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Los archivos del ‘gulag’ sorprenden a los propios descendientes de los perseguidos

Tras la caída de la URSS en 1991, numerosos familiares y descendientes de aquellos que fueron perseguidos, detenidos o encarcelados, sobre todo en tiempos de Stalin, acudieron al gobierno para pedir explicaciones e indemnizaciones.

El bombardeo publicitario, al que se unió la “nueva Rusia”, les hizo suponer que sus allegados habían sido perseguidos injustamente, e incluso gratuitamente. Eso es lo que les estaban contando, al menos.

Algunas de aquellas peticiones pasaron a Vladimir Startsev, Fiscal de Distrito de Leningrado, quien volvió a revisar de nuevo los archivos de la policía soviética, redactando en 2000 un informe oficial con sus conclusiones que ahora han salido a la luz. El fiscal no puede ser más claro y concluyente, por lo que transcribimos el informe en su integridad:

“En los últimos años, hemos recibido muchos formularios de solicitud de los hijos y nietos de las víctimas de la represión política de Stalin. Quieren que encontremos documentos que rehabiliten legalmente a sus padres, ya que sus familias tendrían derecho a recibir pagos de reparación de hasta 800 rublos al mes. Hemos recuperado viejos archivos del gobierno y a menudo resulta que los que fueron enviados a campos de trabajo o condenados a muerte por fusilamiento no eran víctimas inocentes en absoluto. Algunos habían sido procesados por robo o hurto, otros por colaborar con los ocupantes alemanes. Sus hijos se sorprendieron al saber la verdad”.

“Personalmente tuve cuatro casos cuando ayudé a las familias a descubrir información sobre sus padres víctimas. Estas personas dedicaron un tiempo considerable (y, en algunos casos, dinero) a la búsqueda en varios archivos del gobierno”.

“Al final, uno de ellos descubrió que su abuela no había sido enviada a prisión porque era ‘hija de un militar zarista’, sino porque había malversado dinero de una fábrica en la que trabajaba como contable, y luego lo usó para comprar un abrigo de invierno de lujo”.

“Otro tipo se sorprendió al enterarse de que su abuelo había sido condenado a prisión, no porque hubiera ‘contado un chiste sobre Stalin’, sino porque era el autor de una violación en grupo”.

“Luego otro descubrió que su abuelo no había sido ‘un inocente kulak injustamente perseguido’, sino un criminal reincidente condenado a muerte por asesinar a toda una familia (marido, mujer y dos adolescentes)”.

“Sólo había uno cuyo abuelo había sido realmente reprimido por razones políticas. Pero, de nuevo, no fue porque había ‘contado un chiste sobre Stalin’. Resultó que estaba ayudando a los alemanes a controlar la población de los territorios ocupados durante la guerra”.

https://www.fort-russ.com/2018/11/archives-revealed-stalins-great-purge-victims-werent-always-innocent/

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El levantamiento de la población de Varsovia contra los nazis en 1944: mentiras, verdades e invenciones

En el otoño de 1944, hace 74 años, se produjo un levantamiento del pueblo de Varsovia contra los ocupantes nazis que fue aplastado por el ejército alemán, que destruyó la ciudad.

Los falsificadores de la historia dicen que el Ejército Rojo, que se encontraba muy cerca de la capital, no apoyó a los insurrectos, lo que hay que interpretar como una forma de complicidad con los nazis. Ya saben: son todos iguales, unos y otros, comunistas y fascistas…

En junio y julio de 1944, cuando las tropas aliadas desembarcaron en las playas de Normandía y trataban de romper la resistencia de las unidades de la Wehrmacht, el Ejército Rojo lanzó y dirigió con éxito una de las mayores operaciones de la Segunda Guerra Mundial: la Operación Bagration para liberar a Bielorrusia y luego comenzar la liberación de Polonia y los Estados bálticos.

La campaña tenía también como objetivo atraer a algunas de las fuerzas alemanas para ayudar a los Aliados en el oeste, un detalle que no se menciona nunca -por cieto- cuando se conmemora el famoso desembarco de Normandía.

Los manuales de táctica militar dicen que tarde o temprano cualquier ofensiva se acaba agontado. A finales de julio, el impulso de las primeras unidades del frente bielorruso que intentaban llegar a Varsovia se había debilitado. El 1 de agosto algunas de ellas, encabezadas por el general Vasily Chuikov, lograron cruzar el Vístula y tomar Magnuszew. Poco más podían hacer, porque desde el comienzo de la Operación Bagration, las tropas habían avanzado más de 600 kilómetros. Los convoyes con municiones, alimentos y combustible habían quedado muy atrás, mientras que la 16 Fuerza Aérea del frente no tuvo tiempo de desplegarse en los aeródromos cercanos, privando de apoyo aéreo a la vanguardia.

El embajador de Estados Unidos en la URSS, William Harriman, así lo reconoció: “El Ejército Rojo hizo recientemente un avance tan rápido que se encontró sin suministros normales. En ese momento, no tenía ni los pontones necesarios ni los medios para construir puentes”.

El mando de la Wehrmacht lo sabía y no tenía la intención de esperar a que los soldados del Ejército Rojo reforzaran la retaguardia y las reservas. Reunió cuatro divisiones de tanques e infantería y contraatacó. En Volomin los nazis vencieron en una gran batalla de tanques.

El 1 de agosto, a las 5 de la tarde, mientras las tropas de Chuikov estaban intentando tomar Magnuszew, la población de Varsovia se levantó. Ni el Kremlin ni el comandante del primer frente bielorruso, Constantin Rokossovski, fueron informados de manera inmediata. Según recordó Rokossovsky: «El 2 de agosto, nuestros servicios de inteligencia recibieron informes de que había comenzado un levantamiento contra los invasores nazis en Varsovia. Esta noticia era muy alarmante. El personal del frente comenzó inmediatamente a recopilar información para saber con precisión el alcance del levantamiento y su carácter. Todo había sucedido de una manera tan inesperada que nos perdimos en conjeturas y nos preguntamos, en primer lugar, si no eran los propios alemanes los que habían difundido estos rumores y, en caso afirmativo, con qué propósito”.

Al margen de cualquier táctica militar, la pooblación de Varsovia se había rebelado en el momento más inoportuno, sin coordinar sus acciones con el Ejército Rojo. ¿Quién impulsó un levantamiento tan temerario?, ¿con qué objetivo?

La insurrección la inició el gobierno polaco en el exilio, que durante toda la guerra había permaneció en Londres en la pasividad más completa. Cuando el Ejército Rojo empezó a liberar Polonia, despertaron de su letargo y presionaron a las unidades que tenían en Varsovia para que tomaran el poder en la capital cuando los alemanes la abandonaran.

Ahora teníain prisa. Debían hacerlo antes de que entrara el Ejército Rojo. No se trataba, pues, de un plan dirigido contra Alemania sino contra los antifascistas polacos. Por eso el Primer Ministro polaco Stanislaw Mikolajczyk mantuvo la sublevación en secreto, de tal manera que no se enteró ni el Ejército Rojo, que poco podía ayudar en tales circunstancias.

