La Comisión Europea quiere limitar la dependencia exterior de la economía europea, en particular de los fabricantes chinos. El reglamento que prepara Bruselas pretende exigir a las empresas que diversifiquen sus fuentes de aprovisionamiento para determinados productos. El reglamento les obligaría a contar con al menos tres proveedores, de diferentes países, para los componentes considerados críticos.
El texto se centra específicamente en los productos químicos y la maquinaria industrial, sectores especialmente estratégicos por estar situados al inicio de la cadena de valor.
Los sectores de productos químicos y máquinas herramienta son aquellos en los que los fabricantes chinos están acelerando su expansión, con el riesgo de expulsar a sus competidores europeos. Por ejemplo, en el sector químico, Eurolysine, el único productor europeo de un aminoácido ampliamente utilizado en la alimentación animal, teme el cierre de su fábrica ya que no puede competir con los precios de las empresas chinas.
El objetivo es asegurar el suministro estratégico de la Unión Europea y evitar la situación del año pasado, cuando China aprovechó su monopolio sobre los imanes de tierras raras para tomarse la revancha, imponiendo restricciones a la exportación. Ante la falta de proveedores alternativos, algunas fábricas europeas corrieron el riesgo de tener que paralizar la producción.
A principios de marzo, la Comisión presentó otro proyecto de ley, conocido por el nombre de “aceleración industrial”: las empresas de sectores estratégicos deben adquirir componentes fabricados en Europa (o en países asociados) cuando reciban financiación pública.
Esta legislación afecta a la industria automovilística, las tecnologías energéticas bajas en carbono y la industria pesada. Su implementación no está prevista hasta dentro de varios meses, y el contenido del texto se podría revisar durante un largo y complejo proceso en los pasillos de Bruselas.
En respuesta, China ya ha amenazado con medidas de represalia, como hizo cuando la Unión Europea impuso aranceles a sus coches eléctricos, afectando a la carne de cerdo y los productos lácteos.
El déficit comercial de la Unión Europea con China se ha duplicado entre 2019 y 2025, pasando de 165.000 millones de euros a 360.000 millones de euros. Las empresas chinas se están apoderando de grandes pedazos del mercado mundial gracias a sus avances tecnológicos.