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Un retrato de Stalin en una oficina pública de Rusia desata una gran polémica

A Mijail Krupin, un mediador infantil que trabaja en Yaroslav, se le ocurrió colgar en una pared de su despacho un retrato de Stalin en compañía de una niña, llamada Mamlakat Najangova, lo que ha provocado una catarata de comentarios en los medios de comunicación rusos.

Hasta ahora en Rusia se creía que aquella niña había sido recibida personalmente por Stalin por el estímulo que había prestado a la cosecha de algodón en su comarca.

Aparentemente nada parece más adecuado que el retrato de una niña en un sitio dedicado a la infancia. No crean que los debates se suscitaron por la presencia de Stalin, sino también de la niña: hay que proteger su derecho al honor y a la intimidad.

El funcionario Krupin trabaja con el Defensor del Pueblo de Yaroslav, que ha salido en defensa de la niña. Primero afirma que, en efecto, no se pueden poner imágenes de niños en público sin obtener antes el permiso de sus padres. No obstante, añade en defensa de su subalterno que se trata de una imagen histórica, que pertenece al dominio público.

Una parte de los medios le han arrinconado a Krupin, quien se defiende diciendo que el retrato no estaba colgada en la sala de visitas sino en su despacho personal. Por todo el edificio, añade Krupin, hay retratos de Lenin rodeado de niños.

De los medios el asunto pasa a la política, como es lógico y la adjunta a la Duma regional de Yaroslav, Elena Bogdanova, publica un mensaje en su perfil de Facebook en el que expresa su sorpresa al ver el retrato de Stalin en compañía de la pequeña Mamlakat en la oficina de atención a la infancia.

Después en las redes sociales empieza a salir la historia de la fotografía. Según dicen algunos, en contra de lo que se creía hasta ahora, la niña no es Mamlakat Najangova sino la hija de Gel Markizov, Comisario de Agricultura de la República de Buriatia-Mongolia.

Los comentarios de los usuarios de las redes sociales en Rusia son imposibles de resumir. La mayor parte de ellos comparan a Stalin con los actuales dirigentes de Rusia, pronunciándose a favor de aquel.

Por ejemplo, uno de ellos califica de “perspicaz” al funcionario que ha provocado la polémica por poner a Stalin en lugar de Putin: aquel era un maestro en su país mientras que éste es una paloma de la “paz off shore” y está en el Kremlin sólo de manera provisional.

Otro dice que es normal que Krupin haya colocado a Stalin en un despacho dedicado a la infancia porque poner el de cualquier otro, como Gorbachov, Yeltsin o “el que tenemos hoy”, va contra unos niños que hoy ya no tienen ningún futuro.

Un tercero asegura que el nombre de Stalin hace temblar a los liberales; tienen miedo de que el difunto les pida explicaciones por lo que han hecho de su país.

Quizá el comentario que mejor resume este incidente es uno que recuerda aquella frase del propio Stalin en el que -premonitoriamente- decía que a su muerte iban a lanzar toda clase de infundios sobre su tumba, pero que el viento de la historia los iría dispersando.

Fuente: http://www.vzglyad.ru/news/2017/2/3/856525.html
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La influencia de la URSS en la creación del primer Estado independiente kurdo (y 2)

Barzani arenga a una unidad guerrillera
Aunque de origen irakí, Mullah Mustafá Barzani, el padre de Massud Barzani, fue uno de los cuatro generales más importantes de la República de Mahabad. Era un guerrillero formado sobre el terreno, a base de intuición y de experiencia práctica. Al frente de 300 combatientes había luchado contra los irakíes, hasta que le capturaron y le desterraron a Suleymaniya, una localidad en la frontera entre Irán e Irak en la que vivió de 1936 a 1943.

En la capital intelectual del Kurdistán irakí, Barzani tuvo tiempo de formarse intelectual y políticamente. Participó en el movimiento clandestino Brayati (Fraternidad), que en 1941 se fusionará con otras organizaciones para formar el partido Hewa (Esperanza) con el que iniciará en 1943 un nuevo levantamiento contra el gobierno de Bagdad. La lucha se saldó con un nuevo fracaso porque el apoyo que los imperialistas británicos habían prometido, no llegó nunca. Por el contrario, hicieron que algunas tribus kurdas le traicionaran.

Cuando en el norte de Irán se proclamó la nueva República kurda, Barzani pasó a Mahabad, donde nació su hijo Massud, actual presidente del Gobierno Regional del Kurdistán irakí. Puso sus fuerzas al servicio del nuevo Estado, convirtiéndose en uno de los generales más importantes de la República.

Barzani fue uno de aquellos dirigentes instruidos política y militarmente por las fuerzas soviéticas que entonces ocupaban Kurdistán. Inmediatamente aprendió que la lucha de liberación nacional era una guerra y que para ganar una guerra, además de un ejército, hace falta un partido, y en agosto de 1946 se dispuso a crearlo en una condiciones rigurosas de clandestinidad.

Así surgió el Partido Democrático de Kurdistán, la primera fuerza política de masas de carácter independentista. Su ideología era un compuesto de lo que los soviéticos enseñaron tanto como de lo que los kurdos aprendieron. Como no podía ser de otra forma, se trataba de un conglomerado híbrido que, aunque estuviera fundado por un mullah como Barzani, un dirigente religioso tradicional, se reclamaba socialista.

En kurdo el neologismo “shoresh” (revolución) surge muy recientemente del persa, donde tenía un significado peyorativo: tumulto, desorden. Con ella se van introduciendo en el idioma las palabras imprescindibles para que las aspiraciones nacionales de liberación se puedan hacer realidad, como “militante”, un personaje bastante diferente de los “effendi”, los antiguos intelectuales burgueses, elitistas, educados en buenas universidades. Ahora los militantes proceden de las masas y son parte integrante de ellas.

