Ayer el Kremlin afirmó que sus tropas permanecerán en Malí, rechazando el llamamiento de los tuaregs para que se retiraran del país. El anuncio, realizado por el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, durante su rueda de prensa diaria, se produce cinco días después de una ofensiva coordinada con los yihadistas que sacudió varias ciudades de Mali.
El 25 de abril, el Frente de Liberación de Azawad (FLA) y el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GNIM) iniciaron una ofensiva simultánea contra siete ciudades malienses, entre ellas Bamako, Kidal, Gao, Mopti y Sevaré. Atacaron instalaciones militares, comisarías de policía e infraestructura gubernamental. Según cifras oficiales, los combates dejaron 16 heridos, entre civiles y militares, y daños materiales limitados.
El miércoles, Mohamed Elmaouloud Ramadane, portavoz del FLA, instó a Moscú a retirarse “definitivamente de Azawad y, más allá, de todo Mali”. El movimiento armado reclama el control del norte de Mali, al que los tuaregs denominan Azawad.
Durante su rueda de prensa Peskov dijo que Rusia “continuará, incluso en Malí, la lucha contra el extremismo, el terrorismo y otras manifestaciones negativas”. Peskov especificó que Moscú seguiría “prestando asistencia a las autoridades en el poder” en Bamako. Esta postura refleja la determinación de Rusia de mantener su presencia en África Occidental. El FLN indicó que continuaría sus operaciones en la región y que atacaría otros lugares estratégicos.
Ayer el gobierno de Bamako celebró un funeral en honor al general Sadio Camara, ministro de Defensa asesinado durante el levantamiento del sábado mediante la explosión de un coche bomba.
El acto incluyó un homenaje militar seguido de honores a Camara, figura central del aparato de seguridad maliense. Que los terroristas se centraran en esta figura clave del gobierno de transición, demuestra que el levantamiento lo planificaron los imperialistas.
Tras el anuncio de su muerte, el gobierno maliense declararó dos días de duelo nacional a partir del 27 de abril.