también de que las grandes potencias, y Francia en particular, han logrado manipular seriamente al Tribunal y utilizarlo para sus propios intereses estratégicos en el Continente”.

Las restricciones impuestas durante el mandato de Gbagbo a los manejos de las multinacionales francesas en Costa de Marfil, eran un ejemplo que podía extenderse al resto del Continente Negro, poniendo en peligro los intereses imperialistas, añade el Cape Times, que pone un ejemplo paradigmático de lo que está ocurriendo en África.

En lugar de conceder las adjudicaciones directamente a las empresas francesas, al gobierno de Gbagbo se le ocurrió sacarlas a subasta. En la licitación de un puente, mientras los contratistas francesas pusieron un precio de 200.000 milllones de francos CFA, los chinos se comprometieron a construirlo por 60.000 y, naturalmente, el gobierno no dudó ni un minuto.

Lo mismo ocurrió con la banca, los seguros, el transporte, el comercio de cacao y la energía, donde las empresas francesas tuvieron que empezar a competir con las de otros países, como China. En sus antiguas colonias, afirma el periódico de El Cabo, Francia mantiene un “pacto colonial” por el que controla la divisa CFA (franco centroafricano), las reservas de capitales y las políticas comerciales y de inversiones.

El Presdiente Gbagbo quiso sacar a Costa de Marfil de esta “situación de esclavitud” que, para Cape Times es “el más importante desafío que ha conocido la dominación francesa en esta región desde el periodo poscolonial”.

En Costa de Marfil -continúa el periódico- Francia organizó cinco golpes de Estado durante el mandato de Gbagbo, que fracasaron, hasta que el ejército expedicionario bombardeó la residencia presidencial para poner a ella a su hombre de paja, Alassane Ouattara, en donde ha seguido hasta actualidad como leal vasallo de los imperialistas y de… ¡Soros! Ambos, el hombre de paja y el “filántropo” multimillonario, son amigos, dice el periódico sudafricano.

Algunas de las pruebas presentadas en el juicio por la fiscal Bensuda son fabricaciones, asegura el periódico. Uno de los vídeos que demostraría las masacres cometidas por Gbagbo corresponde a un hombre quemado vivo… pero en Kenia.

(1) http://www.ivoirebusiness.net/breves/urgent-urgent-urgentcoup-de-th%C3%A9%C3%A2tre-cpi-fatou-bensouda-avoue-le-complot-contre-gbagboil-ny
(2) http://www.iol.co.za/capetimes/gbagbo-why-iccs-impartiality-is-questioned-1983348

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Las tropas imperialistas desplazadas a Mali custodian uno de los mayores tesoros mineros del mundo

Al principio nadie supo nunca que existía un país llamado Mali, hasta que se hizo famoso porque era una base de operaciones de Al-Qaeda en el norte de África y porque desde entonces se ha convertido en la diana del turismo militarizado.

Es posible que ahora tampoco nadie conozca que si todo eso ha sido posible no es porque Mali exporte goma arábiga sino porque tiene una caja fuerte repleta de oro blanco, oro negro, gas, diamantes y… últimamente también de litio. Ya es mala suerte atesorar tanta riqueza, que atrae a los chorizos de todo el mundo.

Birimian, una empresa minera australiana, explota dos yacimientos auríferos en Mali, denominados Massigui y Dankassa. De paso inició exploraciones geológicas dentro de otro proyecto, Bougouni, que ha traído malas noticias: bajo 250 kilómetros cuadrados de arena del desierto hay mucho litio, uno de los mayores yacimientos del mundo.

La expotación de la mina de litio se realizará durante 13 años en dos fases, la primera de ellas a cielo abierto, en la que se podrán extraer un millón de toneladas anuales. La segunda se dedicará al tratamiento del mineral.

El año pasado la empresa minera Kodals firmó un acuerdo con Minefinders para comprar una participación del 90 por ciento en los proyectos Didendio sur, Diossyan sur y Manakoro norte, también de litio.

Hace un par de semanas el Presidente francés Hollande realizó una visita oficial a Mali, donde su país mantiene desde hace años un cuerpo expedicionario para “luchar contra el terrorismo”. Se trata de la Operación Barjan y Hollande anunció que la estancia de sus tropas en Mali va para largo.

