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Trump y el fascismo del siglo XXI

El artículo de William I. Robinson, profesor de sociología de la Universidad de California-Santa Barbara (*), resume con precisión casi todos los tópicos con los que se aborda la delicada situación internacional en ciernes, empezando por un título redondo (“Trump y el fascismo del siglo XXI”) que sólo es imaginable cuando se alude a personajes con personalidad propia, como Trump, Duterte, Erdogan, Orban y otros que airean en voz alta lo que otros callan.

En ese tipo de exposiciones, como la de Robinson, nunca quedan suficientemente claros los motivos por los cuales Trump es un fascista y no Obama o Clinton, aunque es evidente que ambas exposiciones, la de Trump y la de Robinson son simétricas. Aunque no sepan de lo que hablan, los que utilizan ese tipo de vocablos (“fascismo”) lo hacen de la misma manera contundente que Trump.

Nos hemos habituado al lenguaje neutro y aséptico que ha impuesto la burguesía en los últimos años, donde los cínicos son “centristas” o “moderados” del tipo Al-Nosra, que se lavan la cara cambiando las siglas. Con la televisión, las luchas políticas se han llenado de eufemismos para preservar lo políticamente correcto, mientras que quienes se quitan la máscara aparecen como lo que realmente son: fascistas.

Lo que no es políticamente correcto se califica de “populista”, cuando debería ser al revés. Lo contrario, el cinismo y la hipocresía, se justifican precisamente por su corrección, porque es lo que -según creían ellos- atraía votos. Ahora resulta que no es así. Los votantes se han cansado del lenguaje político anodino y buscan emociones fuertes. En realidad, los votantes se cansan de todo y de todos, excepto de votar.

No es fácil entender por qué Trump es un racista, mientras que a Obama nadie le ha calificado así, a pesar de que pocas veces un gobierno de Estados Unidos ha matado a más negros en las calles que con un negro en la Casa Blanca.

No es fácil entender por qué a Trump se le califica de machista, mientras que a Clinton nadie le ha calificado así, a pesar de haber defendido ante los tribunales a los violadores mofándose de las mujeres que fueron sus víctimas.

Un determinado tipo de lenguaje pone la realidad encima de la mesa, mientras que el otro la encubre. La indignación de académicos como Robinson procede de ahí: al sacar a la superficie un lenguaje que se había dejado de utilizar, se creen que eso (el fascismo, el racismo) no existía. Ante la ocultación es una obviedad imprescindible recordar que el lenguaje no cambia la realidad, sólo la percepción que tenemos de ella.

Por eso nosotros nos alegramos del fin de los eufemismos, de que la reacción se quite la máscara, de que se hable claro y, sobre todo, de que vuelva a triunfar el lenguaje de la Internacional Comunista, aunque sólo se trate de eso, del lenguaje, que nada tiene que ver con el comunismo.

El profesor Robinson incurre en otro defecto tan extendido como el de tejer cadenas de frases, las suyas propias, en réplica a otras frases, las de Trump, contraponiendo unas ideas a otras ideas, que es la mejor forma de no salir del idealismo.

También da la impresión de que hay quienes, como Robinson, necesitan discursos demagógicos, la provocación retórica, para poder reaccionar y que sus anticuerpos segreguen la réplica, que siempre es verbal. Antes estaban contra la “globalización” pero cuando Trump rechaza esa misma “globalización” tampoco les gusta.

La diferencia entre Trump y Robinson es muy evidente: el primero sabe lo que quiere y lo que no quiere, algo que no se puede decir de quienes se oponen a él. Tiene las cosas muy claras por otra obviedad a la que recurre Robinson: la de catalogarle como un “miembro de la clase capitalista transnacional”, algo en lo que tampoco se diferencia de Clinton en nada.

Si tenía intención de explicar algo, Robinson podía haber continuado por esa obviedad, de la que se desprenden todas las demás. Por ejemplo, Estados Unidos es un país capitalista cuya prosperidad dependió de la esclavitud (de los negros) y la emigración (de los blancos). El racismo, como ya hemos explicado aquí, nunca fue más que un aspecto de la lucha de clases y no del color de la piel.

Como cualquier otro burgués, la política migratoria de Trump no tiene otro objetivo que el de incrementar la explotación de la clase obrera, para lo cual debe mantenerla sometida y humillada, o sea, sin papeles y sin derechos de ningún tipo. “Ejército industrial de reserva”, lo llamó Marx hace 150 años, algo tan viejo como el capitalismo.

Por cierto, ese capitalismo no está ante ninguna encrucijada, como asegura Robinson. No tiene ninguna opción, ni ninguna posibilidad de reforma porque es un sistema agotado. El único recorrido marcha, en efecto, hacia el “fascismo del siglo XXI”, que no supondrá ningún “giro bursco”, como cree Robinson, porque será equivalente al fascismo del siglo anterior.

Los burgueses como Trump saben eso de sobra. Por eso no pretenden reformar nada. No engañan a nadie porque no tienen ninguna alternativa que ofrecer, absolutamente ninguna. No prometen nada y eso es lo que a algunos no les gusta. Quieren que les engañen, que les prometan algún cambio, reformas, esperanzas, perspectivas… algo que nos pueda caer del cielo sin que nos cueste ningún esfuerzo personal.

Los únicos que tienen alternativa son los proletarios y consiste en la revolución socialista. No hay ninguna otra posibilidad intermedia.

(*) http://www.alainet.org/es/articulo/181986
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El dinero, las amistades y los intereses de Trump en Oriente Medio

Durante la campaña electoral, Trump se vanaglorió de que, a diferencia de Hillary Clinton, él se constituiría en un baluarte de lucha contra el terrorismo en Oriente Medio cuando llegara a la presidencia, bombardearía implacablemente al Califato Islámico, volvería a desplegar entre 20.000 y 30.000 soldados en Irak y prohibiría la importaciçon de petróleo procedente de Arabia saudí si los jeques continuaban apoyando a los salafistas.

