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Los imperialistas bloquean las negociaciones sobre desarme nuclear

Tras casi cuatro semanas de negociaciones, la Conferencia Internacional de Evaluación del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) ha fracasado rotundamente como consecuencia del bloqueo impuesto por las potencias imperialistas.

El fracaso ha sido particularmente frustrante para las organizaciones pacifistas internacionales que tenían depositadas muchas esperanzas en esta Conferencia, que se celebra poco antes del 70 aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, que se cumplirá en agosto. Sin embargo, no sólo no ha habido ningún progreso significativo hacia el desarme sino que han revertido algunos compromisos ya existentes.

Según varios diplomáticos, Israel, el único país de Oriente Medio con armas nucleares, fue el único país que ha salido victorioso con este fracaso, ya que no respalda la propuesta de realizar una conferencia internacional para un Oriente Medio sin armas de destrucción masiva.

Canadá, cuyo actual gobierno es “más proisraelí que el propio Israel”, Estados Unidos y Gran Bretaña dijeron que no podían aceptar el proyecto de acuerdo, contenido en el documento final, que convocaría a la conferencia propuesta sobre Oriente Medio para el 1 de marzo del año que viene.

“Quizá sea paradójico, entonces, que estos tres Estados impidieran la adopción de este documento final en nombre de Israel, un país con armas nucleares que ni siquiera es parte del TNP”, destacó Ray Acheson, directora de Reaching Critical Will, el programa de desarme de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.

“Esta Conferencia de Examen demostró, más allá de toda duda, que seguir confiando en el liderazgo de los Estados con armas nucleares o sus aliados… es inútil”, concluyó Acheson.

Joseph Gerson, coordinador de desarme de American Friends Service Committee, una organización estadounidense de derechos humanos, también considera que Washington es el principal responsable del fracaso de la conferencia de este año, así como lo fue en la de 2005. “Es decir, Estados Unidos e Israel, aunque Israel es uno de los pocos países que aún no firmó el TNP”, precisó.

En lugar de culpar a Israel, Canadá, Estados Unidos y Gran Bretaña culpan a la víctima, dice Gerson, al sostener que Egipto hizo fracasar la conferencia cuando solicitó que la declaración final reiterara el llamamiento a la creación de una Zona Libre de Armas Nucleares en Oriente Medio.

Estados Unidos envió a “un funcionario estadounidense de alto nivel” a Israel “para discutir la posibilidad de una transacción” en el borrador del documento final. “Israel aparentemente se negó, y los compromisos ostensibles” del presidente estadounidense “Barack Obama con un mundo sin armas nucleares se derrumbaron ante la intransigencia israelí”, según Gerson.

Gerson opina que lo peor es que el fracaso de la Conferencia socava la credibilidad del TNP, al aumentar el peligro de la proliferación de las armas nucleares y no hacer nada para contener las carreras armamentistas, mientras que las potencias nucleares “modernizan” sus arsenales. El fracaso de la conferencia acrecienta el peligro de una catástrofe nuclear, advirtió.

El Tratado de No Proliferación Nuclear fue elaborado en 1964 por la URSS y Estados Unidos como consecuencia de las negociaciones entre Kennedy y Jruschov derivadas de la crisis de los misiles de Cuba. Es el único Tratado Internacional que se ha firmado varias veces, primero para incorporar a Gran Bretaña, luego a China, que entonces estaba intentando llevar a cabo su primera explosión nuclear y finalmente a Francia.

El Tratado pretendió cerrar un elenco de países con armas nucleares e impedir que los demás pudieran hacer lo mismo. Fracasó porque a las cinco potencias originarias, que son también los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, se les sumaron luego otros cuatro países más, Corea del norte, India, Israel y Pakistán.

También fracasó porque a cambio de cerrar el club, las grandes potencias asumieron el compromiso de eliminar progresivamente las armas nucleares, que jamás cumplieron. Por el contrario, con el tiempo su arsenal nuclear ha ido creciendo. Actualmente disponen de unas 20.000 cabezas nucleares repartidas en unas 5.000 armas, la mitad de ellas en estado de máxima alerta operativa.


John Burroughs, director ejecutivo del Comité de Abogados sobre
Política Nuclear, afirma que en los últimos 20 años los compromisos sobre desarme realizados por
las conferencias de evaluación del TNP no es que
no hayan sido lo suficientemente sólidos, sino que no fueron aplicados
por los Estados poseedores de armas nucleares.

La prensa suele utilizar este Tratado para atacar periódicamente a Corea del norte, un país que lo firmó, aunque en 2003 tuvo que apartarse de él como consecuencia del continuo hostigamiento del imperialismo.

La misma manipulación han empezado a utilizar contra Irán, a pesar de que no posee armamento nuclear.

35.000 japonses exigen el cierre de la base imperialista de Okinawa

El domingo pasado 35.000 japoneses se manifestaron ante la base aérea del ejército de Estados Unidos en Futenma, cerca de Okinawa, en el exremo meridional de Japón, para exigir su cierre. De acuerdo con el Pentágono, el proyecto del gobierno japonés es abrir una nueva base en las proximidades de la antigua.

La concentración se prolongó durante dos días y los manifestantes han aprobado una resolución pidiendo el cierre de la antigua base y en contra del plan gubernamental de apertura de otra más grande y moderna.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, dice la resolución, la población de Okinawa nunca ha aceptado la existencia de una base militar imperialista sobre su suelo. Incluso el gobernador regional Okinawa Takeshi Onaga se dirigió a los manifestantes para expresarles que estaba “encolerizado” por el proyecto anunciado por el primer ministro japonés Shinzo Abe tras una reciente entrevista con Obama en Washington.

El gobernador regional dijo que se había dirigido oficialmente al gobierno para exigir el cierre de la antigua base y oponerse a la construcción de la nueva, manifestando la oposición total de los habitantes de Okinawa a dichos planes.

En la concentración del domingo también participaron el antiguo primer ministro de Japón Yukio Hatoyama y el dirigiente del partido ssocial-demócrata Tadatomo Yoshida.

¿Está el enemigo por ahí?

En octubre del año pasado, un mes que siempre recuerda a 1917, los medios de comunicación del mundo entero desencadenaron la histeria colectiva sobre el peligroso submarino ruso que había sido visto navegando furtivamente cerca de las costas de Suecia.

Los rusos cada vez están más cerca. Se atreven a acercarse a las costas de países tan civilizados y pacíficos como Suecia. Si todo lo ruso es un peligro, lo del submarino ya es el colmo porque navega sumergido y se oculta a la vista.

Las histerias van y vienen. Sólo duran el tiempo suficiente para aparecer a toda plana en las portadas de los noticiarios. Luego nadie se acuerda. ¿Localizó por fin la marina sueca al submarino ruso o logró escurrir el bulto?

La respuesta ha tardado en llegar, por lo que ya no es noticia. El sábado el contralmirante sueco Anders Grenstad declaró a la agencia de prensa TT que lo que pensaron que era un submarino ruso no era más que un “barco de trabajo”.

Ya ven Ustedes la mierda de radares que tienen los suecos: no son capaces de diferenciar a un barco que navega en superficie de un submarino. Si hubieran estado en guerra hubieran matado a una cofradía de pescadores de bajura.

Si Ustedes sospechan que todo fue una payasada (periodística y militar) habrán vuelto a acertar. Pero la falsa alarma le sirvió al ejército sueco para lograr un incremento sustancial de los presupuestos públicos destinados a armamento y equipación militar para el periodo 2016-2020.

