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La financiación de Podemos tampoco está clara

En su informe sobre las elecciones europeas del pasado mes de mayo, el Tribunal de Cuentas ha denunciado que Podemos gastó más dinero en la campaña electoral del que dijo tener: «La contabilidad electoral rendida por la formación política presentas incoherencias formales en los estados financieros formulados, existiendo un descuadre entre los recursos declarados (114.365 euros) y los gastos electorales contraídos (138.814 euros)».

Entre el dinero empleado para la financiación de los gastos electorales contraídos Podemos no ha declarado un importe de 24.565 euros, que corresponden a fondos que proceden de donaciones registradas en la contabilidad ordinaria.

Los auditores del Tribunal ponen en cuestión el origen de las donaciones, el mal histórico de los partidos españoles señalado por el Tribunal de Cuentas de forma reiterada en cada uno de sus informes sobre contabilidad electoral u ordinaria.

Las aportaciones declaradas por Podemos para el proceso electoral por importe de 114.365 euros, corresponden a múltiples ingresos de pequeña cuantía procedentes de personas físicas y jurídicas que el partido ha recibido, en su mayoría, a través de una plataforma de financiación colectiva (crowfunding).

El Tribunal de Cuentas muestra su inquietud sobre esta fórmula de donaciones de Podemos y por ello reclama que el sistema de financiación a través de plataformas digitales de financiación colectiva (crowfunding), que se ha utilizado por una formación política, para la obtención de recursos de financiación privada, que no está expresamente contemplado en la legislación actual sobre financiación de partidos políticos, en el ámbito de la actividad electoral ni en el ámbito de la actividad ordinaria, sea regulado cubriendo el vacío legal que existe en esta materia, dadas sus especificidades respecto al medio de captación de los fondos y las dificultades en relación con la identificación de su procedencia que se han manifestado en la práctica.

De las donaciones a Podemos existen 57 ingresos, por importe de 886 euros, que incumplen el artículo 126 de la ley electoral, al no hallarse debidamente identificados con ninguno de los requisitos contemplados en dicho artículo (nombre, dni y domicilio); por otro lado, para un importe de 48.261 euros, falta alguno de los requisitos de identificación contemplados en el mencionado artículo.

Esta irregularidad, que afectaba a casi la mitad de las aportaciones, se producía cuando las donaciones suponían apenas 114.000 euros. Hoy superan ya los 800.000 euros.

La cantidad de los donativos de Podemos para la campaña de las europeas adquiere aún mayor dimensión cuando se la compara con la suma de tal concepto de todas las formaciones que concurrieron el 25-M: si el partido de Pablo Iglesias ingresó 114.365 euros de aportaciones de personas físicas o jurídicas, el total para todos los partidos fue de 136.960 euros. En suma, Podemos capitalizó la mayor parte de las donaciones privadas y, en buena parte, bajo un manto de opacidad.

Podemos dice que las irregularidades tienen su origen en el diseño del software de la plataforma de crowfunding pero el Tribunal de Cuentas no ha aceptado esta explicación y exige a Podemos que implemente los mecanismos necesarios para, en caso de utilizar dicho sistema de obtención de financiación, garantizar el cumplimiento de los requisitos de financiación exigidos por la ley.

La inspección del alto tribunal pone de relieve otras anomalías. Podemos contabilizó como gasto electoral un importe de 4.617 euros correspondiente a la imputación contable durante el proceso electoral de parte de sus gastos de personal. Pero dicho gasto corresponde a la actividad ordinaria de la formación política al no reunir los requisitos establecidos en el artículo 130.

En consecuencia, dichos gastos no han sido considerados a efectos de su financiación mediante subvenciones electorales y, por tanto, no han sido tenidos en cuenta a efectos del límite máximo de gasto.

A pesar de que Podemos comunicó a la Junta Electoral la existencia de una cuenta bancaria específica para este proceso electoral destinada a la recaudación de fondos, conforme a lo establecido en el artículo 124 de la ley, la mayoría de los ingresos, hasta un total de 102.180 euros, se han recibido en otras cuentas bancarias del partido, lo que supone un incumplimiento de lo contemplado en el artículo 125 de la ley. No obstante, se ha verificado que dichos fondos han sido transferidos a la cuenta corriente electoral desde la que se han efectuado todos los pagos del proceso.

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Alí Babá nos enseña su cueva

N. B.

(Al final verán el por qué del título.) Cuando en 1951 el Parlamento iraní decide nacionalizar su petróleo comienzan las presiones de EE. UU. y Gran Bretaña que desembocaron en un golpe de Estado organizado por la CIA (Operación Ajax) derrocando al presidente electo Mosaddeq y estableciendo la dictadura monárquica del Sha de Persia, Reza Palevhi, amigo y aliado de los intereses de Occidente y que incluso fue el único país del mundo que llegó a contar con los modernos aviones F-14 estadounidenses (usados recientemente por el Gobierno iraní, por cierto).

En 1979 el pueblo iraní destrona al Sha en la Revolución Islámica y se instaura la República Islámica del Ayatolá Jomeini (que vivía sin sobresaltos hasta entonces en su exilio parisino)… y ahí comienzan los problemas para Irán. Solo un año después, en 1980, el vecino Irak invade Irán dando comienzo a una guerra terrible de desgaste que duró ocho largos años. Desde entonces no han cesado las presiones, ataques, sanciones, etc. de Occidente (encabezados por USA y GB) contra Irán que, casualmente, dicho sea de paso, es el cuarto país del mundo en producción de petróleo y el tercero en cuanto a reservas.