En los últimos momentos de la de la República de Mahabad, cuando Qazi Mohamed aceptó participar en las negociaciones de paz con el gobierno de Irán, Barzani rechazó cualquier acuerdo, lo que salvó su vida porque eran una trampa. En el mismo lugar de la reunión, los iraníes capturaron a los miembros de la delegación kurda y los ahorcaron públicamente en diciembre de 1946. Después, desencadenaron una ofensiva militar contra el nuevo Estado, que fue aplastado.

Barzani se replegó a Irak con sus guerrilleros. Muchos de ellos fueron capturados y ejecutados. Los supervivientes tuvieron que huir al exilio, pero ¿qué país podía acogerles? No tenían otro refugio que la URSS. Bajo los ataques conjuntos de iraníes, irakíes y turcos, en 1947 cruzaron el río Araxe y se adentraron en la República Soviética de Azerbaián, donde fueron acogidos por el Partido Comunista.

La URSS siempre rechazó todas las peticiones dirigidas por el Sha de Irán para extraditar a los dirigentes kurdos, lo que contribuyó a empeorar las relaciones entre ambas partes. Barzani vivió en Moscú, donde asistió a los cursos de formación de la escuela del PCUS y se entrevistó personalmente con Malenkov y Jruschov. El dirigente kurdo llegó a alistarse en el Ejército Rojo y los independentistas kurdos formaron un regimiento y recibieron adiestramiento en táctica militar y política. Muchos de ellos aprendieron a leer y escribir por primer vez en su idioma. En la URSS a todos los refugiados kurdos y a sus familias se les dio un trabajo, atención hospitalaria y, por supuesto, vivienda.

En 1958 un golpe de Estado en Bagdad acabó con la monarquía hachemita, poniendo al frente del Estado a un gobierno revolucionario encabezado por el general Kassem, que autorizó su regreso de los refugiados kurdos exiliados en la URSS. ¿Serían los independentistas kurdos un apoyo para la revolución en Irak?

Las cartas se habían tornado del revés. Al imperialismo ya no le interesaba el gobierno central, por lo que comienza a manipular a Barzani para luchar contra la revolución irakí. El Partido Democrático de Kurdistán se convierte así en una marioneta del imperialismo y un engranaje del conglomerado de enemigos del general Kassem. El mismo movimiento kurdo, que hasta entonces formaba parte de la revolución, se convierte en el brazo armado de la contrarrevolución. No es que el imperialismo apoye al Partido Democrático de Kurdistán, sino que éste se convierte en un apoyo del imperialismo en la región.

Barzani tensa la cuerda y en 1961 promueve un levantamiento que, a pesar de su fracaso inicial, desestabiliza al gobierno, que cae dos años después. La lucha había cambiado de bando y seguiría cambiando todavía más. Barzani era más bien un símbolo del pasado que del futuro de Kurdistán. Sólo el legendario aura de la Mahabad le mantenía como cabeza visible de un nuevo movimiento nacional, que se fue radicalizando progresivamente, llegando a Irán y a Turquía y asimilando los principios de las luchas guerrilleras y anticoloniales de aquella época, procedentes de Latinoamérica y Asia.

Los acontecimientos empiezan a cambiar muy rápidamente, sobre todo en Oriente Medio y el impulso que empuja esos cambios no tiene su origen en factores locales. Nadie acusa tanto las dificultades para adaptarse a las distintas situaciones como Barzani y los suyos. Tras el aplastamiento de la revolución en 1963, el partido Baas llega al gobierno en 1970, Saddam Hussein emprende negociaciones con Barzani y promete aprobar un estatuto de autonomía.

Pero, tras la experiencia de la República de Mahabad, Barzani nunca confió en sus propias fuerzas, no tenía una estrategia y, lo que es peor, se dejó ir a merced de los acontecimientos. Siempre buscó a quien apadrinara su causa, algunos tan inconfesables como Estados Unidos, Israel o el Irán del Sha. Esos apoyos eran efímeros porque no eran incondicionales sino que dependían, entre otras cosas, de las buenas o malas relaciones que dichos países mantenían con el gobierno central de Bagdad, o de las que mantenían entre sí, o con las grandes potencias.

Desde 1958 los kurdos se convierten en los peores enemigos de los árabes, precisamente cuando en distintos frentes éstos emprenden una formidable batalla contra el imperialismo. Los vínculos de Barzani con Israel, que hoy su hijo aún conserva, son paradigmáticos. Las fotos le muestran en  compañía de Abba Eban, ministro israelí de Asuntos Exteriores y con el general Meir Abit cuando dirigía el Mossad. En 1967, durante la Guerra de los Seis Días, Barzani visita al general Moshe Dayan en Israel.

La otra muleta de Barzani era el Sha de Irán, otro enemigo del mundo árabe, que había permitido la instalación de bases kurdas en su país. La delegación del Partido Democrático del Kurdistán en Teherán la dirigía Shafiq Qazzaz, que era el enlace de Barzani con un tal “Justin”, la antena local de la CIA.

El 5 de marzo de 1975, durante una cumbre de la OPEP en Argel, el Sha llega a un acuerdo con el gobierno de Bagdad. De rebote, la luna de miel entre el Sha y Barzani se rompe. De refugiado en Teherán, el dirigente kurdo se convierte en un hombre estrechamente vigilado por la Savak, la policía secreta, que le mantiene en arresto domiciliario en un confortable vivienda.

Cuando el Sha regresa de Argel, en el aeropuerto de Teherán le espera Richard Helms, antiguo director de la CIA y en ese momento embajador de Estados Unidos. De nuevo, la suerte de los kurdos estaba echada; dejan de tener el apoyo de Estados Unidos. Fue un duro golpe para el movimiento nacionalista, convertidos en un objeto de usar y tirar.