Es lógico que cambien los viejos radares por otros que les permitan diferenciar a un viejo barco de pesca de un submarino de combate. Pero ese dinero debería haber salido del sueldo de los militares suecos, por inútiles.

Para atraer la atención de los papanatas de la prensa, la Marina de Guerra sueca desplegó durante semanas una búsqueda intensiva del esquivo submarino en la que participaron helicópteros, dragaminas y destructores que recorrieron toda la costa hasta el Mar Báltico a la caza del enemigo ruso.

En Suecia aún no se han olvidado de la farsa. El diario sueco Svenska Dagbladet publicará próximamente un informe exhaustivo de un operativo de búsqueda que fue lo más parecido a los inolvidables monólogos de Gila:

Estados Unidos no descarta el empleo de su arsenal nuclear contra Rusia y China

El general Curtis LeMay
Damos por conmúnmente admitido que el mundo está ante una nueva guerra fría, como si la anterior hubiera acabado en algún momento. Quizá algunos utilicen el término en un sentido retórico, para poner la dosis necesaria de dramatismo a una situación que, según parece, carece por sí misma de tal connotación. Seguramente no tienen en cuenta todos los hechos involucrados en la nueva guerra y, muy en particular, la presencia de un dispositivo nuclear que no para de crecer y reorganizarse. Desde luego, todos suponemos que hoy no hay en el mundo un conflicto que pueda justificar -de ninguna manera- el empleo del arma nuclear.

Sin embargo, a finales de marzo se produjo algo significativo en la cadena de mando del ejército estadounidense: el nombramiento del general Robin Fond a la cabeza del Global Strike Command de la Fuerza Aérea Estadounidense. El Global Strike Command se creó en 2008 para agrupar a todas las fuerzas estratégicas nucleares que hasta entonces estaban afectas al Strategic Command, que tenía un carácter mixto, es decir, que participaba tanto de la Fuerza Aérea como de la Marina de Guerra.

La reestructuración vuelve al modelo del Strategic Air Command, que había sido disuelto en 1992, lo cual significa que es la primera vez que un general de cuatro estrellas de la Fuerza Aérea se pone a la cabeza del mando estratégico. Los tiburones del Pentágono han recordado los tiempos de Curtis LeMay, aquel viejo perro de los sesenta que proponía “golpear primero” (First Strike), es decir, atacar a la URSS con armas nucleares sin la necesidad de ninguna excusa previa.

Hasta ahora Curtis LeMay había sido convenientemente relegado a un segundo plano, casi al olvido. Era una antigualla de la guerra fría, del puente aéreo de Berlín, de los vuelos U2 y de la crisis de los misiles de Cuba. La reestructuración del mando estratégico corre en paralelo con el rescate de este general, que también formó parte de la Fuerza Aérea. Sus teorías vuelven a un primer plano, lo cual es harto significativo de los ambientes que circulan por Washington. La estrategia de atacar primero ya no parece tan descabellada.

Desde que se retiró a mediados de los años sesenta, es decir, hace ya medio siglo el general LeMay era sinónimo de masacre, pero de ese tipo de masacres de tecnología avanzada, de última generación. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial defendió los bombardeos masivos sobre Japón, incluso sobre las ciudades más pobladas, incluso sobre civiles inocentes. En mayo de 1945 dijo a sus oficiales en el Weekly Intelligence Review: “Buscamos y destruimos al enemigo allá donde se encuentre, en el mayor número posible. Para nosotros, no hay civiles en Japón”.

Para ordenar bombardeos, como el de Tokio en marzo de 1945, habría que ser especialmente amoral, y los carniceros del imperialismo, como LeMay, se definen exactamente así: “Matar a los japoneses no me preocupaba mucho en aquella época. Supongo que si hubiera estado en el lado de los vencidos, hubiera sido juzgado como un criminal de guerra.

Han pasado 70 años desde entonces, pero los criminales de guerra convictos y confesos vuelven por donde solían. Un artículo de la revista Foreign Affairs de marzo de 2006 recordó la estrategia First Strike para la nueva guerra fría: “Estados Unidos dispone hoy de una superioridad nuclear que le permitiría, si fuera necesario, plantearse un primer golpe nuclear estratégico contra sus dos principales adversarios, Rusia y China”.

Lo dijo MacNamara respecto de China en tiempos de Kennedy y lo ha repetido Chebarchin, el antiguo dirigente del servicio de inteligencia exterior de Rusia: “Lo único que Occidente espera de Rusia es que Rusia no exista”. Se puede llamar de muchas maneras: aniquilación, exterminio… Para lograrlo no hay nada mejor que empezar lanzando bombas nucleares sin previo aviso, sin motivo aparente.

Si se vuelven a analizar con atención las declaraciones de los altos oficiales del Pentágono en los últimos años, se verá una clara evolución hacia la catástrofe. En 2006 matizaban cuando se referían a Irán. En 2011 aún eran cautos al desatar la guerra en Siria. Ahora tienen la lengua mucho más floja porque su hegemonía mundial es cada vez más difícil de preservar. El mes pasado las declaraciones del general Dempsey, presidente del Comité de Jefes de Estado Mayor, justificando en envío de armas a Ucrania supusieron un salto cualitativo, aunque fuera verbal.

Todas las peleas empiezan así: a alguien se le va lengua y acaban en las manos. Los bocazas son gente peligrosa y el Pentágono está lleno de ellos. Ese tipo de matones piensa que la guerra con Rusia y China es inevitable. Pero si es inevitable, ¿por qué esperar, ¿por qué no empezar dando el primer golpe, un golpe contundente, capaz de aturdir al adversario?

Finalmente, hay una trampa que favorece hoy más que nunca el delirio imperialista de lanzar bombas nucleares sobre la población de cualquier país del mundo: nadie cree que eso sea posible. Hace 50 años existía un poderoso movimiento contra la fabricación e instalación de armamento nuclear. Hoy no existe nada de eso, e incluso hay varios estúpidos que se regodean de ello porque lo que antes se llamaba “coexistencia pacífica”, la lucha contra la guerra nuclear, les sabe a poco, les suena a blandengue.

¿Se creían Ustedes que todos los estúpidos están en el Pentágono? ¡Qué error!

La via al rearme militar en Europa queda expedita

El 11 de marzo Rusia se retiró unilateralmente del llamado “Foro de Weimar”, un grupo consultivo informal de intercambio con Alemania, Francia y Polonia creado en 1991 para reducir la presencia de armamento convencional en Europa central.
El Foro se creó como consecuencia de la firma del Tratado para la reducción de armas, lo que significa que Rusia se retira de dicho Tratado.

Dicho Tratado se firmó en 1990 para establecer límites al armamento de la OTAN y el Pacto de Varsovia estacionado en Europa. Tras la disolución de la URSS, fue ratificado por 30 países, entre ellos los miembros de los dos bloques militares, así como ocho antiguos miembros de la URSS.

Gorbachov firmó el Tratado y aceptó la reunificación alemana a cambio de que la OTAN no se ampliara hacia el este, un compromiso que Estados Unidos no mantuvo. La adhesión a la OTAN de algunos integrantes del Pacto de Varsovia rompió el equilibrio militar que el Tratado pretendió preservar.

No obstante, de una manera formal el Tratado siguió vigente formalmente y quedaron algunos de los organismos en los que se reunían, así como determinadas tareas de inspección, que ahora desaparecen de manera total.

