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Casi dos millones de parados no percibe ninguna prestación

En España un total de 1,8 millones de parados no perciben ningún tipo de prestación por desempleo, según el boletín de julio de Asempleo. La tasa de cobertura se ha reducido hasta el 58,5 por ciento.

La mayor disminución se produjo en quienes percibían una prestación contributiva, los parados de larga duración y quienes reciben una prestación asistencial. Así, en el segundo trimestre de 2015, 2,7 millones de ocupados se encontraban en su puesto de trabajo desde hacía menos de un año, mientras que en 2013 eran unos 2,2 millones.

Los Presupuestos Generales del Estado para el año que viene planean un gasto en prestaciones por desempleo un 21,7 por ciento inferior al programado el ejercicio anterior. Este porcentaje disminuirá, según las previsiones de Asempleo, no tanto por el descenso en el número de desempleados como por el recorte en este área de gasto.

No obstante, el gasto en fomento del empleo crecerá casi un 10 por ciento interanual, así como el de la bonificación para la contratación de parados (+9 por ciento) y el de formación (+5,9 por ciento).

Las mayores tasas de paro y la mayor cobertura por desempleo se concentran en el Sur de España, como son los casos de Jaén, Córdoba o Cáceres, con tasas paro que rondan el 30 por ciento y una cobertura media del 70 por ciento.

El 80 por ciento recibe una prestación asistencial, una renta activa de reinserción o una prestación del programa de activación para el empleo. Por lo tanto, es muy probable que el nivel de renta percibido no sea suficiente para cubrir los gastos básicos, señala Asempleo.

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Para Alemania los refugiados son fuerza de trabajo suplementaria

Jens Weidmann
El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, ha calificado a los refugiados como una “oportunidad” para Alemania, ya que el país necesita mano de obra adicional para mantener su actual nivel de bienestar.

En una entrevista que acaba de publicar hoy el “Süddeutsche Zeitung”, Weidmann reconoce que hacer frente al flujo de refugiados “exigirá mucho de Alemania”, pero defendió que la inmigración “ofrece también oportunidades”.

“Y cuanto mejor logremos que aquellos que vienen para quedarse se integren en la sociedad y en el mercado de trabajo, mayores serán las oportunidades. En vista de los cambios demográficos, Alemania necesita mano de obra adicional para poder mantener su nivel de bienestar”, afirma.

Preguntado si la favorable situación económica de Alemania ha alentado la llegada de refugiados, Weidmann afirma que, aunque la situación del país dentro de la zona euro es buena, “no es algo que se dé de forma natural ni tampoco una razón para quedarse cruzado de brazos”.

En su opinión, el auge económico actual llegará a su fin en algún momento y a largo plazo Alemania se enfrenta de por sí a notables retos, como el envejecimiento de la población, la creciente competencia de países emergentes o la transición energética.

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Más de la mitad de los becarios trabajan gratis

Según una encuesta realizada por el portal de empleo en línea Infojobs, el 52 por ciento de los becarios mayores de 30 años trabaja gratis para los capitalistas.

El 6,3 por ciento de los mayores de 30 años accedió a un puesto de trabajo como becario. Durante el pasado año, 221.716 candidatos se registraron en el portal de empleo con perfil de becario, de los cuales 36.000 son mayores de 30 años, poseen algún titulo universitario y más de seis años de experiencia.

los motivos principales que llevan a un candidato de más de 30 años a optar a un puesto de trabajo como becario son mantenerse activo en el mercado laboral, cobrando un salario (62 por ciento) o incluso renunciando a él (38 por ciento), obtener algo de experiencia incorporándose al mercado laboral o empezar en un nuevo sector diferente al suyo a través de un contrato de becario.

Seis de cada diez candidatos mayores de 30 años desempleados se plantea empezar algún tipo de curso para poder optar a un puesto de becario. El informe también pone de manifiesto que un tercio de las empresas declara contratar becarios, un 10 por ciento de ellas emplea con becarios de más de 30 años.

Sin embargo, la utilización de becarios es más común en las empresas de más de 50 trabajadores, aunque éstas optan por becarios más jóvenes, mientras que las empresas pequeñas utilizan menos este recurso, pero cuando lo hacen prefieren mayores de 30 años.

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Las multinacionales del fútbol son las únicas que no padecen la crisis

Al negocio del fútbol no le afecta la crisis del capitalismo. Según un estudio presentado por Matt Andrews, profesor de la Harvard Kennedy School, el mercado mundial genera ya más ingresos que las grandes ligas profesionales americanas (NFL, NBA, MLB, NHL) en conjunto, y supone el 40 por ciento de las ganancias derivadas del deporte profesional mundial, estimadas en 72.000 millones de euros.