Los imperialistas siempre mantienen ese tipo de marionetas en la recámara para futuras manipulaciones. En agosto de aquel mismo año, Barzani viaja en secreto de Teherán a Washington, donde creía contar con sólidos apoyos, como el senador Henri Jackson o George Meany, el podrido y mafioso dirigente del sindicato AFL-CIO. En el viaje no podía falta otra visita a sus padrinos en la mismísima central de la CIA en Langley, una visita que no le admiten a cualquier. Sin embargo, las entradas de Barzani en Langley acabaron convirtiéndose casi en una rutina.

El kurdo pasó sus últimos momentos en Washington, donde murió en 1979, tratando inútilmente de mendigar que los imperialistas prestaran algún apoyo a la causa kurda.

Más información: Primera parte

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La influencia de la URSS en la creación del primer Estado independiente kurdo (1)

Guerrillero kurdo ahorcado en 1947
Durante la Segunda Guerra Mundial, a finales de agosto de 1941, las fuerzas británicas (por el sur) y las soviéticas (por el norte) invadieron Irán para evitar que el régimen del sha Reza Pahlevi se alineara con el III Reich. El norte del país fue ocupado por el Ejército Rojo, aunque la administración iraní continuó funcionando, hasta que un un levantamiento general arrebató el control de la región kurda al gobierno de Teherán.

Como en otras regiones del mundo, en el movimiento nacional kurdo los protagonistas son las masas, cuyo impulso emerge por el eco cercano de la Revolución de Octubre y la Internacional Comunista. A pesar del atraso, progresivamente Kurdistán empezó a pasar de las formas de organización tribales y religiosas, a las propiamente políticas, sociales e ideológicas.

Así, también en Kurdistán, en la ciudad de Mahabad, se formó un comité que se hizo cargo del gobierno. Se formó el partido Sociedad para la Reconstrucción del Kurdistán encabezado por Qazi Muhammad, jefe de una familia de notables.

En ese momento el Ejército Rojo tenía cerca de 60.000 hombres en el Kurdistán iraní. Apoyó al gobierno kurdo y armó a cerca de 10.000 de sus milicianos.

En septiembre de 1945, una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, Qazi Muhammad quiso avanzar en la creación de una nueva República independiente de Kurdistán. Se entrevistó en Tabriz con el cónsul soviético y luego se dirigió a Bakú, en la República soviética de Azerbaián. Al otro lado de la frontera soviética, el Partido Demócrata de Azerbaián, movimiento azerí de Irán auspiciado por la URSS, tenía previsto controlar Azerbaián oriental, lo cual sucedió efectivamente con apoyo soviético el 10 de diciembre de ese año.

Qazi Muhammad decidió hacer lo propio y el 15 de diciembre de 1945 anunció en Mahabad la formación de un Gobierno Popular Kurdo con el apoyo de la milicia armada por los soviéticos, tomando en pocos días el control de todo el Azerbaián occidental. Poco después, el 22 de enero del siguiente año, anunció oficialmente la formación de la primera República kurda, con un programa de resurgimiento cultural y desarrollo del idioma vernáculo como lengua oficial del nuevo Estado.

La proclamación del primer Estado kurdo se hizo en plena Guerra Fría con el estigma de haber sido creado por la URSS, cuyas tropas aún ocupaban todo el norte de Irán. Su existencia dependía de una situación internacional en la que la correlación de fuerzas era favorable a la URSS, la gran vencedora de la Segunda Guerra Mundial.

Pero muy pronto los imperialistas quisieron cambiar esa situación internacional, y empezaron por Kurdistán, empujando al gobierno de Teherán a que acabara con gobierno kurdo en el norte, no tanto porque fuera kurdo sino -sobre todo- porque era “soviético”. Como consecuencia de las presiones, el 26 de marzo de 1946 la URSS prometió al gobierno de Irán que el Ejército Rojo se retiraría del noroeste de ese país en el más breve plazo.

En mayo las tropas soviéticas evacuaron el norte de Irán e, inmediatamente, el gobierno iraní atacó el Azerbaián oriental y envió tropas para restablecer su autoridad. Este movimiento aisló a la República de Mahabad ya que, paralelamente, Irak cortó las comunicaciones de Azerbaián occidental con el resto de Irán. Los países limítrofes como Irak y Turquía eran abiertamente hostiles a la existencia de un Estado kurdo, y más hostiles aún a la presencia militar soviética, por lo que la República de Mahabad no podría contar con su ayuda.

El nuevo Estado kurdo quedó a merced de su suerte y la situación se fue tornando cada vez más difícil. Las tribus kurdas y los sectores más retrógrados de Kurdistán no se pusieron del lado del imperialismo y de Irán, en contra del nuevo gobierno de Qazi Muhammad. A mediados de 1946 comenzaron a emigrar hacia el Azerbaián oriental. A pesar de las difíciles condiciones de aislamiento internacional e interno, el 5 de diciembre el Estado Mayor kurdo le anunció a Qazi Muhammad que podrían resistir los ataques del ejército iraní en caso de que trataran de ocupar la región con una ofensiva de gran alcance.

Pero Qazi Muhammad se oponía a estas medidas. Sin ayuda militar soviética los nacionalistas kurdos no podrían resistir a los iraníes. Debían negociar, pero ni siquiera tuvieron tiempo para hacerlo. El 15 de diciembre las tropas iraníes penetraron en Azerbaián oriental, destruyendo rápidamente la República de Mahabad. Ese mismo día entraron en el territorio de la República de Mahabad y aplastaron rápidamente a la resistencia kurda, ocupando toda la región en pocos días.

Una vez asegurada su posición, el gobierno iraní ordenó clausurar la prensa kurda, prohibir la enseñanza del idioma kurdo y quemaron todos los libros en ese idioma que encontraron. Algunos supervivientes de la milicia kurda, incluyendo a Mustafá Barzani, se lanzaron a la guerra de guerrillas penetrando inclusive en territorio de Irak, pero no pudieron resisitir por mucho tiempo y los 500 milicianos sobrevivientes lograron cruzar la frontera soviética en mayo de 1947, donde el gobierno de la URSS les concedió refugio.

