Aunque la última agresión contra Irán comenzó el 28 de febrero, realmente la guerra regional estalló el 7 de octubre de 2023. Juzgar la guerra en Oriente Medio como un enfrentamiento que comenzó a principios de este año le priva de su contexto, porque en los últimos años la doctrina estratégicoa israelí ha cambiado mucho.
La ofensiva de 2023 ha transformado Oriente Medio. Aunque se ha prestado enorme atención al evento como un ataque masivo con víctimas civiles israelíes, esa caracterización de lo ocurrido es un engaño deliberado.
El componente más importante del asalto fueron sus logros militares y sus implicaciones posteriores. Un total de 373 combatientes israelíes fueron ejecutados ese día, frente a 695 no combatientes, junto con 71 extranjeros. En sí mismo el desglose estadístico dibuja una historia bastante distinta a la presentada por los medios occidentales.
El Comando Sur del ejército israelí colapsó en sólo unas pocas horas, su tecnología de vanguardia, equipos de seguridad, sistemas de armas y una de las centrales de inteligencia más sofisticadas del mundo, resultaron inútiles frente a unos pocos miles de combatientes armados con armamento ligero.
Al día siguiente, el movimiento de resistencia libanés Hezbollah entró en la guerra y libró una batalla de apoyo en defensa de Gaza. Disparó cohetes y guió ataques con munición antitanque contra objetivos israelíes en la región de Shebaa Farms. Cuando Israel comenzó a atacar objetivos civiles en Líbano, Hezbollah decidió cambiar su fuego y comenzar a atacar los asentamientos del norte de Israel.
Se desarrolló un intercambio de disparos de ida y vuelta, que el secretario general de Hezbollah, Seyyed Hassan Nasrallah, advirtió que continuaría hasta que se alcanzara un alto el fuego en Gaza.
El final de las guerras de corta duración
Sin embargo, los cálculos de Hezbollah e Irán se basaron en un planteamiento erróneo, seguran los israelíes. En junio del año pasado, el antiguo embajador de Israel en Estados Unidos, Michael Herzog, afirmó que Hezbollah e Irán no habían comprendido las intenciones de Tel Aviv. Desde de 2023 Israel es un país totalmente diferente, dijo.
Desde la década de los cincuenta, el ejército israelí se ha propuesto librar guerras cortas. El artífice de la estrategia fue el funddor del Estado de Israel, David Ben-Gurion: debido al gran número de amenazas, el ejército israelí debería centrarse en lograr victorias rápidas y no empantanarse en largas guerras de desgaste.
El primer principio de la seguridad de Israel fue que su ejército nunca sería capaz de imponer el fin de la guerra a sus adversarios porque es demasiado pequeño en relación con el mundo árabe y musulmán. Este planteamiento creó la dinámica de ciclos de guerras cortas. Israel estaba destinado a movilizarse para un enfrentamiento significativo una vez cada pocos años, para vencer al enemigo en una guerra corta y así ganar algunos años de relativa calma. Israel utilizó esos períodos de calma, junto con los activos que ganó durante las guerras (tiempo, territorio, disuasión, estabilidad estratégica), para pasar de ser un pequeño país joven a una potencia militar y económica regional.
Cuando más tarde Estados Unidos se convirtió en su principal patrocinador, el apoyo impactó en la estrategia israeí. La transición de Estados Unidos de la guerra convencional a una nueva doctrina de contrainsurgencia en 2006 supuso una salto importante. Israel se deslizó hacia la guerra no convencional: asesinatos selectivos, equipos de fuerzas especiales y recurso a la fuerza aérea.
Desde 2006 derrotar a Hezbollah se convirtió en una tarea demasiado costosa. Siguiendo su doctrina de guerra corta, Israel desarrolló la Doctrina Dahiyeh, una estrategia de castigo colectivo que servía de táctica disuasoria para evitar una guerra futura imponiendo un enorme costo civil para cualquier movimiento que participara en la resistencia en su contra. Se puso en práctica una y otra vez en la Franja de Gaza.
Eso cambio en octubre de 2023, cuando el ejército israelí se vio obligado a adaptarse a la lucha de una manera a la que no estaba acostumbrado, entrando en una nueva era de guerras largas. Los dirigentes israelíes se dieron cuenta de que su estrategia para Gaza había fracasado; su concepto de librar guerras cortas, al tiempo que lograban avances en su proyecto regional, se había derrumbado.
Las sorpresas de Hezbollah
En septiembre de 2024 los israelíes iniciaron sus ataques indiscriminados con buscapersonas en Líbano que causaron más de 2.000 heridos y decenas de muertos, tildados incluso por el ex director de la CIA, Leon Panetta, de actos de “terrorismo”. Poco después ordenaron el asesinato de los altos dirigentes de Hezbollah. Para matar a Seyyed Hassan Nasrallah, Israel asesinó a unos 300 civiles en los suburbios del sur de Beirut.
Luego, Hezbollah luchó contra Israel hasta detenerlo sobre el terreno, aunque no logró asestar los golpes que muchos esperaban. Cuando se declaró el alto el fuego del 27 de noviembre de 2024, se consideró como un gran revés para Hezbollah, especialmente en la esfera política. Sin embargo, los israelíes no pudieron cantar victoria.
A pesar de que el movimiento libanés se estaba reorganizando de los golpes recibidos, los israelíes redoblaron su propaganda sobre su victoria. La impresión se vio reforzada por el hecho de que, durante el período de alto el fuego de 15 meses, los israelíes violaron el acuerdo 15.400 veces según la FPNUL, matando a unos 370 libaneses sin que recibieran ningún disparo en contra.
A principios de marzo, cuando Hezbollah se comprometió plenamente con la guerra, su fuerza conmocionó a los israelíes, en particular a la población del norte. La milicia libanesa utilizó drones y misiles guiados para atacar a unos 150 tanques, ya que los israelíes no lograron tomar el control de aldeas, más allá de unos pocos kilómetros de profundidad en el sur de Líbano.
En enero el jefe militar israelí Eyal Zamir estableció el plan quinquenal para el ejército posterior a 2023. Van a consumir 111.000 millones de dólares durante una década. A pesar de la ingente cantidad de fondos, están aplicando una política agresiva en toda la región. Todos hablan del “Gran Israel” que se extiende desde el Éufrates hasta el río Nilo. Al mismo tiempo, a la sociedad israelí no le están dando tiempo suficiente para habituarse a una guerra de desgaste tan larga.
Les venden falsedades sobre victorias rápidas, entrando y saliendo de nuevas fases de la guerra regional. Los datos de víctimas israelíes que proporcionan están claramente diluidos.
En septiembre del año pasado, durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU, Netanyahu alardeó de haber acabado con Hezbollah. El 16 de abril, tras la declaración de Trump sobre el alto el fuego en Líbano, el primer ministro israelí rectificó: “Aún no hemos terminado el trabajo”.
El tono ha cambiado mucho. Ahora trata de convencer a la población del norte, sumida en la desconfianza, que derrotar a Hezbollah requerirá “un esfuerzo sostenido, paciencia y perseverancia, junto con hábiles maniobras diplomáticas”.
El repentino surgimiento de Hezbollah como un enemigo formidable, capaz de infligir serios golpes contra Israel, ha atrapado a los dirigentes israelíes en sus propias mentiras. No pueden derrotar a Hezbollah en una lucha en tierra y no saben lidiar con el monstruo que han despertado tras el asesinato de Seyyed Hassan Nasrallah.
⟶Robert Inlakesh https://thinkingpalestine.com/deterrence-doctrine-revival-of-lebanon-front-spells-strategic-disaster-for-israel/