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Redneck Revolt: un llamamiento a la lucha armada antifascista en Estados Unidos

Piquete armado ‘redneck’ tras una manifestación
Servando Rocha

Todos los que allí estaban lo vieron. El país entero también lo vio: grupos fuertemente armados con fusiles semiautomáticos AR-15, mayoritariamente formados por hombres, aunque también había varias mujeres, se presentaron en la protesta antirracista en Charlottesville. Encapuchados o con el rostro cubierto con pañuelos y fusil al hombro, se plantaron cara a cara frente a los fornidos grupos paramilitares fascistas, bandas del KKK y organizaciones neonazis que acudieron a la ciudad, en una protesta que terminó trágicamente.

Periódicos del Klan habían afirmado, días antes del fatídico 12 de agosto, que para ellos Charlottesville era la antesala de Auschwitz: “Next stop: Charlottesville. Final stop: Auschwitz”, afirmaron en un manifiesto. Captaron la atención de muchas cámaras de televisión y fueron fotografiados con carteles que rezaban “Defendiendo nuestras comunidades” o “Cuelga a tu miembro del Klan local”, entre otros. Los racistas, en un alarde de fuerza, no han dudado en pasearse y amenazar a negros y antirracistas con una potencia de fuego enorme y un gran conocimiento en tácticas militares. Ahora tienen un adversario importante. Fuego contra fuego. Son una fuerza armada que se suma a otras antifascistas y que se multiplican en distintos puntos de Estados Unidos, que está viviendo un crecimiento de grupos trotskistas, maoístas o de black power (autoproclamados “Nuevos Panteras Negras”) que defienden la autodefensa armada, la causa antifascista y el izquierdismo militante.

Redneck Revolt es un grupo muy organizado que tiene sus raíces en los años sesenta. En Chicago, a finales de los cincuenta y provenientes de los Apalaches, numerosas familias de clase trabajadora se asentaron en la ciudad. Los comienzos fueron durísimos. Explotados, convertidos en proletariados despreciados por patronos, policías y autoridades, decidieron organizarse, fundando grupos de autoayuda y denunciando un capitalismo salvaje que condenaba al hambre a la mayor parte de la clase trabajadora, blanca o negra. En sus barrios, en bares y fábricas, se mostraba la bandera sureña confederal. Para ellos no tenía un significado racista, ni mucho menos, sino un símbolo de pertenencia a un lugar y a unos orígenes de clase trabajadora en un país que amaban pero que ya no lo identificaban como suyo.

Fundaron organizaciones que abastecieron de comida a las familias más pobres y, con la llegada de los Panteras Negras, se aliaron con su activa organización de Illinois. Entonces se llamaban Young Patriots y lograron lo que a priori parecería imposible: unir la bandera sureña junto al puño negro, que los negros radicalizados aceptaron sin problema. Y no solo eso. Inspirados en el trabajo de los panteras en los guetos negros, los imitaron, reproduciendo sus grupos, centros comunitarios, guarderías, escuelas y hospitales autogestionados. Con el tiempo incluso trabajaron juntos en la Rainbow Coalition, que aglutinaba a rednecks, hillbillies, greasers y panteras, puertorriqueños e indios. Juntos formaron un frente común antifascista. Fascismo equivalía a decir AmeriKKKa.

En sus publicaciones y entrevistas reivindicaban el derecho a usar las armas tal y como lo estaban haciendo las comunidades negras. Para ellos era algo absolutamente normal. Desde pequeños, en sus lugares de origen, llevar y usar armas era algo natural. Se fotografiaron armados y publicaron llamamientos y manuales para el uso de armas cortas y largas, creando grupos de autodefensa en clubs de tiro autogestionados. Hablaban de lucha armada y de presos políticos, del movimiento indio que estaba siendo asediado y aniquilado y, por supuesto, de sus camaradas panteras. Además de todo eso, motos, rock and roll y amor libre.

Esto sucedió hace cuarenta años. En 2009, este legado resucitó en Kansas bajo el nombre de Redneck Revolt, que surgió alrededor del John Brown Gun Club, un club de tiro integrado por izquierdistas blancos de clase trabajadora.

Desde entonces no ha parado de crecer. Sus miembros son tanto hombres como mujeres y se han unido al movimiento Black Lives Matter, que denuncia la brutalidad policial y los crímenes racistas que se reproducen con gran frecuencia por todo el país. Charlottesville fue un punto más en una serie de protestas por todo el país donde sus miembros han acudido armados bajo el lema “Consigue que los racistas vuelvan a sentir miedo”, junto a grupos hermanos como el Socialist Rifle Club. Fueron vistos en Sacramento, Berkeley, Portland, Oregon, Pikesville o Kentucky.

La situación es explosiva. Varios signos apuntan a una criminalización y persecución policial contra los “rednecks” revolucionarios. Donald Trump, tras los choques en Charlottesville, puso el punto de mira en ellos, afirmando que condenaba “la violencia de ambos dos bandos”, y refiriéndose por vez primera a un movimiento que calificó de “antifascista” y que, según él, eran profesionales de la violencia.

Redneck Revolt, junto a grupos anarquistas, es uno de los grupos más activos y, quizás, más espectaculares. Antes de Charlottesville lanzaron un panfleto titulado “Un llamamiento a las armas”, que aquel trágico día no sonaron pero siguen preparadas, listas para defender a la “verdadera” clase trabajadora del país. Los “rednecks” aseguran no tener miedo y hacer frente al KKK por cualquier medio que sea necesario.

http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/los-rednecks-revolucionarios-apuntan-sus-armas-contra-donald-trump-y-el-kkk

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Fascismo

Fascistas, racistas y supremacistas en Estados Unidos

Cuesta creer que en Estados Unidos, en pleno siglo XXI, sigan siendo legales las esvásticas, los saludos nazis y realizar marchas por la supremacía blanca en las que el odio y la violencia son las atracciones principales. Un pasado manchado por el racismo y masacres en nombre de la raza blanca no han sido suficiente razón para poner límites a la libertad de expresión.

El supremacismo blanco y el terrorismo blanco siguen siendo un problema para Estados Unidos. Se hizo creer que las capuchas blancas y las antorchas, emblemas del Ku Klux Klan, quedaron enterradas en los años 60 tras la firma del Pacto International de Derechos Civiles y Políticos. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Desde que se pusiese fin a la segregación racial en Estados Unidos, los ataques y manifestaciones por la supremacía blanca han demostrado que una alarmante parte de la sociedad sigue siendo fiel a estos pensamientos.

Muestra de ello es que el ataque terrorista más sangriento de la historia estadounidense antes del 11S fue llevado a cabo por un extremista antiestatal en nombre de la raza blanca. En abril de 1995, Timothy McVeigh hacía detonar una bomba que derribaba un edificio en el centro de Oklahoma City. El atentado ponía fin a la vida de 168 personas, incluyendo niños, y hería a casi 700 personas.

Después de más de dos décadas del atentando, el panorama no parece haber mejorado. La crisis económica, la reciente llegada de inmigrantes y refugiados en busca de un futuro mejor, así como la amenaza yihadista, han servido de excusa para la reavivación de movimientos de supremacismo blanco. La victoria de Donald Trump, además, ha creado un ambiente en el que estos movimientos se sienten cómodos para luchar por su causa. Lejos de aparecer como una figura sólida en la lucha contra el racismo, Trump ha conseguido con sus discursos de odio crear el caldo de cultivo perfecto para avivar las polaridades.

El pasado 19 de agosto se hacía evidente esta realidad. Lo que comenzaba como una “marcha pacífica” por la supremacía blanca en Charlottesville acababa con la muerte de Heater D. Heyer tras ser atropellada por un simpatizante nazi que decidió dirigir su coche a toda velocidad hacia un grupo de personas que se manifestaban en contra de la marcha Unite the Right.

Saber quiénes componen actualmente el movimiento por la supremacía blanca en Estados Unidos y qué es lo que desean puede ayudar a procurar un futuro mejor en la lucha contra el racismo.

Los orígenes del supremacismo blanco

El supremacismo blanco está tan arraigado en la historia de Estados Unidos que parece complicado determinar la fecha exacta en la que comenzó, pero parece acertado empezar con la caída de los estados de la Confederación y la creación del Ku Klux Klan.

Son motivos puramente económicos los que dan pie al racismo en el país. Las colonias europeas en Estados Unidos comenzaron a traer esclavos para potenciar la economía del país, y del siglo XVI al XIX la supervivencia de la nación dependía totalmente de ellos. Así, los estados del país, especialmente los del sur, crearon un sistema económico basado en la mano de obra no remunerada esclava que les permitía obtener ganancias exorbitantes. Pero en 1865 la derrota de los estados de la Confederación en la guerra de Secesión, la implementación de Gobiernos liderados por republicanos y el Decreto de Reconstrucción, que por primera vez en la Historia de los Estados Unidos de América liberaba a esclavos y otorgaba ciertos derechos políticos a los ciudadanos afroamericanos en el sur, acababa con la bicoca de la que tanto se habían beneficiado los sureños. Este nuevo panorama no fue aceptado con júbilo por los estados de la antigua Confederación; no bastaba con presenciar la caída de sus ejércitos, ahora también serían testigos del derrumbe de su sistema socioeconómico.

