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Se destapa otro caso de espionaje masivo en internet

El martes la empresa rusa especializada en seguridad informática Kaspersky anunció el descubrimiento de una gigantesca red de espionaje informático que está en el origen de los ataques de una complejidad sin precedentes con los que se ha logrado infectar discos duros de ordenadores de gobiernos, instituciones públicas y empresas estratégicas.

Kapersky ha bautizado esa red como The Equation Group. La empresa rusa asegura que esos piratas informáticos “han infectado desde el 2001 a miles o incluso decenas de miles de víctimas en más de 30 países de todo el mundo”. Según la empresa de seguridad informática, The Equation Group es una red “que supera todo lo que se conoce en términos de complejidad y sofisticación de la técnica”.

En el informe, Kaspersky asegura que The Equation Group “utiliza un muy complicado y costoso desarrollador para infectar a las víctimas acceder a sus datos. Además, ocultan su actividad con gran profesionalidad”. En cuanto a los autores de estos ataques, la compañía de seguridad informática no quiso acusar directamente a Estados Unidos, aunque lo ha dejado entrever pues ha señalado que el mecanismo de espionaje empleado por el grupo tiene “fuertes vínculos” con Stuxnet, el virus con el que la Agencia de Securidad Nacional atacó los ordenadores del programa nuclear iraní.

Así, Fanny, uno de los troyanos empleados por The Equation Group, continene elementos que indican que sus desarrolladores son o los mismos o muy parecidos a los de Stuxnet. Los países más afectados por esos ataques son Irán, Rusia, Pakistán, Afganistán, India, China, Siria y Mali. Los objetivos seleccionados con “precisión quirúrgica” son oficinas diplomáticas, ejércitos, medios de comunicación, las organizaciones islámicas o de telecomunicaciones, petróleo, nuclear, la nanotecnología, las finanzas…

Algunas de las víctimas fueron científicos que habían participado en un congreso y que recibieron en un CD un resumen de las ponencias. A medio camino, el paquete del cedé fue interceptado por estos piratas que introdujeron el virus en los CD y los volvieron a enviar. En otros casos, el virus estaba en el icono que se enciende cuando en un ordenador se conecta una memoria USB.

Rajoy lleva de nuevo a la División Azul al Báltico

El ministro de la Guerra, Pedro Morenés, ha salido de viaje esta mañana para visitar a la Nueva División Azul que el gobierno del PP ha enviado a la frontera de Rusia. Desde finales de diciembre un contingente de más de un centenar de militares españoles forma parte de la misión de acoso de la OTAN contra Rusia en la base aérea de Amari, en Estonia.
La Nueva División Azul está formada por cuatro cazas Eurofighter y unos 115 efectivos, entre los que hay pilotos, personal de mantenimiento, un médico, un equipo de rescate, controladores aéreos y un equipo de protección.
Pero desde 1939 los colores han desteñido. Ahora la Nueva División Azul vende la moto de otra manera para seguir haciendo lo mismo que en 1939. Las directrices de la OTAN han impuesto al gabinete de imagen del Ministerio de la Guerra otra manera muy distinta de presentar oficialmente el ataque. Ya no se trata de combatir la expansión del comunismo sino de «vigilar el espacio aéreo ante la presencia constante de aeronaves militares rusas, que se ha incrementado notablemente a raíz del estallido del conflicto en el este de Ucrania».
Otra manera de contar la misma farsa en las notas de prensa es la siguiente: la misión española quiere dejar claro a los rusos que vuelan desde el norte de su territorio, en San Petersburgo, hacia Kaliningrado, al sur de Lituania, que los países bálticos son miembros de la alianza militar imperialista.
El radio de acción de esta misión aérea ocupa alrededor de 60.000 kilómetros cuadrados en el Mar Báltico y junto con España también están desplegadas tropas de Polonia e Italia, en una base de Lituania, y Bélgica, en otra base polaca.
Aunque esta misión se puso en marcha hace diez años y los países imperialistas se van rotando en turnos de cuatro meses, sus efectivos se han incrementado en el último año debido a la intensificación de la presión contra Rusia iniciada con el golpe de Estado en Ucrania. La rotación que le correspondía a España en esta misión no empezaba hasta 2016, pero la guerra ha obligado a que los imperialistas intensifiquen su presencia en la zona e incorporar una base más, la de Estonia, para albergar a otro contingente adicional.
El Ejército del Aire estonio ha reconocido que se han producido lo que califica como «incidentes» con aviones rusos que vuelan hacia Kaliningrado que en ningún caso son «actos hostiles» por parte de Rusia. Lo que no dice es que ni siquiera se podrían calificar como «incidentes» si Estonia no hubiese cometido la provocación de llevar la OTAN a las puertas mismas de una ciudad con una enorme densidad de tráfico aéreo, como San Petersburgo.

Estados Unidos lleva a cabo operaciones militares encubiertas en 105 países

Nick Turse

Al final de la noche subieron al avión V-22 de despegue vertical. Después de poner pie a tierra en una región remota de uno de los países más volátiles del mundo, asaltaron una aldea y pronto se vieron envueltos en un letal tiroteo. Era la segunda vez en dos semanas que ese grupo de elite de SEAL de la marina de Estados Unidos trataba de rescatar al fotógrafo y periodista estadounidense Luke Somers. Y la segunda vez que fallaban.

