Categorías
África

Las multinacionales saquean el oro de Mali

“Debido a que no posee los medios técnicos para extraer su oro y porque el Banco Mundial así lo ha decidido, el Estado de Mali solamente es accionista minoritario de las empresas explotadoras que actúan en su territorio”. En un informe publicado ya en 2007, la Federación Internacional de Derechos del Hombre (FIDH) levanta una esquina de la cortina sobre la gestión que las multinacionales hacen del oro maliense. Aun siendo el tercer productor mundial después de África del sur y Ghana, no por ello Mali deja de ser uno de los países mas pobres del mundo.

Esta constatación de la FIDH es confirmada por otros informes elaborados por organizaciones internacionales. Según el ministro maliense de Minas, en 2014 el valor total de las exportaciones de oro alcanzó 863.000 millones de francos CFA, lo que asciende al 70 por ciento de las exportaciones totales de Mali.

Pero ello sólo ha contribuido al presupuesto con 254.300 millones de francos CFA, el 25 por ciento de los ingresos y el 8 por ciento del PIB. Por si ello no bastara, la población residente no cata de ello más que el polvo. La contribución total de las sociedades mineras al desarrollo local es insignificante. En 2014 únicamente 1 millón de francos CFA había sido destinado al conjunto de los pueblos de Kayes, que alberga estas minas.

Esperanzas decepcionadas

“Las esperanzas de las comunidades locales, por lo que concierne la mejora del nivel de vida social y económico (educación, creación de empleos, infraestructuras) no se han cumplido”, indica un político local.

Y Amadu Konaré, operador económico de esta localidad añade: “Francamente, no sabemos lo que la explotación minera ha supuesto para la población de Syama, Furu y el círculo de Kadiolo. La prueba es que la SIMISY (Sociedad Minera de Syama) no ha llegado a asfaltar ni un trayecto de menos de 100 kilómetros, entre la mina y la carretera nacional que une Mali con Costa de Marfil. Durante el invierno, ese eje es impracticable, sin contar con que la población de Furu sufre una grave penuria de agua en la estación seca”.

Ante la reacción de las poblaciones, la SOMYSI recuerda haber dotado al pueblo de Furu de un instituto, una sala de espectáculos, un castillo de agua y aulas. Insuficiente, considera la población, compara con los centenares de miles de millones generados cada año por las minas de la localidad.

Y la ONG británica Alert recuerda en su informe internacional que las “bases de las comunidades se benefician poco de la explotación minera” en la región de Kayes. En el aspecto del empleo, las esperanzas están lejos de ser satisfechas. A falta de empleos bien remunerados en las minas, los jóvenes de las localidades mineras se ven obligados a emigrar, bien a Europa bien a las ciudades.

Un universitario, originario de esta localidad, acusa al gobierno, que no hace nada o prácticamente nada para defender sus intereses ni los de las poblaciones: “No debemos exigir a las sociedad mineras, sino al gobierno y sobre todo a nuestros cargos electos, que no defienden como debieran los intereses comunitarios”.

Por su parte el gobierno explica la situación por la falta de coordinación entre las acciones de las diferentes sociedades mineras que operan en las mismas zonas geográficas. Por eso, dice, cada sociedad minera dispone de un plan de desarrollo comunitario que pone en marcha, sin concertar con las demás. La puesta en funcionamiento de los planes de desarrollo local está dejada a la buena voluntad de las sociedades mineras.

El origen de la paradoja

En el origen de esta paradoja hay un plan diabólico, pensado y ejecutado por el Banco Mundial, en beneficio de las multinacionales. Se sobreentiende que Mali no tenía mas elección que someterse al Programa de Ajuste Estructural. Una orden prescrita a nuestro país por el “médico de Bretton Woods”, el Banco Mundial. Eso era en los años 80.

Para el Banco Mundial, los Estados africanos no son capaces de disponer de una industria minera; es decir, son demasiado pobres para asumir las inversiones necesarias para las capacidades técnicas de las industrias mineras. De golpe, su diagnóstico cae como una cuchilla: exige que nuestros países se doten con de una legislación minera atractiva; beneficiosa para las multinacionales.

De esa forma, en 1995, cerca de 35 países africanos reformaron sus leyes sobre la minería. En Mali la reforma tuvo lugar en 1991, porque el todopoderoso Banco Mundial amenazaba con cerrar el grifo. Y lo que tenía que llegar llegó.

El Estado de Mali, depauperado

La brecha estaba abierta, y las multinacionales se precipitaron en ella. Con sus capitales bajo el brazo, invierten fondos en la Bolsa de Toronto destinados a África. Principalmente al sector minero. En Mali tres multinacionales detentan el monopolio del oro: Anglogold Ashanti, Rangold y Iamgold.

Según el informe de investigación de la FIDH la mina de oro de Morila es la ilustración perfecta de la gestión mafiosa de las minas de oro de Mali por parte de las sociedades mineras.

En julio de 2000, explica el informe, Rangold cede el 40 por ciento de sus permisos de explotación a Anglogold. Juntos crean Morila Limited quien, con el Estado, accionista de un 20 por ciento, dará nacimiento a una sociedad fantasma denominada Morila SA. Es ésta la que presenta a Anglogold Ashanti Services Mali SA como operador minero. El 1 por ciento de sus ventas proceden de gastos de gestión. A título de ejemplo, esta sociedad fantoche percibió en 2005 un millón de dólares por gastos de consulta. ¿Por hacer qué exactamente? Por no hacer absolutamente nada.

Otro ejemplo de la gestión mafiosa del oro maliense por parte de las sociedades mineras, según la FIDH: Morila SA, a su vez, sólo se ocupa del mineral extraído. Su extracción está encargada a otra sociedad, SOMADEX. Es una filial del grupo francés Bouygues, y se atribuye la parte del león, por haber invertido en el material de extracción del mineral. He aquí, de forma esquemática, como los fondos generados por el oro se reparten entre las multinacionales y las subcontratas.