El 3 de enero el Financial Times anunciaba la carrera de los imperialistas por apoderarse de los yacimientos de litio de todo el mundo. Las baterías de los coches eléctricos que se van a empezar a comercializar en masa de forma inmediata, necesitan litio, un mercado que empezará a funcionar a pleno rendimiento.

Ya sólo hace falta que vaya también Merkel a visitar a sus propias tropas y repita el discurso de su colega Hollande: que las han enviado para “luchar contra el terrorismo”.

Ya ven que el terrorismo da mucho de sí.

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Los pigmeos de África acusan al movimiento ecologista WWF de cometer graves crímenes

La OCDE ha aceptado abrir una investigación contra la organización ecologista WWF (Worl Wide Forum) por organizar violaciones de los derechos humanos contra las poblaciones baka o pigmeas de la cuenca del río Congo, algo que hasta ahora sólo se había aplicado a empresas multinacionales.

En febrero del pasado año la organización Survival presentó una denuncia por el hostigamiento violento que las bandas de matones organizadas por WWF ejercen contra las poblaciones baka que practican modalidades de caza que los ecologistas califican como “furtivas”.

En su denuncia Survival asegura que WWF no tiene el consentimiento de las comunidades nativas que viven en las reservas de caza para imponer una protección de la naturaleza que pasa por encima de las personas que la habitan desde tiempos inmemoriales.

Todo lo que concierne a esta noticia es de un alcance tan insospechado que, desde luego, merece una reflexión mucho más profunda de la que vamos a exponer aquí.

Es la primera vez que la OCDE trata a una ONG como una gran multinacional, que es lo que, en última instancia es WWF, a pesar de sus invocados fines “no lucrativos”. El mero hecho de que la OCDE haya admitido la denuncia indica que el tratamiento de la ONG es la de una multinacional cualquiera que pretende multiplicar sus beneficios cada año.

Las poblaciones baka han protestado muchas veces de los crímenes que cometen las bandas de WWF que dicen defender a los animales silvestres, es decir, que ponen a los animales por encima de las personas.

Desde hace 20 años, asegura Survival, los matones de WWF se han atribuido a sí mismos el papel de “sheriff” de las reservas y detienen, golpean y torturan a los habitantes baka, hasta el punto de que en ocasiones han llegado a matar a alguno de ellos.

A la fuerza, en algunas zonas los baka han sido obligados por WWF a abandonar su residencia ancestral. Desalojados de sus tierras, muchos han caído en el alcoholismo y los índices de algunas enfermedades, como el paludismo, se han disparado a causa de la desnutrición.

En 1991 Survival se dirigió a WWF por primera vez para que cesara en el hostigamiento a los nativos africanos, a pesar de lo cual la violencia ha ido creciendo desde entonces.

Survival ha recogido numerosos testimonios de las poblaciones afectadas. El año pasado uno de ellos relataba que los matones de WWF habían golpeado con un machete a los niños y a una anciana de la tribu. Los nativos han publicado dos cartas con sendos llamamientos de desesperación a los ecologistas para que les permitan seguir viviendo en sus bosques. “Los proyectos de protección de la naturaleza deben compadecerse de la manera en que utilizamos el bosque […] porque nuestra vida depende de ello”, decía una de ellas.

Los ecologistas de WWF rechazan las acusaciones de Survival, aunque admite que en ocasiones se han producido abusos. En 2015 un portavoz de la ONG se disculpó asegurando que el número de agresiones a los baka estaba disminuyendo. En un escrito de descargo dirigido a la OCDE, los ecologistas dicen que la protección “de la naturaleza” es complicada en esa región por la inestabilidad política, que hace difícil crear reservas para la fauna silvestre, pero hasta ahora nadie se había interesado por los serres humanos que también viven en esos bosques tropicales.

