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Ciencia

‘La política hace a pequeña escala lo que la medicina hace a lo grande’

Uno de los errores más comunes en torno a la ciencia es la de aquellos que la reducen a su dimensión cognoscitiva y de ella sólo tienen en cuenta los conocimientos. La ciencia es un saber “neutral”, desprovisto de connotaciones ideológicas, políticas, religiosas, morales o filosóficas. Sus practicantes son personas de la misma factura: están por encima de las clases y de la lucha de clases. La conclusión evidente es que hay que dejar la ciencia en manos de los científicos. Si los demás queremos acertar en nuestras decisiones, debemos aceptar el consejo de los que saben, de los expertos

Pero, como dice un refrán, saber es poder y a la inversa. La burguesía supone que puede perpetuar su dominación transformando los problemas políticos en problemas técnicos, que eso asegura su gobernabilidad, hoy y en el futuro. Los políticos se entrometen en la ciencia tanto, por lo menos, como los científicos en la política. Lo reconoció el creador de la moderna teoría celular, el alemán Virchow con su equiparación entre la medicina y la política: “Die Politik ist weiter nichts, als die Medizin im Großen” (La política hace a pequeña escala lo que la medicina hace a lo grande).

La ciencia es una fuerza productiva y un instrumento de hegemonía política. Hoy en día ningún ejército es capaz de vencer sin los científicos. La ciencia (y la tecnología) han pasado a formar parte de la maquinaria militar y, por consiguiente, deben ser estudiados como tales, escribe Latour (1). Entre un 20 y un 30 por ciento de los científicos trabajan en proyectos militares, porcentaje que sube al 40 por ciento en Estados Unidos. El 70 por ciento de la inversión en ciencia se destina a la guerra. La militarización de la ciencia asegura una provisión de mano de obra a su imagen y semejanza: disciplinada y amaestrada. Ni en un cuartel de artillería ni en un observatorio astronómico caben las singularidades.

En la Segunda Guerra Mundial, el “Proyecto Manhattan” para fabricar la primera bomba atómica, selló el destino de la ciencia para el futuro. El Proyecto invirtió 2.000 millones de dólares de la época, empleando a 125.000 científicos en más de diez centros de investigación distintos bajo una misma dirección militar y política. La ciencia estadounidense -y por extensión la sometida a su influencia- nunca volvió a recuperarse de aquella faraónica movilización de recursos. Fue la primera organización civil puesta al servicio del ejército estadounidense. Nació la “big science”, las gigantescas industrias científicas.

Como consecuencia de esa situación, una parte cada vez más importante de lo que se considera como “ciencia” tiene poco que ver con ella y, en cualquier caso, tiene que ver también con intereses espurios, que la mayor parte de las veces son bastante turbios, empezando por el transplante de médula o la creación del Centro de Control de Enfermedades de Atlanta. Cuando en la posguerra el propio Eisenhower denunció los peligros del complejo militar-industrial, también puso a la ciencia en el mismo punto de mira.

Eisenhower se refería a dos riesgos simultáneos que concernían a su propio país: primero, la sumisión de los científicos “con el poder del dinero” y, segundo, que la democracia se convierta en un rehén de los tecnócratas, de quienes pretenden acaparar para sí el monopolio del conocimiento y que los demás adapten a ellos sus decisiones (2).

Además de militarizada la ciencia está industrializada. A la ciencia como fuerza productiva, esto es, a la aplicación de la ciencia a la producción capitalista, hay que añadir la aplicación del capitalismo a la ciencia. La megaciencia necesita una movilización tal de recursos que sólo se puede lograr mediante una militarización de los medios puestos a su disposición, entre ellos, los propios científicos. El acelerador de partículas de Ginebra reúne a unos 8.000 físicos cuyas condiciones de trabajo son las de cualquier cadena de montaje. La EMBO (Organización Europea de Biología Molecular) creada en 1964, reúne a más de 1.100 científicos, la mayor parte de los cuales no son más que emisarios de la industria del ramo.

Tras el programa “Átomos para la Paz”, Estados Unidos entró en una era de economía de guerra permanente. El informe Paley demostró que la economía había pasado a estar fundada en criterios militaristas.

El Plan Bolonia, del que ya nadie se acuerda, selló la industrialización y militarización de la ciencia en Europa, la transformación de la universidad en una fábrica (3), un paso necesario porque los laboratorios y centros de investigación ya lo estaban. El 75 por ciento de la investigación se lleva a cabo en empresas privadas con dinero público. Los científicos son funcionarios públicos y empleados privados. Como en el ejército o en cualquier sector económico, no cabe ninguna posibilidad de discusión de las órdenes. Como cualquier peón fabril, el científico tiene que ser sometido y, además, debe aceptar e interiorizar su propia condición gregaria como un estado natural.

Como consecuencia de ello, la ciencia atraviesa un profundo declive, sólo comparable al de la Edad Media. Se investiga, se publica y se lee aquello que se financia y subvenciona a golpe de talonario. Lo demás no existe, no es ciencia. No es necesario recordar que quien paga manda, ni tampoco que quien paga y manda nada tiene que ver con la ciencia, es decir, que quien la dirige es ajeno a ella.

