Categorías
Memoria Histórica

García Oliver: impresiones del viaje de un anarquista por la URSS

[Oslo, 15 de setiembre de 1940] El cónsul de la Unión Soviética me indicó que mi solicitud de visado de tránsito no se tramitaba en el consulado, sino que la atendía personalmente la embajadora de los Soviets en Suecia, la camarada Alejandra Kollontai.

La embajada estaba en el mismo edificio, y se ascendía a ella por una amplia escalinata. Al final de la escalinata me estaba esperando una señora de porte distinguido y cabello canoso. Era Kollontai […]

Era una mujer inteligente, de sólida cultura. No hizo ninguna alusión a mi filiación anarquista. Solamente me dijo que le era muy grato saludar al que fue miembro del gobierno de la República española y al gran luchador revolucionario que yo había sido.

— Tengo el encargo –me dijo- de mi gobierno de saludarle y, por tratarse de un largo viaje a través de la Unión Soviética, expresarle la seguridad de que, en caso de cualquier situación conflictiva que se le pueda presentar los amigos estarán siempre dispuestos a ayudarle […]

Me pidió el pasaporte para ordenar que le extendieran el visado de tránsito. Como disponía del diplomático y del Främlingpass, le pregunté cuál sería preferible.

— Cualquiera de los dos; la Unión Soviética todavía reconoce a la República española. Sin embargo –dijo- acaso le convenga más el Främlingpass… Pero le visaremos los dos y usted use el que más le guste […]

— Vea usted camarada, tengo el encargo de interesarme por sus asuntos. Así que me dispensará si le pregunto cómo piensa salir de la Unión Soviética. En fin, para qué quiere usted el visado de tránsito.

— Tengo pensado ir a Vladivostock donde, al parecer, puede embarcarse para América.

— Ese es el asunto. Desde Vladivostock todos los que van a América, del norte o del sur, se dirigen al Japón, donde hay línea de vapores para todo el mundo. Pero usted camarada, creo que no debe correr el riesgo de ir al Japón, de donde podrían conceder su extradición a la España de Franco.

— Si no es por el Japón Fru Kollontai –le dije– ¿por dónde podría ir a América desde Vladivostock?

— Preste atención. El gobierno soviético tiene un contrato con algunos barcos de la Johnson’s Line, una compañía sueca […] Pero el contrato que tenemos con ella obliga a la Johnson’s Line a no admitir pasajeros, excepto los que autoriza el gobierno soviético […] Puede decirle usted que está autorizado por el gobierno soviético y que, en caso de duda, me hablen por teléfono.

— Veo que los amigos a que usted se refirió han pensado en todo. ¿Sabía usted que, en tanto que anarquista, me he opuesto a los comunistas en España?

— De usted, camarada Oliver, lo sabemos todo. Y es usted bienvenido entre nosotros. Que tenga buen viaje –me dijo al tiempo que me entregaba los dos pasaportes visados.

— Muchas gracias Fru Kollontai, a usted y al gobierno soviético […]

[Moscú, 19 de setiembre]

Desayuné y sali a la calle. Estuve tentado de preguntar si a un viajero en tránsito, como yo, le estaba permitido deambular por las calles. ¡Había oido y leído tanto sobre lo pemitido o no en la URSS! Me decidí a salir sin pedir la opinión de nadie.

Nadie me detuvo, nadie me preguntó a dónde iba, nadie me siguió. Estaba palpando cuán exageradas eran la noticias que circulaban sobre la vida en la Unión Soviética. El gobierno soviético sabía de mi llegada a Moscú y no me lo daba a entender. Ninguna insinuación de amistosa vigilancia ni de oficiosa benevolencia. Nada, como si yo no existiese. Los sovieticos sabían ser discretos.

Llegué a la Plaza Roja, con las murallas del Kremlin a la derecha, la tumba de Lenin casi en el centro y al fondo una bonita Iglesia de torres coronadas de cúpulas como cebollas.

La venstisca era molesta y no formé en la cola, ya larga, de visitantes de la tumba de Lenin. Anduve por varias calles y avenidas […]

— Me dijeron en Intourist que saldrían esta noche en el Transiberiano, rumbo a Vladivostock. Le deseo muy bien viaje. Ahora vamos por la calle Pedro Kropotkin un señor muy bueno para sus siervos, a los que repartió sus tierras antes de la revolución de octubre. Por eso se le recuerda con cariño […]

Pronto llegaron los otros pasajeros que ocuparían el compartimento. Eran tres militares, dos oficiales y un cabo. Después supe que pertenecían a la guarnición de Vladivostock. Cambiamos saludos y se sentaron. Se comportaban entre sí con verdadera camaradería. Sólo hablaban ruso: mi viaje prometía ser de lo más aburrido.

El tren se puso en marcha […] Sí pude observar que en cada estación se levanta sobre una base un busto de Stalin […]

[Vladivostock, 28 de setiembre]

Nos fuimos hacia el puerto. No pudimos penetrar en él. No era un puerto abierto y libre. Estaba amurallado, con muros de unos tres metros de altura. Donde llegamos había dos puertas, una muy grande y otra chiquita. Un papelito pegado decía en ruso: Prohibido pasar sin autorización de Inflota […]

No tenía más remedio que recurrir a las grandes resoluciones. Y me acordé de lo que dijera Kollontai: los amigos me ayudarían. Tenía que jugar aquella carta. No sabía a qué amigos se refería la camarada embajadora, ni cómo entrar en contacto con ellos. Pero seguro que existían. Kollontai no me lo dijo en respuesta a algo que yo le pidiera sino espontáneamente, como si se tratase de un ofrecimiento […]

Regresé aprisa al hotel, entré en la oficina de Intourist y al encargado de atender a los viajeros le dije:

— ¿Es usted el jefe de Intourist en Vladivostock?

— No, no lo soy, pero estoy facultado para atender a los viajeros

— Lo sé. Sin embargo, me urge muchísimo hablar con el jefe […]

Pasó como un cuarto de hora. El empleado me avisó de que el jefe me recibiría […]

Quería entrar en contacto con el capitán del buque antes de que zarpase.

