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Facebook se atribuye el papel que la Inquisición desempeñó en la Edad Media

Mark Zuckerberg, capitoste de Facebook
Como nos temíamos, en Estados Unidos el 44 por ciento de las personas consultadas afirma que su principal fuente de información cotidiana procede de Facebook. A su vez, el capitoste de la multinacional, Mark Zuckerberg, está actualmente en Pekín, tratando de firmar un acuerdo con el gobierno chino para reintroducir a su empresa en el mercado local, del que ha sido desplazado hace años.

Algunos informáticos, siempre tan despistados ellos, aseguran que el coste del acuerdo es hacer de chivato del gobierno chino, lo cual no es ningún coste: allá donde está Facebook cumple fielmente con su papel de perrito faldero y cotilla consumado, aportando a los gobiernos respectivos cuanta información se le solicita (y posiblemnte sin necesidad de que se lo soliciten). Lo que ocurre es que estos asuntos sólo son noticia cuando conciernen a China.

Radio macuto y el chismorreo, que los expertos llaman “hoax”, son algo consustancial a internet desde su origen, lo mismo que la intrusión en la vida privada de los usuarios que llevan a cabo monopolios, como Facebook, entre otros. Lo realmente nuevo es que con dicha excusa, los monopolios se han atribuido la ímproba tarea de cribar la verdad de la mentira, es decir, ejercer de censores de las noticias que circulan, exactamente el mismo papel que desempeñó la Inquisición, o lo que es lo mismo, la iglesia católica, en la Edad Media.

Siempre tenemos que tropezar con algún redentor que trata de evitar que nos equivoquemos, que nos informemos mal, que lleguen hasta nosotros noticias falsas, como la siguiente que circuló por las redes sociales durante la campaña electoral de Estados Unidos: “Han encontrado muerto a un agente del FBI sospechoso en el caso de las fugas de los correos electrónicos de Hillary Clinton”. La noticia procedía el diario Denver Guardian, que no existe.

Este tipo de bulos en las redes sociales le han servido a Obama para “explicar” en una rueda de prensa convocada en Perú, la “sorpresa” de la victoria electoral de Trump. Ha sido casi como una manipulación porque, en condiciones normales, alguien así nunca hubiera podido ser elegido presidente en un país como Estados Unidos, modelo y estandarte de la democracia.

Los monopolios informáticos, como Facebook, se sienten legítimamente preocupados por este tipo de fenómenos, que no se pueden repetir. Desde Perú Obama les ha propuesto que sólo circulen noticias verdaderas, auténticas, genuinas, debidamente etiquetadas con denominación de origen. Pero ahora ya no pueden recurrir a la hoguera, las ordalías y el enjuiciamiento de la conciencia. Esas antiguallas quedan para la Audiencia Nacional, último residuo mundial de la Inquisición en el que los fiscales preguntan a los acusados: “¿Qué intenciones tenía Usted cuando cantó esa canción?”

En absoluto. Facebook está pensando en algo mucho más moderno, eso que llaman “inteligencia artificial” de manera grotesca. Se trata de crear un algoritmo (pura matemática) capaz de discernir una noticia verdadera de una falsa entre todas las que circulan por la red. Es una pena que en la Edad Media la iglesia católica no contara con ordenadores para hacer lo mismo… Trump nunca hubiera podido ganar las elecciones.

La anunció Zuckerberg el viernes, mientras leía un manual de chino mandarín, un idioma que estudia con empeño desde hace tres años para convencer al gobierno de que ellos son buenos informadores; los mejores.

A la gilipollez esa de la “inteligencia artificial” Zuckerberg le añade, además, algo que también es característico sólo de la democracia al estilo gringo, que no existía en tiempos de la Inquisición: los juicios con jurado, es decir, que los usuarios se conviertan en soplones de las multinacionales para que puedan denunciar las noticias falsas, al tiempo que ejercen de jueces (juez y parte). Es una extensión del “Me gusta” (I like). Así se impide que los mensajes que no gustan a casi nadie anden por ahí circulando y corrompiendo la moral del mundo entero.

Facebook, o lo que es peor, un algoritmo matemático, deja de ser un instrumento de comunicación para convertirse en el tribunal de la comunicación, porque la misma ha de ser veraz siempre (de lo contrario mejor no comunicar nada, callarse). Por fin llega el momento de la verdad, o sea, del “trending topic” por obra y gracia de la… ¡matemática pura!

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Google crea un algoritmo capaz de leer los labios

Analizando miles de horas de programas de televisión de la BBC, los científicos han entrenado a una red de neuronas digitales para transcribir conversaciones a través de secuencias de vídeo con una precisión cercana al cincuenta por ciento, según The Verge (1). En otras palabras: los programas informáticos son capaces de entender y descifrar los movimientos de los labios humanos, o al menos, la mitad de los mensajes.

El porcentaje no impresiona si lo comparamos con la transcripción de un audio, pero la comparación hay que hacerla con la capacidad humana para descifrar el movimiento de los labios, que sólo alcanza a un 12,4 por ciento.

Este programa lo han implmentado los investigadores de DeepMind, una empresa británica especializada en inteligencia artificial que ha comprado Google y que se destacó en octubre del año pasado por crear un algortimo capaz de vencer a un ser humano al Juego chino tradicional de Go por primera vez (2).

DeepMind se ha apoyado en trabajos previos de la Universidad de Oxford, gracias a los cuales los científicos desarrollaron el programa LipNet para leer los labios, que en las pruebas mostró una precisión del 93,4 por ciento cuando los seres humanos apenas sobrepasaban la mitad.

Pero LipNet no se probó más que para secuencias grabadas especialmente con ese fin por voluntarios que sólo pronunciaban fórmulas específicas. Por el contrario, el programa DeepMind, conocido por “Observa, escucha, asiste, subraya”, se ha probado con secuencias más exigentes, transcribiendo conversaciones naturales, no escenografiadas, obtenidas de emisiones políticas difundidas en la BBC.

No obstante, hay una diferencia importante entre la transcripción de imágenes televisadas a alta resolución y la de vídeos mal definidos que contienen pocas imágenes, pero la programación informática (mal llamada “inteligencia artificial”) ya está en ese camino.

Las aplicaciones posibles son muy amplias, pero The Verge ya teme que el programa se utilice con fines de control y vigilancia policial a distancia.