Últimamente la indesmayable batalla de desinformación se empeña en hacer creer a la «opinión pública», que se dice, que en Irán lapidan a las mujeres (adúlteras), que ahorcan a homosexuales en gruas («argumento» favorito del búnker, la caverna, el tea party, que abomina del matrimonio homosexual, pero se la suda), que odia a los judíos y quiere destruir Israel, que niega el holocausto (la Shoah) judío (no serían los primeros «revisionistas» que lo hicieran, a todo esto), que quiere fabricar una bomba atómica (como las que posee el Estado de Israel, este sí), etc, etc.

Al expresidente Ahmadineyad se le pintó como el mismísimo diablo (Satán fue Saddam Hussein), un islamista radical, que, de tan «radical» que era, renunció a su sueldo como Presidente de Irán y cobra el sueldo de profesor universitario, que es lo que es, o sea, como quien fuera ministro con el PSOE Corcuera, antiguo obrero (electricista) de Altos Hornos de Vizcaya, y hoy inaugurando bodegas de Vega-Sicilia entre trago y trago. No hay más que verle -a Ahmadineyad- vestido con una chaqueta de lujo, camisa blanca sin corbata, con siete bugas de alta gama propios y uno oficial, gastos de representación y un palacio que te cagas, que para eso son «orientales» y les va el oropel y el derroche cosa mala.

Igualico, igualico, que el Portal de Transparencia que se acaban de sacar de la manga donde se pueden ver, eso dicen porque no faltan mil pegas técnicas, los honorarios de eso que dan en llamar «clase política» -y otros, «casta»– que no les llega ni para pipas, oiga, pobrecillos. Y todavía hay lameculos rastreros que dicen -es el mantra que quieren hacer colar como consigna- que están mal pagados comparados, no con un puto obrero, con sus homólogos europeos, o sea, con otros ladrones.

Será por eso que meten la mano a la caja, al saco y al cazo: porque no les llega a fin de mes. Se comprende…

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Vivimos en un Estado tan criminal como sigiloso

Juan Manuel Olarieta

Hace 22 años tres jóvenes residentes en la localidad valenciana de Alcàsser desaparecieron de madrugada cuando regresaban a casa procedentes de una discoteca de Picassent. Dos meses y medio después, el 27 de enero de 1993, en un paraje de difícil acceso, aparecieron enterrados los cadáveres de Toñi, Miriam y Desirée con señales evidentes de haber sido torturadas, violadas y finalmente asesinadas de un disparo en la frente.

En las proximidades de su tumba se encontraron unos pequeños papeles que resultaron ser trozos de un parte médico a nombre de un deficiente mental: Enrique Anglés Martins. Como consecuencia de este hallazgo, fueron detenidos el propio Enrique Anglés y su amigo Miguel Ricart Tárrega, quien confesó su participación en el triple crimen, acusando a Antonio Anglés, hermano de Enrique, de ser el responsable directo de aquella orgía de sexo y sangre.

Antonio Anglés huyó (o le dejaron escapar) y la Guardia Civil inició su «búsqueda», sin que hasta la fecha haya dado resultado alguno. El comandante de la Guardia Civil Juan Miguel Pérez, uno de los responsables de la detención de Ricart y de la «búsqueda» de Anglés, está convencido de que «sigue vivo». La Interpol mantiene abierta su ficha y considera a Anglés como uno de los delincuentes más peligrosos de España.

¿Cómo es posible que este Estado no haya sido capaz de encontrar a uno de los delincuentes más peligrosos del país?, ¿cómo es posible que haya permitido que siga en libertad 22 años después?, ¿cómo es posible que sigan hablando de «seguridad»?, ¿se refieren a nuestra seguridad o a la suya?

En 1997 comenzó el juicio contra Ricart, su cómplice, que fue finalmente condenado. La sentencia dice que «posiblemente» en los asesinatos de las tres jóvenes, además de Anglés y Ricart, también participó «alguna persona más». El Tribunal Supremo confirmó la sentencia definitivamente, aunque, además, añadió de su propia cosecha que no había intervenido ninguna otra persona.

Como es típico en las farsas judiciales, el Tribunal Supremo obligaba a comulgar con ruedas de molino. Para echar tierra encima hizo algo más, por primera y única vez en su absurda historia: no admitió una prueba típica de CSI, un análisis de ADN de 15 pelos que, como mínimo, según los forenses, pertenecian a 7 personas distintas y ninguna de ellas era Ricart, ni tampoco Anglés, con lo cual quedaba claro que ambos no eran más que hombres de paja. La verdad oficial impuesta por los jueces quedó de esa manera: dos lumpen que por sí solos logran consumar un delito enfrentándose a tres víctimas a las que secuestran, torturan, violan y asesinan.

El caso quedó cerrado hasta que el año pasado Ricart salió de la cárcel, donde purgó 20 años de condena.

Pero, como suele ocurrir, afortunadamente, siempre hay un reducido núcleo de personas que no traga con las versiones oficiales. En este oscuro asunto formaron parte de los irreductibles Fernando García, padre de Miriam, una de las jovenes asesinadas, y Juan Ignacio Blanco, un periodista de investigación que ha sacrificado 20 años de su profesión a estudiar lo que se ha acabado conociendo como «el caso Alcàsser».

En 2002, cuando Rajoy era ministro de Interior, descubrieron que periódicamente la familia del desaparecido Anglés estaba cobrando importantes cantidades de dinero de origen desconocido.

Hasta el momento del crimen la familia Anglés pertenecía al lumpen. Lo componían una madre y ocho hermanos conocidos por ser los más humildes de Catarroja, hasta que después del crimen logran acumular un saldo en la sucursal de Bancaja superior a 300.000 euros. En 2001 la mayor parte de este dinero se encontraba invertido en Letras del Tesoro.