— Comprendo muy bien su problema. Pero vea usted que no somos nosotros quienes lo hemos creado. Ni aquí ni en cualquier otra ciudad del mundo habría tiempo suficiente para resolverlo, de manera que usted, fulminantemente, lograse salir a las tres de la tarde.

Me miró como queriendo decir que nada especial podía hacer por mí. Insistí. Saqué del bolsillo el pasaporte diplomático de la República española, del que no había hecho todavía uso. Entregándoselo, le dije:

— Cuando en Estocolmo Alejandra Kollontai, la embajadora soviética, me lo entregó, me dijo que si me ocurriese cualquier contrariedad, podía estar seguro de que los amigos me ayudarían. Pues bien, eso es lo que deseo: que me ayuden los amigos.

Al escuchar el nombre de la señora Kollontai, el jefe de Intourist hizo una ligera inclinación de cabeza y se puso a leer el pasaporte. Cuando lo hubo hecho, me miró como si yo no fuese ya el viajero de Främlingpass, el apátrida.

— ¡Pasaporte diplomático de la República española! Me siento honrado de tenerle aquí. Espero que podamos resolver sus problemas.

Hizo por lo menos cinco llamadas telefónicas. Cuando terminó me dijo:

— Por nuestra parte todo resuelto favorablemente. Lo llevaremos enseguida con el capitán del barco para que pueda arreglarse con él. ¿Tiene usted el equipaje listo?

— Si, lo tengo listo. Se trata solamente de una maleta

— Tenemos dos automóviles para el servicio de los viajeros. Pero están fuera del hotel. Nos queda solamente un camión de carga ¿No tendrá inconveniente en ir montado junto al chófer?

— Ningún inconveniente.

— Pues recoja su equipaje. Lo acompañarán dos miembros de la seguridad. En mi nombre en el todas las autoridades de esta población, ¡que tenga usted buen viaje!

— Muchas gracias, a usted y a las autoridades soviéticas. Nunca olvidaré que, desde la camarada Alejandra Kollontai hasta usted, he gozado de la protección de los amigos […]

Llegamos a la puerta de entrada al puerto. El oficial de guardia no permitía que se diera un paso más adelante. Había recibido la orden de hacerse cargo de mí y de conducirme hasta el jefe de Inflota. Además, no quería permitir que me acopañasen los dos miembros de la seguridad. Era evidente que se trata de un problema de prerrogativas entre dos autoridades opuestas.

En Inflota me recibió el almirante en jefe del puerto militar de Vladivostock. Era la más perfecta estampa de oficial de la Marina que hubiesen deseado los productores cinematográficos norteamericanos. Cordialmente me estrechó la mano y me dijo en francés:

— He recibido órdenes de hacer todo lo posible para dejarle a bordo del barco sueco. He enviado a mi ayudante a buscar al capitán del Margaret Torden […]

La milicia del barco aseguró que velaría por mí hasta que zarpara el barco, y los miembros de la seguridad de Intourist y del puerto se fueron los cuatro, satisfechos de no tener responsabilidades.

Para mis adentros me dije que ni Stalin podría salir clandestinamente de la Unión Soviética. Tenía que reconocer que las autoridades soviéticas, los amigos, habían sabido hacer las cosas. No me perdieron de vista ni un minuto desde el aeropuerto de Vilna hasta Vladivostock. Sabían quién era yo y a dónde iba, pero nunca se mostraron. Nada pedí, nada me dieron. Pero cuando solicité su ayuda, fui tratado no como un ex ministro de la República española sino como un ministro en funciones. Comprendí que quedaba en deuda con aquellas gentes. También me di cuenta de la amenaza que se cernía sobre todo el país, apretado entre el Japón y Alemania como por un enorme cascanueces. Después me enteré de que no dejaban penetrar en el puerto a los viajeros: los llevaban fuera del puerto y eran conducidos en barca a los buques. Al permitirme entrar en el puerto y recorrerlo, me habían dado muestras de confianza que merecían defensa por mi parte cuando les alcanzase la tormenta.

Los muelles del puerto de Vladivostock estaban llenos de grandes cajas de madera con letras que indicaban que procedían de Estados Unidos. En una gran explanada del puerto se veían simétricamente alineados aviones de combate americanos, todavía con funda verde olivo que les serviría de protección. Maquinaria, equipos, aviones. Vi que la guerra se acercaba a la Unión Soviética. Estaba tan cerca que acaso me agarrase en el mar. Favor por favor. Si la URSS entraba en guerra, la defendería.

Juan García Oliver, El eco de los pasos, Ruedo Ibérico, Barcelona, 1978, pgs.537 y stes.

Categorías
Noticias

El papel de la mujer soviética en la Segunda Guerra Mundial


Mujeres soldado del 2º Batallón de la Muerte, en Moscú, 1917
 
Dos mujeres combatientes del Ejército Rojo


Mujeres combatientes con la ametralladora ligera Degtyaryov en la defensa de
Leningrado

 Mujeres artilleras en el puente de
Crimea, en la defensa de Moscú, 1941
Mujeres artilleras protegen la realización de los
trabajos agrícolas en una granja colectiva

Enfermera del Ejército Rojo en primera línea socorriendo a un herido
La tanquista Aleksandra Samusenko, en la Batalla de Kursk, 1943 
La francotiradora Evdokia Motina, condecorada, 1943
Academia de francotiradoras del Ejército Rojo, 1943-44
Marina Raskova, dirigente del 587 Ala de Combate y promotora del regimiento
aéreo femenino (‘Las Brujas de la Noche’)
Mujeres piloto del 586 Ala de Combate de la Defensa Aérea

Categorías
Ecología

Comunismo, ecologismo y otros relatos de terror

Hace unos días Pedro Núñez escribía un artículo tópico titulado “Ecologismo y comunismo” (1) sobre asuntos de los que no tiene ni la más remota noción, limitándose a repetir frases, a cada cual más manoseada. No hubiera merecido la pena mencionarlo de no ser porque alude al Mar de Aral como ejemplo de la agresión catastrófica de los comunistas a un ecosistema.