Es así como una noche de diciembre de 1865 seis jóvenes veteranos de la Confederación con ganas de matar su aburrimiento se reunían en Pulaski, Tennessee, para crear un club social secreto. Su idea inicial era crear un grupo que fuese inusual y sonase misterioso para despertar la curiosidad de unos cuantos y gastar bromas a la población afroamericana. Para ello consideraron que el nombre Ku Klux Klan (KKK), procedente de la palabra griega kuklos —de donde derivan ‘círculo’ y ‘ciclo’—, hacía la función perfecta. Por las noches cubrían sus cuerpos con sábanas y capuchas blancas y, conscientes de la fama de supersticiosos de la población afroamericana, se dedicaban a ir de puerta en puerta haciéndose pasar por militares sedientos caídos en la guerra de Secesión. Pero lo que comenzó como un pasatiempo pronto pasaría a convertirse en una organización seria, con un gran número de simpatizantes, y dejarían las bromas a un lado para apabullar a la sociedad afroamericana y hacer de su historia una macabra.

Los miembros del KKK pronto se dieron cuenta de que sus atuendos eran un mecanismo eficaz para asustar no solo a afroamericanos, sino también a la población blanca.

Del KKK al intelectualismo ‘alt right’

La historia del KKK viene marcada por tres grandes etapas que han ido adaptándose a los acontecimientos de la Historia. La primera etapa fue tras su fundación en 1865. Su objetivo principal era aterrorizar a republicanos y la población afroamericana para evitar que participasen en las elecciones y, así, que los demócratas volviesen a hacerse con las riendas del sur. En 1867 los representantes de las diferentes facciones del Klan se reunían en Nashville, Tennessee, para acordar que la filosofía de la supremacía blanca sería el credo del KKK. Esta se basa en que la raza blanca, debido a su superioridad genética, debe estar por encima de las demás razas y que para ello se deben crear sociedades puramente blancas. Pero la violencia, el descontrol del grupo y la victoria de los demócratas en los estados sureños hicieron que a finales de 1869 el Klan dejase de existir.

En los años 20 la llegada masiva de inmigrantes de Europa, la recesión económica tras la Primera Guerra Mundial, la migración de afroamericanos del sur al norte del país y la llegada de libertades políticas y sexuales hicieron que el KKK volviese a emerger. En 1915 William J. Simmons, inspirado por la película “The Birth of a Nation”, reaviva el Klan y amplía la lista de enemigos a todas las personas que no fuesen blancas o que, aun siéndolo, fueran inmorales, es decir, que llevaran a cabo prácticas contra el cristianismo protestante o antipatrióticas. Así, el grupo, debido a su mezcla explosiva de xenofobia, prejuicio religioso, supremacismo blanco y conservadurismo moral, comenzó a tener una mayor aceptación social, pues no solo apelaba a racistas, sino también a cristianos que perseguían una reforma moral que frenase la modernización desbocada del país. Pero a partir de los años 30 este momento apoteósico se vio frustrado por la Gran Depresión, las portadas de periódicos plagadas con las inmoralidades cometidas por los líderes del Klan y la multa de casi 700.000 dólares al grupo por evasión de impuestos. Las antorchas del KKK se apagaban una vez más.

En los años 50 resurge de nuevo durante el movimiento por los derechos civiles. Esta nueva etapa supone una época de transformación para el grupo. En primer lugar, se vuelve más violento que nunca; se empieza a hablar del “terrorismo blanco”. En segundo lugar, su retórica racista durante un periodo de auge para la segregación motivó a personas ajenas al movimiento a participar en sus campañas de terror. Y, en tercer lugar, la llegada de ideas nazis al país debido a la Segunda Guerra Mundial hizo que el KKK no se llevase todo el mérito en la lucha por la supremacía blanca. Grupos neonazis, paramilitares y cristianos extremistas, tan fragmentados como el KKK de esta etapa, comenzaron a trabajar reclutando a personas que el Klan falló en atraer por ofrecer un abanico reducido de posibilidades en su odio. Debido a esto, el movimiento por la supremacía blanca ha tomado desde los años 70 diferentes aspectos y direcciones.

Además, la victimización que el movimiento adopta a partir de los años 80 es un factor esencial que tener en cuenta para poder entender su ideología actual. Inicialmente, su objetivo era luchar para mantener el dominio blanco, pero, a medida que la realidad política y social comenzó a evolucionar, el movimiento supremacista también lo hizo. Vieron que luchar para prevenir su extinción parecía una causa más noble para justificar sus actuaciones. Por eso, el eslogan que hoy impera entre ellos es el de “las 14 palabras”: “We must secure the existence of our people and a future for white children”, esto es, “Debemos asegurar la existencia de nuestra gente y un futuro para los niños blancos”. Este victimismo resulta en lo que califican de “genocidio blanco”.

La extrema derecha actualmente está compuesta principalmente por supremacistas blancos, que creen que la raza blanca es biológica y culturalmente superior al resto; nacionalistas blancos, que apoyan la idea de crear sociedades exclusivamente blancas; neonazis, admiradores de Hitler y que sienten un odio especial hacia los judíos, todas las personas no blancas, la comunidad LGTB y las personas con discapacidades; facciones que siguen los valores clásicos del KKK, y el movimiento “alt right”. Este último, presente también en la manifestación de Charlottesville, es una corriente que está ganando mucho peso por considerarse el movimiento intelectual del supremacismo blanco. El termino “alt right” —derecha alternativa— fue inventando por Richar Betrand Spencer en 2008, un nacionalista blanco que aboga por una “limpieza étnica pacífica” en Estados Unidos. El éxito del movimiento viene dado por su divulgación en las redes sociales, sus memes y su presencia en internet, que permite que seguidores con diferentes creencias puedan participar de manera anónima. Apela al victimismo típico del supremacismo —consideran que la identidad blanca está en peligro y que hay que preservar los valores tradicionales occidentales— e intentan incrementar la calidad del movimiento captando a jóvenes intelectuales conservadores.

Antifas y ‘Black lives matter’: ¿sus opuestos?

Tras la manifestación en Charlottesville, son muchos los que no han tardado en asegurar que “White lives matter” (WLM), movimiento que reivindica “los derechos de los blancos”, ha surgido como oposición al racismo y la violencia del movimiento “Black lives matter” (BLM) y que los antifascistas o antifas son el grupo de la extrema izquierda homólogo a “alt right”.

Primeramente, los movimientos de “White lives matter” y “Black lives matter” no se pueden comparar. El primero es un movimiento racista y violento; el segundo, no. BLM existe porque en la actualidad la población afroamericana sigue siendo víctima de la discriminación y recibe un trato diferente que la población blanca. Sus manifestaciones son pacíficas e incluyen gente de diferentes etnias y orientación sexual. Por el contrario, WLM está liderado por grupos supremacistas, como el KKK y el Partido Nazi Americano, que lo que pretenden es crear una sociedad en la que no haya cabida a la diversidad de razas, sexualidades y culturas, por lo que en sus manifestaciones solo se verán personas blancas, occidentales y, en principio, heterosexuales. De ser violento el BLM, resultaría contraproducente para sus objetivos: optar por la violencia para acabar con la violencia sería como echar piedras sobre su propio tejado. En cambio, los defensores de WLM no necesitan hacer mérito de los medios que utilizan para conseguir sus metas para ser conscientes de su brutalidad.

Por otro lado, el presidente Trump hacía responsables de la tragedia de Charlotessville a “ambas partes”, con lo que se refería tanto a “alt right” como a una supuesta izquierda alternativa —“alt left”—. Sin embargo, aún no existe un movimiento autodenominado “alt left”; a lo que el presidente probablemente se quería referir es al movimiento antifascista —comúnmente conocido como antifa—, ­presente desde hace décadas en Europa, pero nuevo para Estados Unidos Este movimiento está compuesto por anarquistas, socialistas y comunistas que comparten una causa común: acabar con la extrema derecha y el supremacismo blanco. Es por esto que pueden dar la sensación de ser aliados en la lucha contra el supremacismo. No obstante, tampoco dudan en utilizar la violencia para conseguir sus fines y consideran que está moralmente justificado el uso de la fuerza contra la extrema derecha, por lo que al final del día, según sus detractores, no dejan de ser distintos a los defensores de los supremacistas. El Centro Legal para la Pobreza Sureña, conocido por su labor contra el racismo, afirmaba que el uso de la violencia no es la herramienta más eficaz para acabar con los racistas y antisemitas.

Pero la realidad es que, por mucho que se intente comparar BLM y los antifas con WLM, los niveles de violencia ejercidos los supremacistas impiden una comparativa objetiva.

Indudablemente, lo que más fuerza ha dado a estos movimientos fanáticos es que legalmente tienen el derecho a manifestar y hacer apología de sus creencias. La Primera Enmienda de la Constitución restringe la capacidad del Gobierno de limitar el ejercicio de la libertad de expresión; de ahí que la marcha en Charlottesville fuese totalmente legal. Las esvásticas, saludos nazis y cantos de violencia como “Fuera los judíos” o “Sangre y tierra” pueden resultar chocantes en la actualidad por los actos cometidos en nombre de la ideología que estos símbolos sustentan, pero se consideran amparados por la libertad de expresión.