(1) http://www.theverge.com/2016/11/24/13740798/google-deepmind-ai-lip-reading-tv
(2) http://www.nature.com/nature/journal/v529/n7587/full/nature16961.html
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El efecto matrix: de la realidad real a la realidad virtual

A mediados de 1994 un editorial de la revista Time pronosticó que internet jamás tendría una difusión masiva. Se equivocaron. También se equivocaron todos aquellos que, al comprobar ese error, cometieron el segundo: empezaron a predicar sobre la “sociedad de la información”, como si internet tuviera algo que ver con la información.

Todo lo que llega a eso que Time llamaba “gran público”, como internet, es un mercado y, por lo tanto, se atiene a las leyes del mercado, que son las del capitalismo.

Los sitios que se venden como centros de comunicación, como Google o Facebook, son grandes monopolios sometidos a esas mismas leyes. El que crea que se informa en internet es como el que antes creía que se informaba leyendo “El País” o “La Razón” o “El Imparcial”.

En “El Capital” Marx lo llamó “el fetichismo de la mercancía” que consiste tanto en engañar como en engañarse, porque los hay que se creen sus propias mentiras, como esa cuadrilla de opinadores que ahora se echa las manos a la cabeza con la insospechada victoria de Trump. Ya ocurrió con el Brexit y ahora ha vuelto a ocurrir.

Los sondeos -dicen- daban la victoria a Clinton y nunca pensaron en niguna otra posibilidad. Pero la demostración más evidente de que iba a ganar Trump es que los sondeos daban la victoria a Clinton. Como ya hemos expuesto en otra entrada, los sondeos casi nunca aciertan.

En las fabricación artificiosa de eso que los expertos califican como “opinión pública”, o sea, la plebe, las redes sociales desempeñan un papel cada vez más importante: los bulos, los rumores, radio macuto, me gusta…

Algunos informáticos (¡pobrecillos ellos!) han elevado a Google a los altares. Lo llaman San Google porque se creen que ven el mundo a través de las gafas que la multinacional les pone justo delante de su retina. Lo mismo opinan de la Wikipedia.

Los que están al otro lado de un buscador como Google se mueren de la risa. Bastan unas pocas líneas de código para retocar todas las noticias que circulan por internet. A unas las convierten en “tremending topic” y de las otras nunca más se supo. Google es como cualquier sociedad de clase: si no estás en lo más alto no eres nadie.

Antes la gente creía que se informaba por la tele y ahora cree que se informa por las redes sociales. Los usuarios se creen que “buscan en internet” cuando en realidad Google se encarga de buscar por ellos y darles todo ya hecho, masticado y digerido.

La agencia de comunicación Enigma explica que los algoritmos informáticos predicen los contenidos que -por ejemplo- un militante partidario de Clinton espera leer. Su fundador Olivier Perez Kennedy afirma que “todos los mensajes que aparecen en Facebook” han sido filtrados previamente.

El diario británico The Guardian propuso a 10 internautas estadounidenses, cinco liberales y otros tantos conservadores, intercambiar sus perfiles durante el último mes de la campaña electoral. La experiencia no pudo ser más frustrante para todos ellos, que se vieron atrapados, “como si estuvieran metidos en una sala repleta de gente que padecía delirios paranoicos”.

Lo mismo que Google, las redes sociales crean burbujas (“bubble”, en la jerga infomática inglesa) para que cada usuario se vea reconfortado por un eco de opiniones concordantes con la suya. Cada uno de ellos busca las opiniones de quienes piensan como él y Facebook se lo da. Nos gusta vernos rodeados de los nuestros y algunos incluso creen que todo (y todos) son así, una prolongación de nosotros mismos.

Facebook tiene a sus usuarios clasificados como el ordenador de la policía y aunque te ilusiones creyendo que puedes cambiar tu perfil, eso no depende de tí. No te puedes hacer pasar por pacifista si Facebook sabe que te gustan las armas.

La realidad virtual es así de engañosa. Nosotros aconsejamos cambiarla por la realidad real como única manera de cambiar la realidad misma.

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La filtración de los correos de Yahoo destapa a los servicios secretos franceses

El 22 de setiembre Yahoo anunció la filtración durante años de los contenidos de 500 millones de cuentas de correo electrónico, añadiendo que habían sido pirateadas por alguien que “actuaba por cuenta de un Estado”, es decir, echando balones fuera, como si no tuviera nada que ver con ellos. Es mentira: fueron ellos mismos, Yahoo, los que entregaron la información a la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Como si fuera un alivio, Yahoo asegura que las claves de acceso a las cuentas estaban cifradas. Todo lo demás estaba listo para ser servido al instante; el descifrar una clave puede llevar entre uno y tres minutos.

La revista “Le Canard Enchaîné” ha descubierto que entre los usuarios afectados se encuentra la DRM francesa, la Dirección de Inteligencia Militar, que es uno de los clientes del servicio Yahoo de correo electrónico. Por ejemplo, si el lector quiere participar en un concurso para suministrar teléfonos móviles a los espías franceses, tiene que dirigirse a la cuenta pfcbfb@yahoo.fr.

Pero no son los únicos organismos públicos afectados por la piratería. También ha alcanzado a los fusileros de la Marina de Toulon, al Cuerpo de Reacción Rápida y al Hospital Percy de Instrucción del Ejército de Clamart. Otros organismos militares, dentro y fuera de Francia, también utilizan cuentas abiertas en Hotmail, Google y otros servicios corrientes en internet.

No tiene remedio. El pirateo de las cuentas de Yahoo se remonta, como mínimo, a 2014, por lo que es un poco tarde para que el gobierno francés o cualquier otro usuario tome ninguna medida de seguridad.

En este tipo de asuntos lo peor es esa concepción, tan ampliamente extendida, sobre todo entre los informáticos, de que internet, como cualquier otra técnica, es en sí misma neutral, que todo depende del uso -bueno o malo- que se haga con ella.

Nada más lejos de la realidad. Las ingenierías y todas las técnicas son instrumentos de dominación; favorecen la dominación y, al mismo tiempo, son consecuencia de ella.