Al empujar al pueblo de Varsovia al levantamiento, los exiliados de Londres no les informaron de que los británicos y estadounidenses se habían negado a ayudar activamente a los rebeldes. La población estaba condenada a padecer una carnicería a manos de los nazis.

Sin embargo, el 26 de julio, cuando ya tenía los planes decididos y aprobados, el Primer Ministro Mikolajczyk estaba en Moscú, a pesar de lo cual no informó a Molotov de un levantamiento que empezaría cuatro días después.

La primera vez que Mikolajczyk anunció oficialmente que la capital polaca se había levantado fue el 3 de agosto, durante una reunión con Stalin. Pero es curioso porque no le pidió ayuda. Estaba absolutamente convencido de que la población de Varsovia sería capaz de expulsar a los nazis de la capital y varios ministros, y él personalmente, tenían planes para trasladarse en avión a fin de hacerse cargo de la situación.

Como tantos otros exiliados, Mikolajczyk no tenía ni idea de la situación real en la capital, donde el comandante del Armja Krajowa (AK, Ejército Nacional), el general Tadeusz Bor-Komorowski, dudó hasta el último momento en iniciar la insurrección.

A pesar de que la insurgencia se preparó durante bastante tiempo, los rebeldes lograron reunir muy pocas armas: 60 ametralladoras ligeras, 7 ametralladoras pesadas, 35 lanzagranadas, 1.000 fusiles, 3.000 fusiles de asalto, 1.700 pistolas y 25.000 granadas de mano.

Aún no se sabe si Bor-Komarovsky se creyó las promesas de Mikolajczyk de que, desde el comienzo del levantamiento, los británicos transportarían por vía aérea más unidades del Armja Krajowa y les enviarían armas, municiones y alimentos. A pesar de todo, el 1 de agosto ordenó el levantamiento.

Durante los primeros cuatro días, cuando los insurgentes sólo se enfrentaron a la policía, consiguieron apoderarse de gran parte de la ciudad. Pero la Wehrmacht mantuvo el control de los transportes, los puentes, las estaciones de ferrocarril, las centrales telefónicas, los cuarteles y los principales edificios gubernamentales. Luego retiraron tanques, armas y trenes blindados del frente para llevarlas a Varsovia. Las unidades de seguridad y policía de las SS también acudieron, además de la 29 División de Granaderos de las SS.

La insurrección se prolongó durante 63 largos días y las promesas de los británicos resultaron ser una mentira.

El 9 de agosto, antes de abandonar Moscú, Mikolajczyk dejó de hablar de una salida inminente de alemanes de Varsovia. Fue entonces cuando pidió ayuda a Stalin, asegurando que “los alemanes ya no son lo suficientemente fuertes para echar a los polacos de los barrios de Varsovia que ocupan”. Stalin le respondió que la insurrección del ejército nacionalista había sido algo “poco realista”, porque no tenían armas. Lamentablemente, añadió Stalin, “los alemanes exterminarán a los polacos”.

No obstante, Stalin le prometió ayudar a los insurgentes con armas y municiones, aunque sus objetivos no coincidían con los del gobierno soviético.

A lo largo de la guerra, el gobierno polaco en el exilio no sólo no ayudó a la URSS sino que obstaculizó sus acciones con golpes bajos.

En 1942, en medio de la batalla de Stalingrado, enviaron unidades del Armja Krajowa al mando del general Wladyslaw Anders, que se había formado en la Academia del Ejército Rojo, a luchar a Irán.

En 1943 apoyaron la provocación de Goebbels en Katyn y condenaron a muerte en ausencia al general Zygmunt Berling por deserción, bajo cuyo mando había luchado el 1 Cuerpo de Ejército del Armja Krajowa.

Cuando Stalin le preguntó a Mikolajczyk si había algún lugar en la ciudad donde se pudieran tirar las armas, el polaco no pudo responder. Sin embargo, Stalin mantuvo su promesa. Si los británicos dejaban caer su carga desde una gran altitud, con nulos resultados para los insurgentes, “nuestros aviones son capaces de operar a alturas extremadamente bajas”, añadió el dirigente soviético.

La eficacia de la ayuda soviética fue mucho mayor que la británica, lo que fue reconocido tanto por los alemanes como por los polacos. El 15 de septiembre, en su telegrama al mariscal Rokossovski, el polaco Bor-Komorowski, le dio las gracias por “la cobertura aérea, las armas, municiones y alimentos”. Sólo del 13 de septiembre al 1 de octubre los soviéticos lanzaron 156 proyectiles de mortero, 505 fusiles antitanque, 2.667 ametralladoras y rifles, 41.780 granadas, 3 millones de cartuchos, 131.221 kilos de alimentos y 500 kilos de medicamentos.

A finales de agosto, las tropas soviéticas, que entretanto habían recibido refuerzos, lanzaron una ofensiva. El 14 de septiembre, desde la otra orilla del río Vístula, los soldados del Ejercito Rojo podían saludar a los insurrectos que mantenían liberados muchos barrios de la parte oriental de Varsovia.

Sin embargo, los nazis habían volado todos los puentes sobre el río y los insurgentes no habían sido capaces de impedirlo. En la mañana del 15 de septiembre, Berling recibió la orden de intentar cruzar el Vístula. Las unidades del 1 Cuerpo de Ejército lo habían estado preparando durante muco tiempo, pero sólo lo iniciaron al día siguiente al amanecer. La Wehrmacht lanzó bombardeos masivos, impidiéndoles transportar tanques y armas de fuego a la otra orilla.

Los intentos fracasados de establecer una cabeza de puente demostraron que los insurgentes no controlaban aquella orilla. Después de una semana de combates, los alemanes lograron retrasar el desembarco en la orilla occidental. Las unidades polacas tuvieron 3.764 bajas, entre muertos y heridos.

El 27 de septiembre los alemanes pasaron al contrataque con una ofensiva contra las zonas controladas por los insurgentes. Bor-Komorowski no cruzó el Vístula y firmó un acuerdo de rendición el 2 de octubre con el comandante de las tropas alemanas en Varsovia. Según estimaciones del historiador polaco Ryszard Nazarevich, que participó en el levantamiento, se rindieron más de 17.000 insurtentes. Los nazis asesinaron a todos los civiles que aún permanecían en la ciudad, enviando a 87.250 personas a realizar trabajos forzados en Alemania y a 68.707 a campos de concentración. Una gran parte de Varsovia fue destruida.

En una nota interna, el cuartel general del Armja Krajowa reconocía: “La razón del fracaso de la Batalla de Varsovia radica en el fracaso general de la ofensiva soviética en el Vístula debido al traslado de nuevas divisiones alemanas a la zona a finales de junio y principios de agosto“.