La ciencia fue la gran coartada que justificó el incremento de los gastos militares durante la Guerra Fría, que dejaron de parecer improductivos para convertirse en una inversión, es decir, rentables. Inmediatamente después de que en 1957 los soviéticos colocaran en órbita el Sputnik, el primer satélite artificial, el general Eisenhower organizó ARPA, de donde nacieron la NASA, la Comisión de Energía Atómica e internet. Actualmente dispone de un presupuesto anual de unos 2.000 millones de dólares y es una primeras fábricas científicas del mundo.

Por iniciativa de la Union of Concerned Scientists, en febrero de 2004 un grupo de más de 60 científicos, 20 de ellos galardonados con el Premio Nóbel, dirigieron una carta colectiva al presidente Bush protestando por la injerencia política de su gobierno en la investigación científica. El documento es un texto incendiario en el que los firmantes protestan por la manipulación que lleva a cabo el gobierno de los resultados de las investigaciones, la imposición de políticos de confianza en los comités consultivos y la asfixia de aquellos conocimientos científicos que no concuerdan con sus planteamientos políticos.

(1) Bruno Latour: La ciencia en acción. Cómo seguir a los científicos e ingenieros a través de la sociedad, Labor, Barcelona, 1992, pgs.164 a 166.
(2) Eisenhower’s Farewell Address to the Nation, 17 de enero de 1961, http://mcadams.posc.mu.edu/ike.htm
(3) Cfr.Carlos Sevilla Alonso: La fábrica del conocimiento. La universidad-empresa en la producción flexible, El Viejo Topo, Barcelona, 2010.
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Noticias

Twitter censura cualquier clase de información sobre las vacunas que no proceda de fuentes oficiales

El lunes Twitter anunció que bloqueará permanentemente las cuentas que suministren cualquier clase de información sobre las vacunas que contradiga a las fuentes oficiales.

La red social tiene la intención de intensificar la censura de las fuentes alternativas de información sobre las vacunas, incluyendo la posibilidad de eliminar a los usuarios después de cinco advertencias.

A partir del segundo aviso, los usuarios tendrán sus cuentas bloqueadas durante 12 horas. Al cuarto aviso, el bloqueo durará 7 días. En el quinto, se convertirá en permanente.

Twitter también adjuntará etiquetas a los mensajes “que puedan contener información engañosa sobre las vacunas Covid-19”, según el comunicado publicado el lunes.

“Creemos que este sistema de advertencia ayudará a educar al público sobre nuestras normas y a reducir mejor la difusión de información potencialmente peligrosa o engañosa en Twitter, especialmente en el caso de infracciones reiteradas, moderadas o graves”, dijo en un comunicado oficial.

En diciembre Twitter ya exigió a algunos usuarios que eliminaran ciertas informaciones, como las obviedades de que las vacunas pueden perjudicar la salud o que buscan controlar a la población.

Como los demás monopolios tecnológicos, Twitter quiere convertir las vacunas, que son opcionales, en una necesidad, e incluso en la única necesidad frente a la pandemia. Por supuesto, que tampoco permite cuestionar las cifras oficiales de la pandemia o las causas de la misma.

Desde entonces, la red social han censurado más de 8.400 tuits y amenazado a unos 11,5 millones de cuentas en todo el mundo.

Ya en octubre, cuando las vacunas sólo estaban en fase de pruebas clínicas, YouTube y Facebook también anunciaron normas estrictas de censura de los contenidos.

https://help.twitter.com/en/rules-and-policies/medical-misinformation-policy
https://blog.twitter.com/en_us/topics/company/2021/updates-to-our-work-on-covid-19-vaccine-misinformation.html
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Represión

Las escuelas de Los Ángeles se asocian a Microsoft para imponer un pasaporte sanitario a los alumnos

Las escuelas de Los Ángeles se han asociado a Microsoft para imponer un pasaporte sanitario a los alumnos. Para poder acceder a la escuela los niños deberán someterse a controles de salud diarios en una aplicación informática que dependerá de la multinacional de Bill Gates.

Los alumnos que superen los controles sanitarios recibirán un permiso de entrada con un código QR que les dará acceso a la escuela durante ese día, siempre que den negativo en la prueba de coronavirus, no presenten síntomas y tengan una temperatura corporal inferior a 37,8 grados centígrados.

Incluso después de haber obtenido la autorización de entrada y haber accedido a la escuela, los alumnos tendrán que llevar mascarilla y respetar la distancia social.

Además de exigir a los alumnos que realicen controles sanitarios diarios, el permiso digital también animará a los alumnos a programar pruebas semanales de coronavirus, a vacunarse cuando estén disponibles y a almacenar los resultados de cualquier prueba externa en la aplicación.

El sistema no sólo requiere que los alumnos utilicen el pasaporte sanitario para acceder a las escuelas, sino que los datos confidenciales de la aplicación también serán utilizados por varios colaboradores en materia de investigación y atención sanitaria de Los Ángeles (Anthem Blue Cross, Cedars Sinai, Healthnet, la Universidad de Stanford, la Universidad de California de Los Ángeles y la Universidad Johns Hopkins) con el pretexto de “proporcionar orientación sobre estrategias para crear un entorno escolar lo más seguro posible”.