En lo que a las modernas técnicas digitales concierne, domina el imperialismo estadounidense, habiéndose convertido en una herramienta fundamental de su hegemonía. No se trata sólo de internet sino de toda clase de equipos físicos, empezando por los ordenadores, los radares, los móviles, las alarmas, los semáforos, los satélites, las impresoras, los enrutadores, las cámaras de videovigilancia, los misiles, las tarjetas de red, los aparatos de aire acondicionado…

Todos esos dispositivos -y otros- funcionan con programas informáticos, servidores, claves, buscadores y sistemas operativos y lógicos fabricados por monopolios estadounidenses y, por lo tanto, controlados por ellos.

Además, todos los equipos están conectados a internet, una red bajo la supervisión de los monopolios estadounidenses y del propio gobierno de Estados Unidos.

Sólo muy recientemente algunos países, empresas y usuarios particulares, han comenzado a ver las orejas al lobo, con la particularidad de que los informáticos más ineptos, que son bastantes, califican como “censura” el intento de algunos países, como China, de escapar del control asfixiante que ejerce el imperialismo sobre los equipos, los programas e internet en su conjunto.

En mayo de este año saltó la noticia de que Google y Microsoft habían iniciado el tendido de un cable submarino entre Bilbao y Virginia, Estados Unidos (1), poniendo de manifiesto que las modernas comunicaciones digitales van por esa vía, un millón de kilómetros de cable de fibra óptica aproximadamente que, como cualquier otro canal de comunicación, no sólo está en manos privadas sino que pasa por Estados Unidos.

No es ninguna casualidad que dos empresas típicas de internet, como Google y Microsoft, desempeñen un papel que antes estaba reservado a las empresas de telecomunicaciones. Internet, las empresas de internet y Estados Unidos amenazan con devorarlo todo y parece que quienes nos oponemos a ello somos unos retrógrados enfrentados a las nuevas tecnologías. Se vuelven a equivocar. Lo que proponemos se resume en lo siguiente:

1. Es cada vez más necesario, sobre todo como consecuencia del clima de guerra que se va extendiendo en todo el mundo, erradicar el espionaje informático y afianzar la seguridad de las comunicaciones.

2. Para una persona, una empresa o un país, la independencia significa acabar con la sumisión tecnológica hacia el imperialismo, que se basa en el monopolio de sus grandes multinacionales. Al acabar con la dependencia, se acaba también con el chantaje permanente, el bloqueo y las sanciones que unos (los imperialistas) imponen sobre los demás y que afectan -sobre todo- al terreno tecnológico, digital e informático.

3. Para un país que quiera escapar de las trampas del imperialismo es imprescindible desarrollar una industria digital autóctona, crear sus propios microprocesadores, sistemas operativos, programas, buscadores, cables submarinos y satélites de comunicaciones.

Un usuario que quiera ahorrar dinero deberá hacer lo mismo: abandonar toda esa basura de última generación que los monopolios estadounidenses han metido en su móvil, en su ordenador, en su tablet, en su vida, en definitiva (porque hoy nuestra vida es un móvil y una red social… “made in USA”). No es de extrañar que un monopolista cualificado como Steve Ballmer, el capo de Microsoft, haya equiparado a los sistemas operativos derivados de Linux con el comunismo (2) por ser de código abierto, libres, a diferencia de la porquería que ellos venden: Windows, MSN, Hotmail, Bing, Outlook…

(1) http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2016-05-27/un-gigantesco-cable-submarino-de-microsoft-y-facebook-unira-bilbao-y-eeuu_1207125/
(2) http://www.theregister.co.uk/2000/07/31/ms_ballmer_linux_is_communism/

 

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El coste de la velocidad hacia ninguna parte

Gara
Samsung suspendió ayer definitivamente la producción y venta del Galaxy Note 7, un híbrido entre teléfono y tableta, tras constatar que es incapaz de encontrar una solución al error que provoca que algunos aparatos ardan literalmente. En un primer momento la multinacional decidió sustituirlos, pero los nuevos terminales presentaban el mismo problema, lo que ha llevado a tomar la drástica decisión de abandonarlo totalmente. Todavía no se conocen oficialmente las razones del fallo, que puede deberse al parecer o a un defecto en la pila del dispositivo o a un problema en el software que gestiona la batería.

La compañía ha alegado para justificar la decisión que su prioridad es la seguridad de los consumidores, pero los hechos muestran que no fueron su principal preocupación cuando decidió producir y lanzar al mercado un producto cuya validez no estaba suficientemente contrastada. Esta decisión fue inducida probablemente por la feroz competencia que obliga a comercializar periódicamente nuevos productos con el objeto de mantener ventas y cuota de mercado, y consiguientemente con los bonos de los directivos o los dividendos a sus accionistas. La mayoría de los nuevos artilugios que se comercializan no suelen aportan innovaciones sustanciales, pero incitan a los consumidores a tirar sus antiguos aparatos –a pesar de que continúan siendo perfectamente funcionales– y a comprar los nuevos. El fenómeno se conoce desde hace tiempo como obsolescencia programada y es uno de los múltiples gastos ocultos que genera el actual sistema capitalista en su afán por acrecentar el poder y los beneficios de una minoría. Esta vez el señuelo ha fallado estrepitosamente.

Mientras se concede el Nobel de Economía a aquellos que conciben sofisticados modelos que justifican las elevadas remuneraciones a los directivos de las grandes multinacionales, estos continúan pisando el acelerador de un sistema que corre a toda velocidad hacia ninguna parte.

Fuente: http://www.naiz.eus/iritzia/editorial
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El Washington Post traiciona al traidor Snowden

El diario Washington Post ha publicado un editorial oponiéndose a que Obama indulte a Snowden, condenado a 30 años de cárcel por traición y espionaje.

Es una traición por parte del diario, que obtuvo el Premio Pulitzer en 2014, junto con The Guardian, gracias a la publicación de las revelaciones de Snowden, que sólo un puñado de medio de comunicación selectos lograron obtener en todo el mundo.

Entonces el Washington Post consideró que Snowden había llevado a cabo un “servicio público” al denunciar el espionaje masivo que la Agencia de Seguridad Nacional llevaba a cabo en todo el mundo.

En su editorial “No al indulto para Edward Snowden” el Washington Post se desmarca de las peticiones de otros medios, como el New York Times, The Intercept o The Guardian, favorables al indulto.

