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Los eufemismos no abandonan Afganistán

El pasado 30 de septiembre el nuevo presidente afgano, Ashraf Qani Ahmadzai, firmó un «acuerdo» con Washington y la OTAN para prolongar la ocupación militar con casi 10.000 soldados estadounidenses a partir de año que viene. Lo de calificarlo como un «acuerdo» es un eufemismo para referirse a una nueva imposición por parte del imperialismo contra Afganistán.

Donde dije digo… El «acuerdo» contraviene otro «acuerdo» alcanzado en 2010 durante la cumbre de la OTAN de Lisboa para traspasar la seguridad de Afganistán a las fuerzas locales, proceso que debía concluir este año.

En virtud del nuevo «acuerdo» entre el gobierno del Afganistán y Estados Unidos, los imperialistas podrán mantener una parte de sus tropas en Afganistán durante otros dos años más «como máximo», que seguramente será otro eufemismo con el que Obama quiere decir que se irán cuando les de la gana.

El 22 de noviembre pasado el New York Times era un poco más explícito. Hablaba de un «decreto confidencial» firmado Obama que amplía la presencia de las tropas imperialistas en Afganistán. El decreto autoriza a las unidades estadounidenses a organizar operaciones «contra el movimiento talibán y otros grupos armados que representan una amenaza para las tropas de EEUU o el Gobierno de Afganistán». También permite el uso de la aviación estadounidense -cazas y drones- en los operativos de las fuerzas de seguridad afganas.

Según el New York Times, la decisión de ampliar la misión fue «fruto de largos y acalorados debates que agudizaron las discrepancias» internas entre los partidarios de retirar las tropas para no poner en riesgo las vidas de los soldados y el Pentágono que exigía que las tropas estadounidenses finalizaran su misión.

También hay que escuchar lo que dicen fuera de Washington. Ayer representantes de más de 60 países se reunieron en Londres para abordar la situación del país asiático, la sociedad civil, la corrupción y las reformas políticas, entre otros, en una gestión de apoyo “al primer traspaso de poderes democrático de la historia” de Afganistán.

Más eufemismos: ¿traspaso de «poderes»?, ¿«democrático»?

Al término de la Conferencia el nuevo presidente afgano se flageló la espalda diciendo que “somos nosotros los responsables” de lo que ocurre en el país”, lo cual es sorpredente para un país que padece una ocupación militar desde hace 35 años. “En nuestra larga historia, los afganos sólo hemos necesitado apoyo militar directo en los últimos 30 años. Esperamos no necesitarlo nunca más”.

¿Sólo? ¿Le parecen pocos 30 años a Qani?

Lo que nadie quiere reconocer en público es que, además de tropas, el nuevo «acuerdo» autoriza a Estados Unidos a mantener y reforzar las 200 bases militares actualmente existentes y crear otras nuevas.

Tampoco nadie quiere reconocer en público que el «acuerdo» autoriza a las fuerzas especiales estadounidenses a irrumpir en los domicilios privados de la población afgana, una claúsula a la que -por cierto- se opuso Karzani.

El «acuerdo» tampoco menciona la presencia de empresas privadas de seguridad, es decir, de mercenarios cuyo número, posiblemente, no esté contabilizado en el «acuerdo».

Tampoco es posible saber si con la salida de las tropas, Obama se va a llevar las plantaciones de opio para cosecharlas en el jardín de la Casa Blanca o si las dejará tal cual están para seguir financiando la ocupación con la venta de heroína por todo el mundo.

Eso sí: a finales de año los telediarios del mundo entero mostrarán «urbi et orbi» las imágenes de las «ultimas tropas» estadounidenses abandonando sus bases en Afganistán. No se lo pierdan.

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Dropshot: el plan de ataque nuclear contra la URSS

Desde el ya lejano año 1978, en que el gobierno de Estados Unidos desclasificó el documento hasta entonces secreto, se sabe que en 1949, el presidente Harry S. Truman había ordenado la elaboración de un plan de ataque atómico contra la Unión Soviética. Ese plan recibió un nombre muy sugestivo y altamente revelador: Dropshot, literalmente lanzar el disparo, y que en el español de México podría traducirse como un descontón, un golpe a traición, decisivo y demoledor, que pone de inmediato fuera de combate al adversario.

El Plan Dropshot contemplaba el lanzamiento de 300 bombas nucleares sobre las más importantes ciudades de la Unión Soviética, acompañado de la descarga de 250 mil toneladas de bombas convencionales sobre otras localidades y regiones, desde la frontera soviética con Europa hasta el extremo oriental del inmenso país. La fecha inicialmente propuesta para el inicio de la Operación Dropshot fue el 1 de enero de 1950.

Como Dropshot era un plan ultrasecreto, la URSS no podía saber nada de él. Pero no hay ninguna duda de que la dirección soviética sospechaba que algo así se estaba cocinando. Por ello, desde los ataques atómicos estadounidenses contra Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto de 1945, el compañero José Stalin dispuso el inmediato inicio, y a marchas forzadas, de un programa para dotar a la URSS de la bomba atómica en el más breve tiempo posible.

La programada agresión atómica no pudo llevarse a cabo en la fecha prevista por la falta de certeza sobre el éxito del plan, ya que el alto mando militar y la cúpula política estadounidenses sabían, sospechaban o imaginaban que, luego de Hiroshima y Nagasaki, la Unión Soviética se habría preparado para enfrentar una nueva agresión imperialista. Y para derrotarla nuevamente, que ese era en realidad el temor principal.

Con la decisión de no lanzar el ataque “no estuvo de acuerdo el general Curtis Le May, entonces comandante de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en Europa, y luego comandante de la fuerza aérea y miembro de la Junta de Jefes de Estado Mayor hasta el gobierno Kennedy”. Muchos años después, en sus memorias (América in Danger), Le May se quejaría: “Teníamos el poder de destruir por completo a Rusia sin siquiera herirnos las manos”.

Pero a partir de agosto de 1949, en que la Unión Soviética, bajo la dirección de Stalin, fabricó su primera bomba atómica, Dropshot sufrió un colapso definitivo. Ya no era posible lanzar el ataque sin esperar una respuesta más o menos del mismo calibre y naturaleza. Y si bien es cierto que el plan de agresión atómica contra la URSS (y ahora contra Rusia) nunca fue definitivamente abandonado, es evidente que su posibilidad de realización sólo se encuentra en las mentes más irracionales y belicistas de la cúpula política y militar estadounidense.

Por todo esto es muy difícil exagerar el importantísimo papel desempeñado por Stalin para evitar la destrucción de su país. Stalin impidió que se hicieran realidad los propósitos de EU de reducir al país de los soviets “a un montón de ruinas radiactivas”. Con cerebro frío y voluntad de acero, impidió que 300 ciudades soviéticas enfrentaran el trágico destino de Hiroshima y Nagasaki. Un destino que implicaba multiplicar, hasta alcanzar millones, el número de víctimas de las dos urbes japonesas.

Extraña, por decir lo menos, que esta gigantesca hazaña de José Stalin no  se consigne, se minimice, se soslaye, se desvirtúe o de plano se oculte en los análisis de la vida y la obra del dirigente soviético.

Miguel Ángel Ferrer: Stalin y el colapso de la Operación Dropshot
TeleSurTV, 14 de mayo de 2014
http://www.telesurtv.net/opinion/Stalin-y-el-colapso-de-la-Operacion-Dropshot-20140517-0033.html

Más información:
Truman determinó la fecha para el lanzamiento de 300 bombas en la Unión Soviética
Cultura Proletaria, 26 de febrero de 2014

Churchill propuso lanzar bombas atómicas contra la URSS
https://mpr21.info/2014/11/churchill-propuso-lanzar-bombas.html

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La OTAN bombardeó Afganistán con armas de uranio radiactivo

La OTAN bombardeó Afganistán con uranio empobrecido y como consecuencias de ello se han vertido más de 1.000 toneladas de óxido de uranio radiactivo que tendrá efectos desastrosos a largo plazo sobre la población y el medio ambiente. El uranio aumentará de forma exponencial el número víctimas por cáncer entre la población.

Como consecuencia de los bombardeos hay zonas enteras que se han tornado inhabitables. En esas regiones la población comienza a padecer terribles enfermedades, sobre todo cáncer y deformaciones genéticas.

El uranio es un metal pesado, piróforo, es decir que quema al impactar. El uranio empobrecido es tóxico radiológicamente y su explosión genera una nube de micropartículas que pueden ser ingeridas por inhalación o por su entrada en la cadena trófica, contaminando radiactivamente el cuerpo desde su interior.

Las ojivas de las bombas no están fabricadas con uranio empobrecido en estado puro sino procedente de residuos nucleares que, a su vez, están previamente contaminados con elementos altamente tóxicos como U235, U238 o incluso plutonio. Así hay que hablar no sólo de uranio empobrecido sino de uranio sucio, mucho más contaminante.

Si en Kosovo se comenzaron a probar prototipos, en Afganistán se han lanzado más de 6.000 bombas guiadas, lo que lleva a una estimación de que se han lanzado más de 1.000 toneladas de uranio, empobrecido o no.

A diferencia de la guerra del Golfo o de Kosovo, en Afganistán no han sido los proyectiles antitanques los más utilizados. El protagonismo ha correspondido a los bombardeos masivos con misiles y bombas guiadas dirigidos a destruir fortines, instalaciones y refugios subterráneos.