El Mar de Aral es un extraordinario ejemplo de muchas cuestiones concernientes a la ecología que se olvidan muy frecuentemente cuando se habla de “conservar” la naturaleza tal cual está en la actualidad, de manera que cualquier intervención humana sobre ella se califica negativamente como “destrucción”.

Lo que Núñez quiere poner de manifiesto es que esa “intervención humana” que perjudica a la naturaleza es, además, independiente del modo de producción, es decir, que también los países socialistas destruyeron la naturaleza, tanto o más que los capitalistas, una idea bastante extendida entre ciertos círculos seudoprogres.

La mayor parte de las veces, por no decir siempre, cuando se escribe sobre ecología de lo que se escribe, en realidad, es de terror, de alguna catástrofe: de la desertificación del mundo, de la extinción de las especies, de la lluvia ácida y otras calamidades sin par. La práctica desaparición del Mar de Aral, responsabilidad de la URSS, sería una de esas catástrofes ecológicas sobre la que habitualmente se cargan las tintas a gusto del plumífero de turno, del estilo de Núñez, para concluir que es uno los mayores ejemplos de catástrofe ecológica del siglo XX.

Cuando se habla de ecología, lo primero y lo más importante que hay que tener en cuenta es lo que hace 200 años se llamaba “historia natural”, es decir, que la naturaleza no es una foto fija sino que también tiene su historia, que cambia y evoluciona. Hoy hay desiertos donde antes había mares, y al revés. El de Aral es un ejemplo de ello: ha aparecido y desaparecido varias veces a lo largo de la historia… y de la prehistoria. Por lo tanto, lo que está ocurriendo hoy ya ocurrió antes, incluso cuando no existía ni la palabra “comunismo”.

En 2001 los arqueólogos descubrieron en el fondo seco del Mar el mausoleo de Kerderi y los vestigios de la ciudad de Aral-Asar, que ya disponía de un primitivo sistema de irrigación. Durante las excavaciones aparecieron numerosos objetos, tales como vasijas de cerámica, fragmentos de utensilios de hierro y de bronce, así como muelas de molino.

La conclusión es evidente: el Mar de Aral ya se secó en la Antigüedad, cuando el único comunismo era el comunismo primitivo, prehistórico. Se sabe, además, que el Mar de Aral es como un bañera, que se ha llenado y vaciado repetidamente, desde que apareció por vez primera. Un estudio realizado con carbono-14, fija su fecha de nacimiento hace 20.000 años, cuando nadie hablaba de comunismo.

El año pasado Lena Jassanova publicó un magnífico artículo en “Living Asia” sobre el Mar de Aral (2) en el que rastrea los mapas y las descripciones que fueron dejando los viajeros y exploradores, desde los tiempos del enciclopedista árabe Masidi en el siglo X, hasta que los relatos desaparecen porque el Mar también desapareció después, o al menos porque su extensión se redujo notablemente.

Los hallazgos arqueológicos demuestran que entre los siglos XI y XIV el fondo marino estuvo habitado gracias al retroceso de las orillas, un movimiento en el que la velocidad era variable, pero podía llegar hasta varios metros anuales.

En 1669 el Mar reaparece en el Atlas de Siberia de Semyon Remezov, la primera obra geográfica rusa que, por cierto, se basaba en testigos y referencias de los vecinos del lugar.

La primera cartografía sistemática del Mar la emprendió el capitán Alexei Butakov a mediados del siglo XIX, una tarea en la que invirtió dos años, lo que da idea de la inmensidad que alcanzaba entonces, hasta el punto de que llegó a estar considerado como el cuarto lago más grande del planeta.

A finales de los años setenta del pasado siglo, ningún científico, ni siquiera los soviéticos, fueron capaces de pronosticar que el Mar se estuviera secando. En aquella época sólo retrocedía unos pocos centímetros al año y en la URSS creyeron que el fenómeno era reversible. Al cabo de un tiempo, el Aral recuperaría su nivel anterior de agua.

Sin embargo, en la década siguiente en algunas zonas el retroceso de la orilla llegó a ser de varios kilómetros anuales y entonces los científicos soviéticos empezaron a pensar que el retroceso de las orillas era irreversible, aunque las causas eran un misterio. Una de ellas apuntaba a las obras de irrigación que se habían emprendido en las orillas de los ríos Amu Daria y Syr Daria que desembocan en el lago.

Ahora sólo se habla de esa tesis como única causa del “desastre” ecológico, pero las primeras obras de irrigación son muy anteriores a la época soviética, sin que se apreciara un descenso del nivel de las aguas.

El fenómeno no es tan sencillo de explicar, como indican los relatos anticomunistas y los de terror ambiental. El Amu Daria es un río que ha cambiado de cauce a lo largo de su “historia natural”. Antiguamente desembocaba en el Mar Caspio, mientras que ahora sus aguas contribuyen al Mar de Aral.

En la región las temperaturas son tan elevadas que la mayor parte del caudal de ambos ríos no llega nunca al Mar de Aral, es decir, no a causa de la irrigación.

Con la desaparición de la URSS y el cambio de siglo, la situación del lago, que empezó a estar bajo la soberanía de Kazajistán y Uzbekistán, no mejoró porque el ecosistema no dependía del comunismo ni de las nuevas fronteras que se dibujaron en Asia central tras su desaparición.

Con la caída de la URSS cambio también la manera de escribir, incluso la manera de escribir sobre “ciencia” porque lo que antes era “culpa” del comunismo no se convirtió después en “culpa” del capitalismo sino del “ser humano” (de la industria, de la modernidad, del desarrollismo, etc.).

