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La pobreza mata más que cualquier enfermedad, pero ¿cuál es el remedio?

Eduard Korniyenko
La evidencia científica es robusta: la pobreza y la desigualdad social perjudican seriamente la salud. Sin embargo, las autoridades sanitarias no ponen el foco sobre estos factores sociales tanto como lo hacen sobre otros cuando tratan de mejorar la salud de los ciudadanos. Un macroestudio sobre 1,7 millones de personas, que publica la revista médica The Lancet, vuelve a la carga con este problema descuidado: la pobreza acorta la vida casi tanto como el sedentarismo y mucho más que la obesidad, la hipertensión y el consumo excesivo de alcohol. El estudio supone una crítica a las políticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por no querer incluir en su agenda este factor determinante de la salud tan importante o más que otros que sí forman parte de sus objetivos y recomendaciones.

“El bajo nivel socioeconómico es uno de los indicadores más fuertes de la morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo. Sin embargo, las estrategias de salud global no consideran las circunstancias socioeconómicas pobres como factores de riesgo modificables”, aseguran los autores del estudio que publica The Lancet, una treintena de especialistas de instituciones tan prestigiosas como la Universidad de Columbia, el King’s College de Londres, la Escuela de Salud Pública de Harvard y el Imperial College de Londres.

Su trabajo se centró en los datos de 1,7 millones de personas para analizar cómo influye el nivel socioeconómico en la salud y la mortalidad en comparación con otros factores más convencionales, como el tabaquismo o la obesidad. El resultado coincide con otros estudios previos: la pobreza es un agente que afecta a la salud de forma tan sólida y consistente como el tabaco, el alcohol, el sedentarismo, la hipertensión, la obesidad y la diabetes. Es más, la capacidad de acortar la vida es mayor que varios de estos factores. El bajo nivel socioeconómico reduce la esperanza de vida en más de 2 años (2,1) en adultos entre 40 y 85 años; el alto consumo de alcohol la reduce en medio año; la obesidad la acorta 0,7 años; la diabetes reduce la esperanza de vida en 3,9 años; la hipertensión en 1,6 años; el sedentarismo, 2,4 años; y el peor, reduciendo la media de vida 4,8 años, el consumo de tabaco.

La elección de estos factores no es casual: son los tomados por la OMS para combatir las enfermedades no contagiosas en su plan para reducir su incidencia en un 25% para el año 2025, el llamado objetivo 25×25. “Nuestros hallazgos sugieren que las estrategias y acciones globales definidas en el plan de salud de la OMS excluye un importante determinante de la salud de su agenda”, critican los investigadores, liderados por Silvia Stringhini, del Hospital Universitario de Lausana. Y añaden: “La adversidad socioeconómica debe ser incluida como un factor de riesgo modificable en las estrategias de salud local y global, las políticas y la vigilancia del riesgo para la salud”.

Del mismo modo que se puede promover el abandono del tabaco o el deporte entre la población, el artículo defiende que el factor socioeconómico también puede modificarse a todos los niveles, con intervenciones como la promoción del desarrollo durante la primera infancia, las políticas de reducción de la pobreza o la mejora del acceso a una educación. Por eso, las estrategias de prevención de las enfermedades crónicas se equivocan al no abordar “poderosas soluciones estructurales”.


“La fuerza de la evidencia del efecto del rango social sobre la mortalidad, como ejemplifica el estudio de Stringhini y sus colegas, es ahora imposible de ignorar”, asegura un comentario en The Lancet firmado por Martin Tobias, especialista del Ministerio de Sanidad de Nueva Zelanda. Y añade: “Basan su argumento no en ideología política sino en ciencia rigurosa”. Según este epidemiólogo, tener bajo nivel socioeconómico “significa ser incapaz de determinar el propio destino, privado de recursos materiales y con oportunidades limitadas, que determinan tanto el estilo de vida como las posibilidades vitales”.

El investigador español Manuel Franco, que no ha participado en el estudio, considera que “es importante que los autores muestren que el factor socioeconómico importa, e importa tanto como los que señala la OMS”. “La evidencia dice que la desigualdad mata. ¿Nos interesa la salud del país, tanto la de los pobres como importa, e importa tanto como los que señala la OMS”. “La evidencia dice que la desigualdad mata. ¿Nos interesa la salud del país, tanto la de los pobres como la de los ricos? No se ataca este factor porque no interesa”, asegura Franco, epidemiólogo de la Universidad de Alcalá de Henares, especialista en cómo afectan los factores sociales y ambientales en la salud.

