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La masacre de Rosewood

En los años veinte del siglo pasado, Rosewood era una pequeña localidad en las ciénagas del noroeste de Florida con una población de 150 habitantes, siendo todos ellos negros, excepto una familia blanca.

El nombre de Rosewood procede de los cedros del pantano. Los negros trabajaban como leñadores o en el aserradero y muchas de las negras limpiaban las casas de los blancos en un pueblo cercano.

Los trabajadores eran propietarios de sus tierras, lo que les proporcionaba una posición social relativamente independiente que los blancos de los alrededores no podían admitir, por más que la esclavitud hubiera sido abolida 50 años antes.

En 1922 el Ku Klux Klan convocó una manifestación en un pueblo cercano y poco después, en otro mataron al maestro de una escuela blanca.

El día de Año Nuevo de 1923 una joven blanca de un pueblo cercano, Fanny Taylor, acusó falsamente a un negro de forzar la entrada de su casa, violarla y golpearla. Si ya era muy grave que un negro levantara la mano contra un blanco, si además era mujer y con una acusación sexual de por medio el caso tomaba un sesgo dramático.

Una hora después se organizó el linchamiento. Unos 1.500 blancos de los pueblos cercanos se trasladaron a Rosewood para aterrorizar a los negros. Decían buscar a Jesse Hunter, un fugitivo de un grupo local de presos encadenados, pero en realidad desencadenaron su furia contra todos los hombres, las mujeres y los niños de Rosewood.

La orgía de linchamientos se prolongó durante una semana. Los negros fueron violados, mutilados y torturados. Se produjeron tiroteos e incendios y sólo dos edificios quedaron en pie. Los negros tuvieron que huir. Muchos se escondieron en los pantanos próximos. El pueblo de Rosewood desapareció para siempre de la faz de la Tierra. Los blancos se apoderaron de las tieras que habían sido propiedad de los negros.

En 1993 se creó una fundación para investigar y recordar la matanza. Hasta el año siguiente el Congreso de Florida no reconoció el crimen e indemnizó a los 9 supervivientes y a los descendientes con 150.000 dólares.

Tres años después el director de cine John Singleton rodó la película “Rosewood” que rememora el linchamiento, aunque pasó desapercibida por los circuitos comerciales.

Fundación Rosewood: http://www.rosewoodflorida.com/history
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El asesinato de Kennedy 50 años después (3)

Dallas era el escenario ideal, el centro más reaccionario e imperialista de Estados Unidos, donde se reunían grupos fascistas como la John Birch Society o los Minutemen. Muchos tenían vínculos con los nazis, mientras que otros eran peones de los monopolios petroleros y las industrias de defensa. El escenario no queda completo sin tener en cuenta a los pistoleros mafiosos y los grupos de contrarrevolucionarios cubanos. Eran las distintas caras de una única moneda.

Lo que Pittsburgh es al acero, Dallas es al petróleo. Kennedy tenía sus peores enemigos muy cerca, en la misma capital tejana, en el grupo de presión Suite 8F, los petroleros del partido demócrata. Para las elecciones de 1960 Kennedy les había prometido subvenciones por un supuesto agotamiento del petróleo tejano (peak oil), pero dos años después predicaba todo lo contrario.

Entre aquellos demócratas había dos marionetas de los hidrocarburos, el vicepresidente Johnson y el gobernador Connally. Éste estaba sentado delante en el mismo coche del Presidente en el momento de los disparos y fue uno de los que resultaron heridos. Había sido ministro de la Marina porque ésta la mayor consumidora de petróleo.

Kennedy tenía enemigos por todas partes, a la izquierda y a la derecha. Earl Cabel, el alcalde de Dallas, encargado de proteger la ruta y la seguridad de la caravana de automóviles en la que viajaba Kennedy, era hermano del general Charles Cabell, despedido de la CIA junto con Allen Dulles tras el fracaso de Playa Girón en 1961.

El 24 de mayo de 1954 la revista “Time” puso al petrolero tejano Clint Murchison en portada. Era el prototipo del magnate de Dallas. Con su socio Fulgencio Batista proyectó la construcción de un túnel debajo de la bahía de La Habana que la Revolución tiró por los suelos en 1959… Al túnel y a Batista.

Murchison era un conocido nazi. Él ponía el dinero para financiar al Partido Nazi de América, a la John Birch Society, a toda clase de periódicos antisemitas y la caza de brujas de McCarthy. Estaba tan vinculado al vicepresidente Johnson como a la mafia. En 1955 un comité del Senado descubrió que el 20 por ciento de la Murchison Oil Company era propiedad de Vito Genovese. También descubrió que Murchison mantenía vínculos financieros muy estrechos con el capo de la mafia de Nueva Orleans, Carlos Marcello.