Hay que destacar que la mina de oro de Morila está llegando a su agotamiento. Está controlada en un 40 por ciento por Anglogold Ashanti, otro 40 por ciento por Rangold Ressources, y un 20 por ciento por el Estado. En quince años de explotación ha producido más de 6 millones de onzas de oro. Pero no ha reportado, tras esos quince años, mas que unos pobres 2.000 millones de dólares.

El Estado maliense y el mínimo vital

En el curso de una conferencia de prensa organizada la pasada semana, la Organización Internacional Publiquen lo que Pagan, PCQVP en siglas, denuncia la ausencia de ganancia sufrida por el Estado, como consecuencia de las exoneraciones acordadas a las sociedades mineras. “Los contratos mineros revelan, pese a una evolución positiva, numerosos problemas que originan las considerables pérdidas de ganancias para el Estado maliense”.

Entre estos problemas se pueden citar las “numerosas exenciones otorgadas a las sociedades mineras, así como las cláusulas de estabilidad contenidas en los contratos mineros”, lamenta el informe de PCQVP. Y el mismo informe precisa que “hemos comprobado una disminución progresiva de impuestos en beneficio de las sociedades mineras de Mali. La ley minera de 1999 consagra al Tesoro maliense un 35 por ciento de sus beneficios, en lugar del 45 por ciento previsto en 1991. El código de 2012 estipula una transferencia de sólo un 30 por ciento de beneficios al Tesoro”, deplora Nuhun Diakité, coordinador del PCQPV. Los autores del informe denuncian la falta de experiencia de las personas encargadas de negociar esos contratos.

En resumen, veinte años después del boom de explotación aurífera en Mali, la población todavía espera beneficiarse de ello. El Dr. Bubu Cissé, ministro de Minas en el gobierno de Tatam Ly, actualmente ministro de Economía y Finanzas había prometido un “completo inventario de todos los contratos mineros. Si hubiera contratos revisables en función de los intereses de Mali, iniciaremos negociaciones con los socios afectados”.

Tres años después, la promesa no tiene continuidad.

Oumar Babi http://www.mondafrique.com/main-basse-lor-mali/

Categorías
África

La masacre rifeña

Asqueados de la humillaciones y abusos que padecían, en 1921 los rifeños del norte del Magreb se levantaron en armas contra los colonialistas españoles, proclamando su independencia. La criminal monarquía española respondió de la única manera que sabe: con una sanguinaria guerra que dejó un saldo desolador, con miles de muertos.

Naturalmente los muertos eran los obreros y campesinos más humildes, utilizados como carne de cañón para defender los intereses de Alfonso XIII y su cortejo. Para no ser enviados a aquella carnicería, muchos obreros y campesinos se vieron obligados a automutilarse cruelmente.

En la masacre se incubó una casta de oficiales del ejército español sin escrúpulos, llamados desde entonces “africanistas” (Franco, Sanjurjo o Millán Astray) que demostraron luego sus artes en el aplastamiento de la sublevación asturiana y poco después en la guerra civil.

Poniendo al descubierto su verdadero naturaleza carnicera, los militares españoles no vacilaron en emplear por vez primera en la historia gas mostaza y fosgeno contra una población civil indefensa, algo prohibido por las leyes internacionales. Pero España nunca ha entendido de legalidades cuando se trata de aplastar una rebelión. Todos los medios les parecen pocos.

Los heroicos rifeños insurrectos estaban dirigidos por un dirigente guerrillero, Abdelkrim El-Jatabi, que ocasionó a los militares hispanos una humillante derrota en la batalla de Annual, que los libros de historia aún califican como un “desastre”.

Lejos de abandonar Marruecos a sus habitantes, la rancia oligarquía dominante espoleó a los capitostes uniformados, que se aprestaron a resarcirse de su absoluta ineptitud con una cruel venganza. “Siempre fui refractario al empleo de gases asfixiantes contra estos indígenas, pero después de lo que han hecho, y de su traidora y falaz conducta, he de emplearlos con verdadera fruición”, decía el alto comisario español en Marruecos, el general Dámaso Berenguer, al entonces ministro de la Guerra en un telegrama.

Al año siguiente el gobierno del abuelo del actual monarca español, Juan Carlos, compró gas mostaza a empresas francesas y alemanas, lucrándose personalmente en uno de los negocios más sucios pero más rentables de la monarquía española. En 1923 Alemania inició sus suministros de gas y levantaron una fábrica militar de armanento químico en las proximadades de Madrid, La Marañosa, que aún sigue en funcionamiento.

La aviación española gaseó sin compasión campos de cultivo y aldeas indefensas para arrasar la retaguardia de la guerrilla rifeña. Utilizaron gas mostaza, fosgeno y otros componentes químicos altamente tóxicos.

El empleo de gas mostaza estaba prohibido internacionalmente desde el Tratado de Versalles de 1919. Sin embargo, el Reino Unido lo usó contra el Ejército Rojo en 1919 durante la guerra civil.

Una de las principales propiedades del gas mostaza es que es vesicante, es decir, produce ampollas cuando entra en contacto con la piel humana. También causa profundas alteraciones en el genoma de los tejidos expuestos, inhibiendo la división celular y provocando mutaciones cuyos efectos se manifiestan durante generaciones.

El Rif es una región montañosa muy aislada y la población ni siquiera sabía con qué les bombardeaban. No eran capaces de identificar la enfermedad; hablaban del “akhenzir”, un término bereber que identificaba los síntomas que todo el mundo padecía. Los más ancianos hablaban de un humo amarillo y de que les ardía la piel o de que se asfixiaban.

España jamás ha reconocido la masacre, nunca se ha realizado una investigación y los hechos se han mantenido en el secreto más riguroso. Se ignora cuantas personas murieron, pero desde el bombardeo químico de 1923 el cáncer y las y enfermedades pulmonares son una plaga en la región. Durante los años 60 y 70 del siglo pasado seguían muriendo miles de rifeños.