Afirmar que las tropas soviéticas se desentendieron de la insurrección en Varsovia, es un fraude histórico, otro más.

https://arctus.livejournal.com/237934.html

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Memoria Histórica

Un pacto de silencio para ocultar el papel de la OTAN en el resurgimiento del fascismo

El año pasado la OTAN promocionó un vídeo de un grupo nazi letón, llamado los “Hermanos del Bosque” a los que, como en caso de los yihadistas, convirtió en luchadores contra la URSS. Además de una reescritura de la historia, fue una llamada al terrorismo contra los rusos y contra Rusia.

Los “Hermanos del Bosque” eran una organización nazi que en 1945, con el apoyo del espionaje de Estados Unidos, se negó a rendirse y pasaron a ejecutar acciones terroristas en el interior de la URSS durante una década.

El vídeo de la OTAN comienza con una confusión entre los soldados “rusos” y el ejército “soviético” para indicar al espectador que los “Hermanos” luchaban contra los rusos y no contra los soviéticos (ya que los letones también formaban parte del ejército soviético).

La OTAN quería inculcar que unos pocos hombres, civiles inocentes, obligados por la situación, lucharon contra el “ocupante ruso” que, después de la Segunda Guerra Mundial, se había apoderado de Letonia por la fuerza.

En realidad, hay muchos que piensan así: los países del este de Europa se convirtieron en “satélites” de la URSS a la fuerza, al ser “ocupados” militarmente por el Ejército Rojo al final de la Segunda Guerra Mundial. A los que dicen tales estupideces no se les ha ocurrido pensar en Austria, que también fue liberada y ocupada por el Ejército Rojo…

Como en el caso de los demás países Bálticos, la independencia de Letonia tuvo lugar pocos años después de la revolución de 1917, es decir, que no se debió sólo a los letones sino a los revolucionarios que acabaron con el zarismo, de los que la mayor parte eran rusos y entre los cuales también había letones.

El vídeo no explica nada de eso, como es natural. Lo que aparece es una lucha, supuestamente patriótica y nacionalista, de los letones contra los “ocupantes” soviéticos.

Es típico de la propaganda imperialista presentar la lucha de clases como una lucha nacional o religiosa. La OTAN no puede admitir que la URSS aplastó en la guerra y después de ella a los nazis letones. El carácter nazi desaparece para poner en primer plano la represión, típicamente “stalinista” e indiscriminada contra la población letona por el sólo hecho de ser letona.

Entre 1941 y 1945, la Legión Letona, una unidad de la Waffen SS, se componía de dos divisiones de Granaderos, la 15 y la 19 que participaron en la persecución de comunistas, tiroteos masivos contra la población civil, pogromos y limpieza étnica contra los judíos.

Sólo en el interior de Letonia entre 1941 y 1945 se crearon exactamente 46 prisiones, 23 campos de concentración y 48 guetos judíos. Las SS letonas y sus colaboradores asesinaron a 313.798 civiles (incluidos 39.835 niños) y 330.032 soldados soviéticos.

En el otoño de 1941, las SS formaron en el Báltico batallones de autodefensa, una especie de milicia que ejerció labores típicas de apoyo a la policía. En Letonia se formaron 41 batallones con 300 a 600 efectivos, 23 en Lituania y 26 en Estonia.

Algunos de ellos fueron enviados a luchar contra la guerrilla soviética en la región rusa de Pskov y en Bielorrusia.

A medida que avanzaba la guerra, y con ella la derrota nazi, los miembros de los batallones letones se fueron integrando en las unidades diezmadas de la Waffen SS: brigadas motorizadas, de voluntarios, etc.

Estos matones fueron quienes luego llenaron las filas de los “Hermanos del Bosque”. La OTAN oculta que dicha organización fue creada y financiada por el espionaje imperialista después de la Segunda Guerra Mundial por lo mismo de siempre: para acorralar a la URSS, para impedir que pudiera disfrutar de un minuto de reposo.

El espionaje imperialista subcontrató a los antiguos policías letones, a los colaboracionistas de la ocupación y a los oficiales y soldados letones que trabajaron para las SS.

Hasta mediados de la década de los años cincuenta los “Hermanos del Bosque” llevaron a cabo más de 3.000 atentados terroristas, principalmente contra la población civil.

El vídeo de la OTAN tampoco habla de esto porque no puede vincular al fascismo con el imperialismo y con Estados Unidos. Los papanatas tampoco lo hacen, ni tampoco vinculan a la OTAN con la Red Gladio o con los crímenes fascistas de los años setenta en Europa.

Si alguien se cree que estamos hablando de batallitas propias del pasado, se equivoca: cada año una manifestación nazi desfila por las calles de Riga, dentro de la Unión Europea, para homenajear a los fieles servidores del III Reich.

¿Eso no forma parte del auge del fascismo y “la ultraderecha”?, ¿por qué nadie habla de ello, ni la OTAN ni los “alternativos”?

Más información:
— Sigue la ofensiva de la OTAN y los países bálticos en defensa del nazismo

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Memoria Histórica

Ucrania y el ‘holodomor’ por decreto (la sesión de ‘ultraderecha’ para hoy)

Bastante antes del Golpe de Estado de 2014, en Kiev hubo otro golpe fascista que fue calificado a la inversa como “revolución naranja”, tras la cual el gobierno ucraniano aprobó una ley de esas que lo mismo (re)escriben la historia que cualquier otra ciencia, de manera tal que todos los demás son seudocientíficos y se tienen que callar la boca porque de lo contrario van a la cárcel o le queman en la hoguera al más viejo estilo.

A ese tipo de gentuza no se les debería poner una antorcha en las manos, lo mismo que no se les debería dejar aprobar leyes, ni decidir sobre algo, como la historia o la ciencia en general, acerca de lo cual no tienen la más remota noción.

En 2006 Ucrania aprobó una ley que calificaba el “holodomor”, es decir, el hambre padecida en la época soviética de 1932, como un genocidio, de tal manera que quienes negamos tal cosa (“negacionistas”) o la minimizamos hacemos apología de un crimen muy grave, que es delito incluso en España (artículo 607 del Código Penal).

Para los fascistas (ucranianos o no) hay cosas de las que no se puede ni hablar, ni mucho menos discutir, por lo que se confunde la ciencia con la seudociencia y, además, se dogmatiza, se transforma en leyes, sentencias y juicios.

La historia la escriben, pues, los diputados en una votación en la que ganará una mayoría simple, de manera que si gana la contraria, la historia dirá todo lo contrario.

¿Recuerdan Ustedes el juicio de la Inquisición contra las tesis Galileo acerca de si es la Tierra quien da vueltas alrededor del Sol, y no al revés? Pues regresamos otra vez a ese mismo punto.

Aquí hay una línea muy clara: la ciencia (y la historia) tratan siempre sobre asuntos discutibles; la religión sobre los indiscutibles. Cuando a Usted alguien le quiere tapar la boca diciendo que algo es indiscutible, caben tres posibilidades: o es un fraile, o es un fascista, o ambas cosas a la vez.

