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¿Son los refugiados una inversión rentable?

La semana pasada el diario alemán Bild Zeitung calculaba que Alemana podría recibir este año a un millón y medio de refugiados. Se basaba en un documento confidencial del gobierno federal que, de puertas afuera, habla de sólo 800.000 peticiones de asilo.

Merkel sigue siendo partidaria de la acogida de los refugiados porque Alemania es un país agotado demográficamente. Como en toda Europa, la población alemana envejece. Los países europeos presentan síntomas alarmantes de decrepitud. Son masas de jubilados necesitadas de una asistencia médica y personal permanente.

El capital necesita reponer su ejército industrial de reserva, fuerza de trabajo joven a la que poder explotar durante varias décadas. Pero los alemanes no quieren tener hijos. Un informe de la fundación Bertelsmann dice que la fuerza de trabajo se podría reducir de 43 millones de obreros hoy, a 29 millones en 2050 si no hay nuevas aportaciones de mano de obra externa, inmigraciones y llegadas de trabajadores foráneos.

Para mantener la maquinaria capitalista en marcha, Alemania necesita cada año medio millón de trabajadores emigrantes más. Según el Ministerio de Trabajo si la aportación fuera de sólo 200.000 trabajadores al año, la fuerza de trabajo disminuiría en casi tres millones en 2030.

No obstante, la acogida de esa masa de emigrantes requiere un dispositivo público de asistencia para el que no hay financiación en la actualidad. El ministro del Interior, Thomas de Maizière, ha hablado de la necesidad de encontrar un equilibrio entre las necesidades y las posibilidades.

Según el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung la acogida de un millón y medio de emigrantes costaría 10.000 millones de euros aproximadamente este año, lo que supone cuatro veces más que el desembolso del año pasado.

El gobierno alemán también echa números. Cada emigrante cuesta 13.000 euros al presupuesto público, contabilizando el albergue, la comida, la atención médica y unas migajas de dinero para que puedan ir tirando mientras se tramitan los papeles.

Uno de los desembolsos más importantes son los 500.000 euros que cuesta el adiestramiento del emigrante para que pueda aprender el idioma.

En Alemania nadie habla de los refugiados como de un drama humanitario. Es una inversión como cualquier otra. Pero, ¿será una inversión rentable? Para que ello sea posible, es decir, para obtener beneficios con la emigración y el asilo, es necesario abaratar los enormes costes sociales. A su vez, eso exige que las ONG acometan la tarea de una manera caritativa, es decir, en base a voluntarios que trabajen gratis para que el capitalismo funcione a pleno rendimiento. Máximo beneficio con el mínimo coste.

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Lumpenburguesía

Nicolás Bianchi

Hemos oído hablar de lumpenproletariado. Incluso hasta en el «Manifiesto Comunista» aparece el vocablo haciendo alusión a los sectores más marginados y depauperados de la sociedad. Para un calvinista, escoria, detritus. Para un católico, cinegéticamente hablando, presa en aguardo para lavar la mala conciencia mediante la caridad. Ambos cristianos, el primero capitalista, el segundo precapitalista, digámoslo así.

No forma -el lumpenproletariado- una clase social y Marx no los veía con buenos ojos por su carácter medroso y medrador a la hora de posicionarse ante una situación crítica o límite como pudiera ser una transformación social: o revolucionarios o contrarrevolucionarios. Marx, lamentándolo, se inclinaba por lo segundo.

Pero ¿es posible que segmentos de la burguesía se degraden hasta degenerar en una especie de lumpenburguesía criminal y corrupta (por no hablar del sector rentista de la clase capitalista)? Sí, por supuesto. Lo estamos viendo en este tiempo de canallas. Ya no es la burguesía que la prensa a su servicio llama «emprendedora» y creadora de riqueza -valiente sarcasmo- , dueña de los medios de producción para extraer la plusvalía de los trabajadores -incluidos los de «cuello blanco» («white collar») que no se sienten «proletarios», sino al revés-, sino que en este tiempo de granujas quienes parecen mandar son los asaltadores (o salteadores) de caminos… sin embozo. Son la lumpenburguesía, la hez y excrecencia de esa burguesía industriosa y eduardiana, manchesteriana, imperialista, la especuladora, la que no crea ni un solo céntimo de riqueza para el PIB de un Estado. Una lumpenburguesía parásita y zángana. Su lema es el del lumpen tabernario dickensiano: «este mundo es de los vivos» (de los «listos»). Zaplana podía ser su líder. Hoy sería considerado un aficionado por los arrebatacapas profesionales.