En 1999 la Organización de Cooperación y Seguridad Europea trató de revitalizar una versión adaptada del Tratado, que fue ratificada por sólo cuatro países: Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania. Para justificar su negativa los miembros de la OTAN pusieron como condición que Rusia retirase sus tropas de Georgia y la región separatista moldava de Transnistria.

Ante el fracaso, en 2007 Rusia suspendió la aplicación del Tratado, intentando inútilmente que los países de la OTAN ratificaran la nueva versión aprobada de 1999. Ahora desaparece de manera completa y algunos países europeos (Alemania, Francia y Polonia) lo han lamentado en un comunicado oficial difundido el viernes en el que culpan a Rusia del debilitamiento “de la arquitectura de seguridad en Europa”.

La via al rearme militar en Europa queda, pues, expedita. El Tratado era un estorbo para los planes militares de la OTAN de incrementar su presencia militar en el este de Europa y, en definitiva, de inciar las hostilidades en el Viejo Continente.

A la caza de los submarinos rojos

Adrian Mac Liman

Hay verdades ocultas y revelaciones que conviene silenciar. El escándalo o, mejor dicho, la tormenta en un vaso de agua estalló en octubre del pasado año, cuando las autoridades suecas denunciaron la presencia de submarinos intrusos en sus aguas territoriales. Acto seguido, el Ministerio de Defensa del neutral Reino de Suecia decretó la mayor movilización militar desde el final de la Guerra Fría. Algunos recordaban vagamente que en 1981 un sumergible soviético que transportaba armas nucleares encalló cerca de las costas suecas.
Aunque durante el aparentemente inexplicable incidente producido en octubre los servicios de inteligencia suecos no señalaron a Rusia, el diario Svenska Dagbladet informó que los militares habían interceptado mensajes de emergencia procedentes de un mini submarino que solicitaba auxilio. Curiosamente, el objeto no identificado desapareció tras la llegada en la zona de un barco-laboratorio ruso, dedicado a la investigación científica del fondo de los mares. ¿Mera casualidad?
Al parecer, en el trasfondo de los extraños incidentes navales hallamos el distanciamiento entre Rusia y los países de Occidente que han impuesto sanciones a Moscú por lo que consideran un apoyo encubierto del Kremlin a los rebeldes ucranios.
Pero, ¿cómo se explica la aparición y desaparición de los submarinos rusos en las costas escandinavas? La clave del misterio estriba en uno de los secretos mejor guardados por la cúpula de la Alianza Atlántica: los rusos controlan actualmente una base militar ultrasecreta en Noruega, país miembro de la OTAN.
Hagamos memoria: hace apenas seis años, los políticos noruegos decidieron que la Federación Rusa había dejado de ser una amenaza para sus vecinos. Se habló del posible desmantelamiento de algunas instalaciones militares, cuyo mantenimiento resultaba muy gravoso para las arcas del país. El Ministerio de Defensa se decantó por la venta de la base secreta de Olavsvern, ubicada en una región montañosa, cerca de Tromsø. La base tiene una superficie de 948.900 metros cuadrados. Dispone de amarres para buques de guerra y submarinos. Cuenta también con 124 dormitorios. En resumidas cuentas, podría ser el refugio ideal para un… ejército. Un refugio situado en las inmediaciones de la frontera con Rusia.
La construcción de la base se realizó entre 1964 y 1994. Su coste ascendió a… ¡440 millones de Euros! Sin embargo, el Gobierno noruego decidió venderla –sin éxito- por 12,1 millones. Finalmente, consiguió deshacerse de Olavsvern por el módico precio de 4,4 millones.
El comprador, el hombre de negocios Gunnar Wilhelmsen, no tardó en encontrar inquilino. Se trata de la empresa rusa Sevmorneftegeofizika, especializada en la medición sísmica marítima. Pero las embarcaciones de Sevmorneftegeofizika forman parte de la marina de guerra rusa. Los barcos, que realizan mediciones sísmicas y ejercen una estrecha vigilancia estratégica del entorno marino, envían mini submarinos a las aguas territoriales de Suecia, Finlandia y Noruega. Todo ello, utilizando como punto de partida la antigua base de la OTAN, considerada durante décadas como uno de los pilares de la defensa de la soberanía noruega.
Si bien los políticos han puesto el grito en el cielo, la población de Tromsø no tiene queja alguna del comportamiento muy urbano de los visitantes rusos. Al contrario, espera que los negocios de la base se multipliquen.
Para recuperar las instalaciones estratégicas sacrificadas en el ara de la efímera convivencia pacífica con el oso ruso, el Gobierno debería invalidar la venta. Una opción ésta sumamente difícil en un país regido por la economía de mercado.
Detalle interesante: la venta de la base ultrasecreta de Olavsvern se realizó durante el mandato del Primer Ministro conservador Jens Stoltenberg, actual Secretario General de la Alianza Atlántica (OTAN) y ferviente defensor de la política de mano dura contra el Presidente Putin. Los comentarios sobran.
Fuente: http://adrianmacliman.blogspot.com.es/2015/03/a-la-caza-de-los-submarinos-rojos.html

Manifestación contra el rearme japonés

El domingo unas 14.000 personas salieron a la calle en Tokio contra la política militarista del primer ministro Shinzo Abe, la reapertura de las centrales nucleares y el plan de reubicación de las bases militares estadounidenses en Okinawa.
Los manifestantes se congregaron en el Parque Hibiya, donde el año pasado un hombre se prendió fuego para protestar contra el militarismo y el rearme. Después se dirigieron a la residencia oficial del primer ministro. Los participantes llevaban carteles que decían “No al gobierno de Abe”.
La manifestación, que fue organizada por grupos civiles opositores de las áreas metropolitanas de Tokio que están en contra de la energía nuclear, tuvieron lugar antes de las elecciones regionales del mes próximo.
El mitin tuvo lugar después de una ceremonia de graduación que se realizó en una universidad de defensa. Abe dijo en la ceremonia que el gobierno promoverá firmemente el rearme y criticó las opiniones de que la defensa colectiva arrastrará a Japón a una guerra.
El año pasado, por medio de una reinterpretación “creativa” de la Constitución, el gobierno de Abe autorizó a las Fuerzas de Autodefensa (FAD) del país a ejercer el derecho a la autodefensa colectiva. Además, el gobierno está acelerando la legislación correspondiente para enviar legalmente al extranjero a tropas de las FAD.
La Constitución japonesa prohíbe a las FAD participar en conflictos en el extranjero. El ajuste a la política de defensa es cuestionado ampliamente en Japón porque es contrario a la Constitución que renuncia a la guerra.
El grupo gobernante de Japón alcanzó el viernes un acuerdo formal sobre el proyecto de legislación de seguridad que expandirá enormemente la esfera de operaciones de las FAD en el extranjero. Así se prepara el camino para que el gobierno redacte una serie de iniciativas de ley de seguridad para llevar a cabo los cambios más drásticos a la postura de seguridad de posguerra de Japón.
Como el gobierno Abe se aferra a una política reaccionaria y de revisionismo histórico, el intento del primer ministro de modificar la política de defensa puramente defensiva ha saltado las alarmas entre los países vecinos, especialmente en China.