Las bombas antitanques lanzadas en Kosovo pesaban unos 5 kilos mientras que las bombas guiadas usadas en Afganistán van desde una tonelada hasta las 10 toneladas, llevando, respectivamente, una ojiva de uranio empobrecido potencial de 500, 1.500 kilos y 5 toneladas.

En Kosovo, la OTAN obstaculizó las investigaciones sobre los proyectiles de uranio empobrecido. En Afganistán no se reconoce su empleo y en consecuencia no se está realizando ninguna vigilancia médica ni medioambiental sobre contaminación por uranio en las áreas de potencial contaminación por uranio, ni un seguimiento del estado de salud de las poblaciones expuestas a estas armas, y por tanto no hay ningún tipo de ayuda médica y protección medioambiental para todas las comunidades civiles en riesgo.

Las bombas y proyectiles de uranio son bombas radiactivas, armas con efectos indiscriminados prohibidas por la Convención de Ginebra, por lo que la intervención del imperialismo en el país es doblemente ilegal. La invasión de Afganistán por la OTAN no fue autorizada por la ONU. En septiembre 2001, tras los atentados contra las Torres Gemelas, el Consejo de seguridad ni siquiera mencionó a Afganistán, ni autorizó atacar al país. La ocupación se pretendió aprobar retroactivamente el 20 diciembre de aquel año (resolución 1.386 del Consejo de Seguridad) con la creación de la llamada Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, una decisión que se justificó por el apoyo de “las autoridades afganas”. Lo que la farsa de la ONU no aclara es que eso que llama “autoridades afganas” es el gobierno impuesto por la propia invasión.

Así funciona la ONU: primero invaden el país, luego derrocan al gobierno e imponen uno nuevo que, a su vez, justifica la invasión y el derrocamiento del anterior. A eso le llaman “legalidad” e intervención por razones humanitarias para contar con la coartada de las ONG.

Pues bien, España ha participó tanto en la farsa como en el crimen, para lo cual inventó la consabida patraña de los telediarios, el niño afgano Ali Basur que padecía un linfoma diagnosticado, quien fue trasladado a Madrid para su curación. Era una invasión por razones de salud que ha creado un serio problema de salud para millones de personas de consecuencias incalculadas.

Fue el gobierno del PSOE, Zapatero, el responsable de aquella decisión, para lo cual se negaban a calificar a la intervención en Afganistán como “guerra”. Ellos eran los del “no a la guerra”. Iban a Afganistán a matar por razones humanitarias. El “no a la guerra” del PSOE era una reedición del no a la OTAN de 1982.

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Bomberas en Pearl Harbo(u)r: mentira

N. B.

El próximo 7 de diciembre se cumplirán 73 años del ataque y bombardeo japonés de la base naval norteamericana de Pearl Harbour. Hace tres años, con motivo del 70 aniversario, multitud de publicaciones se hicieron eco de tal efeméride que llenaron la red -relatos, fotografías, viejos documentales- como recuerdo de aquel fatídico día de 1941 que propició -mejor sirvió de excusa- la participación de los EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial. Y decimos «excusa» porque el USA Army estaba enterado de antemano del ataque japonés a una base naval con navíos y buques de guerra semidestartalados. Hacía falta una «provocación» para despertar el espíritu «patriótico» del aletargado pueblo norteamericano del middle west que no quería saber nada de guerras.

Entre las múltiples fotografías utilizadas para homenajear y recordar a los «héroes», se encontraba una en la que se podía ver a un grupo de valientes mujeres luchando para sofocar el incendio provocado en uno de los barcos bombardeado. Estas heroínas anónimas pasaron a formar parte de la historia ilustrada publicándose la foto en los libros de texto de los colegiales estadounidenses. Algo así como una foto del General Moscardó hablando por teléfono negándose -supuestamente- a salvar la vida de su hijo a cambio de entregar El Alcázar de Toledo, otra trola. O un dibujo -en los libros de texto franquista que uno conoció de chaval- del españolísimo altomedieval Guzmán el Bueno ofreciendo una daga a la morisma que tenía a su hijo capturado antes que rendir el castillo a los perversos malhechores.

Pues bien, se ha descubierto que dicha fotografía -donde se ven a cinco mujeres, una negra y el resto hawaianas con una chorreante manguera de agua-, aunque tuviera lugar en la base de Pearl Harbour, no fue tomada ese día. Una superviviente, Katherine Lowe, casi centenaria, trabajadora de una fábrica de piña, se alistó junto con otras compañeras para realizar trabajos de ayuda en la extinción de incendios para lo que recibieron entrenamiento específico y fue en uno de esos momentos en el que realmente se debió tomar la famosa instantánea de la cual a ella no le constaba la vuelta que dio al mundo. Lowe recuerda que la mañana del 7 de diciembre se dirigían hacia la iglesia, fuera de la base, cuando se produjo el bombardeo, y allí permanecieron hasta que terminó. O sea, no intervinieron, pero no por cobardía, sino simplemente porque no estaban allí, eso es todo. Aún así la propaganda hizo correr la versión icónica de la importancia de la aportación femenina a la IIGM (como las mujeres inglesas trabajando a destajo en el Londres bombardeado por los aviones nazis).

Se daba por hecho que la fotografía fue tomada instantes después de comenzar el ataque japonés. Hace poco se descubrió el «error» que suponemos voluntario si tenemos en cuenta que todas las personas que pertenecían al Departamento de Bomberos de Honolulu aquel día ¡¡eran hombres !! Tres de ellos murieron. Comprobar eso no hubiese costado nada.

Lo de las «armas de la destrucción masiva» o el autogolpe del «11-S» es cosa de aficionados al lado de aquello que se remonta ya al hundimiento del acorazado norteamericano «Maine» en la bahía de Cuba en 1898 cuando el incipiente imperialismo yanqui empezaba a enseñar los dientes.

Nota. ¿En tanto tiempo transcurrido no se enteraron las supervivientes del recorrido de la famosa foto? Buena pregunta.

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¿Independencia y socialismo en Europa? Sí, ¡es posible!

Oxandabaratz

Hoy en día, en 2014, en el siglo XXI, en el corazón de Europa, está teniendo lugar acontecimiento muy importante. Está naciendo un nuevo Estado, la Unión de Repúblicas Populares de Novorrosiya (1), por el momento formada por la República Popular de Donetsk y por la República Popular de Lugansk, pero un proyecto con el propósito de reunir más repúblicas populares. Como consecuencia del golpe de estado que tuvo lugar en Kiev el 22 de febrero de 2014 o, mejor dicho, como respuesta a ello, ha surgido un nuevo Estado.

¿Por qué es tan importante el nacimiento de Novorrosiya? ¿Qué aporta de nuevo este acontecimiento? Conlleva algunas aportaciones a tener en cuenta desde la izquierda. En primer lugar, supone la resistencia a un golpe de Estado llevado a cabo con el apoyo de EE.UU. y la Unión Europea. Pero el proyecto de Novorrosiya no es regresar a la situación anterior a febrero de 2014. De hecho, Ucrania, en el momento en el que desapareció la URSS era una de la repúblicas más ricas, ahora en cambio, es una de las repúblicas más pobres de la antigua URSS (debemos recordar que en 1991 más del 70% de la población de Ucrania se opuso a la desintegración de la URSS). El Estado ha permanecido durante 20 años supeditado al dominio sin control de la oligarquía, bajo gobiernos de todos los colores (también bajo mandato de Yanukovich, pese a que respetaba las formas democráticas). Por ese motivo, el proyecto Novorrosiya no es únicamente una respuesta al Maidan, es mucho más que eso.

¿Qué más supone?

Por una parte, tenemos algunos indicios de la política de Novorrosiya. Primero, han expresado su deseo de confiscar y devolver al pueblo los bienes de los oligarcas y lo han llevado a cabo. En segundo lugar, han manifestado que la gran industria pasará a manos de la “propiedad popular”, (palabras del comandante Mozgovoy). Además de esto, sus dirigentes han manifestado que en Novorrosiya la sanidad será pública y el suelo, propiedad del pueblo, no sujeto a especulación. Querer poner la economía al servicio del pueblo y no al servicio de los oligarcas supone, en cierto modo, una pequeña revolución. Por otro lado, no se puede olvidar que también están presentes los valores nacionalistas o bien eslavófilos. Tal vez esto ponga nervioso a algún izquierdista, y es normal. Sin embargo, en el actual mundo globalista (aún más en un contexto de ataque imperialista a Rusia y al mundo eslavo), valores colectivos como patria o pueblo pueden llegar a ser eficaces para vertebrar la resistencia; por otro lado, muchos pensadores del mundo eslavo han interpretado el valor del eslavismo basado en el comunitarismo. La misma bandera de Novorrosiya también muestra esa conjunción entre los valores colectivos socialistas y nacionales.

Esta expropiación de la oligarquía, junto al derrocamiento de esta clase social que, tras la caída de la URSS se adueñó del Estado y de la economía tanto en Ucrania como en Rusia, conlleva la impugnación de ese mismo proceso político de desaparición de la URSS. Las amplias masas de la antigua URSS, ven de por sí que la aparición de los nuevos Estados capitalistas no les ha beneficiado en absoluto. El mito de la victoria definitiva del capitalismo se ha desmoronado. De esta manera, aunque Novorrosiya signifique algo nuevo, plantea al mismo tiempo un “retorno”, la devolución de “algo que nos robaron”. Las conquistas históricas de los trabajadores y de la URSS, así como la victoria lograda en la Gran Guerra Patria, se están valorando de nuevo en Novorrosiya.