El vídeo explicativo que promociona la aplicación la describe como una solución para los niños que tienen miedo a enfermar y se abre con un personaje de dibujos animados que da miedo, Racquel Ramírez, que le dice a su madre: “Mamá, tengo miedo de volver al colegio. No quiero enfermar y no quiero que tú y papá se enfermen”.

El pasaporte se vende publicitariamente como una solución para “volver al colegio de forma segura” y Ramírez se presenta feliz escaneando su autorización con código QR para entrar en el colegio.

La conclusión del vídeo explicativo muestra a Ramírez terminando su primer día de vuelta al colegio con la autorización digital y diciéndole a su padre: “Papá, tengo que admitir que al principio tuve miedo, pero luego me sentí seguro. Fue muy bueno estar de vuelta. Gracias por mantenerme a salvo. Te quiero mucho”.

La escena se desarrolla con la autorización de entrada de Ramírez, visible en todo momento, y finaliza acercándose al código QR.

La introducción de esta aplicación sigue a la introducción de sistemas similares de pasaportes sanitarios en todo el mundo, en los que se bloquea a los ciudadanos la entrada a determinados locales o el acceso a ciertos servicios si no tienen su acreditación digital.

La Unión Europea tiene previsto introducir este mes certificados digitales de vacunación y varios monopolios tecnológicos han formado un holding para participar en los pasaportes digitales de vacunación en previsión de la adopción de esta tecnología por parte de gobiernos, aerolíneas y otras empresas, así como en la compraventa de los datos sanitarios confidenciales.

https://reclaimthenet.org/la-unified-school-district-microsoft-covid-19-daily-pass/
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Salud

Japón pide a China que no practique pruebas anales de coronavirus a sus residentes

El gobierno nipón ha pedido a China que no realice pruebas anales de coronavirus a los ciudadanos japoneses, alegando el “sufrimiento psicológico” que provoca dicho método.

La declaración del gobierno japonés se ha producido después de que se informara de que el personal diplomático estadounidense en China se había quejado de haber sido sometido a las pruebas anales, lo que China ha negado.

El mes pasado China estimó que el análisis de muestras de hisopos rectales aumenta la tasa de detección de contagios en comparación con los hisopos de garganta o nariz.

Sin embargo, Japón ha enviado un requerimiento oficial a China a través de su embajada en Pekín, solicitando que sus nacionales queden exentos de las pruebas, después de que los expatriados japoneses expresaran su “profundo sufrimiento psicológico” tras las pruebas, dijo el lunes por la noche el portavoz del gobierno japonés, Katsunobu Kato. “Por el momento, no hemos recibido ninguna respuesta que diga que van a cambiar esto. Seguiremos reclamando esto”, añadió, señalando que no tenía información sobre el uso de este método fuera de China.

Los métodos de muestreo de China “se basan en la ciencia” y “se ajustan a la cambiante situación epidemiológica y a las leyes y reglamentos vigentes”, dijo un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino al ser preguntado por esta cuestión.

<h6>https://ph.news.yahoo.com/tokyo-asks-china-stop-anal-112742819.html</h6>

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Salud

¿Por qué han comenzado a descender las cifras de la pandemia precisamente ahora?

Los números rojos de la pandemia empiezan a bajar. Rusia acaba de eliminar las restricciones, Texas también y Mississippi lo hará esta misma semana. Ahora toca explicar los motivos del descenso. Los “expertos” lanzan las explicaciones que cabía esperar, que van desde los confinamientos hasta las vacunas.

Pero los confinamientos fracasaron, una ola tras otra, por lo que sólo les quedan las vacunas milagrosas, otra explicación falsa porque, como reconocen algunos, la propagación no se detiene con ellas.

Seguimos, pues, como al principio.

El descenso presenta dos características generales. La primera es que se produce simultáneamente en diferentes países del mundo. El segundo es que comienza a mediados de enero.

El truco para bajar los números rojos procede, una vez más, de la OMS y consiste en seguir manipulando las pruebas PCR, que ha sido otro de los nudos en torno a los que se ha construido esta pandemia.

No cabe duda que la multiplicación de pruebas PCR es lo que ha inflado las estadísticas de “brotes” y “contagios”. Por lo tanto, cabe pensar que si se ha reducido el número de pruebas, también se ha reducido el número de “contagios”. Sin embargo, aunque nos han repetido mil veces una de las cifras, la de “contagios”, no hemos tenido la misma información respecto a la otra, la de pruebas realizadas.

Tampoco es posible asegurar que todos los países hayan reducido el volumen de pruebas practicadas casi al mismo tiempo.

Hay una segunda explicación: a partir de mediados de enero la OMS empezó a llamar la atención sobre el número de “asintomáticos” detectados por las pruebas y sugirió que se repitieran para obtener una confirmación.