El capitalismo, su modo de producción, no resistiría ni toleraría una corrupción galopante, desmadrada y generalizada, no sobreviviría al no haber plusvalía y sólo fraude y meter la mano en la caja, algo a lo que se aproxima la economía «de casino». Su supervivencia consiste y reside en la explotación y el vampirismo sobre la vena del trabajador. La lumperburguesía no explota directamente: sólo succiona una cuota de plusvalía -de beneficio- que otros (la burguesía no lumpen, la «honrada», la «contribuyente», como se oye en los telefilms gringos pareciendo que eres «alguien» con tus derechos y no un paria) han extraído a las clases trabajadoras.

A esta lumperburguesía defiende un lumpengobierno que ha conseguido que hasta las capas mesocráticas (la «clase media», vale decir para entendernos) -médicos, maestros, funcionarios- salgan a la calle.

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El escándalo Volkswagen muestra la rivalidad entre los imperialistas

El artículo de Rafael Poch en “La Vanguardia”(*) sobre el fraude de Volkswagen es esclarecedor, sobre todo procediendo de un país, como Alemania, que prodiga lecciones de moralidad en Europa.

Credit Suisse estima en 78.000 millones de euros el perjuicio que el fraude puede ocasionar al primer monopolio automovilístico alemán.

La empresa de seguros Axa estima que el asunto le costará a Alemania alrededor del 1,1 por ciento de su PIB. El sector automovilístico representa más del 17 por ciento de las exportaciones alemanas.

“¿Es este escándalo un asunto técnico?”, se pregunta Poch. Naturalmente que no. Los parámetros de emisiones de los automóviles no los deciden los burócratas de Bruselas, ni el límite de velocidad de las autopistas alemanas lo deciden los diputados del Bundestag.

Los monopolios del automóvil pesan mucho en la política de Bruselas, donde hay oficialmente 240 grupos de presión declarados, 43 de ellos de Volkswagen, que son los que preparan las leyes a los políticos como platos precocinados.

Se vio claro en 2013, cuando Merkel vetó y pospuso hasta 2022 normas en materia de emisión, de acuerdo con un guión conjunto de Daimler-Benz y BMW.

El gobierno alemán conocía el fraude que ahora ha estallado, como sabían los tecnócratas de Bruselas que los procedimientos para medir las emisiones de gases son un timo.

Se ha hablado mucho del origen nazi de Volkswagen, pero mucho menos del papel que Volkswagen desempeñó, por ejemplo durante la dictadura de los generales brasileños (1964-1985) confeccionando listas negras para los militares entre sus empleados, cuando su jefe de seguridad en Sao Paulo (desde 1959 hasta 1967) era Franz Stang, antiguo comandante de los campos de exterminio nazis de Sobibor y Treblinka.

En París la agencia encargada de comprar los espacios publicitarios de Volkswagen en la prensa francesa chantajeó a una veintena de diarios regionales: si querían seguir recibiendo publicidad debían renunciar a publicar informaciones sobre el fraude durante los días en que se publicaran los anuncios. Solo tres diarios, sobre una veintena protestaron.

Quien crea que asuntos de tanta trascendencia los decide un funcionario de la agencia ambiental de Estados Unidos, se equivoca. Cuando se trata de lanzar un torpedo de tal calibre contra un país amigo, es que ocurre algo en la relación y se quiere lanzar una amenaza.

La pregunta que Poch plantea es bien simple: ¿Qué ha pasado entre Estados Unidos y Alemania para que una institución pública de Washington lance este torpedo contra Berlín?

Las negociaciones del TTIP, el acuerdo de “libre comercio” transatlántico no van bien. Las relaciones entre las potencias imperialistas son cada vez más tensas. Estados Unidos trata de intimidar cada vez más violentamente a sus vasallos europeos. Ha llegado la hora de los golpes bajos, la antesala de la guerra.