Es posible que el lector suponga ahora que eso es algo exclusivo de Ucrania, donde la caída de la URSS condujo al fascismo. Se equivoca: dos años después Canadá aprobó otra ley similar, por la que, además, todos los años conmemoran en noviembre el “holodomor”, definido como genocidio, para que quede bien grabado en la cabeza de la población.

Al mismo tiempo el Parlamento Europeo aprobó una resolución parecida “por recomendación de la 10 Reunión de la comisión de cooperación parlamentaria UE-Ucrania”.

Lenin escribió que el imperialismo es una etapa de la historia caracterizada por la descomposición y la degeneración de una clase social, la burguesía, que cae por un precipicio, pero no podía sospechar hasta qué extremo puede llegar, porque no se trata de unos u otros sino de los diputados que dicen representar a países, como Ucrania, Canadá o los de la Unión Europea.

La ley canadiense, por ejemplo, no sólo se refiere a las víctimas del genocidio y a Stalin como deliberado provocador del hambre, sino que recuerda a los “refugiados” que huyeron de ella, es decir, a los fascistas ucranianos que se escondieron en países como Canadá.

Desde hace un siglo, cuantas vueltas demos a la historia tropezamos con los mismos protagonistas, que son los fascistas, los antifascistas y los que no saben lo que son, o no quieren ser ninguna de ambas cosas, o se creen por encima de ellas (que son los peores porque pertenecen al primer grupo y se lamentan cuando se lo recordamos).

En términos sicopatológicos, la reconversión de la historia en material jurídico crea tabúes tanto como tótems o ídolos, en el sentido al que se refirió Bacon, es decir, que son la materia prima de las ideologías, impuestas “democráticamente”, como corresponde, esto es, por decisión parlamentaria.

De ahí se deduce de manera lógica quiénes son los demócratas, como en el caso de los fascistas ucranianos que huyeron de la URSS en los años treinta, y quiénes hacemos apología del genocidio y el stalinismo.

También se deduce quiénes pueden hablar del “holodomor” (los fascistas) y quiénes deben mantener la boca cerrada (los antifascistas), si no quieren que les abran un juicio por apología del genocidio.

Estos últimos deberían tomar buena nota: el “holodomor” tiene la misma categoría que el “holocausto” y si se creen que pueden decir lo mismo de otros genocidios (“todos los genocidios son iguales”), también se equivocan porque el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se ha quitado de en medio al genocidio armenio. En su sentencia sobre el Caso Perinçek estableció en 2015 que la negación de dicho genocidio está amparado por la libertad de expresión.

¿A qué viene esa discriminación? La explicación es que los armenios no son judíos, ni fascistas ucranianos; no tienen ese poder político y ese reconocimiento por parte de los imperialistas. Por eso podemos decir contra los armenios lo que no nos atreveríamos contra los judíos y los fascistas ucranianos.

Todo esto es un fascismo que no llega por los votos de tal o cual partido, sino por leyes, juicios y sentencias que dictan quienes se atribuyen el monopolio de la democracia y el respeto a los derechos humanos.

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La ración de ‘ultraderecha’ para esta mañana nos llega desde… Estonia

Nazis estonios de la Waffen SS
El gobierno de Estonia ha pedido a Rusia una indemnización de 92.000 millones de rublos por liberarla de la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial, lo cual es más dramático que pintoresco. En las oficinas públicas de Tallin, la capital, consideran que su país estuvo ocupado por la URSS, pero no por el III Reich, aunque cabe pensar en otra posibilidad: no han pedido indemnización a Merkel porque consideran que el III Reich no causó daños a Estonia. Incluso cabe pensar que los únicos que causaron daños a Estonia fueron los soviéticos…

En pleno auge de “la ultraderecha” nos tememos que las cadenas de intoxicación van a mantener esta exigencia estonia en silencio porque demuestra que todo es una patraña: en Estonia “la ultraderecha” no constituye ningún peligro porque los nazis están en el gobierno desde que el país se “liberó” de la “pesadilla soviética”.

Esa es la dosis de realismo para la mañana de hoy que nos aleja de los peligros y temores a “la ultraderecha” y nos acerca a la Unión Europea. En Bruselas los desfiles anuales de los veteranos estonios de la Waffen SS por las calles de Tallin o Riga no molestan y nadie habla de ello porque eso no forma parte del “auge de la ultraderecha”.

Si del realismo pasamos al materialismo (histórico, por supuesto), extraemos conclusiones muy diferentes a las de los mequetrefes del Canal Historia de Movistar (al que califican como el “Canal Hitler”); más bien opuestas.

Estonia entró a formar parte del Imperio Ruso por un tratado de 1721, donde permaneció ininterrumpidamente hasta la revolución de 1917, cuando tuvo un corto período de independencia desde 1921 (pacto de reconocimiento mutuo) hasta la Segunda Guerra Mundial. En 1939, cuando el III Reich desencadenó la guerra mundial, Estonia y la URSS firmaron un pacto de asistencia mutua, en 1940 ingresó en la URSS y al año siguiente fue ocupada por el III Reich.

Al llegar al poder en 1990, los nazis estonios escriben nuevos manuales de “historia” para las escuelas donde esos detalles son sustituidos por otros: Estonia estaba muy a gusto bajo la ocupación nazi porque los había liberado de la URSS y del stalinismo, que asesinó a 49.000 estonios, aunque nadie sabe de dónde sale esa cifra, ni si los mataron sólo por ser estonios o si concurrían otras “pequeñas circunstancias“, como el hecho de formar parte de la Waffen SS. Sólo el primer año de la ocupación, la Wehrmacht creó tres batallones de 1.330 estonios cada uno y los integró en sus filas.

En 1942 la policía nazi de Estonia se componía de 10.400 efectivos. El 36 Batallón de la Policía de Estonia participó en la masacre de judíos de Novogrudok, Bielorrusia. El Batallón Especial Ostland participó en la masacre de judíos en Ucrania y Bielorrusia asesinando a 12.000 de ellos.

En noviembre de 1942 ese mismo batallón, junto con el ejército alemán, llevó a cabo operaciones contra la resistencia guerrillera en Ovrutch, donde más de 50 aldeas fueron destruidas y más de 1.500 personas asesinadas. En una de ellas, 40 campesinos fueron quemados vivos.

Los policías estonios ejercieron de carceleros en algunos campos de concentración de Europa central, y especialmente en Ucrania, participando activamente en las matanzas. El 5 de septiembre de 1942 un convoy de 1.000 judíos procedentes del campo de concentración de Theresienstadt, establecido por la Gestapo en lo que hoy es la República Checa, fue asesinado por la policía estonia en Kaasiku.

En el campo de concentración de Kooga, en Estonia, custodiado por el 287 Batallón de la policía estonia, varios miles de judíos procedentes de los campos de Vilnius, Transilvania y otros fueron fusilados por los estonios, justo antes de que llegara el ejército soviético.

En Estonia la historia de verdad relata que tras la ocupación, la Abwehr, el espionaje nazi, y el SD, llevaron a cabo 5.033 redadas, detuvieron a 41.135 personas y asesinaron a 7.357 personas sólo en Sinimae.