Este toque de atención, que no era nuevo, fue seguido de otro que hasta entonces la OMS no había destapado, aunque era muy conocido: a partir de un determinado número de ciclos, la prueba PCR arrojaba “falsos positivos” por lo que la OMS instaba a poner un tope en 35 ciclos (*). Ahora los “contagios” detectados a partir de dicha cifra han dejado de contabilizarse.

Es otro artificio que se podía haber impuesto desde el inicio de la pandemia. Sin embargo, en la fase anterior había que inflar el número de “contagios”, aunque se obtuvieran con un número excesivo de ciclos, y ahora hay que reducirlo.

Por lo tanto, no hay una reducción de “casos” sino otro cambio más en la manera de contar y de detectar “positivos”. Dicho artificio no cambia en absoluto la realidad porque los “asintomáticos” siguen siendo personas absolutamente sanas, antes y ahora.

Lo mismo ocurre con los enfermos y fallecidos, que quedan fuera de las estadísticas porque con los nuevos criterios para las pruebas PCR, dejan de ser “positivos”.

No es casualidad que la OMS introdujera el truco cuando comenzaron las primeras campañas de vacunación. Ahora parecerá que ya no hay “brotes” gracias a las inoculaciones. Pero no olvidemos que hasta los más histéricos, como Margarrita del Val, han reconocido que las vacunas no reducen los “contagios”.

(*) https://www.who.int/news/item/20-01-2021-who-information-notice-for-ivd-users-2020-05
https://web.archive.org/web/20210120083427/https://www.who.int/news/item/14-12-2020-who-information-notice-for-ivd-users

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Salud

Acusado de homicidio el director del asilo de Tomelloso en el que murieron 76 ancianos

El juez acusa a José Manuel Sampedro Lara, director del asilo de Tomelloso, de homicidio imprudente y omisión del deber de socorro por el fallecimiento de 76 ancianos durante los tres primeros meses de la pandemia.

El director tendrá que acudir a declarar ante el juez el próximo 16 de abril.

Los familiares de los fallecidos presentaron una denuncia con el fin de que se esclarezcan los 76 fallecimientos.

El caos llevó al gobierno autonómico a tomar las riendas del asilo, de titularidad privada, para hacer frente a los fallecimientos. En otra residencia que está al lado, de titularidad pública, solo murieron 8 ancianos.

La dirección del asilo no ofreció ninguna clase información a las familias y les aseguró que en el asilo había “covid cero”. Los familiares relatan que, o bien era imposible comunicar telefónicamente o bien cuando conseguían que alguien respondiera a la llamada, se limitaban a decir que el anciano “no tenía fiebre, que tenían mucho trabajo” y colgaban el teléfono.

La situación real que se vivía en el asilo saltó a los titulares de prensa el 18 de marzo cuando el propio director del asilo denunció el supuesto “abandono” por parte del gobierno autonómico.

El director dijo que estaban “completamente abatidos, destrozados psicológicamente”, ante una situación “muy complicada” y que eran 14 los fallecidos, una cifra que “va aumentando”, comentó entonces.

Sampedro, que había sido concejal del PP, aseguró que nadie les estaba ayudando y que, por su parte, habían informado “en todo momento” a las autoridades, tanto a la Consejería de Bienestar Social como al Ayuntamiento, pero “nadie nos escucha”.

Además, afirmó que estaba informando a las familias por teléfono sobre la situación. “Ayer por la tarde recibí 60 llamadas”, dijo, pero “ninguna” de las autoridades. “Nos sentimos abandonados”, apostilló.

Explicó también que “desde el primer momento” en que se tuvo conocimiento del primer positivo, “cerramos la residencia, solo pueden entrar los trabajadores” y los ancianos “están cada uno en su habitación”.

Tan solo dos días antes, Sampedro había dicho en las redes sociales que en el asilo se estaba trabajando con normalidad. “La furgoneta que hay en la puerta es del hospital, verificando que todos los residentes están bien y haciéndoles pruebas del covid-19. Se está haciendo en todos los centros”, para a continuación facilitar un número de móvil al que podía llamar “cualquier familiar” que necesitara información. “Pero está todo bien”, concluía.

El mismo 18 de marzo el director general de Salud Pública de Castilla La Mancha, Juan José Camacho, desmintió las afirmaciones del director. Dijo que las tres denuncias realizadas por Sampedro -el abandono por parte de la Junta, la ausencia de contactos con las autoridades sanitarias y la ausencia de pruebas ante el brote de coronavirus en la residencia- eran falsas.

Detalló que ese fin de semana desde la Gerencia de Área de Tomelloso se contactaba con la residencia Elder, siendo ese el momento en el que se informa de que hay un grupo de residentes con síntomas, ante lo que se ponen a su disposición, y el domingo se informa de varias muertes, por lo que el mismo director general contacta con Sampedro por teléfono.

“Me refiere una situación compleja, donde no hay equipos de protección individual para los trabajadores, siendo esta empresa de titularidad privada, con lo cual la responsabilidad de sus trabajadores recae sobre ellos”, precisaba Camacho.

Camacho explicaba también cómo el domingo se habían proporcionado por parte del Sescam equipos de protección individual EPI a los trabajadores de la residencia, que hasta el momento carecían de ellos.