El periodista catalán Rafael Poch decía que la clave del éxito en las movilizaciones de Euromaidan (además de la intervención exterior) era la capacidad de “vender un sueño”; ya que la Unión Europea tenía más atractivo que Rusia para un amplio sector de la población (sobre todo para los jóvenes). Y el sueño, como todos sabemos, es un factor de movilización importante. Pero, ¿por qué las Repúblicas Populares de Novorrosiya han conseguido no solamente que la gente rechazase el sueño de la Unión Europea sino también que se identifiquen con Rusia y, además, estar dispuestos a movilizarse en una guerra contra un ejército mucho más poderoso?

Por un lado, tenemos a la Unión Europea y sus políticas, establecidos como consecuencia del golpe de Estado del Maidan. Recordemos que el Maidan se inició ante la negativa del anterior gobierno de Ucrania a integrarse en Europa Occidental. Y las banderas que se vieron en el Maidan fueron las de la Unión Europea, contando con toda la ayuda de los políticos de la Unión Europea. Por otro lado, las fuerzas de choque del Maidan han sido los partidos de extrema derecha y los grupos paramilitares, los mismos partidos que en este momento componen los batallones que están atacando Donbass. La política impuesta por la Unión Europea al gobierno maidanista ha supuesto precisamente una mayor desprotección de los trabajadores: de hecho, el gasto público y el gasto social (transporte, agricultura, jubilación, productos farmacéuticos) han disminuido. Los límites impuestos a la industria nacional, están perjudicando precisamente a las zonas industriales, las del Este, las que están viendo nacer el Estado de Novorrosiya. Y para finalizar, el Maidan ha colocado como presidente a un oligarca de la época negra, Petro Poroshenko. La realidad del Maidan ha fortalecido a los oligarcas de Ucrania y debilitado a la clase trabajadora.

Por otra parte, cuando ahora en Novorrosiya se menciona a “Rusia”, no se está mencionando el apego a las políticas del Kremlin y, en muchos casos, tampoco el deseo de incorporarse al (actual) Estado Ruso. Para ellos “Ruso” posee otro sentimiento y significado: la resistencia a la integración europea y a su programa político y económico (los cuales tendrán un efecto muy negativo en las industrias de Donbass), la fraternidad con Rusia, sentirse parte del “mundo ruso” (cuyo significado es más amplio que “Rusia” o “Estado Ruso”) y de su tradición histórica; por ejemplo, la revolución de 1917 y sobre todo la Gran Guerra Patria de 1941 a 1945 se tienen muy en cuenta entre las masas de Novorrosiya. Al decir “Rusia” no se refieren tanto a las políticas actuales del Kremlin (conjunción de estatalismo y capitalismo, con cierto barniz conservador) sino a “No a Occidente”. Y la alternativa a Occidente hoy en día la encuentran en la “idea de Rusia” o “el mundo ruso”. No se refieren a la Federación Rusa sino a un proyecto nuevo que se construirá en “nombre de Rusia”. Al mismo tiempo, quieren poner de manifiesto su rechazo a esta “post-Ucrania” surgida como consecuencia del golpe de estado (2).


Novorrosiya está naciendo y, como hemos dicho, es un proyecto basado en una economía popular antioligárquica y en el eslavismo. En este momento, es difícil adelantar cuál será la forma concreta que tomará siendo una composición de elementos tan plurales. De hecho, también se dan ciertas diferencias entre los líderes; por ejemplo entre el más nacionalista ruso Igor Strelkov y o los más rojos Aleksei Mozgovoy y “Motorola”. Quizá pueda darse otro 1917. O pueda surgir un socialismo comunitarista eslavo que una el socialismo con los valores comunitarios eslavos. De un modo u otro, quedará quebrada la continuación de la victoria del liberalismo de 1991. De hecho, nacerá un Estado diferente a los de estilo individualista o capitalista. Hoy en día, los diferentes imperialismos occidentales (tanto EE.UU. como la UE), santifican el individualismo y el liberalismo. Los Estados soberanos o antiatlantistas del mundo (de muy diversas ideologías), además de la soberanía, han desarrollado un cierto tipo de ideocratismo, es decir, tienen un ideología-fuerza y actúan de acuerdo a él (el bolivarianismo, el nacionalismo o el islamismo), sirviendo esto al mismo tiempo para hacer frente al atlantismo y a la globalización; pero también simultáneamente haciendo cambiar de dirección a la sociedad hacia los principios enfocados más a la “comunidad” (3). De este modo, el nacimiento de un Estado “comunitario” nuevo, será un fracaso político, económico y geopolítico del liberal-capitalismo.

Karl Marx, a propósito de la revolución europea de 1848 (en la que apareció por primera vez el proletariado como sujeto político, a pesar de no obtener una victoria política), dedujo que la burguesía nunca cumplía por completo el programa de la revoluciones democrático-burguesas, es decir, el programa de sus revoluciones; que el mejor modo de cumplir el programa democrático de la burguesía era la victoria del proletariado. El alzamiento del Maidan, totalmente apoyado por los oligarcas “liberales” y alentado por los “liberales” europeos, se convirtió en masivo en torno a las consignas “democracia”, “independencia” y “terminar con el poder de la oligarquía!”. En ese alzamiento se reunieron miles de personas desesperadas que quisieron buscar una solución a la deriva del Estado y la sociedad ucranianos y, por supuesto, una gran parte del pueblo se pudo sentir identificado. Pero el Euromaidan no cumplió el programa de sus eslóganes; ¿cómo podía cumplirlo un movimiento financiado y apoyado por oligarcas internos y externos, y llevado al poder por los paramilitares de extrema derecha? Aunque parezca paradójico, los tres puntos del programa del Maidan: la democracia (la elección de autoridades locales, en lugar de colocar gobernadores de ultraderecha en el Este, pluralidad en vez de prohibición de partidos), la soberanía (la economía para el pueblo y no para los oligarcas o para Bruselas) y el derrocamiento de los oligarcas (y no darles poder, que es precisamente lo que Maidan ha supuesto), se han cumplido en Novorrosiya. ¿Es acaso Novorrosiya la verdadera materialización del programa del Maidan? ¡Qué paradoja! (4). Sin embargo, existen dos claves para comprender esta paradoja: por un lado, el Estado que debía derrocar el Euromaidan y el mismo Euromaidan eran sostenidos por la misma clase, la oligarquía. No ocurrió como en 1848, donde el liberalismo derrocó al anterior feudalismo, sino que un grupo de oligarcas derrocó a otro grupo de oligarcas para perpetuar la situación posterior a 1991. No fue una “revolución burguesa” (1789-1848), sino una “continuación burguesa” y mucho menos “democrática”, ya que ha supuesto una restricción de la democracia. En segundo lugar, la ideología utilizada para cumplir el programa movilizador del Maidan fueron el banderismo (5), el anticomunismo y el ultranacionalismo ucraniano; para muchos trabajadores ucranianos, que recuerdan la guerra de 1941-45, esto resulta totalmente insultante. La idea central para la movilización de Novorrosiya, ha sido la tradición soviética y sus logros. Como ideología movilizadora igualitarista el socialismo soviético es mucho más apropiado que el fascismo banderista.

Hay diversas maneras de entender el nacimiento de Novorrosiya, pero Novorrosiya, por el simple hecho de existir y de luchar en este momento, ha ofrecido tres aportaciones importantes a la izquierda mundial. Las aportaciones son las siguientes:

– La importancia del proletariado: Novorossiya es un Estado que ha surgido (de momento) principalmente en la zona minera de Donbass. El pilar social del nuevo Estado son los mineros de Donbass. Las ideas que una y otra vez mencionan tanto los luchadores del nuevo Estado como sus líderes han sido recuperar la “dignidad de los trabajadores” y “devolver al pueblo los bienes robados por los oligarcas”. La recuperación de un tipo de economía popular es la primera preocupación del Estado (en cierto modo algo parecido a lo que sucedió en la época de la URSS o, al menos, similar a los esquemas de aquellos tiempos); restituir la gigantesca usurpación de los oligarcas de 1991. Debemos tener en cuenta que el Maidan ha fortalecido el poder de los oligarcas, y su programa económico, esto es, la integración en la UE, la pérdida de la soberanía económica de Ucrania y la reducción del gasto público hacían peligrar el futuro de las industrias de Donbass. Es decir, esto prueba que estaban equivocados los que pensaban que en Europa el proletariado estaba muerto como sujeto político (principal) y había que supeditarlo a nuevos sujetos (“ciudadanos”, “precarios”, “jóvenes”, etc.).

– Está sucediendo en la misma Europa, no en Latinoamérica, en África o en Asia. Es decir, no en territorios lejanos, en territorios en los que no se ha dado de por sí un sólido capitalismo liberal (o según la propaganda liberal occidental, “en los territorios que, de por sí, son dados al populismo”); sino en un continente en el que el capitalismo se ha desarrollado por completo, es decir, en un territorio donde el capitalismo “completo” (liberal, que ha tenido cierta continuidad) existe como alternativa. Novorrosiya demuestra que el capitalismo no es el camino hacia la prosperidad o la democracia.