(*) http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch/2015/10/06/das-auto-62027/#.VhTYEFJNxkY.twitter
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China lanzó ayer una alternativa bancaria al sistema Swift

Ayer China lanzó en Shanghai la primera fase de su Sistema de Pagos Internacional (SPICh), lo que supone una alternativa al sistema Swift, además de un hito en la internacionalización del yuan.

El código Swift (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication) es el mecanismo internacional que utilizan los bancos para sus comunicaciones y transacciones. La crearon en 1973 las cámaras de compensación Euroclear y Clearstream y está gestionado por una sociedad radicada aparentemente en Bélgica, aunque controlada por el imperialismo estadounidense.

La exclusión de un banco de Swift supone la imposibilidad de operar en el mercado internacional. Es lo que ocurrió con los bancos rusos tras la anexión de Crimea el pasado año, cuando lfueron represaliados y expulsados de Swift, que es tanto como condenarlos al aislamiento internacional.

Fan Yifei, vicepresidente del Banco Popular de China indicó que con este nuevo sistema se elevará la eficiencia y se incrementará el uso global de la moneda china mediante la reducción de costes y tiempos de procesamiento ya que el SPICh proporciona servicios de compensación y liquidación de capital  para las transacciones transfronterizas en yuanes tanto para instituciones financieras chinas como extranjeras.

Antes de la puesta en marcha de este sistema había que dirigirse a los bancos de compensación en yuanes en el exterior, Hong Kong, Londres o Singapur para realizar la compensación transfronteriza en yuanes o apoyarse en el banco correspondiente en la parte continental de China, lo que ralentizaba mucho el proceso.

Se espera que el SIPCh sirva para reforzar la economía China y anime a las empresas chinas a salir al exterior, dijo Fan.

Mediante este sistema, desarrollado y administrado por el Banco Central de Cina, las empresas que operan fuera del territorio chino podrán hacer las compensaciones en sus transacciones en yuanes con sus socios chinos y con un formato de codificación conforme a la práctica internacional.

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A los niños con enfermedades síquicas los encierran en los calabozos

A causa de la falta de camas en los hospitales, la policía británica encierra en los calabozos de las comisarías a un promedio de tres niños con enfermedades mentales a la semana. En un año, un total de 161 menores de 18 años fueron entregados a la policía tras ser ordenado su internamiento en virtud de la Ley de Salud Mental.

Esta aberración es consecuencia de los recortes en gastos sociales. Desde 2009 hasta 2014 el gobierno de Cameron ha reducido en más de 68 millones de euros las dotaciones de salud mental infantil y ha recortado un 8 por ciento desde 2010 el gasto en salud mental de la sanidad pública.

Además, unos 18.000 discapacitados han perdido sus ayudas y 1 millón de personas entre 65 y 89 años que recibían ayuda domiciliaria para higienizarse, desplazamientos, compras, subir escaleras, etc. han sido abandonados sin ninguna asistencia.

Los recortes se llevan a cabo a pesar de que las necesidades aumentan a causa de la crisis del capitalismo. Las episodios agudos de los enfermos psiquiátricos han crecido un 20 por ciento.

Las celdas de una comisaria no son el lugar adecuado para tratar a los enfermos, sobre todo si son niños. Tras el escándalo Theresa May, ministra del Interior, se rasga las vestiduras. Se ha comprometido a erradicar esta práctica el año pasado después de que una niña enferma síquica de 16 años de edad, estuvo los calabozos de una comisaría en Torquay durante dos días. El caso causó un gran revuelo después de que se denunciara públicamente.

Paul Netherton, policía de Devon-Cornwall, denunció en noviembre que la chica estaba recluida en una celda policial. “No hay camas disponibles en el Reino Unido!… La comisaría en una noche de viernes y sábado no es lugar para un niño que sufre problemas de salud mental. ¡¡Que envíen enfermeras para cuidar de ella en el calabozo!!”

La policía ha introducido protocolos para evitar el ingreso de menores de 18 años en los calabozos y los adultos (enfermos mentales) sólo ocasionalmente, pero esta semana denunció: “Una vez más el Ministro de Salud mantiene pacientes en celdas policiales porque no hay camas disponibles en Devon-Cornwall. La Sanidad Pública está proporcionando enfermeras para ayudar, pero aún no hay plazas en los hospitales. Es inaceptable”.