También le informa de que “no tiene médico y la situación es alarmante”, por lo que desde el Sescam se envía un equipo médico y enfermera para realizar las primeras tareas de triaje y se ponen “las primeras medidas de control epidemiológico sobre la población residente”.

<h6>https://www.periodicoclm.es/articulo/ciudad-real/imputan-director-residencia-privada-elder-tomelloso-murieron-76-ancianos-primera-ola/20210301102250011990.html</h6>

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Ciencia

Otro fraude científico para explicar el éxito de las vacunas en Israel

Repetidamente los medios del mundo entero pusieron a Israel como ejemplo de vacunación masiva y rápida. Después dijeron que, como cabía esperar, las vacunas habían sido un éxito completo, que los contagios se habían reducido, así como las hospitalizaciones y fallecimientos.

Algunos hablaron descaradamente de milagro (1). “La vacuna de Pfizer protege al 98,9% de la muerte por coronavirus a los 14 días de la segunda dosis”, titulaba el Huffington Post (2). Los resultados de la vacunación “han permitido retornar paulatinamente a la normalidad” en Israel, aseguraba la BBC (3).

Las noticias iban acompañadas de la típica parafernalia de apoyos en las revistas médicas especializadas, como el New England Journal of Medicine, según la cual la vacuna de Pfizer es efectiva en un 95 por ciento (4).

Este tipo de milagros científicos se apoyan en fraudes estadísticos bastante descarados, por no decir inventados, como en el caso del New England Journal of Medicine. Patrice Gibertie ha destapado el fraude cometido por la publicación (5), otro más a sumar a los que desde hace un año se vienen haciendo pasar por “ciencia”.

La manipulación es tan burda que no merece la pena dedicar ni un minuto a desmontarla. Lo que queda es insistir en que los “expertos” nos toman por imbéciles y se rodean de cifras y porcentajes para dar una apariencia de verosimilitud a sus conclusiones.

Si los efectos de la vacuna han sido tan maravillosos en Israel, no necesitarían recurrir a ninguna manipulación tan escandalosa como la que publica una revista que deja a la medicina moderna en muy mal lugar.

Por lo demás, quedamos a la espera de que aún haya científicos de verdad que denuncien este tipo de basura que soportamos desde hace un año.

(1) https://www.hoy.es/internacional/israel-milagro-vacuna-20210104215148-ntrc.html
(2) https://www.huffingtonpost.es/entry/vacuna-pfizer-israel_es_60322f6cc5b66dfc101f596f
(3) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-56172594
(4) https://www.nejm.org/doi/10.1056/NEJMoa2101765
(5) https://pgibertie.com/2021/02/28/un-parfum-de-lancet-gateletude-israelienne-sur-lefficacite-du-vaccin-bute-sur-des-invraisemblances-statistiques/

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Salud

Norrmalmstorg global (nos hemos acostumbrado demasiado pronto al encierro)

Kristin Ehnmark era una de las rehenes en el asalto al banco Kreditbanken, de la plaza Norrmalmstorg de Estocolmo en el verano de 1973 que se sintió identificada con los asaltantes que la tenían retenida. Poco después, el psiquiatra Nils Bejerot, explicó que Kristin había actuado de este modo debido a causa de su conducta irracional, era un síndrome psiquiátrico al que llamó Norrmalmstorg, posteriormente nombrado como síndrome de Estocolmo.

La idea psicoanalítica era que cuando la gente está abrumada por el miedo, inconscientemente regresa a una etapa infantil y se empieza a identificar con el agresor, pues es quien les da vida. Ideas relacionadas con estas pueden encontrarse en algunas formas de pensamiento marxista para explicar la razón por la que el proletariado no se levanta contra sus opresores. En todos esos casos, son las víctimas las que están actuando irracionalmente en contra de sus intereses.

En 1978, durante el secuestro del Primer Ministro italiano Aldo Moro, el profesor Vincenzo Cappelletti (1), Presidente de La Domus Galilaeana, Instituto Italiano de Historia de la Ciencia, la sociología de la ciencia, la historia de la filosofía y la historiografía política, participó en los comités de crisis como mayor experto y declaró que Moro padecía el síndrome de Estocolmo hacia sus secuestradores y con ello daba espaldarazo a las tesis del conjunto de la clase política italiana que interesadamente lo tildaron de loco en una tergiversación y ocultación de las cartas de Aldo Moro de gran contenido político, social y ético.

Esta tesis, posteriormente defendida en varios trabajos de investigación psicológica como algo puntual y debido a un estrés individual en personas de muy baja autoestima, no concuerda con una persona como Aldo Moro que conservó plena lucidez hasta su muerte, pero que se utilizó una de las versiones del Síndrome de Estocolmo para desacreditarlo.

Ha habido a nivel internacional diversas interpretaciones y descripciones del llamado Síndrome de Estocolmo, que se podrían sintetizar en dos: por un lado autores que lo niegan, y lo consideran como una conducta no generalizada ni generalizable (2), y autores que lo consideran como una valiosa aportación para la explicación de conductas y actitudes de víctimas hacia sus agresores (3) o que, como teoría, ayuda a predecir de alguna manera un comportamiento general.