Los responsables del Instituto Oncológico de Rabat admiten que el 60 por ciento de sus pacientes provienen de la región de Alhucemas y Nador y que existe un estrecho vínculo entre el bombardeo con gas mostaza en 1921 y la multiplicación de los casos de cáncer de laringe y de estómago en en el norte de Marruecos.

Un grupo de rifeños de Alhucemas fundó el 8 de julio de 2000 la Asociación de Víctimas del Gas Tóxico, que exige a la monarquía española y a los países que le suministraron el armamento químico que, al menos, pidan disculpas por los crímenes cometidos.

En febrero de 2007 el Congreso de los Diputados rechazó una propuesta para que el España asuma sus responsabilidades por asesinar con gases tóxicos a miles de inocentes en la colonia norteafricana. Las Cortes fascistas se volvieron a cubrir de gloria. El silencio de los medios fue todavía más ilustrativo. El crimen siempre necesita esa clase de complicidades, que no se acabaron con Alfonso XIII.

Mientras tanto la Audiencia Nacional sigue buscando genocidas por todo el mundo, hasta las mismas cumbres del Tibet. Es mucho más fácil: podría empezar por los que tiene más a mano y declarar criminal de guerra a Alfonso XIII.

Categorías
África

‘Francia te aplasta como quiere’

Un testigo del juicio de La Haya en el Tribunal Penal Internacional contra Laurent Gbagbo, Sam l’Africain, manifestó el 7 de este mes ante los jueces que la fuerza francesa Licorne, creada en el marco de un acuerdo de defensa entre Costa de Marfil y Francia, le “ajustó las cuentas” al ex presidente Laurent Gbagbo durante la crisis postelectoral del país y le “relevó del poder”. Jichi Sam Mohamed, llamado Sam El Africano, es un conocido empresario marfileño-libanés y presidente del partido Nueva Alianza de Costa de Marfil para la Patria.

A la fiscal le ha salido el tiro por la culata. Pensaba utilizar en el juicio a Sam El Africano como un ariete contra Gbagbo. La tesis de la fiscal es que Gbagbo utilizó a los aparatos represivos del Estado para reprimir a la población y mantenerse en el poder. No fue así según Sam l’Africain, quien dijo que Gbagbo había sido como un “padre” para él. Las tornas se han vuelto contra Francia: “Dije que, por desgracia, [los soldados de la fuerza Licorne] fueron quienes saldaron cuentas más tarde, los que le derribaron [a Gbagbo]. Eso es lo que sucedió”, afirmó en su declaración.

La fuerza Licorne se desplegó en Costa de Marfil en septiembre de 2002, tras un intento de Golpe de Estado que se transformó en un levantamiento. Tuvo por objeto controlar el alto el fuego y asegurar la seguridad de los residentes franceses.  Cuando esa fuerza “llegó, se interpuso creando una zona de seguridad, denominada ‘zona tampón’ para impedir el desarrollo de la rebelión, deteniendo los ataques entre los beligerantes, para permitir las discusiones diplomáticas en torno a una salida de la crisis”, declaró.

Para Sam El Africano, el imperialismo francés está en el origen de la crisis político-militar de Costa de Marfil. “Francia  tiene siempre formas de arreglar los conflictos a su manera, cuando no está de acuerdo contigo”, “es capaz de crear una ‘rebelión’”, afirmó ante los jueces.

Destacó que el levantamiento dio lugar a un “golpe”, y que estaban tan “soberbiamente armados” como las fuerzas gubernamentales, añadiendo que los dirigentes franceses “tienen todos los medios para dividir […] encontrando siempre acuerdos a su favor”.

“A veces Francia puede emplear bienes mal adquiridos, como en el caso del presidente Ali Bongo, de Gabón. Cuando quiso desestabilizarle, tuvo todos los medios”, lamentó. “Cuando Francia no alcanza un objetivo económico […] o cuando tu no estás en línea con sus objetivos, ya no puedes estar en el poder. Francia te aplasta como quiere”, continuó.

En 2011 el Estado marfileño revisó sus acuerdos de cooperación en materia de defensa con Francia, cuyo dispositivo militar en las bases tendría que cambiar. En contrapartida, sus misiones  seguirían siendo iguales: ayudar a la reforma del ejército marfileño y asegurar la protección de los franceses.

Gbagbo y Charles Blé Goudé, uno de sus hombres de confianza, están perseguidos por crímenes contra la humanidad derivados de la violencia postelectoral de 2010 y 2011, que causó más de 3.000 muertos según el gobierno marfileño.

Categorías
África

La oscura historia de un mercenario del imperialismo en África

Robert Montoya nació en Argelia en el seno de una familia de emigrantes españoles en la antigua colonia norteafricana. Pero su vida de mercenario empezó en Bastia, en la isla de Córcega, cuando era ayudante de una gendarmería de provincias, remota y aislada.

El comandante Prouteau, jefe de la célula antiterrorista que operaba clandestinamente desde el Elíseo, a las órdenes directas del socialfascista Miterrand, necesitaba alguien así, que conociera el microclima corso, que está a caballo entre el independentismo y la mafia.

Montoya llegó al Elíseo al mismo tiempo que Mitterrand, con la diferencia de que a él nadie le conocía y nadie sabía lo que tramaba allí dentro, tan cerca del poder.

Allá permaneció durante cuatro años, hasta 1986, cuando fundó su propia empresa de seguridad, que tenía un nombre misterioso parecido a la clave de un cajero automático: SP2I.

Dos años después estalló en Francia uno de esos “escándalos” con los que los medios se rasga las vestiduras para vender más periódicos o conquistar más audiencia: el caso de los fontaneros de la Presidencia de la República.

Era un asunto con cierto parecido a Watergate: el espionaje telefónico de un alguacil del Consejo Superior de la Magistratura, un sindicato progresista muy activo en los medios judiciales, y enfrentado a Mitterand y al partido socialista.