El mercado del balompié mueve cerca de 30.000 millones de euros anuales en todo el mundo, una cifra similar a la recaudación de los grandes estudios de Hollywood, según datos aportados en el FITS Forum celebrado en Ginebra.

Con una demanda procedente de más de 1.500 millones de consumidores (“aficionados”) en todo el mundo, el fútbol se abre camino en países que hasta la fecha eran vírgenes. Traspasadas las fronteras de Europa y Latinoamérica, sus núcleos tradicionales, y con África rendida; el Extremo Oriente y los países árabes son los últimos territorios entregados a un negocio que sigue desarrollándose con una fuerza inusitada.

Ahora afronta el asalto de la última frontera: el mercado estadounidense. Un filón por explotar al que el ICSS otorga el mayor potencial de crecimiento en los próximos años.

Las marcas comerciales se han subido a la ola y ya son una de las principales fuentes de ingresos de los clubes centenarios. Los equipos de fútbol hace años que superan en valoración a las principales franquicias norteamericanas. El Real Madrid es el equipo más valioso del planeta para la revista Forbes, que le otorga un valor de mercado de casi 3.000 millones de euros, por delante de los Dallas Cowboys de la NFL (2.922 millones) y de los New York Yankees de béisbol (2922 millones). Barcelona, con un valor de 2.900 millones, y Manchester United (2.800 millones), ocupan la cuarta y quinta posición respectivamente, y preceden a Los Angeles Lakers (2275 millones), primer conjunto de la NBA.

La llegada de figuras mundiales en el tramo final de sus carreras a la Major League Soccer, la principal competición de Estados Unidos, como Iraola, Villa, Lampard, Gerrard o Pirlo, ha reactivado la mercancía y aumentado la recaudación. Los operadores pagaron cerca de 663 millones de euros el pasado año por los derechos televisivos, cinco veces más que el contrato anterior, y la audiencia han crecido un 93 por ciento.

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Un país por encima de cualquier sospecha

Con una extensión de 42.295 kilómetros cuadrados, poco más que Extremadura, Suiza es el segundo país más rico del mundo. Su capital es el dinero, pero un dinero ajeno. ¿Cómo es posible que alguien sea rico con un dinero que no es suyo sino de otro? El truco se llama “banco” y Suiza tiene muchos.

En Ginebra las calles están llenas de bancos, como en España están llenas de bares. Los bancos son edificios señoriales de cuatro o cinco alturas, pero lo importante no es lo que se ve: bajo el subsuelo, los bancos suizos tiene diez o doce pisos de sótanos. Lo importante de Suiza y de los bancos suizos es lo que no se ve.

Los bancos suizos no son como los demás. Por ejemplo, en las cuentas no pone el nombre del cliente sino un número. Es para que nadie sepa quién es el dueño del dinero. Los millonarios se avergüenzan de la fortuna que han amasado y de la miseria de los demás.

Cuando se averigua el titular de la cuenta, lo más probable es que se trate de una sociedad anónima, radicada en Suiza, o de un testaferro. El verdadero dueño es otro. A medida en que alguien se adentra en ese mundo, el laberinto se hace impenetrable y se llena de abogados, gestores y contables. Si los ves por la calle parecen gente respetable, educada, bien vestida. Pero son amorales; carecen cualquier clase de escrúpulos. Son ladrones de guante blanco, el primer escalón del crimen mejor organizado, que es el crimen con IVA.

Desde hace muchos años Suiza es la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones. Pero Suiza no roba. Suiza es el lugar donde los chorizos se reparten el botín y borran las huellas de sus delitos.

No es nada nuevo. El III Reich también ingresó en Suiza los miles de millones que expolió en sus dominios. Además, no dejó entrar a los judíos que huían de los nazis, e incluso los entregó a la Gestapo para que los enviara a los campos de exterminio.

Pero nadie ha acusado nunca a Suiza de participar en la Segunda Guerra Mundial, de tomar partido por unos u otros. Suiza es un país neutral, aunque tiene tropas en el extranjero: los guardaespaldas del Papa son suizos. Miren la bandera de Suiza: es la verdadera bandera de la cristiandad, no la del Vaticano. Por eso la Cruz Roja, el prototipo de las ONG de toda la vida, es típicamente suiza.