El 6 de diciembre de 2014, un grupo de unos 36 comandos de Estados Unidos fuertemente armados, operando con información obtenida por satélite, drones y dispositivos de escucha de última generación, equipados con gafas de visión nocturna y respaldadas por tropas especiales de Yemen, se enfrentaron a tiros con una media docena de militantes de al-Qaeda en la Península Arábiga. Cuando todo acabó, Somers estaba muerto, lo mismo que Pierre Korkie, un maestro surafricano al que planeaban dejar en libertad al día siguiente. Según informaciones locales, los comandos también mataron a ocho civiles. La mayor parte de los militantes huyeron.
Estos sangrientos episodios fueron, dependiendo de vuestro punto de vista, un final de año de ignominia para unas fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos desplegada a niveles cercanos al récord o un comienzo de año poco auspicioso, un nuevo año que ya está en camino de alcanzar marcas similares, o incluso superarlas.
Durante al año fiscal que terminó el 30 de septiembre de 2014, las fuerzas de operaciones especiales (SOF, por sus siglas en inglés) se desplegaron en 133 países –más o menos el 70 por ciento de las naciones del mundo–, según el teniente coronel Robert Bockholt, oficial de asuntos públicos del Comando de Operaciones Espaciales de Estados Unidos (SOCOM, por sus siglas en inglés). Esto remató un periodo en el que las fuerzas más selectas del país estuvieron activas en más de 150 países del orbe, realizando misiones que iban desde la muerte o captura en asaltos nocturnos a ejercicios de adiestramiento. 2015 puede ser un año en el que se rompan récords. Apenas un día después del fallido asalto que acabó con la vida de Luke Somers –cuando habían pasado solo 66 días del año fiscal 2015– las fuerzas más selectas de Estados Unidos habían pisado el suelo de 105 países, aproximadamente un 80 por ciento del total de 2014.
A pesar de esta escala y este ámbito tan vastos, esta guerra secreta que se combate en casi todo el planeta es desconocida para la mayoría de los estadounidenses. A diferencia del desastre de diciembre en Yemen, la gran mayoría de las operaciones especiales permanecen completamente en la sombra, ocultas a toda supervisión externa o al escrutinio de los medios. De hecho, aparte de la escasa información revelada por la muy selectiva cobertura de los medios militares, las filtraciones oficiales de la Casa Blanca, el propio SEAL cuando quiere vender algo y unos pocos periodistas cuidadosamente escogidos que informan sobre temas escogidos con sumo e igual cuidado, la mayor parte de lo que hacen estos grupos especiales nunca se somete a un examen importante, lo que no hace más que aumentar las posibilidades de repercusiones imprevistas y consecuencias catastróficas.
La edad dorada de las operaciones encubiertas
“El Comando está en su absoluto apogeo. Ciertamente, esta es la edad dorada de las operaciones especiales”. Estas palabras las dijo el general Joseph Votell III, graduado en West Point y “ranger” del ejército, en el momento de asumir la jefatura del SOCOM el pasado agosto.
Su retórica quizá fuera de alto vuelo, pero de ningún modo hiperbólica. Desde el 11 de septiembre de 2001, las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos han crecido en todos los aspectos concebibles, incluso el número de integrantes, su presupuesto, su peso en Washington y su lugar en el imaginario de la población del país. Por ejemplo, SOCOM ha más que duplicado su personal, desde los aproximadamente 33.000 en 2001 a los cerca de 70.000 de hoy en día, incluyendo un salto de unos 8.000 hombres durante los tres años de la titularidad del recientemente retirado jefe de SOCOM, el almirante William McRaven.
Estos números, impresionantes como son, no dan una idea cabal de la naturaleza de la expansión y crecimiento del alcance mundial de las fuerzas más selectas de Estados Unidos en estos años. Para esto, lo más apropiado es un resumen de la estructura de SOCOM y su siempre creciente comando de operaciones especiales.
La parte del león de las tropas que forman SOCOM son los Rangers, los Boinas Rojas y otros soldados del ejército, seguidos de los comandos de la Fuerza Aérea, los SEAL, las tripulaciones de combate de embarcaciones navales especiales de la Marina, lo mismo que un contingente más pequeño de infantes de marina (marines). Pero solo es posible tener una noción de la capacidad expansiva del comando cuando se considera el alcance completo de los “comandos sub-unificados” en que están divididas esas tropas de operaciones especiales: el nombre de SOCAFRICA se explica por sí mismo; SOCEUR, el contingente de ámbito europeo; SOCKOR, dedicado exclusivamente a Corea; SOCPAC, que cubre el resto de la región asiática y el Pacífico: SOCSOUTH, que realiza misiones en Centroamérica, Suramérica y el Caribe; SOCCENT, el comando sub-unificado del CENTCOM (comando central de Estados Unidos en Oriente Medio); SOCNORTH, que está dedicado a la “defensa interior”; y JSOC, el trotamundos comando de operaciones especiales conjuntas: un sub-comando encubierto (encabezado antes por McRaven y después por Votel) compuesto por personal proveniente de cada rama de las fuerzas armadas, incluyendo SEAL, soldados especiales tácticos de la Fuerza Aérea y otros de la fuerza Delta, del Ejército, especializados en el rastreo y asesinato de sospechosos de ser terroristas.
Sin embargo, tampoco penséis que ya lo sabéis todo. Como resultado del impulso dado por McRaven para la creación de “una red global de fuerzas de operaciones especiales de aliados y socios a agencias con ideas afines”, oficiales de enlace de operaciones especiales (SOLO, por sus siglas en inglés), están hoy “incrustados” en 14 embajadas clave de Estados Unidos para asesorar las fuerzas especiales de varios países aliados. Si bien ya están trabajando en Australia, Brasil, Canadá, Colombia, El Salvador, Francia, Israel, Italia, Jordania, Kenya, Polonia, Perú, Turquía y Reino Unido, el programa SOLO está preparado, según Votel, para llegar a 20 países hacia 2019. SOCOM, y sobre todo JSOC, también han establecido estrechos vínculos con la CIA, el FBI y la NSA, entre otras agencias.
Operaciones en la sombra
El ámbito global del comando de operaciones especiales se extiende aún más gracias a unidades más pequeñas que operan en la sombra desde bases en Estados Unidos para ser enviadas a zonas remotas del sudeste asiático, puestos de avanzada en Oriente Medio o sencillos campos en África. Desde 2002, SOCM está autorizado a crear sus propias fuerzas de tareas conjuntas, una prerrogativa normalmente reservada a comandos de combate como CENTCOM. Por ejemplo, la fuerza de tareas conjuntas para operaciones especiales Filipinas (JSOTF-P), que, en su momento de máximo esplendor, tuvo una plantilla de unos 600 estadounidenses para ayudar en operaciones de contrainsurgencia de sus aliados filipinos contra grupos sediciosos como Abu Sayyaf. Después de más de una década combatiendo contra ese grupo, el número de integrantes ha ido disminuyendo, pero continúa activo, mientras que la violencia en la región se mantiene prácticamente igual.
En realidad, en junio de 2014 se anunció una retirada paulatina de esta fuerza de tareas. “JSOTF-P será desactivada y la operación OEF-P [la operación libertad duradera en Filipinas] terminará en el año fiscal 2015”, lo dijo Votel a la Comisión de la Fuerzas Armadas del Senado un mes después. “Un contingente más reducido de personal militar estadounidense que operará formando parte de un PACOM [comando Estados Unidos del Pacífico] continuará mejorando la capacidad de las fuerzas especiales de Filipinas (PSF, por sus siglas en inglés) para realizar sus propias misiones contra el terrorismo..”. No obstante, meses más tarde, la fuerza de tareas conjunta de operaciones especiales Filipinas continúa viva y funcionando“JSOTF-P sigue activa, aunque el personal asignado a ella ha sido reducido”, le dijo la portavoz del ejército Kari McEwen al reportero Joseph Trevithick, de War is Boring.
Otra unidad, la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales Bragg, durante años permaneció en las sombras antes de su primera mención oficial realizada por el Pentágono al principio de 2014. Su misión, según Bockholt, de SOCOM, es “adiestrar y equipar los servicios estadounidenses miembros que se preparan para un despliegue en Afganistán para ayudar a la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales Afganistán”. Esta última fuerza, a su vez, dedicó más una década realizando operaciones encubiertas o “negras” para “impedir actividades que amenazaban la autoridad y soberanía” del gobierno afgano. Esto implicaba asaltos nocturnos y misiones de captura y/o asesinato –frecuentemente concertadas con las fuerzas afganas– que condujeron a la muerte de un número indeterminado de combatientes y civiles. En 2013, para responder a la indignación popular contra los asaltos, el presidente afgano Hamid Karsai los prohibió.
En 2014, las fuerzas estadounidenses de operaciones especiales pasaron a desempeñar tareas de apoyo, permitiendo así que unidades de élite afganas se hicieran cargo de las misiones. “Estamos tratando de que ellos se ocupen del espectáculo”, le dijo el coronel Patrick Robertson, de la fuerza de tareas Afganistán, a USA Today. Pero según LaDonna Davis, un portavoz que acompaña a esa fuerza, integrantes estadounidenses todavía estaban realizando especiales el año pasado. La fuerza se niega a informar sobre cuántas misiones fueron comandadas por oficiales estadounidenses como tampoco en cuántas operaciones estuvieron implicados sus comandos aunque, según informaciones de las fuerzas afganas de operaciones especiales, estas llevaron a cabo al menos 150 misiones por mes en 2014. “No estoy en condiciones de referirme al número específico de operaciones realizadas”, le dijo el mayor Loren Bymer, de la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales Afganistán, a TomDispatch. “Sin embargo, hoy día los afganos comandan el 90 por ciento de las operaciones especiales, y nosotros continuamos adiestrando, asesorando y ayudando a nuestros socios para asegurar sus éxitos”.
