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Los monopolios famacéuticos provocan una grave epidemia de opio en Estados Unidos

Donald Trump no estaba equivocado. El presidente habló de la influencia de la industria farmacéutica en el Congreso. “Les dan muchísimo dinero a los políticos. No lo sé, Mitch, quizás incluso a ti”, dijo, de pie junto a Mitch McConnell, líder de la mayoría del Senado.

Horas después, su elegido para convertirse en “zar de las drogas”, la persona a cargo de la oficina de control de estas sustancias, Tom Marino, retiraraba su postulación, precisamente por su papel en la aprobación de una ley que limita la capacidad de la DEA de perseguir a las distribuidoras farmacéuticas que alimentan la epidemia de opiáceos en Estados Unidos.

Trump tenía razón en las dos cosas. La industria farmacéutica invierte más que ninguna otra industria en influenciar políticos. En la última década, las empresas farmacéuticas han desembolsado más de 2.100 millones de euros para influenciar y ejercer presión en miembros del Congreso.

Cientos de miles de euros han ido al bolsillo de McConnell, aunque no es el único beneficiado. En Estados Unidos, nueve de cada diez diputados y todos los senadores menos tres han recibido aportes de campaña de empresas farmacéuticas que buscan influenciar la legislación para controlar desde el precio de los medicamentos hasta la forma en que se aprueban nuevas drogas.

El nominado por Trump como zar antidrogas, el diputado Tom Marino, se vio obligado a retirar su postulación después de que se conociera un informe realizado por el Washington Post y el programa 60 Minutos, de la cadena CBS, que remarcaba su papel en la aprobación de una ley que recortaba la capacidad de la DEA de perseguir a las distribuidoras farmacéuticas y las farmacias que venden los analgésicos opioides que constituyen el núcleo de una epidemia que se cobra más de 100 vidas cada día.

La nominación de Marino a encabezar la agencia federal que se supone que tiene que luchar contra la crisis opioide se cayó cuando se supo que había aceptado importantes donaciones de las mismas empresas que iba a tener que controlar.

Los políticos y miembros de grupos de presión (lobbies) del Capitolio reciben cada año cientos de millones de euros por redactar leyes y normativas que permitan que las empresas farmacéuticas obtengan cada vez más beneficios. La industria farmacéutica, que tiene dos cabilderos por cada miembro del Congreso, pagó 128 millones de euros en 2016 por influenciar legislación, según el Centro para una Política Reactiva. El año pasado, las empresas farmacéuticas también contribuyeron directamente con casi 17 millones de euros a distintas campañas políticas. El 60% del dinero llegó a manos republicanas. Paul Ryan, portavoz del Congreso, fue el que más dinero recibió, con un total de donaciones de la industria farmacéutica de 193.224 euros.

Cuando habló de pie junto a McConnell, Trump dio rienda suelta a sus críticas a una industria farmacéutica que “siempre se van de rositas”, cobrando precios más altos en Estados Unidos que en cualquier otro país. Esto es el resultado de una ley de 2003, que en la práctica fue redactada por la propia industria, que impide al gobierno federal pedir presupuestos por la fabricación de drogas y aparatos médicos, un proceso que sí se realiza en otras áreas, como en el gasto de Defensa.

En cambio, las empresas farmacéuticas pueden cobrar lo que quieran por las drogas que le venden a los programas públicos como Medicare y Medicaid, y al gobierno federal no le queda otra opción que pagar.

A su vez, las empresas farmacéuticas dicen que permitir la entrada de drogas importadas podría poner en peligro la calidad y la seguridad de los medicamentos en Estados Unidos. Pero ese argumento empalideció a la vista de la subida en los precios de los medicamentos. Los intentos de algunos diputados de aprobar leyes que bajarían el precio de los medicamentos recetados o que le permitirían a la población comprarlos en Canadá, donde suelen ser más baratos, han fracasado.

Y mientras la presión de la industria ha logrado leyes a su medida, también ha tenido un papel importantísimo en la epidemia de opioides, cuyas muertes se han cuadruplicado entre 1999 y 2015. La industria farmacéutica ha puesto todos sus recursos en culpar a los millones que se vuelven adictos, en vez de en el hecho de que estos poderosos analgésicos se recetan de manera indiscriminada.

Diputados en lucha contra el abuso farmacológico

Un grupo relativamente pequeño de diputados ha luchado contra la epidemia desde varios años antes de que se convirtiera en una cuestión política, y han luchado por aprobar leyes para controlarla.

Los diputados Hal Rogers y Mary Bono han visto cómo sus esfuerzos por aprobar leyes que controlaban la prescripción de analgésicos han fracasado gracias a la acción conjunta de los fabricantes de medicamentos. En 2010, Rogers y Bono fundaron la Liga Legislativa sobre el Abuso de Prescripción de Medicamentos y durante años propusieron varios proyectos de ley.

Bono, que supo de la epidemia de opioides cuando Chesare, su hijo con el fallecido cantante Sonny Bono, se volvió adicto, afirmó que las empresas que se benefician de la epidemia llevan a cabo una falsa pero efectiva campaña para hacer ver cualquier intento de controlar la prescripción masiva de analgésicos como un intento de privar a millones de personas de su derecho a tener tratamiento legítimo contra el dolor crónico.

“La industria nos lo está poniendo muy difícil. La presión que ejercen es mucha y muy bien organizada”, aseguró. “Claro que la sentimos, a veces indirectamente. No teníamos muchas personas de nuestro lado para ayudarnos”.