Andrea Moreno http://elordenmundial.com/2017/09/25/racismo-y-fanatismo-el-supremacismo-blanco-en-ee-uu/

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Un cowboy en la ONU

Darío Herchhoren

En una memorable intervención del Comandante Hugo Chaves en la ONU, refiriéndose a la intervención de George Bush (h) el día anterior, dijo «ayer estuvo el diablo aquí. Huele a azufre todavía». Y podemos afirmar que el diablo ha vuelto, pero esta vez personificado por Donald Trump, que no ahorró bravata alguna con el fin de aterrorizar al mundo entero. Parecía un vaquero entrando al saloon de un pueblo perdido del far west.

Amenazó a Corea con arrasarla, y prácticamente hacerla desaparecer. No hace falta recordarles a los coreanos lo que implica la intervención de los USA en su país. Los gringos, durante la guerra de Corea utilizaron las armas más terribles de que disponían, entre otras los llanzallamas, que abrasaron a hombres, mujeres y niños que se escondían en cuevas para refugiarse de la barbarie de la «civilización» occidental. Sus tropas casi llegaron al río Yalú, que hace de frontera con China, y el peligro que corría China en ese momento llevó a que Mao Zedong mandara un millón de militares a combatir con ese demonio que son los USA. Ello llevó a la partición de Corea en dos estados, y a que en el sur del paralelo 38 se instalara un estado títere, cuyos hilos se mueven desde Washington, y que sirve a sus intereses. El estado del sur es una permanente provocación contra la Corea socialista, y ese es el motivo por el cual no se firma un tratado de paz entre las dos Coreas, y por eso los USA hacen todo lo posible para que ello no ocurra, y por ello mantienen en forma permanente 30 mil militares en ese territorio.

No quieren un tratado de paz, porque de firmarse, ello haría que la presencia de tropas yanquis en Corea no tuviera razón de ser. La guerra de Corea era una provocación contra China y contra la URSS, que tiene frontera con la Corea socialista, y ello hizo que el célebre general Douglas Mc Artur, que había entrado victorioso en Japón luego de la masacre de Hiroshima y Nagasaki preconizara que el ejército yanquy arrojara una bomba atómica sobre Corea, cosa que felizmente no ocurrió por la firme postura de la URSS, que envió armamento y aviones MIG 15 para parar la agresión.

El irresponsable payaso también amenazó a Irán. No puede soportar después de tantos años la pérdida de la monarquía iraní ejercida por Mohamed Reza Pahlevi, un lacayo opresor de su pueblo y fiel servidor de los intereses de las petroleras Standard Oil y Anglo Iranian Oil Company. La nacionalización del petróleo iraní, implicó un duro golpe para ambas multinacionales la primera transformada en la Gulf Oil, y la segunda es la actual British Petroleum.

Como en su insensato discurso hubo para todos no se olvidó de Venezuela, y al mejor estilo del Far West, amenazó con ir a «arreglar las cosas» en ese país si antes no las arreglaban las autoridades del mismo.

Pero su discurso fue tan lamentable que su sirviente en Francia Emmanuel Macron, le afeó su postura en contra del tratado con Irán sobre el uso pacífico de la energía atómica, diciendo que ese era un buen tratado y que debía respetarse, ya que el mismo no pertenecía a los EEUU sino al mundo entero.

No cabe duda que a este desenfrenado vaquero le vendrá bien una dosis de jarabe vietnamita. Ya lo está probando en Siria; pero habrá que aumentar la dosis. La de adulto.

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Se incrementan los sabotajes y la resistencia armada en el interior de Estados Unidos

Imagen de Redneck Revolt
Josh Meyer

Desde comienzos del año pasado las autoridades federales advierten a las autoridades nacionales y locales de que los extremistas de izquierda denominados “antifa” son cada vez más conflictivos y peligrosos, hasta el punto de que el Departamento de Seguridad Interior (DHS) ha clasificado formalmente sus actividades como “violencia terrorista nacional”.

Mucho antes de la convocatoria del 12 de agosto en Charlotesville, en Virginia, que resultó mortal, el DHA avisaba contra los crecientes riesgos de violencia mortal entre los anarquistas de izquierda y los grupos de derecha racista blanca y nacionalistas. Documentos no publicados anteriormente revelaban que en abril del año pasado las autoridades pensaban que los “extremistas anarquistas” eran los principales instigadores de la violencia en las convocatorias públicas contra una serie de objetivos. Fueron culpados por las autoridades de ataques a la policía, al gobierno y las instituciones políticas, así como contra los símbolos del “sistema capitalista”, de racismo, injusticia social y fascismo, según una evaluación confidencial de investigación de 2016, realizada conjuntamente por el DHS y el FBI.

Tras la elección de Trump en noviembre, los militantes “antifas” se han orientado hacia otro objetivo, en particular contra los miembros de grupos racistas blancos y nacionalistas, que salieron repentinamente en masa a saludar su victoria, apoyar las medidas de represión contra inmigrantes y musulmanes y protestar contra la labor que llevaban en contra de suprimir los símbolos de la Confederación.

Estos informes parecen validar la insistencia de Trump cuando afirma que los extremistas de izquierda eran en parte responsables de los enfrentamientos de Charlottesville y representaban un problema a escala nacional. Pero también reflejan en qué medida su propio movimiento político ha causado la reacción violenta.

En algunas entrevistas, los servicios de policía han indicado claramente que la retórica y las políticas incendiarias de Trump, primero como candidato y después como presidente, han contribuido a crear una situación de forma tan rápida y tan extensa que no controlan la situación. “Es en este tiempo [durante la campaña de Trump] cuando realmente hemos tomado conciencia”, ha declarado un alto responsable jurídico que seguía a los extremistas en un Estado que se ha convertido en la línea del frente de los choques entre los grupos. “Estos ‘antifas’ venían con armas, escudos y cascos de moto, y golpeaban a la gente… Emplean cócteles Molotov, prenden fuego, lanzan bombas y rompen escaparates”. Casi inmediatamente, los atacados han reaccionado, empleando cada vez más armas y lanzando sus propios ataques sin provocación ninguna, como muestran los documentos y las entrevistas. El extremismo de los dos campos se ha aprovechado de esos enfrentamientos, sobre todo tras Charlottesville, para reclutar un número sin precedentes de nuevos miembros, recoger fondos y amenazar con nuevos enfrentamientos, según informan.

“Todo el mundo se pregunta ¿qué vamos a hacer?, ¿cómo vamos a tratar esto?”, ha declarado el alto funcionario judicial. “Cada vez que hay una protesta en donde todos están trayendo armas, apretamos el culo. Las emociones se calientan, y los dedos acarician los gatillos”.

Incluso antes de Charlottesville, docenas y centenares de personas acudían a convocatorias en Texas, California, Oregón y otros lugares, portando armas y buscando pelea. En Austin, Tejas, “antifas” armados atacaron a los partidarios de Trump y grupos racistas en diversos mítines, enfrentándose luego a la policía en un esfuerzo exitoso para impedirles practicar detenciones.

California se ha convertido en otro campo de batalla, con violentos choques en Berkeley, Sacramento y Orange County que han causado numerosos heridos. Y según las autoridades judiciales los contra-manifestantes iniciaron los ataques en dos choques anteriores en Charlotesville.

Hay nuevas convocatorias anunciadas en los próximos meses en el país, incluyendo Texas, Oregón, Missouri y Florida. Las autoridades están especialmente preocupadas por ello en Estados en donde virtualmente nadie, incluyendo activistas investigados por instigar a la violencia, puede exhibir rifles de asalto en público.

Las tensiones se elevaron hasta el punto de que, tras el intercambio de acusaciones en Charlottesville, circuló el rumor de que los “antifas” intentarían boicotear la masiva reunión motera en Sturgis, Dakota del Sur, a causa de la abundancia de banderas de la Confederación y carteles de Trump. No era cierto, pero desencadenó una oleada de peticiones por parte de antifascistas para que acudieran a la cita. Incluso se llegó a mostrar un “Sturgis Survival Kit” para posibles manifestantes antifascistas, con un torniquete, morfina, escayola y desfibrilador.

“Tanto los racistas como un segmento de antifascistas violentos son partidarios de la escalada en el uso de armas, y la policía se ve superada, resultando en el aumento de enfrentamientos violentos y peligrosos”, manifestó un ex oficial de la policía de Nueva York, Brian Levin, quien ha estado encargado del control de “militantes” desde hace 31 años, y ahora en el Centro para el Estudio del Odio y el Extremismo de la California State University. “Es un baile organizado. Las convocatorias se extienden por las redes sociales y entonces muchas más gente se presenta en ellas estimulado por el enfrentamiento violento”.