No vayáis a pensar que con esto se acaba el diagrama organizativo de las fuerzas especiales: la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales en Afganistán tiene cinco grupos asesores cuya tarea consiste en “aconsejar y asesorar las ASSF [fuerzas especiales de seguridad de Afganistán] de nuestros socios para garantizar que las ASSF continúen la lucha contra nuestros enemigos; las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos deben estar dispuestas a continuar haciendo algún asesoramiento en relación con los aspectos tácticos más allá de 2014 con unidades escogidas en sitios escogidos”, según dijo Votel a la comisión de las fuerzas armadas del Senado. Ciertamente, el pasado noviembre, el sucesor de Karzai, Ashraf Ghani levantó muy discretamente la prohibición de los asaltos nocturnos, dejando así la puerta abierta para el regreso de los asesores estadounidenses a las operaciones especiales en 2015.
Sin embargo, para entonces habrá pocas tropas de operaciones especiales disponibles para hacerse cargo de misiones tácticas. Según palabras del ahora vicealmirante Sean Pybus, subcomandante de SOCOM, alrededor de la mitad de los grupos SEAL desplegados en Afganistán estaban a punto de ser retirados y enviados a ayudar en “el giro en Asia o a trabajar en el Mediterráneo o en el golfo de Guinea o en el Golfo Pérsico”. Aun así, el coronel Christopher Riga, comandante del 7 grupo de fuerzas especiales, cuyos hombres sirvieron el año pasado en la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales combinadas Afganistán cerca de Kandahar, prometió que “seguiría al pie del cañón”: “Todavía hay mucha pelea en Afganistán, y va a continuar”, dijo en una ceremonia de entrega de condecoraciones a finales del año pasado. “Continuaremos matando enemigos hasta que nos ordenen que dejemos de hacerlo”.
A las fuerzas ya enumeradas, agregad las unidades del comando de avanzada de operaciones especiales (SOC FWD, por sus siglas en inglés), pequeños grupos que, según los militares, “diseñan y coordinan operaciones especiales para cooperar con las fuerzas de seguridad, y se implican en el apoyo de diversas operaciones especiales en cualquier teatro de operaciones y ámbito geográfico”. SOCOM rehusó confirmar la existencia de grupos SOC FWD; aunque ha habido abundante evidencia oficial sobre la cuestión, no se brinda información que dé cuenta del número de estos grupos desplegados en el mundo. Pero aquellos que son conocidos están empeñados en operaciones clandestinas de tipo violento, entre ellos, SOC FWD Pakistán, SOC FWD Yemen y SOC FWD Líbano, como también SOC FWD África oriental, SOC FWD África central y SOC FWD África occidental.
De hecho, África se ha convertido en el principal escenario de acciones clandestinas de las unidades especiales de Estados Unidos. “Esta unidad en particular ha hecho cosas admirables. Ya fuera en Europa o en África, se ha hecho cargo de una variedad de situaciones; todos habéis contribuido muy significativamente”, dijo el comandante de SOCOM, general Votel, a los integrantes del 352 grupo de operaciones especiales en su base en Inglaterra el pasado otoño.
Los comandos aéreos raramente están solos en sus hazañas en África. En los últimos años, por ejemplo, los SEAL realizaron una exitosa misión de rescate de rehenes en Somalia y una incursión de secuestro allí que salió mal. En Libia, los comandos de la fuerza Delta tuvieron éxito en la captura de un militante de al-Qaeda en un asalto ejecutado temprano por la mañana, mientras los SEAL requisaron un petrolero que transportaba crudo desde Libia y el débil gobierno respaldado por Estados Unidos tenía por robado. Además, los SEAL se encargaron de una misión de evacuación en Sudán del Sur; la misión fracasó debido a que los integrantes del grupo resultaron heridos cuando el avión que los transportaba fue alcanzado por fuego de fusilería. Mientras tanto, una fuerza especial de respuesta rápida conocida como unidad especial 10 de guerra naval (NSWU-10, por sus siglas en inglés) llevó a cabo misiones en “países estratégicos”, como Uganda, Somalia y Nigeria.
Una misión clandestina de adiestramiento de las fuerzas de operaciones especiales en Libia acabó en fracaso cuando una milicia o “grupo terrorista” asaltó dos veces su campo, que estaba custodiado por soldados libios, y se apropió de equipos estadounidenses de última generación y cientos de armas –incluyendo pistolas Glock y rifles M4–, como también dispositivos para visión nocturna y de rayos láser que solo pueden ser vistos con un dispositivo como el mencionado antes. Como resultado de esto, la misión fue suspendida y el campo fue abandonado. La información dice que la milicia se ha apoderado del lugar.
En febrero del año pasado, tropas de elite se trasladaron a Nigeria para participar en una instrucción militar de tres semanas que forman parte de Flintlock 2014, un ejercicio de operaciones especiales contra el terrorismo de periodicidad anual que reúne las fuerzas del país anfitrión con las de Canadá, Chad, Francia, Mauritania, Holanda, Nigeria Senegal, Reino Unido y Burkina Faso. Varios meses después, un oficial de Burkina Faso, que en 2012 había recibido entrenamiento contraterrorista en Estados Unidos con los auspicios de la universidad de operaciones especiales conjuntas de SOCOM se hizo con el poder mediante un golpe militar. Sin embargo, las fuerzas de operaciones especiales en Burkina Faso permanecieron impertérritas. A finales del año pasado, por ejemplo, auspiciados por SOC FWD África occidental, miembros de 5 batallón del 19 grupo de fuerzas especiales, junto con tropas de elite marroquíes, se adiestraron en una base en las afueras de Marrakech.
Un mundo de oportunidades
No obstante, los despliegues en países africanos no eran más que una parte del rápido crecimiento del comando de operaciones especiales en ultramar. Al final de la presidencia de Bush, cuando el almirante Eric Olson era el jefe de SOCOM, las fuerzas de operaciones especiales estaban desplegadas en unos 60 países de todo el mundo. Para 2010, ese número había llegado a 75, según Karen DeYoung y Greg Jaffe, periodistas del Washington Post. En 2011, el coronel Tim Nye, portavoz de SOCOM le dijo a TomDispatch que el total llegaría a 120 hacia el final de ese año. En 2013, con el almirante McRaven al mando de SOCOM, el entonces mayor Robert Bockholt le dijo a TomDispatch que ese número había saltado a 134. Bajo el comando de McRaven y Votel en 2014, según palabras de Bockholt, el total casi no varió: 133. Sin embargo, el secretario de defensa saliente Chuck Hagel anotó que bajo el mando de McRaven –desde agosto de 2011 hasta agosto de 2014– las fuerzas de operaciones especiales operaban en más 150 países. “De hecho, SOCOM y la totalidad de las fuerzas armadas de Estados Unidos están más comprometidos que nunca en el ámbito internacional; en más sitios y con una variedad mayor de misiones, dijo en un discurso en agosto de 2014.
No estaba bromeando. Pasados solo dos meses del año fiscal 2015, el número de países donde se han realizado operaciones especiales ya llegaba a 105, según Bockholt.
SOCOM se negó a hacer comentarios tanto sobre la naturaleza de sus misiones como acerca de los beneficios de actuar en tantos países. El comando ni siquiera ha dado el nombre de un solo país en el que hayan intervenido fuerzas de operaciones especiales estadounidenses en los últimos tres años. No obstante, un vistazo sobre algunas de las operaciones, ejercicios y otras actividades que han salido a la luz pinta un cuadro de un comando trotamundos en constante movimiento con alianzas en todos los rincones de la Tierra.
Por ejemplo, en enero y febrero [de 2014], integrantes del 7 grupo de las fuerzas de operaciones especiales y el 160 regimiento de operaciones aéreas especiales realizaron un intercambio de instrucción en acciones conjuntas combinadas (JCET, por sus siglas en inglés) con fuerzas de Trinidad y Tobago, al mismo tiempo que el 353 grupo de operaciones especiales se reunía con miembros de la real fuerza aérea de Thailandia para realizar los ejercicios Teak Torch en Udon Thani, Thailandia. En febrero y marzo, en el marco de las JCET, los Boinas Rojas del 20 grupo de fuerzas especiales se adiestró con tropas de elite de la República Dominicana.
En marzo, miembros del comando de operaciones especiales de la armada y la unidad especial 1 de guerra naval se embarcaron en el crucero portamisiles USS Cowpens para participar en maniobras en el marco del programa Multi-Sail 2014, unos ejercicios anuales diseñados para defender la “seguridad y estabilidad en la región India-Asia-Pacífico”. También en marzo, soldados, marineros, infantes de marina y aviadores de elite participaron en un ejercicio de adiestramiento (cuyo nombre clave era Fused Response) con integrantes de las fuerzas armadas de Belice. “Ejercicios como este crean entendimiento y vínculos entre las fuerzas de Estados Unidos y de Belice”, dijo el teniente general de la fuerza aérea Herbert Toro, perteneciente al comando sur de operaciones especiales.