Cuando el ejército alemán tomó Tartu, asesinó a 12.000 oficiales soviéticos, prisioneros de guerra y civiles.

En 1943 los alemanes reestructuraron a sus peones estonios para llevar a cabo las operaciones Henrich y Fritz contra la guerrilla soviética.

Por orden directa de Hitler, al año siguiente se formó la 20 División de las SS estonias, a la que se unieron varios cuerpos hasta formar un contingente de más de 15.000 efectivos que participó en la lucha contra el ejército soviético y fue diezmado implacablemente.

El 13 de enero de 1945 sus restos fueron enviados a Wittenberg para continuar combatiendo contra el ejército soviético en Alemania hasta el último minuto de la guerra. Se retiraron hacia Checoslovaquia, donde los soviéticos capturaron a unos 10.000 de ellos cerca de Praga. Otros 3.000 lograron huir hacia el oeste, donde los británicos y estadounidenses los acogieron como “refugiados políticos” que habían huido del “terror stalinista”.

En total, durante la Segunda Guerra Mundial, unos 70.000 estonios lucharon junto a los nazis, asesinando a unas 150.000 personas.


1940: manifestación en Riga, Letonia, exigiendo el ingreso en la URSS
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Polonia recuerda a medias a los héroes de la fuga del campo de concentración de Sobibor

La semana pasada Polonia celebró el 75 aniversario de la fuga del campo de concentración de Sobibor, cerca de Lublin, un acontecimiento único en la historia de la Segunda Guerra Mundial.

El 14 de octubre de 1943 se fugaron del campo de concentración de Sobibor 300 prisioneros, de los que sobrevivieron 50. El resto, por desgracia, fueron capturados y devueltos a la prisión para ser castigados con una severa reprimenda (en la que se incluyó, en muchos casos, la muerte).

Uno de los fugados, Thomas Toivi Blatt, fallecido el año pasado, se hizo famoso en 2011 por testificar contra John Demjanjuk, un soldado ucraniano de las SS acusado de crímenes de guerra por asesinar a cientos de personas en el campo. Lo mismo que Demjanjuk, unos 30 guardias de las SS que cuestodiaban el campo eran ucranianos.

Entre 1942 y 1943 en Sobibor fueron asesinados unos 250.000 presos.

Lo que ocultaron las celebraciones oficiales es que la fuga la organizó Alexandre Petcherski, teniente del Ejército Rojo. El plan no podía ser más sencillo. Consistía en atraer, bajo la excusa de que se probaran algunas joyas del taller de alfarería y ropajes, a los comandantes más importantes hacia lugares apartados para asesinarlos y apoderarse de sus armas.

Posteriormente, con la ayuda de un “Kapo” (cabo de vara, un cargo que se le daba a los presos que colaboraban con los nazis en los campos) pretendían salir por la puerta principal haciendo creer a las tropas que tenían que salir a trabajar fuera del recinto.

Sin embargo, los oficiales del campo fueron alertados de que en los campos de Varsovia había rumores de fuga entre los prisioneros, por lo que enviaron a Sobibor un regimiento de las SS para prevenir cualquier motín.

Tras ser descubiertos, los presos derribaron las alambradas. A continuación, 400 de ellos corrieron hacia un bosque de los alrededores para escapar de los carceleros. No obstante, las miembros de las SS salieron tras ellos y capturaron a unos 250.

Algunos se ocultaron hasta que terminó la guerra, pero la mayoría se dirigió hacia la Unión Soviética para unirse a la guerrilla.

Las celebraciones oficiales de la fuga también se olvidaron de la película dirigida en 1987 por el cineasta soviético Konstantin Jabensky: “Escape de Sobibor”. Hoy se puede ver completa en este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=z5y6DOQsvGY

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Regreso al ‘gulag’: el tiempo para decir la verdad ha llegado y ha pasado de largo

Roginsky: otro ‘experto’ en falsificar las cifras
Arseny Roginsky fue el fundador de “Memorial”, una fundación anticomunista dedicada en cuerpo y alma a denunciar el terror rojo en la URSS, naturalmente financiada por el imperialismo estadounidense. En 2012, cinco años antes de morir, confesó que había falsificado las cifras de la represión stalinista simplemente porque siempre vivió de ello. Era su oficio: sostener el mito del gulag.

Hasta aquí no hay nada nuevo; Roginsky era otro mercenario más que ejercía por todo el mundo de “experto” en la materia. No obstante, a diferencia de otros, Roginsky accedió a la documentación original de la represión en la época soviética, respecto de la cual concluyó lo siguiente:

“Según mis cálculos, durante todo el período soviético de 1918 a 1987, según los documentos que se conservan, se debe concluir que 7.100.000 personas fueron detenidas por las agencias de seguridad del estado en todo el país. Y eso incluye a los detenidos por bandidaje, mercado negro, falsificación y muchos otros delitos”(1).

El balance de Roginsky es de 7 millones en 70 años de historia, una cifra insignificante si se tiene en cuenta que sólo el año pasado el FBI detuvo a más de 10 millones, sin contar a otros departamento de policía y en una época de paz en Estados Unidos que contrastan con 70 años de revueltas, guerras civiles, guerras mundiales y guerras frías en la URSS.

En la URSS la represión política se ejerció contra organizaciones fascistasl, como las del ucraniano Stepan Bandera, que luchó con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial y que siguió combatiendo hasta la década de los cincuenta. Más de 150.000 fascistas ucranianos murieron combatiendo y otros 100.000 fueron detenidos (2).

La policía soviética también persiguió y detuvo a muchos yihadistas en las montañas del Cáucaso y Asia Central, pero lo interesante es destacar que los servicios secretos estadounidenses armaron y abastecieron a los fascistas ucranianos y bálticos, mientras que los británicos se encargaron del apoyo a los yihadistas.

El año pasado Estados Unidos no tuvo un problema semejante, ni siquiera parecido, por lo que cabe concluir que la famosa represión soviética fue un episodio insignificante de la historia y las cifras reales son aún muchísimo más bajas si se tienen en cuenta otros documentos.

Por ejemplo, en 1954 la Fiscalía informó a Nikita Jruschov que 2,5 millones de personas habían sido encarceladas durante todo el período soviético, incluidos 600.000 presos condenados a muerte (3).

Víctor Zemskov, que ha estudiado las actividades de los diversos órganos de seguridad del Estado entre 1921 y 1954, descubrió que en ese período 650.000 personas habían sido condenadas a muerte, de las bastante no habían sido ejecutadas, mientras que 2.300.000 habían sido condenadas a penas de prisión (4).

Al final de su vida Roginsky no concluyó sino que confesó la farsa de su vida: “Ahí está el cálculo final de siete millones para todo el período soviético. ¿Qué debería haber hecho con este descubrimiento? La opinión pública dice que sólo entre 1937 y 1939 hubo doce millones de detenciones; yo pertenezco a esta sociedad, vivo entre esta gente, soy uno de ellos. Sabía que no me creerían. Y en segundo lugar, habría significado que todo lo que nos habían dicho sobre los números hasta ahora estaba mal. Y dejé todos mis cálculos a un lado por mucho tiempo; y el tiempo para decir estas cosas aún no ha llegado”.