Para la burguesía lo importante no son las personas sino el ambiente. La URSS hizo mal poniendo a las personas por encima de la naturaleza, irrigando los campos de algodón más prósperos de Asia central para que los campesinos tuvieran mejores condiciones de vida. En realidad, los relatos sobre la URSS, lo mismo que los ecologistas, son otra colección de desastres. Allá todo lo hizo mal y este caso no iba a ser una excepción. El espectacular desarrollo económico soviético, único en la historia, lo presentan como la entrada del elefante en la cacharrería. Estropeó el paisaje con el humo y la contaminación.

El traslado de “la culpa” de la URSS al “ser humano” tenía una ventaja: en ella estaba la solución a la catástrofe. Si “el ser humano” había creado un problema, también le podía poner remedio. El “ser humano” estaba obligado a corregir sus errores pasados (el comunismo) porque prefiere el capitalismo, como prefiere los mares a los desiertos. Es una elección propia de la cultura dominante. Aunque un tuareg optara por el desierto, en Asia central no había elección posible porque no hay ningún organismo internacional ni ninguna subvención -más o menos suculenta- para fomentar la expansión de los desiertos en el mundo.

Hay que erradicar los desiertos lo mismo que el comunismo. Se trata, pues, de volver la “historia natural” del revés: si el Mar se seca hay que volverlo a llenar de agua, por lo que en 2005 levantaron el dique de Kokoral, que subió el nivel de las aguas 42 metros en lo que se llama “el pequeño Aral”, en Kazajistán, creando una especie de pantano gigantesco, e incluso una piscifactoría en la que los vecinos pueden volver a pescar.

No importa que los pantanos no formen parte de la naturaleza y que sean tan artificiales, tan obra del “ser humano” como los “desastres ambientales”. Siempre son preferibles al desierto, lo mismo que los jardines. Definitivamente el éxtasis verde se ha instalado en la cultura dominante del “ser humano”, incluso en la política.

(1) http://andaquepaque.blogspot.com.es/2017/01/ecologismo-y-comunismo.html
(2) http://livingasia.online/2016/11/02/aral_live/

Categorías
Noticias

La policía alemana podrá pinchar los teléfonos de los refugiados a discreción

Thomas de Maizière, ministro alemán del Interior
El Gobierno alemán aprobó este miércoles en su Consejo de Ministros un polémico proyecto de ley que endurece su política de asilo y facilita, al mismo tiempo, la expulsión de decenas de miles de refugiados a quienes les fue denegada su petición de asilo. El proyecto de ley, que debe ser aprobado por la Cámara Alta y el Parlamento federal, contempla el acceso, por parte de la policía, a los teléfonos móviles y ordenadores de los peticionarios de asilo para determinar su nacionalidad.

La futura ley, según el deseo del gobierno germano, debe agilizar las deportaciones de los peticionarios de asilo y también incluye sanciones drásticas para todas aquellas personas que hayan facilitado datos falsos a las autoridades en el momento de ingresar al país.

“Si un refugiado ha realizado noventa llamadas telefónicas a Sudán y le dice a las autoridades que él viene de Eritrea, es fácil suponer que se trata de un sudanés”, dijo el ministro del Interior, Thomas de Maizière, al justificar la nueva medida y, al mismo tiempo, rechazar las críticas formuladas por los dos partidos de oposición, Los Verdes y La Izquierda, que denunciaron que la medida vulnera la esfera privada de las personas. “La medida es inteligente y razonable”, añadió el ministro.

La nueva normativa también facilita la detención para su expulsión de todos los peticionarios de asilo que representan una amenaza para la integridad física o a la seguridad nacional. El proyecto de ley, que contempla la posibilidad de utilizar tobilleras electrónicas para vigilar el desplazamiento de los sospechosos, amplía de cuatro a diez días, el tiempo máximo de detención previo a la fecha de deportación.

La medida aprobada este miércoles por el Consejo de Ministros, pone fin a la famosa “cultura de bienvenida” que echó raíces en el país en el verano de 2015, cuando la canciller Angela Merkel ordenó abrir las fronteras alemanas a cientos de miles de refugiados. Ahora y cuando solo faltan siete meses para las elecciones federales, la canciller ha enviado una poderosa señal de dureza para aplacar las críticas que recibió, sobre todo de parte de la CSU de Baviera, a causa de su generosa política de asilo.

La “cultura de bienvenida”, puede convertirse en el curso del año en una polémica “cultura de expulsiones”. Según el ministro de la cancillería, Peter Altmaier, 300.000 peticiones de asilo fueron rechazadas en el curso de 2016, de un total de 700.000.

Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2017/02/22/actualidad/1487786216_783029.html
Categorías
Noticias

La Revolución de Octubre es el tema principal del Festival de Cine de Londres de este año

El centenario de la Revolución de Octubre es el tema principal del London Film Festival, bajo el título “Conquistar el mundo: un siglo de revolución en la pantalla”.

El Festival comenzó el viernes y se desarrollará hasta el 15 de abril por inciativa de la fundación cultural Kino Klassika.

Como no podía ser de otra forma, el festival se ha inaugurado con el pase de la mayor obra cinematográfica de la historia del séptimo arte: Acorazado Potemkin, dirigida por Serguei Eisenstein.

El 8 de marzo se exhibirá la película de Andrei Smirnov y Larissa Shepitko “Un comienzo de siglo sorprendente” estrenada en 1967 como encargo para el 50 aniversario de la Revolución. También se pasará una película de 1964, “Soy Cuba”, de Mijail Kalatozov.

El proyecto del Festival es mostrar tanto películas soviéticas como rusas, así como obras de Jean Luc Godard, Glauber Rocha, Andrzej Wajda, Bernardo Bertolucci y Ken Loach.

Para cerrar está prevista la proyección de la otra obra manestra de Eisenstein, “Octubre”, una película muda de 1927 que se acompañará con la música de la Orquesta Sinfónica de Londres.

“Estamos interesados en explorar la historia de la revolución a partir de esta película que, a su vez, es la base del cine ruso”, ha comentado la actriz británica Justine Waddell, pionera de la fundación cultural Kino Klassika. “Creo que el público británico percibe tales acontecimientos con curiosidad. La gente continúa interesándose por el arte ruso, el cine y el diseño”, añadió.