“¿Quién voló las Torres Gemelas? No fueron los irakíes sino los saudíes. Mire a Arabia saudí, abra los archivos”, declaró a Fox News. Pero detrás de las palabras están los hechos, que dicen algo muy distinto: a lo largo de su campaña electoral, Trump creó ocho nuevas empresas en Arabia saudí. Es propietario o director de THC Jeddah Hotel Advisor y DT Jeddah Technical Services Advisor, empresas relacionado con un proyecto hotelero en el Golfo Pérsico.

Al mismo tiempo que creaba sus empresas, en una reunión convocada en Alabama, Trump reconocía que se entendía con “todos los saudíes. Me compran apartamentos. Gastan 40 millones de dólares, 50 millones de dólares. ¿Debo detestarlos? Los quiero mucho”.

Los vínculos de negocios de Trump con los saudíes son antiguas. Tres meses antes del 11-S, Trump vendió el piso 45 del Trump World Tower a Arabia saudí por 4,5 millones de dólares. A pesar de ello, utilizó la intervención saudí en los atentados terroristas de 11-S para desacreditar a sus adversarios.

Rudy Giuliani, uno de quienes optan al cargo de Secretario de Estado, ha dicho que Hillary Clinton debía disculparse públicamente ante los estadounidenses por haber aceptado donaciones saudíes. “Me gustaría verla excusarse por el dinero que la Fundación Clinton ha aceptado, procedente de Arabia saudí, donde las mujeres no pueden conducir. Me han dicho que [Clinton] es feminista, ¿y acepta dinero de un país en el que las mujeres no pueden conducir?”, preguntó Giuliani.

Pero el antiguo alcalde de Nueva York es un capataz remunerado de la Organización de los muyaidines del pueblo iraní, organización para la que en 2012 hizo campaña con éxito a fin de que fuera borrada de la lista grupos terroristas extranjeros del Departamento de Estado.

A Giuliani los muyaidines le han pagado varias veces por pronunciar conferencias en nombre del grupo en 2011 y 2012, cuando aún estaba en la lista de grupos terroristas, lo que está prohibido por la legislación de Estados Unidos, ya que no se ha inscrito como agente de intereses extranjeros en Estados Unidos.

El futuro consejero de seguridad nacional, el general Michael Flynn, que fue director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, es decir, del Pentágono, firmó un contrato con una empresa holandesa que servía de testaferro de otra turca muy cercana de Erdogan. El año pasado, la empresa de Flynn, Flynn Intel Group, firmó un acuerdo de “lobbying” con Inovo BV, una empresa pantalla de Inovo Turkije. Ambas empresas fueron creadas por Ekim Alptekin, un testaferro de Erdogan que preside el Consejo de Negocios turco-americano, que a su vez es una sección de la Comisión de Relaciones Económicas Internacionales de Turquía, cuyos miembros designa el Ministerio de Economía y la Asamblea nacional de Turquía.

En ejecución de las obligaciones derivadas el contrato, Flynn escribió un artículo afirmando que el golpe de Estado del 15 de julio en Turquía estaba dirigido por el clérigo Fetullah Gülen y alabando la represión que Erdogan emprendió con posterioridad al mismo.

Tampoco Flynn se ha inscrito como agente de intereses extranjeros en Estados Unidos, por lo que su actuación es ilegal.

En agosto de 2012, cuando dirigía la DIA, Flynn recibió informes sobre el apoyo de Turquía y los Estados del Golfo a “la insurrección de Siria” y a Al-Qaeda en Irak. La DIA advirtió que la continuación de dicho apoyo conduciría a la creación de un “principado salafista” en el este de Siria y, eventualmente, la declaración de un “Estado islámico” en Irak y en Siria. En las entrevistas que mantuvo tras este informe, Flynn confirmó que sus términos eran exactos.

También Trump tiene intereses propios en Turquía. Ha cobrado más de 10 millones de dólares por ceder el uso del nombre a un rascacielos de 40 pisos, el Trump Towers de Sisli, en Estambul.

La empresa pública Qatar Airways ha alquilado un espascio en uno de los rascacielos de Trump en Nueva York, donde tiene su cuartel general. Además tiene un gran proyecto inmbiliario en los Emiratos Árabes Unidos. El año pasado su holding indicó a Hotelier Middle East que su cadena de hoteles de lujo, Trump Hotel Collection, tiene previsto construir más hoteles en Dubai, en Abu Dabi, en Qatar y en Arabia saudí.

El capital manda. Como tantos otros, Trump y su equipo detestan a los musulmanes, pero no a su dinero. Impedirían la llegada de las personas pero nunca la de los réditos.

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¿Se convertirá Irán en el capítulo segundo de la Guerra de Siria?

John Bolton, un ladrón que ladra fuerte
Entre los rumores que corren por Washington está el que sitúa a John Bolton, uno de los doberman del imperialismo estadounidense, como nuevo secretario de Estado de Trump. Si eso se cumple, será una buena señal para entender el alcance que el nuevo gobierno quiere darle a su política en Oriente Medio.

La designación de Bolton hay que ponerla en relación con las declaraciones de Trump sobre Irán al Wall Street Journal el jueves de la semana pasada y, más en concreto, sobre su intención de revisar el tratado nuclear firmado en 2015 con el gobierno de los ayatollahs.

Es verdad que esas declaraciones -y otras- hay que leerlas despacio porque uno de los expertos en Oriente Medio  que subirán en el escalafón de la política exterior de Estados Unidos, Walid Phares, ha dicho a la BBC que se trata sólo de modificar algunos puntos de dicho acuerdo porque tal y como está ahora el nuevo gobierno no está dispuesto a aceptarlo. Otras declaraciones del propio Trump han matizado aún mucho más el rechazo.