Si; el tiempo para decir la verdad ha llegado y ha pasado de largo, porque la verdad es revolucionaria y el engaño no conduce a ninguna parte.

(1) http://old.memo.ru/d/124360.html
(2) https://topwar.ru/17965-nkvd-protiv-upa-voyna-posle-pobedy.html
(3) http://school.rusarchives.ru/bolshoj-terror/dokladnaya-zapiska-generalnogo-prokurora-sssr-ra-rudenko-ministra-vnutrennikh-del-sssr-sn-kruglo

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Cultura

Una de las películas que hizo grande al cine soviético: ‘La Huelga’ de Serguei Eisenstein

Dos oscuras chimeneas de la fábrica, que se alzan hacia un cielo partido por un cable eléctrico, vomitan su humo negro. Sin avisar aparece un enorme burgués, reconocible por su estado de forma, que observa a sus empleados caminar como hormigas. Un título nos dice que todo está en calma en este mundo de hierro donde hasta el cielo está atravesado por vigas metálicas que encierran a los trabajadores como en un aviario.

Luego viene un gigantesco “HO” (“pero”, en ruso). Sin previo aviso, la O, círculo, símbolo de unidad e igualdad, ataca la H, cuadrada y rectilínea, haciéndola caer.

Bajo una rueda que gira -símbolo de la imperturbable y opresiva máquina- las sombras se juntan y susurran algo. Tiene lugar otro encuentro en el reflejo de un charco y, además, en la dirección opuesta. El decoro capitalista por un lado. A partir de ahí, la voluntad de derrocar el orden establecido se desarrolla gradualmente.

Eisenstein tiene 25 años cuando rueda esta película. Antiguo estudiante de ingeniería y veterano de la Guerra Civil, ha estado trabajando en todos los campos de las artes durante el último año. Es un firme partidario del socialismo y su proyecto es un ciclo de 7 películas que retratan los pasos hacia la Revolución de Octubre. Sólo “La Huelga” verá la luz del día.

Es una película de propaganda sin matices, totalmente comprometida con la causa del Partido Bolchevique y forma parte del objetivo de Eisenstein de educar al proletariado y hacerlo consciente de su fuerza. El poder de los capitalistas es fruto sólo del trabajo de los proletarios; bastaría con organizarlos para que ese poder se derrumbe, como lo demuestra el que los trabajadores paren la rueda con un simple cruce de brazos.

Como es habitual en las películas soviéticas de la época, el tono está lleno de contrastres: los obreros son valientes y virtuosos, los burgueses y sus secuaces, engañosos y grotescos, comparados con animales tan amigables como el mono, el zorro o el bulldog. Las imágenes de animales sacrificados en un matadero se intercalan con la masacre de los huelguistas.

Pero es un error reducir “La Huelga” a su aspecto propagandístico porque -ante todo- es un manifiesto que presenta a Eisenstein como un verdadero cineasta del movimiento y el equilibrio. En “La Huelga” no hay un personaje héroe porque la individualización de los protagonistas se consideraba entonces como un elemento del espectáculo burgués. El héroe son las masas proletarias, a veces encarnadas por ese joven trabajador anónimo con cuerpo de atleta.

La masa se rueda como una corriente continua e interminable diseñada para sumergirlo todo. Regularmente avanza frente a la cámara, como para cruzar la pantalla e invertir la realidad. Frente a esta fuerza vital del proletariado, la fuerza mortal de la burguesía y sus aliados, el ejército y la mafia, es todo lo contrario. Aparecen varias veces emergiendo de la tierra como un ejército demoníaco.

La mayor parte de la película es un gran duelo en forma de ballet entre las diferentes líneas de fuerza. Después de haber pasado por el teatro, Eisenstein sabe que quien domina el espacio está en una posición dominante. Por lo tanto, la masa proletaria trata de invertir ese espacio y los capitalistas se empeñan por impedirlo. Varias veces los soldados están en primer plano como para separar a los huelguistas de la cámara (y por lo tanto del público, es decir, de la realidad). Luego los huelguistas retroceden, pero por un instante, un trabajador se interpone entre ellos y la pantalla, esta vez para detener el desastre y reanudar el duelo. En cuanto al final, el ejército finalmente supera el levantamiento y vemos a los trabajadores atrapados y acorralados en pequeños rincones del campo.

El martirio de los trabajadores es el tema principal de la película y Eisenstein hace todo lo posible para que la masacre final sea chocante para alimentar el fuego de la revuelta. Con este propósito perfila su famoso montaje de atracción, que había teorizado un año antes. Se trata de editar imágenes impactantes con las escenas de la película para resaltar el horror de la última. Así, la matanza de los trabajadores se compara con la del gran jefe con una forma alta de prensar su limón (el limón atacando el cuero del zapato) o incluso más convincente, con la matanza de una vaca desafortunada en un matadero.

Animales hay muchos en La Huelga. La vaca mártir, por supuesto, los animales con los que se relacionan los soplones, pero también hay osos, cabras, cuervos, caballos y gatitos. Estos últimos, presentes en casi toda la segunda parte, parecen estar intrínsecamente ligados al mundo del trabajo y encarnan la franqueza de la huelga. Cuando el movimiento se ve amenazado, son los gatos los que culpan de los golpes: la mujer de un obrero amenaza con dejarlo si no vuelve a trabajar, un gatito se lleva un zapato en la pelea; los gatos muertos y colgados adornan el marcador de los bandidos que ayudarán a aplastar la revuelta, y cuando el ejército mata a los obreros, vemos a un niño tirar un gatito desde el tercer piso, poco antes de que un niño sea arrojado en el vacío por un soldado.

Es sin duda uno de los principales temas que Eisenstein explora: la amenaza de inocencia, la corrupción de la franqueza. Al mundo armonioso, poblado por los hijos de los proletarios se opone el mundo de la fábrica metálica y asesina (el suicidio de un obrero mostrado como si fueran las propias máquinas las que lo mataran).

Los trabajadores son filmados en un grupo indistinto, alegremente caótico y aéreo, los capitalistas están aislados, solos en sus aviones o rígidamente dispuestos en cuadrados, vitrificados, similares a las máquinas de las que se creen dueños. En Eisenstein el capitalismo divide y encierra a la gente; impide el nacimiento de este mundo idílico cercano al ideal de la naturaleza que es el comunismo al que aspira el director.

La Huelga es una película que irradia tanta fuerza que su tema trasciende todas las épocas. Casi se puede decir que en su primer largometraje Eisenstein inventa el cine. O por lo menos se debe reconocer que crea una nueva forma de cine, imitada pero nunca superada.

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Noticias

El día que el coronel soviético Stanislav Petrov evitó una guerra nuclear con Estados Unidos

La ONU eligió el 26 de septiembre para conmemorar el Día Internacional de la Eliminación Total de las Armas Nucleares en memoria del coronel soviético Stanislav Petrov.