Parte de la presión la ejercían grupos financiados por la industria farmacéutica, como el Foro para el Tratamiento del Dolor, que en la última década invirtió 625 millones de euros en presionar a Washington y a las asambleas legislativas de cada estado para evitar que se aprueben leyes que controlen la prescripción de opioides y temas similares.

Uno de los políticos que recibió contribuciones de este grupo fue el senador Orrin Hatch, que se llevó más de 300.000 euros. El senador presentó un proyecto de ley que buscaba desviar un proyecto de Rogers y Bono que proponía un estudio federal sobre el tratamiento contra el dolor. Hatch, que en 2018 se presentará otra vez como candidato a senador aunque había dicho que no lo haría, es el político que más donaciones ha recibido de la industria farmacéutica en lo que va del año, con 176.000 euros.

Bono aseguró que la Asociación Médica Estadounidense jugó un importante papel en parar otra ley, la llamada ley Ryan Creedon, que buscaba obligar a médicos a recibir formación específica sobre los riesgos de los opioides. La Asociación dijo que sería una carga muy grande para los profesionales.

Las farmacéuticas financian campañas electorales

Las empresas farmacéuticas aportaron más de 169.000 euros a la campaña de Jason Chaffetz (que dejó el Congreso recientemente), convirtiéndose en los donantes más importantes de su campaña por la re-elección. Chaffetz, como miembro de la junta del comité de supervisión y reforma gubernamental, lideró los esfuerzos contra los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades que buscaban reducir la prescripción de opioides recomendando a los médicos que primero ofrecieran tratamientos alternativos contra el dolor crónico.

La industria sanitaria en completo ejerció presión y tuvo un impacto importante en la redacción de la Ley de Cuidado de Salud Asequible de Barack Obama, conocida como Obamacare.

El presidente del comité que redactó esta ley, el senador Max Baucus, fue en ese momento el político que más donaciones recibió de la industria de la salud, con 1,3 millones de euros destinados a su fundación política durante el año anterior. Baucus logró que el comité votara por dejar fuera de la ley a las aseguradoras públicas, algo que las aseguradoras privadas veían como una amenaza a sus beneficios.

Baucus era conocido dentro de la industria de la salud por sus fines de semana de golf y sus viajes de pesca a su estado natal de Montana, a los que los cabilderos pagaban por asistir. Otros miembros del comité también recibieron cientos de miles de euros, incluido el senador Pat Roberts, quien en un momento intento retener el borrador de la ley argumentando que los cabilderos necesitaban tres días para analizarlo. La mayor parte de la redacción de la ley Obamacare fue realizada por el ex vicepresidente de una gran empresa de seguro médico, Wellpoint.

En su ataque al dinero de las empresas farmacéuticas en la política estadounidense, Trump olvidó mencionar que estas mismas empresas fueron unos de los principales donantes de su investidura, junto con empresas petroleras y tabacaleras. Pfizer, fabricante de Viagra, fue el mayor donante farmacéutico, aportando 844.000 euros.

http://www.eldiario.es/theguardian/industria-farmaceutica-politicos-alimentan-Unidos_0_698881032.html

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Extremistas de identidad negra: el FBI busca nuevos enemigos al agotar a los anteriores

¿Soy yo el siguiente?, pregunta el cartel
La revista Foreign Policy ha publicado un informe de la división antiterrorista del FBI que pone en la picota a un movimiento negro que no lograron aplastar hace 40 años. En el ridículo argot policial lo llaman BIE (“extremistas de identidad negra”), aunque los extremos se ven en función del lugar que ocupe la policía, que suele ser justo el opuesto, por lo que los “extremistas” tienen siempre el mismo sesgo ideológico: son los sectores populares y progresistas.

No cabe duda que el asesinato de Michael Brown, precisamente a manos de la policía, en 2014 en Ferguson, Missouri, ha vuelto a poner en pie de guerra a los negros y a los explotados y oprimidos de Estados Unidos. Entre los objetivos “extremistas” del FBI está el movimiento “Black Lives Matter”.

En pocas palabras, el FBI está dispuesto a que nada ni nadie se mueva en las calles (salvo ellos) y que sus crímenes y el terrorismo de Estado queden impunes. Vuelven los tiempos de Cointelpro, de fichar a los molestos y la “carta blanca” para vigilarlos, molestarlos, perseguirlos y… ¿por qué no? ¡matarlos!

A los sabuesos del FBI no le engañan fácilmente, ni los comunistas, ni los anarquistas, ni los negros, ni los antisistema. Se llamen como se llamen, los han puesto en el ojo del huracán no por nada sino por su ideología política. A eso el FBI le llama ahora “identidad”, como en España le llamaban “tribus urbanas” hace unos años.

Lo que la policía considera como “identidad” no es el ADN, ni el DNI sino la ideología. La represión clasifica a las personas, las “ficha” y discrimina por su pensamiento político, religioso y social.

Todo procede de Descartes, cuando dijo aquello de “pienso luego existo” que alguien tradujo mal. Lo que Descartes escribió en realidad fue “pienso luego soy” lo que la burguesía (mal)interpreta en un sentido idealista: soy aquello que pienso, lo que me identifica es mi pensamiento.