El diario toma partido por la Agencia de Seguridad Nacional, por el espionaje y el ocultismo. Le reprocha a Snowden que diera a conocer el programa de espionaje Prism por el que accedía a las bases de datos de los grandes monopolios informáticos.

“Las revelaciones de las operaciones internacionales de la Agencia han podido causa daños enormes a la seguridad nacional”, dice el editorial, que no menciona los daños que el espionaje de la Agencia causaba a terceros países.

Son las consecuencia del servilismo político de la prensa hacia los grandes centros mundiales de poder, en este caso hacia la Casa Blanca, que utilizó exactamente los mismos argumentos que el Washington Post.

La postura del diario ha sido criticada por sus colegas de otros medios, como The Intercept, donde Glenn Greenwald le acusa de incoherencia, lo cual es obvio. Quien reveló el espionaje masivo de la Agencia de Seguridad Nacional no fue tanto Snowden como el Washington Post y demás diarios, que no hicieron más que aprovecharse de las informaciones del espía.

Si las informaciones eran tan peligrosas para la “seguridad nacional” no debió difundirlas, e incluso debió rechazar el Premio Pulitzer que le concedieron hace dos años. Todo lo demás es hipocresía y cinismo al cincuenta por ciento, por lo demás típicos de la prensa anglosajona.

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Espionaje

La CIA quiere manipular las redes sociales

En 1999 la CIA creó In-Q-Tel un fondo de capital riesgo para invertir en empresas recién creadas de carácter tecnológico, para fomentar el espionaje en la red. A pesar de que el dinero que In-Q-Tel invierte es público, es decir, de los contribuyentes, su funcionamiento es totalmente opaco. Desde su creación, el fondo de la CIA invirtió en 324 empresas, 100 de las cuales permanecen en secreto.

Según una investigación del Wall Street Journal, en 2014 el fondo recibió 93,9 millones de dólares para invertir. In-Q-Tel no sólo recibe dinero de la CIA, sino también de la NSA, el FBI y el Departamento de Defensa. Los productos que crean las empresas financiadas por la CIA, están orientados en gran medida a la vigilancia masiva y al control social.Entre las empresas que reciben fondos de In-Q-Tel, el foco de la investigación se dirige hacia la extracción de datos de las redes sociales y la vigilancia. Hay varias empresas de tecnología que se dedican al trabajo en este área, como Dataminr, Geofeedia, Pathar y TransVoy.

Esas cuatro empresas, que proporcionan herramientas únicas para explotar los datos desde plataformas como Twitter, fueron presentados en una conferencia de dirigentes el pasado febrero en San José auspiciada por el Fondo, junto con otras empresas de la cartera de In-Q-Tel.

Las inversiones reflejan un aumento del interés de la CIA por el control de las redes sociales. En septiembre pasado, David Cohen, el segundo funcionario de más alto rango de la CIA, habló largo y tendido en la Universidad de Cornell sobre una letanía de desafíos derivados de los nuevos medios; el “sofisticado uso de Twitter y otras plataformas de medios sociales por parte del Califato Islámico es un ejemplo perfecto del uso malintencionado de estas tecnologías” dijo.

Las redes sociales también ofrecen una gran cantidad de trabajo de inteligencia potencial; Cohen señaló que los mensajes de Twitter desde el Califato Islámico han proporcionado información útil. “Los Tweets del Califato Islámico y otros mensajes en los medios sociales que dan a conocer sus actividades a menudo producen información que, sumada, proporciona una valiosa y real información de inteligencia”, dijo.

La última ronda de inversiones de In-Q-Tel muestra que la modernización de la CIA ha superado a Silicon Valley con el establecimiento de una nueva sección, la Dirección de Innovación Digital, que tiene la tarea de desarrollar e implementar soluciones de vanguardia mediante la participación directa del sector privado. La Dirección está trabajando estrechamente con In-Q-Tel para integrar la última tecnología en las capacidades de inteligencia de la Agencia.

Dataminr permite visualizar una corriente de datos de Twitter y detectar rápidamente tendencias de opinión sobre las fuerzas del orden y cuerpos de defensa, en medio de otros clientes.

Geofeedia se especializa en la recolección de las etiquetas geográficas de mensajes de los medios sociales, desde plataformas como Twitter e Instagram, para monitorizar sucesos de mayor relevancia en tiempo real. La empresa, que cuenta con decenas de organismos públicos locales como clientes, comercializa su capacidad para realizar un seguimiento de las protestas de militantes en nombre de intereses empresariales y de la policía.

El producto de Pathar, Dunami, es utilizado por la Oficina Federal de Investigaciones de “explotación” de Twitter, Facebook, Instagram y otras redes sociales “para determinar las redes de asociación, centros de influencia y posibles signos de radicalización”, según una investigación realizada de Reveal.

TransVoyant, fundada por Dennis Groseclose, ex vicepresidente de Lockheed Martin, ofrece un servicio similar mediante el análisis de múltiples puntos de datos para los llamados tomadores de decisiones. La empresa promociona su capacidad para vigilar Twitter para detectar bandas de incidentes y amenazas en las publicaciones. Un equipo de TransVoyant ha trabajado con los militares Estados Unidos en Afganistán para integrar datos procedentes de satélites, radares, aviones de reconocimiento y drones.

Heather Crotty, el director de marketing de TransVoyant, reconoció tener una inversión de In-Q-Tel, pero no aclaró el alcance de la relación. In-Q-Tel “no permite conocer las condiciones financieras de sus inversiones”, dijo Crotty.

Carrie A. Sessine, el vicepresidente de asuntos externos de In-Q-Tel, también se negó a una entrevista porque el fondo “no participa en las entrevistas ni da información a los medios de comunicación”.

Durante la última década In-Q-Tel ha realizado una serie de inversiones públicas en las empresas que se especializan en el escaneo de grandes bases de datos en línea. En 2009 el fondo se asoció con Visible Technologies, especializada en la gestión de la reputación en internet mediante la identificación de la influencia de los autores de “positivos” y “negativos” sobre una serie de plataformas para un tema determinado. Y hace seis años, In-Q-Tel formó una asociación con NetBase -otra empresa de análisis de las redes sociales que promociona su capacidad de escanear “miles de millones de fuentes de información pública y privada en línea”– y Recorded Future, una empresa que monitorea la web para predecir eventos en el futuro.