Lucía Ester Rizo-Martínez del Instituto de Neurociencias de La Universidad de Guadalajara, en Jalisco, México realizó una exaustiva revisión de diversos artículos y tesis de profesionales de diversos países (4) y algunas referencias utilizadas en este escrito son extractos de dicha revisión.

Algunos sociólogos han acuñado la expresión “expansión de dominio” cuando dicho síndrome no se relaciona a casos individuales, sino a reacciones colectivas (5), y es precisamente a partir de estas tesis que deberíamos analizar el secuestro de la población mundial desde marzo de 2020 como una auténtica “expansión de dominio” de alcance mundial y preguntarnos sobre las reacciones mayoritarias ante dicho secuestro colectivo. Se ha escrito y razonado por diversas fuentes que lo acaecido y lo que todavía sifrimos se trata de un macro experimento de control social a escala mundial. No voy a ahondar en ello en este momento, aunque no se puede perder de vista que los experimentos a pequeña escala como el de Milgram o de Stanford han sido puestos en práctica posteriormente e integrados en los manuales militares y policiales. Las investigaciones sobre las torturas en la cárcel iraquí de Abú Ghraib y el sadismo de los militares estadounidenses entroncan perfectamente con los resultados experimentales antes mencionados, así como los métodos utilizados en la base norteamericana de Guantánamo sobre el aislamiento sensorial han sido cuidadosamente estudiados, detallados y asesorados para su práctica por profesionales del mundo de la psicología y psiquiatría, provenientes de las más prestigiosas universidades.

Un estudio colectivo sobre el tema propone cuatro elementos característicos del Síndrome de Estocolmo: 1) la amenaza percibida para la supervivencia, 2) la percepción en el cautiverio de alguna pequeña bondad del captor dentro de un contexto de terror, 3) el aislamiento de personas distintas al captor y 4) la incapacidad percibida para escapar (6), y otros autores mencionan que las víctimas aterrorizadas necesitan seguridad, protección y esperanza, lo cual le lleva a ignorar el lado negativo del abusador y a adoptar su cosmovisión y su racionalización (7).

Durante el proceso, existe una respuesta donde se involucra el control de la mente a través de una inducción de terror extremo a las víctimas para hacerlos indefensos, impotentes y totalmente sumisos.

El grupo de Graham en la Universidad de Cincinnati propuso un Síndrome de Estocolmo generalizado, el cual se basa en dos conceptos psicológicos: la teoría del Síndrome de Estocolmo de Graham, centrado en el estudio de la violencia contra las mujeres y jóvenes, y la generalización del estímulo. El primer concepto consiste principalmente en el vínculo que desarrolla la víctima con el agresor, ya que éste crea la esperanza de que de esta manera el abuso se detendrá. El segundo concepto está basado en una ley científica en el campo de la psicología, en la que un animal que ha aprendido a dar una respuesta determinada a cierto estímulo también dará esa respuesta a estímulos distintos del estímulo original, siempre que los otros estímulos sean bastante similares a los del estímulo original” (8).

Aunque seguramente existe documentación fruto de experimentos no publicados, puesto que tal como afirma Jonathan García-Allen (9) en un artículo al respecto de dicho síndrome que “no sería ético probar las teorías sobre este síndrome mediante la experimentación”.

Pero a los organizadores del terror impuesto a través de una más que sospechosa pandemia, ni conocen la ética ni les importa pisotear el mismo Código de Nuremberg que ellos mismos aprobaron a tenor de las experimentaciones en humanos realizadas por el Tercer Reich. El consentimiento informado ha desaparecido y con él cualquier atisbo de ética: los aislamientos, secuestros domiciliarios, la imposición de bozales, y las cuestionadas pruebas PCR, las vacunaciones, no han ido precedidos de dicho consentimiento sino “manu militari” y con las consiguientes amenazas de perder un puesto de trabajo, de no poder acudir a locales públicos, de no poder viajar… en un paralelismo con los secuestros que dieron nombre al Síndrome de Estocolmo.

Algo similar a lo caracterizado como el Síndrome de Estocolmo Laboral que no es otra cosa que la conducta de apego, identificación e incluso vinculación psico-emocional del individuo o grupo de éstos a empresas cuyas condiciones de trabajo son hostiles, inadecuadas e incluso reprochables, pero la percepción de un único modo de supervivencia para muchas personas depende de unos ingresos aunque éstos se perciban a base de humillaciones y coacciones (10).

Un artículo de El Correo de 3 de mayo de 2020 hacía la siguiente reflexión: “Muchos hemos desarrollado en nuestras casas un síndrome de Estocolmo de manual. Creíamos que el virus dichoso éste nos tenía secuestrados, pero, en realidad, los carceleros somos nosotros mismos. Nos hemos acostumbrado demasiado pronto al encierro. El mundo exterior se antoja peligroso y ajeno” (11).