Suiza no es un país controvertido, como Corea del norte. No es fascista ni antifascista. No está en la OTAN ni está contra la OTAN. No está en la Unión Europea pero está muy cerca de ella. Es un país incoloro, inodoro e insípido. En un mundo agitado, Suiza es aburrido. No genera noticias, siempre pasa desapercibido, como sus abogados y contables anodinos, oscuros y puntuales como un reloj suizo. Si no fuera por sus cuentas numeradas, no sabríamos que en el centro de Europa existe un país montañoso que se llama Suiza.

Es un país ideal porque nos transmite una gran sensación de seguridad. Allá no sólo está seguro nuestro dinero (si lo tuviéramos); también nosotros podemos vivir seguros porque nunca pasa nada. Nadie nos va a atracar en plena calle. ¿Verdad que sí?

Pues no. En Suiza hay muchos robos, muchos más de los que la gente se cree. Por ejemplo, se roban gran cantidad de obras de arte por valor de miles de millones de euros. Periódicamente desaparecen grandes cuadros de los museos, instituciones y centros culturales y pasan al mercado negro. Por lo tanto, Suiza no sólo lava más blanco sino que también tiene el mecanismo inverso.

La explicación es la siguiente: la gente que tiene mucho dinero, pero mucho, lo atesora en obras de arte que deposita en las cajas fuerte de los bancos. Las obras de arte juegan el mismo papel que el oro y, además, están aseguradas. Aunque se roben es como si no se robaran…

Todas estas cosas ocurren en el corazón de la Europa limpia y “democrática”. Pero como nadie habla de ellas es como si no existieran. En Europa tampoco existen países como Andorra, Mónaco, San Marino, Liechtenstein o Luxemburgo.

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Suiza refina el trabajo infantil en régimen de esclavitud

No hay organización internacional humanitaria de postín que no tenga la sede o, al menos, una oficina en Suiza, por más que su campo de acción se extienda a los más recónditos países del Tercer Mundo, de esos que no sabemos ni pronunciar el nombre.

Por ejemplo, Berna es una ciudad suiza donde el 10 de marzo de 1968 se creó la “Declaración de Berna”, una organización que, entre otros objetivos, lucha contra la esclavitud y el trabajo infantil en el Tercer Mundo.

Algo así nos proporciona la agradable impresión de que para ver la esclavitud, lo mismo que para ver un safari, hay que viajar muy lejos. Nos reconforta porque no podríamos vivir con ello. Sin embargo, la esclavitud está muy cerca, a nuestro lado, en la oficina de enfrente. Sobre todo si tenemos nuestra oficina en Suiza, como les ocurre a las ONG.

Pero Suiza es un país que aparece mencionado muy pocas veces en las lamentaciones de las ONG, a pesar de que cada año importa varios miles de toneladas de oro procedentes de un país africano que lleva el nombre de Togo. Pero Togo no produce ni un gramo de oro. ¿De dónde llega ese oro a Suiza?

Según la “Declaración de Berna” procede de minas artesanales de Burkina Faso, otro país africano cercano a Togo, en las que los trabajadores que extraen el metal son niños que cada día se juegan la vida.

Suiza es una gran lavadora. Sus bancos lavan la mierda que se produce en el mundo entero. El dinero “negro” procedente del tráfico de armas, del tráfico de drogas, de la prostitución y de la evasión fiscal sale de Suiza completamente blanqueado, limpio y, por supuesto, anónimo. Nadie pregunta su origen. En realidad nadie pregunta nada.

El oro no es una excepción. La materia prima procedente de la esclavitud infantil se “refina” en Valcambi, una empresa suiza que tiene su sede en la frontera con Italia. Tampoco hay preguntas sobre el origen. La policía suiza no quiere saber nada de un oro que parece brotar de la nada, de un país que no tiene minas.

Mientras, en las minas de Burkina Faso los niños trabajan en jornadas agotadoras desde los 12 años de edad. Suponen entre un 30 y un 50 por ciento de la fuerza de trabajo. Descienden al fondo de la mina, a 170 metros de profundidad, atados con una simple cuerda de cáñamo, para esforzarse en unas galerías que carecen de ventilación.

De las minas de Burkina Faso, la materia prima viaja a Togo a través de las redes de contrabando, es decir, que en Burkina Faso no queda ni un miserable céntimo del oro que hay en su subsuelo.

En Lomé, la capital de Togo, una familia libanesa compra el material bruto para exportarlo hacia Génova, en Italia, donde lo compra Valcambi, la empresa suiza que se encarga de su refinado.

Las violaciones de los derechos humanos son mucho peores en Suiza que en Siria o en Libia. ¿No creen que la “comunidad internacional” y, sobre todo, las ONG, deberían intervenir en Suiza para bombardear los bancos y las fábricas helvéticas que blanquean y refinan la esclavitud infantil?