No obstante, WWF admite que forma, financia y equipa a los matones que atacan a los pigmeos. El director de Survival, Stephen Corry, ha declarado que “las grandes organizaciones de protección de la naturaleza deben dejar de ser cómplices en el robo de territorios autóctonos. Los pueblos autóctonos son los dejores defensores del entorno y guardianes del mundo natural. Deberían estar a la cabeza del movimeinto de protección de la naturaleza”.

http://www.survivalfrance.org/actu/11131, http://www.survivalfrance.org/actu/10946, http://www.survivalfrance.org/sur/cameroun, http://assets.survivalinternational.org/documents/1527/survival-internation-v-wwf-oecd-specific-instance.pdf, http://www.survivalfrance.org/actu/10459

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Ruanda abre un investigación sobre la intervención de los imperialistas franceses en el genocidio

El martes el Fiscal General de Ruanda, Richard Muhumuza, anunció la apertura de una investigación sobre el papel del imperialismo francés en el genocidio cometido en el país de los Grandes Lagos en 1994. “En la actualidad la investigación afecta a 28 personas que, según las informaciones obtenidas hasta la fecha, el juzgado de instrucción considera que pueden permitir comprender mejor su papel [en el genocidio] y decidir si serán procesadas o no”, dijo en un comunicado público.

“En la medida en que las investigaciones continúen, otros agentes y/o funcionarios franceses podrían ser llamados a asistir al juzgado de instrucción para lo mismo”, añade el comunicado. “Las autoridades competentes del gobierno francés se han comprometido formalmente y la oficina del Fiscal General espera que las autoridades competentes cooperen a lo largo de esta investigación judicial sobre la base de una oferta de reciprocidad”, dice el Fiscal ruandés.

Esta decisión de Ruanda seguirá afectando a las relaciones diplomáticas entre la metrópoli y su antigua colonia, que desde hace 22 años acusa a Francia de la responsabilidad última en los 100 días sangre que acabaron con la vida de 800.000 tutsis (y también algunos hutus) en el país.

En Ruanda el régimen neocolonial, tradicionalmente tutelado por Bélgica y Francia a través de los misioneros católicos, estuvo representado por el dirigente hutu Juvenal Habyarimana, representante de la etnia mayoritaria del país y presidente de Ruanda en 1994 cuando su avión fue derribado en vuelo y falleció.

A partir de entonces se desató una de las mayores y más rápidas orgías de sangre que ha conocido la historia del colonialismo. El fiel de la balanza cayó del lado de la resistencia tutsi de Paul Kagame que, con ayuda de los imperialistas estadounidenses sacó a los franceses de Ruanda.

Desde entonces el gobierno de Kagame acusa y es acusado por los imperialistas franceses del referido genocidio, un intercambio de acusaciones cruzadas, una parte de las cuales se desenvuelve en los estrados judiciales, incluida la Auidiencia Nacional, en donde la fiscalía ha tomado partido a favor del más fuerte, el imperialismo francés y los sacerdotes católicos, en contra del más débil, el gobierno de Kagame.

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Los seguidores de Gbagbo se dirigen a Putin para lograr su libertad

El miércoles de la semana pasada se produjo un acontecimiento que ilustra el papel que empieza a desempeñar Rusia ante muchos pueblos del mundo: una fracción del Frente Popular Marfileño, el partido del antiguo presidente Laurent Gbagbo, se ha dirigido a Putin para que logre su liberación y la de el otro acusado ante el Tribunal de La Haya, Charles Blé Goudé.

A comienzos de este año se abrió en La Haya, Holanda, ante el Tribunal Penal Internacional el juicio contra Gbagbo por crímenes contra la humanidad cometidos en 2011, como consecuencia de las elecciones celebradas aquel año en el país africano. Fue uno de esos golpes de Estado que el imperialismo viene poniendo en marcha desde hace unos años con dirigentes políticos molestos repartidos por los cinco continentes.

Gbagbo está encarcelado desde entonces, mientras la farsa judicial sigue su rutina en medio del tedio y el sopor de los interrogatorios cruzados de los testigos.

Durante este tiempo el partido que dirigía Gbagbo se ha dividido. Aunque ambas facciones luchan por su liberación, sus métodos divergen. El presidente del mismo, antiguo Primer Ministro, Affi Nguessan, está empeñado en las gestiones diplomáticas, la otra facción, encabezada por Abu Drahaman Sangaré, está organizando protestas populares.