Estados Unidos lleva a cabo operaciones militares encubiertas en 105 países

Nick Turse

Al final de la noche subieron al avión V-22 de despegue vertical. Después de poner pie a tierra en una región remota de uno de los países más volátiles del mundo, asaltaron una aldea y pronto se vieron envueltos en un letal tiroteo. Era la segunda vez en dos semanas que ese grupo de elite de SEAL de la marina de Estados Unidos trataba de rescatar al fotógrafo y periodista estadounidense Luke Somers. Y la segunda vez que fallaban.

El 6 de diciembre de 2014, un grupo de unos 36 comandos de Estados Unidos fuertemente armados, operando con información obtenida por satélite, drones y dispositivos de escucha de última generación, equipados con gafas de visión nocturna y respaldadas por tropas especiales de Yemen, se enfrentaron a tiros con una media docena de militantes de al-Qaeda en la Península Arábiga. Cuando todo acabó, Somers estaba muerto, lo mismo que Pierre Korkie, un maestro surafricano al que planeaban dejar en libertad al día siguiente. Según informaciones locales, los comandos también mataron a ocho civiles. La mayor parte de los militantes huyeron.
Estos sangrientos episodios fueron, dependiendo de vuestro punto de vista, un final de año de ignominia para unas fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos desplegada a niveles cercanos al récord o un comienzo de año poco auspicioso, un nuevo año que ya está en camino de alcanzar marcas similares, o incluso superarlas.
Durante al año fiscal que terminó el 30 de septiembre de 2014, las fuerzas de operaciones especiales (SOF, por sus siglas en inglés) se desplegaron en 133 países –más o menos el 70 por ciento de las naciones del mundo–, según el teniente coronel Robert Bockholt, oficial de asuntos públicos del Comando de Operaciones Espaciales de Estados Unidos (SOCOM, por sus siglas en inglés). Esto remató un periodo en el que las fuerzas más selectas del país estuvieron activas en más de 150 países del orbe, realizando misiones que iban desde la muerte o captura en asaltos nocturnos a ejercicios de adiestramiento. 2015 puede ser un año en el que se rompan récords. Apenas un día después del fallido asalto que acabó con la vida de Luke Somers –cuando habían pasado solo 66 días del año fiscal 2015– las fuerzas más selectas de Estados Unidos habían pisado el suelo de 105 países, aproximadamente un 80 por ciento del total de 2014.
A pesar de esta escala y este ámbito tan vastos, esta guerra secreta que se combate en casi todo el planeta es desconocida para la mayoría de los estadounidenses. A diferencia del desastre de diciembre en Yemen, la gran mayoría de las operaciones especiales permanecen completamente en la sombra, ocultas a toda supervisión externa o al escrutinio de los medios. De hecho, aparte de la escasa información revelada por la muy selectiva cobertura de los medios militares, las filtraciones oficiales de la Casa Blanca, el propio SEAL cuando quiere vender algo y unos pocos periodistas cuidadosamente escogidos que informan sobre temas escogidos con sumo e igual cuidado, la mayor parte de lo que hacen estos grupos especiales nunca se somete a un examen importante, lo que no hace más que aumentar las posibilidades de repercusiones imprevistas y consecuencias catastróficas.
La edad dorada de las operaciones encubiertas
“El Comando está en su absoluto apogeo. Ciertamente, esta es la edad dorada de las operaciones especiales”. Estas palabras las dijo el general Joseph Votell III, graduado en West Point y “ranger” del ejército, en el momento de asumir la jefatura del SOCOM el pasado agosto.
Su retórica quizá fuera de alto vuelo, pero de ningún modo hiperbólica. Desde el 11 de septiembre de 2001, las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos han crecido en todos los aspectos concebibles, incluso el número de integrantes, su presupuesto, su peso en Washington y su lugar en el imaginario de la población del país. Por ejemplo, SOCOM ha más que duplicado su personal, desde los aproximadamente 33.000 en 2001 a los cerca de 70.000 de hoy en día, incluyendo un salto de unos 8.000 hombres durante los tres años de la titularidad del recientemente retirado jefe de SOCOM, el almirante William McRaven.
Estos números, impresionantes como son, no dan una idea cabal de la naturaleza de la expansión y crecimiento del alcance mundial de las fuerzas más selectas de Estados Unidos en estos años. Para esto, lo más apropiado es un resumen de la estructura de SOCOM y su siempre creciente comando de operaciones especiales.
La parte del león de las tropas que forman SOCOM son los Rangers, los Boinas Rojas y otros soldados del ejército, seguidos de los comandos de la Fuerza Aérea, los SEAL, las tripulaciones de combate de embarcaciones navales especiales de la Marina, lo mismo que un contingente más pequeño de infantes de marina (marines). Pero solo es posible tener una noción de la capacidad expansiva del comando cuando se considera el alcance completo de los “comandos sub-unificados” en que están divididas esas tropas de operaciones especiales: el nombre de SOCAFRICA se explica por sí mismo; SOCEUR, el contingente de ámbito europeo; SOCKOR, dedicado exclusivamente a Corea; SOCPAC, que cubre el resto de la región asiática y el Pacífico: SOCSOUTH, que realiza misiones en Centroamérica, Suramérica y el Caribe; SOCCENT, el comando sub-unificado del CENTCOM (comando central de Estados Unidos en Oriente Medio); SOCNORTH, que está dedicado a la “defensa interior”; y JSOC, el trotamundos comando de operaciones especiales conjuntas: un sub-comando encubierto (encabezado antes por McRaven y después por Votel) compuesto por personal proveniente de cada rama de las fuerzas armadas, incluyendo SEAL, soldados especiales tácticos de la Fuerza Aérea y otros de la fuerza Delta, del Ejército, especializados en el rastreo y asesinato de sospechosos de ser terroristas.
Sin embargo, tampoco penséis que ya lo sabéis todo. Como resultado del impulso dado por McRaven para la creación de “una red global de fuerzas de operaciones especiales de aliados y socios a agencias con ideas afines”, oficiales de enlace de operaciones especiales (SOLO, por sus siglas en inglés), están hoy “incrustados” en 14 embajadas clave de Estados Unidos para asesorar las fuerzas especiales de varios países aliados. Si bien ya están trabajando en Australia, Brasil, Canadá, Colombia, El Salvador, Francia, Israel, Italia, Jordania, Kenya, Polonia, Perú, Turquía y Reino Unido, el programa SOLO está preparado, según Votel, para llegar a 20 países hacia 2019. SOCOM, y sobre todo JSOC, también han establecido estrechos vínculos con la CIA, el FBI y la NSA, entre otras agencias.
Operaciones en la sombra
El ámbito global del comando de operaciones especiales se extiende aún más gracias a unidades más pequeñas que operan en la sombra desde bases en Estados Unidos para ser enviadas a zonas remotas del sudeste asiático, puestos de avanzada en Oriente Medio o sencillos campos en África. Desde 2002, SOCM está autorizado a crear sus propias fuerzas de tareas conjuntas, una prerrogativa normalmente reservada a comandos de combate como CENTCOM. Por ejemplo, la fuerza de tareas conjuntas para operaciones especiales Filipinas (JSOTF-P), que, en su momento de máximo esplendor, tuvo una plantilla de unos 600 estadounidenses para ayudar en operaciones de contrainsurgencia de sus aliados filipinos contra grupos sediciosos como Abu Sayyaf. Después de más de una década combatiendo contra ese grupo, el número de integrantes ha ido disminuyendo, pero continúa activo, mientras que la violencia en la región se mantiene prácticamente igual.