El 26 de septiembre de 1983 Petrov era teniente coronel de las fuerzas soviéticas de defensa antiaérea y estaba de servicio en Serpujov-15, un centro de mando secreto en las afueras de Moscú que vigilaba las señales de los satélites soviéticos de alerta temprana que orbitaban sobre Estados Unidos.

Aquella mañana las alarmas sonaron porque llegaron señales de que un misil balístico intercontinental Minuteman procedente de Estados Unidos había sido lanzado desde una base estadounidense. Unos segundos más tarde parecieron detectar que habían sido lanzados otros cuatro misiles más.

El plazo de tiempo estimado entre el lanzamiento de los misiles en Estados Unidos y su detonación en la URSS era de 25 minutos.

Petrov debía informar a sus superiores inmediatamente, pero les dijo que se trataba de un error. La red de radares terrestres soviéticos que debía rastrear a los misiles no detectó ningún ataque. Petrov había acertado.

La falsa alarma fue causada porque el satélite soviético confundió el reflejo del sol en las cimas de las nubes de gran altitud con el lanzamiento de un misil.

La decisión de los soviéticos fue extraordinariamente arriesgada. En Estados Unidos, Reagan había desatado la llamada “guerra de las galaxias” que aumentó considerablemente su arsenal nuclear. Los misiles de mediano alcance Pershing II estaban a punto de ser instalados en Europa occidental, acortando el tiempo entre el lanzamiento nuclear y su impacto en suelo soviético.

Desde mediados de febrero de 1981, Estados Unidos habían estado probando la vulnerabilidad de los radares y satélites soviéticos con una serie de penetraciones cercanas a la frontera. Las operaciones navales clandestinas accedieron sigilosamente a aguas cercanas a los mares de Barents, Noruega, Negro y Báltico, para probar hasta dónde se podían acercar los buques de la OTAN a las bases soviéticas. Los bombarderos estadounidenses volaron directamente hacia el espacio aéreo soviético, despegando sólo en el último momento, a veces varias veces por semana.

Las provocaciones continuas contra la URSS se podían interpretar como la preparación de un ataque furtivo. A principios de septiembre de 1983, un avión de combate soviético derribó un vuelo comercial de Korean Air después de cruzar el espacio aéreo soviético, creyendo que era un avión espía. Todos los que estaban a bordo murieron.

En esta atmósfera de Guerra Fría, la respuesta de Petrov a las advertencias de los ordenadores sobre el lanzamiento de misiles fue notablemente arriesgada.

Petrov había nacido en el Lejano Oriente soviético, cerca de Vladivostok. Su padre había sido piloto de la segunda guerra mundial. Su madre era enfermera. Después de estudiar en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Radiotécnica de la Fuerza Aérea Soviética de Kiev, se unió a las fuerzas de defensa antiaérea. Ganando un rápido ascenso, fue asignado al sistema de alerta temprana cuando comenzó a principios de la década de 1970. Murió el 19 de mayo de 2017 de una neumonía en Fryazino, un humilde barrio de Moscú. Tenía 77 años de edad.

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Memoria Histórica

Mujer y aborto en la Unión Soviética

Como todo lo que concierne a “la mujer” (a secas), la burguesía conduce el aborto a una galaxia de normas de todo tipo, que van desde las religiosas y morales (“es un pecado”, “un crimen”) a las jurídicas (“es un derecho”). Los movimientos seudofeministas, pues, no tienen una perspectiva diferente de la Inquisición sobre el aborto; es la misma posición pero invertida.

Es el discurso que predomina ampliamente en los círculos posmodernos y, como es evidente, siempre que se habla de “derechos” la realidad se resume en leyes, sentencias y reglas formales, cuya conexión con la realidad no siempre está clara.

Por lo demás, el mundo de los derechos conduce al individualismo porque los titulares de ellos son personas y, en el caso del aborto, mujeres. Es propio de quienes se llenan la boca de frases como “cada cual hace con su cuerpo lo que quiere” y otras parecidas.

Una vez metidos en ese universo jurídico, la primera confusión histórica que hay que aclarar es que todo tiene que empezar por la despenalización del aborto, es decir, por impedir que las mujeres sean encarceladas por ello. Pues bien: la Unión Soviética fue un país pionero en este punto.

Cuando en 1917 los bolcheviques llegan al gobierno, una de sus primeras medidas ya fue suficientemente revolucionaria: una mujer, Alejandra Kolontai, fue nombrada ministra, por primer vez en la historia, un punto a partir del cual todas y cada una de las políticas implementadas fueron igualmente revolucionarias: supresión del matrimonio religioso, abolición de la autoridad marital y paterna, derecho al divorcio, igualdad entre los niños legítimos y extramatrimoniales…

En la misma línea, el 18 de noviembre de 1920 el gobierno soviético despenaliza el aborto y concede a las embarazadas la posibilidad de hacerlo de manera legal, gratuita y a cargo del servicio público de salud: “El aborto, la interrupción del embarazo por medios artificiales, se podrá llevar a cabo de manera gratuita en los hospitales públicos, donde la mujer disfrutará de las mayores garantías de seguridad en la operación”, decía el decreto, anticipándose 60 años a cualquier otro país del mundo en el que con posterioridad se ha establecido.

No obstante, se hace preciso aclarar que, como decía el propio decreto, la legalización se hacía con carácter temporal: el Estado soviético “lucha contra el aborto fortaleciendo el régimen socialista y la propaganda desarrollada en su contra entre las mujeres trabajadoras y dotándose de los medios para proteger la maternidad y la infancia. Esto lleva a la desaparición gradual de esta práctica”, en referencia a la interrupción artificial del embarazo.

Pero la burguesía ignora que la historia no se hace con decretos ni reglas formales, del tipo que sean, jurídicas o morales. Al mismo tiempo hay que cambiar las condiciones materiales para que los “derechos” se conviertan en realidades. “Una cosa es predicar y otra dar trigo”, dice el refrán. Precisamente en referencia a la situación de la mujer en los primeros años de la URSS, Lenin escribió:

“Por supuesto, las leyes no son suficientes, y no estamos satisfechos con los decretos. Pero, en el ámbito legislativo, hemos hecho todo lo necesario para que las mujeres alcancen el nivel de los hombres y podemos estar orgullosos de ello. La situación de las mujeres en la Rusia soviética puede servir como un ideal para los Estados más avanzados. Sin embargo, esto es sólo el principio. El ama de casa sigue oprimida. Para que sea verdaderamente emancipada, para que sea verdaderamente igual al hombre, debe participar en el trabajo productivo común y el hogar privado debe dejar de existir. Sólo entonces estará al mismo nivel que el hombre […] Aunque la mujer pueda disfrutar de todos los derechos, de hecho sigue oprimida, porque es responsable de todos los cuidados del hogar […] Creamos instituciones modelo, comedores, guarderías, para liberar a la mujer del hogar. Hay que reconocer que en la actualidad en Rusia estas instituciones, que permiten a las mujeres dejar su condición de esclavas domésticas, son muy raras. Su número es muy pequeño y las actuales condiciones militares y alimentarias son un obstáculo para su aumento. Sin embargo, hay que decir que surgen siempre que existe la menor posibilidad. Decimos que la emancipación de los trabajadores debe ser el trabajo de los propios trabajadores. Del mismo modo, la emancipación de las mujeres trabajadoras será obra de los propios trabajadores. Las mujeres trabajadoras deben asegurar el desarrollo de estas instituciones por sí mismas; de esta manera podrán cambiar completamente su destino en la sociedad capitalista”.