En abril, soldados del 7 grupo de fuerzas especiales se unieron a fuerzas aerotransportadas de Honduras para adiestrase en salto con paracaídas, lanzándose sobre la base aérea de Soto Cano de ese país. Soldados de la misma unidad, junto con la fuerza de tareas de Afganistán, realizaron también operaciones encubiertas en el sur del país en la primavera de 2014. En junio, miembros de grupo 19 de fuerzas especiales efectuaron unas JCET en Albania, al mismo tiempo que hombres de la fuerza Delta participaban en la misión de rescate de sargento Bowe Bergdahl en Afganistan. También en junio, comandos de la fuerza Delta ayudaron en el secuestro de Ahmed Abu Khattala, sospechoso de ser el responsable de los ataques terroristas de 2012 en Benghazi, Libia, que mataron a cuatro estadounidenses, mientras los Boinas Rojas se trasladaban a Iraq para asesorar en la lucha contra el Estado Islámico.
En junio y julio, 26 miembros del escuadrón 522º de operaciones especiales llevaron a cabo una misión de 45.000 kilómetros que los llevó a Sri Lanka, Tanzania y Japón, entre otras naciones, para proteger “tres aviones monomotor [del comando de operaciones especiales de la fuerza aérea] destinados al área de responsabilidad del Pacífico”. En julio, fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos viajaron a Tolemaida, Colombia, para competir contra otras tropas de élite llegadas de 16 países –en actividades como tiro de precisión en distancias largas (especialidad de los francotiradores), tiro al blanco, carreras con obstáculos– en la competencia anual llamada Fuerzas Comando.
En agosto, soldados del grupo 20 de las fuerzas especiales realizaron una JCET con unidades de elite de Surinam. “Juntos, hemos progresado mucho en un mes. Si hemos de operar juntos alguna vez en el futuro, ya sabemos que tenemos compañeros y amigos en los que podemos confiar”, dijo un suboficial de esa unidad. En Iráq, en ese mismo mes, los Boinas Rojas cumplieron una misión de reconocimiento en el monte Sinjar como parte de las tareas de protección de la etnia yazadí asediada por militantes del Estado Islámico, mientras comandos de la fuerza Delta incursionaban en una refinería de petróleo en el norte de Siria en una tentativa de salvar al periodista estadounidense James Foley y otros rehenes en manos del mismo grupo. Esta misión fue un desastre, y Foley fue brutalmente asesinado poco tiempo después.
En septiembre, unos 1.200 integrantes de la fuerza de operaciones especiales de Estados Unidos y personal de apoyo se unieron con tropas de élite de Holanda, República Checa, Finlandia, Gran Bretaña, Lituania, Noruega, Polonia, Suecia y Eslovenia para participar en Jackal Stone, un ejercicio de adiestramiento centrado en todo lo que tiene que ver con el combate en espacios cerrados, tácticas de francotirador, operaciones con pequeñas embarcaciones y rescate de rehenes. En septiembre y octubre, soldados del tercer batallón del 75 regimiento de Rangers estuvieron en Corea del Sur para practicar en tácticas con pequeñas unidades como neutralización de trincheras y destrucción de búnkeres. Durante octubre, comandos de la Fuerza Aérea hicieron simulaciones de misiones de rescate de rehenes en el campo de adiestramiento de Stanford cercano a Thetford, Inglaterra. Mientras tanto, en aguas internacionales frente a Chipre, un grupo SEAL de la Armada confiscó un petrolero que llevaba crudo a un puerto en poder de los rebeldes libios. En noviembre, comandos estadounidenses llevaron a término una incursión en Yemen que liberó a ocho rehenes extranjeros. El mes siguiente, una unidad SEAL realizó una sangrienta misión que dejó dos rehenes –uno de ellos Luke Somers– y ocho civiles muertos. Estas, por supuesto, solo son algunas de las misiones que consiguieron convertirse en noticia o, de algún modo u otro, ser registrados.
Quieren estar en todas partes
Para los jefes de las operaciones clandestinas de Estados Unidos, el planeta Tierra es tan inestable como interconectado. “Yo le garantizo que lo que ocurre en Latinoamérica afecta a lo que sucede en el oeste de África, lo que a su vez afecta a lo que ocurre en el sur de Europa, lo que a su vez afecta lo que sucede en el suroeste de Asia”, dijo el año pasado McRaven en Geoint, un encuentro anual que reúne a ejecutivos de la industria de la vigilancia y personal militar. ¿Qué proponen para solucionar esta entrelazada inseguridad? Más misiones en más países –de hecho, en más de las tres cuartas partes de de los países del mundo– durante el ejercicio en el cargo de McRaven. Y el escenario parece dispuesto para todavía más de lo mismo en los años venideros. “Nosotros queremos estar en todas partes”, dijo Votel en Geoint. En 2015, las fuerzas a sus órdenes ya están transitando ese camino.
“Nuestro país tiene grandes expectativas en relación con las fuerzas de operaciones especiales”, les dijo el otoño pasado a operadores especiales en Inglaterra. “Cuentan con nosotros para hacer las tareas más duras en las condiciones más difíciles”. Sin embargo, la naturaleza y la localización de esas “duras tareas” siguen siendo desconocidas para los estadounidenses. Y, aparentemente, Votel no está interesado sacarlas a la luz. “Lo siento, pero no”, fue la respuesta de SOCOM al pedido de TomDispatch de tener una entrevista con el jefe de operaciones especiales sobre las misiones en curso y futuras. De hecho, el comando se negó a que cualquier integrante de su personal estuviera disponible para conversar acerca de qué está haciendo Estados Unidos con los dólares del contribuyente y en su nombre. No es difícil adivinar el porqué.
Votel se sienta ahora sobre una de las leyendas más exitosas de la historia militar estadounidense después del 11-S de 2001, una historia plena de guerras no ganadas, intervenciones fracasadas, rampante actividad criminal, repetidas filtraciones sobre secretos embarazosos y todo tipo de impresionantes escándalos. Mediante una hábil combinación de bravuconería y secretismo, filtraciones bien colocadas, acertada promoción comercial y trabajo de relaciones públicas, el sagaz culto a la mística del superhombre (junto a una buena dosis de retorcida fragilidad) y un extremadamente popular alto perfil y el asesinato de precisión, las fuerzas de operaciones especiales se han convertido en el niño mimado de la cultura popular estadounidense; al mismo tiempo, el comando ha sido un constante ganador en las duras batallas por presupuesto libradas en Washington a puñetazo limpio.
Esto es especialmente impactante cuando se contrasta con lo en ocurre realmente en el terreno: en África, el haber armado, adiestrado y equipado a quienes realizan luego un golpe de Estado; en Iraq, las fuerzas especiales más escogidas implicadas en la tortura, la destrucción de viviendas y el asesinato de inocentes que estaban heridos; en Afganistán, la historia es similar, con frecuentes informaciones de civiles asesinados; entretanto, en Yemen, Pakistán y Somalia, ha habido más de lo mismo. Y esto es solo lo más superficial de los errores de las fuerzas de operaciones especiales.
En 2001, antes de que las operaciones “negras” de Estados Unidos empezaran su vasta guerra clandestina contra el terror, la plantilla del comando de operaciones especiales tenía unos 33.000 integrantes, de los cuales unos 1.800 eran la élite de la élite, es decir, el comando conjunto de operaciones especiales (JSOC). En ese momento, también había 23 grupos terroristas –desde Hamas al IRA irlandés– reconocidos por el Departamento de Estado; entre ellos, al-Qaeda, cuyos miembros se estimaban en un número de ente 200 y 1.000 militantes. Este grupo estaba principalmente establecido en Afganistán y Pakistán; a pesar de ello, pequeñas células suyas habían actuado en unos cuantos países, incluyendo Alemania y Estados Unidos.
Después de más de una década de enfrentamientos secretos, vigilancia generalizada, incontables asaltos nocturnos, detenciones y asesinatos, por no mencionar los miles y miles de millones de dólares gastados, los resultados hablan por ellos mismos. SOCOM ha más que duplicado su tamaño y el secretísimo JSOC puede haber alcanzado el tamaño que SOCOM tenía en 2001. Desde septiembre de ese año, han surgido 36 nuevas organizaciones terroristas, entre ellas una multiplicidad de franquicias, desprendimientos y aliados de al-Qaeda. Hoy día, estos grupos continúan operando en Afganistán y Pakistán –en este último país, hay 11 grupos reconocidamente afiliados de al-Qaeda y cinco en el primero de ellos–, pero también en Mali y Túnez, en Libia y Marruecos, en Nigeria y Somalia, en Líbano y Yemen, entre otros países. Una filial de al-Qaeda nació de la invasión estadounidense de Iraq y se crió en un campo de concentración de Estados Unidos; hoy, con el nombre de Estado Islámico, controla una amplia porción de ese país y de la vecina Siria, un protocalifato en el corazón de Oriente Medio que en 2001 no era más que una ensoñación yihadista. Esta organización, solo ella, tiene un efectivo estimado de unos 30.000 hombres y se las ha arreglado para apoderarse de un importante territorio que incluye la segunda ciudad de Iraq (Mosul), a pesar de que en su infancia fue implacablemente atacado por los JSOC.
“Necesitamos seguir armonizando el despliegue de fuerzas de operaciones especiales en todo el orbe”, dice Votel. “Todos nosotros debemos estar sincronizados, coordinados y preparados en todos los aspectos del mando”. Marginados por esa sincronización, los estadounidenses han sido mantenidos sistemáticamente en la oscuridad acerca de los encargados de las operaciones especiales de Estados Unidos y no saben qué están haciendo ni dónde lo están haciendo, menos aún los accidentados resultados y las repercusiones de lo que han hecho. Pero si la historia sirve para algo, la oscuridad que envuelve a las operaciones especiales ayuda a garantizar que esta siga siendo la “edad dorada” del Comando de Operaciones Especiales.
Fuente: Tomgram: A Shadow War in 150 Countries, TomDispatch, 20 de enero, http://www.tomdispatch.com/blog/175945/