Las proyecciones tendrán lugar en el cine más antiguo de Londres, el Regent Street Cinema, que se abrió en 1848 y se considera como la cuna del séptimo arte británico.

Al mismo tiempo, el 28 de abril la British Library inaugura la exposición “La Revolución Rusa: esperanzas, tragedias y mitos”.

Fuente: http://www.kpu.ua/ru/86140/stoletye_oktjabrskoj_revoljutsyy_stanet_glavnoj_temoj_kynofestyvalja_v_stolytse_brytanyy

Categorías
Ciencia

El soviético que descifró el código maya

Yuri nació en Járkov (actualmente Ucrania) en 1922. De pequeño le gustaba tocar el violín, dibujar, escribir poesía. Siempre era un niño introvertido, solitario, enamorado de los libros. En 1940 ingresó en la facultad de Historia de la Universidad Estatal de Moscú Lomonósov, pero poco tiempo después, cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, se alistó al ejército como soldado de artillería.

En mayo en 1945 formó parte de las tropas soviéticas que entraron en Berlín. Allí, en medio del caos, rescató dos libros que marcaron el rumbo de su vida. Hay fuentes que afirman que Knorozov logró salvar los libros de un incendio, pero el propio lingüista lo desmintió en una entrevista: “Es una leyenda. No hubo ningún incendio. Las autoridades alemanas prepararon la biblioteca [actualmente la Biblioteca de Berlín] “para su evacuación y tenían que llevarla supuestamente a los Alpes, en Austria. Los libros colocados en cajas estaban en medio de la calle. Entonces, escogí dos”, confesó el científico.

Aquellos libros fueron la edición de 1933 de Los códices mayas de los hermanos Villacorta y Relación de las cosas de Yucatán de Diego de Landa. El joven Yuri todavía no tenía claro lo que iba a hacer con estas obras, pero sentía una atracción irresistible por la cultura maya. Su amigos y alumnos cuentan que de joven leyó un artículo sobre la historia de los maya y se quedó con ganas de saber más de esa civilización.

Knorozov volvió a Moscú con este “trofeo” de guerra. Continuó sus estudios de egiptología, la lengua árabe y los sistemas de escritura de la antigua India y China en la Universidad Lomonósov de Moscú. Después de defender su tesis, se fue a Leningrado donde ingresó en el Instituto de Etnografía para dedicarse por completo al estudio de la escritura maya.

Muchos pensaban que era una locura, que Knorozov no lo iba a conseguir, que era demasiado joven e inexperto para eso. Sin embargo, su maestro, Serguei Tokarev, confiaba en él y le apoyó plenamente, aunque tuvo que advertir a su alumno de que el camino iba a ser muy largo y lleno de dificultades. Los académicos dejaron a Knorozov seguir su propia metodología. Entonces, el científico se puso manos a la obra.

“Cuando era estudiante, leí el artículo ‘El desciframiento de la escritura maya: problema irresoluble’ del prestigioso investigador alemán, Paul Schellhas”, cuenta Knorozov en una entrevista. “Decidí que no podía aceptar su tesis. ¿Cómo puede ser un problema irresoluble? Mi tesis era y siempre será la misma: lo que fue creado por una mente humana puede ser entendido por otra mente humana. En este sentido, los problemas sin solución no existen y no debe existir en ninguna área científica”, afirmó Yuri. Y así fue.

Yuri empezó por el alfabeto del fray Diego de Landa, un misionero español de la Orden Franciscana en Yucatán que fue obispo de esa misma provincia en los años 1570 e hizo las primeras investigaciones de las escrituras mayas. “En realidad, no hice nada -contaba Knorozov- solo seguí a Landa. Y es así cómo llegué al éxito”.

A lo largo de cinco siglos, cientos de científicos intentaron descifrar el código maya, sin embrago, solo lo consiguió el ruso Knorozov. Yuri encontró los fallos en la metodología de Diego de Landa, lo que le llevó al descubrimiento del código maya. Landa quería encontrar un equivalente de los signos mayas para cada letra del alfabeto español, pero no había equivalencia, ya que la escritura maya era silábica. Knorozov averiguó que la lectura estaba compuesta por 355 signos de los códices, y estos signos correspondían con la escritura fonética y morfémico-silabica. Es decir, los glifos escritos por los mayas contenían tanto logogramas (signos que representan una palabra entera), como signos fonéticos. Esa fue la clave que le permitió descifrar la escritura maya.

Cuando le preguntaban a Knorozov por qué fue precisamente él quien lo consiguió, el científico respondió que la gran mayoría de los que lo intentaron habían sido arqueólogos, mientras que él era lingüista.

Pero el descubrimiento no tuvo reconocimiento internacional. Knorozov publicó sus primeros artículos en 1952. Sus obras desataron una gran polémica por todo el mundo. Su principal rival fue el británico Eric Thompson, el especialista en mayas más respetado de la época. Frente a él, Knorozov era un don nadie, un representante de la ciencia soviética basada en los principios del marxismo-leninismo. La Guerra Fría también se desató en el campo lingüístico. Thompson incluso llegó a cuestionar la integridad personal y científica de Knorozov. Tuvieron que pasar más de veinte años para que el mundo reconociera el descubrimiento de Knorozov.

En 1992 el investigador británico Michael Coe publicó el libro “Breaking the Maya Code (Rompiendo el Código Maya, en español) en el que reconoció oficialmente el acierto de Knorozov y los errores de su compatriota. “Todos ahora somos “knorozovistas”, dijo Coe en una entrevista.

Lo curioso es que Knorozov hizo el descubrimiento sin haber estado nunca en las tierras de los mayas. Y, por cierto, tampoco hablaba español. La URSS era un país cerrado, de hecho, trabajar sobre un tema tan poco relevante (en los ojos del gobierno soviético) como las escrituras mayas, era en sí un reto para el científico. Su primer viaje a Centroamérica Knorozov hizo en 1990, 38 años después de su descubrimiento. Entonces, visitó Guatemala invitado por el presidente del país, que le entregó la gran Orden del Quetzal, la distinción más importante del gobierno guatemalteco.