A los saldos millonarios en las cuentas corrientes hay que añadir el nivel de vida de la familia Anglés: propiedades inmobiliarias de una de las hermanas en Cullera, el BMW serie 5 de un hermano, las operaciones de cirugía estética de Neusa Martins, la adquisición de un local en Catarroja -pagado al contado por 14 millones de pesetas-, el mantenimiento de la vivienda familiar de Camí Real… Gastos que, si se suman a la cantidad depositada en Bancaja, suponen un capital superior al medio millón de euros.

Coincidiendo con sus viajes a Sao Paulo, la madre de Anglés, Neusa Martins, de origen brasileño, retira en varias ocasiones de su cuenta corriente cantidades de hasta 30.000 euros. O bien entrega dinero a su familia brasileña, o acumula allí los ahorros para cuando llegue el momento de la jubilación.

Los únicos ingresos conocidos de la familia son el salario mensual de Neusa Martins -la madre de los hermanos Anglés- en un matadero de aves próximo a Catarroja, que no superan los 12.000 euros anuales, a los que hay que sumar los 3.000 euros anuales que Enrique Anglés percibe del Estado por su discapacidad mental.

La fortuna acumulada por la familia no tiene ninguna explicación posible.

Incansables, los investigadores acudieron a la Delegación de Hacienda de Valencia para tratar de conocer las declaraciones de la renta. No es la primera vez que a los funcionarios de Hacienda les preguntan por esta paradoja. Uno de ellos aseguró que sus superiores le habían exigido que dejara de molestar a la familia Anglés con sus requerimientos para que justificaran los ingresos tan cuantiosos. Naturalmente, el Ministerio de Hacienda oculta los expedientes abiertos a las familias Anglés y Ricart por la inspección fiscal.

El silencio levanta un muro infranqueable a los que han continuado las investigaciones, lo cual es en cierta manera lógico. Lo que no es tan lógico es que se lo levante a los jueces, a los fiscales, a la policía. Pero ahí, justo donde aparece un funcionario público, es donde empieza el Estado y el Estado no necesita ocultarse a sí mismo: le basta con mirar para otro lado, con cruzarse de brazos, por lo que se produce esa paradoja, a saber, que sobre el triple crimen hay más información fuera que dentro del sumario judicial.

El Estado nunca ha querido investigar ni el triple asesinato ni el patrimonio de la familia Anglés. Que un asunto de esta envergadura se haya tapado, no sólo en el momento inmediatamente porterior al crimen, sino muchos años después, sólo tiene una única explicación: quien lo ha cometido es el propio Estado, es decir, personajes muy influyentes que forman parte del mismo, que disponen de dinero (fondos reservados) y de poder, altos cargos, políticos conocidos. Los criminales son tan influyentes que el Estado lleva 22 años pagando el silencio de los hombres de paja.

Los que quisieron investigar el crimen fueron criminalizados. Fernando García, el padre de una de las jóvenes asesinadas, y el periodista Juan Ignacio Blanco fueron condenados por la Audiencia de Valencia a penas de cárcel por un delito de calumnias por sus declaraciones en un programa de televisión de Canal 9.

A un padre cuya hija había sido secuestrada, violada, torturada y asesinada los jueces le impusieron un segundo castigo adicional: le condenaron, además, a guardar silencio.

La suerte del periodista no fue mejor. Blanco dijo en la televisión algo terrible: que «el fiscal debía de trabajar más». En 1998 publicó un libro titulado «¿Qué pasó en Alcácer?» y un juez hizo con él lo mismo que antes habían hecho con las tres jóvenes: secuestrarlo. Es otro caso más de censura. Es imposible tapar un crimen de la envergadura del de Alcàsser sin una red de complicidad extensa y dilatada a lo largo del tiempo. Lector: si no quieres formar parte de esa red de silencio y complicidad, puedes descargarte el libro y luego difundirlo. Lo puedes hacer desde este enlace:

https://www.oboom.com/C3R0COSI/alca.rar


Una censura siempre oculta un crimen, y si hoy sigue habiendo tanta censura es porque vivimos en un Estado criminal y multirreincidente. El Estado es tan criminal como los asesinos de Alcàsser. No sabemos quiénes son. Lo que sabemos de ellos es que son esos que hoy mismo nos están hablando en la televisión de derechos humanos, de justicia, de constitución, e incluso de que luchan contra la delincuencia.
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‘Hay que evitar que el sistema político salte por los aires’

Durante un desayuno informativo organizado por el Foro de la Nueva Comunicación celebrado en Madrid el director de El Mundo, Casimiro García-Abadillo, ha dicho que la «arquitectura del sistema, que es la Constitución, está agotada» y ha reclamado que los dos grandes partidos lleven a cabo reformas «esenciales» que impidan que «el sistema político salte por los aires».

«Si Carrillo y Fraga se pusieron de acuerdo, los ciudadanos tenemos derecho a exigir» que los dos grandes partidos «se pongan de acuerdo en lo esencial», que es una reforma de la Constitución para evitar la ruptura. García-Abadillo pidió una Segunda Transición para evitar la llegada de una Tercera República. «El escenario de la no reforma es infinitamente peor» para el futuro del país, añadió. Especial relevancia tiene, para él, una respuesta política al encaje de Cataluña dentro de España.

España está cambiando, estamos en un momento histórico y «los que no se adapten al cambio, serán arrollados». García-Abadillo se refirió a Podemos, un «partido nuevo con ideas viejas» que nació en un contexto en el que primaban -y priman- la crisis, la desigualdad y la corrupción. Según el periodista, esa desafección ciudadana que, en el resto de España, se ha traducido en apoyos al partido de Pablo Iglesias, en Cataluña, ha sido canalizada por el independentismo.