Durante las últimas décadas las autoridades se concentraron casi exclusivamente en los grupos de derecha como los más probables instigadores de la violencia terrorista nacional, especialmente desde que Timothy McVeigh hiciera explotar el edificio federal de Oklahoma City en 1995, matando a 168 personas. Más recientemente, los grupos antifas, que algunos denominan la Red de Acción Antifascista, proceden de grupos antigubernamentales de izquierda como el “Black Block”, manifestantes con máscaras negras que han provocado violencia en ocasiones como la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Seattle en 1999. Alegan no tener ningún jefe o ninguna jerarquía, pero las autoridades que los siguen consideran que están organizados en redes descentralizadas de células que se coordinan entre ellas. A menudo pasan semanas planificando la violencia en próximos eventos, según informe del DHA y el FBI del pasado 16 de abril titulado “Comparaciones básicas de los movimientos extremistas anarquistas estadounidenses y extranjeros”.

Han emergido decenas de grupos armados antifascistas, incluyendo “Redneck Revolt” y los “Guardias Rojos”. Un informe de las autoridades de Nueva Jersey indica que grupos auto descritos como “antifa” han surgido en ciudades que incluyen Nueva York, Filadelfia, Chicago y San Francisco. Algunos informes del DHS y del FBI comenzaron a denunciar a los manifestantes “antifa” antes de las elecciones. En uno de ellos, fechado el pasado septiembre [de 2016], el DHS estudia los recientes enfrentamientos violentos durante actos organizados por el “Traditionalist Workers Party” y sus asociados, los “Golden State Skinheads”. Según la policía, contramanifestantes ligados a grupos “antifa” y asociados como “By Any Means Necessary” atacaron, causando disturbios tras los cuales al menos diez personas fueron hospitalizadas, algunos con heridas de arma blanca.

En el mitin de Sacramento, los “antifas” llegaron buscando violencia y “maniobrando de manera que evidenciaba su competencia en la planificación, principalmente la organización de transporte para viajar desde distintos lugares, la recogida de fondos ante la posibilidad de detenciones, labores de contravigilancia usando equipos de tres personas, con radios móviles para la comunicación y coordinando el evento a través de las redes sociales”, indicó el informe del DHA.

Las evaluaciones de la inteligencia se centran menos en pistolas que en las armas caseras usadas por los “antifas”, a la vista de fotos en las que exhiben hachas de mano y escudos, a menudo con tornillos industriales a modo de bayonetas. Un veterano miembro de la judicatura local declaró que “un amplio puñado de entre ellos” han sido considerados los suficientemente peligrosos para entrar en las listas de vigilados por terrorismo. El FBI y el DHS no comentaron  este ni otros aspectos de la evaluación, diciendo que su fin no era el de hacerse públicos.

Hacia la primavera del año pasado los grupos anarquistas se fueron haciendo más agresivos, incluso con ataques armados hacia personas o pequeños grupos de lo que consideraban como enemigos. Los funcionarios federales lanzaron una investigación general con la ayuda de organismos de inteligencia, según las consideraciones del DHS y del FBI. El objetivo de esta investigación era determinar si los grupos anarquistas estadounidenses pudieran iniciar la comisión de atentados terroristas como su correligionarios de “movimientos extremistas anarquistas extranjeros” en Grecia, Italia o México, posiblemente en las convenciones de los Republicanos y Demócratas este verano.

http://www.politico.com/story/2017/09/01/antifa-charlottesville-violence-fbi-242235
Miembros de la organización comunista ‘Guardias Rojos’ se manifiestan armados en Austin (Texas)

En su página web, el grupo Redneck Revolt expone un significativo recorrido histórico de la palabra inglesa “redneck” que literalmente significa “cuello rojo”. En el siglo XIX llamaban así a los campesinos más pobres que tenían el cuello quemado por trabajar a pleno sol. A comienzos del siglo siguiente la palabra se convirtió en sinónimo de huelguista o insurrecto, normalmente mineros que se ponían un pañuelo rojo al cuello durante las protestas obreras. 
La organización tiene 30 secciones repartidas entre 20 Estados diferentes. Su sitio es https://www.redneckrevolt.org/
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Sigue el hostigamiento contra los diplomáticos rusos en Estados Unidos

Trump ha dado un giro completo a sus promesas electorales de mejorar las relaciones diplomáticas con Rusia; ya no pueden ser peores porque Estados Unidos tensa la cuerda cada día un poco y ya ha llegado a un punto que roza lo grotesco.

Como ya informamos, el Departamento de Estado dio un plazo de tres días para cerrar varios edificios diplomáticos rusos en Estados Unidos. Al vencer el plazo, el FBI los registró aduciendo la posibilidad de que albergaran material explosivo.

Desde entonces el personal diplomático y consular sigue ocupando las mismas, aunque el FBI les ha ordenado desalojar porque quieren recomprar dichos edificios. Desde el cierre se vive así una extraña “convivencia” de los funcionarios rusos con sus familiares e hijos rodeados de policías por todas partes husmeando por los rincones y compartiendo las zonas comunes.

La última provocación es la siguiente: el servicio de control de la calidad del aire de San Francisco acusa a los diplomáticos rusos de haber incinerado residuos ilegalmente dentro del edificio consular.

Los expertos municipales dijeron el martes a la cadena de televisión CBS que la espesa humareda negra que salía de la chimenea del edificio viola las normas de incineración de residuos, por lo que han abierto un expediente sancionador contra los rusos, que pueden ser multados en una cuantía que no han precisado.

Traducido al lenguaje coloquial este esperpento quiere decir lo siguiente: es verdad que no hemos encontrado explosivos en las oficinas rusas, pero algo oscuro debía haber en su interior porque empezaron a quemar “residuos” precipitadamente para que no los encontráramos.

Desde hace siglos y hasta estos últimos tiempos, en el derecho internacional la inmunidad alcanza tanto a los diplomáticos, como a los edificios y a los objetos para evitar atropellos como los que ha cometido en este caso Estados Unidos, que han hecho como con todo lo demás: lo que les viene en gana.

La inmunidad comprende el secreto, por lo que los diplomáticos rusos estaban en su obligación de quemar cualquier material confidencial, y si a causa de ello montaron una hoguera dentro del edificio y si eso vulnera las leyes de Estados Unidos, es irrelevante: su actuación es inmune a la ley.

Naturalmente en la Casa Blanca hasta el más tonto sabe estas cosas, por lo que esta caza de brujas es otro “show” orquestado para consumo de las cadenas de televisión, la prensa, la radio y las tertulias.

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El FBI asalta tres edificios consulares rusos en busca de explosivos

Lo había advertido hace unos días Maria Zajarova, portavoz del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores: la policía de Estados Unidos se disponía a registrar los edificios consulares rusos, un hecho sin precedentes sin previa declaración de guerra.

El asalto se ha producido en San Francisco, Washington y Nueva York, donde el FBI ha tomado posesión de otros tantos edificios que, con excepción del de Nueva York, que es alquilado, son propiedad de Rusia, desde los viejos tiempos de la URSS.

En Estados Unidos prosigue, pues, la histeria antirusa y Trump demuestra que no se detiene ante nada. Antes del asalto la Casa Blanca dio un plazo de tres días para que Rusia procediera al cierre a los tres consulados y los funcionarios apenas tuvieron tiempo de hacer la mudanza.

La orden de cierre significaba que los edificios perdían su inviolabilidad diplomática y, además, que Rusia no podría hacer uso de ellos en lo sucesivo para otros fines, al margen de los consulares.

A Estados Unidos la legislación internacional le importa un bledo y la interna también, porque el FBI tampoco tenía una orden judicial de entrada y registro, es decir, que se trata de un acto de pillaje “por la cara” en el que incluso han sido las viviendas privadas de los funcionarios diplomáticos y consulares, los conductos de ventilación, los tejados, los desagües…

Oficialmente el FBI buscaba explosivos. Es como decir que los diplomáticos rusos acreditados en Estados Unidos son unos terroristas. La falta de noticias sobre el allanamiento pone de manifesto que el registro fue negativo: no había ni explosivos ni nada. Pero los del FBI siguen ocupando los edificios y en la Secretaría de Estado en Washington dicen que quieren recomprar los edificios. Lo que no se sabe es si los rusos quieren venderlos…

Tan llamativa como la falta de noticias es la ausencia de reacciones internacionales. Alguien pretende que la diplomacia se degrade, posiblemente porque ya no es necesaria. ¿Quieren poner las armas en el primer plano?

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Estados Unidos equipa a la policía con material militar

Trump se dispone a aprobar la venta de equipamiento militar -incluyendo rifles y vehículos blindados- a las fuerzas policiales, prohibida por su predecesor Obama, según anunció ayer el fiscal general, Jeff Sessions, en la convención nacional de la Orden Fraternal de la Policía en Nashville, Tennessee.

El nuevo gobierno ha decidido recuperar el programa por el que se proveía a los departamentos de policía local con equipamiento militar, como armas de alto calibre y lanzagranadas. “Estoy aquí para anunciar que el presidente Trump emitirá una orden ejecutiva que hará más fácil protegerlos a ustedes y a sus comunidades”, afirmó Sessions en la ceremonia.