¿Les suena el famoso camelo de la separación de poderes? Tras el espionaje está el ojo de Montoya vigilando de manera subterránea porque entonces ya ni era gendarme, ni trabajaba para el Elíseo… oficialmente.

O sea, que seguía haciendo lo mismo pero clandestinamente, de manera que no salpicara al Presidente de la República. El espionaje a los jueces fue subcontratado a SP2I.

Cuando en 1992 los tribunales le condenan, el antiguo gendarme ha puesto tierra de por medio. Vive en África, en Togo para ser más exactos, donde establece la base de su negocio de trapos sucios, transporte de fondos, logística, guardaespaldas, matones, pistoleros…

En 1998 un informe de la ONU indica que en el Zaire/Congo Montoya había reclutado unos 200 ó 300 mercenarios como guardaespaldas del mariscal Mobutu.

En Angola, Montoya vende armas al movimiento contrarrevolucionario Unita de Jonas Savimbi en la larga guerra contra el MPLA de Dos Santos.

La base del negocio es una estrecha amistad con el antiguo presidente togolés, el general Gnassingbé Eyadema, al que durante su funeral el presidente francés Jacques Chirac calificó como “un amigo personal”.

Entonces era frecuente ver a Montoya entrar y salir del Palacio Presidencial en Lomé, la capital de Togo, donde adiestró a las tropas antidisturbios de la policía y siguió con su especialidad: instalar escuchas telefónicas para que Eyadema se enterara de lo que hablaban sus enemigos.

Para el mercenario el chollo llega cuando la petrolera estadounidense Exxon-Mobil le encarga que asegure el transporte de mercancías por Doba, al sur de Chad, cerca de las fronteras de Camerún y la República Centroafricana.

A partir de ahí, Exxon-Mobil pretende construir un oleoducto de 1.000 kilómetros para exportar el petróleo hacia Camerún desde los pozos de Chad de los que ha desalojado a su competidora francesa Total.

Con el jugoso contrato en el bolsillo, Montoya crea nuevas sociedades mercenarias en las que llega a emplear a 2.500 personas. Entre ellas destaca SAS (Security Advisory and Service), que mantiene lazos muy estrechos con Executive Outcomes, la poderosa empresa sudafricana especializada en reclutar mercenarios.

Otra de sus empresas es Darkwood, intermediaria para África occidental de BVST, que a su vez es una empresa bielorrusa especializada en la venta de material militar. El informe de la ONU de 7 de noviembre de 2005 asegura que entre 2002 y 2004 dos tercios de las ventas de armas en Costa de Marfil pasaron por sus manos.

El 15 de noviembre de 2004 la ONU impone un embargo de armas a Costa de Marfil para impedir que el gobierno legítimo del país, presidido por Laurent Gbagbo, pueda hacer frente a la sublevación que han organizado los imperialistas franceses en su contra.Que Montoya contrató a los mercenarios que bombardearon el campamento de Bouaké, está más que demostrado. Ahora bien, el gendarme no trabajaba por cuenta del gobierno de Costa de Marfil, como tratan de hacer creer los medios franceses, sino del propio imperialismo francés. No había cambiado de patrono.

Las instalaciones de las empresas de Montoya, desde las que se preparó el bombardeo, estaban en el mismo aeropuerto de Lomé, a la vista del gobierno local y de sus “amigos íntimos” de París.

El fontanero no tenía nada que esconder. Los pilotos entraron en Costa de Marfil desde el aeropuerto de Lomé y salieron luego por la misma vía. Los imperialistas dicen que van a África a vigilar pero siempre miran para otro lado.

Más información:
— El safari de los derechos humanos, primera parte, segunda parte
Categorías
África

El caso Gbagbo pone en evidencia al Tribunal Penal Internacional

Se ha celebrado en La Haya, Holanda, la primera semana de juicio en el Tribunal Penal Internacional contra Laurent Gbagbo y su ministro para la Juventud Charles Blé Goudé que, como los grandes espectáculos deportivos, ha sido retransmitido en directo por el propio Tribunal, con un ligero diferido de 30 minutos por si salían a relucir los trapos sucios y había que cortar.

En los dos primeros días de sesiones, las acusaciones mostraron un “power point” inventado sobre Costa de Marfil, un país de cuya historia no tenían ni idea, en medio de una cadena de fallos ridículos de todo tipo, como el sonido o la traducción simultánea. ¿A donde habrán ido a parar los 1.000 millones de euros que ha costado poner en marcha este ridículo Tribunal.

Como comprenderán, en el Tribunal Penal Internacional los fallos técnicos son lo de menos; sólo son una muestra más de todos los “fallos” políticos en los que está envuelto el famoso principio de la “justicia universal”, que tanto gusta a las ONG y reformistas de todos los pelajes para seguir martirizando a África.

Durante una de las sesiones, los magistrados se retiraron a deliberar a puerta cerrada sobre la manera en que debían declarar los 138 testigos previstos en condiciones anónimas y de seguridad. Pero detrás de aquella puerta alguien dejó el micrófono encendido y todo el mundo -literalmente- tuvo que sujetarse la barriga de la risa que provocaron los estúpidos debates de los magistrados.

Entre otras cosas, ya sabemos el nombre de cinco de los testigos “anónimos” de la acusación. Se trata de personalidades políticas muy cercanas a Gbagbo en el momento de los hechos. Entre ellas están el general Philippe Mangou, jefe de Estado Mayor, y el general Tiapé Kassaraté, jefe de la gendarmería.

Dada la naturaleza de los hechos, que conciernen a la represión política contra las masas, es evidente que ambos no son testigos sino partícipes directos de los hechos, a pesar de lo cual no están acusados por la fiscal, ni lo estarán nunca.

“El que paga manda” y los magistrados del Tribunal cobran del dinero que les envían Alemania, Japón, Canadá y Francia para ratificar las políticas que estos países sostienen sobre Costa de Marfil y sobre África, en general.