Según el Consejo Nacional de Jefes de Policía, 161 niños con problemas de salud mental fueron internados en comisarías en Inglaterra y Gales en los últimos 12 meses. Las comisarías de Devon-Cornwall y Sussex recibieron el mayor número de niños con enfermedades mentales enviados a las celdas, con 25 cada comisaría.

Durante ese período 947 niños fueron internados, lo que significa que más del 15 por ciento de los internados se enviaron a las comisarías. El resto fue ingresado en un “lugar seguro basado en la salud”, como un hospital o en casa.

Christine Jones, comandante de la Policía Metropolitana y oficial superior responsable de los casos de salud mental, dijo que los funcionarios se vieron obligados a colocar a niños “muy vulnerables” en las celdas, porque los servicios de salud y los departamentos de accidentes y emergencias no tenían instalaciones para los pacientes de salud mental. Jones señaló que las celdas no son el lugar para un enfermo mental.

Lord Adebowale, dirigente de Turning Point, una organización benéfica que apoya a las personas con problemas de salud mental, dijo que ingresar a un enfermo en una comisaría no debería ser nunca una opción. En una carta al diario The Times, ha escrito: “Tenemos un sistema que está fallando a la gente […] por no disponer de personal capacitado en salud mental; y muy pocas camas en la sanidad pública. Es evidente que necesitamos más centros sanitarios seguros [para enfermos síquicos]”.

La investigación realizada por la Escuela Superior de Policía ha demostrado que entre el 12 y el 15 por ciento de los incidentes policiales están relacionados con problemas de salud mental. La comandante Jones, de la Policía Metropolitana, ha puesto en marcha una comisión conjunta con sanidad pública y los servicios de salud mental para tratar de reducir la presión sobre el sistema policial. Se ha indicado a los funcionarios de la policía que informen de los casos de personas mentalmente vulnerables, para que puedan recibir apoyo de salud mental antes.

En 2013, tras la muerte de miles de enfermos en 5 hospitales británicos, se descubrió que gran parte del tratamiento hospitalario está en manos exclusivamente del personal auxiliar, es decir, trabajadores por debajo del nivel de enfermería. Los auxiliares del sector sanitario en el Reino Unido no tienen que someterse a ninguna prueba para ser contratados. No se regula a este sector del personal porque perciben muy bajos salarios y si se les exigiera cualificación profesional –como ocurre en España- se dispararían los costes salariales.

Fuente: http://www.thetimes.co.uk/tto/public/article4537342.ece
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Los jubilados tienen que seguir trabajando para subsistir

En Alemania los jubilados tienen que seguir trabajando porque la pensión no les permite llegar a fin de mes. Según datos de la Oficina Federal de Estadística (Destatis), en 2012 casi 800.000 jubilados trabajan repartiendo periódicos o reponiendo estanterías en supermercados, en los llamados “miniempleos” de 400 euros mensuales. De esa cifra 120.000 ancianos eran mayores de 75 años.

En Alemania uno de cada 7 ancianos entre los 65 y los 69 años tiene que trabajar. En 2005 la proporción era de uno por cada 10 y las cifras seguirán en aumento a causa de la reducción progresiva de la cuantía de las pensiones. Unas pensiones reducidas ayudan, pues, a reducir los salarios.

La multinacional Daimler ya ha reincorporado a sus filas a 600 antiguos trabajadores que estaban jubilados. Otras grandes empresas, como Bosch, llevan años reincorporando a sus jubilados a los talleres y oficinas. En total ya tiene a unos 1.600 ancianos trabajando. El gigante de venta por internet Otto lazó su propio programa en 2012. En la actualidad tiene en nómina a unos 50 ancianos. Incluso se ha creado un programa “Space Cowboy” para que los jubilados acudan tres días a la semana a las fábricas.

Como los demás países capitalistas, Alemania ha ido reduciendo progresivamente la cuantía de las pensiones. Quienes se han jubilado a partir de 2000 con todos los años de vida laboral estipulados, cobraban una pensión media de alrededor de 1.000 euros. En 2011 esta cantidad se rebajó a poco más de 900. Actualmente el 30 por ciento de los jubilados alemanes cobra poco menos de 700 euros al mes.