Todo ello puede derivar en un colectivo estrés postraumático (12) que, con solo saber que un familiar o amigo cercano experimentó un acontecimiento traumático, se puede desencadenar este trastorno al igual que ser etiquetado como contagiado. Las armas de desinformación masiva sobre la supuesta pandemia están erosionando la salud mental de millones de individuos cuyas consecuencias de sentir terror, impotencia, sentirse socialmente aislado, dificultad para mantener relaciones cercanas… van como anillo al dedo al capital en la gran operación de cambio de patrón tecnológico, puesto que se han asegurado que podrán realizarlo con total impunidad ya que no habrá respuesta colectiva ante la crisis desencadenada. Volvernos locos mediante este gran experimento que bien podríamos calificar de terrorismo psicológico es un nuevo método de la lucha de clases encabezada por el capital.

<h6>(1) http://www.domusgalilaeana.it/
(2) Ballús, C. 2002. A propósito del síndrome de Estocolmo. Medicina Clínica, 119, 174.
(3) Jülich, S. 2005. Stockholm syndrome and child sexual abuse. Journal of Child Sexual Abuse, 14, 107-129. https://doi.org/10.1300/J070v14n03_06
(4) The Stockholm syndrome: a systematic review
(5) Adorjan, M., Christensen, T., Kelly, B., Pawluch, D. 2012. Stockholm syndrome as vernacular resource. The Sociological Quarterly, 53, https://doi.org/10.1111/j.1533-8525.2012.01241.x
(6) Graham, D. L., Rawlings, E. I., Ihms, K., Latimer, D., Foliano, J., Thompson, A., … Hacker, R. 1995. A scale for identifying “Stockholm syndrome” reactions in young dating women: Factor structure, reliability, and validity.
(7) Gordon, A. 2005. Terrorism as an academic subject after 9/11: Searching the Internet reveals a Stockholm syndrome trend.
(8) The Stockholm syndrome: a systematic review
(9) https://psicologiaymente.com/clinica/sindrome-de-estocolmo-secuestrador
(10) http://fadesaludable.es/2016/02/09/el-sindrome-de-estocolmo-en-la-empresa/
(11) https://www.elcorreo.com/alava/araba/sindrome-estocolmo-20200503190945-nt.html
(12) https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/post-traumatic-stress-disorder/symptoms-causes/syc-20355967</h6>

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Ciencia

Cómo fabricar un virus con un ordenador para volver loco al mundo entero

Dicen algunos negacionistas que el coronavirus no existe. Es bastante peor que eso: no se conoce su genoma. Hay varios artículos publicados en revistas científicas que aparentan lo contrario, pero no aportan nada de lo que cabía esperar, empezando por el que los “expertos” toman como canon, que es del de Na Zhu publicado el año pasado en el New England Journal of Medicine (1).

Es el núcleo de cualquier debate sobre el coronavirus y la pandemia. Si no se conoce la composición genómica del coronavirus, no tiene sentido hablar de la prueba PCR, ni de “positivos”, ni “casos”, ni “brotes”. Tampoco tiene sentido hablar de cepas o mutaciones, por más que desde el inicio de la histeria proliferan los estudios seudocientíficos sobre dichas variantes.

En las bases de datos de coronavirus aparecen casi medio millón de secuencias genéticas diferentes que dicen representar a otras tantas cepas del mismo virus. Esas secuenciaciones tienen una cosa en común: no se han obtenido de un tejido orgánico. Lo que los científicos consideran como tal es un ensamblaje que realizan los programas informáticos a partir de las bases de datos de genomas de virus.

En un estudio publicado en junio del año pasado (2), los investigadores de los CDC (Centros de Control de Enfermedades) admitieron que sólo habían tomado 37 pares de bases de un genoma, que tiene un total de unos 30.000 nucléotidos. Eso significa que sólo el 0,001 por ciento de la secuencia genómica del coronavirus procede del mundo real, de muestras de tejido orgánico. El resto ha salido de un ordenador.

Si alguien está preocupado porque el virus de haya “escapado” de algún laboratorio misterioso, debería preocuparse mucho más al saber que se ha “escapado” de un ordenador.

La misma preocupación debería mostrar si le dicen que hay medio millón de variantes distintas de perros o gatos.

Lo que los “expertos” consideran como genoma del coronavirus deriva del mismo vicio que sacude a grandes sectores de la ciencia moderna: la informática. Las secuencias no se han extraído de la realidad sino de un ordenador o, al menos, se completan gracias a él. Se trata, pues, de modelos informáticos en los que hay un poco de todo. Incluso es posible encontrar secuencias que forman parte del genoma humano o que los virus comparten con los seres humanos.

Desde su descubrimiento por June Almeida en 1964, se han obtenido numerosas micrografías del coronavirus. Las imágenes revelan que su tamaño es extremadamente variable. Según Zhu, el ancho de banda oscila de 60 a 140 nanómetros, más del doble. Es como encontrar un ser humano de 1,70 de altura y otro de 4 metros. Pero incluso se han encontrado coronavirus, reales o supuestos, con tamaños inferiores o superiores a los límites establecidos por Zhu.

Es más que evidente que, tanto por el genoma como por el tamaño, cuando muchos científicos hablan de coronavirus aluden, en realidad, a partículas orgánicas de muy diferente tipo que, en ocasiones, ni siquieran son virus.