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La concentración bancaria como remedio ante al desplome financiero en Europa

Un reciente estudio sobre 130 bancos, directamente supervisado por el Banco Central Europeo, ha revelado que los bancos del sur de Europa, que suponen la mitad de los activos del sistema financiero de la eurozona, siguen teniendo dificultades. Los identificados como vulnerables padecen caídas en sus cotizaciones bursátiles, así como problemas por la morosidad de las empresas europeas.

En cambio esos problemas no se dan en los bancos grandes, aquellos con activos de más de 500.000 millones de euros. Estos bancos han sido capaces de recortar el riesgo de morosos y aumentar sus provisiones. Pero aún así, el sistema bancario europeo sigue en crisis.

Los bancos pequeños tienden una clientela concentrada geográficamente. Si la economía sufre, también lo harán los bancos, lo que hace que el futuro de la economía local vuelva a entrar en crisis. Es un círculo vicioso que además seguiría elevando los préstamos sin garantías de devolución. Esta debilidad -dicen- es la causante de que en Europa no fluya el crédito como debe.

Para combatir la fragilidad del sistema bancario, la Unión Europea se ha centrado en dar una única respuesta: inyectar más capital en los bancos. Incluso después de los test de stress del BCE, siguen centrados en ver cuánto más capital necesita el sistema bancario.

Bruegel, un equipo de expertos al servicio del capital financiero, sostiene que la recapitalización bancaria no es suficiente: «La problemática real en Europa es que los bancos en dificultades tienen problemas de gobernanza desde hace tiempo. A menudo o son propiedad del Gobierno o tienen lazos con él. Han sido durante tiempo fuente de patrocinio y de dudosos préstamos», señala el estudio.

La alternativa que propone Bruegel es la de acabar directamente con aquellos bancos que tienen problemas, con los más pequeños, es decir, reforzar la concentración de capital financiero.

Bruegel asegura que en Estados Unidos cerraron cientos de bancos desde que comenzó la crisis. En la zona euro, después de mucho esfuerzo, se han cerrado 51 y la política ha sido salvarlos de la quiebra con dinero público. Par Bruegel es hora de cerrar los bancos más débiles, o de lo contrario, Europa arrastrará el problema y se ralentizará la recuperación económica, como le ocurrió a Japón.

Europa tiene demasiados bancos y los grandes se tienen que comer a los pequeños.

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China se prepara para una fuga masiva de capitales

En China la Administración Estatal de Divisas, la división del Banco Central responsable de la gestión de la divisa, ha ordenado en los últimos días a las entidades financieras que refuercen los controles sobre todas las transacciones en divisas extranjeras.

Pekín se esfuerza por frenar los efectos colaterales de la devaluación en cadena del yuan el mes pasado y la posible subida de los tipos de interés en Estados Unidos.

La SAFE ha ordenado a los bancos y a las entidades financieras que presten especial atención a la práctica de facturar más exportaciones de las que en realidad se producen, una corruptela empleada para ocultar grandes salidas de capitales.

Hace mucho tiempo que China impone límites a la cantidad de divisas extranjeras que pueden comprar o vender los especuladores, pero esos controles se han roto en cierta medida en los últimos años al aumentar el uso del yuan en todo el mundo.

El giro en la política se produce después de que el Banco Central chino gastara 200.000 millones de dólares para evitar que el yuan sufriese una fuerte caída frente al dólar tras la devaluación del mes pasado. Aunque siguen siendo las más grandes del mundo, sus reservas sufrieron el mayor descenso de la serie histórica en agosto, cayendo en 94.000 millones de dólares a unos 3,56 billones.

Por primera vez desde que empezase a internacionalizar su divisa hace unos años, el Banco Central también ha intervenido en el mercado del yuan extracontinental para reducir la brecha entre los tipos de cambio de éste y del yuan nacional.

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Toshiba, la multinacional del fraude

Toshiba, la multinacional nipona de la tecnología, es la protagonista del mayor escándalo de corrupción de los últimos años en Japón. En julio, una investigación descubrió que sus jefes habían inflado las cuentas de la empresa durante siete años en casi 2.000 millones de euros. Ahora, los resultados correspondientes a su último ejercicio fiscal han reportado importantes pérdidas mientras sus nuevos capos luchan  para recuperar parte del valor que el gigante ha perdido en los últimos meses.