¿Por qué la burguesía y sus secuaces policías cometen ese deliz? Por lo mismo que se suele decir de alguien que “lucha por sus ideas”, o que existen esos fantasmas llamados “delitos de odio”, o esa detenida en Palamós que se “radicalizó” porque entraba en foros yihadistas de internet.

En este último caso, la detención no tiene misterio; España siguió las instrucciones del FBI, pero el comunicado del Ministerio del Interior no tenía desperdicio cuando aludía a que había sufrido un “proceso de autoradicalización virtual” porque consultaba en internet “productos propagandísticos de grupos yihadistas con contenido extremadamente violento”.

El tipo que redacta los comunicados del Ministerio del Interior no necesita tener muchas luces. Le basta recurrir a las tautologías. Si los internautas visitan páginas anarquistas se convertirán en anarquistas. Si las páginas son violentas, se convertirán en sujetos violentos y si las páginas son muy violentas, su personalidad se hará también mucho más agresiva.

En España copian literalmente al FBI, que tampoco se caracteriza por su ilustración. El problema del odio, el extremismo, la radicalización y la violencia es acabar con las páginas web del mismo carácter, luego con los libros, la música y todo aquello que enaltezca el terrorismo.

El documento del FBI menciona seis ataques contra policías estadounidenses posteriores al asesinato de Ferguson como precedentes de “la amenaza negra”. Mica Johnson mató a 11 policías en Dallas influenciado por la “ideología BIE”, asegura el FBI.

En España los catalanes no son negros y el Ministerio del Interior busca otras excusas.

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El FBI manipula las películas de Hollywood para aparecer como héroes

El FBI asesora a Hollywood en sus producciones, con el fin de controlar y decorar su imagen pública ante la sociedad a través de la industria del cine, revela BuzzFeed News citando documentos desclasificados (*).

En los últimos 5 años, la Unidad de Publicidad y Asuntos Públicos del FBI ha jugado un papel importante en la producción de cientos de películas, programas de televisión, documentales e incluso telenovelas. Fuentes de esa dependencia no proporcionaron cifras exactas del número de producciones en las que han participado, pero indicaron que la cooperación del FBI con las empresas de entretenimiento avanza a un ritmo acelerado.

“La mayoría de las personas forma su opinión acerca del FBI, basándose en la cultura popular y no en una noticia”, señala uno de los documentos desclasificados. La Unidad de Publicidad y Asuntos Públicos atiende cientos de solicitudes de cineastas, productores o compañías cinematográficas o medios de comunicación de masas que piden asesoramiento para realizar sus trabajos de manera que “sean más realistas”.

Para los cineastas el asesoramiento es gratuito, y las consultas varían desde un intercambio informativo a través de correo electrónico hasta sesiones de varios días en la sede del FBI en Washington. Pero el buró no solo responde a las inquietudes de los cineastas, sino que también asume un papel proactivo en las cintas cuando surge la oportunidad de promover sus propios intereses.

Además, la publicación señala que la relación del FBI con Hollywood data de hace ocho décadas, y esa estrategia de marketing ha sido “notablemente” exitosa. Los documentos sugieren que el personaje ideal del FBI que tiene que aparecer en pantalla es la de una persona abierta, educada, y la de una agencia amigable que no espía, no realiza escuchas telefónicas ni viola los derechos civiles. En caso contrario, el buró niega su asesoramiento a menos que se corrija el guion.

(*) https://www.buzzfeed.com/arianelange/fbi-in-hollywood

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En Washington arrecian las presiones para forzar la dimisión de Trump

Las elecciones presidenciales no llevaron a la Casa Blanca al candidato políticamente correcto, por lo que desde diciembre hay un golpe de Estado en marcha que ya ha conseguido muchas cosas, entre ellas que Trump no pudiera cumplir con lo que había prometido, lo cual tampoco debería extrañar. En los Estados burgueses nadie cumple lo que promete.

Washington es un cocedero de rumores, camarillas y reuniones al más alto nivel. Lo único cierto es que los más allegados están tratando de convencer a Trump de que dimita por su propia iniciativa.

Las expresiones no son suaves precisamente. El senador Bob Corker ha dicho que la política de Trump hacia Corea del norte llevaban a Estados Unidos a la Tercera Guerra Mundial, una frase que hay que poner en su contexto: Corker es presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

“La Casa Blanca es una guardería de adultos”, ha añadido el senador, porque Trump necesita una vigilancia constante.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, ha confirmado lo que ya sabíamos: que Trump es un “cretino”. En junio durante una reunión con altos oficiales del Pentágono, Trump propuso multiplicar por diez el arsenal nuclear, según la cadena NBC.

Vanity Fair asegura que Trump ha confesado que destesta a todos en la Casa Blanca, aunque quizá podría hacer alguna excepción. Por su parte, media docena de consejeros de Trump admiten la crisis en la Casa Blanca, donde tratan de “contener” a un Presidente, alque califican como “disperso”.

En privado, sus ministros, incluido Mattis, el de Defensa, debaten su reacción en el caso de que Trump les ordenara lanzar bombas nucleares sobre Corea del norte. ¿Pulsarían el botón si se lo ordenaran?

Algunos periódicos, como el Washington Post, aluden a la posibilidad de invocar la 25 Enmienda que permite la expulsión del Presdente por el voto mayoritario del Gabinete, si no se encuentra bien mental o físicamente de manera que le impidan ejercer sus funciones correctamente. “¿Qué hacer con un Presidente inapto?”, pregunta el periódico en un editorial. Paul Waldman, del mismo periódico, escribió el miércoles: “Probablemente el impeachement no nos librará de Trump, pero la 25 Emienda podría”.