Este año la renta límite de la pobreza en Alemania se ha fijado en 892
euros por persona. Con este umbral, el 15,5 por ciento de la población
vive en la pobreza. Hay, pues, más de 12 millones de alemanes
oficialmente pobres.

Pero el fenómeno no es exclusivo de Alemania. En Europa un promedio del 11,5 por ciento de los ancianos entre 65 y 69 años tienen que seguir en activo para poder subsistir. Las jubilaciones son cosa del pasado. Los ancianos tendrán que seguir trabajando toda su vida, estén sanos o incluso enfermos, o rebuscar en medio de las basuras.

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La banca en la sombra en China

Los anglosajones llaman “banca en la sombra” a los prestamistas chinos de dinero que operan al margen de la banca típica. Son pequeños usureros que se aprovechan de las dificultades de particulares y pequeños negocios familiares para obtener beneficios.

En todos los países del mundo la usura ha sido fundamental para la acumulación originaria de capital. No es característico de China. La diferencia es que en el resto del mundo ha desaparecido con al desarrollo del capital financiero, mientras que en China se mantiene con un funcionamiento paralelo no sometido a ninguna clase de regulación.

A veces son familiares que se prestan mutuamente sus ahorros. Otras veces son instituciones similares a las que desde el siglo XVI existieron tradicionalmente en España, como montes de piedad o casas de empeños, y que ahora reaparecen por la crisis económica. Por un supuesto carácter filantrópico, este tipo de instituciones no es que fueran economía sumergida sino que nunca se las consideró como una parte integrante de las relaciones de producción capitalistas. Más bien se las consideraba como una forma de beneficencia.

En China los pequeños usureros no sólo prestan dinero sino que lo toman prestado, igual que los bancos. Aceptan depósitos de dinero “a la vista”, es decir, con una disponibilidad semejante a la de las cuentas corrientes. Además los garantizan con títulos (normalmente acciones) de empresas solventes por un valor superior al montante depositado. Así, en caso de que el prestamista no pueda devolver el dinero depositado, el inversor puede vender los títulos y recuperar su dinero.

Este mecanismo de préstamo es una de las formas más importantes de acumulación de capital en China, ampliamente extendido, ya que el usurero no sólo presta su propio dinero sino también el que capta de sus depositantes.

Además, muestra también la enorme amplitud que ha tomado la especulación bursátil entre muchos sectores sociales chinos, cuyos subsistencia depende de la oscilación de las cotizaciones. De ahí la importancia del desplome de las bolsas chinas en agosto y la ruina que ha supuesto para millones de personas.

La banca en la sombra es opaca; como no figura en los asientos contables, tampoco se conoce exactamente su alcance, aunque es realmente gigantesco. Se estima que ha alcanzando un volumen de 75 billones de dólares, por lo que puede superar el 60 por ciento del PIB. Es muy probable que las cifras económicas de China no estén sobreestimadas, como dicen los economistas en occidente, sino todo lo contrario.

La crisis económica no le ha afectado en absoluto, sino que ha disparado su importancia. Es un castillo de naipes que preocupa tanto el gobierno de Pekín como al Fondo Monetario Internacional. A medida que la economía china se desploma, el crédito de la banca en la sombra sigue creciendo a gran velocidad.

También en China los capitalistas sueñan con que la crisis capitalista es cíclica. El capitalismo es sinónimo de prosperidad permanente y en el futuro esa prosperidad volverá. Las épocas malas son efímeras y se pueden sobrellevar con un préstamo que les saque de este apuro momentáneo, mientras llegan tiempos mejores.

Es lo que creen muchas empresas que ahora ya no acuden al banco de siempre sino al prestamista de la esquina, que tiene muchas más ventajas: no exige nada, entrega el dinero al instante y ofrece tipos de interés muy reducidos.

Los mecanismos financieros como la banca oscura son el verdadero prototipo del capitalismo: el imperio del corto plazo, el pelotazo y el negocio instantáneo. “El dinero llama al dinero”. El resto, la banca típica, en China es un 65 por ciento pública, es decir, que depende de la burocracia, de decisiones políticas y de complicados reglamentos. La otra, la oscura, es el verdadero mercado en estado puro, la “mano invisible” de Adam Smith, el viejo sueño de los que se creen liberales.