Obama emitió una orden ejecutiva en 2015 que limitó severamente el programa de excedentes, en parte tras la indignación pública por el uso de equipo militar durante las protestas en Ferguson, Misuri, tras la muerte del joven negro Michael Brown, de 18 años, a manos de un policía.

“Va a rescindir las restricciones del gobierno anterior que limitaban la posibilidad de que sus agencias obtengan equipo a través de programas federales, incluyendo equipos que salvan vidas, como chalecos, cascos y equipos de primeros auxilios y rescate como los que están usando en Texas ahora mismo”, dijo el fiscal general en referencia a las labores de rescate tras el huracán Harvey.

La excusa es económica: reciclar material militar obsoleto. Según detalló Sessions, algunos de estos programas han reciclado “más de 5.400 millones de dólares en equipo nuevo y usado que ya habían sido pagados por los contribuyentes” y permitieron que se usaran en la represión interna.


“Equipos como helicópteros y vehículos blindados también son de vital importancia para los esfuerzos de emergencia y respuesta a desastres”, agregó.

Los grupos de presión policiales quieren que Trump cumpla con su promesa de poner de nuevo los equipos a disposición de los departamentos de policía locales y estatales, muchos de los cuales los consideran necesarios para asegurar la represión policial indiscriminada que caracteriza a Estados Unidos.

Al principio se justificó por la “lucha contra las drogas”, autorizando el Congreso al Pentágono en 1990 a entregar equipos excedentes a la policía. Luego la supuesta “lucha contra el terrorismo” cumplió el mismo fin legitimador.

El enemigo será la propia población y el campo de batalla las calles. Grupos de todo el espectro político han expresado su preocupación por la militarización, argumentando que el equipo fomenta e intensifica los enfrentamientos violentos con la policía.

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Los cinco pilares de la maquinaria de guerra del imperialismo

En la década de los años veinte del pasado siglo, el Presidente Calvin Coolidge dijo: “El negocio de Estados Unidos consiste en hacer negocios”. En la actualidad, puede decirse que la industria de armas y la guerra permanente se han convertido en una gran parte del negocio estadounidense, conformándose como una especie de filial de un complejo industrial militar bien arraigado. Anteriores hombres estadounidenses con visión de alcance hicieron advertencias contra esta deriva, hombres como el Presidente George Washington y el Presidente Dwight Eisenhower, al ser intrínsicamente contrapuesta a la democracia y la libertad. Sin embargo, en la actual administración Bush-Cheney sus principales miembros fueron parte de ellas y, precisamente, estuvieron muy ocupados promocionándolas.

Las guerras, especialmente las guerras electrónicas modernas, provocan unas masacres terribles, pero son también sinónimo de grandes contratos que suponen costes altísimos, grandes beneficios y grandes posibilidades de empleo para todos aquellos que conforman el necesario engranaje militar. Las guerras son el paraíso de los carroñeros.

Las guerras son también una vía para que políticos mediocres monopolicen las noticias y los medios de comunicación en su favor de forma partisana avivando el fervor patriótico y presionando por un nacionalismo de vía estrecha. Efectivamente, inflamar el patriotismo y el nacionalismo es un viejo truco demagógico que se utilizó siempre para dominar las naciones. Cuando eso sucede, hay un claro riesgo de que la democracia y la libertad se lleguen a erosionar, e incluso que desaparezcan si esos desarrollos conducen a una concentración exacerbada de poder y de corrupción política.

Los ataques terroristas del 11-S de 2001 supusieron una bonanza para el complejo industrial militar estadounidense. Fue un acontecimiento, un “Nuevo Pearl Harbor”, por el que algunos habían estado abiertamente esperando. ¿La razón? Esos ataques dieron el pretexto perfecto para desarrollar gastos militares, que se habían estado en gran medida anhelando tras la desaparición del antiguo Imperio Soviético. Y, además, proporcionaron el fundamento para aumentarlos de modo espectacular, sustituyendo la “guerra contra el comunismo” y la “Guerra Fría contra la URSS” por una “guerra antiterrorista” y una “guerra contra los islamistas”. En esta nueva perspectiva, las puertas del gasto militar podían abrirse y éste fluir de nuevo. El desarrollo del cada vez más sofisticado armamento podría continuar y miles de monopolios y cientos de distritos políticos podrían seguir llevándose los beneficios. Los costes serían asumidos por los contribuyentes, por los hombres y mujeres jóvenes que morirían en combate y por las remotas poblaciones que yacerían bajo la lluvia de bombas que caerían sobre ellos y sus hogares.

Efectivamente, en septiembre de 2000, cuando el Pentágono emitió su famoso documento estratégico titulado “Reconstruir la Defensa de Estados Unidos”, se expresaba la creencia en que el tipo de transformación militar que los planificadores estaban considerando requeriría de algún “suceso catastrófico y catalizador”, como un Nuevo Pearl Harbor, para que fuera posible venderle el plan al pueblo estadounidense. Fueron o intuitivos o afortunados porque, un año más tarde, ya tenían el “Nuevo Pearl Harbor” que estaban esperando.

El complejo industrial militar necesita guerras, muchas y sucesivas guerras, para prosperar. El equipamiento militar viejo tiene que ser reparado y reemplazado cada determinado tiempo si hay una guerra en marcha. Pero para justificar el enorme coste que supone tener que desarrollar armas cada vez más mortíferas, se necesita que haya un clima constante de temor y vulnerabilidad. Por ejemplo, durante el verano de 2006 los ataques israelíes contra el Líbano y Gaza facilitaron el uso de nuevas armas fabricadas en Estados Unidos. Esas armas incluían bombas de uranio empobrecido, armas de “energía directa” y armas nuevas químicas y biológicas. Estas armas no sólo logran que el acto de matar sea más fácil sino que también dejarán contaminado el medio ambiente con partículas de uranio empobrecido radioactivo durante las próximas décadas.

Pero, para construir un pacto suficientemente fuerte como para llevar a un país democrático por la senda de una permanente economía de guerra, se necesita una alianza de intereses entre militaristas, industriales, políticos, aduladores y propagandistas. Estos son los cinco pilares del complejo industrial militar que pueden encontrarse en los Estados Unidos.

El sistema militar estadounidense

En 1991, al final de la Guerra Fría, el presupuesto de defensa de Estados Unidos era de 298.900 millones de dólares. En 2006, ese presupuesto había aumentado hasta alcanzar la cifra de 447.400 millones de dólares, y esa cifra no incluía los 100.000 millones de más gastados en las guerras de Irak y Afganistán. Se ha estimado que los gastos militares estadounidenses, sin necesidad de exagerar, se aproximan a la mitad de los desembolsos militares mundiales (48 por ciento del total mundial en 2005, según cifras oficiales), a pesar de que la población estadounidense representa menos del 5 por ciento de la población mundial y alrededor del 25 por ciento de la producción mundial total. Como porcentaje, los gastos militares estadounidenses se engullen un mínimo de un 21 por ciento del presupuesto federal total estadounidense (2006 = 2.500 billones de dólares). Un presupuesto militar tal es mayor que el productor interior bruto (PIB) de algunos países, como Bélgica o Suecia. Es una especie de gobierno dentro de otro gobierno.

En 2006 el Departamento de Defensa de Estados Unidos empleó a 2.143.000 personas, mientras que los contratistas de defensa privada emplean a 3.600.000 trabajadores, lo que supone un total de 5.743.000 puestos de trabajo en Estados Unidos relacionados con el sector de la defensa, o el 3,8 por ciento del total de la fuerza laboral. Además, hay casi 25 millones de veteranos en Estados Unidos. Por tanto, se puede decir que más de 30 millones de estadounidenses reciben cheques que tienen su origen directa o indirectamente en el presupuesto militar de Estados Unidos. Suponiendo con cautela que sólo dos personas mayores de edad votan por hogar, esto se traduce en un bloque de unos 60 millones de votantes estadounidenses que tienen intereses financieros en el sistema militar estadounidense. Así pues, nos encontramos con el peligro de una sociedad militarizada que se perpetua a sí misma políticamente.

Los contratistas de la defensa privada

Los cinco contratistas más importnates de la Defensa estadounidense son Lockheed Martin, Boeing, Northrop Grumman, Raytheon y General Dynamics. Van seguidos de Honeywell, Halliburton, BAE System y miles de compañías y subcontratas de defensa más pequeñas. Algunas, como Lockeheed Martin en Bethesda (Maryland) y Raytheon en Waltham (Massachussets) obtienen cerca del 100 por ciento de sus negocios de los contratos de defensa. Otras, como Honeywell en Morristown (Nueva Jersey), tienen importantes divisiones de productos de consumo.

Sin embargo, todas están preparadas para sacar provecho en cuanto los gastos de suministros de armas aumentan. De hecho, los contratistas de defensa estadounidenses han estado disfrutando de los grandes presupuestos del Pentágono desde marzo de 2003, i.e., desde el comienzo de la guerra de Irak. Como consecuencia, han contabilizado aumentos considerables en los rendimientos totales de sus acciones, yendo desde el 68 por ciento (Northrop Grumman) hasta el 164 por ciento (General Dynamics) desde marzo de 2006 a septiembre de 2006.También se ha señalado que los contratistas de la defensa privada juegan otro papel social: son grandes empleadores de antiguos generales y antiguos almirantes del sistema militar de Estados Unidos.