Una maera de fondo de esas dimensiones muestra las profundas divergencias entre las camarillas políticas de Washington y, en definitiva, son indicadores de una desorientación y una crisis de decadencia que no tiene precedentes en Estados Unidos.

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Ain, el arquitecto más peligroso del mundo también era comunista

El arquitecto Gregory Ain
Lo admitió el mismísimo director del FBI, J. Edgar Hoover, en persona: Gregory Ain (1908-1988) fue el arquitecto más peligroso del mundo. Es posible que el lector haya leído muchas veces lo fea que es la arquitectura soviética (stalinista), pero nunca le hayan contado que los mejores y más innovadores arquitectos trabajaron precisamente en la URSS, empezado por el comunista brasileño Óscar Niemeyer, el deseñador de toda una capital como Brasilia.

Pero sobre Niemeyer hablaremos en otro momento. Otro arquitecto, Ain, nació en Pittsburgh, murió en Los Ángeles y llenó los archivos del FBI de sospechas sobre sí mismo y sus amigos, todos ellos rojos al más puro estilo estadounidense.

Su vida se conoce a la perfección gracias a la vigilancia de los sabuesos, que no dejaron de anotar cada uno de los pasos que dio en su vida. Creció en California en una especie de colonia experimental de “okupas” de hace más de cien años, por lo que fue sospechoso desde el principio, antes de que se creara el FBI.

En Las Ángeles Ain descubrió al arquitecto Rudolf Schindler y a su obra, producto de una escuela europea, la de Viena, por lo que se inscribió en la Escuela de Bellas Artes, aunque su espíritu inquieto no le ayudó a permanecer sentado en el pupitre durante mucho tiempo.

Trabajó y aprendió con varios arquitectos hasta que en 1935 creó su propio estudio, en el que empezó a diseñar casas absolutamente novedosas, flexibles o con las cocinas abiertas.

Entre sus primeros clientes estuvo Harry Hay, el creador de los primeros movimientos homosexuales militantes del mundo. La casa que Ain le construyó en 1939 se convirtió en un centro de reuniones que atrajo la curiosidad del FBI desde que le dieron los últimos brochazos a las paredes.

Al año siguiente comenzó a estudiar la manera de crear casas prefabricadas y al entrar Estados Unidos en la Guerra Mundial le nombraron ingeniero jefe de Carles y Ray Eames, para quien inventó algo que ahora vemos en todas las tiendas de Ikea y viviendas del mundo: el contrachapado de madera.

Las innovaciones de Ain fueron de largo calado en la construcción, tanto de edificios como en la decoración de interiores y jardines, hasta que tras la Guerra Mundial llegó la “caza de brujas” del senador MacCarthy, el borracho que pasó a la historia por su paranoia contra cualquier cosa que tuviera que ver con los comunistas… como los arquitectos.

Acusado de ser comunista, Ain entró en las listas negras; se quedó sin encargos y sin trabajo. Le expulsaron del “Case Study Houses”, una serie de casas experimentales que los Eames y otros edificaron en California.

Tuvo que marchar de la costa oeste para dar clases en la Universidad de Pensilvania, en cuya facultad de arquitectura acabó como decano en 1963.

Hasta 1967 no pudo regresar a Los Ángeles. Para entonces ya no podía desarrollar el mismo trabajo creativo. Cuando murió en 1988, los cínicos de siempre se echaron a llorar, entre ellos el diario Los Angeles Times, que le calificó como un “héroe de la arquitectura”. Toda su imaginación creadora la había puesto al servicio de los trabajadores, para construir para ellos viviendas acogedoras que pudieran pagar con un salario modesto.

Ahora una organización californiana que se dedica a la conservación del patrimonio urbanístico de Los Ángeles le describe como un “militante social” y un arquitecto “visionario” (2).

Los expertos se lamentan de que una legendaria vivienda que construyó en 1950 para una exposición del Museo de Arte Moderno de Nueva York fuera arrasada en un intento de borrar del mapa cualquier vestigio del comunismo y de los comunistas en Estados Unidos (3).

(1) https://archive.org/stream/reportofsenatefa1949cali#page/688/mode/2up
(2) https://www.laconservancy.org/architects/gregory-ain
(3) https://www.artsy.net/article/artsy-editorial-most-dangerous-architect-america-built-house-vanished

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Las torturas de la CIA fueron mucho más brutales de lo que se ha admitido

Las torturas utilizadas por la CIA contra los detenidos fueron “mucho peores” de lo admitido hasta ahora, y los espías ocultaron información clave al Congreso y la Casa Blanca, afirmó un informe del Senado estadounidense en diciembre de 2014.

En la introducción del documento, la senadora Dianne Feinstein, dirigente del Comité de Inteligencia, no dejó dudas sobre el resultado de las investigaciones: “Es mi conclusión personal que, en cualquier acepción del término, los detenidos de la CIA fueron torturados”.

El demoledor informe de 525 páginas, con numerosos párrafos cubiertos con tinta negra para ocultar información confidencial, es apenas un resumen de una versión de más de 6.000 páginas que se mantienen en secreto.

El texto toma mucho cuidado de utilizar la palabra “tortura” y prefiere el eufemismo de “técnicas reforzadas de interrogatorio”, que había sido adoptado en el gobierno de Bush.