El director de El Mundo dijo que el diario aspira a pilotar la Segunda Transición que, lo mismo que la primera, tiene sus límites, que son intocables. Lo que calificó como «líneas rojas» son tres: la sagrada unidad de España, la monarquía fascista y la separación de poderes.

Es normal que García-Abadillo defienda a la monarquía. Como bien ha escrito Pedro J.Ramírez, la Casa Real está detrás de su nombramiento al frente del diario en sustitución de Ramírez. Ahí empezó esa transición, o una parte de ella, al menos, un cambio cosmético para que el diario no naufrague y el Estado tampoco.

En el caso Pujol, del que El Mundo se apunta la primicia, en realidad fue iniciado por El Confidencial. Es verdad que El Mundo ya tenía la noticia, pero García-Abadillo decidió guardarla en un cajón. Luego en cualquier tertulia hablará de la lucha contra la corrupción…

Pero hasta a un mequetrefe como García-Abadillo hay que reconocerle algo: tuvo que admitir el cúmulo de estupideces que, al servicio de Aznar y el PP, estuvieron largando él y su periódico durante meses sobre los atentados de Atocha. Todo, una vez más, para tapar las verdaderas responsabilidades por lo sucedido: “La labor de los servicios secretos (que se sirvieron de algún abogado y de ciertos miembros de las fuerzas de seguridad) fue crucial para hacer que los que buscábamos honestamente la verdad, pareciéramos una pandilla de iluminados”, escribió.

Los que como García Abadillo y El Mundo no son otra cosa que altavoces de los servicios secretos dan verdadera pena. Por eso no podemos tomarnos en serio que un personal tan lamentable tenga la pretensión de pilotar la nueva transición. ¿No será que quienes quieren volver a pilotarla son los servicios secretos, los informantes de García-Abadillo, que ya tienen experiencia en esas lides?

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Podemos está más cerca del fascismo que del bolivarismo

En contra de lo que su nombre indica, en Venezuela el PSUV no es exactamente un partido político sino un movimiento, una especie de frente bolivariano del que forman parte varias organizaciones diferentes, entre ellas Marea Socialista, la típica organización trotskista que hace entrismo para pescar en río revuelto.

Marea Socialista se define como «una corriente antiburocrática dentro del PSUV» que forma parte del Secretariado Unificado de la IV Internacional, a la que también pertenecen Izquierda Anticapitalista y Revolta Global, que fundaron Podemos, a la que aportaron sus típicas marrullerías.

Por lo tanto, en contra de lo que dicen en España los medios de ultraderecha, las conexiones de Podemos no proceden directamente del PSUV ni del bolivarismo venezolano, sino del trotskismo: de Marea Socialista a través de Izquierda Anticapitalista.

Fueron trotskistas como Roures, viejo militante de la LCR y ahora propietario de La Sexta, los que auparon a Pablo Iglesias para frenar el ascenso de Izquierda Unida que, cuando a comienzos de este año surge Podemos, tenía una intención de voto equiparable al PP y al PSOE.

Por eso hay que darle la razón a Lacayo Lara cuando dice que, entre otras muchas cosas, Podemos fue un montaje orquestado por los trotskistas contra Izquierda Unida, una vez que se marcharon de ella. Es su costumbre: no dejan títere con cabeza.

Hasta las palabras las han tomado prestadas. La palabra «Podemos» no procede del «Yes we can» de Obama sino que es una consigna y luego una escisión del viejo partido venezolano MAS (Movimiento Al Socialismo) aparecida en 2002, mientras que «casta» la han tomado prestada de los trotskistas.

La casta es la burocracia de la que siempre han hablado Trotski y los trotskistas. Pero en los trotskistas venezolanos la palabra «casta» tiene un significado especialmente sucio: la utilizan para referirse a los dirigentes bolivarianos. Por eso aporrea.org critica al gobierno y a la dirección del PSUV, el mismo en el que, al mismo tiempo, hace entrismo.

En la verborrea trotskista «burocracia» (hoy la del PSUV y antes de la del PCUS) significa: «nos hemos infiltrado dentro y no nos dejan hacer lo que nos da la gana». Significa también que en todas partes son una insignificante minoría, que nunca es capaz de ganar una votación y ellos, que son los más listos, quieren acaparar los cargos de dirección. Naturalmente que la mayoría no se lo puede consentir.

Como buenos trotskistas, Marea Socialista juega un doble juego: está con los bolivarianos y con la oligarquía ultrarreaccionaria. Todos saben que son unos traidores, lo cual no es ningún secreto en Venezuela: «Una élite política nos ha tildado de traidores y todo el que nos conoce sabe que trabajamos de la mano del proceso revolucionario y no compartimos los pensamientos de la derecha»(1), se excusan, cuando los cierto es que en algunas reuniones se les ha visto de la mano de la Mesa de Unidad Democrática, es decir, de los sectores más reaccionarios de la oligarquía.

En una entrevista para la radio venezolana el chavista Romero Harrington, después de cargar contra Marea Socialista, atacó a Iglesias y Monedero, diciendo que se habían aprovechado del bolivarismo para su promoción personal (2).

Es cierto. Los oportunistas se llaman así porque son como un mal gazpacho: se aprovechan de cualquier cosa. Podemos se provecha del bolivarismo, se aprovecha del trotskismo… incluso se aprovechan del fascismo. Se aprovecharon de la cadena fascista TV13 para hacer el programa La Tuerka y luego también se aprovecharon para aparecer en las tertulias de la ultraderechista Intereconomía. Es trotskismo en estado puro: todo vale, cualquier cosa con tal de figurar.