En 1994 el gobierno mexicano le otorgó la Orden Mexicana del Águila Azteca en la Embajada de México en Moscú. En 1995 Knorozov visitó México para participar en el III Congreso Internacional de Mayistas y en 1997 el científico emprendió su último viaje a México, donde visitó varios sitios arqueológicos de Yucatán.

En los años posteriores al desciframiento, Knorozov leyó un sinfín de textos, sobre todo los que estaba grabados en las vasijas, e hizo importantes observaciones sobre el mundo maya.

Por ejemplo, averiguó que en Palenque debía de haber la tumba de una mujer. Y efectivamente, en 1995 se descubrió allí la tumba de la Reina Roja (se llamaba así por la cantidad de cinabrio rojo que la cubría).

Yuri Knorozov murió en 1991 en San Petersburgo a causa de un derrame cerebral que se le complicó con una neumonía, que desarrolló en un hospital donde no estuvo debidamente atendido.

Poco antes de su muerte Knorozov explicó en una entrevista por qué dedicó toda su vida a la cultura maya: “La creación de una civilización que se puede comparar con las del Antiguo Oriente fue lo que me fascinó a mí y a todos los investigadores. Además, creo que los mayas consiguieron hacer una observaciones más exactas que las del Viejo Mundo. Por ejemplo, su zodiaco tenía 13 constelaciones, mientras que en el Viejo Mundo se conocían 12. Pero los mayas tenían razón: son 13 constelaciones. También su sistema de numeración está perfectamente elaborado, su observaciones históricas y astronómicas. En ciertos aspectos, sus logros superaron los del Viejo Mundo realizados al mismo tiempo”, afirmó el científico.

—http://es.rbth.com/technologias/ciencia/2017/02/20/el-ruso-que-descifro-el-codigo-maya_706061

Categorías
Noticias

En Rusia la simpatía por Stalin sigue creciendo en todas las encuestas

El índice de apoyo dado por los rusos a Stalin subió hasta alcanzar su nivel más alto en los últimos 16 años, según informa RBK remitiéndose a los resultados de la encuesta del Intituto Levada.

El estudio de Levada estaba dedicado a la percepción que tienen los rusos de determinadas figuras históricas. Se realizó en 48 regiones entre el 20 y 23 de enero. En total fueron entrevistados 1.600 ciudadanos rusos mayores de edad.

En el último año el nivel de apoyos a la figura de Stalin ha crecido del 37 por ciento al 46 por ciento. Al mismo tiempo, han disminuido los que se muestran indiferentes hacia el dirigente del partido bolchevique, pasando del 32 por ciento al 22 por ciento.

Con la entrada este siglo XXI, en Rusia se siguen construyendo monumentos a Stalin. Generalmente se trata de pequeños bustos que erige la población por todas partes. Desde 2012 en las ciudades los rusos instalan retratos de Stalin en los autobuses, a los que llaman “stalinobuses”, durante la celebración del Día de la Victoria en la Segunda Guerra Mundial.

En Penza (a 640 kilómetros al sureste de Moscú) han abierto un Centro-Stalin y el año pasado lo proclamaron como el Año de Stalin. Este tipo de iniciativas son recibidas muy positivamente por la población.

La proporción de rusos que opinan que la represión de los contrarrevolucionarios fue una “necesidad política” resultó más alta que nunca, según una encuesta del año pasado: era la opinión de un 26  por ciento de los encuestados.

La simpatía por Stalin es también una forma de protesta. La imagen de Stalin es la de un dirigente modesto que viste un sencillo abrigo. En una situación como la actual, en la que los dirigente aparecen corrompidos, muchos perciben a Stalin como un modelo de honradez.

Tras la caída de la URSS, inicialmente los representantes del Partido Comunista (el segundo partido con mayor representación en el parlamento actualmente) repudiaron utilizar la imagen de Stalin, mientras que desde las elecciones de setiembre del pasado año han empezado a hacerlo para atraer un mayor número de votos.

Para impedirlo, los diputados del partido nacionalista LDPR han presentado proyecto de ley que prohibe el uso de la imagen de personas fallecidas durante la campaña electoral. Según estos diputados, el proyecto de ley no está relacionado con la iniciativa del Partido Comunista de apoyarse en la figura de Stalin.

Categorías
Noticias

Contra la concepción mecanicista de la historia

Juan Manuel Olarieta
Es muy corriente que en cualquier debate sobre la república aparezca alguien que comenta: es indiferente que la forma de Estado sea monárquica o republicana porque otros países capitalistas, como Portugal o Francia, son repúblicas y la situación no cambia sustancialmente para la clase obrera.

Es una manera errónea, mecanicista, de analizar una situación. En una tesis así hay dos equivocaciones importantes. La primera es que transmite que, por el hecho de ser capitalistas, los Estados son iguales unos a otros. Pero es una tautología decir que todos los Estados capitalistas son capitalistas. Tienen en común que son capitalistas y se diferencian en todo lo demás, y precisamente eso que los diferencia es lo interesante, porque es lo concreto, el “análisis concreto de la situación concreta” que diría Lenin.

El otro error es que ese tipo de afirmaciones conduce a pensar que un Estado se compone de piezas que son intercambiables, como un vehículo en el taller de reparaciones. En un Estado también se puede quitar una rueda (la monarquía) para poner la de repuesto (la república) en su lugar, como si nada hubiera ocurrido.

También es frecuente escuchar ese mismo planteamiento mecanicista en la cuestión de la autodeterminación de las nacionalidades, de tal manera que la independencia de Galicia no consiste en otra cosa que en poner una aduana en el puerto de Padornelo y pedir visados de entrada y salida. No cambiarían ni la situación de Galicia ni la de España. Simplemente habría dos Estados donde antes sólo había uno. Uno sería el Reino de España y el otro la República de Galicia.