Franco explica cómo en países ricos (el estudio se centra en datos de Reino Unido, Francia, Suiza, Portugal, Italia, Estados Unidos y Australia) hay diferencias “insoportables” de esperanza de vida dentro de una misma ciudad, como Barcelona, Madrid, Glasgow o Baltimore. “Y la brecha no deja de ampliarse: la esperanza de vida de los pobres no crece como la de los ricos”, denuncia. Y concluye: “Hacemos investigación para mejorar algo. Sabemos que hay factores estructurales que perjudican la salud, pero las autoridades no quieren atacarlos, prefieren hablar solo de los factores individuales: haz deporte, no fumes”.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2017/01/31/ciencia/1485861765_197759.html
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Australia quiere incorporar a China al tratado transpacífico de libre comercio

El Primer Ministro australiano Malcolm Turnbull quiere salvar el TPP, el tratado transpacífico de libre comercio firmado en 2015, incorporando a China, a pesar de que Estados Unidos impuso dicho tratado precisamente para marginar a aquel país.

Como anunció durante su campaña electoral, Trump ha renunciado a un tratado que también han firmado otros 12 países de Asia y América de la cuenca del Pacífico cuyo comercio internacional supone la mitad del total mundial y 800 millones de habitantes, el doble de la Unión Europea.

Estados Unidos quería aislar, pero puede quedar aislado. El gobierno australiano, un jardinero fiel del imperialismo, ha anunciado que iniciará conversaciones con otros países firmantes, como Japón, Nueva Zelanda o Singapur, para relanzar el área de libre comercio en el Pacífico.

“También es posible que la política americana vuelva a cambiar en adelante”, dijo el Primer Ministro, recordando que el nuevo secretario de Estado, Rex Tillerson, y el partido republicano, en general, siempre se han mostrado partidarios del mismo.

Hasta el momento los firmantes a los que Trump ha dejado plantados son Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva-Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Una posibilidad apuntada en Davos por Steven Ciobo, ministro australiano de Comercio, es la que seguir los 11 sin Estados Unidos. También se habla de incorporar a Indonesia…

Pero ahora la joya de la Corona es China, lo que pone en evidencia que su marginación, como no podía ser de otra manera, era una imposición de Estados Unidos. Sin Estados Unidos no hay imposiciones de ninguna clase, ni siquiera para China

Por su parte, el Primer Ministro neozelandés, Bill English, también es partidario del mantener el tratado y no esperar a que desde Washington “llame por teléfono para un nuevo acuerdo bilateral”.

China, el gran beneficiado de la retirada de Estados Unidos, ya negociaba un acuerdo paralelo con otros 16 países de la región, llamado Acuerdo de Asociación Económica Integral Regional. Pekín ya es el mayor socio comercial de muchos países de América Latina, que le provee de materias primas en una región que busca inversiones en infraestructuras.

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‘El dólar es nuestra moneda pero es vuestro problema’

Connally, secretario del Tesoro en 1971
Es un tópico repetido hasta la saciedad que la economía de Estados Unidos sobrevive gracias a una deuda gigantesca y a una financiación casi gratuita de la misma. Tampoco es nada novedoso mostrar las cifras de su crecimiento sin freno. Ahora habría que hablar ya de aceleración.

Estados Unidos es una economía parasitaria que vive gracias a una generosa ayuda exterior. Se mide en cifras billonarias. Si los tipos de interés de esa masa gigantesca de préstamos alcanzaran el promedio a largo plazo, el 5 por ciento, Estados Unidos debería pagar un billón de dólares cada año, sólo por los intereses.

Obama ha dejado la hacienda pública del país con un agujero de casi 20 billones de dólares. En ocho años ha crecido en 9,3 billones, una cifra que casi alcanza a la que acumulan todos los presidentes que le precedieron en el cargo desde los primeros tiempos de la independencia.

Mientras terceros países le presten dinero, el negocio podría continuar indefinidamente, pero algo está empezando a cambiar: en el último año los prestamistas se han desembarazado de más de 400.000 millones de papeles, lo que también es un registro histórico. Además, el rendimiento de los bonos del tesoro ha empezado a subir. Finalmente, si esta tendencia persiste, Trump no podrá implementar la nueva política económica que ha anunciado.