El sistema político

En Estados Unidos, el Presidente George W. Bush, un antiguo petrolero, y el Vicepresidente Dick Cheney, como antiguo presidente y director ejecutivo de la gran compañía de servicios petrolíferos Halliburton en Houston (Texas), personifican la imagen de políticos consagrados al crecimiento y desarrollo del complejo industrial militar. Su administración ha extendido el sistema militar y ha adoptado una política exterior militarista a una escala nunca vista desde el final de la Guerra Fría e incluso desde el final de la II Guerra Mundial. Efectivamente, bajo la administración Bush-Cheney, la industria armamentística se ha vuelto extremadamente rentable. Contratos por miles de millones de dólares van a toda marcha vendiendo aviones y tanques a diversos países en un mundo que evoluciona cada vez más de espaldas al derecho. Casi las dos terceras partes de todas las armas exportadas en el mundo salen de Norteamérica.

El Congreso, por su parte, está en deuda con las monopolios de defensa que operan en las plantas militares existentes es cada uno de los distritos de los congresistas o en los estados de los senadores, además de ciertas gratitudes a los lobbys que les proporcionan fondos y apoyos en los medios en épocas electorales.

Los ‘think tanks’ del sistema

Los asesores y los aduladores que se hallan detrás de la economía orientada hacia la guerra forman un red entrelazada de los denominados “think tanks” con sede en Washington, financiados por ricas fundaciones que están exentas de impuestos y que tienen miles de millones de dólares de activos, como, por ejemplo, la Fundación John M. Olin, la Fundación Scaife o la Fundación Coors, etc.

Entre los “think tanks” más influyentes y representativos, cuya misión es orientar la política exterior estadounidense, se encuentra el American Enterprise Institute (AEI), la Heritage Fundation, el Middle East Media Research Institute, el neoconservador Washington Institute for Near Eastern Policy, el Center for Security Policy, el Jewish Institute for National Security Affaire, el Project for the New American Century (PNAC) y el Hudson Institute.

Todos esos “think tanks” sirven para un doble objetivo: proporcionan funcionarios gubernamentales para realizar informes políticos sobre diversos temas, normalmente con una visión muy conservadora; y sirven como incubadoras de los departamentos gubernamentales, suministrándoles personal que ya ha sido formado y proporcionando puestos de trabajo para funcionarios que están fuera del poder.Se observa que la misma puerta giratoria que existe entre el sistema militar y los contratistas de defensa, también se mueve entre los “think tank” con sede en Washington y los departamentos del gobierno de Estados Unidos.

El aparato de propaganda

Los propagandistas de la economía a favor de la guerra se pueden fundamentalmente encontrar en la derechista industria de los medios de comunicación estadounidenses. Esto se debe a que la venta de políticas orientadas hacia la guerra requiere la pericia que sólo una bien engrasada máquina de propaganda puede proporcionar.

La herramienta propagandística más potente es la televisión. Y ahí, la Red Fox de Noticias de Rupert Murdoch es invencible. No hay un medio de comunicación estadounidense más abiertamente devoto de la ideología neocon y más comprometido en el apoyo de las nuevas guerras estadounidenses que la Fox News. La CNN o la MSNBC pueden intentar algunas veces emularla, pero su profesionalismo les impide acercarse demasiado a Fox News, que está demasiado predispuesta a favor de la guerra y promueve sin pudor alguno la dominación global de Estados Unidos.

Los esfuerzos de propaganda de Fox están estrechamente coordinados con otro medio escrito propiedad de Murdoch, como es el Weekly Standard y el New York Post. El Washington Times, que está controlado por el Reverendo de la Iglesia de la Unificación Sun Myung Moon, el neoconservador New York Sun y otras publicaciones neocon, como el National Review, The New Republic, The American Spectator, the Wall Street Journal, completan la infraestructura más importante de propagandistas a favor de la guerra.

En conclusión, esa conjunción de cinco maquinarias para la guerra, i.e., el inflado aparato militar, la gran industria armamentística estadounidense, la administración neocon favorable a las guerras, con el Congreso de rodillas ante los lobbys militaristas, la red de “think tanks” favorables a la guerra y los belicosos propagandistas de los medios constituyen el marco del complejo industrial militar, del cual el Presidente Dwight Eisenhower, en 1961, hace ya 45 años, ya temía sabiamente que pudiera ejercer una influencia corrosiva sobre la sociedad estadounidense.

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La guerra comercial entre Estados Unidos y China es la antesala de la guerra de verdad

Para evitar una catástrofe económica sin parangón en la historia, a finales del mes que viene el Congreso de Estados Unidos deberá aprobar una ley para ampliar el techo de deuda pública. Si no se amplía, Estados Unidos no podría pagar sus gigantescas deudas; iría a la quiebra de manera inmediata y arrastraría consigo a una buena parte de las finanzas mundiales, el desplome de las bolsas…

Pero los diputados no se ponen de acuerdo. En la Casa Blanca son partidarios de una expansión neta de la deuda, es decir, una anulación -que califican de temporal- del techo de deuda; algunos congresistas se oponen y pretenden un alza del techo hasta un cierto nivel.

Son distintas formas de anunciar la quiebra y de disolver sus efectos en el tiempo. Trump ha cancelado sus vacaciones, pero no para enfrentarse al problema sino para abordar el verdadero problema de fondo, la guerra comercial con China, que asume distintos formatos según el momento.

Ahora el formato es que China roba (a Estados Unidos) los derechos de propiedad intelectual; China responde que eso no es más que un instrumento de presión para que ellos -a su vez- presionen a Corea del norte.

Según la explicación simplista de Trump, China fabrica mercancías (“reproduce” son sus palabras exactas) con técnicas industriales estadounidenses, y luego las revende en Estados Unidos a precios muy bajos. Las exportaciones “made in USA” se reducen y las importaciones aumentan, el déficit exterior crece…

Si la cosa se pone fea, Estados Unidos recurrirá a la guerra comercial y las barreras arancelarias causarán a China un perjuicio económico que en Washington estiman -muy alegremente- en 600.000 millones de dólares. Naturalmente, la cifra es muchísimo más elevada, indicador de una gran catástrofe que ni siquiera son capaces de imaginar en sus peores pesadillas.

La Comisión Americana sobre Robo de Propiedad Intelectual calcula que las pérdida a causa de las falsificaciones chinas, pirateo informático y robo de secretos industriales alcanzan cotas comprendidas entre los 225.000 y los 600.000 millones de dólares. Según dicen, China es responsable del 87 por ciento de las mercancías  pirateadas o falsificadas que llegan a Estados Unidos.

Lo de menos es si eso es cierto o algo parecido a las “armas de destrucción masiva”; tampoco interesa saber si los datos están inflados o no. En cualquier caso es capitalismo en su más puro estado, competencia, un terreno que Estados Unidos ha perdido desde hace tiempo. Ya no les interesa la “globalización”, ni el “neoliberalismo”, ni el libre mercado, ni la Organización Mundial de Comercio.

Si Estados Unidos inicia una guerra comercial con China, los mayores perjuicios serán para los grandes monopolios estadounidenses, como Apple, que ensamblan sus mercancías en China para venderlas en Estados Unidos. Pero hay otros capítulos muy alejados de las nuevas tecnología en los que China ha liquidado a la competencia mundial: la mitad de la soja que se consume en Estados Unidos procede de China.

Ante tal situación, en Pekín han quedado los últimos defensores del librecambismo y de los viejos principios de la Organización Mundial de Comercio. Pero si no es posible triunfar con el librecambismo, dicen en Pekín, triunfaremos con el proteccionismo exactamente igual; tomaremos contramedidas.

A la vista aparece el fantasma de una drástica reducción del comercio internacional, uno de los pilares que han fundamentado el raquítico crecimiento del capitalismo desde 1945 en todo el mundo. No hay más que analizar la situación económica de Japón, en otro tiempo paradigma de que el capitalismo podía obrar milagros. Desde finales de los ochenta es una foto fija, la del estancamiento y la del fracaso de todos los remedios puestos en funcionamiento para salir del atasco, el último de los cuales lo dice todo: el lanzamiento en cantidades infinitas de dinero fiduciario.

La guerra comercial es, por lo demás, la antesala del otro tipo de guerra, la de verdad. Por eso los chinos tienen razón cuando la relacionan con Corea del norte. Lo uno conduce a lo otro.

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Marcus Garvey: los orígenes de la lucha de los negros en Estados Unidos

Norberto Barreto Velázquez

[…] Garvey nació en Jamaica en 1887 en el seno de una familia trabajadora y numerosa. Su padre era cantero y su madre empleada doméstica. El acceso a la biblioteca de su padre alimentó su curiosidad desde muy niño. A los catorce años ya era aprendiz de impresor. Para 1907, y con solo veinte años, era uno de líderes del sindicato de impresores en la ciudad de Kingston.