El 31 de marzo de 1947 Qazi Muhammad fue ahorcado en la ciudad de Mahabad, la capital de primer Estado independiente kurdo.

Más información: Segunda parte

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900 días de asedio fascista a la cuna de la Revolución de Octubre

A diferencia de París y otras capitales de Europa occidental, Leningrado no se rindió nunca ante el fascismo. El asedio comenzó el 8 de septiembre de 1941 y duró hasta el 27 de enero de 1944; el bloqueo se había roto el 18 de enero de 1943. Durante esos más de 900 días la ciudad quedó aislada del mundo exterior, escaseaban los alimentos y el combustible y el lago Ládoga era la única vía por la que llegaban esporádicamente envíos con alimentos, en verano por el agua y en invierno por el hielo.

Murieron más personas en el asedio Leningrado que en cualquier campo de concentración nazi. Sólo durante el primer invierno fallecieron cientos de miles de personas de hambre y frío, a pesar de los hospitales y los comedores organizados por los soviets. En la ciudad se crearon huertos que estaban vigilados todo el tiempo.

Las tropas alemanas llevaban a cabo bombardeos desde el aire con la intención de obligar a los soldados que defendían la ciudad a que se rindieran. La mayor parte de los edificios resultaron dañados, varios miles de personas murieron y decenas de miles resultaron heridas.
En noviembre de 1941 en Leningrado comenzaron a escasear los alimentos, para entonces hacía tiempo que se habían introducido las cartillas de racionamiento para distribuir más equitativamente las modestas reservas de comida entre los ciudadanos. Durante el primer invierno murieron de hambre y frío cerca de 780.000 habitantes de Leningrado.
Los ciudadanos se veían obligados a sacar agua de los agujeros surgidos en el asfalto de la Avenida Nevski como resultado de los bombardeos: el suministro de agua también había resultado dañado.
Durante los días más duros del invierno, cuando en las casas no había luz ni calefacción, la gente mantenía el contacto con el mundo exterior siguiendo los acontecimientos por radio.
La gente salía a la calle cuando era estrictamente necesario, ya que a menudo les faltaban fuerzas para recorrer incluso pequeñas distancias. Muchos caían desmayados por el hambre y morían de frío. De las calles se retiraban muchos cuerpos sin vida.
Para levantar el ánimo de los ciudadanos, el Teatro de Comedia Musical ofrecía espectáculos en el edificio del Teatro Alexandrinski. Durante los días del Sitio, Dmitri Shostakóvich escribió la Sinfonía de Leningrado número 7, que se hizo famosa en todo el mundo.
Leningrado estaba protegida en todas direcciones por trincheras y barricadas en las que trabajaba todo el que podía. Además de ello, los ciudadanos intentaban mantener el orden en la ciudad: retiraban la nieve y el hielo y limpiaban la suciedad de las calles.
Los niños que se habían quedado en Leningrado y que habían perdido a sus padres se reunían en hogares infantiles, donde se les intentaba impartir cursos escolares. Pero a menudo acababan en las fábricas ayudando a los adultos. Por ejemplo, montando metralletas para el frente en la fábrica Linotip.
Estas municiones se utilizaban en la artillería pesada para proteger la ciudad y también en el Frente Oriental.
Por la única vía que unía Leningrado con el mundo exterior a través del lago Ládoga, llamado ‘El camino de la vida’, los envíos se llevaban a cabo día y noche. En verano transitaban embarcaciones con alimentos, y en invierno sobre el hielo se desplazaban camiones. Estos camiones nunca tenían puerta del conductor para que, en caso de que el vehículo cayera al agua y comenzara a hundirse, el conductor lograra salir de él.
Las fronteras de la ciudad y el Frente Oriental estaban protegidas por soldados con ametralladoras. En invierno se camuflaban con uniformes blancos que los confundían con la nieve.
No solo había que proteger a la gente: las empleadas del museo del Hermitage intentaban conservar sus obras de arte de incalculable valor. Durante la guerra, los lienzos fueron extraídos de los marcos y almacenados en los sótanos del museo.
En los sótanos, convertidos en refugios antiaéreos, se ocultaba también la gente.
A los ciudadanos se les informaba del peligro inminente a través de unos altavoces por los que sonaba un metrónomo que se volvió muy famoso: un ritmo rápido indicaba alerta antiaérea, mientras que un ritmo lento establecía el fin de la alerta.

Los bombarderos abrían agujeros en los edificios. Para advertir sobre las zonas de peligro y un poco para ocultar la fealdad de los edificios dañados, estos agujeros se cubrían con carteles.
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La vida cotidiana en la URSS durante los años cincuenta según las fotos de un espía

El comandante del ejército estadounidense Martin Manhoff trabajó en
la embajada de su país en Moscú entre 1952 y 1954, por lo que conoció de
cerca la muerte de Stalin, de cuyo funeral hizo una foto:

Pero en la vivienda de Manhoff el historiador Douglas Smith encontró un filón de 1.000 fotografías inéditas hasta ahora, que fueron tomadas en plena calle, por lo que muestran aspectos de su vida corriente en tanto en Moscú, como en Leningrado, Murmansk o Yalta. En las fotos lo que más destaca es que muy pocos años después del final de la Segunda Guerra Mundial, apenas aparecen huellas de los destrozos causados.


En 1954 Manhoff fue expulsado de la URSS por espionaje.
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Operación Luch: ¿por qué vendió Gorbachov a la República Democrática Alemana?

A lo largo de su vida, Honecker estuvo preso en dos periodos distintos. El primero fue durante el III Reich y el segundo tras la caída de la República Democrática Alemana. Las memorias que escribió en esta segunda ocasión han pasado desapercibidas. En ellas dice que Gorbachov vendió a Alemania oriental a cambio de miles de millones de dólares, que fueron a parar a la arcas deficitarias de la URSS, entonces en sus últimos días.