Ha sido esta facción la que ha apelado a Putin para que Gbagbo sea liberado de prisión y se cierre el proceso en su contra a fin de que triunfe “la justicia, la verdad, la independencia y la soberanía de los países africanos”, ha manifestado Sangaré en unas declaraciones a los medios de comunicación africanos.

El llamamiento a Putin forma parte de una amplia campaña que se está extendiendo por todo el Continente Negro para exigir la liberación del antiguo Presidente de Costa de Marfil. Rusia es el destinatario de las peticiones de ayuda un creciente descontento internacional que busca un nuevo Robin Hood que rompa sus cadenas.

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Comores: una larga historia de colonialismo, luchas y golpes de Estado

La dominación francesa en las Comores no se impuso sin enfrentarse a numerosas revueltas. En Mayotte hubo en 1856 un levantamiento de trabajadores de las plantaciones, y espectaculares movimientos de resistencia atravesaron las otras tres islas, especialmente Anjuan en 1891, con una auténtica revolución de campesinos pobres y de esclavos.

En 1968 Francia concedió a las Comoras una autonomía interna, despertando rivalidades entre las islas. Luego, París coloca a un millonario de Anjuan, Ahmed Abdallah, en la dirección del país. Pero en Mayotte una parte de la población femenina de origen malgache, menos islamizada y con tradiciones matriarcales, temían ver reducidos sus derechos. Las “mamies chatouilleuses”, denominadas “mujeres soldado”, se levantaron contra una independencia a la que temían por islamista y por su procedencia de Anjuan.

En el referéndum de 1974 sobre la independencia, los comorenses se pronunciaron en un 95 por ciento a favor, pero los mahoríes votaron en un 63 por ciento en contra. En 1975 la ONU y la Organización para la Unidad Africana reafirmaron “la necesidad de respetar la unidad y la integridad territorial del archipiélago de las Comoras”. Pero Francia exigió que la nueva Constitución fuera aprobada isla por isla. Fue rechazada en Mayotte, aunque Ahmed Abdallah proclamase la independencia.

Pero un mes más tarde fue derrocado por un mercenario francés, Bob Denard. El nuevo gobierno fue a su vez derrocado en 1978 por el propio Denard (tal vez apoyado por Francia y tal vez no, y que reincidirá de nuevo en 1995). Las Comoras, bautizadas “República Islámica”, estaban en la práctica bajo el control de mercenarios franceses. En 1976, al no querer contribuir al caos comorense, los mahoríes expresaron de nuevo en referéndum su voluntad de seguir siendo franceses en un 99 por ciento.

En 1996 Moheli y Anjuan se separaron de Gran Comor, pidiendo su reunificación con Francia (que lo rechazó), proclamando entonces su propia independencia en 1997. La Unión Africana, rechazando toda modificación de las fronteras coloniales, organizó un bloqueo de Anjuan, de donde huyeron numerosos habitantes hacia Mayotte. Tras muchas peripecias, en 2001 el Gran Comor, Moheli y Anjuan se unificaron en una república federal, no sin frecuentes golpes de fuerza e incluso la invasión de Anjuan en 2008 por tropas africanas, llegadas para derribar a un gobernador que había declarado la independencia. Ascienden a 23 los golpes de Estado desde 1975, el último en 2014, con los últimos disturbios en Anjuan el pasado abril.

El 31 de marzo de 2011, Mayotte se convierte en un departamento francés de ultramar, después de que los mahoríes votaran esta solución por aplastante mayoría en el referéndum de 2009.

En 1946, Reunión, Guayana, Guadalupe y Martinica se convirtieron jurídicamente en departamentos franceses. Sin embargo, la protección social seguía siendo inexistente. Las enfermedades, la malnutrición y la miseria reinaban. Tras la gran huelga de 1953, cada paso hacia “la auténtica igualdad” fue ganada por luchas a menudo sangrientas, antes de alcanzar casi la igualdad, pese a muchas secuelas pertinaces del colonialismo. Un proceso del mismo tipo se produjo en Mayotte a partir de 1993.