Una portavoz valenciana de Podemos copió a Jose Antonio Primo de Rivera cuando dijo “No somos ni de izquierdas ni de derechas, sino de la política del sentido común” (3). La Falange también quiso ser la anti-casta, un anti-partido. Por eso tanto en la Falange como en Podemos cabe cualquiera, como Manuel Vallejo, portavoz de Podemos en Estepona, que llegó procedente de Ciutadans y en su perfil de Facebook se autodefine como seguidor de la Falange, o sea, “ni de izquierdas ni de derechas”.

Vallejo les propuso a las organizaciones fascistas, como España 2000, el MSR y Alianza Nacional, que se unieran también a Podemos: “Todos juntos podríamos estar en ayuntamientos importantes, parlamento, Bruselas…”(4).

Es lo que dijo Íñigo Errejón, el cerebro de este gazpacho, en su intervención en la Plaza de Toros de Vistalegre: en Podemos «cabe todo el mundo». Tienen la pretensión de convertirse en un partido único: si todos cabemos en él, ¿para que queremos otros partidos?

(1) http://www.maduradas.com/candela-marea-socialista-psuv-tiene-total-desconexion-con-movimientos-sociales-del-pais/
(2) https://www.youtube.com/watch?v=azgmYxgWgh8
(3) http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/05/26/valencia/1401132779_612070.html
(4) http://www.elplural.com/2014/09/06/el-portavoz-de-podemos-en-estepona-un-ultra-apasionado-de-jose-antonio-y-la-falange/
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Al habla con Freddy Krueger

Juan Manuel Olarieta


Si antes de escribir esto me froto las manos no es por entusiasmo sino porque aún no me he sacudido de encima el frío de los calabozos de la Dirección General de la Guardia Civil, que me llevó a acordarme de cuando Cervantes, que también estuvo en la cárcel, dijo aquello de que en tales lugares “toda incomodidad tiene su asiento”. También me acordé de Miguel Hernández preso, de Lorca asesinado, de Machado muerto en el exlio, e incluso de Lope de Vega, también perseguido, de Quevedo… Me pregunté si a lo largo de la historia aquí ha habido alguien a quien no hayan puesto los grilletes por hacer, decir o escribir. ¡Qué asco de país!

Me dejó estupefacto el juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, cuando me preguntó con qué intención había yo dicho lo que dije. Después de una noche sin dormir creo que no estuve a la altura de la pregunta, así que lo haré desde aquí: Señor Juez, lo dije con la mejor intención. Cualquier cosa que dijese, porque después de pasar una noche en vela no lograba acordarme de nada. Se lo juro.

Hace ya tiempo que en la Audiencia Nacional vengo escuchando preguntas acerca de la «intención» con la que se hacen o dicen las cosas, lo cual me traslada a las peores pesadillas medievales de la Inquisición, de las que este país no acaba de deshacerse. Nadie puede juzgar la conciencia de nadie. En el Imperio Romano, donde hubo muchos y muy grandes juristas, había una norma que decía «Cogitationes poenam nemo patitur» que ya me habrán escuchado recitar en latín en algún juicio y que ahora les traduzco a mi manera: «Los pensamientos no pueden delinquir».

Las palabras sólo molestan a quien está acostumbrado a escucharse a sí mismo y no quiere oir nada más, lo que en España ocurre con el Estado, el rey, sus instituciones, organismos, autoridades y capataces. En los medios de comunicación sólo se oyen a sí mismos y por eso casi parece normal que cualquier frase que se salga de ahí les suene como el más horrendo de los crímenes.

Pero, ¿saben Ustedes una cosa? Creo que no se han enterado de algo: en este país, a diferencia del resto del mundo, los tribunales se llaman «audiencias» porque están para oir a la gente. Un juicio no es un recital que dan el CSI, los policías o los peritos, sino que a los acusados también les gusta que se les preste un poco de atención.

Cuando el juez me preguntó por unas palabras pronunciadas hace más de un año, me apercibí de que durante todo este tiempo han estado (el juez y el fiscal con la ayuda de la Guardia Civil), fraguando una causa criminal a espaldas de tres acusados, lo cual, aparte de que está muy feo, es ilegal, y no largaré aquí todo el repertorio de violaciones que han cometido porque las deberían conocer lo mismo que yo.

Los acusados no sólo tenemos derecho a decir «la última palabra» cuando nos van a poner la soga en el cuello, sino que tenemos derecho a decirla desde el principio, y me parece muy triste tener que recordar a un juez y a un fiscal que si se empeñan en combatir la ilegalidad, empiecen a dar ejemplo y combatan sus propias ilegalidades. Entonces los demás empezaremos a creer en lo que hacen Ustedes.

Señor Juez: si lo que dijimos los acusados hace un año constituye un horrendo delito, ¿por qué no eliminan de internet aquellos sitios que reproducen nuestras palabras? Puestos a censurar y a tapar la boca… ¿por qué no cerrar los servidores?, ¿por qué no encarcelar también a quien los ha insertado en ellos?

Le repito a Usted que la bandera de la República Popular no es más que eso exactamente, y no la versión tuneada que a Usted le han contado, a saber, que es la bandera de los GRAPO. Para apercibirse de ello, en lugar de escuchar cantos de sirena, no tiene más que pasearse por una manifestción cualquiera y hacerse esta pregunta a sí mismo: todos esos que portan la bandera de la República Popular, ¿son militantes de los GRAPO?, ¿simpatizantes?, ¿del entorno?, ¿estamos rodeados de terroristas por todas partes?