– Recupera de nuevo para la izquierda, para los socialistas y para los pueblos soberanos el cambio de gobierno y la rebelión como instrumento e icono. Desde el año 2000 hasta ahora, las “rebeliones” y “movilizaciones populares” se han convertido en un instrumento utilizado por George Soros y sus cachorros: señal de ello ha sido la sucesión de “revoluciones de colores”. En esas “revoluciones de colores” (en las que la pilar social solía ser la población joven de la clase media), se evocaba la “utopía”, el “futuro”. También se utilizaban símbolos anticapitalistas (no así el discurso y la práctica anticapitalista, pero sí los símbolos y los gestos de visibilidad asociados al mismo). Las nuevas generaciones de la derecha neoliberal han conseguido interiorizar (y utilizar) ese anticapitalismo icónico confundiendo a la izquierda y condenando a la izquierda antiimperialista a una situación de pasividad. En esta última década, palabras como “revolución” se han utilizado contra la soberanía y la resistencia, y el “poder popular” contra las clases populares. De este modo se ha conseguido confundir a la izquierda (también a la “izquierda radical”) y, en algunos casos, colocarla a favor de la agenda imperial. Después de la sublevación del pueblo de Novorrosiya, la izquierda ha planteado por su cuenta un nuevo proyecto quebrando el llamado “statu quo” (el poder de los partidarios del Maidan y los oligarcas). En la iniciativa política se ha dado un cambio: los símbolos asociados al arsenal icónico del anticapitalismo, “utopía”, “futuro” o armas como la “protesta social” ya no están en manos de los capitalistas neoliberales o de los globalistas. El anticapitalismo y el antiimperialismo pueden recuperar la iniciativa política e ideológica en lugar de limitarse a defender un “statu quo” “mejor posible”.

Alguien puede decir que el Estado de Novorrosiya no es “completamente socialista”, que no defiende al 100% el marxismo, que también están presentes valores en cierto modo nacionalistas o tradicionalistas, o que su tipo de socialismo no es el de nuestro modelo. Pero nos sorprende el poco apoyo que ha recibido por parte de la izquierda de Europa siendo el eje el socialismo y el antifascismo.

¿Por qué la izquierda (radical) europea no ama a Novorossiya?

Este nuevo Estado no entra en ninguna lista de “modelos ejemplares” que maneja la izquierda europea actual, que prefiere proyectos y modelos inconcretos. Tampoco en la lista de menciones de los independentistas, que mencionan a Cataluña y a Escocia, pero no a un Estado independizado y ya constituido. Además, Novorossiya nos plantea un modelo socioeconómico propio; esto es su independencia va aparejada a un proyecto políticamente alternativo. Hoy en día en el independentismo se han puesto de moda los discursos que van “más allá del nacionalismo”; Novorrosiya es ahora la pionera en utilizar la independencia para promover políticas diferentes. El proyecto del nuevo Estado se ornamenta en un discurso que descansa sobre bases materialistas y con centralidad en la clase obrera.

Ante esta realidad debemos de preguntarnos por qué la izquierda europea no ha hecho suyo el intento de Novorossiya. Podemos aducir muchas razones para ello, pero todas ellas se resumen en una: que este proyecto es incómodo para los esquemas ideológicos mentales previamente construidos (el politólogo George Lakoff ya advirtió que antes una contradicción entre el esquema teórico y la realidad, se tiende a desechar ésta última). Concretando, podemos enumerar esas razones de esta manera:

– Políticas del poder y/o militarismo: dentro de la izquierda occidental se ha extendido en demasía un discurso opuesto a los ejércitos, o por lo menos al llamado “pensamiento militar” o los “Ejércitos jerarquizados” (no tanto contra las organizaciones militares que mantienen una imagen de “insurgencia”, debido a que estos no entran en la categoría de “ejércitos disciplinados”). Debido a esto, el proceso de Novorossiya les/nos disgusta, ya que el ejército y la disciplina ocupan un lugar central en el mismo. Como en cualquier revolución nos encontramos ante un proyecto para tomar el poder, o mejor dicho, para destruir las estructuras de poder del enemigo. Ahí se sitúa el campo político clásico de las revoluciones: los clásicos de la revolución siempre dijeron que “todo lo que no es poder es ilusión”. Esto es, la dialéctica entre las clases se coloca en la cuestión del poder (Lenin). Pero hace mucho tiempo que la izquierda occidental se olvidó de crear una interpretación positiva del poder, todas las interpretaciones del mismo son negativas (la izquierda radical europea se define en muchas ocasiones como “antipoder”. El “contrapoder” hoy en día, en palabra de la “izquierda radical”, no es entendido como el embrión del nuevo poder; sino como un eslogan o dogma filosófico). Entonces nos encontramos que la “izquierda radical” no tiene ninguna estrategia para tomar el poder, ya que condena esa misma noción. Así las cosas, no es sorprendente que mientras se abusa retóricamente de la “revolución” no se dé ningún paso, ni teórico ni organizativo, hacia dicha revolución. De este modo la revolución se convierte (rebaja) a objeto de culto, a deseo. La izquierda europea es capaz de elevar a la categoría de “revolución” cualquier protesta vecinal, como si en su propia impotencia esperase que “otro alguien” le haga la revolución “por encargo”; pero como no ama las características de las verdaderas revoluciones (consecución del poder, dialéctica del poder, disciplina), condena las revoluciones reales.

-Sistema de valores “periférico”: Una parte del proyecto político de Novorossiya se basa en el reconocimiento de los valores eslavos o “rusos”, o mejor dicho en el rechazo de los valores occidentales. La izquierda actual, sobre todo tras la caída de 1991, ha aceptado el mito eurocentrista sobre la “civilización occidental” como único camino de progreso, y como parte del mismo, el lema de “Europa, patria de la Ilustración” y que cuya cultura es la única cultura “neutral” (6). De ahí deduce que todos los proyectos políticos ajenos a este sistema de valores son a-democráticos, “reaccionarios” y/o “autoritarios”, y más en el caso de una civilización como la rusa, tan denostada últimamente. La izquierda europea, también la “izquierda radical”, toma el liberalismo “democrático”, que es el objetivo del sistema de valores occidental, como una “estación histórica necesaria”, como un paso necesario para cualquier proceso progresista. Prácticamente, la izquierda está repitiendo el mismo error que los mencheviques cometieron en 1917: Rusia necesitaba “modernizarse” antes de emprender el camino al capitalismo, debía de aprender primero del capitalismo occidental para estar realmente “madura” para el socialismo (Lenin, desarrollando el “análisis concreto de la realidad concreta” les dio una magnífica respuesta en forma de Revolución Socialista de Octubre).

La izquierda europea (también la radical) desconfía de los antes mencionados Estados ideocráticos, y así se aproxima demasiado a sentir la necesidad de “liberalizar” dichos Estados, a atraerlos hacia el sistema de valores occidental. Esto es, los atlantistas y una parte de la izquierda europea sostienen que para que Rusia sea un ejemplo político o para que sea un terreno o actor legítimo de un programa de cambio debe renunciar a su personalidad o a su camino propio para el desarrollo cultural y económico, debe “occidentalizarse” (¿o acaso “desrusificarse”?); aunque todos, y también la izquierda europea, sabemos que la muerte de la ideocracia puede abrir las puertas al peligro del neoliberalismo. Y aquí aparece el peligro de identificarse con las políticas de “revoluciones de colores” de Soros, debido a que este filántropo utiliza símbolos tan atractivos como “revolución” o “protesta” para forzar la occidentalización de sistemas de valores no-occidentales, solucionando de paso ese dilema de la izquierda. Esto es, utiliza formas e instrumentos del gusto de la izquierda para cumplir con sus objetivos políticos y para confirmar los “análisis” de cierta “izquierda radical”. Unos, la izquierda eurocentrista, ven la “liberalización” del sistema de valores ruso como un paso intermedio, otros, los liberal-atlantistas, como su objetivo final; pero ambos coinciden en el camino de este proyecto histórico (7). Contextualizando este ejemplo en nuestro país, numerosos políticos, intelectuales y opinadores que “comentan” sobre el País Vasco presentan la identidad vasca (o sus características) como “nacionalista”, “identitaria” o “premoderna” per se, mientras que los la identidad española sería “neutral” o sobre todo “democrática e ilustrada” (esto es, el único camino para ser demócrata y/o progresista sería tener la identidad española). Así consigue el nacionalismo español (tan o más nacionalista y agresivo que otros nacionalismos) presentarse a sí mismo como “no-nacionalista”, mientras de paso ata las manos de parte de la izquierda española que cree seguir el mandato ideológico de la “oposición al nacionalismo”.

– Porque la izquierda occidental ha perdido capacidad de “proponer”, limitándose a “oponer”. La izquierda occidental ha sustituido el análisis materialista por el postmodernismo, el programa por la “actitud opositora” y la lucha de clases por la “deconstrucción del sistema”. Esto es, la “izquierda radical”, llevada por la reproducción y atomización de luchas y sujetos (ecologismo, “participacionismo”, horizontalismo, ciudadanismo, lucha estudiantil), identifica al enemigo… pero no en términos de clase o económicos sino en términos maniqueos o morales (por tanto, trascendiendo las categorías de clase): el terreno de la lucha pasa de ser colectivo (de clase) a ser individual (moral), convirtiendo la liberación de la conciencia en un objetivo primordial; ahora es imperativo desarrollar la “oposición al sistema” cotidiana de cada individuo, a pesar ser incapaces de plantear acciones colectivas influyentes. Una de dos: o para la izquierda europea la liberación de clase ya no es suficiente, o ha desarrollado cierto “desprecio” por la clase trabajadora como parte necesaria del sistema productivo (en lugar de ser una víctima del mismo por la extracción de la plusvalía; sería cómplice por el nivel de consumo, la “baja” concienciación, o por no compartir los nuevos cánones de la “izquierda radical”, o por cualquier otra razón). Esto es, los nuevos paradigmas ideológicos han llevado a que la izquierda europea arrincone a la clase obrera en lugar de tratar de atraerla. Y aquí nos encontramos con otro problema de la “izquierda radical” europea: se ha exigido tanto a sí misma en tan diversos campos que ha dejado el avance de la clase obrera en su segundo plano, que ve las luchas basadas en la centralidad de los trabajadores como “incompletas”. La “izquierda radical” ha acabado por arrinconar toda la tradición clásica de la izquierda. Las grandes victorias y logros pasados de la izquierda hoy en día se ocultan en nombre de la condena de la “ortodoxia”. Las ideologías o teorías coherentes y sólidas son denostadas como ejemplo de “ortodoxia”. Se ha endiosado la “heterodoxia” que paradójicamente se convierte en una nueva ortodoxia. Y la antes mencionada política del poder es condenada por “autoritarismo”, ya que el “antiautoritarismo” se ha convertido en un nuevo dogma. Y siendo la URSS el “Gran Satán” que encarna “ortodoxia” y “autoritarismo” a un tiempo, la izquierda influenciada por las modas ideológicas actuales se siente incómoda ante una Novorossiya que recuerda en cierto modo a una nueva URSS.