Pero para ver la mano invisible tienen que viajar a China, que es el capitalismo de verdad.

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El hambre infantil ya no es excepcional sino normal en Escocia

Más de 222.000 niños en Escocia se hallan actualmente en estado de pobreza, pero el número aumentará si la política de austeridad y recortes del gobierno de Cameron continúa, advirtió el sindicato de maestros. Escocia tiene una población de poco más de 5 millones de habitantes.

El sindicato, el mayor de la enseñanza de Escocia, ha elaborado una guía después de un estudio en 300 escuelas y colegios que será distribuida a las escuelas y colegios, donde advierte que el problema del hambre entre los alumnos ya no es excepcional sino que está siendo un problema común ya que las familias tienen dificultades para llegar a fin de mes.

Los maestros que sospechen que un niño puede estar pasando hambre deben incluirlo en clubes de desayuno y dar información  de los bancos de comida en los tablones de anuncios y sitios web de la escuela, para que las familias pueden buscar ayuda, recomienda la guía.

Más de 222.000 niños en Escocia se describen actualmente en estado de pobreza, pero el número aumentará si la política de austeridad y recortes del gobierno continúa, advierte el sindicato a los maestros.

Las instrucciones dan consejos prácticos a los maestros de cómo deben afrontar la pobreza en las aulas, cuando los niños no tengan  material escolar, uniformes, equipos, o no puedan  pagar las salidas educativas. Aconsejan a las escuelas que garanticen uniformes baratos y promuevan el intercambio de ropa entre las familias.

Un portavoz del gobierno escocés dijo que los ministros se comprometieron a luchar contra la pobreza, pero el gobierno del Reino Unido  está tratando de cambiar la definición de la pobreza para recortar el acceso a las ayudas públicas.

Si el hambre infantil la tenemos al lado de casa, ¿por qué esas sucias campañas de la Unicef que siempre la sitúan en África o Asia?

Fuente: http://www.independent.co.uk/news/education/education-news/scotlands-child-poverty-levels-so-severe-teachers-are-sent-advice-on-spotting-malnourished-students-10495873.html
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Aumentan en un 12 por ciento los británicos que carecen de vivienda

Hasta el 30 de junio de este año, el número de personas que carecían de una vivienda propia en el Reino Unido ascendía a 66.980, según datos oficiales. Esta cifra supone un aumento de un 12 por ciento con respecto al año anterior, destacando así el incremento de la miseria y el pauperismo en toda Europa.

Entre las principales causas están la reducción de numerosos subsidios, especialmente aquellos relacionados con la vivienda, el incremento de los precios de alquiler en el sector privado, o la falta de viviendas sociales.

De todas aquellas personas que carecen de vivienda, 2.744 están durmieron en la calle como media en Reino Unido durante el año pasado; de ellos 742 lo hacen en las calles de Londres.

Distintas asociaciones caritativas ofrecen albergues temporales para estas personas, sin embargo, el número de solicitudes se ha duplicado en los últimos cuatro años, y como consecuencia, la mitad de las personas no consiguen cama y acaban durmiendo en la calle. Además, solo se puede solicitar ayuda pública en el municipio donde se está empadronado.

Las organizaciones caritativas lamentan la falta de recursos por parte del gobierno, así como la norma que prohíbe otorgar subsidios a extranjeros que lleven residiendo menos de dos años en el país. De hecho el número de personas sin techo de nacionalidad británica supone solo el 46  por ciento, cifra que va a la baja, mientras que el país que más personas sin techo aporta es Rumanía con un 11 por ciento del total.

Ante la falta de recursos las ONG y organizaciones piadosas se ven obligadas a improvisar soluciones. Una de ellas en Londres, ofrece billetes para líneas de autobuses nocturnas para que las personas sin techo no pasen la noche a la intemperie y puedan dormir en las estaciones del metro.

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El desarrollo desigual del capitalismo en la crisis económica

Desde el inicio de la última recaída económica, a pesar del pinchazo de las bolsas asiáticas, tanto el gobierno de Modi como los grandes capitalistas y los medios de India se muestran eufóricos. A ellos la crisis les ha abierto nuevas e insospechadas oportunidades.