Se pueden poner muchos ejemplos de esa manera errónea de analizar los fenómenos sociales, como la equiparación entre el Partido Popular y el PSOE, que a veces se designa como PPSOE, para acabar concluyendo que ambos son iguales, lo cual siempre es cierto: son iguales luego también son distintos y es necesario entender ambas cosas a la vez, en qué son iguales y en qué son distintos.

Ahora se está poniendo de moda aludir a las contradicciones interimperialistas para poner en el mismo plano a Estados Unidos y a Rusia porque ambos son iguales; Trump y Putin quieren lo mismo, la hegemonía mundial. Según este tipo de planteamientos, la situación interna e internacional no cambiaría en absoluto si en lugar de uno tuviéramos al otro. Son los mismos perros con distintos collares…

Pero la peor versión mecanicista de la historia es la de su reversibilidad, que es cuando se da por supuesto que los acontecimientos pueden ir hacia atrás. Por ejemplo, con mucha ligereza hay quien escribe que Rusia ha retornado hacia el capitalismo, dando a entender que ahora está como estaba antes de 1917, lo cual es erróneo.

Tiene razón Putin cuando dice que Rusia no puede dar marcha atrás, una expresión a la que le da un doble sentido, que también es correcto. Por un lado, Rusia no puede borrar ni pasar por encima de su etapa soviética, por lo que es un país que conserva numerosas y muy importantes huellas de su pasado más reciente. Por el otro, tampoco puede volver a 1917 para rehacer la URSS como quien hace una fotocopia.

Cuando en todo el mundo se está celebrando el centenario de la Revolución de Octubre es necesario tener en cuenta que, tanto en Rusia como en cualquier otro país capitalista, la historia no se repite nunca. Del mismo modo y con la misma contundencia hay que tener en cuenta que la historia tampoco se puede borrar, que es lo que intenta el actual gobierno polaco con la de su país.

El empirismo anglosajón, que en todo el mundo forma parte de la ideología dominante, ha inculcado la doctrina de la tabla rasa, del papel en blanco y de que los acontecimientos surgen de la nada, mientras que Marx sostuvo todo lo contrario: “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”, escribió en su obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

Cada país tiene sus tradiciones y sus pesadillas, sobre las cuales la historia vuelve una y otra vez, dando la impresión de que los acontecimientos se repiten, “una vez como tragedia y otra como farsa”, escribió también Marx en la misma obra. En España una clase social trata de acabar con sus propias pesadillas para encubrir el origen de su dominación, la guerra civil, el franquismo, mientras que otros se esfuerzan por recuperarlas porque es la única manera de superarlas.

La burguesía de algunos países no puede digerir determinados capítulos de su historia, por lo que intentan borrarla o tergiversarla. Así ocurre en España con la Segunda República, la guerra, la posguerra y la transición. Por el contrario, el proletariado trata de recuperar la memoria histórica por lo que, una y otra vez, invoca para sí aquella época, de tal manera que la república y su bandera tricolor se convierten en una de sus señas de identidad más importantes.

No tiene nada que ver con la nostalgia. En España la república es el pasado al mismo tiempo que es el futuro. Naturalmente, nunca será la repetición de la Segunda República sino algo nuevo construido sobre aquella que los fascistas destruyeron a sangre y fuego. Sin duda alguna será una República Popular, expresión política de una revolución de tipo socialista.

Lo mismo cabe decir de la Revolución de Octubre. Los intentos de los imperialistas por suprimirla, borrarla de la historia o manipularla están condenados al fracaso, inexorablemente, porque es el acontecimiento más importante de la historia, de toda la historia de la humanidad. Es inevitable que en cualquier lugar del mundo el proletariado considere aquella Revolución como cosa propia, como una parte de sí mismo, de su propia historia y como la fuente inspiradora para construir una nueva sociedad.

Con mucha más razón se puede decir eso mismo del proletariado ruso, para quien la etapa soviética está aún mucho más marcada en su conciencia que aquí lo está la Segunda República. El futuro de un país pasa inevitablemente por su historia. En España por la república y en Rusia por los soviets. España volverá a ser republicana igual que Rusia volverá a ser soviética. No hay nadie capaz de impedirlo.

Hoy, cuando además del centenario de la Revolución de Octubre, celebramos también el aniversario de las elecciones que ganó el Frente Popular en febrero de 1936, es un buen momento para recordar la trascendencia histórica de estos acontecimientos.

Categorías
Noticias

Los 100 años de la Revolución de Octubre se celebran en las capitales europeas (y 2)

Gorki con Tolstoi
Para el aniversario de la Revolución de Octubre, el 8 de noviembre, la Tate Modern de Londres organizará otra exposición titulada “La estrella roja sobre Rusia”, algo ineludible para los amantes de la propaganda y del grafismo. Entre los objetos expuestos está el famoso cartel de Dimitri Moor “¿Te has presentado voluntario?” y la obra de la autora de “No hable”, Nina Vatolina.

Los británicos conceden una particular atención a esta fecha histórica. La editorial londinense Pushkin Press ha publicado una antología titulada “1917; historias y poemas de la Revolución rusa”, que compila prosa y poesía escritos entre 1917 y 1919. Entre los autores nos encontramos con Marina Tsvetayeva, Mijail Bulgakov, Boris Pasternak, Alexander Blok, Alexander Kuprin, Teffi y también Mijail Kuzmin. El prefacio de la obra subraya que hoy sus obras son “tanto mas pertinentes”, porque describen una época en la que “el mundo se dio la vuelta de arriba abajo” y “todo fue puesto en cuestión”. Por su parte, la editorial Vintage Classics considera que el centenario de la revolución es una buena ocasión de recordar a los lectores la literatura clásica. Seis nuevas ediciones de “las mayores obras de la literatura rusa” se han publicado con nuevas versiones.

En la lista del aniversario figuran Guerra y Paz, Ana Karenina, Crimen y Castigo, El Doctor Zhivago, El maestro y Margarita y Vida y Destino.