En Irak los paracaidistas relevarán a la Legión

El jueves el general Juan Cifuentes, jefe de la Brigada Paracaidista “Almogávares VI”, aseguró que todo apunta a que «relevaremos en el segundo semestre de este año a la Legión» en Besmaya (Irak). No hay confirmación oficial aún, pero el general Cifuentes así lo espera porque así ha venido siendo hasta ahora según el ciclo de disponibilidad de las Fuerzas Armadas.
Ahora ya nadie justifica la intervención militar en Irak con la demagogia «humanitaria», como ocurrió al principio. Los paracaidistas relizarán en el centro de entrenamiento de Besmaya, que los españoles comparten con los estadounidenses, idéntica misión de adiestramiento de las Fuerzas de Seguridad Iraquíes que ya están desarrollando casi 200 legionarios al mando del coronel Julio Salom desplegados desde primeros de febrero como parte de la aportación española a la coalición internacional que tiene invadido Irak.
El general Cifuentes aseguró a un grupo de periodistas, convocados en la Base Príncipe de la BRIPAC en Paracuellos del Jarama con motivo del próximo aniversario (23 de febrero) del primer salto paracaidista de Ejército de Tierra en 1954, que «tengo cola en mi despacho de gente que quiere ir». De hecho, los paracaidistas «están en prealerta». El general no aclaró si el deseo de los paracaidistas de acudir a Irak es desinteresado o, por el contrario, tiene su origen en los pluses de peligrosidad y la enorme diferencia de sueldos que ocasiona.
Según el general Cifuentes la Brigada Paracaidista cuenta con personal capacitado para desarrollar esa misión de adiestramiento que ya han realizado en Malí con 100 hombres hasta el mes de noviembre. «Es una nueva modalidad de empleo para el que hay que seleccionar a personal que sepa enseñar lo suyo, gente con idiomas y bien preparada». Además, «tendrán que recibir una preparación específica para saber enseñar lo suyo y enseñarlo en inglés»
Los «boinas negras», que según su general al mando, «donde se desenvuelven bien es en operaciones», sólo tienen en este momento un hombre destinado en Somalia, y están a la espera de nuevos cometidos. Dado que la instrucción específica de los 200 paracaidistas que relevarán a los legionarios en Besmaya lleva entre cuatro y seis meses, se prevé que la confirmación oficial del relevo no tarde en llegar.
Como ven, los soldaditos españoles, con boina o sin ella, ya están por todo el mundo. ¿Qué se les habrá perdido?

Fue Estados Unidos quien ordenó el asesinato del Che

En un nuevo libro titulado Who killed Che? (¿Quién mató al Che?) dos investigadores estadounidenses ofrecen nuevas pruebas que confirman que Estados Unidos ordenó el asesinato del Che. Así se refleja en varios documentos secretos.
Sus autores Michael Ratner y Michael Steven Smith ponen de relieve el papel de la CIA en el asesinato del dirigente guerrillero en 1967. La mitad de la obra lo componen los documentos que los autores obtuvieron recurriendo a la Ley de Libertad de Información.
Con ellos los investigadores ofrecen nuevas evidencias que desmienten la versión imperante según la cual el mítico revolucionario fue ejecutado unilateralmente por orden del entonces presidente de Bolivia, René Barrientos Ortuño, cuyo Gobierno respondía a los intereses de Estados Unidos.
“A pesar de los tachones, la documentación revelada demuestra que el Che fue apresado, herido y asesinado por la CIA, un crimen de guerra aprobado por el Gobierno de Estados Unidos”, enfatizó Smith, uno de los autores, en una entrevista con Amy Goodman (*).
Nacido en Argentina en 1928, Ernesto Che Guevara se hizo conocido en todo el mundo como uno de los principales dirigentes de la Revolución Cubana de 1959 que derrocó al dictador Fulgencio Batista apoyado por Estados Unidos.
Después de participar durante un período en la dirección del nuevo gobierno cubano, el Che se propuso despertar la actividad revolucionaria a escala internacional, hasta que el 8 de octubre de 1967, fue capturado por las tropas bolivianas que trabajaban con la CIA y ejecutado fríamente al día siguiente.
“El argumento del gobierno estadounidense fue ‘Los bolivianos lo hicieron; no pudimos hacer nada al respecto’. Eso no es cierto”, sostiene Smith, uno de los autores. Toda la operación la organizaron Walt Whitman Rostow y la CIA para la Casa Blanca. Rostow trabajaba para el presidente Johnson. Era el asesor de seguridad nacional.
“Estados Unidos quería al Che muerto porque esa era la manera de acabar con el fervor revolucionario en América Latina y en el mundo”, concluye Smith.
(*) http://www.democracynow.org/2012/2/7/who_killed_che_how_the_cia