– Purismo: Como antes hemos comentado, una parte de la izquierda radical no ama los procesos “eclécticos”, esto es los que no siguen rígidamente (según una rigidez preestablecida por uno mismo) el marxismo-leninismo. A menudo, estos mismos son quienes tildan de “reformistas” los procesos bolivarianos de América Latina. Pero la capacidad que estos críticos han mostrado para la construcción o como poco para la influencia en sus países, en Europa, (quizás, salvo en Grecia) ha sido mínima. Pero… ¿no es la crítica un deber de todos los revolucionarios para el bien de la revolución? ¿No es la crítica dialéctica el camino hacia el progreso? ¿No tiene Novorossiya aspectos criticables desde un punto de vista marxista? La respuesta a las tres preguntas es un sí; son preguntas muy razonables. Pero la crítica, para que sea honesta, debe ser formulada siempre en pos de ayudar en la dirección revolucionaria, para mejorar esta. Para ello, además de mencionar los elementos negativos de un proceso, deben de señalarse las razones de la presencia de dichos elementos, además de contrastarlos con los elementos positivos. En este caso se debería de examinar y valorar el potencial obrero de Novorossiya. Estamos ante el primer desafío político a los regímenes oligárquicos que sucedieron a la URSS, un desafío político que abre nuevas oportunidades (y no ha costado barato, han muerto más de 6.000 civiles en Donbass). Esta voluntad de resistencia no ha demostrado ningún otro pueblo europeo en los últimos años.

– Algunos movimientos de izquierda o independentistas consideran a la Unión Europea como un aliado. También en nuestro país se ha llegado a ensalzar el hundimiento de los Estados socialistas multinacionales y la aparición en su lugar de Estados-nación capitalistas como “procesos ejemplares para la independencia” (casos de la URSS y Yugoslavia); aunque esos Estados no hayan sido tanto fruto de un deseo de “liberación nacional”, sino de la desestructuración de los anteriores Estados multinacionales (desestructuración que ha afectado negativamente sobre todo a las clases populares). Esos procesos fueron patrocinados por la UE, y por ellos algunos pueden esperar que la UE se comporte también en su caso como “defensor del derecho de autodeterminación”; olvidando que la UE se mueve por sus propios objetivos políticos y geopolíticos, no por la defensa de la autodeterminación.

Además aquí nos encontramos con otro factor. Muchos movimientos de izquierda independentista, ante el análisis de un conflicto internacional, quizá con el deseo de establecer paralelismos con su caso propio, acuden a revisar la posición de la “minoría nacional” de turno, como si el hecho de ser “minoría étnica” presupusiese una posición política progresista (eso explica la posición irresponsable ante las agresiones a Yugoslavia y Siria). Se preestablece que allí donde hay una minoría étnica esa minoría está siempre oprimida, si sentir ninguna necesidad de analizar la historia local (y suponiendo que las posiciones de esa minoría son monolíticas); por tanto, estos movimientos actúan como si la contradicción principal universal fuese entre la “minoría étnica” y el “Estado local”. Esto nos lleva a confundir el defender el derecho inalienable a la autodeterminación de los pueblos, con defender un proyecto-consecuencia que puede derivar del mismo, la consecución del “mapa de las etnias/ naciones” en mapa político (por tanto a defender el Estado-nación como el único modelo posible). Este tipo de visión no tiene en cuenta es aspecto político del problema ni el análisis concreto de la situación. Al fin y al cabo nos lleva a considerar las etnias y los pueblos como parte de un “mundo abigarrado” postmoderno, y no como sujetos con proyectos políticos o parte de una lucha internacional; y a considerar la autodeterminación y la independencia más como un derecho o un proyecto (y son ambas cosas: derecho y proyecto), como un fetiche. Esta visión deja a la izquierda inerte cuando el imperialismo juega la “carta nacional” contra los Estados soberanos. Jakina, halako ikuspegiek arlo politikoa eta egoeraren analisi konkretua ez dute kontutan hartzen. Azken finean herriak eta etniak, “mundu koloretsu” postmoderno baten parte izango balira hartzen dira, proiektu politikorik gabekoak edota borroka unibertsal baten parte izango ez balira bezala; eta autodeterminazioa eta independentzia, eskubide bat edota proiektu bat baino (eta badira bai eskubide eta bai proiektu) fetix bat balitz bezala. Horrek ezkerra ahul uzten du inperialismoak Estatu burujabeen aurka “karta nazionala” jokatu nahi duenean.

¡Pero, ojo! ¿No se han dado casos de limpieza étnica contra los “ucranianos orientales” en Ucrania? ¿Acaso no ha vaciado Slaviansk para llenarlo de “población leal”, de ucranianos del oeste? ¿No se han dado casos de violaciones y masacres masivas? ¿No se ha dado el mayor desplazamiento de población civil dede la II Guerra Mundial? Sí, así ha sido. ¿Entonces por qué no se muestra solidaridad con ésta “minoría nacional”? La respuesta es bastante simple: los “rusos” (ucranianos prorrusos) no están “oficializados” como “minoría étnica”; los “rusos” nunca son “víctimas”. Esto se vincula con algunos de los puntos ya mencionados: es tanto el rechazo hacia los “rusos” que sen os hace imposible pensar que los rusos puedan ser víctimas. Un caso es el de Crimea: se mencionaba una y otra vez a los tártaros en lugar de a los rusos (pueblo en riesgo por la Junta golpista, mayoría en Crimea, y además, Crimea fue Rusia hasta 1954) antes de tomar una posición.

– El “mito Putin”: Se ve a manudo la sombra de Putin tras Novorossiya (al igual que antes se veía tras la decisión de Yanukovich de decir “no” a la UE). Y hoy en día en Occidente es necesario renegar totalmente de Putin. Aun siendo paradójico, se imputa a Putin tanto el mantenimiento de la legalidad (Yanukovich) como la incitación a la rebelión (Novorossiya). Esto es, como hay “imperialismo ruso” y como todo imperialismo es malo, se encuentra la excusa perfecta para que nuestras conciencias se abstengan de tomar partido. Además este mito tiene un complemento, el de la homofobia y/o el machismo de Putin (que ha formado parte desde el inicio de todos los análisis), como si fuese la encarnación del patriarcado, tal y como un grupo de performance ha establecido y la izquierda europea inocentemente ha difundido (causando el conocido efecto psicológico obvio entre los partidarios de la izquierda). Aun así, en relación con este mito debemos plantearnos ciertas cosas. La primera en torno a la verdadera implicación de Putin. Casi nadie se ha planteado esto, pero la realidad es que las relaciones entre Yanukovich y Putin eran muy tirantes y que la implicación de Putin en el conflicto ha sido mucho menor que la de Occidente tanto en la fase anterior como posterior de la toma del poder por parte del movimiento Euromaidan (no pidió a Yanukovich el paso libre sin aranceles de productos rusos por Ucrania, tampoco que se uniese a la Unión Aduanera, después ha reconocido Poroshenko y ha impulsado un alto el fuego contrariando a los rebeldes). La segunda sobre su machismo y/o homofobia y la utilización de esto en torno al conflicto ucraniano. No seré yo quien defienda la ley rusa sobre la homosexualidad, me parece bastante perjudicial; pero me parece legítimo plantear que se expliquen las verdaderas consecuencias de esta ley (ha habido múltiples falsedades y exageraciones: como que se prohíbe el sexo homosexual o que se envía a los homosexuales a hacer trabajos forzados). Hay que recordar que Putin no es un dirigente ucraniano, por tanto si queremos analizar la situación de Ucrania sería más coherente preguntarnos por las consecuencias del movimiento Euromaidan para los derechos de los homosexuales ucranianos que por las opiniones de un político extranjero. Los que mencionan una y otra vez a los “homosexuales oprimidos por Putin” deberían (si de verdad les importan los homosexuales) preocuparse más por lo que puede suponer la toma de poder por un Gobierno repleto por los ultraderechistas para los homosexuales ucranianos. Por otra parte, no he visto a nadie que difundía el mito del “dictador machista” denunciar las violaciones sistemáticas de la Guardia Nacional Ucraniana (por ejemplo en Saurovka), crímenes denunciados por organizaciones feministas ucranianas. Esto hace suponer que la mención reiterada a Putin no es más que una excusa para mantener una posición supuestamente neutralista.