El documento que se presentó públicamente afirma categóricamente que los métodos de interrogatorio aplicados por la CIA fueron “brutales y mucho peores” de lo que se había admitido hasta el momento. Además, apunta el documento, esas torturas “no fueron una forma eficiente de adquirir información precisa u obtener la cooperación de detenidos”, aunque la CIA insistía en la eficacia del sistema.

Al analizar los argumentos de la CIA sobre la eficacia de la tortura, el comité investigador “revisó 20 de los más frecuentes ejemplos de éxito antiterrorista que la CIA atribuyó al uso de técnicas reforzadas de interrogatorio, y llegó a la conclusión que estaban equivocados en aspectos fundamentales”.

De acuerdo con la investigación, la CIA “no estaba preparada cuando comenzó a operar su Programa de Detención e Interrogatorio, más de seis meses después de haber recibido autorización para mantener detenidos”.

El estudio del Senado también denuncia que la CIA “no dirigió un recuento meticuloso o preciso del número de personas que detuvo, y del número de detenidos que no reunían el mínimo de condiciones de ser detenidas”.

Además, los programas de “métodos mejorados de interrogatorio” fueron diseñados por dos psicólogos contratados. “Para el año 2005, la CIA dependía mucho de operaciones tercerizadas ligadas al programa”, apunta el documento.

El texto acusa también a la CIA de haber presentado “información incorrecta” entre 2002 y 2007 al Departamento de Justicia sobre el alcance y los efectos de la tortura, e impedir que el Congreso logre supervisar la aplicación de ese método de interrogatorio. De esa forma, “la CIA impidió la supervisión por parte de la Casa Blanca y la toma de decisiones”, añade el informe.

La propia administración del programa de interrogatorios por parte de la CIA “complicó, y en algunos casos impidió” la acción de otros departamentos del gobierno.

Un párrafo del informe también señala que “la CIA coordinó el filtrado de información clasificada para la prensa, incluyendo información incorrecta sobre la eficacia” de los interrogatorios bajo tortura.

https://www.elespectador.com/noticias/elmundo/torturas-mas-brutales-de-cia-articulo-532179

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Cuba: la mentira de los ataques sónicos

Jesús Arboleya

No existe un lugar más seguro para los diplomáticos norteamericanos que Cuba. Es común verlos correr por el Malecón, comer en los restaurantes más famosos o bañarse en las playas. Aquí nunca han tenido el temor de que los maten o secuestren, como ocurre en la mayor parte del mundo. Nada explica que esto haya cambiado, mucho menos que ocurriera debido al sinsentido de misteriosos “ataques sónicos” contra funcionarios de ese país.

Científicos de todas partes niegan la posibilidad de que algo como esto ocurra, el propio gobierno norteamericano asume su ignorancia en la materia y reconoce carecer de pruebas para culpar a Cuba, lo que explica menos que se tomen medidas contra el país.

El único argumento es que Cuba debe proteger -nadie sabe de qué- a los diplomáticos norteamericanos. Si Estados Unidos aplicara esta norma al resto del mundo, tendría relaciones con muy pocos países. Además, hay poca moral para decirle esto a un país cuyos diplomáticos sí han sido asesinados y atacados de la manera más brutal en territorio norteamericano.

Quizás la diplomacia y la objetividad periodística obligan a hablar usando términos como “supuestos”, “no identificados” o “no comprobados” para referirse a los pretendidos ataques sónicos, pero cualquier persona medianamente informada y con dos dedos de frente sabe que se trata de una soberana mentira. En Cuba hay ruido, quizás demasiado, pero no es ultrasónico ni infrasónico, más bien es lo suficientemente evidente y democrático, para afectarnos a todos por igual.

El asunto entonces es determinar la razón que impulsa al gobierno norteamericano a mentir de esta manera y utilizarlo como excusa para tomar medidas que dañan aún más el estado de las relaciones entre los dos países.

La primera hipótesis es que las agresiones a los funcionarios, sónicas o no, resultaron del uso de medios técnicos para labores de inteligencia por parte de Estados Unidos. Un cable de AP del 17 de septiembre, al que llamativamente la prensa no le dio mucha atención, cita a un funcionario de la NASA diciendo que el problema fue originado por equipos LRAD-RX, diseñados por la empresa American Technology Corporation (ATC), para las comunicaciones de la CIA con sus agentes.

Según esta fuente, cuando se conoció el daño a la salud que producía el uso de estos equipos se decidió su desmontaje, para lo cual era necesario suspender los servicios consulares y otras actividades de la embajada.

Primero se utilizó como excusa los daños causados por el huracán Irma, pero todo indica que después se ajustó al cuento de la protección de los funcionarios.

Esta versión no excluye otra mucho más integral, a tono con las características de ese gobierno. Para Donald Trump, la política exterior de Estados Unidos consiste en meterle miedo al mundo.

Su estilo de negociación nos recuerda al Padrino: si haces lo que digo voy a ser condescendiente contigo, sino, le corto la cabeza a tu caballo preferido.

No debe ser casual que individuos como el mexicano Jorge Castañeda, bien informado de los recovecos de la política norteamericana, declare que solo la intervención de Cuba puede conducir a la destitución del presidente Nicolás Maduro en Venezuela.