Aunque a Bolton se le conoce como embajador de Estados Unidos en la ONU, de 2001 a 2004 fue subsecretario de Estado encargado del control de armamentos. Era el mamporrero de Dick Cheney, verdadero artífice del gobierno de la Casa Blanca en la etapa de Bush hijo, opuesto al acuerdo nuclear con Irán y, posiblemente, a cualquier clase de acuerdo con Teherán.

En Washington determinados círculos influyentes consideran -con razón- que la Guerra de Siria ha resultado un verdadero desastre en comparación con los objetivos que perseguían, habiendo salido Rusia e Irán como ganadores de ella… y de la de Irak. La elección de Bolton como secretario de Estado inclina a pensar que Irán sigue siendo la preocupación primordial del imperialismo en Oriente Medio.

Junto con Cheney, el perro de Bolton fue de los que propuso bombardear Irán junto con Israel y, al fracasar el plan de ambos, le enviaron a la ONU. Aunque este capítulo está bastante lejos de haberse esclarecido, da la impresión de que el plan era hacer en Irán lo que Bush hizo en Irak con una excusa parecida: armas de destrucción masiva y armamento nuclear, o dicho de otra manera: Irak se convirtió en la víctima propiciatoria de un plan que los imperialistas habían urdido para Irán.

La oposición a un ataque contra Irán procede del Pentágono que, paradógicamente, hace tiempo que se viene oponiendo a los planes de la diplomacia, como ya explicamos en otra entrada. Sin embargo, hay un plan intermedio: provocar una crisis con Irán -otra más- para sabotear la aplicación del acuerdo. No el acuerdo mismo sino “sólo” su aplicación.

¿Se convertirá Irán en el capítulo segundo de la Guerra de Siria?
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‘Se busca a alguien que luche contra Trump por 2.400 dólares al mes’

Las grandes campañas intoxicadoras de los medios de comunicación forman parte ya del paisaje político internacional. Es una premonición de lo que será la propaganda de guerra en su momento. La última ofensiva son las protestas que recorren Estados Unidos en contra de Trump, dirigidas por grandes intereses monopolistas y orquestadas por los reformistas. Se prepararon al menos diez días antes de las elecciones y su radio de alcance es el mundo entero. Todos están contra Trump porque es un peligro para la humanidad y, desde luego, para Estados Unidos. Nunca un presidente de Estados Unidos había tenido tantos enemigos.

En la prensa de Estados Unidos empezaron a aparecer anuncios con ofertas de trabajo político para “luchar” contra Trump, poniendo al descubierto algo que ya sabíamos desde hace un siglo: que el reformismo está al servicio de los grandes intereses monopolistas y no es desinteresado. Desde siempre los oportunistas son profesionales de la “lucha”, la protesta y la reivindicación. Son el equivalente en la política de los mercenarios en la guerra.

Por ejemplo, en Craiglist apareció un anuncio buscando ese perfil de “luchadores” contra Trump por un sueldo que iba desde los 10,50 a los 17 dólares la hora de “trabajo”, que se puede considerar como un sobresueldo o un complemento adicional del trabajo habitual del “currante”. Por si no se lo creen, aquí tienen la imagen del anuncio:

¿Les parece poco el sueldo para un mercenario de las “protestas” políticas? Aquí tienen otro mucho mejor remunerado: 190 dólares la hora de “lucha” contra Trump, en el que un buen aprendiz de político puede forja sus estratagemas para convertirse en el perfecto vividor de las elecciones, las instituciones, las tertulias y las candidaturas.
Los anuncios están recorriendo todas las ciudades de Estados Unidos, aunque en Nueva York hemos encontrado la oferta laboral que más puede apetecer a aquellos de nuestros lectores que estén en el paro: un sueldazo de 2.400 dólares al mes para quienes quieran dedicarse a tiempo completo a esta gran cruzada mundial contra Trump:
Como ven, la única condición es que te opongas a Trump. Estas ofertas de trabajo son las únicas que no piden curriculum vitae, ni exigen tampoco experiencia previa porque van dirigidas a los jóvenes, sobre todo a esos a quienes los profes han lavado el cerebro en los institutos y las universidades para sustituir la lucha revolucionaria, la única que existe, por las monsergas reformistas, pacifistas y transversales.

Los sueldos oscilan mucho. Van de los 15 a los 22 dólares la hora si el “luchador” es un aficionado que sólo dedica los ratos libres, a los buenos sueldos de quienes se dedican a tiempo completo:

Alguien creerá que es normal que en una campaña electoral se utilice tanto juego sucio y tanta manipulación. Pero las elecciones ya se han acabado, mientras que la campaña sigue.

El voluntariado se ha acabado. Es posible que aparezca una nueva profesión, que se acabará estudiando en la Facultad de Ciencias Políticas de Somosaguas, en Madrid: la de luchador o protestante, ese tipo de mercenarios oportunistas que distraen la atención de la gente con continuas “luchas”. Cuando a un mercenario así le pregunten por su profesión, “¿Usted a qué se dedica?” tendrá que responder: “Yo organizo protestas”. Se refieren a ese tipo de carnavales callejeros, charanga incluida, que son imprescindibles para emitir luego por la tele. Después de la Primavera Árabe llega el Invierno Americano. Todo al estilo Podemos y ONG.