(1) https://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMoa2001017
(2) https://wwwnc.cdc.gov/eid/article/26/6/20-0516_article

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Salud

El gobierno alemán ignora un peligroso efecto adverso de las vacunas contra el coronavirus

A comienzos de febrero el principal organismo de control de la vacunación del gobierno alemán, el Instituto Paul Ehrlich, publicó un artículo advirtiendo que, en las infecciones por coronavirus, las proteínas puntiagudas del virus causan fusiones celulares con peligrosas complicaciones en diversos órganos.

Las vacunas producen esas mismas proteínas puntiagudas en las células de las personas vacunadas, es decir, también producen fusiones celulares. Las proteínas de superficie del coronavirus pueden fusionar por sí solas las células vecinas, que pueden llegar a formar un grupo de hasta cien células fusionadas y perecer en el proceso.

El equipo de investigación del Instituto Paul Ehrlich, del que también forma parte su director, Klaus Cichutek, envió el artículo a la revista científica iScience el 21 de octubre del año pasado. El 5 de febrero la revista lo aceptó para su publicación. Se titula: “Quantitative Assays Reveal Cell Fusion at Minimal Levels of SARS-CoV-2 Spike Protein and Fusion from Without” (*).

El estudio demuestra que la mera presencia de las proteínas puntiagudas aisladas, sin el cuerpo viral, puede dar lugar a fusiones celulares a gran escala. Este tipo de reacciones se conocen desde hace tiempo, por ejemplo, desde los años 60 con el virus de la enfermedad de Newcastle, o más tarde con los virus del VIH, en los que incluso partes de las envolturas son suficientes para provocar estas fusiones celulares patológicas. El virus del sarampión también se considera responsable de estos agregados celulares inducidos por el virus en el cerebro, y los virus del herpes estimulan las fusiones celulares que contribuyen a los cambios típicos de la piel.

Las vacunas genéticas que se utilizan actualmente programan las células del receptor para que produzcan esas proteínas puntiagudas en todo el organismo. Es imposible predecir en qué órganos ocurre esto. Por lo tanto, es de temer que la fuerte tendencia a las fusiones celulares incontrolables desencadenada por las proteínas puntiagudas pueda provocar graves daños en los tejidos y las correspondientes consecuencias inmunológicas y hematológicas. La destrucción de los tejidos, las microtrombosis y las complicaciones inmunológicas secundarias podrían provocar cuadros clínicos graves y la muerte en un corto período de tiempo.

Es incomprensible que los investigadores del Instituto Paul Ehrlich, que estudiaron y describieron con precisión los peligros de las proteínas puntiagudas, no pensaran en lo que provocan las vacunas genéticas. El Instituto también es responsable de la seguridad de las vacunas modificadas genéticamente que supuestamente producen esas proteínas avanzadas en el cuerpo de los vacunados.

Sin embargo, un riesgo tan evidente de la vacunación ni siquiera se menciona en el documento.

Tampoco se conocen estudios clínicos que observen o excluyan explícitamente dicho riesgo con las vacunas. Entre los efectos secundarios adversos conocidos hasta la fecha, varios podrían explicarse por el efecto de fusión desde el exterior. Parece que se justifica urgentemente una mayor investigación. Las personas vacunadas con efectos secundarios deberían tener derecho a ser examinadas inmediatamente por un organismo independiente. Si no se ha excluido tal riesgo, sería otra razón para detener inmediatamente todas las vacunas genéticas que supuestamente conducen a la producción y expresión intracelular de proteínas de superficie.

El Instituto Paul Ehrlich informa además de que, al menos en el laboratorio, las fusiones celulares podrían reducirse significativamente mediante la administración de anticuerpos monoclonales contra proteínas de superficie. Por cierto, Bill Gates mencionó la producción genética a gran escala de estos anticuerpos monoclonales para el tratamiento masivo en diciembre del año pasado.

Seguramente nadie querría eso: las complicaciones derivadas de las vacunas, que luego habría que tratar de nuevo con costosos anticuerpos monoclonales.

Las vacunas contra el coronavirus no tienen una gran ventaja. De las 19.000 personas vacunadas en el ya de por sí pobre estudio de BioNTech, sólo hubo 154 infecciones menos que de las 19.000 no vacunadas. Por lo tanto, el riesgo absoluto de infección se redujo en menos del 1 por ciento. En la gran mayoría de la población, existe una inmunidad celular cruzada a todo lo que se parezca al coronavirus, incluso sin vacunación. Incluso si la infección por coronavirus se evitara con la vacuna, otros virus se beneficiarían. Sólo conseguirían más espacio. En general, las revisiones críticas también han puesto de manifiesto que la vacunación contra los siempre cambiantes virus respiratorios estacionales aporta pocos beneficios, pero sí importantes riesgos.

(*) https://doi.org/10.1016/j.isci.2021.102170 https://www.pei.de/DE/newsroom/pm/jahr/2021/03-gewebeschaeden-zellfusion-covid-19-rolle-spikeprotein.html