La política económica de Obama ha sido uno de los mayores desastres de las últimas décadas. Es el único presidente de Estados Unidos que no ha logrado incrementar ningún año el PIB por encima del 3 por ciento anual. Desde que Obama llegó a la Casa Blanca el número de personas que viven del reparto de ayuda pública alimentaria ha aumentado en 15 millones. Pero también es cierto que, de no ser por el endeudamiento, Estados Unidos padecería una espantosa depresión, mucho peor que la de 1929.

En estos casos conviene recordar siempre las palabras que en 1971 pronunció el antiguo Secretario del Tesoro estadounidense, John Connaly, cuando el sistema monetario internacional que Estados Unidos impuso al mundo en la posguerra se hundió: “El dólar es nuestra moneda pero es vuestro problema”.

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China se apodera de uno de las mayores yacimientos de cobre del mundo

Ayer la empresa estadounidense Freeport-McMoRan vendió su parte en la explotación de la gigantesca mina de cobre Tenke-Fungurume, en la provincia congoleña de Katanga, a la empresa China Molybdenum por 2.560 millones de dólares, aunque este precio podría subir en 120 millones en función de la evolución de la cotización del cobre en los próximos años.

Freeport-McMoRan, una empresa radicada en Fénix, Arizona, es la segunda productora mundial de cobre. En 2015 extrajo de la mina congoleña, la mayor de África de cobre, casi 250 millones de kilos de cobre y 17 millones de cobalto.

Para perfilar el negocio sólo falta el acuerdo del gobierno de Kinshasa, que se da por hecho, ya que la gestión del patrimonio minero de Katanga está en manos de una empresa privada, Gecamines, que conoce muy bien las interioridades de esta transacción.

Inicialmente Gecamines se opuso a la venta y recurrió a la Cámara de Comercio Internacional de París. También se opuso a un intento de venta a la filial de la empresa china BHR Partners de la parte que la sueca Lundin Mining tiene en FT Holdings. Finalmente, manifestó su deseo de comprar para sí los derechos de explotación de Freeport-McMoRan, pero los chinos han acabado quedándose con todo.

La empresa China Molybdenum se cotiza en la bolsa de Hong Kong y es uno de los mayores productores mundiales de molibdeno, una materia prima que forma parte de la fabricación de acero. En 2013 compró la mina australiana de
Northparkes, que produce cerca de 40 millones de toneladas de cobre
anuales. Aunque su sede está Hong Kong, tiene su residencia
internacional en… Fenix, Arizona, al lado del vendedor.

La mina de Tenke Fungurume es muy antigua y siempre estuvo en manos ajenas por completo al Congo. Hacia mediados de los setenta la explotación se paralizó durante dos décadas, hasta que de nuevo la pusieron en marcha Freeport-McMoRan, con un 58 por ciento, Lundin Holdings, una empresa sueca que tenía un 25 por ciento, quedando el resto en poder de Gecamines.

Esta marejada de millones de dólares sobrevuela el Congo, dejando a su población en la miseria y sin sus riquezas naturales. No obstante, la empresa Freeport-McMoRan es uno de los contribuyentes más importante al presupuesto público congoleño.

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El final del ‘dinero en efectivo’ es un proyecto de control de la población del mundo entero

El 8 de noviembre el Primer Ministro de India, Narendra Modi, anunció la retirada acelerada de los dos billetes bancarios de más valor, que supone el 80 por ciento del efectivo. En un país donde el “dinero” en efectivo supone el 97 por ciento de las transacciones, fue una sacudida porque más de la mitad de la población no tiene cuenta corriente y otra parte no puede acudir hasta una sucursal bancaria que está muy lejos de su domicilio.

El gobierno indio dio hasta final de año para depositar los dos billetes en una cuenta bancaria de cualquier sucursal y cuando la gente acudió a ellas para hacerlo, se encontró con largas colas. De la noche a la mañana muchos se quedaron con papeles bancarios en la mano que ya no tenían ningún valor. Eran los mismos de siempre: los más pobres de la sociedad, un saqueo de parecidas dimensiones al que se produjo en Europa con la Primera Guerra Mundial, cuando se introdujo el “dinero de curso forzoso”.

Para ocultar esta reforma monetaria, durante varios días los medios de comunicación de todo el mundo estuvieron desinformando sobre otra reforma monetaria de muy distinta factura en Venezuela. Una cosa tapó la otra.