Cuando la independencia y el socialismo se están gestándose en la misma Europa, miramos a este proceso con más desconfianza que ilusión. Estamos a tiempo de corregir esto. Pero para eso debemos de superar el “complejo carlista” tan enraizado en la izquierda, que nos condena a estancarnos en una pura pose rebelde sin ninguna estrategia eficaz, a aguantar renunciando a la dialéctica del poder, y en último término a la derrota. Debemos de dejar de buscar el permiso o la legitimidad moral de nadie.

Notas:

(1) A partir de aquí nos referiremos al nuevo Estado (tanto a la parte constituida como a la “parte-proyecto”) como “Novorossiya”, con el objeto de abreviar. También se ha utilizado el nombre de “Estado Federal de Novorossiya”.

(2) Ucrania, como Estado, se creó por vez primera en el marco de la URSS (y bajo ésta se configuró con las fronteras que han durado hasta 2014), y como Estado independiente nació en 1991. Dentro de ésta última Ucrania se encontraron bolsas de población con historia y valores totalmente contrapuestos; encontrándonos con una división entre Ucrania Occidental y Oriental. Desde 1991 hasta nuestros días, pero a que el Estado ucraniano intentó equilibrar ambas almas, falló en crear y en socializar una narrativa compartida de la nación. El golpe de Estado de febrero de 2014 ha traído la monopolización de la idea de Ucrania por un sector de la misma, por el sector occidental; mientras que la población oriental se ha alejado de esa “nueva Ucrania”.

(3) El concepto de Estado ideocrático que utilizamos en este artículo no debe confundirse con el concepto de un Estado anticapitalista o socialista (ya que algunos Estados que englobamos en esta categoría se rigen por el modo de producción capitalista). Las características que comparten los Estados clasificados en esta categoría son: a) no se reivindican como parte de la “cultura de la victoria” del final de la Guerra Fría; b) tienen valores culturales comunitarios, diferentes a los hegemónicos; c) la principal definición ideológica de la relación entre Estado y población no es el “mercado libre” (o derivados); y d) debido a la voluntad de conservar los anteriores valores, tiene un comportamiento geopolítico independiente.

(4) Algunos líderes de Novorossiya, como Alexandr Zajarchenko o el comandante Alexei Mozgovoy ha expresado también esta idea.

(5) Hacemos aquí una referencia al cabecilla fascista ucraniano Stepan Bandera (1909-1959). Bandera fue un colaboracionista de Alemania durante la II Guerra Mundial, y hoy en día es un ídolo de fascistas y anticomunistas ucranianos.

(6) Marx dijo que “las ideas de la sociedad son las ideas de la clase dominante”; trayendo esa definición al sistema de valores, podemos decir que la cultura hegemónica presenta sus ideas como “la cultura estándar del mundo”, como el reflejo del progreso civilizatorio. Cualquier propagandista colonial conoce esta lección y la aplica; los izquierdistas también deberían conocerlo.

(7) Un ejemplo paradigmático de lo dicho aquí lo tenemos en el caso de Pussy Riot (el objeto de este artículo no es defender o atacar a dicho grupo, y menos defender la limpieza del sistema judicial ruso, pero es preciso aclarar unas cosas). Cuando este grupo realizó su famosa acción, a la izquierda el análisis le pareció fácil: un grupo “punk”; “anarquista”, “feminista”, “revolucionario” de un lado; y del orto la Iglesia Ortodoxa “conservadora” y “autoritaria”. Por tanto se nos hizo fácil tomar partido. Pero analizando más detenidamente la situación, nos damos cuenta de qué contexto salió ese grupo y por qué eligieron al iglesia Ortodoxa como blanco. El activismo político de Pussy Riot se ha circunscrito en el de las clases medias “Modernas” de Moscú (esto es, típica clase que es el pilar de las “revoluciones de colores”), no es casualidad su apoyo al político liberal de derecha Aleksey Navalny. Por otra parte, una vez que Rusia se ha alejado de la década “Liberal” de los 90 (la peor década de la Rusia moderna) evolucionando hacia un modelo “ideocrático”, precisamente son los símbolos de esa “ideocracia” las puestas en mira por Pussy Riot: la acción en la iglesia Ortodoxa fue la más conocida pero ya atacaron antes a símbolos del pasado soviético (y en el juicio, para denunciar el sistema judicial ruso, lo equipararon al “sistema judicial soviético”, impregnando de negatividad el concepto “soviético”); pero nunca contra los símbolos del capitalismo liberal que llevó a Rusia al cataclismo en los 90. Y es que sus mensajes no iban dirigidos a la población rusa (que vio este caso con indiferencia) sino a la población occidental: a los izquierdistas primero y a los liberales después (poco a poco iban solicitando a diferentes Estados sanciones a Rusia o ayuda para la “oposición liberal”). A fin de cuentas, mientras unos pensaban que defendían la “libertad punk”, insospechadamente había una agenda mayor oculta (nunca se realizó una campaña igual por los músicos detenidos en España). Prácticamente, los atlantistas consiguieron que los izquierdistas viesen con mejores ojos el “proyecto de liberalización de Rusia”.
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Un nuevo grupo guerrillero hostiga al Califato Islámico en Siria

Se ha dado el nombre de «Sudario Blanco» y ha desencadenado una guerra de guerrillas contra el Califato Islámico, especialmente en el este de Siria, utilizando los mismos métodos de acción que los fundamentalistas.

El grupo se compone de 300 militantes jóvenes y está dirigido por Aboud Aboud, quien ha manifestado que sus objetivos no son de tipo político sino que pretenden devolver golpe por golpe al Califato Islámico.

Se han dado a conocer con el lanzamiento de un ataque sorpresa contra Deir Ezzour, el principal bastión del Califato Islámico en el este de Siria. El grupo tiene su base de apoyo en Abu Kamal, una localidad cercana a la frontera con Irak y se ha especializado en fulgurantes ataques nocturnos llevados a cabo por pequeños destacamentos guerrilleros.

Según su portavoz Alí Al Kamali, actúan de manera coordinadada con otros grupos que también combaten al Califato Islámico y hasta la fecha han ejecutado a 100 milicianos de la organización fundamentalista.

«Sudario Blanco»
no es la única organización que actúa de esa forma contra las posiciones del Califato. También se conocen a otros grupos como el «Batallón de los Ángeles de la Muerte» y «Espectro» especializados en la caza implacable de los fundamentalistas.

La perfecta ejecución de las acciones ha desatado la sospecha de que los componentes de estas organizaciones han sido adiestrados por los servicios de inteligencia del gobierno sirio, si bien Offiziere, por el contrario, les relaciona con la oposición (*).

(*) Shadowy Terror Group ‘White Shroud’ Hits Back at ISIS, 31 de julio de 2014, http://www.offiziere.ch/?p=17419
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Al-Qaeda agarra la sartén por el mango en Libia

Juan Manuel Olarieta

Tras la intervención imperialista y el asesinato de Gadafi en 2011, decir que en Libia se impuso el caos es una redundancia que, por lo demás, no dice nada: ¿qué es el caos? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que cuando emerge, cualquier remedio es mejor. Por lo tanto se puede decir que el caos es aquello que hace bueno a quien venga después, a quien acabe con él. Pues en Libia eso es Abdelhakim Belhadj, al que los imperialistas pusieron de comandante militar de Trípoli durante la agresión.

Belhadj no es el caos, como habíamos creído, sino quien va a acabar con el caos. Además, es el cabecilla del partido Al-Watan (La Nación) a través del cual dirige la coalición Fajr Libya (Amanecer de Libia), compuesta por las milicias fundamentalistas de Misrata y Trípoli que en agosto acabaron con los grupos armados en Zintan, una ciudad situada a unos 160 kilómetros al sur de Trípoli que es clave para el control del aeropuerto.

Esta victoria militar ha puesto a Belhadj en el centro del tablero de ajedrez. Ya sabeis: el poder nace de la punta del fusil, o algo así decía Mao. Tras su hazaña ha saltado de los tiroteos callejeros al universo de la alta diplomacia. Ha viajado a Argel y París y también se ha entrevistado con el enviado especial de la ONU, Bernardino León.

En plena guerra civil la agencia rusa de noticias Ria Novosti ya denunció que la continua aparición de Belhadj en el canal de televisión Al-Jasira (que pertenece a Qatar, uno de los países implicados en el ataque a Libia junto con Estados Unidos, Francia, Inglaterra) presagiaba su papel clave en la Libia del mañana (*).

Acertaron de pleno. A finales de setiembre de este año Belhadj se entrevistó en Pretoria, Sudáfrica, con Jacob Zuma, que preside el comité de la Unión Africana creado especialmente para tratar la crisis de Libia, confirmándole que si bien había roto sus vínculos con Qatar por atizar la guerra civil en el país, los mantenía con el primer ministro turco Erdogán.

Además de furibundo antiislamista, Zuma siempre fue un valedor de Gadafi. Pero Belhadj le dijo lo que quería escuchar: le habló de reconciliación nacional, de incluir en ella a todos los libios sin distinciones, de perdonar a sus enemigos y, sobre todo, de poner fin al caos.

No hay nada como escuchar lo que uno quiere oir y Zuma salió de la reunión diciendo a los periodistas que Belhadj no era nada de lo que todos creíamos, sino que tenía talla de Jefe de Estado.

¿Qué es lo que hasta entonces creíamos de Belhadj? Pues que era uno de tantos terroristas de manual incubados por la CIA en las montañas de Afganistán, donde combatió a los infieles soviéticos al lado de los talibanes y de Al-Qaeda.