En realidad, en junio de 2014 se anunció una retirada paulatina de esta fuerza de tareas. “JSOTF-P será desactivada y la operación OEF-P [la operación libertad duradera en Filipinas] terminará en el año fiscal 2015”, lo dijo Votel a la Comisión de la Fuerzas Armadas del Senado un mes después. “Un contingente más reducido de personal militar estadounidense que operará formando parte de un PACOM [comando Estados Unidos del Pacífico] continuará mejorando la capacidad de las fuerzas especiales de Filipinas (PSF, por sus siglas en inglés) para realizar sus propias misiones contra el terrorismo..”. No obstante, meses más tarde, la fuerza de tareas conjunta de operaciones especiales Filipinas continúa viva y funcionando“JSOTF-P sigue activa, aunque el personal asignado a ella ha sido reducido”, le dijo la portavoz del ejército Kari McEwen al reportero Joseph Trevithick, de War is Boring.
Otra unidad, la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales Bragg, durante años permaneció en las sombras antes de su primera mención oficial realizada por el Pentágono al principio de 2014. Su misión, según Bockholt, de SOCOM, es “adiestrar y equipar los servicios estadounidenses miembros que se preparan para un despliegue en Afganistán para ayudar a la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales Afganistán”. Esta última fuerza, a su vez, dedicó más una década realizando operaciones encubiertas o “negras” para “impedir actividades que amenazaban la autoridad y soberanía” del gobierno afgano. Esto implicaba asaltos nocturnos y misiones de captura y/o asesinato –frecuentemente concertadas con las fuerzas afganas– que condujeron a la muerte de un número indeterminado de combatientes y civiles. En 2013, para responder a la indignación popular contra los asaltos, el presidente afgano Hamid Karsai los prohibió.
En 2014, las fuerzas estadounidenses de operaciones especiales pasaron a desempeñar tareas de apoyo, permitiendo así que unidades de élite afganas se hicieran cargo de las misiones. “Estamos tratando de que ellos se ocupen del espectáculo”, le dijo el coronel Patrick Robertson, de la fuerza de tareas Afganistán, a USA Today. Pero según LaDonna Davis, un portavoz que acompaña a esa fuerza, integrantes estadounidenses todavía estaban realizando especiales el año pasado. La fuerza se niega a informar sobre cuántas misiones fueron comandadas por oficiales estadounidenses como tampoco en cuántas operaciones estuvieron implicados sus comandos aunque, según informaciones de las fuerzas afganas de operaciones especiales, estas llevaron a cabo al menos 150 misiones por mes en 2014. “No estoy en condiciones de referirme al número específico de operaciones realizadas”, le dijo el mayor Loren Bymer, de la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales Afganistán, a TomDispatch. “Sin embargo, hoy día los afganos comandan el 90 por ciento de las operaciones especiales, y nosotros continuamos adiestrando, asesorando y ayudando a nuestros socios para asegurar sus éxitos”.
No vayáis a pensar que con esto se acaba el diagrama organizativo de las fuerzas especiales: la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales en Afganistán tiene cinco grupos asesores cuya tarea consiste en “aconsejar y asesorar las ASSF [fuerzas especiales de seguridad de Afganistán] de nuestros socios para garantizar que las ASSF continúen la lucha contra nuestros enemigos; las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos deben estar dispuestas a continuar haciendo algún asesoramiento en relación con los aspectos tácticos más allá de 2014 con unidades escogidas en sitios escogidos”, según dijo Votel a la comisión de las fuerzas armadas del Senado. Ciertamente, el pasado noviembre, el sucesor de Karzai, Ashraf Ghani levantó muy discretamente la prohibición de los asaltos nocturnos, dejando así la puerta abierta para el regreso de los asesores estadounidenses a las operaciones especiales en 2015.
Sin embargo, para entonces habrá pocas tropas de operaciones especiales disponibles para hacerse cargo de misiones tácticas. Según palabras del ahora vicealmirante Sean Pybus, subcomandante de SOCOM, alrededor de la mitad de los grupos SEAL desplegados en Afganistán estaban a punto de ser retirados y enviados a ayudar en “el giro en Asia o a trabajar en el Mediterráneo o en el golfo de Guinea o en el Golfo Pérsico”. Aun así, el coronel Christopher Riga, comandante del 7 grupo de fuerzas especiales, cuyos hombres sirvieron el año pasado en la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales combinadas Afganistán cerca de Kandahar, prometió que “seguiría al pie del cañón”: “Todavía hay mucha pelea en Afganistán, y va a continuar”, dijo en una ceremonia de entrega de condecoraciones a finales del año pasado. “Continuaremos matando enemigos hasta que nos ordenen que dejemos de hacerlo”.
A las fuerzas ya enumeradas, agregad las unidades del comando de avanzada de operaciones especiales (SOC FWD, por sus siglas en inglés), pequeños grupos que, según los militares, “diseñan y coordinan operaciones especiales para cooperar con las fuerzas de seguridad, y se implican en el apoyo de diversas operaciones especiales en cualquier teatro de operaciones y ámbito geográfico”. SOCOM rehusó confirmar la existencia de grupos SOC FWD; aunque ha habido abundante evidencia oficial sobre la cuestión, no se brinda información que dé cuenta del número de estos grupos desplegados en el mundo. Pero aquellos que son conocidos están empeñados en operaciones clandestinas de tipo violento, entre ellos, SOC FWD Pakistán, SOC FWD Yemen y SOC FWD Líbano, como también SOC FWD África oriental, SOC FWD África central y SOC FWD África occidental.
De hecho, África se ha convertido en el principal escenario de acciones clandestinas de las unidades especiales de Estados Unidos. “Esta unidad en particular ha hecho cosas admirables. Ya fuera en Europa o en África, se ha hecho cargo de una variedad de situaciones; todos habéis contribuido muy significativamente”, dijo el comandante de SOCOM, general Votel, a los integrantes del 352 grupo de operaciones especiales en su base en Inglaterra el pasado otoño.
Los comandos aéreos raramente están solos en sus hazañas en África. En los últimos años, por ejemplo, los SEAL realizaron una exitosa misión de rescate de rehenes en Somalia y una incursión de secuestro allí que salió mal. En Libia, los comandos de la fuerza Delta tuvieron éxito en la captura de un militante de al-Qaeda en un asalto ejecutado temprano por la mañana, mientras los SEAL requisaron un petrolero que transportaba crudo desde Libia y el débil gobierno respaldado por Estados Unidos tenía por robado. Además, los SEAL se encargaron de una misión de evacuación en Sudán del Sur; la misión fracasó debido a que los integrantes del grupo resultaron heridos cuando el avión que los transportaba fue alcanzado por fuego de fusilería. Mientras tanto, una fuerza especial de respuesta rápida conocida como unidad especial 10 de guerra naval (NSWU-10, por sus siglas en inglés) llevó a cabo misiones en “países estratégicos”, como Uganda, Somalia y Nigeria.