La República Democrática Alemana fue, pues, vendida y traicionada de la manera más literal y Honecker en persona fue luego traicionado por segunda vez, cuando Yeltsin concedió su extradición a la otra Alemania, la occidental (no se sabe a cambio de qué esta vez, posiblemente fuera gratis).

Nadie hizo caso a Honecker, ni entonces ni ahora, pero la desaparición de la Alemania oriental tuvo un aspecto sórdido, que en la jerga del espionaje se llamó Operación Luch.

Hace unos años la Universidad de Miami tradujo algunos documentos de la Stasi sobre dicha Operación (1), pero la explicación de Honecker seguía en segundo plano. Lo que interesaba era el papel que Putin, entonces un agente del KGB de segunda división en Alemania oriental, había desempeñado en ella (2).

La traición de Gorbachov a la República Democrática demuestra que uno de los grandes tópicos de la Guerra Fría era mentira: cuando en la URSS todos arrojaban la última toalla que les quedaba frente a los imperialistas, en Alemania oriental otros, como Honecker, se negaban a seguir el dictado de Moscú. El gobierno de Berlín no era tan sumiso como decían.

La Operación Luch fueron los contactos entre los enviados de Gorbachov y los del presidente alemán Kohl para reunificar Alemania a cambio de dinero sin contar con los alemanes con los que había que contar, es decir, con los que vivían en la República Democrática (3).

El precio es sólo el aspecto amarillista de la transacción. La Operación Luch era un giro estratégico en la política exterior de la URSS que pasaría inmediatamente a Rusia. Lo que Gorbachov llamó “la casa común europea” consistía en que aquel aliado que hasta entonces había sido Alemania oriental se convertía en un estorbo. El verdadero aliado de la URSS (y de la Rusia actual) debía ser la otra Alemania, la de Kohl.

Eso es lo que Putin aprendió cuando trabajaba en Dresde. Llegará un momento en el que también Alemania tendrá que enfrentarse con Estados Unidos y, lo mismo que Rusia, carece de fuerza suficiente para ello. Necesita a Rusia, lo mismo que Rusia necesita a Alemania.

Han pasado tres décadas desde la Operación Luch que, lo mismo que las palabras de Honecker, sigue pasando completamente desapercibida. La URSS creyó entonces que “un gesto de buena voluntad”, como la venta de Alemania oriental, podría ser suficiente. Es un error. La reunificación no es el único ni el principal problema que Alemania arrastra desde que fuera derrotada en la Segunda Guerra Mundial. La división de Alemania siempre ha ayudado a ocultar que, en realidad, el único gobierno títere siempre fue el occidental. Estados Unidos siempre se ha preocupado por mantener esa situación de dependencia, sobre todo con un fabuloso despliegue militar que en poco difiere del de cualquier colonia tercermundista.

(1) Sarah-Christian Muller y Dr. Karen Dawisha, Vladimir Putin, Operation Luch and Matthias Warnig: The Secret KGB-Stasi Relationship, http://miamioh.edu/cas/_files/documents/havighurst/stasi-documents.pdf
(2)The Atlantic, How the 1980s Explains Vladimir Putin, 14 de febrero de 2013, http://www.theatlantic.com/international/archive/2013/02/how-the-1980s-explains-vladimir-putin/273135/
(3) Michel Meyer: Histoire secrète de la chute du mur de Berlin, París 2009, pg.94.

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Cuando Stalin propuso la reunificación de Alemania

Jorge Álvarez

El 10 de marzo de 1952 pudo cambiar el rumbo de la Historia si hubiera prosperado una atrevida propuesta para la reunificación alemana. Alemania (entonces dividida en dos bloques, uno proocidental, la RFA, y otro prosoviético, la RDA) se convertiría en un único estado donde estuvieran garantizados “los derechos del Hombre y las libertades básicas, incluidas las de expresión, prensa, religión, ideas política y reunión”, admitiendo además la libre actividad de partidos y otras organizaciones democráticas, así como la formación de un ejército.

Lo que sorprenderá a más de uno es que el autor de dicha proposición fue nada más y nada menos que José Stalin. En efecto, los representantes de los gobiernos de Reino Unido, Francia y Estados Unidos recibieron un documento de manos de Andrei Gromyko, conocido desde entonces como Nota de Marzo o Nota de Stalin, donde el líder soviético ofrecía esa posibilidad casi sin condiciones, aunque en un contexto muy obvio: en esos momentos las potencias occidentales estaban preparando la fundación de lo que luego sería la OTAN y negociando con la República Federal de Alemania (creada en mayo de 1949, cuatro meses antes que la República Democrática Alemana) su ingreso en esa alianza militar, de ahí que la nota ofreciera una nueva Alemania libre, sí, pero neutral y desmilitarizada (o, al menos, sin integrarse en ninguna alianza estratégica).

Por eso y porque se estimó que la Nota de Stalin era una trampa, pues aún cuando fuera sincera se daba por hecho que los soviéticos contaban con que el país germano reunificado podría ser inducido al modelo comunista, occidente rechazó la oferta y contaatacó con su propia versión, diciendo que a Alemania debía dejársele elegir libremente su incorporación a la OTAN y concederle el derecho a un ejército si tal era su deseo.

Por supuesto, se sabía que esa alternativa resultaba imposible de aceptar por la URSS, que aún tenía sangrantes la ominosa invasión de su territorio por las tropas teutonas durante la reciente Segunda Guerra Mundial. Aquel intercambio de ofertas y contraofertas es lo que se ha dado en llamar la Batalla de las Notas, que constituyó un buen ejemplo de lo que sería la Guerra Fría (una realidad ya con el conflicto de Corea en marcha desde 1950).

El primero y más decidido en decir no a Stalin fue Konrad Adenauer, el canciller alemán, al que no bastaron las promesas soviéticas sobre retirar las tropas de ocupación, devolver las fronteras a las pactadas en la Conferencia de Postdam y facilitar la reincorporación del país a los mercados mundiales, así como suspender el proceso de desnazificación para exmilitares e incluso miembros del Partido Nazi con la excepción de los que fueran considerados criminales de guerra.