Precisamente por su pertenencia a Al-Qaeda, Francia siempre le denegó el visado de entrada, hasta que, por fin, las cosas se han aclarado: en Libia es posible que los terroristas de antes sean los gobernantes de ahora, así que hace unos pocos meses París invitó al viejo terrorista para ser entrevistado por una cadena de televisión y pronunciar una conferencia que, dicho sea de paso, fue reventada por los partidarios de Gadafi.

En 1992, después de que los talibanes masacraran Kabul, Belhadj se trasladó a Libia para hacer contra Gadafi lo que la CIA le había enseñado. Creó el Grupo de Lucha Islámica para combatir al gobierno, al servicio de los mismos, o sea, del imperialismo. Las Fuerzas Especiales de Estados Unidos entrenaron en secreto durante dos meses a sus milicianos, que lograron capturar Trípoli después de sangrientos combates.

Siempre creimos que Belhadj es uno de tantos peones, carne de cañón, una sospecha que se confirmó cuando las tornas cambiaron tras la voladura de las Torres Gemelas en 2001, momento en el cual Gadafi se arrodilló ante los imperialistas y, a cambio, estos pusieron al Grupo de Lucha Islámica en su listado de organizaciones terroristas, lo cual dejaba las cosas bien claras: eran ellos, los imperialistas, quienes habían estado entrenando a los terroristas. Toda una confesión de culpabilidad.

La carne de cañón, como Belhadj, es la mejor para hacer picadillo y los imperalistas lo aprovechan para cocinar sus guisos: tras el 11-S le sirvieron en bandeja a Gadafi al que hasta entonces había sido un fiel y devoto peón. En 2004 Belhadj fue detenido en el aeropuerto de Kuala Lumpur, Malasia, desde donde fue trasladado a Bangkok, Tailandia, donde estuvo retenido en una prisión secreta que tenía la CIA en el mismo aeropuerto.

Los imperialistas aún cometieron contra él una traición más repugnante, la tercera, cuando le entregaron atado de pies y manos en Libia. Se lo sirvieron en bandeja a Gadafi y permaneció siete años en la cárcel de Abu Salim, hasta que en 2010 fue amnistiado a cambio de renunciar al terrorismo.

En la cárcel de Abu Salim Belhadj fue interrogado por la policía española, que le acusa de ser el instigador del atentado contra los trenes de Atocha el 11 de marzo de 2004. Días antes de las voladuras “El Tunecino”, cabecilla de la célula del 11-M le llamó por teléfono. A su vez Belhadj también llamó a España dos meses antes del atentado. Su interlocutor fue Mohd Othman, un jordano que era socio de “El Tunecino”.

Quizá sea ahora el mejor momento para que la Audiencia Nacional emita una orden internacional de busca y captura. ¿O también le van a dar un visado, como Francia, para que venga aquí a pronunciar una conferencia al más alto nivel?

(*) Ex-líder de un grupo islamista fanático fundamentalista a la cabeza de los ‘rebeldes’ libios, 28 de agosto de 2011, http://www.voltairenet.org/article171236.html
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Estrategia

Washington se prepara para una nueva guerra mundial

El año pasado el diario británico The Telegraph (1) desempolvaba una reliquia sacada de los más oscuros archivos de los tiempos del Telón de Acero: en previsión de una Tercera Guerra Mundial los imperialistas tenían preparado incluso el discurso con el que la reina Isabel II anunciaría el inicio de las hostilidades.

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Noticias

La decapitación de Steven Sotloff tiene su lado oscuro

Juan Manuel Olarieta
Un portavoz del ministerio israelí de Asuntos Exteriores reveló a través de su cuenta de Twitter que Steven Sotloff, el segundo periodista estadounidense decapitado por el EIIL, había nacido en el seno de una familia judía sionista de Miami y que compartía su nacionalidad estadounidense con la israelí.

Inicialmente los detales biográficos se habían mantenido en secreto para no poner en riesgo la vida del supuesto reportero secuestrado que colaboraba con las revistas Time y Foreign Policy. Pero tras su fallecimiento algunos medios han desvelado nuevos datos del pasado de Sotloff: hizo su aliya (retorno a Israel) en 2005, seguido tres años después por un curso de formación en el Centro Interdisciplinario de Herzliya.

Esta última parte, su estancia en Herzliya, desapareció muy pronto de los medios digitales, pero se puede recuperar de la caché de Google. La desaparición tiene su importancia para quienes conocen el mundillo del espionaje: Herzliya es un semillero del Mossad.

De 2008 a 2013 Sotloff viajó por Oriente Medio como periodista independiente. Sus primeros empleos fueron en el Jerusalem Post y en Media Line, dos órganos próximos a la extrema derecha sionista.

Entre 2011 y 2013 Sotloff mantuvo una amistosa correspondencia con un viejo colega de la misma escuela de Herzliya, el  periodista israelí-estadounidense Oren Kessler (1), que vive en Londres, es miembro de la Henry Jackson Society, un influyente equipo de los sectores británicos más reaccionarios e islamófobos.

En una conversación con la revista digital Politico, Kessler reveló que durante sus viajes por los países árabes su amigo Sotloff había fingido ser musulmán. Otros testimonios corroboran que para explicar el origen de su apellido Sotloff afirmó ser de origen checheno.

Site Intelligence Group, el organismo que difundió el vídeo de su decapitación tiene su sede en Bethesda, Maryland, y también está ligado a la inteligencia militar de Estados Unidos e Israel, así como a la ultraderecha sionista. Requerido por varios medios para dar cuenta del origen del vídeo, Site ha afirmado que estaba en un servidor de intercambio de archivos, lo cual es falso.

La fundadora de Site es Rita Katz, hija de un judío irakí ejecutado en la plaza central de Bagdad por espionaje a favor de Israel. Katz creó Site en 2002 y durante seis años se albergó en los mismos servidores que acogen a varios medios digitales judío-estadounidenses.

Desde su llegada a Estados Unidos Katz colaboró tanto con el espionaje imperialista como con organizaciones sionistas, como el «Investigative Project on Terrorism». Se dio a conocer públicamente en 2003 cuando publicó su libro «Cazadora de terroristas» (Terrorist Hunter) en el que relata su infiltración en grupos islamistas.Rita Katz mantiene estrechos vínculos con Richard Clarke, el antiguo jefe de la lucha antiterrorista en Estados Unidos, así como investigadores en el Departamento de Justicia, el Departamento del Tesoro y el Departamento de Seguridad Nacional.

Su tinglado virtual Site sirve de referencia a las unidades antiterroristas de las policías del mundo ya que se dedica a la vigilancia de sitios islamistas de internet, publicando los documentos más truculentos que se atribuyen a Al-Qaeda, o incluso falsificándolos. En 2008 Site presentó una supuesta foto con la que los islamistas ilustraban los estragos de una explosión nuclear en Washington. En realidad la habían tomado de un vídeojuego (2)

Habitualmente Site colabora con un grupo denominado IntelCenter, una rama de iDefense, una empresa de Virgina de seguridad informática que forma parte de Verisign. IntelCenter está dirigido por N. Ben Venzke, que en enero de 2001 publicó un informe minucioso sobre el «ciber-conflicto palestino-israelí». Su personal forma parte de la inteligencia militar. Uno de ellos, Jim Melnick, es un antiguo responsable de operaciones psicológicas en los tiempos en que Donald Rumsfeld era secretario de Defensa, es decir, el encargado de fabricar mentiras.

La empresa analiza las publicaciones de internet sobre Oriente Medio y rastrea su origen y alojamiento. A veces IntelCenter también crea y difunde información, hasta el punto de que parece ser la empresa creadora  del sello As-Sahab, la supuesta editorial videográfica de Al-Qaeda, lo cual conduce a sostener que no sólo Al-Qaeda como organización es un tentáculo del Pentágono sino que el imperialismo produce y difunde sus truculentos vídeos cuando necesita justificar su política intervencionista.

(1) http://www.politico.com/magazine/story/2014/09/mourning-my-almost-friend-steve-sotloff-110525.html

(2) http://www.dcjunkies.com/showthread.php?4927-SITE-mistakes-video-game-image-for-terrorist-planning

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Alemania se acerca a Rusia y se aleja de Estados Unidos

Óscar Miguélez

El descubrimiento de dos espías dobles en el BND (centro alemán de inteligencia) ha levantado el tono de los ataques verbales contra Estados Unidos por parte de los políticos y la prensa alemanes. Bajo la retórica propia de la diplomacia oficial, hay marejada de fondo. La escasa magnitud del asunto no justifica el nuevo lenguaje que empieza a aparecer entre los imperialistas alemanes.

El 28 de mayo el BfV (Oficina federal para la protección de la constitución) desenmascaraba a un joven espía de 31 años que proporcionaba información a la NSA a través de la embajada de Estados Unidos en Berlín a cambio de cantidades ridículas de dinero.

Uno de los espías no era precisamente el 007 de las películas de la guerra fría, las persecuciones trepidantes y las chicas de buen ver. A los espías les basta con tener buenas orejas, mientras que el agente doble alemán era un joven minusválido de 31 años con una discapacidad motora y de la palabra, que trabajaba en el BND en Pullach, cerca de Munich, dentro de un departamento anodino: «Área de intervención/Relaciones exteriores».

Según las informaciones de la prensa alemana, contactó a finales de 2012 con Estados Unidos en la embajada de Berlín a través de correo electrónico ofreciendo sus servicios, seguramente porque con el sueldo no llegaba a fin de mes. Desde el inicio de su colaboración pasó unos 200 documentos secretos a cambio de 25.000 euros.