Una misión clandestina de adiestramiento de las fuerzas de operaciones especiales en Libia acabó en fracaso cuando una milicia o “grupo terrorista” asaltó dos veces su campo, que estaba custodiado por soldados libios, y se apropió de equipos estadounidenses de última generación y cientos de armas –incluyendo pistolas Glock y rifles M4–, como también dispositivos para visión nocturna y de rayos láser que solo pueden ser vistos con un dispositivo como el mencionado antes. Como resultado de esto, la misión fue suspendida y el campo fue abandonado. La información dice que la milicia se ha apoderado del lugar.
En febrero del año pasado, tropas de elite se trasladaron a Nigeria para participar en una instrucción militar de tres semanas que forman parte de Flintlock 2014, un ejercicio de operaciones especiales contra el terrorismo de periodicidad anual que reúne las fuerzas del país anfitrión con las de Canadá, Chad, Francia, Mauritania, Holanda, Nigeria Senegal, Reino Unido y Burkina Faso. Varios meses después, un oficial de Burkina Faso, que en 2012 había recibido entrenamiento contraterrorista en Estados Unidos con los auspicios de la universidad de operaciones especiales conjuntas de SOCOM se hizo con el poder mediante un golpe militar. Sin embargo, las fuerzas de operaciones especiales en Burkina Faso permanecieron impertérritas. A finales del año pasado, por ejemplo, auspiciados por SOC FWD África occidental, miembros de 5 batallón del 19 grupo de fuerzas especiales, junto con tropas de elite marroquíes, se adiestraron en una base en las afueras de Marrakech.
Un mundo de oportunidades
No obstante, los despliegues en países africanos no eran más que una parte del rápido crecimiento del comando de operaciones especiales en ultramar. Al final de la presidencia de Bush, cuando el almirante Eric Olson era el jefe de SOCOM, las fuerzas de operaciones especiales estaban desplegadas en unos 60 países de todo el mundo. Para 2010, ese número había llegado a 75, según Karen DeYoung y Greg Jaffe, periodistas del Washington Post. En 2011, el coronel Tim Nye, portavoz de SOCOM le dijo a TomDispatch que el total llegaría a 120 hacia el final de ese año. En 2013, con el almirante McRaven al mando de SOCOM, el entonces mayor Robert Bockholt le dijo a TomDispatch que ese número había saltado a 134. Bajo el comando de McRaven y Votel en 2014, según palabras de Bockholt, el total casi no varió: 133. Sin embargo, el secretario de defensa saliente Chuck Hagel anotó que bajo el mando de McRaven –desde agosto de 2011 hasta agosto de 2014– las fuerzas de operaciones especiales operaban en más 150 países. “De hecho, SOCOM y la totalidad de las fuerzas armadas de Estados Unidos están más comprometidos que nunca en el ámbito internacional; en más sitios y con una variedad mayor de misiones, dijo en un discurso en agosto de 2014.
No estaba bromeando. Pasados solo dos meses del año fiscal 2015, el número de países donde se han realizado operaciones especiales ya llegaba a 105, según Bockholt.
SOCOM se negó a hacer comentarios tanto sobre la naturaleza de sus misiones como acerca de los beneficios de actuar en tantos países. El comando ni siquiera ha dado el nombre de un solo país en el que hayan intervenido fuerzas de operaciones especiales estadounidenses en los últimos tres años. No obstante, un vistazo sobre algunas de las operaciones, ejercicios y otras actividades que han salido a la luz pinta un cuadro de un comando trotamundos en constante movimiento con alianzas en todos los rincones de la Tierra.
Por ejemplo, en enero y febrero [de 2014], integrantes del 7 grupo de las fuerzas de operaciones especiales y el 160 regimiento de operaciones aéreas especiales realizaron un intercambio de instrucción en acciones conjuntas combinadas (JCET, por sus siglas en inglés) con fuerzas de Trinidad y Tobago, al mismo tiempo que el 353 grupo de operaciones especiales se reunía con miembros de la real fuerza aérea de Thailandia para realizar los ejercicios Teak Torch en Udon Thani, Thailandia. En febrero y marzo, en el marco de las JCET, los Boinas Rojas del 20 grupo de fuerzas especiales se adiestró con tropas de elite de la República Dominicana.
En marzo, miembros del comando de operaciones especiales de la armada y la unidad especial 1 de guerra naval se embarcaron en el crucero portamisiles USS Cowpens para participar en maniobras en el marco del programa Multi-Sail 2014, unos ejercicios anuales diseñados para defender la “seguridad y estabilidad en la región India-Asia-Pacífico”. También en marzo, soldados, marineros, infantes de marina y aviadores de elite participaron en un ejercicio de adiestramiento (cuyo nombre clave era Fused Response) con integrantes de las fuerzas armadas de Belice. “Ejercicios como este crean entendimiento y vínculos entre las fuerzas de Estados Unidos y de Belice”, dijo el teniente general de la fuerza aérea Herbert Toro, perteneciente al comando sur de operaciones especiales.
En abril, soldados del 7 grupo de fuerzas especiales se unieron a fuerzas aerotransportadas de Honduras para adiestrase en salto con paracaídas, lanzándose sobre la base aérea de Soto Cano de ese país. Soldados de la misma unidad, junto con la fuerza de tareas de Afganistán, realizaron también operaciones encubiertas en el sur del país en la primavera de 2014. En junio, miembros de grupo 19 de fuerzas especiales efectuaron unas JCET en Albania, al mismo tiempo que hombres de la fuerza Delta participaban en la misión de rescate de sargento Bowe Bergdahl en Afganistan. También en junio, comandos de la fuerza Delta ayudaron en el secuestro de Ahmed Abu Khattala, sospechoso de ser el responsable de los ataques terroristas de 2012 en Benghazi, Libia, que mataron a cuatro estadounidenses, mientras los Boinas Rojas se trasladaban a Iraq para asesorar en la lucha contra el Estado Islámico.
En junio y julio, 26 miembros del escuadrón 522º de operaciones especiales llevaron a cabo una misión de 45.000 kilómetros que los llevó a Sri Lanka, Tanzania y Japón, entre otras naciones, para proteger “tres aviones monomotor [del comando de operaciones especiales de la fuerza aérea] destinados al área de responsabilidad del Pacífico”. En julio, fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos viajaron a Tolemaida, Colombia, para competir contra otras tropas de élite llegadas de 16 países –en actividades como tiro de precisión en distancias largas (especialidad de los francotiradores), tiro al blanco, carreras con obstáculos– en la competencia anual llamada Fuerzas Comando.
En agosto, soldados del grupo 20 de las fuerzas especiales realizaron una JCET con unidades de elite de Surinam. “Juntos, hemos progresado mucho en un mes. Si hemos de operar juntos alguna vez en el futuro, ya sabemos que tenemos compañeros y amigos en los que podemos confiar”, dijo un suboficial de esa unidad. En Iráq, en ese mismo mes, los Boinas Rojas cumplieron una misión de reconocimiento en el monte Sinjar como parte de las tareas de protección de la etnia yazadí asediada por militantes del Estado Islámico, mientras comandos de la fuerza Delta incursionaban en una refinería de petróleo en el norte de Siria en una tentativa de salvar al periodista estadounidense James Foley y otros rehenes en manos del mismo grupo. Esta misión fue un desastre, y Foley fue brutalmente asesinado poco tiempo después.