Se podría decir que los capitalistas indios hablan leninismo. Su entusiasmo ilustra la ley del desarrollo desigual que Lenin expuso. Al tratarse de una ley dialéctica, choca con las concepciones más arraigadas, según las cuales todos “navegamos en el mismo barco”. Quieren decir, que tanto el crecimiento como las crisis del capitalismo afectan un poco a “todos”, o afectan de la misma manera.

La ley del desarrollo desigual es consecuencia de la anarquía de la producción y la circulación de capitales y mercancías, por lo que es inherente al capitalismo en su conjunto. No obstante, es característica de su fase imperialista y en la medida en que el imperialismo es el capitalismo en crisis, se entendería mejor si se la llamara “ley de la crisis desigual”. El capitalismo no cambia de una manera uniforme sino a saltos. Unos capitales se desarrollan o se hunden, mientras otros padecen el fenómeno inverso. Lo mismo ocurre con los sectores económicos enteros o con países, como es el caso de India y China.

La crisis del capitalismo no es desigual porque afecte sólo a la clase obrera, sino también porque a los capitalistas les afecta de manera desigual: unos están en bancarrota y otros obtienen más beneficios que nunca. Lo mismo ocurre con los países: unos se hunden y otros, como la India ahora, se encuentran en la cresta de una ola de prosperidad insospechada. “Esta crisis es nuestra gran oportunidad”, escribía un diario económico indio.

Las estadísticas son el gran enemigo de la ley del desarrollo desigual porque convierten lo diferente en uniforme, en promedios. En la medida en que una parte muy importante del conocimiento se fundamenta en estadísticas, especialmente en economía política, transmite una perspectiva errónea del capitalismo porque la información cuantitativa no va acompañada de la cualitativa.

Ocurre lo mismo que con el índice de inflación, que da la impresión equivocada de que todos los precios han subido y de que han subido en la misma medida. Sin embargo, cuando decimos que en un país la inflación ha alcanzado de un determinado porcentaje es porque muchos precios han bajado. El capitalismo se desarrolla siempre de una manera desproporcionada. Del mismo modo, que en los países más avanzados existen regiones, ciudades y barrios deprimidos, en los más pobres existen núcleos de opulencia, villas residenciales y lujo desenfrenado.

Una crisis mundial, como la actual, es tanto más profunda en cuanto que hay países, como la India, que no sólo no la padecen sino que viven un momento de auge. Lo realmente específico de las crisis capitalistas es su carácter desigual, no el descenso de la producción, ni de la bolsa, ni del empleo, ni de la inversión, ni del comercio exterior.

Es un error entender la “economía mundial” como si todos los países atravesaran una situación uniforme. La correlación de fuerzas entre los países, que es el eje sobre el que se mueve el imperialismo, no es siempre la misma sino que cambia y lo hace de manera muy rápida. De ahí las falacias socorridas y esquemáticas de la división internacional del trabajo, los países agrarios y los industriales, el centro y la periferia, la contradicción norte-sur, el desarrollo del subdesarrollo y otras parecidas.

Esas falacias conducen a convicciones erróneas, como que “el pez grande se come al chico” o que “los países ricos son cada vez más ricos, mientras que los pobres son cada vez más pobres”. En la época del imperialismo es corriente que el pez pequeño se coma al grande. Ocurre en cualquier sector económico, donde las empresas de cabecera tratan de mantener su privilegiada posición frente a las más pequeñas, empresas emergentes, más pequeñas, más rentables y más dinámicas. Por ejemplo, en la concentración del sector bancario español no acabaron imponiéndose los bancos más grandes, como el Central, el Español de Crédito o el Hispano-Americano, sino todo lo contrario: ellos fueron los absorbidos por otros de tamaño más pequeño.

Ese fenómeno no se produce, dice Lenin, a pesar del monopolismo sino como consecuencia precisamente del monopolismo: “Como todo monopolio, el monopolio capitalista engendra inevitablemente una tendencia al estancamiento y la descomposición” (1). Esa tendencia es más acusada entre empresas grandes, por la propia posición dominante que tienen en el mercado, mientras las pequeñas son más activas porque pugnan por ocupar el lugar de las anteriores.