Es de suponer que presiones sobre Cuba se han ejercido en este sentido, pero Cuba no ha dejado de insistir en su apoyo al gobierno bolivariano. Que no le hagan caso molesta hasta el delirio a Donald Trump y está demostrado que no hacen falta ataques sónicos, para limitar su capacidad de escuchar a tanta gente que trata de controlar sus desboques.

El tercer elemento a tener en cuenta son las presiones de los sectores anticubanos ubicados en el Congreso. A Trump le sale barato complacerlos, a cambio de un apoyo que se torna desesperado en otros aspectos de la política doméstica y exterior de Estados Unidos, así como para la supervivencia de su propio gobierno, acusado e investigado por todas partes.

En resumen, los “supuestos” ataques sónicos han venido de perilla para desencadenar una tormenta perfecta contra Cuba, que incluye atemorizar a los viajeros norteamericanos y la cancelación indefinida de otorgamiento de visas, lo que coloca a Cuba, sin que se diga explícitamente, entre los países vetados para que sus ciudadanos viajen a Estados Unidos.

Esto ocurre cuando Cuba transita por una difícil situación económica, agravada por los enormes destrozos provocados por el paso del huracán. No es de extrañar que no haya habido un solo gesto solidario por parte del gobierno norteamericano hacia el pueblo cubano, sino todo lo contrario. En realidad el sistema estadounidense no está diseñado para ayudar a resolver crisis, sino para agudizarlas, hasta el punto que los países afectados no tengan otra alternativa que rendirse a sus pies. Al parecer, esa es la lectura que están haciendo del caso cubano.

Contrario a lo que podía pensarse hace solo unos meses, la convivencia con Estados Unidos se torna cada día más complicada para Cuba. Paradójicamente, la razón estriba en la debilidad de un gobierno como el de Donald Trump, incapaz de lidiar con sus propias limitaciones y actuar con la altura que dignifica la política, incluso en el caso de los imperios.

https://nuevatrinchera.wordpress.com/2017/10/03/cuba-eua-la-mentira-de-los-ataques-sonicos/

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Memoria Histórica

Yip, el poeta que llevó la lucha antifascista a los musicales de Broadway

Edgar Yipsel Harburg (Nueva York, 8 de abril de 1896 – Hollywood, 5 de marzo de 1981), conocido como Yip Harburg, fue un letrista y compositor de canciones estadounidense de música popular, que trabajó con muchos compositores conocidos. Escribió la letra de clásicos, como “Brother, can you spare a dime?” (“Hermano, ¿puedes darme diez centavos?”), “April in Paris” (“Abril en París”), “It’s only a paper moon” (“Es sólo una luna de papel”), y las canciones de la película “El mago de Oz”, que incluyen a “Over the rainbow” (“Más allá del arcoiris”).

Harburg nació con el nombre Isidoro Hochberg en el Lower East Side, uno de los barrios más pobres de Nueva York.​ Fue el menor de cuatro hijos sobrevivientes (de diez). Sus padres se llamaban Lewis Hochberg y María Ricing.​ Eran judíos ortodoxos,​ yidishparlantes​ que habían emigrado de Rusia.

Algunos creen erróneamente que el apodo de Harburg, “Yipsel” (a menudo abreviado “Yip”), es una palabra que en idioma yidish significa “ardilla”. Sin embargo, surgió de la pronunciación en inglés del acrónimo YPSL (Young People’s Socialist League, Liga de la Juventud Socialista),​ de la que fue miembro.

Más tarde adoptó el nombre Edgar Harburg aunque siempre fue más conocido como Yip Harburg. Asistió a la Townsend Harris High School, donde conoció a su compañera de clase Ira Gershwin, con quien le unía su afición compartida por Gilbert y Sullivan, trabajaron juntos en el periódico de la escuela y se hicieron amigos de por vida. Al acabar la escuela secundaria asistieron a la universidad City College, que más tarde formaría parte de la Ciudad Universitaria de Nueva York.

Después de graduarse de la universidad, con el fin de evitar ser reclutado para ir a pelear en la Primera Guerra Mundial (a la que se oponía como un socialista comprometido), Harburg viajó a Montevideo (Uruguay). Consiguió trabajó como capataz en una fábrica. Tres años después, cuando terminó la guerra (en 1918), regresó a Nueva York, donde se casó y tuvo dos hijos y empezó a escribir versos ligeros para los periódicos locales.

Se convirtió en copropietario de la empresa Consolidated Electrical Appliance, que quebró a raíz de la crisis de 1929, dejando a Harburg con una deuda entre 50.000 y 70.000 dólares estadounidenses,​ que él insistiría en pagar en el transcurso de las siguientes décadas. En este punto, Ira Gershwin lo convenció en que debería comenzar a escribir letras de canciones.

Gershwin le presentó a Jay Gorney, quien le puso música a muchas letras de Harburg. Juntos hicieron un espectáculo en Broadway, “Sketchbook Earl Carroll” que fue un éxito. Harburg fue contratado como letrista de una serie de revistas de éxito, incluyendo “Americana” (en 1932). Allí publicó su letra de “Brother, can you spare a dime?” con la melodía de una canción de cuna que Gorney había aprendido cuando era niño, en Rusia. Esta canción expresa el lamento de un vagabundo y se convirtió en el himno de la Gran Depresión de 1929, el contrapunto del “sueño americano”. Aquí pueden escuchar una extraordinaria versión de George Michael interpretada en 2000 en directo:

Cuando en 1937 el fascismo y el militarismo asomaban en Europa, escribió “Hooray for What?” (“¿Hurra por qué?”), una comedia musical antifascista.