En septiembre, unos 1.200 integrantes de la fuerza de operaciones especiales de Estados Unidos y personal de apoyo se unieron con tropas de élite de Holanda, República Checa, Finlandia, Gran Bretaña, Lituania, Noruega, Polonia, Suecia y Eslovenia para participar en Jackal Stone, un ejercicio de adiestramiento centrado en todo lo que tiene que ver con el combate en espacios cerrados, tácticas de francotirador, operaciones con pequeñas embarcaciones y rescate de rehenes. En septiembre y octubre, soldados del tercer batallón del 75 regimiento de Rangers estuvieron en Corea del Sur para practicar en tácticas con pequeñas unidades como neutralización de trincheras y destrucción de búnkeres. Durante octubre, comandos de la Fuerza Aérea hicieron simulaciones de misiones de rescate de rehenes en el campo de adiestramiento de Stanford cercano a Thetford, Inglaterra. Mientras tanto, en aguas internacionales frente a Chipre, un grupo SEAL de la Armada confiscó un petrolero que llevaba crudo a un puerto en poder de los rebeldes libios. En noviembre, comandos estadounidenses llevaron a término una incursión en Yemen que liberó a ocho rehenes extranjeros. El mes siguiente, una unidad SEAL realizó una sangrienta misión que dejó dos rehenes –uno de ellos Luke Somers– y ocho civiles muertos. Estas, por supuesto, solo son algunas de las misiones que consiguieron convertirse en noticia o, de algún modo u otro, ser registrados.
Quieren estar en todas partes
Para los jefes de las operaciones clandestinas de Estados Unidos, el planeta Tierra es tan inestable como interconectado. “Yo le garantizo que lo que ocurre en Latinoamérica afecta a lo que sucede en el oeste de África, lo que a su vez afecta a lo que ocurre en el sur de Europa, lo que a su vez afecta lo que sucede en el suroeste de Asia”, dijo el año pasado McRaven en Geoint, un encuentro anual que reúne a ejecutivos de la industria de la vigilancia y personal militar. ¿Qué proponen para solucionar esta entrelazada inseguridad? Más misiones en más países –de hecho, en más de las tres cuartas partes de de los países del mundo– durante el ejercicio en el cargo de McRaven. Y el escenario parece dispuesto para todavía más de lo mismo en los años venideros. “Nosotros queremos estar en todas partes”, dijo Votel en Geoint. En 2015, las fuerzas a sus órdenes ya están transitando ese camino.
“Nuestro país tiene grandes expectativas en relación con las fuerzas de operaciones especiales”, les dijo el otoño pasado a operadores especiales en Inglaterra. “Cuentan con nosotros para hacer las tareas más duras en las condiciones más difíciles”. Sin embargo, la naturaleza y la localización de esas “duras tareas” siguen siendo desconocidas para los estadounidenses. Y, aparentemente, Votel no está interesado sacarlas a la luz. “Lo siento, pero no”, fue la respuesta de SOCOM al pedido de TomDispatch de tener una entrevista con el jefe de operaciones especiales sobre las misiones en curso y futuras. De hecho, el comando se negó a que cualquier integrante de su personal estuviera disponible para conversar acerca de qué está haciendo Estados Unidos con los dólares del contribuyente y en su nombre. No es difícil adivinar el porqué.
Votel se sienta ahora sobre una de las leyendas más exitosas de la historia militar estadounidense después del 11-S de 2001, una historia plena de guerras no ganadas, intervenciones fracasadas, rampante actividad criminal, repetidas filtraciones sobre secretos embarazosos y todo tipo de impresionantes escándalos. Mediante una hábil combinación de bravuconería y secretismo, filtraciones bien colocadas, acertada promoción comercial y trabajo de relaciones públicas, el sagaz culto a la mística del superhombre (junto a una buena dosis de retorcida fragilidad) y un extremadamente popular alto perfil y el asesinato de precisión, las fuerzas de operaciones especiales se han convertido en el niño mimado de la cultura popular estadounidense; al mismo tiempo, el comando ha sido un constante ganador en las duras batallas por presupuesto libradas en Washington a puñetazo limpio.
Esto es especialmente impactante cuando se contrasta con lo en ocurre realmente en el terreno: en África, el haber armado, adiestrado y equipado a quienes realizan luego un golpe de Estado; en Iraq, las fuerzas especiales más escogidas implicadas en la tortura, la destrucción de viviendas y el asesinato de inocentes que estaban heridos; en Afganistán, la historia es similar, con frecuentes informaciones de civiles asesinados; entretanto, en Yemen, Pakistán y Somalia, ha habido más de lo mismo. Y esto es solo lo más superficial de los errores de las fuerzas de operaciones especiales.
En 2001, antes de que las operaciones “negras” de Estados Unidos empezaran su vasta guerra clandestina contra el terror, la plantilla del comando de operaciones especiales tenía unos 33.000 integrantes, de los cuales unos 1.800 eran la élite de la élite, es decir, el comando conjunto de operaciones especiales (JSOC). En ese momento, también había 23 grupos terroristas –desde Hamas al IRA irlandés– reconocidos por el Departamento de Estado; entre ellos, al-Qaeda, cuyos miembros se estimaban en un número de ente 200 y 1.000 militantes. Este grupo estaba principalmente establecido en Afganistán y Pakistán; a pesar de ello, pequeñas células suyas habían actuado en unos cuantos países, incluyendo Alemania y Estados Unidos.
Después de más de una década de enfrentamientos secretos, vigilancia generalizada, incontables asaltos nocturnos, detenciones y asesinatos, por no mencionar los miles y miles de millones de dólares gastados, los resultados hablan por ellos mismos. SOCOM ha más que duplicado su tamaño y el secretísimo JSOC puede haber alcanzado el tamaño que SOCOM tenía en 2001. Desde septiembre de ese año, han surgido 36 nuevas organizaciones terroristas, entre ellas una multiplicidad de franquicias, desprendimientos y aliados de al-Qaeda. Hoy día, estos grupos continúan operando en Afganistán y Pakistán –en este último país, hay 11 grupos reconocidamente afiliados de al-Qaeda y cinco en el primero de ellos–, pero también en Mali y Túnez, en Libia y Marruecos, en Nigeria y Somalia, en Líbano y Yemen, entre otros países. Una filial de al-Qaeda nació de la invasión estadounidense de Iraq y se crió en un campo de concentración de Estados Unidos; hoy, con el nombre de Estado Islámico, controla una amplia porción de ese país y de la vecina Siria, un protocalifato en el corazón de Oriente Medio que en 2001 no era más que una ensoñación yihadista. Esta organización, solo ella, tiene un efectivo estimado de unos 30.000 hombres y se las ha arreglado para apoderarse de un importante territorio que incluye la segunda ciudad de Iraq (Mosul), a pesar de que en su infancia fue implacablemente atacado por los JSOC.
“Necesitamos seguir armonizando el despliegue de fuerzas de operaciones especiales en todo el orbe”, dice Votel. “Todos nosotros debemos estar sincronizados, coordinados y preparados en todos los aspectos del mando”. Marginados por esa sincronización, los estadounidenses han sido mantenidos sistemáticamente en la oscuridad acerca de los encargados de las operaciones especiales de Estados Unidos y no saben qué están haciendo ni dónde lo están haciendo, menos aún los accidentados resultados y las repercusiones de lo que han hecho. Pero si la historia sirve para algo, la oscuridad que envuelve a las operaciones especiales ayuda a garantizar que esta siga siendo la “edad dorada” del Comando de Operaciones Especiales.
Fuente: Tomgram: A Shadow War in 150 Countries, TomDispatch, 20 de enero, http://www.tomdispatch.com/blog/175945/