Lo mismo ocurre en la esfera internacional. Todo el esfuerzo que despliega hoy una potencia hegemónica como Estados Unidos es para preservar su hegemonía y mantener a raya a sus competidores, reales o potenciales. No es, pues, suficiente comprobar que el estancamiento de unos es la vitalidad de otros. ¿Quiénes desempeñan un papel y quiénes el otro? La tendencia al parasitismo y la descomposición es típica de los países más fuertes. Por el contrario, los países emergentes muestran una vitalidad de la que carecen los hegemónicos.

Las teorías economicistas lineales, como las del subdesarrollo y el extractivismo, ocultan que el crecimiento (y su opuesto, la crisis) del capitalismo se produce por saltos, de manera que el tiempo necesario para que un país alcance el nivel de otro se reduce. Es más, el desarrollo de las fuerzas productivas hace que hoy sea mucho más fácil reducir e incluso eliminar, la brecha entre los países más fuertes y los más débiles por una razón elemental: cuando un país crece, aunque sea muy poco, mientras los demás se hunden, en términos relativos su crecimiento es acelerado. Las potencias imperialistas no rivalizan sólo por crecer a costa de las otras, sino por sacudirse la crisis arrojándola sobre los hombros de las rivales.

En la época del imperialismo las variables económicas, como el crecimiento, no se pueden analizar en términos absolutos, porque son relaciones de fuerza, de poder, de hegemonía o de competencia. Un país es más fuerte cuando sus enemigos se debilitan, cuando la crisis no le afecta o le afecta en menor medida.

Además, el imperialismo hay que analizarlo históricamente, decía Lenin, no sólo desde el punto de vista económico, y una dilatada experiencia muestra la exactitud de las previsiones que Lenin apuntó: el capitalismo se desarrolla mucho más rápidamente en los países emergentes que en las grandes potencias industrializadas (2). Pero siempre de manera desigual, es decir, que no todos los países dependientes se desarrollan en la misma medida (o no se desarrollan en absoluto).

Tampoco es cierto que los países dependientes sean cada vez más dependientes necesariamente. Los saltos hacen que la correlación de fuerzas entre los países cambie rápidamente, poniendo a la orden del día la redistribución de un mundo ya repartido, los mercados, las fuentes de materias primas, las zonas de inversión de capital, de los territorios, de los países dependientes e incluso de los países más fuertes. El imperialismo no dificulta sino que favorece que entre los países coloniales aparezcan nuevas potencias imperialistas y, por lo tanto, que la situación relativa de unos países con otros se invierta.

Estados Unidos fue una colonia de Reino Unido, mientras que ahora la relación entre ambos países es más bien la inversa. “El reparto de China no ha hecho más que empezar”, escribió Lenin hace 100 años. Ahora no podría decir nada parecido. Hasta hace apenas medio siglo India era una colonia de Reino Unido. Hoy nadie podría afirmarlo. Más bien al contrario: sectores estratégicos de la industria británica, como el siderúrgico, están bajo el control de los capitalistas indios.

La desigualdad del desarrollo (y de la crisis) del capitalismo, además de acentuar las contradicciones, como decía Lenin, cambia su naturaleza. Las contradicciones entre Reino Unido e India ya no derivan de la dependencia de un país colonial (India) respecto de una gran potencia (Reino Unido) sino que se trata de una contradicción entre dos grandes potencias. Los desafíos que hoy India es capaz de plantear a su antigua potencia colonizadora son mucho mayores y más importantes que antes, cuando sólo era una colonia.

De ahí que sea otro error muy extendido centrar el análisis (y la lucha) contra el imperialismo en los países dependientes. Los antiguos países coloniales tienen hoy un enorme protagonismo internacional… en la medida en que han dejado de ser lo que eran, es decir, colonias. Como consecuencia de ello, las contradicciones alcanzan un grado de enconamiento mucho mayor.

(1) El imperialismo fase superior del capitalismo, Obras Escogidas, tomo I, pg.763.
(2) “Donde el capitalismo crece con mayor rapidez es en las colonias” (Lenin, ídem, tomo I, pg.761).