Esa actitud negativa del canciller, al que algunos críticos extremos acusaron de querer mantener separada a la mayoría católica del Oeste de la protestante del Este (que además era el tradicional feudo socialdemócrata), se explicaba más bien por ligar a Alemania al bloque capitalista y le pasaría factura tiempo después, cuando algunos políticos de su propio país plantearon que quizá había dejado pasar una oportunidad única, aunque él siempre opinó que la reunificación sólo podía desarrollarse tras un tiempo de coexistencia entre ambas repúblicas durante el cual, de forma paralela y complementaria, se fuera produciendo una adaptación de la RDA al sistema capitalista para evitar que ocurriera al contrario.

Otros, en cambio, eran más posibilistas y sugerían que Alemania podía ejercer un importante papel de mediadora entre Este y Oeste, y si se garantizaban elecciones libres y las fronteras de Postdam se podía y se debía negociar con Stalin con su nota como punto de partida.

Fue el caso del titular de Interior, Jakob Kaiser, y de algunos ministros más que, junto a varios miembros del FDP (Partido Democrático Libre, el que gobernaba), declararon dos días después que no se perdía nada con intentarlo y si resultaba ser una trampa, los mismos soviéticos quedarían en evidencia.

Pero Adenauer impuso su decisión temiendo que Stalin impusiera la presencia de la RDA en las negociaciones -consiguiendo hábilmente que fuera reconocida de facto– y aduciendo que una Alemania neutral carecería de capacidad defensiva ante una absorción por el bloque del Este. La mayoría del parlamento le apoyó, incluyendo la oposición socialdemócrata.

En la RDA la propuesta de la URSS fue recibida con entusiasmo, pues aunque ya se había organizado una fuerza paramilitar denominada Kasernierte Volkspolizei, en septiembre de 1951 también había hecho ofertas a la RFA para organizar elecciones conjuntas si antes se firmaba un tratado de paz.

Sin embargo no tardaron en volver a la realidad cuando el 25 de marzo, quince días después de la nota de Stalin, Reino Unido, Francia y EEUU enviaban la suya a Moscú condicionando la firma de ese tratado a la celebración de elecciones libres comprobadas por la ONU, a reconocer el derecho de Alemania a aliarse con quien quisiera y a rechazar las fronteras habladas en Postdam (dado que sólo eran válidas hasta firmar un tratado).

El 9 de abril Stalin presentó una segunda nota ratificando su documento pero proponiendo un cambio: que las elecciones fueran supervisadas pero no por la ONU sino por las cuatro potencias ocupantes, que seguirían activas mientras se negociaba el citado tratado de paz.

La respuesta de occidente se produjo el día 13 aceptando en parte la idea si bien con la condición de que los supervisores no fueran funcionarios del gobierno sino observadores imparciales. El líder soviético mandó una tercera nota el 24 de mayo, cuando acababa de hacerse pública la fundación de la EDC (Comunidad Europea de Defensa), criticando a esta nueva organización porque suponía un obstáculo para el ansiado tratado.

El 23 de agosto todavía vería la luz una cuarta y última nota que era más de lo mismo; dado que occidente también estaba en esa línea de cerrarse a lo que dijera el otro, la cuestión fue disolviéndose poco a poco y un muro de hormigón terminó poniéndole la puntilla a partir de 1961.

Fuente: http://www.labrujulaverde.com/2017/01/cuando-stalin-propuso-la-reunificacion-de-alemania

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La Unión Soviética ganó la carrera espacial a Estados Unidos

Serguei Pavlovich Korolev
Los verdaderos pioneros de la exploración espacial fueron los cosmonautas soviéticos y gran parte de los avances que hoy se usan en la Estación Espacial Internacional (EEI) se deben a los conocimientos y las innovaciones de la Unión Soviética. Es la conclusión del documental de la BBC «Cosmonautas: cómo Rusia ganó la carrera especial», que accedió a importantes documentos y entrevistó a los protagonistas de la extraordinaria puja entre soviéticos y estadounidenses por conquistar el Universo.

Al llevar al espacio el primer satélite, el primer ser humano y la primera estación orbital, la Unión Soviética logró vencer una y otra vez a Estados Unidos, cuyo programa espacial contaba con más fondos.

Los orígenes del programa espacial de la URSS se encuentran en las ruinas de la Segunda Guerra Mundial. En 1949 los soviéticos produjeron su propia bomba atómica. «Como era mucho más pesada que la estadounidense, debieron desarrollar un cohete más poderoso que la transportara, lo que terminó impactando en el programa espacial», explica Gerard de Groot, profesor de historia moderna de la Universidad de San Andrés, en Reino Unido.

La persona a la que le encargaron la tarea fue el ingeniero Serguei Pavlovich Korolev. «Korolev no era un científico, sino un genio de la gestión. Era un líder, una figura inspiradora, un político que sabía mover las palancas del poder y volver realidad las metas», dice el especialista en historia del espacio Asif Siddiqi, de la Universidad Fordham de Nueva York.

En la Unión Soviética lo consideraban tan importante desde el punto de vista estratégico que, para protegerlo de cualquier intento de asesinato, mantuvieron su identidad en secreto hasta sus últimos días. Se lo conocía simplemente como el «diseñador jefe».

En 1957 Korolev concluyó su obra maestra, el cohete R-7 Semyorka, que era nueve veces más poderoso que cualquier otro lanzador creado hasta ese momento. Después de varios intentos fallidos, el R-7 fue probado con éxito: logró volar 5.600 kilómetros hasta la península de Kamchatka. Fue el primer misil balístico intercontinental y, con él, Korolev convirtió a la Unión Soviética en una superpotencia mundial.

Sin embargo, el destino del R-7 no era convertirse en un arma. «Como misil era malo. Se demoraban mucho en prepararlo para el despegue. Mientras se desarrollaban otros cohetes más eficientes, el R-7 fue dedicado exclusivamente a la exploración espacial», cuenta el antiguo cosmonauta soviético Georgei Grechko.