La formación política de Garvey estuvo marcada por sus viajes. Como muchos otros hijos negros del Caribe inglés, emigró a Centroamérica y se estableció en Costa Rica en 1910. Allí conoció la discriminación, la miseria, el hambre y la explotación en que vivían los negros que trabajaban para la United Fruit. Esta corporación estadounidense, también conocida como el Pulpo, se dedicaba a la producción y comercialización de frutas, especialmente plátanos o bananos, y ejercía un enorme poder e influencia en toda la en la región centroamericana.
El poder de la United Fruit no intimidó a Garvey, quien, aprovechando su experiencia gremial, buscó organizar a los trabajadores bananeros en un sindicato. Fundó, además, el periódico La Nación, para denunciar la crueldad y la explotación que sufrían los migrantes negros. Sus actividades no pasaron desapercibidas por las autoridades costarricenses, que le expulsaron en 1911.

Tras una breve estadía en Jamaica, viajó en 1912 a Inglaterra. En la metrópoli asistió al Birkbeck College de la University of London y trabajó en dos periódicos panafricanos, The African Times y el Orient Review. Regresó a Jamaica en 1914 y fundó la Universal Negro Improvement Association (Asociación Universal de Desarrollo Negro, UNIA) con el objetivo de unir a todos los negros del mundo para convertirles en un pueblo soberano con un estado-nación en el continente africano. Esta organización se convertirá en el grupo nacionalista negro con el mayor número de integrantes de la historia. Se calcula que en la década de 1920 la UNIA contaba con más de mil sucursales a nivel mundial. De éstas, 270 estaban ubicadas en África, el Caribe y América del Sur; el resto en Estados Unidos. Ningún área con una población negra significativa carecía de una sucursal de la UNIA.

En 1916 se radicó en Nueva York, donde desarrolló una intensa labor organizativa, que tuvo una gran acogida entre la población afroamericana. Es en Estados Unidos que la UNIA se convirtió en un movimiento de masas. Establecer el tamaño de su membresía no es tarea fácil. Garvey llegó a reclamar seis millones de miembros a nivel mundial, lo que podría ser un número exagerado. Lo que resulta indiscutible es que contaba con millones de miembros a nivel global. Podríamos tener un idea de su tamaño si tomamos en cuenta la celebración de la primera “UNIA International Convention of the Negro People” en 1920. Durante un mes, 25,000 delegados de todas partes del mundo se reunieron en el Madison Square Garden para discutir los problemas de la raza negra. Durante ese mes la UNIA celebró grandes marchas por las calles de Nueva York con la participación de la African Legions y las Black Cross Nurses. Ambos eran grupos auxiliares de la UNIA, el primero era un grupo paramilitar y la segunda era un cuerpo de enfermeras creado a semejanza de la Cruz Roja. La convención culminó con la aprobación de la Declaration of the Negro Peoples of the World.

El éxito de su discurso inflamatorio llamó poderosamente la atención de las autoridades estadounidenses, especialmente, del Bureau of Investigation, que más tarde será conocido como Federal Bureau of Investigation o FBI. Creado en 1909 por el Secretario de Justicia Charles Bonaparte, el Bureau of Investigation atendía temas estrictamente nacionales, como el fraude, el radicalismo y el robo de bancos. La división de inteligencia del Bureau, dirigida por Edgar J. Hoover, infiltró a la UNIA y fabricó un caso legal en contra Garvey con pruebas y testigos cuestionables. El objetivo del Estado era claro: acabar con un movimiento que consideraban radical descabezándole. Garvey fue encarcelado en la penitenciaria de Atlanta, donde estuvo preso casi tres años hasta ser liberado y deportado a Jamaica en noviembre de 1927.
De regreso a su patria, Garvey continuó con su campaña a favor de los negros, pero su encarcelamiento y deportación afectaron negativamente a la UNIA. En Jamaica enfrentó la animosidad de las autoridades coloniales británicas, que no veían con buenos ojos su presencia en la isla. En 1929 fundó el People´s Political Party, el primer partido moderno en la historia jamaiquina. Seis años más tarde se estableció en Londres, donde murió en 1940.

¿Cómo explicar el éxito de Garvey, especialmente, en los Estados Unidos? Para ello es necesario enfocar el contexto histórico en el que su mensaje se desarrolló.

En las primeras décadas del siglo XX, los pueblos negros enfrentaban serios problemas ante la supremacía global del occidente blanco. El imperialismo moderno se encontraba en su mayor momento de auge. África había sido sometida y era explotada por las fuerzas coloniales europeas. Sólo Liberia y Etiopía habían escapado de la labor civilizadora del hombre blanco.

En Estados Unidos, los afroamericanos enfrentaban condiciones muy difíciles desde finales del siglo XIX. Tras el fin de la guerra civil, éstos disfrutaron de un corto periodo de libertad e igualdad. Durante este periodo, conocido como la Reconstrucción, ciudadanos afroamericanos llegaron ser electos alcaldes, gobernadores y legisladores, tanto estales como federales. Sin embargo, a finales de la década de 1870, los negros habían perdido sus derechos políticos gracias al desarrollo de un sistema de segregación racial conocido como “Jim Crow”. Fueron creados mecanismos legales para negar o limitar el derecho al voto de los afroamericanos y marginarles social y económicamente. Con el fin de separar las razas, se aprobaron leyes segregando racialmente las escuelas, los parques, y hasta las fuentes de agua. Los matrimonios entre blancos y negros fueron declarados ilegales en varios estados de la Unión. En 1896, la Corte Suprema sancionó la segregación racial en una de sus decisiones más controversiales. En “Plessy v. Ferguson” la corte determinó que era constitucional la separación de las razas si la forma de alojamiento, transporte, etc. no variaba. Nació así la doctrina del “separate but equal” que sobreviviría hasta la década de 1950.

Los afroamericanos no sólo fueron arrebatados de sus derechos políticos, segregados y marginados, sino también fueron víctimas de la violencia racial. Entre 1880 y 1920, miles de ellos fueron linchados por el mero hecho de ser negros. Durante este largo periodo, el gobierno federal dejó abandonados y sin protección a miles de sus ciudadanos negros.

Las oportunidades de mejora económica provocadas por la primera guerra mundial produjeron una gran migración de afroamericanos. La escasez de mano de obra en fábricas y otras empresas que produjo el estallido y entrada de Estados Unidos a la hecatombe europea, generó oportunidades de trabajo para miles de afroamericanos. Entre 1914 y 1920, entre 300,000 y 500,000 afroamericanos emigraron de las zonas rurales del sur a las ciudades del norte.   Varias ciudades industriales del norte vieron crecer su población afroamericana de forma impresionante. Por ejemplo, en Chicago la población afroamericana creció un 150%, es decir, unas 65,000 personas. Detroit es otro caso impresionante, ya que su población negra creció un 600% con la llegada de unos 35,000 afroamericanos. Para 1930, el 49% de la población de Manhattan era negra.

El parentesco y el sentido de comunidad jugaron un papel muy importante en el desarrollo de esta migración masiva. Afroamericanos residentes en el norte propagaron las noticias sobre las oportunidades de trabajo que llevaron a miles de negros a abandonar lo que había sido su hogar para aventurarse en un territorio nuevo y desconocido. Iglesias, clubes, logias y otras organizaciones afroamericanas patrocinaron la emigración de los negros sureños. La violencia racial de que eran objeto los negros en el sur −en especial, los linchamientos−, la pobreza en que vivían, la falta de oportunidades, los bajos sueldos y otros factores les empujaron a esta aventura.

El arribo de miles de negros provocó serias tensiones raciales en el norte. La violencia racial fue común, en especial, los motines. Por ejemplo, en julio de 1917, una turba de blancos enfurecidos atacó a ciudadanos afroamericanos, matando unas 200 personas en la ciudad de East St. Louis, en el estado de Illinois. Los recién llegados descubrieron que el hecho de haber salido del sur no les libraba del prejuicio racial y la segregación, como tampoco de la violencia. Las uniones obreras se negaron a aceptarles como miembros y se les negaba acceso a restaurantes, escuelas, etc. Esto llevó a algunos negros a plantearse el retorno a África como la única salida para los problemas que enfrentaban.

La guerra permitió que miles de afroamericanos se incorporaran a las fuerzas armadas, donde también fueron víctimas del racismo y la discriminación. Se les organizó en unidades racialmente segregadas al mando de oficiales blancos y se les prohibió ingresar a la Infantería de Marina y a la Guardia Costanera. El Ejército y la Marina relegaron a los afro-americanos a trabajos en las cocinas, las lavanderías, etc. Cientos de soldados negros sufrieron los abusos y maltratos de sus superiores, sobre todo, de los oficiales sureños. Además, sufrieron la hostilidad y el racismo de los soldados blancos.

Sólo uno de cada cinco de los 200.000 soldados negros que fueron enviados a Europa vio acción. Las unidades afroamericanas que sí pelearon lo hicieron con distinción y fueron condecoradas por el gobierno francés con la Croix de Guerre por su valor.