Ignoramos cómo hubieran reaccionado Tolstoi y Dostoievski a la inserción de sus obras en la serie “revolucionaria”, pero los editores están convencidos de que la literatura rusa de todas las épocas es susceptible de provocar “alteraciones en la conciencia del lector”.

‘No hable’, cartel de Nina Votolina
Los estudiantes de la Universidad de Kingston en Londres han seguido el mismo camino que Vintage Classics. A iniciativa de la editorial han diseñado dibujos animados, inspirándose en obras clásicas rusas. Los jóvenes realizadores han conseguido resumir los temas de “El maestro y Margarita” y de “Vida y Destino” en un vídeo de 40 segundos. El primer premio lo ha conseguido el dibujo animado sobre “El Doctor Zhivago”  con un premio de 1.000 libras.

El centro cultural de Londres Dash Arts ha adoptado un enfoque mas serio. Durante cinco años, los supervisores han preparado un programa especial denominado Revolución 17, previsto para todo el año y que incluye préstamos, exposiciones, conferencias, lecturas y presentaciones del legendario film “El acorazado Potemkin”, realizado por Serguei Eisenstein. El punto culminante de ese programa será el viaje de la “Casa de las Artes” móvil a través de Gran Bretaña desde mayo a agosto con la participación de pintores, escritores y músicos del Reino Unido, de Rusia, de Ucrania, de Bielorrusia y de Azerbaiyán. En otoño, esta expedición cultural volverá a Londres, al Centro Barbican, en donde se proyectará otro film de Serguei Eisenstein, “Octubre: diez días que estremecieron al mundo”.

Los británicos apasionados por el teatro no podían dejar de lado el drama ruso prerrevolucionario. Entre las piezas de Anton Chejov que forman parte de los repertorios de prácticamente cada teatro de Londres, se esperan estrenos inéditos. En marzo destacará la puesta en escena la obra “Los talentos y los admiradores”, de Ostrovski, y en junio “Los últimos” de Máximo Gorki. Pero probablemente el programa mas interesante ha sido presentado por uno de los mas antiguos teatros de Off West End, el Arcola. La nueva temporada se denomina “Revolución” y se compone enteramente de espectáculos consagrados a este período puente de la historia rusa: “Los bajos fondos”, “Los futuristas”, “Corazón de perro” y “Los cerezos”.

Categorías
Noticias

Los 100 años de la Revolución de Octubre se celebran en las capitales europeas (1)

Cartel anunciando una obra de Gorki
En noviembre del pasado año la mayor galería de arte contemporáneo de la capital alemana, CFA Berlin, organizó la exposición “Café Pittoresque”, en homenaje al célebre café artístico del barrio Kuznetski en Moscú, fundado por Vladimir Tatlin y Alexander Rodtchenko en 1917. Pinturas, fotografías y poetas futuristas favorables a la revolución se reunían en esta “estación mundial de las artes”.

La exposición del CFA incluye las Ventanas Rosta (carteles de propaganda) de Vladimir Mayakovski y de Mijail Tcheremnyj, la obra de El Lissitski, de Amshei Nurenberg, de Alexander Rodtchenko, de Abram Chterenberg y de los diplomados en la escuela Vjutemas. Los pintores alemanes contemporáneos dialogan en la galería con los vanguardistas rusos.

Sus obras remiten al suprematismo, al constructivismo, a la propaganda, y muestran que las ideas inspiradas por la revolución siguen siendo hoy actuales. La exposición, que saca a la luz lo que aquella época aportó al arte europeo, permanecerá hasta el 4 de marzo. Hasta el 12 del mismo mes también será posible visitar la exposición “Impulso revolucionario: el ascenso de la vanguardia rusa” en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Esta exposición cubre el período entre 1912 y 1935, y evoca la apertura de caminos artísticos en todos los campos: pintura, escultura, prensa, diseño, cine, fotografía, arquitectura y literatura. Las principales figuran coinciden con la cabeza de cartel de la exposición en Berlín, pero a la obra de Mayakovski, de Lissitski y de Rodtchenko se añade la de Alexandra Exter, Natalia Gontcharova, Kazimir Malevitch, Liubov Popova, Olga Rozanova y Dziga Vertov.

Incluyendo a los museos de arte contemporáneo, este año las instituciones más tradicionales vuelven la mirada hacia el fenómeno de la revolución. La filial del Hermitage en Amsterdam ha organizado la exposición “1917. Los Romanov y la revolución”, sobre el destino de la última dinastía que reinó sobre el Imperio ruso.

Entre los objetos expuestos se encuentra documentos de archivo, fotos, retratos, objetos personales y diarios de Nicolás II y de su esposa Alexandra Fedorovna, así como dibujos de sus hijos y la obra del célebre joyero Fabergé creada para el monarca. A partir del 11 de febrero, Londres estará en el centro de la agenda revolucionaria: la Academia Real de Bellas Artes, en colaboración con la galería Tretiakov de Moscú presentará el proyecto “Revolución: el arte ruso de 1917 a 1932”. Contando con los maestros de la colección de la Academia, la galería moscovita hará llegar a la capital británica los mejores trabajos de Kandinsky, Malevitch y Chagall.

Junto con pinturas, esculturas, fotografías y carteles, la exposición presentará objetos de la vida cotidiana, como vales de racionamiento soviético de porcelana. Los visitantes podrán también experimentar la atmósfera de los primeros años posrevolucionarios visitando un apartamento colectivo reconstruido. Esa exposición durará hasta el 27 de abril. Y también en abril, la Biblioteca británica abrirá la exposición “Revolución rusa: esperanza, tragedia y mitos”. Las organizaciones focalizarán la atención sobre el ciudadano corriente y la forma en que su vida cambió en el torrente de acontecimientos revolucionarios. Los principales objetos expuestos serán cartas, principalmente de la correspondencia de Vladimir Lenin, quien visitó en numerosas ocasiones esta biblioteca durante su residencia en Londres.

Algunos de los mayores intelectuales de la Revolución de Octubre:
Pasternak, Lily Brik, Maiakovski y Eisenstein