El Sputnik y Laika

Una vez que contaba con un cohete apto, Korolev quería ser el primero en demostrar que los viajes espaciales eran posibles. Con ese objetivo, sus ingenieros desarrollaron un satélite simple, el Sputnik. Era apenas un transmisor de radio cubierto por una esfera de metal.

El 4 de octubre de 1957 el Sputnik fue colocado en órbita y comenzó a enviar señales de radio a la Tierra, un «bip» que los estadounidenses se esforzaron por decodificar pero que en realidad no contenía mensaje alguno. El mundo quedó fascinado. Entusiastas formaban largas filas ante los telescopios disponibles para poder ver la «segunda Luna» cruzando el firmamento.

El Sputnik fue una jugada maestra de propaganda y ahora el líder soviético Nikita Kruschev quería más: le pidió a Korolev otra gran misión espacial para las conmemoraciones del 7 de noviembre, el aniversario de la revolución bolchevique de 1917.

El plazo de alrededor de un mes parecía imposible. Con todo, el 3 de noviembre de 1957 la Unión Soviética envió al espacio otro satélite, pero esta vez con un pasajero a bordo: Laika, una perra callejera hallada en Moscú. Laika les dio a los soviéticos otra victoria propagandística y a los estadounidenses otro dolor de cabeza.

«En Estados Unidos creían que si la URSS había sido capaces de llevar a un animal al espacio, pronto estaría en condiciones de enviar a un ser humano a órbita», explica el historiador De Groot.

La sonrisa de Yuri Gagarin

A principios de la década de 1960, 20 potenciales cosmonautas se entrenaban en secreto en una zona rural de Rusia, entre ellos el joven Alexei Leonov. «Cada día corríamos 5 kilómetros y nadábamos 700 metros. También saltábamos en paracaídas; yo llegué a hacer unos 200 saltos», le cuenta Leonov a la BBC. Pero además del entrenamiento físico, los cosmonautas debían prepararse para los rigores del espacio.

Debían ser capaces de resistir la enorme fuerza del despegue y del aterrizaje. Se los encerraba durante días en salas a prueba de ruidos para experimentar el aislamiento psicológico. Y lo peor de todo era la preparación para la eventualidad de que la cápsula comenzara a girar sin control en el espacio. «Era algo muy difícil de aguantar», recuerda el ex cosmonauta Georgei Grechko. «Algunos se ponían pálidos, otros verdes. Y luego, como solíamos decir, les mostraban a los demás su cena: vomitaban».

La preselección del primer ser humano que iría al espacio quedó reducida a dos nombres: Yuri Gagarin y Guerman Titov. «Korolev terminó escogiendo al hijo de campesinos Gagarin», dice Grechko. «Nosotros pensábamos que el más listo y el mejor educado era Titov. Pero el jefe consideró aspectos en los que nosotros, como ingenieros, no habíamos pensado: cuán apuesto era el candidato, su sonrisa. Y tenía razón». El «ingeniero jefe» sabía que si la misión resultaba un éxito, el rostro de Gagarin estaría en las portadas de todos los periódicos del mundo.

El 12 de abril de 1961 Gagarin llegó donde ningún ser humano había llegado antes: la órbita de la Tierra. A bordo de la cápsula Vostok, dio una vuelta al plantea en una hora y 48 minutos. «Estoy mirando la Tierra», dijo al comunicarse con el centro de control. «Veo los colores del paisaje, bosques, ríos, nubes. Todo es tan bello».

Gagarin fue recibido como un héroe en la Unión Soviética y viajó por el mundo llevando su sonrisa triunfal. Era la encarnación del dominio de la Unión Soviética en la carrera espacial.

Seguidilla de hazañas

Con su economía en auge, Estados Unidos podía invertir grandes sumas de dinero en el desarrollo de un programa lunar. Por el contrario, en la URSS los dirigentes no estaban dispuestos a financiar ningún viaje a la Luna.

«Mi padre le dijo a Korolev que en la Unión Soviética había otras prioridades: producir más alimentos para acabar con la escasez y construir más viviendas», le dice a la BBC Sergei Kruschev, hijo del líder soviético Nikita Kruschev. En lugar de ello, Korolev lanzó una serie de misiones menos costosas a la órbita baja de la Tierra, cada una de las cuales reportó una victoria propagandística. Entre ellas se destacan dos de 1963: el vuelo orbital más largo hasta la fecha (cinco días) y la primera mujer en ir al espacio, Valentina Tereshkova.

El 18 de marzo de 1965 se sumaría otro hito: Alexei Leonov se convirtió en el primer ser humano en realizar una caminata espacial. «Korolev nos había dicho: ‘Así como un marino a bordo de un buque tiene que ser capaz de nadar en el océano, un cosmonauta debe saber flotar en el espacio», recuerda Leonov.

La estaciones espaciales

El 19 de abril de 1971 los soviéticos lanzaron a órbita Salyut 1, la primera estación espacial temporal de la historia. La ocuparon tres cosmonautas durante tres semanas. A esta le seguirían misiones y estancias cada vez más prolongadas.

El 20 de febrero de 1986, mientras los estadounidenses se concentraban en vuelos de corta duración con los transbordadores espaciales, los soviéticos colocaron en la órbita terrestre la primera estación permanente, la MIR, que fue completada a lo largo de una década.

Con 31 metros de ancho, 19 de largo y 27, 7 de alto, esta estructura se convirtió en un enorme laboratorio suspendido, con módulos separados para astrofísica, ciencia de los materiales y estudio la Tierra. Equipos de cosmonautas visitaban la estación por periodos de un año y se convirtieron en verdaderos expertos en la vida en el espacio.

A fines de 1991, mientras la MIR orbitaba el planeta, la Unión Soviética se disolvió. Cuando la MIR fue dada de baja y se desintegró al reingresar a la Tierra en 2001, su reemplazo, la Estación Espacial Internacional (EEI), ya estaba siendo ensamblada en órbita.