Bruce Lund, un alto miembro del personal técnico de In-Q-Tel, señaló en un documento de 2012 que “el seguimiento de las redes sociales” es cada vez más importante para las instituciones gubernamentales que tratan de mantener un registro de “erupción de movimientos políticos, crisis, epidemias y desastres, por no hablar de las tendencias mundiales generales”.

La reciente ola de inversiones en empresas relacionadas con las redes sociales sugiere que la CIA ha convertido en una prioridad la tendencia a hacer acopio de datos en línea generados por los usuarios.

Además de sus inversiones en empresas de nueva creación, In-Q-Tel también ha desarrollado un laboratorio especial de tecnología en Silicon Valley, llamado Lab41, para proporcionar herramientas al espionaje para conectar los puntos en grandes bases de datos.

En febrero Lab41 publicó un artículo donde planteaba las formas en que la ubicación de un usuario de Twitter se podía predecir con cierto grado de seguridad a través de la ubicación de sus amigos. En Github, un sitio web de código abierto para los desarrolladores, Lab41 actualmente tiene un proyecto para determinar la viabilidad del uso de estructuras de inteligencia artificial para clasificar el sentimiento positivo, negativo o neutro de mensajes de Twitter hacia un tema específico.

La recogida de información de inteligencia sobre adversarios extranjeros tiene beneficios potenciales para la lucha contra el terrorismo, pero la tecnología de vigilancia de la CIA también se utiliza para la aplicación de la leyes internas y por el sector privado para espiar a los grupos militantes.

Palantir, una de las primeras inversiones de In-Q-Tel en el análisis de redes sociales, fue expuesta en 2011 por el grupo de piratas LulzSec por estar en la negociación de una propuesta para realizar un seguimiento de militantes sindicales y otros críticos con la Cámara de Comercio de Estados Unidos, el mayor grupo de presión empresarial de Washington. La empresa, ahora famosa por ser un  “unicornio de la tecnología” –un término para las nuevas empresas que alcanzan una valoración superior a 1.000 millones– se distanció del plan después de que se filtraran los correos electrónicos de la empresa HBGary Federal, hoy desaparecida.

Sin embargo, otras empresas respaldadas por In-Q-Tel están adoptando abiertamente estas prácticas. Geofeedia, por ejemplo, promueve investigaciones sobre los militantes de Greenpeace, manifestaciones de estudiantes, defensores del salario mínimo y otros movimientos políticos. Los departamentos de policía de Oakland, Chicago, Detroit y otros municipios importantes han contratado a Geofeedia, así como empresas privadas tales como el Mall of America y McDonald.

Lee Guthman, un ejecutivo de Geofeedia, reconoció al periodista John Knefel que su empresa es capaz de predecir el potencial de violencia en las protestas Black Lives Matter mediante el uso de la ubicación y el sentimiento de los tuits. Guthman dijo que la tecnología podía estimar el sentimiento poniendo “puntos positivos y negativos” a ciertas frases y midiendo la “proximidad de las palabras a ciertas palabras”.

Los defensores de la intimidad, sin embargo, han expresado su preocupación por este tipo de clasificaciones automatizadas. “Cuando hay empresas privadas decidiendo qué algoritmos dan un denominado índice de amenaza, o hacen que una persona sea sospechosa, obviamente hay posibilidades de convertir en objetivos [del gobierno] a personas en base a sus puntos de vista, o incluso por su raza o la religión”, dijo Lee Rowland, un abogado dirigente de la Unión Americana de Libertades Civiles.

Añadió que existe una peligrosa tendencia en el gobierno a depender de las empresas de tecnología para “construir listados masivos de personas”.

—https://theintercept.com/2016/04/14/in-undisclosed-cia-investments-social-media-mining-looms-large/

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A través de internet el imperialismo controla las comunicaciones mundiales

Expertos en seguridad informática han descubierto un virus muy sofisticado en su diseño y ejecución oculto en los ordenadores afectados durante al menos cinco años que han bautizado con el nombre de “Proyecto Sauron” y que fue desarrollado por el espionaje de Estados Unidos.

Según un informe publicado por la empresa de seguridad Symantec, con sede en Mountain View, California, y el Laboratorio Kaspersky, de Moscú, el virus lleva activo desde al menos el año 2011 y ha afectado al menos a 30 objetivos.

Entre las víctimas del ataque cibernético figuran instituciones públicas, centros de investigación científica, organizaciones militares e instituciones financieras en Rusia, Irán, Ruanda, China, Suecia y Bélgica.

“El grupo usa un virus avanzado conocido como Remsec para realizar sus ataques”, afirmó Symantec, que destacó que el citado virus suele usarse fundamentalmente con fines de espionaje.

Los expertos del Laboratorio Kaspersky definen el “Proyecto Sauron” como “una plataforma modular que facilita campañas de ciberespionaje a largo plazo”. Kaspersky asegura que una operación de esta magnitud se encuentra en la cúspide del ciberespionaje y pudo haber sido ejecutada únicamente con ayuda gubernamental. Estima que el desarrollo de este código cuenta con la participación de varios equipos de especialistas y un presupuesto de varios millones de dólares. Además, ha comparado su ejecución con el virus Stuxnet, famoso por atacar las centrifugadoras de la central nuclear iraní de Natanz en 2010.

El virus deja huellas diferentes en cada uno de los aparatos infectados, lo que implica que los datos recopilados en uno de los objetivos afectados no ayuda a los investigadores a descubrir otras infecciones.

“Los atacantes entienden, claramente, que nosotros los investigadores estamos siempre buscando patrones. Elimina esos patrones y resultará mucho más difícil descubrir la operación”, afirmaron los investigadores en el informe publicado.

Según Symantec, el virus permite robar documentos y facilita un amplio acceso al ordenador infectado.

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Del Big Brother al Big Data

Pierre Verhas
El nuevo juego de moda es “Pokemon Go”. Se trata mediante un smartphone de encontrar y eliminar un máximo de “pokemons”, pequeños personajes ficticios que pueden encontrarse virtualmente en cualquier localización real. Mediante una buena operación de marketing, los promotores de este juego han llevado a millares de usuarios a entregarse a una especie de cacería desplazándose con su móvil a todos los lugares posibles e imaginables tal vez con peligro de su vida, escapando de todo contacto con el mundo tangible. Se pueden encontrar “pokemons” en el campo de Auschwitz, lo que prueba que para las multinacionales del Big Data no hay frontera ni valor moral, y solo cuenta el valor financiero.