Les digo a Ustedes lo que ya le he puesto por escrito al Tribunal Supremo: la verdadera naturaleza de este Estado viene dada por muchos detalles significativos, como el de que el enaltecimiento del terrorismo y las injurias al rey son un crimen, pero la exaltacion del genocidio nazi no lo es, y no digo más porque a buen entendedor…

Cuando el juez me leyó, una tras otra, las frases entresacadas que yo había pronunciado en la Casa de la Cultura de un Ayuntamiento, es decir, en unos locales oficiales, por un instante me asusté de mí mismo, me vi como una asesino en serie, como Freddy Krueger en la película Pesadilla en Elm Street, hasta que caí en la cuenta de que ese no era yo sino un resumen que hace la Guardia Civil de mis palabras, en donde más dos horas de explicaciones se simplifican en sólo 30 segundos por arte de magia, un verdadero caso de ingeniería judicial, que es igual que la ingeniería contable de algunas empresas.

Por lo tanto, ahora me tengo que dirigir a la Guardia Civil: una frase es la unidad dialéctica del texto y el contexto. Un texto sin contexto no significa nada, o significa cualquier cosa. Ustedes le entregan al juez un CD con la grabación completa del acto, pero tienen que tener en cuenta que el juez no va escuchar una charla que dura varias horas. No puede perder su preciado tiempo en escucharnos a nosotros porque tiene otras cosas más importantes que hacer. El tribunal tampoco va escucharnos a nosotros, ni va a perder el tiempo oyendo una charla de dos horas sobre los presos políticos. Se quedarían dormidos porque es un asunto que no les interesa nada. Por eso, en el futuro, además de hacer un compendio de frases incendiarias, a cada cual más tremenda, es mejor que incuyan también un poco del contexto en el que se pronunciaron para que se entiendan mejor. De esa manera no haría falta que el juez preguntara por las intenciones, sean buenas o malas.

Bueno, tengo que terminar porque me he enrollado y no he hablado de lo que debería: la lucha armada, la guerrilla, el terrorismo y la violencia revolucionaria. Habrá que dejarlo para la continuación de la saga, que se titulará El retorno de Freddy Krueger (si la Audiencia Nacional no lo impide).

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Antifascismo

La farsa de la transición ya no da para más

Han estirado el negocio durante algo más de tres décadas gracias a la entrada en la OTAN y la Unión Europea, que creó un flujo de dinero procedente del exterior con el que se han forrado. Tuvieron que repartir algunas migajas para sostener un régimen clientelar, pero la crisis del capitalismo ha acabado con todo, porque el tinglado sólo se sostenía a base de tarjetas negras y ahora lo único que hay son deudas.

A la crisis económica le ha seguido la crisis política. Ya no saben qué inventar para seguir embaucando a la gente. De momento han cambiado los rostros de algunos caciques, más quemados que la fábrica de Campofrío. Han sustituido a un rey por otro, han cambiado a los directores de los principales periódicos, nos traen a los demagogos de Podemos, también van a cambiar a Lacayo Lara por otro igual, dimitió Rubalcaba… Cómo estarán las cosas que hasta el canalla de Alfonso Guerra se ha largado.

Necesitan caras nuevas, que no estén usadas, jóvenes que nos engañen con otras palabras y que arrastren nuestros cansados pies hasta las urnas más cercanas, aunque sea por última vez. Tanto los elegidos como los electores creen que los votos van a solucionar algo, es decir, que la manera de salir de la crisis son los votos. Hay que votar a alguien “diferente”. O mejor: hay que votar contra alguien y si es contra todos ellos, mejor aún.

Sin embargo, no van a solucionar absolutamente nada por una razón muy sencilla: porque la crisis (la económica y la política) no se soluciona con votaciones, y menos dentro de los estrechos parámetros creados en 1977. Va a ocurrir todo lo contrario: se va a generar una etapa de mayor inestabilidad política que la actual.

Un ejemplo: el semanario británico The Economist publicó el viernes (1) un artículo titulado “El tricornio” con muy mala leche en el que pone al PSOE como ejemplo y centro de la crisis política. Según The Economist la bancarrota del PSOE ya no tiene remedio, su época ha pasado y, de ahora en adelante, sólo podrá sobrevivir como partido bisagra, sin política propia. En las próximas elecciones el PSOE tendrá que decidir con quién pacta: con Podemos o con el PP. Lo segundo supondría formar la gran coalición a la alemana que están pidiendo algunos medios de expresión del imperialismo, como el New York Times.

Esa situación se produce a pesar de que los sondeos dicen que el PSOE sube en intención de voto, lo cual hay que interpretar en el sentido de que está un poco menos hundido que en tiempos de Zapatero y Rubalcaba. En cualquier caso la situación del PSOE es irreversible; nunca volverá a ser lo que ha sido: la columna vertebral del Estado creado durante la transición o, dicho con otras palabras, este Estado ya no tiene columna vertebral, salvo que alguien crea que la Guardia Civil puede ser esa columna vertebral, lo cual tampoco sería de extrañar.

The Economist también pone sus ojos en la otra gran esperanza blanca, Alberto Garzón, otro producto mediático creado a imagen y semejanza de Pablo Iglesias, otra criatura de las tertulias televisivas, que es donde se gestan ahora las nuevas caras de la política burguesa. El periódico que sirve de portavoz al imperialismo británico sugiere que ambos, Pablo Iglesias y Alberto Garzón, formen un dúo, “una gran coalición de izquierdas” en la que el papel del PSOE quedaría aún más difuminado.

Para que vean Ustedes lo que son los programas electorales de la izquierda: el imperialismo quiere hacer exactamente lo mismo que proponen Podemos en España y Syriza en Grecia. Otro portavoz del imperialismo, esta vez Financial Times, apoya la propuesta de Podemos de revisar la deuda pública (2). Es más: Financial Times es mucho más radical que Podemos y quiere extender esa política a toda la Unión Europea. Dice que la deuda española, tanto pública como privada, supone una carga insostenible y que es necesaria una renegociación de los tipos de interés, una reestructuración, la apertura de un periodo de gracia y, además, una quita.