Pero no sólo India quiere acabar con el “dinero” contante y sonante sino que países del norte de Europa, como Dinamarca, tienen planes muy avanzados y en numerosos mercados ya sólo se admite el “dinero” electrónico. La diferencia es que en India había un plan previo de Estados Unidos que ha utilizado al país asiático como lo viene haciendo desde 1945: como un conejillo de Indias para realizar experimentos de todo tipo.

Obama declaró que en el cerco tendido a China, la asociación de Estados Unidos con India tenía una naturaleza estratégica. Dentro de esa línea, la USAID negoció con el ministro indio de Finanzas la retirada del “dinero” efectivo. En enero del pasado año ambos presentaron un informe conjunto contra el dinero en efectivo, titulado “Beyond cash”, y el 14 de octubre presentaron el plan Catalyst (Inclusive Cashless Payment Partnership) o asociación para un pago en efectivo inclusivo (1).

La USAID se ha comprometido a financiar el proyecto Catalyst durante tres años, aunque los presupuestos se desconocen.

Uno de los directores de Catalyst es Badal Malick, que antes fue vicepresidente del servidor de ventas en línea indio Snapdeal. Otro es Alok Gupta, jefe de explotación del World Resources Institute (Instituto de Recursos Mundiales) en Washington. El objetivo de la retirada del “dinero” efectivo, el control masivo de la economía, las empresas y las personas, se pone en evidencia teniendo en cuenta que el Instituto de Recursos Mundiales participa en el desarrollo de Aadhaar, un método de identificación biométrica propio de la policía.

La expansión de Catalyst por todo el mundo se justificará, pues, a la manera policial y fiscal que se introdujo el año pasado con la comedia de los Papeles de Panamá: lucha contra el blanqueo de dinero, los paraísos fiscales, las mafias, el crimen organizado, el dinero negro… Sin embargo, los destinatarios del control son los sectores más humildes de la sociedad. Por eso el experimento se está ensayando en India, es decir, allá donde el “dinero” en efectivo se utiliza más ampliamente. Se trata de acabar con las costumbres mercantiles de las masas en todo el mundo para controlarlas mucho mejor, de una manera mucho más precisa y exacta.

Así lo ha reconocido Jonathan Addleton, delegado de USAID en India: “India es la vanguardia de los esfuerzos mundiales para digitalizar las economías y crear nuevas oportunidades económicas que se extiendan a poblaciones difíciles de alcanzar. Catalyst sostendrá esos esfuerzos concentrándose en el desafío de realizar las compras cotidianas de manera no líquida”.

Los imperialistas han llevado a su tropa al movimiento contra el “dinero” en efectivo. Se trata de los monopolios de las tarjetas de crédito, como Visa o Mastercard, grupos informáticos como Microsoft, a través de la Fundación Gates, o eBay, hasta más de 30 empresas y organizaciones variadas asociadas con la USAID desde 2012 en “Better Than Cash” (Mejor que el Efectivo).

Para vergüenza de la ONU, esta operación a tan vasta escala tiene su sede en su Fondo para el Desarrollo de Nueva York y en ella no podía faltar la escoria de siempre, organismos tan emblemáticos del imperialismo como la Fundación Ford, porque el ansiado final del “dinero” en efectivo deja todas las transacciones que se llevan a cabo en el mundo en manos de monopolios estadounidenses: tarjetas de crédito, informáticas, móviles…

No sólo es un negocio sino un instrumento masivo de control y de vigilancia sobre lo que el mundo gana, sobre lo que gasta, sobre el lugar donde vive, donde trabaja, sus gustos, sus aficiones, sus viajes, sus relaciones, sus amistades, sus familiares…

Pero el control sobre las personas es de escaso relive en comparación con el control sobre todas las empresas del mundo. Recientemente el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung contaba (2) el incidente ocurrido con la empresa Geran de gestión de cobros, que fue incluida dentro de la lista de terroristas de Estados Unidos porque algunas de sus facturas, plenamente legales, se referían a Irán. Por distintas vías Estados Unidos controla absolutamente cada pequeño movimiento económico que se produce en el mundo. Para lograrlo ya tiene el dólar introducido en todos los mercados. Ahora quiere un control aún más estricto.