Esto inquieta con motivo a las autoridades, que ignoran como luchar contra este fenómeno. Pero su inquietud se centra en la seguridad de los usuarios y no en los daños provocados por la concepción del juego. En un Estado digno de este nombre “Pokemon Go” estaría pura y simplemente prohibido.

Pero “Pokemon Go” da muchos beneficios a sus promotores, potentes empresas multinacionales informáticas. Y, lo más peligroso, la aplicación “Pokemon Go” prepara a sus usuarios para el porvenir que nos deparan estas empresas, es decir, una vida en un mundo en el que no se podrá separar la ilusión del mundo tangible. Viviremos en una caverna de Platón high-tech. ¿Cómo se llega a esto?

Está explicado en una reciente obra titulada “El hombre desnudo, la invisible dictadura de lo digital”, del novelista y antiguo directivo de empresa Marc Dugain, y el periodista especialista en informática del semanario Le Point, Christophe Labbé.

La dictadura digital

Esta dictadura de lo digital lleva el nombre de Big Data. Es la recolección y tratamiento de datos de todo tipo, y sobre todo de individuos, sobre la faz de la tierra. El Big Data es invención e instrumento de los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon), a los que hay que añadir Uber y sus avatares como Airbnb, etc.

Según Dugain y Labbé, nunca se ha podido disponer de tal cantidad de información. Es “una revolución comparable a la provocó el petróleo en el campo de la energía en el siglo XX”.

Los autores afirman sobre las multinacionales de la información, parafraseando las palabras de Churchill tras la batalla de Inglaterra, que “jamás en la historia de la humanidad un número tan pequeño de individuos habrá concentrado tanto poder y riqueza […] Y, contrariamente al petróleo, brota permanentemente de los oleoductos digitales, el 90 por ciento de la masa de datos disponibles ha sido creada estos últimos años”.

Los empresarios del Big Data no tienen ninguna ética en absoluto. Hay una regla aplicada a la que se ha dado el nombre de regla de Gabor: “Todo lo que es técnicamente posible debe ser efectuado, independientemente de que esta realización sea juzgada moralmente buena o condenable”.

Un poder basado en datos, muchos datos
Otro aspecto bastante sorprendente: el objetivo de la recogida de datos no se conoce, necesariamente, en el momento en que se hace, y el uso que se hará de ello no será necesariamente el que había sido inicialmente previsto. Es pues claro que el objetivo es recoger un máximo de datos, que constituirán una especie de tesoro en el que se apoyarán un día u otro para asentar definitivamente el poder de estas empresas sobre el mayor número posible de seres humanos. Los Big Data construyen su potencia absoluta en detrimento de los individuos que pretender defender y satisfacer.

Y esta supuesta defensa del individuo se hace en contra del Estado, en una trayectoria típicamente libertaria. “He aquí el enemigo: la potencia estatal. Para la mayoría de los empresarios de Silicon Valley, el Estado bajo su actual forma es un obstáculo a abatir. Su temor no es el Big Brother, sino el Big Father”. ¿Por qué?

El Estado es ineficaz, y la democracia no es funcional. Destaquemos que la tan venerada hasta hace poco democracia, casi como un dios del olimpo, es hoy criticada, vilipendiada por todo tipo de razones más o menos pertinentes. En el seno de las instituciones europeas, por ejemplo, la democracia se considera como un obstáculo a la realización de proyectos y planes. Algunos, incluso, quieren transformar la democracia en una especie de antiguo ágora donde los representantes serían elegidos por sorteo.

En realidad no es la democracia la que hay que abatir, sino la política.

Estos empresarios de los GAFA sueñan con “ciudades-nación flotantes escapadas de la soberanía de los Estados”. Esta idea ha germinado en Patri Friedman, nieto del fundador del monetarismo y de la Escuela de Chicago, Milton Friedman. Se nota la herencia.

De esa forma instalarán su poder absoluto. Una de sus armas es el mundo virtual; y los managers de los GAFA lo saben. Como explican los autores, Mark Zuckerberg, patrón de Facebook y los otros grandes de la red, prohíben a sus hijos tener tabletas y smartphones. Se educan en distinguidas escuelas privadas en donde se practica una enseñanza tradicional de calidad. Haz lo que te digo, y no lo que hago…

La alegoría de la caverna de Platón es perfectamente aplicable al mundo virtual creado por los medios en el cual están sumergidos la mayoría de los seres humanos. “El reflejo de la realidad se ha hecho en nuestras cabezas más importe que la propia realidad”, exponen Dugain y Labbé. “El presente no toma sentido más que bajo forma de chuchería pixelizada”. Y constatan “si nos damos cuenta, la digitalización del mundo ha desencadenado una extracción de lo real”. Existen muchos métodos para traficar con la realidad y presentar al público la representación del mundo que debe prevalecer. El primero es amordazar la prensa.

La prensa amordazada

Los periodistas, por ejemplo, cada vez se ven más en la imposibilidad de presentar los hechos tal y como ellos los han visto. Deben describirlos como lo desean los accionistas de los grandes órganos de la prensa escrita y audiovisual. Serge Halimi y Pierre Rimbert, en Le Monde Diplomatique del mes de julio de 2016 informan de lo que sucede en el mundo del periodismo y especialmente en el semanario de “izquierda” l’Obs [Le Nouvel Observateur].

“Tras la Segunda Guerra Mundial, los periodistas disponen de poder de decisión sobre los principales medios. Organizados en sociedades de redactores, se declaran decididos a cuestionar las estructuras que no garantizan al público informaciones a la vez seguras y completas”. Su decisión de no ver nunca más “prevalecer en la prensa los intereses privados sobre el interés general” se debilita a partir de la década de los 80, bajo el efecto de las transformaciones del sector de la comunicación: disminución de los lectores, disminución de los ingresos por publicidad, apogeo de lo digital, concentración empresarial. A la imagen icónica, vehiculada por el cine, de un individuo libre ejerciendo un contrapoder se opone la lúgubre realidad multimedia condenada a fabricar “contenido” en función de las palabras-clave que pululan por las redes sociales.