China se dispone a entregar armas a los independentistas hawaianos

Según un informe de Bill Gertz publicado por el Washington Free Beacon, China podría suministrar armas a los movimientos independentistas hawaianos.
Gertz se apoya en unas declaraciones de Michael Pillsbury, consultor del Pentágono y autor del libro «100 Year Marathon», quien sostiene que China tiene previsto enviar armas a los movimientos nacionalistas hawaianos en represalia por el envío de armas estadounidenses a Taiwán.
Según Michael Pillsbury, Pekín es extremadamente susceptible en todo lo que concierne al envío de armas estadounidenses a Taiwán. «Basta una sola bala para provocar la ira del gobierno de China», dice.
Pillsbury ha obtenido la información de varios generales chinos y fuentes militares conocidas con el sobrenombre de «Ying Pai».
«Ying Pai» llevó a cabo una comparación muy simple: ¿cómo reaccionaría el Pentágono si nosotros suministráramos armas a nuestros amigos independentistas hawaianos?
«Me quedé perplejo», reconoce Pillsbury, «porque nunca había escuchado hablar de tales movimientos en Hawai. Pero después de hacer algunas averiguaciones, los he encontrado».
En Hawai existen varios movimientos independentistas que persiguen la soberanía nacional. En 1893 Estados Unidos derrocaron a la reina Liliuokalani e impusieron una ocupación militare de las islas, antes de proceder a la anexión en 1898. Los grupos independentistas consideran esta anexión como ilegal.
«Cuando los militares americanos invadieron nuestro archipiélago en 1893 y derrocaron nuestra monarquía constitucional, se selló nuestro destino de avanzadilla del imperio americano», según el grupo Cultural Survival, que defiende los derechos de los pueblos indígenas.
«Al pasar a formar parte del territorio de Estados Unidos en 1900, nuestro país se convirtió en una avanzadilla al servicio de los misioneros descendientes de los barones del azúcar en las islas y los americanos imperialistas sobre el continente, sirviendo de abrevadoero militar en el Pacífico», añaden los independentistas hawaianos.
Fuente: http://freebeacon.com/national-security/hawaiian-independence-movement-attracts-chinese-interest/

My Lai

Nicolás Bianchi
El 20 de febrero de 1968 el «New York Times» informaba de que estaban siendo empleadas en las áreas fuertemente pobladas de Vietnam «bombas pesadas y napalm». El entonces vicepresidente (de Nixon) de los EE.UU., Spiro Agnew, segregó estas biliosas y viriles palabras, adelante video: «El napalm es una invención de la fantasía colectiva de los maricas izquierdistas, hippies y comunistoides». Tal cual, señores.
Vietnam del Sur era la zona que los norteamericanos aseguraban estar «liberando». En 1971 el número de cráteres producidos por bombas y obuses en los dos Vietnam se calculaba en 26 millones: cinco en el norte y veintiuno en el sur. Cada cráter tenía nueve metros de diámetro. Algunos traumatizados soldados yanquis tuvieron que escribir su descontento y asco en lugares adecuados: las paredes de los retretes y letrinas. Los «gorilas» blanqueaban constantemente esa escritura mingitoria, pero las denuncias anónimas reaparecían una y otra vez. No se trató sólo de bombas. Fueron utilizadas enormes cantidades de defoliantes (el «agente naranja») que, en busca de vietcongs (comunistas, antiimperialistas) escondidos en la vegetación arrasaron dos millones de hectáreas de selva. A Nixon corresponde el triste honor de lo que se llamó «guerra química».
En la mañana del 16 de marzo de 1968 el teniente William Calley ordenó colocar una ametralladora frente a las cabañas que formaban la aldea de My Lai. Cuando la revista «Life» publicó aquellas fotos de la matanza -hubo muchos «mylais» que no eran objetivos estratégicos y eran masacrados simplemente como represalia asesinando ancianos, mujeres y niños- recibió escandalizadas cartas de protesta debido a que cierta cantidad de cadáveres estaban desnudos. Apuesto a que no me creen, a que exagero. Insensibles a la masacre, no carecían de ruin pudor estos hipócritas descendientes del puritanismo inglés que, almenos, creía sus fantasías. En 1971, después de cuatro meses de indecisión, un tribunal lo consideró culpable de asesinato premeditado. En la Casa Blanca se recibieron cien mil telegramas protestando por la condena. Audie Murphy, héroe de la II Guerra Mundial como aviador y luego pésimo actor de películas del oeste de serie B en Hollywood, insufrible actor, ciertamente, que hoy casi nadie conoce, pero entonces sí, se mostró «afligido». El 27 de febrero de 1974 el teniente Calley fue puesto en libertad. Calley hizo después negocio con esta escabechina efectuando una gira de conferencias por media Norteamérica. No queremos saber qué contaba este hijoputa, aunque lo suponemos. Todavía vive y dice estar arrepentido. Un alivio, ciertamente.

Las constantes de la política exterior soviética (y2)