Lo del pucherazo para elegir a la fiscal Fatou Bensouda, ministra de Justicia de Gambia, merecería todo un capítulo aparte (*) para sacar a la luz la basura que hay bajo el felpudo de este tipo de instituciones, especialmente los cambalaches que tuvieron que hacer las ONG “humanitarias” que se mueven como nadie en medio de estos turbios asuntos.

La preocupación fundamental de la fiscal es defender la política de Choi Young-jin, quien fue representante especial de Ban-Ki Moon en Costa de Marfil y, por consiguiente, de la propia ONU. Todas las tesis de la fiscal son falsas de cabo a rabo, empezando por el número de víctimas, evaluado en 3.000, y acabando por lo que no aparece ni aparecerá jamás a lo largo del juicio: que en 2011 el Africom, es decir, el Pentágono en África, Francia y la ONU pusieron en marcha una operación militar llamada “Restaurar la Paz y la Democracia”, al estilo de las Primaveras Árabes y simultáneamente con ellas.

Cuando el operativo militar se puso en marcha, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, se desmarcó diciendo el 6 de abril de 2011 ante la Asamblea: “Las fuerzas francesas no participan en la operación militar porque se desarrolla fuera del marco legal de la resolución de la ONU”.

A pesar de que a Gbagbo le acusan de cometer “crímenes contra la humanidad”, la fiscal no ha construido su acusación ni sobre hechos, ni sobre autopsias de los muertos, ni sobre análisis balísticos, ni sobre testigos presenciales, ni sobre documentos, sino sobre los informes de repugnantes ONG, como Human Rights Watch y otras, vídeos de YouTube, extractos de la Wikipedia, fotografías… una acusación virtual.

(*) http://www.legrigriinternational.com/article-fatou-la-honte-de-l-afrique-par-calixthe-beyala-113153438.html

Categorías
África

Se cumplen 40 años de la Marcha Verde

Hace 40 años, un 6 de Noviembre de 1975, en plena Guerra Fría y con un mundo bipolar, Marruecos lanzó la Marcha Verde para ocupar el Sáhara español. Una iniciativa del entonces rey Hassan II, apoyada por Estados Unidos, que afectó directamente a España y puso al desnudo la confusión reinante en Madrid donde agonizaba el dictador Franco y su sucesión, aunque  atada y bien atada, aún no se había producido.

Militares y civiles, en mayor número los primeros, abandonaban el Sáhara Occidental, la última colonia que poseía España en el continente africano, dejando un vacío que Washington y Moscú trataron de llenar con alguno de sus respectivos aliados.

En aquel contexto caótico y plagado de incertidumbres, el rey de Marruecos Hassan II, con el asesoramiento y la ayuda de la Casa Blanca y la CIA, envió a centenares de miles de marroquíes de todos los rincones del país a invadir de forma pacífica las tierras que el colonizador español se disponía a abandonar.

La operación no salió exactamente como habían previsto sus organizadores y el dúo Argelia/Libia, con el respaldo más o menos explícito de la Unión Soviética, creó, financió y armó a un grupo de jóvenes saharauis bautizado como  Frente Popular por la Liberación de Saquia el Hamra y Rio de Oro , conocido como Frente Polisario, que desencadenó una guerra de 15 años de duración.

En lugar de una  recuperación pacífica  y una  reunificación de la patria  como esperaba Rabat, comenzó un nuevo conflicto que terminó entrando en la agenda de Naciones Unidas.

Cuatro décadas después de la Marcha Verde, el mundo ha cambiado sustancialmente. Al equilibrio del terror de la Guerra Fría, sucedió un mundo multipolar con potencias mundiales y regionales volcadas en los grandes desequilibrios del planeta: medio ambiente, calentamiento global, recursos hídricos, energías fósiles y renovables, sobrepoblación, emigraciones masivas y guerras étnicas. Y. por encima de todo. un terrorismo planetario que amenaza los fundamentos mismos de la civilización.

Aunque el mundo ha cambiado, la herencia de la Marcha Verde ha dejado, como una fotografía en sepia, imágenes que perduran en la memoria colectiva de España, Marruecos, Argelia, Mauritania y el propio Sáhara Occidental. Y ello se debe a que aún hoy, muchos de sus protagonistas piensan como en los años 70 del siglo pasado.

De todas las situaciones dramáticas heredadas de cualquier conflicto, la más terrible es, sin duda, la que afecta a las poblaciones más desamparadas. El del antiguo Sahara español, no es una excepción.

Las devastadoras inundaciones de días pasados, que han arrasado casas de barro, enseres y los pocos bienes familiares de miles de refugiados saharauis en los campamentos de Tinduf, en Argelia, han llevado al primer plano de la actualidad la necesidad imperiosa, por encima de consideraciones políticas y de querellas ideológicas, de que esas decenas de miles de refugiados deben volver a sus tierras de origen en Laayún (el antiguo Aaiún), Esmara, Bojador o Dajla (la antigua Villa Cisneros).

En 1990 y gracias a la mediación de las Naciones Unidas cesaron los combates armados entre Marruecos y el Frente Polisario, y se abrió una etapa de negociaciones. Hoy, 40 años después de la Marcha Verde, es hora de la tregua final, el momento de un gran pacto entre los contendientes que conduzca a la reunificación del pueblo saharaui.

La oferta de Autonomía que propone Marruecos, es suficiente para iniciar esta nueva etapa. No es una solución definitiva, pero es el camino a la solución. La primera responsabilidad de los actuales gobernantes, tanto de Marruecos como de Argelia que sostiene al Frente Polisario, es cerrar definitivamente la cuestión de los refugiados.

España, como ex potencia colonial, debe hacer todo lo posible para convencer a los protagonistas de que urge la reunificación de las poblaciones saharauis. La ocasión está ahí, sólo hay que cogerla. Después de 40 años de sufrimiento no debe haber ni vencedores ni vencidos.