El caso es que “El tricornio” (Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Alberto Garzón) pasa tanto tiempo en la televisión que no han tenido tiempo de redactar sus respectivos programas electorales. Pero no importa porque en cualquier caso los votantes no van a votar a lo que ellos creen, sino una coalición que no saben cuál será.

Ocurre siempre con los votos de castigo, cuando no se vota a alguien sino contra alguien. Por ejemplo, más que votar a Podemos, muchos lo que quieren es votar contra “la casta”, contra los que ya están. Pero la anti-casta forma parte de lo mismo que critica y va a tener que pactar con ella. Por lo tanto, se va a producir todo lo contrario de lo que el voto de castigo pretende: seguir votando a los de siempre. Más de lo mismo.

Por eso el voto de castigo es masoquismo puro. Lo mejor es que se flagelen la espalda… aunque sea con su papeleta electoral.

(1) A three-cornered hat, http://www.economist.com/news/europe/21633855-podemoss-leader-seeks-sustain-its-position-spains-third-party-three-cornered-hat
(2) Radical left is right about Europe’s debt, http://www.ft.com/intl/cms/s/0/48e6fa76-70bd-11e4-8113-00144feabdc0.html

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Pablo Iglesias es el nuevo Berlusconi

El periodista Enrique Riobóo, director de la televisión Canal 33 de Madrid acaba de publicar un libro titulado «La cara oculta de Podemos» para desenmascarar a los capos de esa camarilla oportunista.

El martes 4 de noviembre Riobóo presentó el libro en el Mercado de Moncloa, en Madrid. Fue en el plató de Canal 33 donde Pablo Iglesias empezó su carrera mediática y política. Durante más de un año, entre 2012 y 2013, se realizó allá su tertulia La Tuerka.

El periodista y empresario de la comunicación explicó que Pablo Iglesias y su fiel secuaz, Juan Carlos Monedero, quisieron comprarle el canal de televisión con dinero procedente de Venezuela. Los caciques de Podemos señalaron que «el nuevo Gobierno de Maduro está hasta los cojones de las manipulaciones de El País y el ABC» y querían una televisión en Madrid para contrarrestar la intoxicación.

Cuando Monedero regresó de un viaje a Venezuela se reunió con Riobóo para tratar el precio de la compra. La oferta se produjo en marzo del pasado año, tras varios meses de emisión en el Canal 33 de la tertulia política La Tuerka, conducida por el jefe de Podemos. “Monedero me explica que la operación estaría financiada por el Gobierno de Venezuela, que él tiene previsto viajar próximamente a Caracas y que planteará allí esta cuestión”, afirma Riobóo, quien señala en el libro que en la reunión Monedero advirtió del «cambio político que iba a hacer en Venezuela sin Chávez» y ofreció por la televisión 200.000 euros.

Riobóo asegura que «en ese momento contuve la risa». Tasó el precio del canal de televisión en 1.200.000 euros. La reunión sirvió para poner unos «nuevos fantoches al descubierto». «Les contesté con la máxima educación y puse en marcha mi retahíla de excusas: con ese dinero no puedo jubilarme, soy demasiado joven, trabajo en lo que me gusta, es mi pasión», explica Riobóo.

El supuesto origen del dinero para materializar la operación fue la primera sorpresa del periodista, quien en un principio “sólo pretendía ver hasta dónde quería llegar un grupo de profesores universitarios”. Sin embargo, no tardó en descartar que la oferta fuese un farol: “Supe que la operación era firme cuando, unos días después de nuestro primer encuentro, veo en uno de los informativos especiales con motivo de la muerte de Chávez y el nombramiento de Maduro como sucesor, cómo el nuevo presidente saluda a ‘Juan Carlos Monedero de España’”.

Riobóo confirma que “había muy buena relación entre el Gobierno de Venezuela y Juan Carlos Monedero, tertuliano casi habitual en La Tuerka. Era una personalidad española muy considerada en el Gobierno venezolano. Luego sabríamos que era mucho más económicamente”. Monedero le detalló la situación: “Tenemos a favor que el nuevo Gobierno de Maduro está hasta los ‘cojones’ de las manipulaciones de El País y ABC, y quieren una televisión en Madrid para contrarrestar desde dentro esa manipulación y esa constante crítica feroz y salvaje que le hacen al Gobierno democrático de Venezuela”.

Tras el regreso de Venezuela, Riobóo vuelve a celebrar una reunión con Monedero el 22 de abril del pasado año. “Quedamos en una cervecería junto a la calle Huertas y acabamos muy tarde, avanzadas las dos de la madrugada. Monedero traía noticias frescas de Venezuela: ‘Veréis, ahora sin Chávez, ya no es lo mismo. Me pagan la casa, pero no me pagan la casa entera, faltan puertas, ventanas… Os puedo ofrecer por la televisión 200.000 euros”.

El Canal 33 no era un negocio rentable, es decir, la operación no podía tener significado económico porque su cuenta de resultados de 2012, el año anterior a la oferta, fueron unas pérdidas superiores a los 29.000 euros.

La cadena tenía muy poco que ver con La Tuerka, dice Riobóo, porque la camarilla de Podemos es un grupo muy cerrado y muy poco permeable. “Nuestra televisión les hacía solamente de productora de vídeo. Ellos querían el programa publicado en internet y distribuirlo en las redes sociales. Su objetivo estaba claro que no era otro”. Actualmente, la tertulia política La Tuerka se emite en Público TV.