Tras la huelga de estudiantes de 1984 a favor de mejores condiciones educativas, tuvo lugar la huelga general de 1993 por un aumento del salario mínimo; después hubo un mes de huelga en 2003 contra la reforma de las pensiones, pero también por el futuro de la escuela. En 2007 una huelga de cuatro meses de los profesores de instituto para no quedar bloqueados en un funcionariado en declive. En 2008, una huelga ilimitada en la sanidad a favor de la integración en la función pública. En 2009, manifestaciones contra el aumento del coste de vida en Petit-Terre (la isla más pequeña de Mayotte). En 2011, cuatro semanas de huelga general contra la carestía de la vida. Siempre con violentos enfrentamientos. Entre octubre y noviembre de 2015 ha empezado una nueva lucha por “la igualdad real y la justicia”, por la aplicación completa e inmediata en Mayotte del Código Laboral y los convenios colectivos de la metrópolis, y la igualación inmediata de pensiones y prestaciones sociales al nivel de la metrópolis.

Tras una interrupción, el movimiento ha vuelto de nuevo los días 30 y 31 de marzo de 2016, al mismo tiempo que en Francia o Reunión, contra la ley El Khomri (*); también por “la igualdad real” pero a la vez contra la reforma laboral. El 16 de abril, en un clima de enfrentamientos entre jóvenes y gendarmería y de gran presión mediática contra la “violencia”, el movimiento ha sido suspendido por la Intersindical, pese a la oposición de la base; los ventajas de los funcionarios expatriados se mantienen, pero no para el resto, no habiendo más que promesas y una agenda de negociaciones: “nada”, según decía la mayoría de los huelguistas.

Como todo sigue pendiente, y a la vista de las pasadas luchas, es seguro que el 16 de abril de 2016 no es el fin de la lucha, sino solamente una etapa en un movimiento que busca su dirección (en los dos sentidos del término) entre una movilización común por “la igualdad real” que sigue dirigida por los notables y un combate de clase en donde “la igualdad real” estaría representada por los más pobres y sus luchas.

Una tierra de cultura y de historia tumultuosa

Situada en el archipiélago de las Comoras que cuenta con cuatro islas principales (Mayotte, Anjuan, Moheli y Gran Comor), entre África y Madagascar, Mayotte está constituida por dos islas. Su población es oficialmente de poco más de 220.000 habitantes. Es una vieja tierra de cultura y de historia, encuentro de civilizaciones, cruce de culturas malayo-polinesias de Indonesia, africanas, bantúes y swahilis, árabe y francesa.

La mayoría de la población habla una lengua de origen africano, el shimaoré; una tercera parte o más habla alguno de los dialectos malgaches, entre ellos el shibouksi. Junto a una escritura comoriana reservada a los textos religiosos o literarios, el árabe ha sido durante largo tiempo la única lengua escrita empleada en la administración. El shimaoré también cuenta con una sintaxis y muchas palabras árabes. El francés, que sigue siendo una lengua importada, se emplea hoy en la escuela y en la administración, sin que exista una lengua criolla o mezclada.

Hasta los años 90, la población ha tenido siempre la costumbre de desplazarse sin restricciones de una a otra isla en las Comoras, que tienen una fuerte unidad lingüística, cultural e histórica. Hoy, muchas familias se encuentran divididas entre las diferentes islas.

La mayoría de los habitantes es musulmán sunnita, shafeita o “cofrade”, un Islam muy tolerante. Una parte de la población es animista y de tradición matriarcal poliándrica o poligámica. No hay mujeres con velo en Mayotte. El derecho islámico, en retroceso es competencia de 22 “cadis”, pagados por el consejo general. La escuela coránica aún presente va desapareciendo poco a poco. La poligamia está en vías de desaparición entre las nuevas generaciones nacidas después de 1985, o bien está prohibida.

Las Comoras han sido durante mucho tiempo un enclave del tráfico negrero. Los sultanes comorienses iban a buscar esclavos a la costa africana, antes de vendérselos a los europeos o a los árabes, con destino sobre todo a Oriente Próximo. El sultán que reinaba en Mayotte, vasallo de su vecino de Anjuan (estando las Comoras en vías de unificación bajo la autoridad del Estado de Anjuan) pero en conflicto con él, llama a Francia en su ayuda en 1841 y le vende la isla.