Un tinglado llamado Fightthepower (“Lucha contra el Poder”) convoca una manifestación en el club de golf que tiene Trump en el Rancho Palos Verdes, en California, de la siguiente manera:

“Necesitamos manifestantes anti-Trump para una concentración el 13 de noviembre al mediodía en el campo de golf que pertenece a Donald Trum. Los manifestantes cobrarán 35 dólares la hora, deberán estar dispuestos a permanecer durante al menos 10 horas y verstirse de manera que sean visibles. A los organizadores les remitirán por correo un código de acceso para cobrar el dinero. Los que no puedan enviar el correo a tiempo podrán unirse al acto vestidos de rojo y recibirán un sueldo de 50 dólares si viste de rojo”.
Atención emprendedores: aquí hay un nicho de mercado. Dentro de poco nos encontraremos anuncios buscando gente para organizar concentraciones. Otros pagarán dinero a los manifestantes a tanto la hora, con un plus adicional si tienes que llevar una bandera o una pancarta, que una subcontrata te entregará al comienzo de la misma, así como una partitura con las consignas que tienes que gritar.

¿Quién pondrá la pasta para pagar a tantos “luchadores”?
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‘China sustituirá a Rusia como principal enemigo de Estados Unidos’

A pesar de que queden dos meses para el cambio oficial de administración en Washington, las capitales de todo el mundo ya han comenzado a prepararse para la llegada del nuevo dirigente estadounidense. Uno de los primeros en felicitar a Donald Trump fue Vladimir Putin. Los políticos de Moscú no han ocultado su satisfacción con el próximo cambio de gobierno en la Casa Blanca.

La reacción de Pekín ha sido bastante más contenida. Lu Kang, representante oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular, expresó su deseo de que el nuevo gobierno de Estados Unidos “contemple de forma objetiva las relaciones económicas y comerciales” entre los dos países.

Las declaraciones del diplomático eran la respuesta a la solicitud de unos periodistas de que Pekín aclarara su postura respecto a las duras declaraciones de Trump durante su campaña electoral. Según el nuevo presidente estadounidense, Pekín se beneficia mucho más de las relaciones comerciales que Washington. Trump ha dado a entender en numerosas ocasiones que en caso de ser elegido presidente planeaba cambiar esta situación de forma radical para defender los intereses de las empresas estadounidenses.

“Si las relaciones no fueran favorables para los pueblos de ambos países, sería imposible haber alcanzado un nivel semejante de desarrollo comercial. Por esta razón, la cooperación económica y comercial entre China y Estados Unidos es mutuamente beneficiosa”, comenta Kang desmintiendo estas acusaciones.

El diplomático chino recordaba que el volumen del intercambio comercial el año pasado superó la astronómica cifra de los 560.000 millones de dólares.

Pekín espera que Trump también manifieste una postura clara sobre algunos problemas más sensibles de las relaciones bilaterales que afectan a cuestiones de seguridad, según Kang. Entre ellos figura el despliegue del sistema THAAD del escudo antimisiles estadounidense en Corea del Sur o las disputas territoriales en el mar de la China Meridional.

Según los expertos, la elección de Donald Trump para Rusia significa una oportunidad para dejar de ser considerada en Estados Unidos como el principal enemigo en potencia.

“En China existe realmente el temor de que las relaciones entre Washington y Pekín empeoren con Donald Trump, y esta teoría está completamente justificada, aunque por ahora no se puede decir que este escenario sea inevitable”, declara el jefe de investigación del Instituto del Extremo Oriente de la Academia Rusa de Ciencias, Alexander Lomanov.

Según el experto, ya durante el gobierno de Barack Obama en las relaciones entre ambos países han surgido numerosas diferencias políticas, sobre todo en relación a la  situación en el mar de la China Meridional y con la tensa situación que se vive en Hong Kong, entre otros factores.

El experto del Consejo Ruso para los Asuntos Internacionales Maksim Suchkov asegura que Moscú está interesada en que tras el cambio de administración en la Casa Blanca en Estados Unidos se forme “un nuevo sistema de prioridades en el ámbito de la seguridad nacional en el que Rusia no sea la principal amenaza”.

Esta idea la comparte el director del centro Rusia-Oriente-Occidente, Vladimir Sotnikov. “Recuerden que según Barack Obama, la lista de los principales enemigos de Estados Unidos estaba formada por Rusia, el Estado Islámico y la fiebre del ébola. El presidente Trump no utilizará este enfoque. Es un hombre más pragmático, no un ideólogo, y es consciente de que Rusia no supone una amenaza para los intereses de vital importancia de Estados Unidos. Y estos intereses de vital importancia no se encuentran en el espacio postsoviético, no están en Ucrania, sino en otras regiones del planeta. Esto significa que se abrirá una vía para el diálogo con Moscú y para determinados cambios en materia geopolítica que una administración demócrata en la Casa Blanca nunca aceptaría”, comenta Sotnikov.

Fuente: http://www.kommersant.ru/doc/3138284
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La victoria de Trump pone a la OTAN en un estado de pánico declarado

En una entrevista a la agencia de noticias Associated Press, Dimitri Peshkov, el portavoz del Kremlin, ha sugerido que para mejorar las relaciones con Estados Unidos, la OTAN debería retirar a una “distancia prudencial” las tropas que ha situado al borde mismo de las fronteras rusas en los países bálticos y Polonia.

Desde el Kremlin le piden a Trump un pequeño gesto, siquiera simbólico, para preparar una cumbre con Putin en condiciones favorables para llegar a un acuerdo entre ambas partes.

Han bastado unas mínimas y elementales palabras para que la OTAN haya pasado del estado de nervios al de pánico, lo que se ha puesto de manifiesto con unas revelaciones de la revista alemana Der Spiegel según las cuales, tras la victoria electoral de Trump, la OTAN ya esta preparando planes para reorganizar sus fuerzas, “si Estados Unidos retira sus fuerzas de Europa”.

Pero no está tan claro que Trump nos de la enorme alegría de marcharse de Europa y cerrar Ramstein, Rota o Morón de la Frontera, entre otras bases militares. Posiblemente pretenda reestructurar la alianza imperialista y, como ha prometido, que los demás pongan más dinero encima de la mesa para sostener la gigantesca maquinaria militar del imperialismo.