Juan Manuel Olarieta

La política soviética en Afganistán demuestra las constantes fundamentales del conjunto de su política exterior a lo largo de un siglo, que no ha cambiado sustancialmente porque, a pesar de la caída de la URSS, el enfrentamiento es el mismo. Desde la guerra civil, y con excepciones efímeras, la URSS se tuvo que mantener en una situación estratégica defensiva, lo cual indica una abrumadora superioridad de fuerzas por parte del imperialismo, bien entendido que cuando a partir de 1945 me refiero a «fuerzas» aludo también al armamento nuclear.
En la lucha de clases, tanto si se trata de la política interior como de la exterior, quien tiene la hegemonía no sólo dicta las reglas del juego sino que pone a los demás a la defensiva. No es posible sustraerse a esa situación, como le ocurrió a la URSS a lo largo de toda su historia. Los imperialistas llevaron la guerra civil al interior de la URSS, impusieron el bloqueo y la dejaron fuera de la Sociedad de Naciones durante más de una década.
Las reglas diplomáticas no sólo se pueden cambiar sino que la URSS logró cambiarlas en 1945 a costa de 35 millones de muertos, una guerra como jamás ha conocido la historia y la devastación absoluta del país. A la URSS los imperialistas no le regalaron nada y al mundo tampoco. Si durante varias décadas hubo etapas de paz relativa sobre la faz de la Tierra, fue única y exclusivamente gracias al esfuerzo de la URSS, de los demás países socialistas, del movimiento obrero mundial y de la lucha del Tercer Mundo.
No obstante, los cambios de la posguerra no alteraron sustancialmente la correlación de fuerzas, que siempre fue favorable al imperialismo, lo cual explica, además, la consolidación del revisionismo en el interior del PCUS y, finalmente, la destrucción que propició de la propia URSS. El revisionismo no es otra cosa que una capitulación ideológica y política ante la burguesía y el imperialismo, consecuencia de una correlación de fuerzas desfavorable. «El pescado se pudre a partir de la cabeza», decía mi abuela. Progresivamente desde 1956 la influencia y la presión imperialistas se transmiten a todas las esferas económicas, sociales, militares y diplomáticas de la URSS y demás países socialistas.
La diplomacia soviética estuvo siempre a la defensiva en todos los terrenos y, como cualquier estratega reconoce, las ofensivas soviéticas, incluidas las que se produjeron en el terreno militar, no fueron otra cosa que contrataques. Respondieron al principio de que no hay mejor defensa que un buen ataque. Los planteamientos pacifistas que sostienen lo contrario son absurdos; no se puede planificar una guerra sólo para detener los golpes del enemigo y no para devolvérselos, escribió Clausewitz (1).
Afganistán no fue un ataque sino un contrataque soviético basado en una defensa anticipada de las líneas fronterizas, idéntica a otras muchas que se sucedieron a lo largo de la historia de la URSS, como las de la guerra civil, la guerra de Finlandia, el levantamiento húngaro o la Primavera de Praga. Sin embargo, por su propia forma de desencadenarse, los «historiadores» exponen este tipo de acciones fuera de contexto, como si fueran algo por sí mismas. Entonces hablan de agresión o de expansión. Hablan del ataque pero no del contrataque. Ven una ofensa donde sólo hay defensa.
La guerra de Afganistán es el mejor ejemplo de ello. El ejército soviético interviene masivamente en 1979 por los mismos motivos por los que invervino en el mismo lugar 60 años antes. Lo explicó Lenin en 1919 en respuesta a un cuestionario que le envió un periodista estadounidense en 1919, en el que menciona expresamente a Afganistán: la política bolchevique hacia los países musulmanes, dice Lenin (2), se basa en el mismo principio a un lado y otro de la frontera: la autodeterminación.
La URSS nunca dejó de intervenir en Afganistán y afirmar que en dicha intervención hubo algún interés imperialista o económico es una verdadera estupidez, quizá tanto como decir que actuó desinteresadamente o con meros objetivos altruistas. La URSS actuó en interés mutuo, es decir, de ambos países. Por lo tanto, también actuó en provecho propio, algo que no pueden decir los imperialistas porque, a diferencia de la URSS, sus políticas están en contradicción con los intereses de los pueblos oprimidos del mundo entero.
Hay que consignar también que la URSS no actuó en interés de un partido «prosoviético», el PDPA, como dice la propaganda imperialista, sino en interés de Afganistán, por lo que la política soviética hacia Afganistán se mantuvo bajo diferentes gobiernos locales.
Plantear la ocupación soviética de una manera unilateral, sin tener en cuenta el aspecto fundamental, que es la propia presión imperialista, es un error casi tan grande como centrar el objetivo en Afganistán y no en la propia URSS: atacando Afganistán el imperialismo atacaba a la URSS. El objetivo no era Afganistán sino la URSS. La propia envergadura de la Operación Ciclón demuestra que de ninguna forma estaba destinada a alterar la correlación de fuerzas en un país tan frágil como Afganistán. Hasta la fecha de hoy la Operación Ciclón ha sido la mayor operación de la CIA en toda su historia, la más larga y la más costosa.
La Operación Ciclón se basaba en viejos proyectos similares del imperialismo que nunca se habían llevado a cabo porque hasta ese momento sus prioridades estaban en otras regiones, como Vietnam. No cabe duda de que la derrota del imperialismo en 1975 es el detonante inmediato para la puesta en marcha de la intervención en Afganistán. El imperialismo retrocedió en el Extremo Oriente para centrarse en Asia central, una región que le situaba a las puertas tanto de la URSS como de China.
En la posguerra se habló del «cordón sanitario» que el imperialismo había impuesto en torno a la URSS, si bien se hacía referencia a las bases militares cercanas a la frontera en las que los misiles de largo alcance y la aviación imperialista tenían una enorme capacidad de penetración en suelo soviético con armamento nuclear. Esta política agresiva supuso un cambio radical en la política exterior de Estados Unidos, la llamada doctrina Truman, que habilitaba para intervenir militarmente fuera de sus fronteras en tiempos de paz.
Pero el aspecto militar era sólo una parte de aquel cordón sanitario. El otro era la creación a un lado y otro del perímetro soviético de disturbios internos cuya naturaleza dependía del recorrido geográfico de las dilatadas fronteras. Un estudio de las mismas muestra la existencia de dos cuerdas, una primera en Europa oriental, donde tras el Telón de Acero Estados Unidos mantuvo y alimentó la subsistencia del nazismo. Una segunda seguía el curso del Mar Negro y atravesando el Caúcaso y Asia central llegaba hasta el Extremo Oriente, donde Estados Unidos alimentó las corrientes fundamentalistas, panislamistas, panturquistas, entre otras.
La Operación Ciclón no es otra cosa que una reedición de los viejos proyectos imperialistas de atacar a la URSS por el Cáucaso manipulando fuerzas religiosas. Simétricamente el llamado «expansionismo» soviético y ruso tampoco es otra cosa que una maniobra defensiva: el intento de apagar los incendios que el imperialismo fue provocando al otro lado de su perímetro fronterizo.
Con plena legitimidad alguien se preguntará si la diplomacia de un país depende de la naturaleza política del Estado, una duda especialmente relevante en referencia a la política exterior de la URSS y de Rusia. La respuesta sólo puede ser afirmativa: en efecto, la política exterior de Rusia cambió radicalmente en 1917 tras la llegada de los bolcheviques al gobierno, no sólo por lo que ya explicó Lenin sino por el propio Decreto de Paz aprobado por el primer gobierno revolucionario.
Es más, los bolcheviques no sólo cambiaron la política exterior de Rusia sino que cambiaron radicalmente toda la política exterior practicada hasta entonces a lo largo de la historia, lo que se resume en varias conquistas, la más importante de las cuales es el derecho de autodeterminación de las naciones, y a los distraídos hay que recordarles que este derecho empezó por la propia URSS en todos los sentidos posibles, pero especialmente en el de que la URSS no sólo se ganó su derecho a decidir sino algo mucho más importante, su derecho a existir, lo que en 1945 costó pagar un precio muy elevado: enterrar millones de cadáveres.
La posguerra fue un reconocimiento por parte del imperialismo no sólo de la existencia sino también de la fortaleza de la URSS. El III Reich no derrotó, y mucho menos fulminantemente, al ejército soviético, como ellos habían calculado. El Tratado de Yalta, el famoso «reparto del mundo» del que habla la propaganda imperialista, fue ese reconocimiento, al que siguió la creación de la ONU y el derecho de veto que conquistó la URSS.
A ello se sumaron los movimientos de liberación nacional, también enfrentados al imperialismo y que contaron con el respaldo de los países socialistas, e incluso se calificaron a sí mismos como socialistas.
Estas victorias condujeron a suponer que el bloque socialista había ganado un estatuto tal que la «contradicción principal» en el mundo era la que enfrentaba al capitalismo con el socialismo y la URSS se arrogó la representación de dicho bloque, con consecuencias lamentables, como la firma en 1963 del Tratado de No Proliferación Nuclear que está en el origen de las hoy tan invocadas «armas de destrucción masiva», cuya naturaleza Enver Hoxha explicó claramente en aquel mismo momento:
«La línea que sigue Jruschov se ajusta a la política de los imperialistas norteamericanos y está a su servicio. El tratado ‘sobre la no proliferación de armas nucleares’, firmado últimamente en Moscú, es un tratado concebido y dictado por los norteamericanos y aceptado sin ninguna modificación por Jruschov. Los imperialistas norteamericanos quieren el monopolio de las armas nucleares. Jruschov se lo dio. Los norteamericanos hablan de la ‘paz’, también lo hace Jruschov que es un lacayo de la burguesía, pero entre tanto los norteamericanos se preparan para la guerra, aumentan sus stocks de bombas atómicas para sí y para sus amigos, mientras que Jruschov desarma a sus amigos y, con su pacifismo, desarma a los pueblos. Esto significa acudir en ayuda de los norteamericanos»(3).
La fortaleza y el reconocimiento internacional de la URSS no apaciguó al imperialismo sino que le obligó a cambiar de estrategia, poniendo en marcha la «doctrina de la contención» de Kennan, antiguo diplomático estadoundense en Moscú, que abandonaba al posibilidad de acabar con la URSS mediante ataques militares, que siempre habían acabado en otros tantos fracasos: «El antagonismo soviético-norteamericano -escribió Kennan- podía ser grave sin que hubiese que recurrir forzosamente a la guerra para resolverlo», lo cual hay que entender en el nuevo sentido que Kennan quiere darle a la guerra, que ya no es la «guerra total» sino sólo una «guerra limitada»(4). El arquitecto de la «guerra fría» definía así la nueva política del imperialismo a partir de 1945. La URSS no tendría tregua en ningún caso.
Por consiguiente, es obvio que la política exterior depende de la clase en el poder; no es la misma con la burguesía que con el proletariado, bajo el capitalismo que bajo el socialismo. Pero depende también de muchos otros factores y, fundamentalmente, de la presión del imperialismo. La experiencia demuestra, además, que esos factores han tenido un carácter determinante, que a pesar de los importantes retrocesos, el imperialismo seguía siendo la fuerza hegemónica y que el bloque socialista y los movimientos de liberación nacional eran mucho más endebles de lo que parecía a primera vista. En la lucha contra el imperialismo las victorias de la revolución siempre se obtuvieron en países periféricos y, por importantes que fueran, no eran capaces de desequilibar la balanza de fuerzas a escala mundial.
En contra de toda la experiencia histórica acumulada, a partir de 1956 los revisionistas al frente del PCUS ponen en marcha una cascada de concesiones al imperialismo que, como explicaba Enver Hoxha, estimulan aún más la agresividad de Estados Unidos. Ni siquiera la última de sus concesiones, el desmantelamiento de la propia URSS, les resulta suficiente porque, a pesar de las declaraciones solemnes de la Guerra Fría, para el imperialismo nunca se trató de la naturaleza de clase del Estado soviético sino del propio Estado, cualquiera que fuera. Así lo demostró la etapa de Yeltsin durante 10 años al frente de Rusia. Estados Unidos no se va tomar ni un respiro hasta lograr despedazar a Rusia, algo que no logró el III Reich con la URSS. Ese ha sido siempre el objetivo de la guerra de Afganistán, de la del Cáucaso y de la de Ucrania.
El grado de desarrollo alcanzado por el imperialismo en la actualidad deja muy poco margen de actuación para aquellos países que, como los Brics, buscan otras alternativas para sacudirse el yugo asfixiante de Estados Unidos. Esas alternativas son otros tantos contrataques. Calificarlos de agresividad y de expansionismo es ocultar la otra media mitad que, finalmente, es siempre la determinante.