Respecto al aborto, el Partido Bolchevique combatía el malthusianismo y las políticas antinatalistas, como cualquier otra organización marxista. Además, la política soviética estuvo condicionada por las guerras y, por lo tanto, por el descenso demográfico que eso supuso. Antes de la Primera Guerra Mundial, Rusia tenía uno de los mayores índices de natalidad del mundo, muy próximo al 50 por ciento, un porcentaje paralelo al de mortalidad infantil: antes del primer año de vida morían la tercera parte de los recién nacidos.

La alta mortalidad infantil, consecuencia de la miseria extrema, no fue óbice para un fuerte crecimiento demográfico que, como consecuencia de las guerras, primero mundial y luego civil, dejó a muchos niños huérfanos y abandonados por las calles y los campos, una situación ampliamente conocida gracias a las obras de Anton Makarenko.

Además de las “condiciones militares y alimentarias” a las que se refería Lenin, existían muchas circunstancias económicas y sociales de las que, tanto entonces como ahora, dependen cualquier tipo de “derechos”. El decreto que en 1920 legalizó el aborto ni siquiera lo consideraba como un “derecho” sino como un remedio, consecuencia de la herencia del pasado: “Los supervivientes de las condiciones económicas pasadas y actuales todavía llevan a las mujeres a recurrir a esta operación. La Oficina del Comisionado de Salud del Pueblo y la Oficina del Comisionado de Justicia del Pueblo, si bien protegen la salud de la mujer y en interés de la especie, considerando que la represión en esta esfera no da los resultados esperados, decreta” la legalización del aborto.

Sobra añadir que las circunstancias y necesidades que dan lugar al reconocimiento de los “derechos” cambian con el tiempo, lo que hace que cambien esos mismos “derechos”. Para todos aquellos que se interesan por la construcción del socialismo en la URSS los cambios en la situación interna desde 1917 hasta la época de los planes quinquenales son muy conocidos. En los años treinta la situación había dado un vuelco total y no sólo porque la política del Partido Bolchevique lo había decidido, sino porque la demografía también había cambiado y con ella la sitación de la mujer e incluso de las familias.

En los primeros años de la URSS, continuaron las mismas tasas de natalidad, mientras que la mortalidad se redujo por las mejoras en la atención sanitaria, las condiciones de trabajo, la vivienda y la alimentación, lo que tuvo como consecuencia un enorme crecimiento demográfico, que en la URSS estuvo vinculado a la emigración a las ciudades.

El crecimiento demográfico estuvo acompañado de un fuerte crecimiento en el número de abortos, aunque es posible que dicho crecimiento no sea tan grande o no se corresponda a la realidad sino consecuencia de un registro estadístico mucho más estricto. En cualquier caso, en 1926 los datos oficiales registraron 400.000 abortos en la URSS, cifra que se disparó a los 700.000 en 1934, una cifra gigantesca en relación con los tres millones de nacimientos de ese mismo año.

A partir de la colectivización la tasa de natalidad disminuye bastante rápidamente, entrando en esa etapa que se suele llamar de “transición demográfica” que, como es natural, cambió la política social del gobierno soviético en un sentido que la burguesía califica como “conservadora” e incluso de “marcha hacia atrás” y que se relaciona de manera tópica con Stalin.

El 27 de junio de 1936 la legislación soviética sobre la familia cambia y con ella cambia, como es lógico, la legislación sobre la mujer, poniendo el acento de las necesidad de tutelar a la infancia. El año anterior se habían divorciado un 44 por ciento de los matrimonios, a los que seguían segundos matrimonios y luego terceros, y así sucesivamente, con los consiguientes cambios de vivienda, pensiones alimenticias y demás.

Los servicios y las ayudas sociales y familiares favorecían esa situación. Con el tiempo se fueron introduciendo más restricciones. Por ejemplo, se favorecía el matrimonio imponiendo una tasa a los solteros y se aumentaron las de los divorcios, que pasaron a 3 a 50 rublos para el primero, 150 rublos para el segundo y 300 para el tercero.

Lo mismo ocurrió con el aborto, al que desde 1924 se fueron imponiendo restricciones porque los presupuestos sobre los que se había legalizado el aborto eran erróneos. El poder soviético había supuesto que a medida que la posición económica y social de la mujer soviética fuera mejorando, disminuiría el número de abortos.

Pero sucedió todo lo contrario: quienes abortaban con mayor frecuencia eran aquellas mujeres que tenían una mejor posición social, por lo que gobierno empezó a dar prioridad a las mujeres de los sectores sociales más desfavorecidos. Primero las desempleadas que estaban solteras, luego las que trabajaban solteras con un hijo, a continuación las que trabajaban en la industria y ya tenían varios hijos y luego las demás.

Dichas restricciones ponían de manifiesto que entonces aún no había suficientes medios materiales para llevar a cabo los abortos con las debidas garantías de atención sanitaria.

Finalmente, en 1936 y en 1944 se prohibió (con excepción del aborto terapéutico) ya que empezaron a poner la vista en una inminente guerra mundial, volviéndose a restablecer el 23 de noviembre de 1955, primero gratuitamente y luego de manera onerosa.

En este punto a la burguesía hay que volverle a recordar de nuevo que la prohibición del aborto fue tan formal como su opuesto, el “derecho”, ya que en realidad se siguieron practicando abortos, entre otras razones porque los médicos los avalaban con excusas terapéuticas.

Por lo tanto, si el feminismo burgués busca un modelo, no lo va a encontrar en la URSS, donde las concepciones eran las opuestas, empezando por la inexistencia de una política sobre “la mujer” en abstracto, al margen de las clases sociales. El aborto en la URSS tampoco fue nunca un “derecho” en el sentido en el que predican actualmente los movimientos pequeño burgueses.

La política soviética fue lo más opuesto que cabe imaginar al malthusianismo que la burguesía sostiene y, en consecuencia, fue una política natalista, de donde se desprende que no ponía el acento en “la mujer” sino en la infancia, a la que no se consideraba como una “carga”, sino todo lo contrario, porque el Estado soviético puso toda clase de medios materiales para que no fuera así y, como se dice ahora, la mujer pudiera compatibilizar la vida laboral con la familiar.

Una política basada en la infancia es una política para el futuro. Cuando la burguesía propugna políticas malthusianas es porque es plenamente consciente de que el capitalismo no tiene ningún futuro.