Era la primera aventura totalmente internacional en el cosmos: 15 agencias espaciales colaboraban para construir una estructura cuatro veces más grande que la MIR.

La Estación Espacial Internacional ha marcado una nueva era de exploración internacional. «Nosotros teníamos un gran conocimiento de las largas estancias en el espacio, de cómo afectaban a una persona. Así que nos unimos al proyecto y compartimos todo lo que sabíamos», le cuenta a la BBC el ex cosmonauta Alexander Lazutkin.

Ciertamente, la EEI es el testamento de los logros del programa espacial de la URSS durante 50 años de exploración del Universo. Su sistema de soporte vital está basado en los de las estaciones Salyut y MIR. Los trajes que se utilizan son «hechos en Rusia», versiones actualizadas del que empleó Alexei Leonov en la primera caminata espacial de la historia.

Desde 2011 la única manera de llegar a la EEI es por medio de una cápsula Soyuz montada en un cohete R-7, ambas tecnologías que, aunque modernizadas, diseñó Sergei Korolev hace medio siglo.

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Se abre un restaurante en Moscú dedicado a Stalin

Buena noticia para los amantes de la gastronomía: acaba de abrir el restaurante “NKVD” en el número 8 de la calle Ostozhenka, a dos kilómetros del Kremlin. La decoración es el último grito en la moda de la restauración: sobre una chimenea cuelga un retrato de José Stalin con una guerrera blanca.

El menú es exquisito y la carta la decora la hoz y un martillo junto al nombre del restaurante, “NKVD”, las siglas de la policía política de la antigua URSS.

A los camareros, que visten el uniforme militar soviético, no les falta el mejor humor: ¿NKVD? Son las iniciales en ruso de una frase que se traduce como “Cocina Popular de una Gran Potencia”, responde el camarero con sorna en las mismas narices de un retrato sonriente del gran Félix Dzerzhinski, el primer Comisario del Pueblo para Asuntos Internos, el peor martillo que ha aplastado las cabezas de los contrarrevolucionarios.

Es un típico restaurante del centro de Moscú con enormes muebles de madera, ensalada César por 400 rublos (6,4 dólares) y en la carta una recomendación: “entrantes estilo Stalin”.

Con su uniforme militar el camarero advierte a los comensales: la transformación del antiguo restaurante, “Tierra y mar” no ha hecho más que empezar. En el futuro habrá más símbolos soviéticos. Cuando le preguntan para qué tipo de público está pensado, responde seguro: “para todos”.

Aquí no hacemos publicidad, pero ahora vamos a hacer una excepción: en su próximo viaje a Moscú incluyan una visita al restaurante NKVD. Ni Argiñano, ni pulpo a feira, ni pa amb tomàquet, ni morcillas de Burgos, ni bacalao al pil-pil, ni gazpacho, ni bocadillo de calamares, ni migas de Murcia… ¡NKVD!

¡ Menú del día, desayunos y cenas! ¡NKVD!
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La mayoría de los rusos añora los tiempos del socialismo

Al cumplirse veinticinco años de la caída de la Unión Soviética, la mayoría de los rusos, lejos de considerarla historia pasada, lamentan por su desplome.

Según un sondeo publicado recientemente por el centro Levada, la mayoría de los rusos considera que se vivía mejor en socialismo. De acuerdo a los datos, el 56 por ciento de los rusos confiesa tener nostalgia por el régimen anterior.

La encuesta subraya que el 53 por ciento de los entrevistados recuerda favorablemente el socialismo. No es, por tanto, casualidad que hoy, en Rusia, el debate en torno a este aniversario gire alrededor de una sola pregunta: ¿la Unión Soviética podía ser preservada?

El 1 de enero de 1992 se introdujo la liberalización de precios en el país, que consolidó la implantación del capitalismo. Fue el inicio de los “salvajes años noventa”, una época de gran transformación -y caos- signada por las privatizaciones, el auge de la oligarquía, guerras entre bandas criminales y el colapso de la calidad de vida para la mayoría de los rusos.

El pasaje de una economía socialista al modelo capitalista no fue indoloro. El triunfo de la Revolución trajo importantes avances sociales para la clase trabajadora, como la implantación de la jornada laboral de 7 horas, un sistema de pensiones para ancianos e inválidos, la jubilación a los 60 años para hombres y a los 55 para las mujeres, la baja por maternidad, desde el inicio del embarazo, y un año tras el parto, unos 20 meses en total, la baja por enfermedad con un 100 por ciento del sueldo y un mes de vacaciones pagadas por el Estado, entre muchos otros.

Cabe destacar que la URSS creó el primer sistema sanitario gratuito y universal, que elevó la esperanza de vida de los soviéticos, de menos de 40 años en 1917, a llegar a los niveles de occidente en los 80 (70 años).

También impulsó el primer sistema educativo totalmente público y gratuito, que alcanzó las mayores tasas de alfabetización de la historia en las 15 repúblicas soviéticas. Además, los colegios soviéticos ofrecían gratuitamente alimentación para los alumnos, por lo que la conciliación laboral-familiar se hacía mucho más fácil que hoy en día en los países capitalistas. Además las guarderías también eran gratuitas, así como el transporte público en los centros urbanos.

Todas las encuestas que se han llevado a cabo en los antiguos países del este de Europa coinciden en que la vida era mucho mejor antes y que el hundimiento de sus respectivos países ha sido un desastre personal para sus habitantes.

A dichas encuestas les falta un complemento indispensable: la vida es mucho mejor bajo el socialismo, naturalmente; pero hubiera sido aún mucho mejor si el imperialismo hubiera dejado en paz a aquellos países. Pero la palabra “paz” no la han entendido nunca los imperialistas. Lo suyo es la guerra sin cuartel.

Fuente: http://www.librered.net/?p=48292