(1) Karl von Clausewitz: De la guerra. Estrategia y táctica, Barcelona, 2006, pg.253
(2) Lenin, Respuesta a las preguntas de un periodista norteamericano, Pravda, 25 de julio de 1919.
(3) Hoxha: Reflexiones sobre China, Tirana, 1979, pg.57.
(4) George F. Kennan: Memorias de un diplomático, Barcelona, 1971, pgs.246 y 254.

Capturan a 8 soldados franceses luchando en las filas de Boko Haram

El 12 de enero el ejército de Camerún capturó a 8 soldados franceses que luchaban en las filas de Boko Haram en Kolofata, al norte del país, durante una sangrienta ofensiva contra los fundamentalistas en la que abatieron a 140 terroristas y capturaron un importante arsenal de armas compuesto por fusiles de asalto, municiones, dos carros de combate y dos aviones Antonov procedentes de Qatar repletos de armamento pesado y material de transmisión.
Además capturaron vivos a 70 terroristas, de los que 8 eran blancos, de nacionalidad francesa y soldados profesionales del ejército de su país cuya identificación lograron obtener las autoridades camerunesas.

¿Qué hacían dos aviones de Qatar en manos de Boko Haram? ¿Qué hacían los blancos junto a los negros, los cristianos al lado de los islamistas, los policías ayudando a los criminales?

Para tapar tan feo asunto, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, ha ordenado al gobierno africano su inmediata entrega.
El argumento de Fabius no puede ser más pintoresco: quieren juzgarles en Francia, no se sabe muy bien por qué motivo, posiblemente por asociación malhechores, como le llaman allá, o sea, que quieren orquestar otra farsa judicial a la que son tan aficionados.
Para los imperialistas franceses Camerún y los demás países africanos son como los muchachos que les hacen los recados a cambio de una propina. Pero Camerún tiene sus propias leyes y tribunales y quien ha sido sorprendido combatiendo en las filas de una organización criminal tiene que atenerse a ellas. La sanción es la pena de muerte.
En agosto del año pasado la embajada francesa en el país africano ya tuvo que publicar un comunicado negando cualquier forma de intervención encubierta del ejército francés en apoyo de los fundamentalistas Boko Haram. Los hechos desmienten de nuevo las mentiras de los imperialistas.
Por medio de Boko Haram Francia está empeñada en la desestabilización de Camerún y Nigeria, utilizando los mismos procedimientos que han desestabilizado el Magreb y Oriente Medio.

Francia quiere desestabilizar Camerún porque en el norte del país africano han aparecido los mayores yacimientos de uranio del mundo, junto a las montañas de Poli.

Francia quiere apoderarse de las minas de oro y diamantes que hay en el este de Camerún. El monopolio francés Bolloré pretende explotar el puerto de aguas profundas de Kribi

La napa subterránea de petróleo aparecida en Doba (Chad) llega hasta el norte de Camerún.

Francia quiere desestabilizar Camerún porque su gobierno empieza a mantener relaciones cada vez más estrechas con China.

En las últimas cumbres Francia-África, los imperialistas han presionado al gobierno de Camerún para que permita la instalación de una base militar en el norte del país, lo que el gobierno africano ha rechazado de plano.

Es la enésima demostración de quiénes son los terroristas y cómo manejan a sus marionetas, en este caso Boko Haram y en otros Al-Qaeda o Califato Islámico.

Fuente: http://www.gbe24.com/l-armee-camerounaise-arrete-8-soldats-francais-combattant-aux-cotes-de-boko-haram.html

‘Ménage à trois’ en el Kremlin

Pocas veces se habrá visto un acontecimiento tan sorprendente: una cumbre diplomática al más alto nivel (Merkel, Hollande y Putin) en el que no hay presencia de asesores, consejeros, expertos ni funcionarios. Si no hubiera habido traductores y taquígrafos más de un mal-pensado sospecharía que fue un «ménage à trois» escabroso.
En la diplomacia hay que prestar mucha atención a esos pequeños detalles y minucias, o sea, a la letra pequeña.
En principio podríamos pensar que el tema de la conversación versaría sobre Ucrania y que Merkel y Hollande querían poner coto en Moscú al continuo retroceso del gobierno de Kiev en el Donbás. No obstante, una cumbre de esas características va mucho más allá. Una conversación así significa que no se juntaron en Moscú para hablar de Ucrania, sino para replantear a fondo las relaciones entre la Unión Europea (por decirlo de alguna manera) y Rusia.
La ausencia de asesores significa que Merkel y Hollande desconfían de ellos por los topos que Estados Unidos tiene en sus filas. Se trataba, pues, de que los tres hablaran con absoluta franqueza y que Estados Unidos se quedara en blanco. Merkel y Hollande sólo pueden hablar libremente cuando Estados Unidos está ausente y no se entera de la conversación.
Eso supone, naturalmente, marginar a Gran Bretaña, el caballo de Troya de los intreses de Wall Street en la Unión Europea. Desde la guerra franco-prusiana de 1870, es la primera vez que Gran Bretaña no participa en una crisis europea importante. Pero no porque los británicos vayan a ejercer de chivatos, lo cual hubiera sido seguro, sino porque no tienen política exterior, es decir, porque esa política es la de Estados Unidos.
La cumbre indica el deterioro al que han llegado las relaciones entre la Unión Europea y su antiguo socio al otro lado del Atlántico. Ya se puede empezar a decir que Estados Unidos es un estorbo para la política exterior que Alemania y Francia quieren implementar en Europa.
Hay otro hecho sutil que marca trambién la pauta de los acontecimientos en el futuro y que es imprescindible poner de manifiesto: en Europa el tono de los ataques a Rusia está reduciendo su intensidad y para demostrarlo no hay más que escuchar la entrevista del sábado de FranceTVInfo a Sarkozy, e incluso su propio discurso ante la dirección de su partido, la UMP. Si alguien tan derechista y pro-OTAN como Sarkozy pone de manifiesto actitudes tan pro-rusas es como para tenerlo en cuenta. Algo está pasando.
Resumamos sus palabras que, por cierto, fueron aplaudidas fervorosamente por sus afiliados: tenemos una civilización en común con Rusia. Los intereses de los americanos con los rusos no son los intereses de Europa con Rusia. No queremos el resurgimiento de una guerra fría en Europa. Si Crimea ha elegido Rusia, no se lo podemos reprochar. Hay que crear una fuerza de interposición para proteger a los rusófonos de Ucrania, un país que debe conservar su vocación de puente entre Europa y Rusia y que no pretende entrar en la Unión Europea.
Nunca lo hubiéramos creído, y menos en boca de Sarkozy.

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