Era el dueño del Hotel del Charro en La Jolla, California, cuyos huéspedes más asiduos eran los mafiosos Meyer Lansky, Santos Trafficante, Johnny Rosselli, Sam Giancana y Carlos Marcello, los políticos Johnson, Nixon, Connally y la pareja de policías Edgar Hoover y Clyde Tolson, director y subdirector del FBI respectivamente.

A finales de 1940 Murchison y otro magnate del petróleo de Texas, Sid Richardson, se reunieron con Hoover. Fue el comienzo de una amistad duradera. La pareja Hoover y Tolson invirtió mucho dinero en los negocios petroleros de Murchison. En 1952 trabajaron juntos para organizar una campaña de desprestigio contra el candidato presidencial demócrata Adlai Stevenson que, menos de una década después, se convirtió en un político muy cercano a Kennedy y representante de Estados Unidos ante la ONU. Los fascistas tejanos le acusaban de haberse vendido al organismo internacional, al que consideraban como un “instrumento de los comunistas”. El día en que se celebraba el aniversario de la fundación de la ONU Stevenson fue agredido en la capital tejana por los fascistas.

Murchison era amigo de Madeleine Duncan Brown, tejana y amante de Johnson, quien el día antes del asesinato de Kennedy estuvo en una reunión en la casa de Murchison en Dallas, que describió como “uno de los más importantes encuentros en la historia de Estados Unidos”.

Otras fuentes incluyen entre los invitados de la reunión a la pareja de policías Hoover y Tolson, al magnate del petróleo Haroldson Hunt, a John J. McCloy, a Richard Nixon y algunos miembros del grupo de presión Suite 8F. A última hora de la tarde también llegó el vicepresidente Johnson. Su amante narró así aquella escena:

“La tensión llenó la sala a su llegada. El grupo inmediatamente se reunió a puerta cerrada. Poco tiempo después Lyndon [Johnson], ansioso y rubicundo, reapareció. Yo sabía cómo operaba Lyndon [Johnson] en secreto. Por lo tanto no dije nada […] ni siquiera que yo estaba contenta de verle. Apretando mi mano tan fuerte, a su juicio, aplastada por la presión, habló con un susurro callado, mascullando, en mi oído, no un mensaje de amor sino uno que siempre recordaré: ‘Desde mañana los malditos Kennedy nunca me avergonzarán de nuevo; no es una amenaza, es una promesa’”.

Para la reacción tejana Kennedy estaba vendiendo el país a los comunistas y a los negros. Los días anteriores a su visita habían aparecido repartidos por Dallas más de 5.000 carteles con su foto de frente y de costado, como los fugitivos, con la inscripción: “Se busca por traidor”. El mismo día del atentado los fascistas tejanos insertaron en el diario republicano de la capital, “Dallas News”, una hoja entera de publicidad criticando al presidente. El clima de tensión era tan alto que el jefe de policía de la ciudad tuvo que aparecer en televisión la misma mañana del 22 de noviembre para hacer un llamamiento a la calma.

Era la calma que precedía a la tormenta.

Serie completa: El asesinato de Kennedy 50 años después:

— El club de los hijos de puta (1)
— De la alta sociedad a los bajos fondos (2)
— Operación Paperclip (4)
— La aristocracia del espionaje nazi en Estados Unidos (5)
— La camarilla nazi-zarista de Dallas (6)
— El chivo expiatorio: Lee Harvey Oswald (7)
— La infiltración de Oswald en los medios progresistas (8)
— Todos los hilos conducen al mismo sitio (9)
— El asesinato del asesino (10)
— Epílogo para un crimen perfecto (y 11)
— ‘Tenemos que convencer al público de que Oswald es el verdadero asesino de Kennedy’

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El asesinato de Kennedy 50 años después (1)

Ha transcurrido medio siglo del asesinato de Kennedy. El 22 de noviembre de 1963 el presidente promocionaba la renovación de su candidatura con un paseo en coche por las calles de Dallas, en Texas. Eran las 12,30 del mediodía cuando alguien ataviado con una camisa se subió a un banco frente a la caravana de vehículos y levantó un letrero escrito con esmalte negro: “Señor Kennedy, lo desprecio a usted por sus ideas socialistas”.

Inmediatamente después sonó un primer disparo, apenas audible entre el ruido de la caravana de coches. Acto seguido se escuchó otro disparo que hirió a Kennedy en la garganta. Un tercer disparo hizo blanco en la cabeza del presidente, pero aún hubo más disparos, en los que fueron heridas otras personas, como el gobernador de Texas, Connally, sentado delante de Kennedy.

— “¡Oh! ¡Dios mío! ¡Ellos han matado a mi marido! ¡Jack! ¡Jack!”, gritó Jacqueline, que desde el primer momento demostró conocer la identidad de los asesinos. Pero, ¿quiénes eran “ellos”? Sin duda se trataba de lo que Kennedy había llamado pocas semanas antes el “SOB Club” (Son of a Bitch Club), el Club de los Hijos de Puta. Pero, ¿de quién se trataba?