Lituania publica un manual de superviviencia en caso de invasión rusa

… Como en los peores tiempos de la guerra fría. Lo presentó el lunes ministro de Defensa Juozas Olekas en la capital, Vilnius. Tiene cien páginas y su objetivo, según el ministro, es «sensibilizar a los lituanos ante una posible invasión rusa», es decir, meter el miedo en el cuerpo. En Europa occidental el miedo es el islam y en el Báltico es Rusia la que juega ese mismo papel de «lobo feroz».
Cuando los estadoundeses se han sacudido décadas de paranoia, llega ahora el gobierno fascista lituano con las mismas preguntas: ¿cómo organizar la resistencia frente a la ocupación del país por tropas extranjeras?, ¿cómo actuar en el campo de batalla? Lo primero que tienen que hacer los lituanos ante esa desagradable sorpresa es tranquilizarse un poco, no dejarse llevar por el pánico y no perder la lucidez (como le ha ocurrido a su gobierno).
El manual se titula «Cómo actuar en situaciones o casos extremos de guerra» pero la única guerra que tiene prevista el manual es una invasión que sólo puede proceder de Rusia, porque la OTAN ya los tiene invadidos.
Los lituanos deben estar preparados tanto para organizar una resistencia civil como para combatir en el frente y el gobierno les indica los cambios que introduciría en el supuesto de una guerra, así como los procedimientos de evacuación.
El ministro de Defensa aconseja que en tales casos los lituanos organicen huelgas y manifestaciones o, por lo menos, que hagan su trabajo peor de lo que es habitual como formas de oponerse a una invasión extranjera. También quiere que sus ciudadanos utilicen las experiencias que el imperialismo ha cosechado con la revoluciones de colorines de los últimos años: recurrir a las redes sociales y lanzar ciberataques con el enemigo. En caso de invasión Facebook y Twitter serían las primeras armas de los lituanos.
Pero la guerra que entra en los cálculos del gobierno de Vilnius es algo así como la de Gila; más que un horror será como las Fallas de Valencia y sus fuegos artificiales. En ningún caso los invasores no van a disparar contra el lector de esta especie de guía de supervivencia, sino contra no se sabe muy bien qué. Por eso los ciudadanos no se deben inquietar porque «los disparos que escuchen a través de la ventana no significan el mundo del mundo», dice el manual. Pero si imaginamos a un carro de combate disparar un obús a través de la ventana en la que duerme plácidamente el incauto lituano, la imagen es muy diferente. Una pieza de artillería es capaz de lanzar una tonelada de explosivos en menos de 10 segundos. Si no es el fin del mundo, sí es el fin para cualquier lituano dormilón y la mayor parte de sus vecinos.
El manual indica el clima que están creando en la zona. Ucrania moviliza a los reservistas y Polonia ya los tiene en pie de guerra desde marzo del año pasado. Desde la Segunda Guerra Mundial no se conocían despliegues militares de esta envergadura.

‘Todos los musulmanes no son terroristas, pero todos los terroristas son musulmanes’

Brian Kilmeade, un periodista de la cadena Fox News, resumía así la consigna que el imperialismo quiere transmitir, la que se va a quedar grabada a sangre y fuego para siempre en la conciencia de millones de personas por todo el mundo.
No obstante, según Europol el porcentaje de ataques cometidos por fundamentalistas islámicos en Europa en los cinco últimos años no llega ni al dos por ciento del total. La pregunta es evidente: si eso es cierto, ¿por qué a los atentados salafistas se les concede un relieve tan enorme?
Europol califica de terroristas a 152 delitos cometidos en Europa en 2013, de los que sólo dos los considera cometidos por «consideraciones religiosas», mientras que 84 tienen su origen en reivindicaciones independentistas.
En diciembre de 2013 el FLNC corso lanzó varios ataques con bombas contra comisarías de policía en dos ciudades francesas simultáneamente.
También a finales del mismo año, en Grecia los militantes de las Fuerzas Revolucionarias Populares mataron a dos miembros de la organización fascista Amanecer Dorado.
En Italia el grupo anarquista FAI desató numerosos ataques, entre ellos el envío de un paquete bomba a un periodista.
En el informe destaca un elemento singular que caracteriza a la represión política en la actualidad en toda Europa: hay un escaso número de víctimas (7), e incluso de acciones armadas (152), frente a un gran número de detenidos (535). La represión no se justifica por un incremento de la lucha armada, sino al revés: la represión aumenta mientras la lucha armada retrocede.
A pesar de ello, el imperialismo ha sembrado el pánico, desatando una alarma que no tiene ningún fundamento. Hay menos atentados que nunca y, sin embargo, parece todo lo contrario.
Se trata de justificar las nuevas medidas represivas y la imposición de un estado de guerra larvado. Para acabar con el terrorismo el imperialismo desvía la atención hablando de las distintas maneras de frenar al fundamentalismo islámico, pero nada dicen de lo realmente importante: del 98 por ciento restante. ¿Cómo prevenir el fascismo?, ¿cómo prevenir a los fundamentalistas cristianos como el noruego Breivik que mataron a casi 100 miembros del partido socialdemócrata en 2011?
¿Le han hablado a Usted del fundamentalismo budista?, ¿le parece que algo así no existe? Pues en Birmania han matado a numerosos civiles y en Sri Lanka han atacado a los mulsulmanes, quemando sus casas y comercios y matando a cuatro de ellos.
¿Ha oido alguna alusión al terrorismo judío? Un informe de 2013 sobre terrorismo del Departamento de Estado refiere 399 acciones terroristas cometidas por colonos israelíes contra 93 civiles palestinos a los que han causado daños y lesiones. También han destrozado varias mezquitas e iglesias cristianas.
En Estados Unidos el porcentaje de ataques terroristas atribuidos a los musulmanes es aún más insignificante que en Europa. Un estudio del FBI que abarca el periodo de 1980 a 2005 revela que el 94 por ciento de las acciones terroristas han sido cometidas por personas ajenas al islam. El 42 por ciento de ellos fueron perpetrados por personas de origen «latino», es decir, sudamericanos, mientras que un 24 por ciento el FBI se los atribuye a lo que califica como grupos de extrema izquierda.
El año pasado un estudio de la Universidad de Carolina del norte informaba de que tras el derrumbe de las Torres Gemelas en 2001, los atentados cometidos por islamistas habían costado 37 vidas, un número insignificante al lado de las 190.000 personas asesinadas en el mismo periodo.
En Estados Unidos la probabilidad de que te mate un niño es mayor que la de que te mate un islamista. En 2013 en el atentado de Boston murieron tres personas, mientras que ese mismo día los niños mataron a cinco personas jugando con armas de fuego.
Una de las peores plagas criminales de Estados Unidos es la violencia contra las mujeres procedente de sus propias parejas, que causa el espantoso número de tres mujeres asesinadas diariamente.


¿Pasamos a hablar de los ataques que se producen en Estados Unidos contra las clínicas que practican abortos?, ¿nadie te habló nunca de ellos?, ¿sabes que las cometen fundamentalistas católicos?, ¿sabes que una de cada cinco de esas clínicas ha sido atacada al menos una vez por esos fanáticos?

No hay debates sobre estos asuntos, nadie ha puesto el grito en el cielo por ellos, nadie habla de la posesión de armas de fuego, ni de los accidentes de los niños con ellas, ni de las violencia dentro del hogar. El despliegue propagandístico no tiene comparación con el atentado de Boston, del que todo el mundo oyó hablar en su momento.

De esas cosas -y de otras- no se puede hablar porque vivimos en Estados cristianos y a nadie le gusta mirarse al propio obligo y empezar pensar que el problema lo tenemos nosotros mismos, en nuestros propios países. El enemigo siempre llega de fuera. Es la manera con la que el imperialismo justifica sus agresiones.

Titular: «Miedo sobre Francia»

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