“… Se debilita a partir de la década de los 80”, es decir, desde el momento en que la revolución neoliberal comienza. Y esto no es fortuito. Halimi y Rimbert añaden: “Esta cascada de rechazos [por parte de las asociaciones de periodistas] rápidamente barridos da alas a los propietarios de los periódicos, que, lógicamente, empujan más lejos sus avances”. En Le Figaro, el senador de derecha Serge Dassault se aseguraba que sus problemas con la justicia serían tratados con discreción (es decir, no tratados en absoluto), que la firma de sus contratos de armamento se saludaría con emoción y que los Estados compradores de los aviones Rafale serían tratados con indulgencia. “No tenemos el derecho de hablar mal de los países en los que Dassault hace negocios”, confesaba un periodista. En lo sucesivo, sin que las sociedades de redactores estén (aparentemente) revelándolo, ha conseguido también que su periódico se metamorfosee con una regularidad de metrónomo en el servidor de los industriales multimillonarios amigos del fabricante de aviones, y grandes anunciantes en Le Figaro.


“Desnudo, brutal y casi siempre mudo, este poder no tiene necesidad de hablar. Nos adelantamos a sus deseos; se le teme tanto más cuanto que no siempre se comprenden sus razones, y no se preocupa en ofrecer ninguna”.

En cuanto al Nouvel Observateur, el semanal de la izquierda “caviar”, siempre cercano al poder cuando el Partido Socialista está al mando, declina desde hace años. Hace dos años se alineó decididamente tras Valls y Macron.

Halimi y Rimbert nos describen las curiosas relaciones entre los propietarios y los directivos del órgano de la izquierda liberal.


Se puede decir que la decisión de ponerse a remolque de un poder desaforado no ha sido coronado con un completo éxito. En diciembre de 2015, el descenso de las ventas se acelera. Los accionistas concedieron un mes al director del periódico para presentarles un proyecto de relanzamiento editorial. Un plazo muy corto, una misión poco definida, paralela a un crédito ya concedido. Nos podemos imaginar que los días de Croissandeau a la cabeza del Observateur están contados. Pero se produce todo lo contrario. Valerosamente, el director se zafa despidiendo a sus dos adjuntos, uno de ello, Aude Lancelin, más a la izquierda que él, pareja de Frederic Lordon, al que despide sobre la marcha, una novedad en la historia de esta publicación.

El 11 de mayo de 2016, el 80 por ciento de los periodistas de la publicación reniegan de Croissandeau. Pero, aún los accionistas, los señores Xavier Niel (pareja de Delphine Amault, hija de Bernard Arnault), Pierre Bergé, Mathieu Pigasse y Claude Perdriel, renovándole inmediatamente su “absoluta confianza”.

Aude Lancelin era el OVI de la banda. Era realmente de izquierda, cercana a la “Nuit debout”. Habría pues transgredido la “línea social-demócrata” del Observateur. Croissandeau ha querido camuflar su despido como una decisión empresarial, pero el accionista Perdriel proclama alto y fuerte que se trata de una decisión política. No se andan con paños calientes. ¡Aude Lancelin está acusada de haber publicado textos “antidemocráticos”, cuyos autores son Alain Badiou, Jacques Ranciere, Emmanuel Todd y Yanis Varoufakis.

En realidad, es el poder el que desea que el Observateur combata a la izquierda radical y desde luego, en esta perspectiva, una Aude Lancelin montando importunaba. Otra garantía democrática que se hundía. Serge Halimi Y Pierre Rimbert concluyen: “El fondo común republicano formado por una prensa defensora de los derechos democráticos y las libertades públicas ha dejado de ser sagrado. En lo sucesivo, el periodismo favorece la deriva autoritaria del poder, y asiente con gusto ponerse al cuello el anillo de hierro de los industriales que lo dominan”.

¿Y los servicios secretos?

Tras el amordazamiento de la prensa de opinión, entran en escena los servicios secretos. Volvamos a “El hombre desnudo”. Tras la caída del Muro, “los servicios secretos han cambiado un enemigo claramente identificado, la Unión Soviética, por una amenaza permanente, con la cual no se puede acordar tregua, o firmar la paz”. Los servicios de inteligencia y el Big Data tienen un objetivo común: la formación más influyente de este siglo en cuestión de recogida de datos y tratamiento de la información mundial. “La parte más potente de los Estados Unidos es, de esa forma, híbrida”. Realmente, no lo necesitan: hay connivencia entre el Estado “profundo” de otras naciones occidentales y las multinacionales del Big Data, instaurando así un gobierno mundial dominador, eliminando los Estados. Es a grandes rasgos lo que denunciaba un Edward Snowden y lo que demuestran los documentos de Wikileaks.

Snowden ha explicado que los servicios secretos pudieron “chupar” los datos de países extranjeros porque estaban almacenados en servidores de empresas privadas estadounidenses. Y no solamente estadounidenses: recordemos el asunto Belgacom (hoy Proximus) bajo el gobierno de Di Rupo. El servidor de esta sociedad semipública contiene los datos de instituciones europeas, y se sabe que han sido pirateadas. Este asunto fue rápidamente tapado. Se ignora si las instituciones europeas y Belgacom han resuelto este problema. Esto es revelador de la debilidad de los Estados occidentales y de sus dirigentes. “La fusión de los servicios de inteligencia con las empresas comerciales de Big Data augura una forma de gobierno mundial no elegido”. Gobierno mundial que es el sueño de algunos intelectuales como Jacques Attali, Bernard Henry Levy y adláteres.

El control de los individuos

Para este nuevo poder no se trata de asegurar el control de los Estados sino de asegurar también el control de los individuos a través de sus conductas. La gestión de cuentas en bancos, los pagos, etc. La venta de este tipo de datos a los operadores puede dar buenos dividendos; es posible obtener conclusiones de los perfiles de cada individuo. Cada individuo debe ser identificado con precisión como consumidor, para que el universo comercial pueda acercarse a sus costumbres y necesidades. Vivimos pues en un mundo que se transforma en un papel secante. “Este espantoso papel secante bebe, absorbe todas las pistas que dejamos en el mundo digital”. Por ejemplo, los usuarios de Facebook, 1,4 millones, han aceptado implícitamente donar a la firma de Mark Zuckenberg la lista de sus amigos, su situación amorosa, su nacimiento, sus fotos personales y sus áreas de interés. De esa forma se despojan de una parte de su intimidad. Datos dados a cambio de un servicio gratuito, con los que el segundo anunciante mundial fabrica su miel. Los libros electrónicos también se chivatean. Los lectores electrónicos registran el tipo de libros escogidos, los hábitos de lectura, etc. Se puede multiplicar hasta el infinito los objetos ahora “conectados” y susceptibles por tanto de alimentar el Big Data. Los ejemplos son abundantes en la obra de Dugain y Labbé.