El Secretario General de la OTAN, el noruego Jens Stoltemberg, ya ha admitido la posibilidad de que el nuevo gobierno de Trump ordene una retirada de las tropas de Estados Unidos, o al menos una reducción en el número de efectivos, lo que sería muy lógico si Trump quiere rebajar la tensión con Rusia.

Pero hay grupos de presión e intereses muy poderosos que no quieren ni pensar siquiera en esta posibilidad, por lo que agitan las calles de Estados Unidos en una movilización que se parece mucho a las “revoluciones” de colores y a ciertas primaveras que conocimos, en las que, como ha dicho Giuliani, el antiguo alcalde de Nueva York, participan “los profesionales de la protesta”, las ONG, los reformistas y los oportunistas de todos los pelajes.

Hay quien habla de “golpe de Estado” contra Trump y quien habla de un posible asesinato también. Alguien llamado Elijah Berg ha tenido una ocurrencia original que puede rescatar del desastre a los enemigos de Trump: un pucherazo electoral como el que hicieron en 2000 para elegir a Bush.

El plan es el siguiente: consiste en aprovechar que las elecciones no son directas sino que se eligen compromisarios, para lograr que quienes deben votar por Trump voten por Clinton. Para ello Berg ha recurrido al método favorito de la desestabilización moderna, las redes sociales, donde ha recogido cuatro millones de firmas en MoveOn.org, uno de esos tinglados financiados por Soros. Sí, el mismo, el omnipresente Soros. Se espera que a este ritmo la campaña obtenga en diciembre veinte millones de firmas.

La petición se apoya sobre un argumento de peso: Trump ha cosechado menos votos que Clinton, pero el recuento no ha terminado aún, ya que faltan por contar siete millones, entre ellos los militares que están repartidos por todo el mundo, que votarán por Trump, según todas las estimaciones. Pero aún tienen margen para el pucherazo.

Otro argumento de peso es que, según un estudio, en las elecciones han votado tres millones de inmigrantes ilegales que no podían ejercer ese derecho y, según las suposiciones, han votado a favor de Clinton. Como ya hemos expuesto en otra entrada, en muchos Estados los colegios electorales no exigen que los votantes se identifiquen en el momento de depositar el voto en la urna, por lo que los pucherazos son muy corrientes.

En el colmo del delirio contra Trump ha habido iniciativas muy pintorescas, como la aparición de movimientos independentistas en California, Oregón (1), Nevada, Alaska, Washington e incluso en Hawai, donde el secesionismo viene de atrás.

En Estados Unidos no sólo se están preparando grandes protestas para el 20 de enero, cuando se produzca el transpaso de funciones. Este fin de semana hay convocado lo que algunos califican como un “consejo de guerra” (2), encabezado por Soros para impedir que tal transpaso se produzca.

(1) http://www.oregonlive.com/politics/index.ssf/2016/11/after_trump_victory_oregonians.html
(2) http://www.politico.com/story/2016/11/democrats-soros-trump-231313
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El ocaso definitivo del imperialismo estadounidense

Darío Herchhoren

El ocaso es el tiempo -breve- en que el sol se pone, hasta que aparece nuevamente en un nuevo día. El sol sale por el este y se pone por el oeste. Pero los imperios cuando entran en el ocaso, es para siempre. No existe en la mecánica imperial un nuevo día. El ocaso es ya definitivo; no tiene vuelta atrás.

En la historia de la humanidad no existe conocimiento de que algún imperio sobre la tierra haya logrado luego salir de su ocaso volver a ocupar el lugar que tenía antes de su definitiva desaparición. Esto es lo que está pasando ahora con la caída definitiva del imperio USA; no hay red que lo salve como ocurre con los trapecistas de los circos, que a veces se caen y que gracias a la red salvan sus vidas.

Hay signos evidentes de que el imperio USA ha perdido su poder hegemónico. Como dijo alguna vez Slavoj Zizek, filósofo esloveno, vivimos tiempos interesantes. Hay que señalar algunos hechos trascendentes que han empujado al imperio al abismo, a saber: la creación de los BRICS; la aparición del grupo de Shangai; la creación del Banco de Desarrollo Euroasiático; la alianza estratégica de Rusia y China; el uso de las monedas nacionales de Rusia, China y Arabia en sus transacciones sin pasar por el dólar; el triunfo de Trump en las eleccioines; y un hecho nuevo e impensable la reunión efectuada hace dos días entre los ministros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en Sochi con el ministro ruso de exteriores Lavrov, donde se echaron las bases de una colaboración entre todos los reunidos y la declaración de Lavrov de que Rusia apuesta por una CELAC fuerte y estable. Nadie en su sano juicio hubiera apostado por una reunió así hace apenas diez años, porque el imperio lo hubiera torpedeado.

Desde hace más de 65 años vengo militando en diversos movimientos de izquierda, y siempre pensé que no vería llegar el momento en que el imperio USA cayera para siempre, como una necesidad de salud pública. Sin embargo y suerte para mí estoy asistiendo a ese momento tan ansiado por tantos millones de hombres y mujeres de la humanidad entera. Recordemos que los revolucionarios franceses de 1789 llamaron Comité de Salud Pública al que se encargaba de utilizar la guillotina para cortar las cabezas de la nobleza y sus servidores. El nombre es realmente sugerente.

Cuando los imperialistas fueron derrotados en Vietnam; muchos de los jóvenes que deseábamos ese momento pensamos equivocadamente que el imperio se acabaría pronto. No fue así, y desgraciadamente fueron necesarios unos cuantos millones de muertos más para que ese día llegara.