Inicialmente las informaciones de la prensa alemana dijeron que las filtraciones del espía se habían centrado en la obtención de información relativa a la comisión parlamentaria que investiga el espionaje de otros países (Estados Unidos) dentro de Alemania. Luego tuvieron que reconocer que era falso: sólo dos de los documentos entregados a la NSA pertencían a la comisión parlamentaria.

El «escándalo» de espionaje no era nada novedoso. Ni siquiera había tal escándalo. Lo realmente novedoso ha sido reacción política que le siguió, que alcanzó cotas extremadamente virulentas, desde luego inusuales cuando en Alemania se habla de un tema tabú desde la posguerra: las relaciones con Estados Unidos.

El escenario no se pudo seleccionar de mejor manera: inmediatamente antes de la recepción oficial del 4 de julio, la fiesta nacional estadounidense, el ministerio de Asuntos Exteriores convocó al embajador estadounidense en Berlín John Emmerson para una «entrevista».

Angela Merkel realizó su declaración en Pekín durante un encuentro con Li Keqiang, el primer ministro de China, uno de los principales rivales de Estados Unidos en el escenario internacional. La canciller alemana acusó a Estados Unidos de «abuso de confianza» y calificó los hechos de «muy graves» porque estaban en contradicción con lo que ella entiende como «una cooperación basada en la confianza».

El presidente alemán, Joachim Gauck, que comenzó su carrera política como jefe de los archivos de la Stasi, siempre había guardado un silencio escrupuloso sobre el espionaje de la NSA hasta la fecha. Pero esta vez se pronunció abiertamente en la cadena de televisión ZDF sobre las acusaciones de espionaje dirigidas contra Estados Unidos. Si fueran fundadas, dijo, «entonces estamos jugando con la amistad, con una estrecha alianza». «Ya basta», concluyó.

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, comentó el asunto mientras estaba de visita en Mongolia. Si las denuncias fueran ciertas, dijo, «no sería ninguna bagatela». Instó a Estados Unidos a «aclarar» el incidente tan rápido como sea posible, «por el propio interés de Estados Unidos».

A principios de julio Stefan Kornelius, redactor jefe de política internacional del diario Süddeutsche Zeitung, escribió: «Si se confirma que un servicio de inteligencia de Estados Unidos utiliza los servicios de un funcionario del BND como agente doble, Alemania y Estados Unidos entrarían en una crisis política de dimensiones desconocidas hasta el momento».

«Es así como se destruyen las alianzas», se lamentó Kornelius cuyo servilismo hacia Estados Unidos es bien conocido en Alemania. Para limitar el daño, hizo un llamamiento a Washington para «arrojar luz sobre las responsabilidades y las razones por las que un servicio de inteligencia amigo había sido infiltrado». Eso podría acarrear «consecuencias personales». ¿Personales?

Parece evidente que los imperialistas alemanes están rebotados, pero no hay proporción con otro tipo de «escándalos» anteriores, mucho más serios, que no merecieron reproches tan severos. El espía desenmascarado no era más que un peón, que son los primeros en ser sacrificados en el tablero. No desempeñaba ninguna función relevante dentro del BND, lo que se demuestra por su salario, muy modesto para lo que se acostumbra a pagar a los espías 007.

Muy poco antes de este «escándalo» el presidente del BND, Gerhard Schindler, defendía la cooperación de su institución con la NSA como algo indispensable. A su comentario le siguió inmediatamente la revelación de que entre 2004 y 2007 el BND había entregado a la NSA gran cantidad de información procedente de un centro de internet ubicado en Frankfurt. Si el BND y la NSA trabajan tan estrechamente, preguntaba un comentarista: ¿qué sentido tiene esta escalada verbal?

El agente doble no ha descubierto, pues, nada que no se supiera. Ante una comisión del Parlamento dos antiguos funcionarios de la NSA, Thomas Drake, y William Binney, ya habían testificado que los lazos entre los dos centros de espionaje eran tan estrechos que se podía calificar al BND como «un anexo de la NSA». Drake incluso acusó al BND de proporcionar datos a Estados Unidos para que llevara a cabo ataques con «vehículos aéreos no tripulados».

En comparación con las actividades de vigilancia destapadas por Snowden, este último caso de espionaje es más bien minúsculo. La NSA y otros centros de espionaje controlan a millones de personas de manera ilegal en Alemania, han llegado a colocar escuchas en los móviles de la canciller y registran todas las comunicaciones del gobierno alemán. Sin embargo, el gobierno de Merkel siempre ha minimizado los «escándalos».

Esta reacción alemana subida de tono tiene otro tipo de razones, que no están en el espionaje: indica un cambio de rumbo en la política exterior de Alemania. Desde que a finales del año pasado el actual gobierno asumió el poder, el ministro de Relaciones Exteriores Steinmeier, la ministra de Defensa, Ursula von der Leyen y el presidente Joachim Gauck, están promoviendo lo que eufemísticamente la prensa califica como «un papel más activo de Alemania en el mundo» y, naturalmente, un resurgimiento del militarismo alemán.

El giro en la política ha conducido a un giro en los medios de comunicación alemanes, que han empezado a exigir que el gobierno alemán «ponga fin a su diplomacia dócil hacia Washington».

La evidente expansión del imperialismo alemán sólo puede conducir, inevitablemente, a conflictos de intereses económicos y geopolíticos con Estados Unidos y, finalente, a la ruptura. Es el momento oportuno. Estados Unidos se retira de Irak, lo que supone un debilitamiento de su presencia en todo el Oriente Medio. Alemania quiere tomar el relevo.

Alemania sigue atentamente el enfrentamiento cada vez más abierto de Estados Unidos con China, que es uno de los mercados exteriores más importantes de Alemania, además de un destino decisivo a sus exportaciones de capitales; unas 2.500 empresas alemanas tienen invertidos alrededor de 40.000 millones de euros en China.

El diario Bild Zeitung ha destapado un documento interno del Ministerio del Interior sobre «la preparación de contramedidas». Aparentemente, hasta la fecha, el espionaje alemán tenía órdenes de la cancillería de no espiar a los aliados de Alemania en la OTAN. Sin embargo, a partir de ahora, dice el Bild, el ministro del Interior Thomas de Maizière ha encargado al espionaje alemán la vigilancia de las comunicaciones de Estados Unidos y otros «aliados», como Gran Bretaña y Francia.

La referencia a Francia es pura distracción, una cortina de humo. Dentro y fuera de Europa la alianza entre Alemania y Francia tiene un carácter estratégico.

Pero no se trata sólo de un viraje de las relaciones entre Alemania y Estados Unidos, sino de un acercamiento paralelo a Rusia. Los monopolistas alemanes, los capitanes de la industria, han rechazado expresamente los llamamientos de Estados Unidos para imponer sanciones económicas a Rusia como consecuencia de la situación en Ucrania, hasta el punto de que Alemania se ha tenido que enfrentar a la Unión Europea por este asunto, lo que ha dejado claro que el mantenimiento de la unidad europea es puramente formal y depende de la postura de cada país hacia Estados Unidos.

Eso es más que obvio en lo que respecta a los antiguos países de Europa oriental, especialmente Polonia, cuyas declaraciones son monocordes: mano dura contra Moscú. Lo mismo cabe decir de España. Sin embargo, en otros países de Europa la estela del imperialismo alemán es alargada. A finales de junio, el gobierno austriaco dio en Viena una calurosa bienvenida a Putin por la firma de un acuerdo para la finalización del gasoducto meridional, un proyecto que Estados Unidos está empeñado en sabotear. Italia, que acaba de asumir la presidencia de la UE, Francia y otros países también se oponen a una coalición contra Rusia.

El espionaje ha abierto la caja de Pandora, ha desencadenado un intenso debate que ha desbordado los reducidos círculos en los que este tipo de asuntos se desenvuelven habitualmente. Ya es cosa de la prensa. Bajo el título «La cuestión de la Alianza» la revista Der Spiegel publicó un artículo para analizar si era «conveniente» que Alemania se distanciara de Estados Unidos y comenzara a trabar una relación más estrecha con Rusia.

Para justificar un apoyo de los alemanes al giro en la política internacional del imperialismo alemán, Der Spiegel realiza una encuesta que indica que muchos alemanes se pronuncian a favor de una mayor independencia frente a Estados Unidos y una mejora de la cooperación con Rusia.

También es curiosa la manera que tiene Der Spiegel de justificar dicho giro: en los últimos años, dicen, «han sucedido muchas cosas: la guerra en Irak, Guantánamo, las actuaciones de los drones de la crisis financiera, la NSA y el miedo a Google».

El artículo aboga por un papel geopolítico más activo de Alemania, y añade: «La exigencia de una mayor responsabilidad de Alemania es unánime en el extranjero», y si es grave tomar partido, como con cualquier otra potencia dirigente, siempre hay que «pagar un precio». Naturalmente ese precio consiste en romper amarras con Estados Unidos: «Romper la alianza con Occidente no es una opción», concluye Der Spiegel, pero «Alemania podría hacerse más independiente de Estados Unidos».

Alemania «ha crecido en el curso de los últimos veinte años. No puede ocultarse detrás de otros. Por el contrario, Alemania puede guiar a Europa hacia un papel político independiente». Para Estados Unidos una Alemania así «tal vez no sea un socio fácil, pero al final será más un alivio que una amenaza».

Las crecientes contradicciones entre Alemania y Estados Unidos son consecuencia de la crisis del imperialismo, exacerban las tensiones y conflictos en todo el mundo y conducen a una nueva guerra imperialista.