Pedro Canales http://www.mil21.es/noticia/309/OPINION/Sahara-espanol:-la-Marcha-Verde-cumple-40-anos.html

Categorías
África

Burkina Faso reabre la investigación del asesinato de Sankara

Una vez superado el golpe de Estado, el gobierno de Burkina Faso reabrirá la investigación del asesinato de Thomas Sankara, llamado “El Che Guevara Africano” que gobernó entre 1983 y 1987.La reapertura de la investigación ha coincidido con el 27 aniversario de su muerte, que se produjo el 15 de octubre de 1987 tras el cruento golpe de Estado que llevó al poder a Blaise Campaoré, una marioneta del imperialismo.

“Si un día me matan, él será mi verdugo”, decía Sankara en las mismas narices de Campaoré, que entonces se hacía pasar por su amigo.

En mayo fue exhumado su supuesto cadáver, junto con los de otros 12 colaboradores más. Aunque aparentemente la ropa del cadáver pertenece a Sankara, desde el exilio su mujer no ha dejado de alertar para cerciorarse de que se trata de sus restos.

El cadáver aparece acribillado a balazos. Sin embargo, el director de sanidad en el momento de su asesinato, el coronel Fidel Guebré, anunció que había muerto de muerte “natural” y ha sido acusado de falsificación de documentos públicos.

Ahora la duda es si el gobierno burkinabés se atreverá a pedir a Marruecos la extradición de Blaise Campaoré. El Presidente del gobierno de transición, Michel Kafando, así lo prometió en su discurso de investidura. El criminal ex-presidente, que hasta entonces estaba refugiado en Costa de Marfil, huyó a Marruecos, donde se esconde actualmente.

En todo África el capitán Sankara es una leyenda. Cuando el 3 de enero de 1984 se crearon los tribunales revolucionarios en Burkina Faso, pronunció un discurso de inauguración en el que dijo lo siguiente:

“Mientras haya opresión y explotación, habrá siempre dos justicias y dos democracias: la de los opresores y la de los oprimidos, la de los explotadores y la de los explotados. La justicia bajo la revolución democrática y popular será siempre la de los oprimidos y los explotados contra la justicia neocolonial de ayer, que era la de los opresores y los explotadores”.

Categorías
África

Un tribunal en el que todos los acusados son negros

El domingo llegó a Argel el presidente de Sudán, Omar El Bechir, en una visita oficial que durará tres días.

Hace algún tiempo Sudán y Egipto eran un único país, creado a lo largo del río Nilo. Incluso después de la partición entre ambos, Sudán era el país más extenso de África. Pero en 2011 perdió otro pedazo, con el que los imperialistas crearon Sudán del sur.

Pero a quien persiguen es al presidente sudanés porque el Tribunal Penal Internacional es una de esas repugnantes instituciones internacionales creadas para que las ONG, los humanistas y los amantes de los derechos humanos duerman con su conciencia bien tranquila.

Sin embargo, como en cualquier tinglado racista de los tiempos del apartheid, en ese Tribunal todos los acusados son negros.

La primera vez que El Bechir salió de su país fue en junio. Viajó a Sudáfrica para participar en una cumbre de la Unión Africana. Las ONG aprovecharon para poner una querella en su contra ante los tribunales sudafricanos, ese tipo de acciones rocambolescas que tienen un enorme eco mediático, porque se trata justamente de eso: de salir en los medios y nada más.

Los querellantes pedían que El Bechir fuera detenido en virtud de una orden emitida por el Consejo de Seguridad de la ONU durante la guerra de Darfur. Lograron que un tribunal le impidiera salir del país.

Fue una comedia. Al día siguiente el presidente sudanés ya estaba en su casa y cuando los tribunales sudafricanos pidieron explicaciones al Ministerio del Interior, éste contestó lo siguiente: “no pudimos impedir su fuga porque no presentó el pasaporte en el puesto fronterizo”. De risa.

A diferencia de Sudáfrica, Argelia no ha ratificado el tratado que instituye el Tribunal Penal Internacional, por lo que ahora mismo duerme plácidamente en la otra orilla del Mediterráneo.

En 1998 se reunieron en Roma representantes de 193 países para crear el órgano mundial capaz de poner en marcha esa idiotez a la que llaman “justicia universal”. El estatuto lo firmaron 121 de ellos, por lo que tiene muy poco de “universal”. En cuanto a lo de “justicia” no merece la pena ni mencionarlo…

Un jurista erudito recordaría que los precedentes de un tribunal de esta naturaleza están en el artículo 227 del Tratado de Versalles, sí, aquel que en 1919 puso fin a la primera guerra imperialista y dejó las puertas abiertas a la segunda.

El mundo está gobernado por dos especies surgidas a lo largo de la evolución de la humanidad, los imperialistas y los farsantes, que cualquiera puede contemplar, uno al lado del otro, en ese vodevil que se llama Tribunal Penal Internacional.

El Tratado de Versalles creó un tribunal así para juzgar al emperador del Reich alemán, Guillermo II, al que los vencedores acusaban (tomen nota), de “ofensas supremas contra la moral internacional y la autoridad sagrada de los tratados”. Lo sagrado, lo ético, lo jurídico… todo en uno.

Pero un tribunal con tan magnos deberes hacia la humanidad nunca vio la luz. Guillermo II se marchó a Holanda, un país que nunca adoptó ninguna medida en su contra, a pesar de los graves delitos cometidos por el emperador alemán. ¿Dónde quedó lo sacro, lo moral y lo jurídico? Debajo del cesto de los papeles. ¿Donde quedó Guillermo II? Está enterrado en Holanda, justo al lado de la sede actual del Tribunal Penal Internacional…

En este Tribunal no sólo todos los acusados son negros, sino que todos son africanos porque África es el único continente en el que se cometen genocidios y crímenes de guerra, contra la humanidad y demás.

Quizá el Tribunal amplíe pronto su radio de acción geográfico. El reciente bombardeo de la OTAN contra un hospital en Kunduz, Afganistán, que ha matado a 33 personas ha sido calificado por “Médicos Sin Fronteras”, como un “crimen de guerra”, por lo que esperamos pronto ver a Obama sentado en el banquillo de los acusados. ¿Será porque Obama también es negro?