La existencia y ahora la inexistencia del bloque socialista, nos hizo pensar que el imperio realmente iba a tener larga vida. Tampoco fue así, y hoy asistimos al grandioso espectáculo de su ocaso. Ya no puede sostener tantas guerras y se trata de un león sin dientes. Como dijo en su momento Mao Zedong, el imperialismo es un tigre de papel; y como Mao era chino aplicó su proverbial paciencia de chino hasta que el día llegó. Entre el momento de las palabras de Mao, y el día de hoy han transcurrido al menos 60 años. El imperio está en guerra en algún lugar del mundo des de el fin de la última guerra en 1945. No conoció ni un solo día de paz.

Lo curioso de todo esto es la alarma que está cundiendo, ya cercana al pánico entre los lacayos  del imperio que ven que “su señor” entra en un tirabuzón mortal de necesidad. ¿Que van a hacer ahora sin el amo? Posiblemente algunos elegirán hundirse con él. Otros en cambio atendiendo al instinto de conservación buscarán acomodo junto a los nuevos actores; pero el mundo se ha hecho multipolar, y hay ya muchos “amos” a los que servir. En el mundo ya no habrá una potencia hegemónica que dicte las normas. Es posible que estemos ante el umbral de un tiempo donde los pueblos emprendan un camino de liberación, al menos de los grandes amos. Nos queda ahora liquidar a los pequeños. Pero eso parece que será más fácil.

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Un cow boy en la Casa Blanca

Darío Herchhoren
“El tirano en Marsella; el déspota en Lyon; el emperador en París”. De esa manera se expresaba la prensa francesa cuando Bonaparte regresó a Francia después de la derrota de Waterloo, en lo que se llamó “los cien día de Napoleon”.

El triunfo de Donald Trump, fué enfocado por la prensa escrita, oral y televisada de manera muy similar. Aquellos que denostaban a Trump antes de las elecciones, ahora tratan  de acercarse a él, a ver si pillan algo; y sobre todo para no quedar fuera de juego ante el nuevo “emperador”.

Al titular este comentario como “Un cow boy en la Casa Blanca”, utilicé el viejo argumento de las películas del oeste, donde casi siempre un valiente vaquero se enfrentaba solo contra un gran número de enemigos, y conseguía batirlos a todos. Lo de Hollywood era una ficción; pero lo de Trump es cierto y seguramente traerá consecuencias.

Contra todas las encuestas; contra todas las cadenas de televisión; contra toda la prensa; contra todos los gurús; contra todos los “tertulianos” y los más sesudos analistas políticos que lo daban perdedor; ganó Trump. Su contrincante tenía a favor todo que Trump tenía en contra. La Clinton contaba además con financiación ilimitada de Wall Street y con el dinero de Arabia Saudí y Catar además del apoyo de los grandes bancos como J.P. Morgan y el Chase Manhattan Bank.

Pues a pesar de todo esto; la Clinton perdió. ¿Ha ocurrido acaso que todos los votantes se hicieron racistas, xenófobos, machistas y otras lindezas de las que achacaban a Trump? Seguramente no.

¿Que ha pasado entonces? Ha pasado que Trump decía en su campaña lo que la clase media norteamericana pensaba, y lo que la clase obrera depauperada y sin trabajo quería oir.

Si echamos una mirada a ciudades como Detroit o Chicago que fueron la cuna de la industria automotriz hasta hace poco, veremos barrios enteros abandonados por sus moradores  que se han quedado sin trabajo. Lo mismo podemos decir de ciudades como Nueva Orleans devastada por el Katrina y que a pesar del tiempo transcurrido permanece en buena parte sin reconstruir; o como Pitsburg, con su  industria siderúrgica paralizada, y sus altos hornos sin humo.

La elección de Trump es sin duda una rebelión de las clases socialmente más bajas de los USA, contra las políticas que los han abandonado en beneficio de las industrias de armamentos más prósperas cada día ante la enorme cantidad de armamentos que se exportan.

La sanidad en manos de grandes empresas de seguros contratadas por el “Obama Care”, como remedo de una seguridad universal inexistente en USA; la baja inversión en educación pública, con escuelas funcionando en locales semiderruidos ha terminado por colmar la paciencia del electorado.

Pero hay algo que sin duda hay que tener en cuenta y es que todo el discurso de Trump estaba enfocado a volver al desarrollo industrial, prometiendo relanzar la economía con un presupuesto expansivo. Propuso también repatriar los capitales norteamericanos en el exterior rebajando los impuestos; propone una política de entendimiento con Rusia y China; ha propuesto también volver a la vieja política del partido republicano de aislacionismo, que consistía en no intervenir en los problemas europeos, lo cual llevaría a desligarse paulatinamente de la OTAN, y que ha causado pánico entre los miembros de esa organización. No debemos perder de vista, que Trump calificó a la OTAN de organización caduca. Pero sin duda la propuesta estrella de Trump, es la creación de 50 millones de puestos de trabajo.

Como vemos, la elección de Trump abre alguna esperanza sobre el alivio de las tensiones entre Rusia y los USA, y permite avizorar un mundo menos bronco. El estudioso James Petras en un comentario de hace apenas cuatro días resalta todos estos factores que llevaron al triunfo contra todo pronóstico de Donald Trump.

Hay un hecho insoslayable que se está dando en las últimas horas, a consecuencia de dos hechos recientes; uno de los cuales es sin duda el triunfo de Trump; y el otro es la llegada de una flota rusa poderosa a aguas sirias con misiles de largo alcance, y con el objetivo de pulverizar al Estado Islámico en Alepo. Estas dos circunstancias han llevado a que los yihadistas que aún quedan en Alepo estén negociando su salida de la ciudad para evitar ser aniquilados por la potencia de fuego de la armada rusa.

Las perspectivas que se abren son buenas; y me cabe alguna pregunta: ¿habrá un golpe de Estado en los USA para evitar que Trump asuma la presidencia? No es algo descabellado, y la Red Voltaire daba por casi seguro el asesinato de Trump si ganaba como lo hizo las elecciones.