Harburg y Gorney obtuvieron un contrato con la Paramount en Hollywood, donde trabajó con los compositores Harold Arlen, Lane Burton, Jerome Kern, Jule Styne y Duke Vernon. Escribió las letras de las canciones de la película “El mago de Oz” por la que en 1940 ganó el Óscar, compartido con Harold Arlen, a la mejor canción original por “Over the rainbow”. Además, fue nominado a un Óscar a la mejor música original, junto con Arlen, por Cabin in the Sky (de 1943) y la mejor canción original por “Can’t help singing” (“No puedo dejar de cantar”), que compartió con Jerome Kern en 1944.

Pero su trabajo en “El mago de Oz” fue mucho más importante aún: fue el editor final de un guion por el que ya habían pasado otros once guionistas antes que él. Escribió todos los diálogos relacionados con las entradas de las canciones, y describió los escenarios y también escribió la parte en la que todos dieron el corazón, el cerebro y los nervios. Le dio a la obra una coherencia y unidad que la convirtió en una obra de arte.

Trabajar en Hollywood no detuvo su carrera en Broadway. En los años cuarenta escribió una serie de guiones para musicales con mensajes sociales, como la muy exitosa “Bloomer Girl” (sobre la militante antiesclavista Amelia Bloomer) y su espectáculo más famoso, “Finian’s Rainbow” (1947), que quizá fue el primer musical de Broadway con un coro integrado por negros, una verdadera denuncia contra el racismo. Le acusaron de “socialista”, uno de los peores insultos entonces en Estados Unidos. En la obra cantaron el poema “When the idle poor become the idle rich” (Cuando el pobre ocioso se convierte en el rico ocioso). La obra tuvo numerosas reposiciones en 1955, 1960, 1967 y 2009, y en 1968 se llevó al cine, protagonizada por Fred Astaire y Petula Clark, dirigidos por Francis Ford Coppola.

Sus poemas siempre mostraban lo que calificó como la “indivisibilidad de la libertad humana”, además de su compromiso social con los desheredados:

Ellos suelen decirme:
“Estamos construyendo un sueño
con paz y gloria por doquier”.
¿Por que tengo que esperar la cola
para que me den un poco de pan?

En 2004 el Irish Repertory Theatre la presentó, protagonizada por Melissa Errico y Jonathan Freeman, con una acogida muy buena. En marzo de 2009 la serie New York City Center Encores! realizó una versión de concierto que fue aclamada por la crítica. Dirigida y coreografiada por Warren Carlyle, estuvo protagonizada por la ganadora del premio Tony, Jim Norton y Kate Baldwin como Finian y Sharon, con Cheyenne Jackson como Woody y Jeremy Bobb como Og, el duende. El 29 de octubre de 2009 comenzó otro revival en el Teatro St. James (de Broadway) con la mayor parte del elenco de los Encores!

Siempre fiel a sus principios, Harburg apoyó la campaña presidencial de 1948 de Henry Wallace por el Partido Progresista recién fundado y escribió la letra de la canción de su campaña: “A todo el mundo le gusta Wallace, el amistoso Henry Wallace”.

Solía decir que Broadway era el único lugar en donde un artista podía practicar su arte… si tenía dinero. Fue acusado de “pinko” (rosado), que en el argot de Estados Unidos designa a alguien que simpatiza con los comunistas, pero no llega a ser un “rojo”, lo que le costó su carrera en Hollywood.

Desde 1951 hasta 1962 fue víctima de las listas negras de Hollywood, cuando los jefes de los estudios prohibían contratar a cualquiera que tuviera una participación real o supuesta con las ideas del socialismo, o alguna simpatía con el Partido Comunista de Estados Unidos. Se negó a convertirse en un delator y le vetaron también en la radio y en la televisión. El Comité de Actividades “antiamericanas” quería saber si el personaje de “Joe” en la canción “Happiness is a Thing Called Joe” (“La felicidad es una cosa llamada Joe”) era José Stalin.

No descansó nunca. Siguió escribiendo comedias musicales de Broadway. Puso la música a una película biográfica sobre Nellie Bly, pionera del periodismo femenino, conocida por sus artículos contra la corrupción y las condiciones de trabajo en las fábricas. Otras de sus obras memorables es “Jamaica”, un libreto contra el colonialismo y la guerra nuclear que le censuraron y mutilaron.

En 1972 llevaron a Harburg al Salón de la Fama de los Compositores. Fue muy amigo del actor Karl Malden y murió el 5 de marzo de 1981 a causa de un ataque al corazón mientras permanecía en su automóvil parado en un semáforo en Sunset Boulevard, en Hollywood.

En 2005 el Servicio Postal de Estados Unidos emitió una estampilla conmemorativa reconociendo sus logros. El sello presenta una imagen tomada por la fotógrafa Barbara Bordnick en 1978, junto con un arco iris y la letra de “Over the rainbow”. La ceremonia se llevó a cabo en la Calle 92 de Nueva York.

Hoy en Hollywood y en la prensa todo el mundo se desvive cuando habla de Yip; nadie cuenta las reresalias que padeció a causa de los principios que defendió toda su vida.

Traducción del poema ‘Hermano, ¿puedes darme diez centavos?’