El archipiélago se convirtió en protectorado francés en 1887, salvo Mayotte que siguió siendo colonia. La esclavitud fue abolida en 1848, pero no lo fue en los sultanatos de las Comoras bajo protectorado. Mayotte se impregnó más de la presencia francesa que las otras tres islas, con una administración de emigrantes y colonos llegados de La Reunión, sin que por otro lado surgiera una sociedad criolla. Con el final del tráfico negrero, los superpobladas Comoras, sin recursos y alejadas de las grandes rutas marítimas, apenas interesaron a la administración colonial francesa.

La producción agrícola y de acuicultura se destina en un 60 por ciento a la producción de alimentos; las exportaciones, como vainilla, perfume derivado del ylang-ylang, son débiles; la economía, de tipo colonial, viva de los pedidos del sector público y del consumo privado en torno al comercio.

Pero todo podría cambiar con la explotación petrolera en la zona de las “islas dispersas”. Es lo que esperan los notables que presionan para la transformación de la isla en zona franca, sin impuestos para los empresarios y sin derechos para los trabajadores, incluyendo tal vez, partiendo de ahí, la idea de independencia.

Luchas sociales y cuestión migratoria

En 1993 una importante huelga general por el aumento de los salarios mínimos causó miedo a los líderes políticos mahoríes, que agitaron entonces el fantasma de la emigración, que se convirtió en la explicación de todos los males. Reclamaban la instauración de un visado entre Mayotte y las otras islas. En 1995 Balladur la establece para todo comorense que quisiera viajar a Mayotte. Un trayecto que se hizo después muy difícil, aunque la progresión, aún relativa, del nivel de vida en Mayotte y la crisis secesionista de 1997 en Moheli y sobre todo en Anjuan llevara a una multiplicación de las salidas. Según las autoridades comorenses, ascienden a 20.000 muertos entre 1995 y 2015 por la travesía marítima del “canal de la muerte”.

La población de Mayotte ha pasado de 40.000 habitantes en 1975 a 220.000 oficialmente en 2016, pero que son probablemente 350.000, si no 500.000. Los emigrantes clandestinos, que según la legislación internacional están en su país en Mayotte, representan ahora casi la mitad de la población. En 2005, Sarkozy, en pleno periodo de “limpieza”, lanzó una caza de sin papeles en Mayotte, con 13.253 expulsiones en 2006. La cifra no ha hecho después más que aumentar. Además, numerosos emigrantes llegados antes de 1995 nunca solicitaron permiso de estancia al no haber necesidad, y hoy son “sin papeles”. Todo el mundo alberga clandestinos que trabajan, cultivan la tierra, etc.

Así han surgido los mayores barrios chabolistas del Estado francés, sin agua, sin electricidad, bajo las enfermedades y malnutrición, con bandas de niños abandonados, mientras el Estado se dedica a la caza de mahoríes en las zonas costeras en donde mayoritariamente viven, bajo el pretexto de protección del litoral.

Mayotte se ha convertido así en una de las peores sociedades coloniales. La mitad de los mahoríes vive con menos de 348 euros al mes, el 82 por ciento de la población está bajo el umbral oficial de pobreza, con el coste de vida más elevado de todos los territorios franceses. La tasa de parto es del 20 por ciento (46,5 por ciento) para los jóvenes, sin contar los clandestinos. La tasa de analfabetismo bate récords y los servicios públicos son insuficientes y están degradados. Todo ello en un territorio en donde el 50 por ciento de la población tiene menos de 20 años.

Ante esta situación explosiva, las autoridades y los partidos que han suscitado después de 1993 el miedo al emigrante lo cultivan presentando la delincuencia como una consecuencia social, a efectos de separar blancos y negros. A menudo también se ven mahoríes que exigen la expulsión de los sin papeles. Pero muchos de ellos acogen a clandestinos. Se han creado milicias (de madres) de protección de los pueblos, en donde la lucha contra la inseguridad a menudo evoluciona hacia movilizaciones pidiendo escuelas, hospitales, comedores populares para niños pobres, etc.