El especulador financista George Soros, está impulsando con su dinero y mediante empresas disfrazadas de ONG las movilizaciones anti Trump en los USA, y ya sabemos que en los USA, los golpes de estado se dan mediante asesinatos como el lejano que acabó con la vida de Abraham Lincoln y el más cercano con la muerte de John Kennedy y Robert Kennedy.

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¿Por qué la propuesta estrella de Bernie Sanders fue acogida por Donald Trump?

Resultado de imagen de glass steagallEl llamado que hizo Donald Trump en el sentido de que «es hora de una Glass-Steagall del siglo 21» en su discurso del 26 de octubre en Charlotte, se puede trazar a la comunidad bancaria de Estados Unidos que están más comprometidos con financiar las manufacturas, la agricultura y la infraestructura, e incluye a miles de bancos comunitarios que se oponen a la economía de casino de Wall Street.
Estos grupos se reunieron en el Centro de Convenciones Huntington de Cleveland, Ohio, el 11 de julio de este año para introducir la ley Glass-Steagall en la plataforma del Partido Republicano, previo a la Convención Nacional Republicana que se llevó a cabo entre el 18 y 21 de julio. El columnista John Gizzi escribió un artículo el 12 de julio en el portal noticioso Newsmax, titulado «¿Por qué la ley favorita de Bernie Sanders está en la plataforma republicana?», reveló que en una «reunión en el Centro de Convenciones Huntington en Cleveland [el 11 de julio], la subcomisión de Reforma de Gobierno, del Comité de Plataforma del Partido Republicano, votó a favor de incluir en la plataforma del partido la restauración de la emblemática ley Glass-Steagall que separaba las actividades de inversiones de riesgo, de las actividades bancarias tradicionales como el crédito a empresas y al consumidor luego de que se aprobó en 1933».
Gizzi señala que «en cuanto a cómo fue que… la Glass-Stegall llegó hasta la Plataforma Republicana, hablé con la fuerza motriz detrás de ella dentro del Partido Republicano. John Lynch, miembro del comité de la plataforma de Illinois y ex presidente del First Midwest Bank de Chicago recordó que la ‘Glass-Steagall fue siempre el muro que mantuvo a la banca del consumidor alejada de los grandes riesgos. Bill Clinton tumbó ese muro cuando firmó su derogación en’ » —dice Lynch de acuerdo a la cita que reproduce Gizzi— con el resultado de que la derogación de la Glass-Steagall «expuso a la banca del consumidor a los grandes riesgos, de gente que buscaba hacer todo el dinero posible».
Lynch ha sido un promotor de la Glass-Steagall desde antes de la campaña electoral. En su biografía de LinkedIn, Lynch, ahora un partidario de Trump, cita entre sus publicaciones la «Enmienda a la Plataforma Republicana del 2016: La restauración de la Ley Glass-Steagall de 1933», la cual define en sus propias palabras de la manera siguiente:
«A fin de impedir otro colapso de nuestro sistema bancario de EU y una gran recesión o depresión, propongo la restauración de la Ley Glass-Steagall de 1933, promulgada en respuesta a la quiebra de 5,000 bancos de Estados Unidos y de la Gran Depresión, la cual prohíbe que la banca comercial haga operaciones de banca de inversión de alto riesgo, de seguros y de cualquier otro negocio que no sea el bancario. Fue derogada bajo el Presidente Clinton en 1999 a solicitud del Citibank y en última instancia llevó al colapso financiero de 2008 y a la recesión, así como a los rescates pagados por los contribuyentes… La bandida de Hillary definitivamente votaría en contra de mi propuesta porque ella es ‘propiedad’ de los megabancos y de Wall Street».
Una semana después, el 20 de julio, la revista American Banker Magazine publicó un agitado encabezado que decía: «¿Es Trump el candidato de la banca comunitaria?»
https://es.larouchepac.com/es/20161109/la-propuesta-de-glass-steagall-de-trump-salio-de-banqueros-interesados-en-la-economia-real
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Memoria Histórica

El terrorismo racista en Estados Unidos es tan antiguo como el país

Mi abuela contaba de los hombres del Klan que andaban a caballo por la noche en Luisiana. Ella los había visto con sus ropas blancas que brillaban en la oscuridad como también había visto a personas negras que se escondían en los pantanos para escapar de ellos. Antes de que ella llegara a este mundo, durante la Reconstrucción, los miembros del Ku Klux Klan creían que podían asustar a una población negra supersticiosa y con una libertad recién conquistada. Llevaban trajes terroríficos pero no se escondían exactamente –muchos antiguos dueños de esclavos y algunos vecinos podían ser reconocidos debajo de las sábanas blancas. Ellos eran los exorcistas enmascarados, una manera de mantener el control usando el terror. Además de matar y golpear a los negros, a menudo afirmaban ser los fantasmas de los soldados confederados muertos.

Se podría argumentar, por supuesto, que no hay fantasmas de la Confederación, porque la Confederación aún no ha muerto. Las estrellas y las barras viven, orgullosamente estampadas, en las camisetas y las placas de los carros; el símbolo por excelencia de la esclavitud, la bandera, aún vuela sobre el Capitolio de Carolina del Sur. El asesinato no ha parado tampoco, y como botón de muestra ahí está la muerte de nueve personas de raza negra en una iglesia en Charleston esta semana. El sospechoso, que es de raza blanca y que el viernes fue acusado de nueve cargos de asesinato, le dijo al grupo de estudio bíblico al que después masacró: “Tengo que hacerlo… Ustedes violan a nuestras mujeres y están tomando nuestro país y se tienen que ir”.