La versión oficial dijo entonces que el autor de los disparos fue Lee Harvey Oswald, quien actuó en solitario. No había, pues, ningún club. Pero a día de hoy lo único que se sabe con certeza es que la vesión oficial es falsa. Lo normal en estos casos. No hay más que recordar el recorrido histórico que va del hundimiento del Maine en 1898 al 11 de setiembre de 2001. Estados Unidos es un país agobiado por las mentiras oficiales como pocos.

Pero lo de menos es que el informe oficial sea mentira, 26 tomos de mentiras exactamente. Lo realmente serio es que la verdad del caso está tan enmarañada con un cúmulo de medias verdades, intoxicaciones e hipótesis que es imposible orientarse entre tan enorme volumen de información.

Cuando Oswald, el supuesto asesino, fue asesinado por Jack Ruby dos días después, cundió la sospecha de que el crimen estaba muy lejos de ser la obra de un hombre solitario, sino que había sido orquestado por los “señores de la guerra”, el “big bussines”, los grandes monopolios que contrataban con el Pentágono, la CIA, los gusanos cubanos y la Mafia, entre otros. Eran ellos los que integraban el SOB Club.

Para acallar los rumores, el vicepresidente Johnson creó la Comisión Warren. Fue como poner al zorro a cuidar de las gallinas.

Entre los integrantes de dicha Comisión estaba Allen Dulles, antiguo director de la CIA, al que Kennedy destituyó en 1961 por el fracaso del desembarco en Playa Girón. Pero cambiar al director no es cambiar a la CIA, máxima responsable del crimen. Allen Dulles no estaba en la Comisión Warren para investigar nada sino para impedir cualquier investigación.

Otro miembro de aquella farsa fue Gerald Ford, entonces diputado y luego presidente en sustitución de Nixon. Fue incluido en la Comisión porque era el soplón de Hoover. Una vez en la presidencia, Ford tomó dos decisiones que resultan otras tantas claves del enredo: puso a Bush al frente de la CIA e indultó a su antecesor Nixon por el escándalo Watergate.

Hay que hacer un inciso con Nixon. Es posible que sea uno de los hijos de puta más reconocidos del pasado siglo, pero quizá no sepamos hasta qué extremos. Uno de sus vínculos inmediatos con Kennedy fue la competencia mutua en las elecciones presidenciales de 1960.

Otro fue John J. McCloy, asesor financiero del gobierno de Mussolini y, junto con Allen Dulles, directivo del banco de Prescott Bush que estaba financiando a Hitler. En 1936 a McCloy se le solía ver en Berlín reunido con Rudolf Hess o Hermann Goering. Las fotos le muestran también sentado en el palco de Hitler viendo las Olimpiadas. Fue abogado del monopolio alemán IG Farben que fabricaba el gas utilizado en los campos de concentración para masacrar a los antifascistas presos. Al terminar la guerra, como comisario en la Alemania ocupada, McCloy protegió a los criminales de guerra, entre ellos a Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon. Formaba parte de la Operación Paperclip, un plan para integrar a los agentes nazis en la CIA.

El presidente de la Comisión que daba nombre a la misma era Earl Warren, también presidente del Tribunal Supremo. En 1942 Warren fue elegi­do gobernador de California gracias a la financiación de los monopolios petroleros. Hablar de Dallas, el escenario del crimen, y de petróleo es una redundancia.

Al año siguiente del asesinato, la Comisión emitió un informe inverosímil que encubría hasta las evidencias más estridentes. Si al matar a Oswald se cerraron las puertas, el informe de la Comisión le echó el cerrojo. Es como si Kennedy hubiera sido asesinado dos veces.

Basta repasar las biografías de estos -y otros- zorros de la Comisión Warren para darse cuenta de quiénes eran los hijos de puta a los que se refería Kennedy, empezando por el vicepresidente Lyndon B.Johnson, un tejano que había competido con Kennedy por la nominación del partido demócrata para las elecciones de 1960.

El club de los hijos de puta no estaría completo sin mencionar que en el asesinato de Dallas aparecen implicados los cuatro presidentes de Estados Unidos que sucedieron a Kennedy: Johnson, Nixon, Ford y Bush. Los presidentes eran “todos los hombres del Presidente”.

Serie completa: El asesinato de Kennedy 50 años después:

— De la alta sociedad a los bajos fondos (2)
— El escenario del crimen: Dallas (3)
— Operación Paperclip (4)
– La aristocracia del espionaje nazi en Estados Unidos (5)
— La camarilla nazi-zarista de Dallas (6)
— El chivo expiatorio: Lee Harvey Oswald (7)
— La infiltración de Oswald en los medios progresistas (8)
— Todos los hilos conducen al mismo sitio (9)
— El asesinato del asesino (10)
— Epílogo para un crimen perfecto (y 11)
— ‘Tenemos que convencer al público de que Oswald es el verdadero asesino de Kennedy’