Categorías
África

Golpe de Estado en Burkina Faso

Ayer un sector del Ejército de Burkina Faso encabezado por la Guardia Presidencial dio un golpe de Estado, secuestró al presidente y al primer ministro y tomó el poder en nombre de un Consejo Nacional para la Democracia, anunciando la disolución del gobierno.

En el origen del golpe se encuentra la exclusión de las elecciones previstas para el próximo 11 de octubre de varios candidatos próximos al expresidente Blaise Compaoré, derrocado hace casi un año por un levantamiento popular.

Miembros de la Guardia Presidencial irrumpieron en el Consejo de Ministros que se estaba celebrando en la capital burkinesa y se llevaron detenidos al presidente de transición, Michel Kafando, al primer ministro, el teniente coronel Yacouba Isaac Zida, y a otros dos ministros, que fueron trasladados a un campamento militar próximo. Durante toda la tarde y la noche la situación fue de enorme confusión y en las calles de Uagadugu, la capital, se escucharon disparos.

Hoy un militar de alto rango ha aparecido en la cadena pública de televisión para anunciar el fin de la transición y la toma del poder por el Consejo Nacional para la Democracia, asegurando que el régimen interino “se había apartado progresivamente de los objetivos de refundación de una democracia consensual”, justificando su acción en el hecho de que varios candidatos próximos a Compaoré habían sido excluidos del proceso electoral así como en la persecución a la que han sido sometidos los próximos al antiguo régimen. “La ley electoral ha creado división y una gran frustración en el seno del pueblo, creando dos clases de ciudadanos”, según los golpistas en un comunicado.

Durante todo el proceso de transición, miembros de la Guardia Presidencial considerados próximos al expresidente habían protagonizado distintos incidentes dirigidos a forzar la dimisión del primer ministro, el teniente coronel Zida, hasta ahora sin éxito. La posible supresión de este reaccionario cuerpo de élite, una medida anunciada por algunos candidatos a las elecciones que iba cobrando fuerza, es otra de las razones que podrían estar en el origen del golpe.

El proceso de transición en Burkina Faso comenzó hace casi un año cuando un levantamiento popular logró derrocar al entonces presidente Blaise Compaoré, que llevaba 27 años en el poder y que pretendía volver a concurrir a las elecciones. Tras este alzamiento, las autoridades de transición, encabezadas por un civil pero con un fuerte peso militar, se comprometieron a organizar elecciones, previstas para el 11 de octubre. A dichos comicios concurrían 14 candidatos, entre los que dos opositores a Compaoré eran claros favoritos, Zéphirin Diabré y el expresidente del Parlamento Marc Roch Christian Kaboré.

Desde la descolonización, es decir, desde hace medio siglo aproximadamente, África ha padecido más cien de golpes de Estado, de los que unos 80 han triunfado. Los más importantes han sido:

1963, Togo, Gnassingbé Eyadema, Sylvanus Olympio
1965, Argelia, Huari Boumedian, Ahmed Ben Bella
1965, Zaire, Mobutu Sese Seko, Joseph Kasavubu
1966, Burundi, Michel Micombero, Ntare
1966, Centroáfrica, Jean Bedel Bokassa, David Dacko
1966, Nigeria, Johnson Aguiyi-Ironsi, Nnamdi Azikiwe
1966, Nigeria, Yakubu Gowon, Johnson Aguiyi-Ironsi
1966, Uganda, Milton Obote, Edward Mutesa
1966, Ghana, Joseph Arthur Ankrah, Kwame Nkrumah
1967, Congo, Marien Ngouabi, Debat Massamba
1968, Mali, Moussa Traoré, Modibo Keita
1969, Libia, Mouammar Kadhafi, Idris
1969, Sudán, Gafar Nimeiry, Ismail al-Azhari
1970, Ghana, Ignatius Kutu Acheamphong, Edward Akufo-Addo
1971, Uganda, Idi Amin Dada, Milton Obote,
1972, Marruecos, Mohamed Oufkir, Hassan II,
1972, Bénin, Mathieu Kérékou, Justin T. Ahomadégbé
1973, Ruanda, Juvenal Habyarimana, Gregoire Kayibanda
1974, Etiopía, Aman Mikael Andom, Haile Selassi
1974, Etiopía, Mengistu Haile Mariam, Aman Andom,
1974, Níger, Seyni Kountché, Hamani Diori,
1975, Comores, Saïd Mohamed Jaffar, Ahmed Abdallah,
1975, Nigeria, Yakubu Gowon, Johnson Aguiyi-Ironsi
1975, Nigeria, Murtala Mohammed, Yakubu Gowon
1975, Chad, Noel Milarew Odingar, François Tombalbaye
1976, Burundi, Jean-Baptiste Bagaza, Michel Micombero
1976, Comores, Ali Soilih, Said Mohamed Jaffar
1976, Nigeria, Olusegun Obasanjo, Murtala Mohammed
1977, Congo, Joachim Yhombi-Opango, Marien Ngouabi
1977, Etiopía, Mengistu Haile Mariam, Tafari Benti
1978, Comores, Said Atthoumani, Ali Soilih
1978, Mauritania, Moustapha Ould Saleck, Moktar Ould Daddah
1978, Ghana, Frederick Fred William Kwasi Akuffo, Ignatius Kutu Acheamphong
1979, Mauritania, Mohamed Khuna Uld Haidalla, Mustafá Uld Saleck
1979, Congo, Denis Sassu-Nguesso, Joachim Yhombi-Opango
1979, Centroáfrica, David Dacko, Bokassa
1979, Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, Francisco Macías Nguema
1979, Chad, Goukouni Oueddei, Félix Mallum
1979, Uganda, Yusuf Lule, Idi Amin Dada
1979, Ghana, Jerry John Rawlings, Frederick Fred William Kwasi Akuffo
1980, Burkina Faso, Saye Zerbo, Sangulé Lamizana
1980, Guinea-Bissau, Joao Bernardo Vieira, Luis de Almeida Cabral
1980, Liberia, Samuel Doe, William Richard Tolbert
1981, Centroáfrica, André Kolingba, David Dacko
1981, Ghana, Jerry John Rawlings, Hilla Limann
1982, Burkina Faso, Jean-Baptiste Uedraogo, Saye Zerbo
1982, Chad, Hissen Habré, Gukouni Ueddei
1983, Burkina Faso, Thomas Sankara, Jean Baptiste Uedraogo
1983, Nigeria, Muhammadu Buhari, Alhaji Shehu Shagar
1984, Guinea, Lansana Conté, Luis Lansana Beavogui
1984, Mauritania, Maauiya Uld Taya, Mohamed Juna Uld Haidalla
1985, Uganda, Bazilio Olara Okello, Milton Obote
1985, Sudán, Swar al-Dahab, Gaafar Nimeiry
1985, Nigeria, Ibrahim Babangida, Muhammadu Buhari
1986, Sudán, Ahmed al-Mirghani, Swar al-Dahab
1987, Burkina Faso, Blaise Compaoré, Thomas Sankara
1987, Burundi, Pierre Buyoya, Jean Baptiste Bagaza
1987, Túnez, Zine El-Abidine Ben Ali, Habib Burguiba
1989, Sudán, Omar el-Bechir, Ahmed al-Mirghani
1990, Liberia, Prince Johnson, Samuel Doe
1990, Chad, Idriss Déby Itno, Hissène Habré
1991, Mali, Amadu Tumani Touré, Moussa Traoré
1992, Argelia, Haut conseil de sécurité, Chadli Bendjedid
1993, Nigeria, Sani Abacha, Ernest Shonekan
1994, Ruanda, Pasteur Bizimungu, Theodore Sindikubwabo
1994, Gambia, Yahya Jammeh, Dawda Jawara
1995, Comores, Ayuba Combo, Said Mohamed Djohar
1996, Burundi, Pierre Buyoya, Sylvestre Ntibantunganya
1996, Níger, Ibrahim Baré Mainassara, Mahamane Usmán
1997, RD del Congo, Laurent-Desiré Kabila, Mobutu Sesé Seko
1997, Congo, Denis Sassou-Nguesso, Pascal Lissuba
1999, Comores, Azali Assumani, Tadjidine Ben Said Massunde
1999, Costa de Marfil, Robert Guei, Henri Konan Bedié
1999, Guinea-Bissau, Ansumane Mané, Joao Bernardo Vieira
1999, Níger, Dauda Malam Wanké, Ibrahim Baré Mainassara
2003, Centroáfrica, François Bozizé, Ange-Félix Patassé
2003, Guinea-Bissau, Verissimo Correia Seabra, Kumba Yala
2005, Mauritania, Ely Uld Mohamed Vall, Maauiya Uld Taya
2005, Togo, Faure Gnassingbé, Fambaré Uattara Natchaba
2008, Mauritania, Mohamed Uld Abdel Aziz, Sidi Mohamed Uld Cheikh Abdallahi
2008, Guinea, Mussa Dadis Camara, Lansana Conté
2009, Madagascar, Andry Rajoelina, Marc Ravalomanana
2010, Níger, Salu Djibo, Mamadu Tandja
2012, Mali, Amadu Haya Sanogo, Amadu Tumani Turé
2012, Guinea-Bissau, Mamadu Turé Kuruma, Carlos Gomes Júnior
2013, Centroáfrica, Michel Djotodia, François Bozizé
2013, Egipto, Al-Sisi, Mohamed Morsi
2014, Gambia, Armée, Yahya Jammeh
2014, Centroáfrica, Michel Djotodia, transición
2014, Burkina Faso, Blaise Compaoré
2015, Burundi, Godefroid Niyombare, Pierre Nkurunziza

A un lado hemos puesto el nombre del presidente destituido y al otro al golpista.

La mayor parte de ellos fueron obra de las grandes potencias imperialistas.

Categorías
África

Desde 1963 Francia ha asesinado a 21 Jefes de Estado africanos

El  continente africano acapara un tercio de los magnicidios que se han cometido en el mundo en los últimos años. En la mayor parte de ellos están implicadas las grandes potencias europeas, especialmente Francia, los campeones de los derechos humanos. Directa o indirectamente los imperialistas galos asesinan a un Jefe de Estado cada tres años. Los crímenes que se les imputan son, entre otros, los siguientes:

1963, Sylvanus Olympio, Presidente de Togo
1966, John-Aguiyi Ironsi, Presidente de Nigeria
1969, Abdel Rashid Shermarke, Presidente de Somalia
1972, Abeid-Amani Karumé, Presidente de Zanzibar
1975, Richard Ratsimandrava, Presidente de Madagascar
1975, François-Ngarta Tombalbaye, Presidente de Chad
1976, Murtala-Ramat Mohammed, Presidente de Nigeria
1977, Marien Ngouabi, Presidente de Congo-Brazzaville
1977, Teferi Bante, Presidente de Etiopía
1981, Anuar Al-Sadat, Presidente de Egipto
1981, William-Richard Tolbert, Presidente de Liberia
1987, Thomas Sankara, Presidente de Burkina-Faso
1989, Ahmed Abdallah, Presidente de Comores
1989, Samuel-Kanyon Doe, Presidente de Liberia
1992, Mohammed Budiaf, Presidente de Argelia
1993, Melchior Ndadayé, Presidente de Burundi
1994, Cyprien Ntaryamira, Presidente de Burundi
1994, Juvenal Habyarimana, Presidente de Ruanda
1999, Ibrahim Barré-Mainassara, Presidente de Níger
2001, Laurent-Desiré Kabila, Presidente de Congo-Kinshasa
2009, Joao Bernardo Vieira, Presidente de Guinea-Bissau
2011, Muammar Gadafi, Presidente de Libia