(*) En Francia se denomina Ley El Khomri al actual intento de reforma laboral del gobierno de Hollande

—http://www.afriquesenlutte.org/afrique-australe/comores/article/mayotte-une-longue-histoire-entre

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El gobierno argelino pactó con Al-Qaeda del Magreb Islámico

El 16 de marzo Wikileaks colgó una plataforma que permite consultar la totalidad de los correos enviados y recibidos por el servidor privado de la antigua secretaria de Estado Hillary Clinton entre los años 2010 y 2014. Previamente los correos habían sido publicados por el Departamento de Estado el 29 de febrero en formato pdf.

Entre los 30.322 correos presentes figura uno confidencial, recibido por Hillary Clinton el 17 de enero de 2013 a las 22 horas, y que afecta directamente a Argelia. El correo fue enviado por Sidney Blumenthal, antiguo consejero especial del presidente Bill Clinton, y veterano confidente de la ex primera dama. Su título es “Últimos informes de inteligencia francesa sobre la crisis de los rehenes argelinos”, y se inscribe en el contexto de la toma de rehenes en Tiguenturin efectuada por el grupo terrorista “Los unidos por la sangre”, dirigido por el terrorista Mojtar Belmojtar.

“Según fuente muy fiable, individuos que tenían acceso a oficiales de los servicios de inteligencia exterior francesa (Dirección general de seguridad exterior, DGSE) que trabajaban en Mani y en Argelia durante la crisis de los secuestrados del 17 de enero [de 2013], han declarado en privado que el gobierno argelino del presidente Abdelaziz Buteflika se ha visto sorprendido y desorientado por los ataques”, se lee en el mensaje.

“Según fuentes con acceso a la DGSE argelina el gobierno de Buteflika ha llegado a un acuerdo muy secreto con Belmojtar tras el secuestro en abril de 2012 del cónsul argelino en Gao (Mali). En virtud de tal acuerdo, Belmojtar ha concentrado sus operaciones en Mali y, ocasionalmente, con los apoyos de la DGSE argelina, ha atacado intereses marroquíes en el Sahara Occidental”, puede leerse en el correo electrónico recibido por Hillary Clinton.

“Los agentes de seguridad argelinos temen que los ataques del 17 de enero [de 2013] puedan ser la señal de un reinicio de la guerra civil de 20 años”, y están decididos a solucionar la situación con una fuerza extrema. Su fin, según esta fuente, es destruir el grupo “Los unidos por la sangre”, enviando un mensaje a Belmojtar y a sus aliados.

Según estas fuentes, la suerte de los secuestrados es “una consideración secundaria en esta decisión”, indica el informe incluido en el correo. El contenido de éste fue a continuación transferido por Clinton.

El 19 de enero de 2013, a las 7:44, Hillary Clinton recibe un nuevo correo, también enviado por Sidney Blumenthal. Se titula “Argelia últimas investigaciones francesas”, y hace el papel de resumen de la crisis de los secuestrados de Tiguenturin. Indica por ejemplo que una fuente con “acceso a los niveles más altos del ejército argelino ha declarado que los comandantes de las Fuerzas Especiales consideran un éxito la misión”. Sobre todo podemos enterarnos de que el poder argelino tenía planeado encontrarse otra vez con Belmojtar tras los ataques.

“Al mismo tiempo, según esta fuente fiable, oficiales de la DGSE argelina esperaban encontrarse en secreto con Belmojtar o uso de sus lugartenientes en el norte de Mauritania en un futuro inmediato. Han recibido la orden de saber el motivo por el que Belmojtar ha violado su acuerdo secreto de dos años antes y ha lanzado ataques en el interior de Argelia”, se lee en el correo.

“Creen que este ataque forma parte de un creciente esfuerzo por parte de Aqmi en el noroeste de África (apoyado por secuestros), y temen que sea el primer golpe de una nueva fase de la guerra civil argelina”, puede leerse también.

—http://www.tsa-algerie.com/20160317/emails-dhillary-cinton-revelent-accord-secret-entre-pouvoir-algerien-terroriste-belmokhtar/