Haber participado en una guerra defensa de su país generó grandes expectativas entre los veteranos negros, quienes esperaban recibir un trato más justo de su sociedad. Desafortunadamente, sus expectativas no se cumplieron, pues a su regreso continuaron siendo víctima del racismo, la discriminación y la violencia. La presencia de los veteranos negros fue vista como una amenaza   a la supremacía blanca y más de uno fue linchado o quemado vivo con su uniforme. En 1919, durante el llamado “Red Summer”, la violencia fue generalizada con 89 linchamientos y 25 motines raciales en un periodo de siete meses. El peor de estos motines duró trece días en la ciudad de Chicago y causó 38 muertes y 537 heridos, y dejó a mil familias sin casa. Tal nivel de violencia inspiró al poeta afroamericano Claude McKay su famoso poema “If I must die”.

Garvey y la UNIA coincidieron con el llamado Renacimiento de Harlem. Este despertar artístico, y especialmente literario, que vivió ese barrio neoyorquino en los años 1920, le convirtió en la capital de la diáspora africana. Contrario a los escritores del Renacimiento de Harlem que se concentraron en temas artísticos, a Garvey le preocupaban temas sociales y la lucha política de los descendientes de africanos alrededor del mundo

La década de 1920 fue también testigo del renacer del Ku Klux Klan. El Klan surgió en el sur luego de finalizada la guerra civil como un grupo paramilitar y terrorista compuesto por veteranos blancos sureños que se dedicaron a perseguir e intimidar a los negros libertos. Víctima de la represión gubernamental, el Klan entró en crisis y casi desapareció del panorama. En los años 1920 el Klan resurgió de sus cenizas para convertirse en una organización nacional que contaba para 1924 con 2 millones de miembros. El renacer del Klan estuvo acompañado de una fuerte violencia racial. Los linchamientos de ciudadanos negros se hicieron muy comunes y no sólo en el sur, sino también en otras regiones del país. En esta nueva etapa, el Klan no se limitó a perseguir y aterrorizar a ciudadanos negros. Los inmigrantes también fueron objeto de la atención de los miembros del Klan, quienes les consideraban indeseables.

En este contexto de violencia racial y de gran frustración no debe sorprender que el discurso nacionalista de Garvey calara hondo. Éste mostró, además, grandes dotes como orador, organizador e impresor. A su llegada a la ciudad de Nueva York Garvey compró un auditorio al que llamó Liberty Hall donde realizaba reuniones nocturnas con miles de asistentes. También fundó un periódico, The Negro World, que sirvió como vocero principal de UNIA. Éste se publicó en Harlem entre 1918 y 1933, y se convirtió en un medio donde escritores negros no muy conocidos podían escribir desde la perspectiva de los afroamericanos. The New Negro World era un semanario con un precio accesible para las personas de bajos ingresos que llevó el mensaje de Garvey a lugares tan recónditos como África. Su circulación estuvo entre los 50,000 y 200,000 ejemplares.

Otro elemento clave del éxito de Garvey está en su mensaje de dignidad, esperanza y auto estima, ya que eso era, precisamente, lo que afroamericanos necesitaban oír en ese momento. Dos ideas interrelacionadas definen el pensamiento garveyano: empoderamiento y nacionalismo negro. Veamos cada una de ellas.

Garvey partía de la premisa de que los negros aceptaban la opresión y la deshumanización de la que eran objeto. Creía que éstos tenían el poder de determinar su propio destino a pesar de la abrumadora opresión política, social y económica de que eran víctimas. Sin embargo, no eran capaces de ejércelo porque no estaban cociente de su poder. Era, por ende, necesario empoderarles y concientizarles para que buscaran y dieran lo mejor de sí mismos y reentraran victoriosos a la Historia […]

Para empoderar a los negros eran preciso desarrollar su conciencia racial y nacionalista a través de una “positive African identity”. De ahí que su discurso promoviera el orgullo racial, rescatara el pasado histórico de los pueblos negros y subrayara la belleza de la raza negra. Como parte de este esfuerzo, fue creada la UNIA Historical Society para promover el estudio de la historia de la raza negra. Garvey estaba convencido de que “A people without the knowledge of their past history, origin and culture is like a tree without roots.”

Para desarrollar esta conciencia racial y nacionalista la UNIA llevó a cabo actividades culturales y fueron creados símbolos nacionales como la bandera y el himno africanos. En sus actividades, los miembros de UNIA hacían un uso intenso, por no decir exagerado, de uniformes militares e indumentaria académica como espadas, bicornios, plumas, togas y birretes. Esa ostentación de grandeza y pomposidad era parte del esfuerzo de la UNIA para promover la autoestima racial de los afroamericanos. Garvey consideraba imprescindible que éstos entendieran que “The Black skin is not a badge of shame, but rather a glorious symbol of national greatness.”

Para él no bastaba con empoderar a los negros a nivel ideológico y político, era también necesario hacerlo a nivel económico. No habría libertad ni seguridad si éstos seguían dependiendo de los recursos de los blancos. De ahí que los esfuerzos de UNIA estuvieran dirigidos a crear mecanismos que le permitieran a los negros desarrollar un mayor nivel de autosuficiencia. Con ese fin fueron creadas, en 1919, la Negro Factories Corporation y la Black Star Line. La primera buscaba construir fábricas para producir bienes manufacturados con capital y mano de obra negra, y la segunda era un compañía de vapores para facilitar la transportación de carga y, eventualmente, de pasajeros. La Black Star Line llegó a adquirir tres barcos, el Yarmouth, el Shadyside y el Kanawha. UNIA también inició y promovió otros negocios como un restaurante, una lavandería, un hotel, una universidad, etc. Estas empresas no fueron del todo exitosas por las limitaciones de la organización. Por ejemplo, los encargados de la Black Star Line carecían de experiencia en ese tipo de negocio y, por ende, no es de extrañar los problemas de mala administración que limitaron su éxito. La UNIA también creo programas que atendían las necesidades diarias de sus miembros como cooperativas industriales que proveyeran empleo, servicios médicos para atender a los enfermos y servicios financieros para ayudar a sus miembros en momentos difíciles.

El empoderamiento venía acompañado de un fuerte panafricanismo. La UNIA buscaba elevar a los negros a nivel global para que pudieran sobrevivir cultural, política, económica e independientemente. Para ello era indispensable que ejercieran su derecho a la autodeterminación y accedieran a un gobierno propio, construyeran un estado nación […]

Garvey estaba convencido de que dadas las limitaciones que imponía la segregación, los negros tenían que regresar a África. Sólo en África los afroamericanos escaparían de la dominación social, política y económica de los blancos. Sólo en África serían libres. Su defensa del llamado separatismo negro era, por ende, una consecuencia del segregacionismo legal. Contrario a lo que planteaban líderes negros como Booker T. Washington, para Garvey, la asimilación no era una alternativa real […]

El panafricanismo de Garvey promulgaba el retorno a África y el sueño de unir a todos los pueblos negros del mundo para reintegrarles a un África libre y unida.

Garvey no fue el primero en proponer el regreso a África como la solución a los problemas de los afroamericanos, ya que éste había sido un tema recurrente por más de cien años. Ya en el siglo XVIII grupos de negros libres lo plantearon como una posibilidad ante los peligros que enfrentaban en una sociedad esclavista. Garvey uso la estructura internacional de su organización y su notoriedad para popularizar y relanzar, la idea del regreso a África en un momento de gran frustración y dolor para los afroamericanos […]

En conclusión, Para Garvey, el empoderamiento –y, por ende, la liberación de los negros- estaba ligado al desarrollo de un orgullo cultural y racial, la posesión de recursos económicos, el regreso de los afroamericanos a África y la creación de una nación-estado africana unida.

Víctima de la persecución política y de sus propios errores y limitaciones, Garvey no pudo cumplir con los objetivos de su nacionalismo negro. A pesar de ello, ejerció una gran influencia en la lucha de los afroamericanos por la igualdad, la libertad y la dignidad. Garvey dio vida a un nuevo sueño para los afroamericanos, frustrados de vivir en una sociedad que no reconocía sus sacrificios y negaba su humanidad. Al devolverles la fe perdida y levantarle sus autoestima, Garvey enseñó a los afroamericanos a soñar en grande, a valorar su pasado histórico y la belleza del color de su piel. Garvey le recordó a los afroamericanos que los negros no siempre habían no habían sido esclavos, ni habían estado sometidos.

Garvey subrayó la importancia del poder –económico, político, cultural y social- como herramienta de liberación. Los afroamericanos debían entender que poseían ese poder y, por ende no tenían que esperar a que se les concediera para alcanzar la libertad individual y colectiva. Para ejercer tal poder era necesario autoconfianza, cooperación, unidad, educación y disciplina. Sólo así los afroamericanos serían capaces de enfrentar exitosamente a los enemigos de la raza negra: la segregación, el colonialismo, la explotación económica, la violencia racial, etc.

En última instancia, su máxima aportación es, sin lugar a dudas, haber tenido la osadía de cuestionar y retar el orden social, político y económico de los blancos en un contexto adverso y muy peligroso.

Conferencia dictada en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano, Miraflores, Lima, 23 de febrero de 2017 (https://norbertobarreto.wordpress.com/)