Desde 2002 los capataces de Podemos, Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón, tienen una fundación, CEPS, que contaba con una subvención del Gobierno de Venezuela de 320.000 euros al año. Riobóo quería sacar una tajada mayor de los bolivarianos: “A nosotros ni siquiera nos ofrecían una anualidad de su subvención bolivariana por una televisión en la capital del estado. Me pareció una tomadura de pelo y, lo que es peor, una gran pérdida de tiempo”.

Pero no sólo Venezuela financió a Podemos a través de CESP, sino también el Gobierno español y la Generalitat Valenciana. El dinero de la corrupción y el de Podemos tiene el mismo origen, en este caso, la casta del PP. Pablo Iglesias es el nuevo Berlusconi, un figurín a medio camino entre la tele y la política. Sólo les diferencia el bisoñé.

Los jefes de Podemos desviaron el dinero procedente de Venezuela, destinado a contrarrestar la propaganda antibolivariana en España, para logar sus propios objetivos mediáticos y políticos personales. Riobóo asegura que pese a la imagen amable que ofrece en televisión, «Pablo
Iglesias tiene grandes dosis de mala educación, un ego que no cabe en
ningún plató y una traición a sus ideas, a su gente, a su pasado«
, añadiendo que no creía «que la ciudadanía quisiera un Berlusconi dirigiendo este país», en referencia a Iglesias.

El director de Canal 33 afirma que hay «un
Pablo antes de las elecciones y otro Pablo cuando resulta elegido
eurodiputado. Este último ya es casta y de ese modo se comporta como los
peores personajes de la política»
.

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El sombrero de Gessler

N. Bianchi

Bajo este Estado fascista -o de «corte fascistoide» para calmar los ánimos de las «almas bellas»– no existe algo tan noble como es la «política», sino politiquillos sin coturno ni alta estofa. Resulta ya fatigoso volver a citar a José Bergamín cuando decía -y no lo decía un comunista precisamente- que existir es pensar y pensar es comprometerse. A lo que Unamuno -que de comunista nada- le puso esta coda: «pensar es comprometerse… y, a las veces, caer bajo el Código Penal, porque el delito mayor del hombre es haber pensado». Los protoalemanes germánicos tenían este dicho: «Gedanken sind Zollfrei», o sea, los pensamientos no pagan aduanas. Y es del latino Ulpiano este principio: «cogitatienis poenam nemo patitur», esto es, el pensamiento no delinque… mientras no transcienda al exterior, es decir, que cobre fuerza y prenda la pradera.

Se atropella la voluntad de los ciudadanos de una nación como Catalunya y se recurre a la voluntad de la Reina sátrapa de Lewis Carroll en «Alice in Wonderland»: «primero habrá una condena y, después, por supuesto, un juicio legal».

Hay dos clases de «hacer política»: la de fábula y la real. La primera consiste en, «nolens volens», ya que vamos hoy de latinajos, en inclinarse ante el sombrero de Gessler, aquel bailío que impuso -como un vulgar Urquijo en Euskadi, un virrey, un gobernador- a los suizos inclinar la cabeza ante la sola visión de su copete (de su gorra) encima de un palo en un camino -un portazgo, un peaje «político»– y que Guillermo Tell dijo ya te vale y luego pasó, ya saben, lo de la manzana y su hijo y la flecha de su ballesta de reserva para cargarse al bailío si tuviera la mala fortuna de, involuntariamente, matar a su hijo.

Eso es la Constitución española y así la hacen entender: como el sombrero de Gessler.

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El peso específico de la verdad

N. Bianchi

Escribe Engels, ese brontosaurio: «la concepción materialista de la historia parte de la tesis de que la producción, y tras ella el cambio de sus productos, es la base de todo orden social; de que en todas las sociedades que desfilan por la historia, la distribución de los productos y junto a ella la división social de los hombres en clases, es determinada por lo que la sociedad produce y cómo lo produce y por el modo de cambiar sus productos. Según eso, la última causa de todos los cambios sociales [en lo que Antonio Machado discreparía] y de todas las revoluciones no debe buscarse en las cabezas de los hombres ni en la idea que ellos se forjen de la verdad eterna, sino en las transformaciones operadas en el modo de producción y de cambio; han de buscarse no en la filosofía, sino en la economía».

En otras palabras: no es el onanismo mental el que mueve nada, sino el hecho de tener un puesto de trabajo y qué lugar ocupas en la cadena (incluidos los parados). Así, y ya sé que suena mecanicista, pensarás de una manera o de otra. E incluso pensarás que lo que piensas es lo correcto o, en caso de duda, dirás, bueno, vaya, esa es mi «opinión», lo que tranquiliza y te deja muelle, pero, en el fondo, algo te dice que te engañan, que no piensas, sino que-te-piensan- Y eso porque ni te paras ni te-dejan-pararte-a-pensar.

Lo que mueve al mundo es la producción, el trabajo. No lo mueve ni el lujo -lo puede menear y nada más- de la oligarquía ni el dinero negro ni la corrupción ni los «clásicos» Madrid-Barcelona ni la madre que los parió en este podrido sistema capitalista, porque el «sistema» lleva apellido que a veces se olvida. Un sistema (capitalista) que nació chorreando sangre y pudre las conciencias con aquello tan burgués de que «todos tenemos un precio».

Mienten porque no soportan la verdad, una verdad, que, por descontado, se la refanflinfla. La verdad no puede ir desnuda, una desnudez revolucionaria, y es así que, por vergüenza, hubo que vestirse, como se viste la mentira, con el ropaje de las palabras, y saqueando el lenguaje.

Por supuesto, no faltará quien diga, bueno, «esa es tu verdad». Me topé con un «demócrata» que, como vampiro totalitario que soy, me clavó su estaca democrática en mi corazón rojo. Y es que los «demócratas» siempre disparan a «democratizar», igual que los «pacifistas» que siempre disparan a «pacificar».

Buenos días.