(1) https://www.usaid.gov/india/press-releases/oct-14-2016-usaid-launches-catalyst-drive-cashless-payments-india
(2) http://www.faz.net/aktuell/politik/deutscher-auf-usa-terrorliste-wegen-exporten-nach-iran-14552747.html

Más información:
– El final del ‘dinero’ en efectivo es un atraco a gran escala

– El hundimiento del dinero fiduciario occidental podría haber comenzado

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La Unión Europea levantará un muro en la frontera rusa de Kaliningrado

Las fronteras se convierten en muros militares e ideológicos, como el Telón de Acero, el de Gaza o el de Melilla, por algún motivo especial. Pero cuando ni siquiera se reconoce a quien lo levanta, mucho menos se podrán conocer los motivos de ello.

En tiempos de la Guerra Fría la propaganda repetía, una y otra vez, que la República Democrática Alemana había alzado el Muro de Berlín porque como no había libertad (en el este), no dejaban a las personas viajar, salir de su país, y la gente huye hacia donde hay libertad, como es bien sabido por todos.

El motivo invocado era, pues, la libertad. Pero ahora, como se están levantando cada vez más muros por todas partes, a pesar de que ya no existe la URSS, ni el Pacto de Varsovia, ni nada parecido, aquel argumento no vale. Hay que inventar otro.

El último plan es el de Lituania, que echa de menos su propio muro y quiere ponerlo alrededor de los 130 kilómetros de frontera de Kaliningrado, que pertenece a Rusia y permanece enclavado, pues, dentro de la Unión Europea, con frontera al Báltico, a Lituania y a Polonia.

Es posible que en el futuro también alguien le de la vuelta a este muro, afirmando que es Rusia quien lo levanta, por lo que hay que poner en claro las cosas desde este mismo momento. Lo dijo ayer el Ministro lituano de Interior, Eimutis Misiunas: “Las razones son a la vez económicas, impedir el contrabando, y geopolíticas, reforzar la frontera exterior de la Unión Europea”.

No se trata del muro de Trump sino de la Unión Europea, por lo que pasará mucho más desapercibido que el otro. Lo más seguro es que nadie diga nada, y si alguien dice algo, es posible que no sea en tono de protesta o, finalmente, que alguien se queje, pero sólo del coste de la obra que pagará Bruselas: 25 millones de euros.

La excusa geopolítica del ministro lituano es banal. Se cree que puede parar los misiles nucleares con un muro de ladrillos de dos mestros de altura, al estilo de línea Maginot de hace 100 años.

El ministro también se ha excusado con el contrabando de tabaco, algo sencillamente inverosímil. Del contrabando de tabaco viven muchos vecinos rusos, pero del contrabando de ámbar viven los lituanos, y de eso el ministro no dice nada.

Además de un fortín naval, Kaliningrado, la vieja Könisberg kantiana, tiene las mayores reservas mundiales de ámbar, una riqueza que saquean sus vecinos bálticos y Polonia, por donde la piedra preciosa sale al mercado negro de la joyería.

Muy cerca de los submarinos nucleares se pueden ver las minas de ámbar de Kaliningrado que se explotan clandestinamente al más viejo estilo minero.

En 2012 el Tribunal ruso de Cuentas publicó un informe según el cual el año anterior Rusia había obtenido un rédito de 20 millones de dólares gracias al comercio legal de ámbar, mientras Polonia había obtenido 600 millones, 30 veces más, sin poner nada a cambio. Un verdadero saqueo. El puerto polaco de Gdansk está considerado como la capital mundial del ámbar ruso.

El negocio es tan redondo que nadie quiere el ámbar legal, el que explota Rusia, que es sólo el 16 por ciento del mercado del ámbar; el resto es ilegal y beneficia a los países bálticos y Polonia. No hay nada como el contrabando y la corrupción ligada al mercado negro.

Por ejemplo, Rusia explota la mina de Yantarny, que está dirigida directamente desde Moscú por el Ministerio ruso de Finanzas, pero está a punto de cerrar o de venderse a capital extranjero porque no puede competir.

En Kaliningrado el muro demostrará que los mercados capitalistas son tan libres que en ellos también caben los mercados negros, y cuando más negros mejor; más beneficios reportan. ¿O creen que la Unión Europea levantará el muro para que los vecinos no roben el ámbar a Rusia?

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Estados Unidos va perdiendo la guerra comercial con China

John Weeks
La llamada telefónica de Donald Trump al presidente de Taiwán, poco después de haber ganado la votación que le permitirá convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos causó gran revuelo diplomático. Algunos lo atribuyeron a la ignorancia de Trump del protocolo diplomático, que ignora oficialmente la existencia de un gobierno taiwanés independiente. Otros especularon que la llamada marcó un cambio radical en la política del gobierno de Estados Unidos en Asia.