Una vez construí una carretera, la puse en funcionamiento,
la acabé en una lucha contra el tiempo.
Una vez construí una carretera, ahora ya está acabada
Hermano, ¿puedes darme diez centavos?

Una vez construí una torre hasta el sol,
ladrillo y remache y cal
Una vez construí una torre, ahora ya está acabada
Hermano, ¿puedes darme diez centavos?

Una vez iba con traje caqui
¡Dios!, ¡qué aspecto más maravilloso!
Lleno de vitalidad dum dum.
Medio millón de botas arrastrándose por el infierno
Yo era el niño del tambor.
Dime, ¿no te acuerdas? Me llamaban Al.
Fuí Al todo el tiempo.
Dime, ¿no te acuerdas? Soy tu colega
Hermano, ¿puedes darme diez centavos?

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Twitter censura 200 cuentas ‘rusas’ porque contribuyeron a la victoria electoral de Trump

El jueves Twitter desactivó cerca de 200 cuentas “vinculadas a Rusia” en el marco de la investigación sobre la injerencia de Moscú en las elecciones estadounidenses del pasado año.

Al demócrata Mark Warner, que forma parte de la Comisión de Inteligencia del Senado estadounidense, las medidas le parecen insuficientes.

Warner citó a los altos cargos de Twitter para que testificaran como parte de la investigación. A principios de este mes, los capitostes de Facebook también tuvieron que comparecer ante la comisión.

Los diputados de ambos partidos están empeñados en hacer creer al mundo que “Rusia” ha jugado un papel fundamental a la hora de extender propaganda e información “sin contrastar” (quieren decir falsa) en las redes sociales, lo que contribuyó a la victoria electoral de Trump.

¿Hubieran sido diferentes las cosas si “Rusia” hubiera llamado a votar por Clinton, es decir, si hubiera optado por la candidatura perdedora?

Warner ha indicado que los cabecillas de Twitter han dejado sin contestar numerosas cuestiones sobre Rusia y el uso de su red social, que aún es una herramienta de manipulación por parte de terceros países.

La queja es tan cínica que no se extiende al hecho de Twitter sea una herramienta de manipulación de Estados Unidos contra terceros países. Sólo les interesa el recorrido en dirección contraria.

El senador demócrata ha aseverado que las declaraciones de los miembros de Twitter han resultado “profundamente decepcionantes a la par de inadecuadas”. La intervención de la multinacional ante la Comisión de Inteligencia muestra que Twitter no entendido la gravedad del asunto, ha manifestado Warner.

Sometida a las presiones políticas, la red social ha censurado 22 cuentas que estaban conectadas a 500 cuentas falsas de Facebook “relacionadas con Rusia” y que, además, ha eliminado otras 179 cuentas que también presentaban “algún tipo de vinculación”.

Puestos a culpabilizar a Rusia, el miércoles el senador estadounidense del Partido Republicano por el estado de Oklahoma James Lankford también acusó a lo que calificó como varios “trolls rusos” de la actitud de los jugadores de la Liga de Fútbol Americano (rugby) que hincaron la rodilla en el suelo en señal de protesta mientras sonaba el himno de Estados Unidos antes del comienzo de un partido.

Lo dicho: han perdido el sentido del ridículo, aprovechando que a los usuarios se les mantiene en la más absoluta ignorancia acerca de los instrumentos informáticos que tienen entre sus manos.

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El verano rojo de 1919 en Estados Unidos

A casi un siglo del asesinato de Will Brown a manos de un grupo de racistas blancos, ayer se recordó la ola de violencia clasista y racial que azotó a los Estados Unidos durante el «Verano Rojo» de 1919.

Durante los días 28 y 29 de septiembre la ciudad de Omaha, en Nebraska, en el centro noroeste de Estados Unidos, fue testigo de uno de los mayores horrores de violencia clasista y racial en la historia del país norteamericano.

Después de la Primera Guerra Mundial, la Gran Migración llevó a decenas de miles de afroamericanos a las ciudades industriales del norte, entre las que aparece Omaha, que vio duplicarse su población negra de 4.426 a 10.315 en la primera década del siglo XX.

En todo el mundo la Revolución de Octubre había hecho temblar a la burguesía por vez primera. En Estados Unidos los capitalistas reaccionaron frente al movimiento obrero impulsado el racismo y los linchamientos para combatir a la clase obrera, que era negra.

Los brutales enfrentamientos resultaron en la muerte de dos hombres blancos, el brutal linchamiento de Will Brown, un obrero negro de 40 años, el intento de ahorcamiento del alcalde de la ciudad, Edward Parsons Smith, y el incendio del Tribunal del Condado de Douglas, por parte de varios miles de blancos.

El general Wood y otros culparon de los disturbios a obreros afiliados al sindicato Industrial Workers of the World (Trabajadores Industriales del Mundo), compuesto por anarquistas y marxistas.

Las acusaciones eran falsas. Se enmarcaban dentro del llamado Temor Rojo (Red Scare, en inglés), primer periodo de fuerte reacción burguesa en Estados Unidos que conllevó el asesinato y la persecución de cualquier sospechoso de ideas avanzadas.

Los disturbios se reprodujeron en más de una treintena de ciudades de los Estados Unidos. En la mayoría de los casos, los blancos atacaron a los afroamericanos y, en algunas ciudades, los negros respondieron con fuerza a los ataques, especialmente en Chicago, Washington D. C. y Arkansas, donde se produjo el mayor número de víctimas mortales.