Los medios de comunicación han sido reacios a clasificar el tiroteo de Charleston como terrorismo, a pesar de lo inquietante que es el eco de la historia del terrorismo en nuestro país. El terrorismo estadounidense se originó con el fin de restringir el movimiento y la libertad de los recién liberados estadounidenses negros quienes, por primera vez, comenzaron a ganar un poco de poder político. El Acta del Ku Klux Klan fue una de las primeras piezas que tuvo en cuenta la legislación antiterrorista de Estados Unidos. Cuando se promulgó la ley federal en 1871, nueve condados de Carolina del Sur se colocaron bajo la ley marcial, y decenas de personas fueron arrestadas. Los temores del pistolero Charleston –hombres negros que violan a mujeres blancas, negros que toman el país– son los mismos temores que sentían los miembros del Klan, que utilizaron la violencia y la intimidación para controlar a las comunidades de negros libertos.

Incluso con estos paralelismos, todavía escuchamos interminables especulaciones sobre los motivos del atacante de Charleston. La gobernadora Nikki Haley de Carolina del Sur difundió un mensaje de Facebook en el que decía que “aunque todavía no conocemos todos los detalles, sí sabemos que nunca vamos a entender lo que motiva a alguien a entrar en uno de nuestros lugares de culto y quitarle la vida a otra persona”.

A pesar de los informes de que el asesino declaró su odio racial antes de disparar a los miembros del grupo de oración, sus motivos son inescrutables. Incluso después de que se difundieran fotos en las que el sospechoso llevaba una chaqueta adornada con las banderas de Rhodesia y de Sudáfrica durante la era del apartheid o que estuviera junto a un automóvil con las placas de la bandera confederada -una prueba tangible de su alineación con la ideología violenta, segregacionista- sus acciones se mantuvieron supuestamente indescifrables. Un tweet del Seattle Times (ahora suprimido) preguntaba si en el pistolero se “concentra el mal o es un dulce niño”, The Wall Street Journal lo calificó “solitario” y el alcalde de Charleston lo llamó “sinvergüenza”, sin embargo, las designaciones aparentemente obvias –asesino, terrorista, criminal, racista– no aparecen en ninguna parte.

Este es el privilegio de la tez blanca en Estados Unidos: si un terrorista es blanco, sus actos de violencia nunca serán relacionados con su color de piel. Un terrorista blanco tiene motivos únicos y complejos; está más allá de toda comprensión. Puede ser un solitario perturbado o un monstruo. Es un enfermo mental o el mal personificado. El terrorista blanco existe únicamente como una díada de extremos: o es humanizado hasta el punto de despertar simpatía o es casi tan monstruoso como un ser mitológico. De cualquier manera, nunca es indicativo de un problema global que tiene que ver con el color de piel, ni está relacionado con una sociedad racista. Él solo se representa a sí mismo. Un terrorista blanco será definido de cualquier modo que permita calificarlo como una anomalía, sin conexión con la larga historia del terrorismo racista de Estados Unidos.

Siempre me llamó la atención esta reticencia no sólo para nombrar al terrorismo cometido por los blancos estadounidenses, sino al propio adjetivo “blanco” en los actos de violencia racial. En un artículo reciente del New York Times sobre la historia de los linchamientos, las víctimas son descritas repetidamente como negros. Ni una sola vez, sin embargo, los protagonistas de los actos violentos han sido descritos como lo que son: blancos. En cambio, las turbas blancas dedicadas al linchamiento son simplemente descritas como “un grupo de hombres” o “una turba”. En un artículo sobre la violencia racial, esta supresión es absurda. El color de las víctimas es relevante, sin embargo, la raza de los asesinos no lo es.

Si estamos dispuestos a admitir el color de la piel de los negros que fueron linchados, ¿por qué no estamos dispuestos a admitir que la raza es la razón de por qué fueron linchados? En el discurso tras la matanza de Charleston, el presidente Obama mencionó el color blanco sólo una vez –en una cita del reverendo Martin Luther King Jr. que intenta fomentar la armonía interracial. Obama reconoció ambiguamente que “esta no es la primera vez que las iglesias negras han sido atacadas”, pero omitió especificar las causas de los ataques a dichas iglesias. Usa un tiempo verbal pasivo que es el eco de la misma extraña vaguedad, la renuencia a nombrar incluso al terrorismo de los blancos, como si las iglesias negras hubieran sido atacadas por una fuerza sin cuerpo; y no por gente real motivada por una ideología racista cuyas raíces se extienden más allá de la fundación del país.

Entiendo que resulte cómodo guardar silencio. Si no se habla de la violencia blanca, si no se la reconoce, si se considera que los terroristas blancos son santos o demonios, no tenemos que lidiar con la realidad mucho más complicada de la violencia racial. En la actualidad, el terror por razones raciales ya no se presenta con capuchas y batas blancas. Usted puede ser alguien de 21 años de edad, que tiene muchos amigos negros en Facebook y cuenta chistes racistas inofensivos y cometer un acto atroz de violencia racial. No podemos separarnos de los monstruos porque los monstruos no existen. Los monstruos han sido siempre seres humanos.

En la imaginación contemporánea de Estados Unidos, el terrorismo es extranjero y tiene la piel oscura. Los terroristas no tienen motivaciones complejas. No nos exhortamos, unos a otros, a no emitir ningún juicio hasta conocer su historia en Facebook o escuchar las entrevistas a sus amigos. No se invita a psicólogos para analizar el estado mental de esas personas. Sabemos de inmediato por qué matan. En cambio, un terrorista blanco es un enigma. Un terrorista blanco no tiene historia, ni contexto, ni origen. Sigue siendo por siempre una incógnita. De su existencia no se habla. Lo vemos pero fingimos no verlo. Es un fantasma que flota en la noche.

Brit Bennett http://www.telesurtv.net/opinion/El-terrorismo-racista-en-EE.UU.-es-tan-antiguo-como-el-pais-20150625-0056.html