Sin mucho éxito, Toshiba intenta recuperarse del fraude contable que ha acabado con un tercio del valor de sus acciones. Esta pérdida es consecuencia de los fraudes llevadas a cabo durante siete años por los antiguos capos de la multinacional que, año tras año, reportaron una contabilidad ficticia, que se extendió prácticamente por todas las áreas de negocios del conglomerado, desde los semiconductores al nuclear, ya que formaba parte de la «cultura empresarial» de Toshiba.

Este, que es uno de los mayores escándalos financieros de Japón, ha obligado a la multinacional tecnológica a revisar a la baja su beneficio operativo de las últimos 5 años en más de 1.106 millones de euros.

Ahora, y bajo el mandato de Masashi Muromachi, que asumió el cargo tras la dimisión del anterior capataz Hisao Tanaka, Toshiba ha reconocido haber inflado sus beneficios en los últimos siete años en casi 2.000 millones de dólares.

En el año fiscal que terminó en marzo, el grupo monopolista nipón, que también fabrica televisiones y portátiles, registró unas pérdidas netas de 285 millones de euros, tras haber tenido unos beneficios de 451 millones de euros el año anterior. Además, los beneficios operativos cayeron un 34 por ciento con respecto al año anterior hasta 1.270 millones de euros, mientras los ingresos aumentaron un 2,6 por ciento.

Antes de que estallara al escándalo, la multinacional había pronosticado unos beneficios, que ahora se conoce que no eran reales, de casi 900 millones de euros.

En un intento de equilibrar los libros de cuentas, el monopolio acaba de vender la multinacional finlandesa Kone. La venta de esta participación del 4,6 por ciento en Kone ha reportado unos ingresos de 845 millones de euros a Toshiba.

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En Gran Bretaña cada vez hay más trabajadores sin derechos laborales

El capitalismo vuelve por donde solía, a su lugar de origen. En Gran Bretaña el número de trabajadores que trabajan con contratos sin ninguna clase de garantías laborales (salario, horario) ha aumentado un 20 por ciento. Según la Oficina Nacional de Estadística hay 744.000 trabajadores más y suponen ya un 2,4 de la fuerza de trabajo: cerca del millón y medio de trabajadores.

Es posible que las cifras sean mucho mayores, del orden del 3 ó el 4 por ciento de la fuerza de trabajo. Un estudio publicado el 5 de agosto de 2013 por el Chartered Institute of Personnel and Development, una organización especializada en “recursos humanos”, consignaba que la cifra de contratos calificados como “hora cero” alcanzaba a un millón de trabajadores. Esta cifra era cuatro veces mayor que la calculada entonces por la Oficina Nacional de Estadística de manera oficial.

En Gran Bretaña a los contratos de trabajo sin garantías se les llama “de hora cero” porque obliga al trabajador a estar a disposición del empresario permanentemente. El obrero está pendiente del móvil y de una llamada. No hay jornada de trabajo, el trabajador no sabe si mañana trabajará, no conoce cuánto cobrará, ni cuándo acabará su jornada laboral. Es la flexibilidad absoluta.

El porcentaje de trabajadores sin derechos laborales es particularmente elevado en sectores como la hostelería, los servicios personales y la educación. Los economistas explican de esta manera la reducción del paro en un 5,6 por ciento, uno de los mayores porcentajes de Europa, así como por la transformación de los trabajadores por cuenta ajena en autónomos.

A este incremento brutal de la explotación y pérdida de derechos, Frances O’Grady, secretario general del Trade Union Congress, los sindicatos británicos, lo califica como un “mercado laboral de dos velocidades”, mientras la OCDE dice que en Gran Bretaña la fuerza de trabajo se ha “precarizado” como consecuencia de la flexibilidad laboral.

Es un lenguaje rebuscado que no disimula nada las evidencias. La pequeña burguesía intelectual habla del surgimiento de una clase social nueva, a la que llaman “precariado”. Tratan de dividir al movimiento obrero y aparentan que está surgiendo un fenómeno nuevo, que antes no conocíamos. Pero es tan viejo -al menos- como el propio capitalismo.

La ridícula verborrea pequeño burguesa oculta lo más importante: los derechos laborales no son inherentes al capitalismo sino una conquista del movimiento obrero después de años de luchas. Su liquidación supone un retroceso de dicho movimiento y se debe -principalmente- a la traición de los sindicatos y partidos reformistas.

Este fenómeno es irreversible: en el futuro quien quiera un salario mínimo, una jornada laboral, un descanso semanal o una jubilación tendrá que empezar a pensar en el socialismo y en la manera de llegar a él. El capitalismo no da más de sí.