Del Big Brother al Big Data

Los autores consideran que George Orwell no hubiera podido prever tal sistema de control del conjunto de los seres humanos. Se engañan. Ciertamente, Orwell no hubiera imaginado la tecnología que subyace al Big Data; sin embargo, en su alegórico 1984, el autor inglés ha imaginado un mundo sometido a la vigilancia general en provecho de una élite que controla “el Partido”. Las “telepantallas”, especie de TV interactivas que se imaginó, destinadas a vigilar el conjunto de los habitantes de Oceanía, incluidos los abandonadas por la sociedad que llama “los proles”, no son más que las herramientas de vigilancia general como los innumerables detectores, muy reales estos, que aseguran hoy nuestra vigilancia, no ya en beneficio de un “partido”, sino en el de las empresas multinacionales que aseguran cada vez más su dominio sobre el conjunto del planeta.

Eric Schmidt, el patrón de Google, se regocija. “Cuando se considera el porvenir, con sus promesas y sus desafíos, se ve el anuncio del mejor de los mundos”. ¡O la peor de las pesadillas! Porque Schmidt añade: “Cada vez será más difícil garantizar la vida privada. La razón es que en un mundo de amenazas asimétricas, el verdadero anonimato es demasiado peligroso”. ¿Las amenazas de quién? ¿Del Daesh o de las empresas multinacionales de Big Data?

¿Ha sido de nuevo encadenado Prometeo?

Prometeo y la arrogancia, el destino, el antiguo enfrentamiento. Prometeo, el hombre dios que desafió el destino y a los dioses robando el fuego, está condenado a las cadenas para siempre y a sufrir los peores tormentos. Es el desafío que denuncian Dugain y Labbé. Los empresarios digitales jugarían a ser Prometeos, riéndose de la arrogancia, del destino. En otras palabras, para los autores ya no hay equilibro entre el progreso tecnológico y el interés de la sociedad.

Es abordar mal el problema. Estos gigantes de la “telaraña” no inventan nada. Explotan una tecnología ya relativamente antigua. Todos los ordenadores digitales funcionan bajo los mismos principios desde su invención durante la Segunda Guerra mundial. No han existido auténticas invenciones en este dominio después. Pero la técnica de los ordenadores se ha adaptado a la formidable revolución tecnológica resultado de la crisis petrolera de los años 1970-1980, en donde los cuatro polos tecnológicos, material, energía, la relación con lo vivo, el tiempo, han tomado impulso: el nuevo material son los polímeros, la energía es la renovable, la relación con lo vivo es la microbiología y las manipulaciones genéticas; el tiempo ha pasado del segundo al nanosegundo.

Hay en Dugain y Labbé un rechazo del progreso, lo que está muy de moda hoy. Es una pena. Pero no importa. El control de esta tecnología permitirá a algunos disponer de un poder casi absoluto sobre el mundo. Pero aún no lo tienen. Y en cualquier caso, como todo poder absoluto, se hundirá un día u otro, y el hombre será de nuevo el dueño de sus destinos.

Fuente: http://www.legrandsoir.info/de-big-brother-a-big-data.html

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En Rusia los espías dejan los ordenadores y vuelven a las viejas máquinas de escribir

El servicio de inteligencia de Rusia acaba de anunciar en su sitio de internet que las redes digitales de 20 organizaciones, incluyendo instituciones públicas y empresas de defensa, han sido infectadas con programas de espionaje, en lo que califica como un ataque dirigido y coordinado.

El Servicio Federal de Seguridad ruso añade que los programas de espionaje y la forma en que las redes se han sido infectadas tienen similitudes con casos anteriores de espionaje informático que se han dado en Rusia y otros países. El servicio de inteligencia no dice de quién sospecha que esté detrás de los ataques.

“Se han infectado los recursos tecnológicos de información de instituciones gubernamentales, centros de investigación científica y militares, empresas del sector de defensa y otras entidades que participan en infraestructura cruciales”, dicen los espías en un comunicado en su página web.

Los atacantes han diseñado un programa específico y único para cada uno de los objetivos atacados y el comunicado de la inteligencia rusa asegura que se trata de “una operación planeada y ejecutada de forma profesional”. El virus se ha difundido “mediante el envío de correos electrónicos. Tras acceder al sistema, el programa carga los módulos necesarios para interceptar y espiar el tráfico de la red, recoger capturas de pantalla, encender de forma autónoma las cámaras web y micrófonos, grabar archivos de audio y vídeo, y datos sobre las teclas pulsadas en el teclado”, explica el comunicado.

Hace tres años el diario ruso Izvestia anunció que el servicio ruso de inteligencia ha vuelto a utilizar máquinas de escribir para archivar documentos secretos ante el temor a ser víctimas de ataques informáticos.

El Servicio Federal de Protección, encargado de la seguridad del presidente y del gobierno, compró 20 máquinas de escribir con las cuales redacta en papel la información que considera fundamental para la seguridad del país.

Según el diario ruso, también el Ministerio de Defensa y de Protección Civil utiliza máquinas de escribir para evitar mantener información en ordenadores que puedan ser objeto de ataques informáticos.

Nikolai Kovalyov, antiguo jefe del servicio secreto interno, reveló al diario que en determinados sectores donde la información es muy sensible, es común que los documentos secretos para almacenar se escriban a mano.

En Rusia suelen utilizar la máquina de escribir alemana Triumph-Adler Twen 180, las cuales tienen un número de registro, debido a que para los servicios secretos es importante distinguir desde que máquina provienen los documentos.

Asimismo, un portavoz del espionaje ruso, Serguei Devyatov, afirmó que en las conversaciones telefónicas entre los dirigentes de los países, aún utilizan las antiguas conexiones que analógicas a prueba de escuchas.