[…] La tensión entre Estados Unidos y el gobierno Chino se ha intensificado cuando el poder económico de China ha crecido. El reciente nombramiento de Trump de Pedro Navarro, un crítico de China, como su asesor de política industrial demuestra que la llamada a Taiwán fue la garra de un principiante.

[…] El significado del mensaje se encuentra en el libre comercio. El conflicto, en ciernes, entre Estados Unidos y China está demostrando que tras cuatro décadas de reducción de las regulaciones del comercio internacional su resultado es todo lo contrario de lo esperado: la liberalización del comercio esta conduciendo a guerras comerciales.

Los defensores del libre comercio mundial sostienen que el movimiento “libre” de los productos genera beneficios para todos los países, promociona la paz, la armonía y la cooperación. Este argumento lleva siendo promocionado desde hace mucho tiempo. El político británico Norman Angell sostuvo, en su libro “La gran ilusión” escrito a principios del siglo XX, que el comercio entre países fomentaba la Paz. Sólo cuatro años después de su publicación, se inició la Primera Guerra Mundial la guerra más sangrienta de la historia humana, librada entre países estrechamente integrados a través del comercio.

La historia obsecuente del libre comercio fue engañosa en el siglo 20 y es engañosa en el siglo 21. Es una absurda falacia. Todos los países no se benefician del libre comercio. Por el contrario, entre los países, y dentro de cada país, hay ganadores y perdedores, sencillamente porque la competencia de mercado es una fuerza maligna.

La inmensa mayoría del comercio internacional tiene lugar entre gigantes corporativos. Debido a su tamaño y su influencia política, la economía y la política van de la mano en esta lucha competitiva. Lejos de ser un proceso benigno, que trae productos baratos al consumidor, la competencia global genera tensiones entre las grandes corporaciones que se alistan con sus aliados políticos en la lucha por el acceso a los mercados.

Un país no puede mantener estabilidad económica y déficits comerciales continuos. El exceso de importaciones sobre las exportaciones implica un aumento de la deuda externa del sector público o privado, o de ambos. Los gobiernos pueden servir la deuda en su propia moneda con préstamos de su banco central (de hecho son préstamos a sí mismo). Pero este tipo de autofinanciación no es posible para la deuda en moneda extranjera.

A medida que aumentan las deudas externas, el costo de mantenimiento de ellas se eleva. Debido a que el deudor debe pagar al acreedor en moneda internacional, la acumulación de la deuda externa, en algún momento, requiere necesariamente que las exportaciones aumenten para equilibrar el déficit comercial.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos han disfrutado de una ventaja única debido a que el dólar ha funcionado como la moneda más aceptada para el intercambio internacional. Los gobiernos de otros países tienen dólares “en reserva” para cancelar sus obligaciones internacionales pendientes. Además, el dólar estadounidense es utilizado por empresas y gobiernos como depósito seguro para fondos ociosos.

La tenencia de dólares, en el comercio internacional, ha permitido al gobierno de Estados Unidos acumular una deuda externa mucho más grande que cualquier otro gobierno del planeta. Pero incluso para Estados Unidos, la acumulación de la deuda tiene un límite.

El comercio con China está poniendo en jaque ese límite. Desde que China abrió su economía, en la década de 1980, las exportaciones chinas a Estados Unidos han pasado de un modesto 14.000 millones de dólares en 1989 a casi 500.000 millones en 2015. Las exportaciones estadounidenses a China, por su parte, han crecido considerablemente menos, alcanzando un pico de 164.000 millones de dólares en 2014.

Como resultado, el déficit comercial de Estados Unidos con China ha aumentado a un promedio anual de más de 300 billones de dólares durante 2011-2015. Durante la última década, el saldo negativo con China representó más de la mitad del déficit comercial de Estados Unidos (si excluimos el comercio de petróleo).

Con un superávit tan grande, no es ninguna sorpresa que China posea el 15 por ciento de la deuda pública estadounidense.

Desde la década de 2000, la proporción entre el déficit comercial de Estados Unidos con el PIB ha superado la tasa de crecimiento de la economía. La deuda externa crece más rápido que la economía en su conjunto. Los bajos rendimientos de los bonos públicos –cerca de 0 por ciento– han mantenido el costo del servicio de la deuda externa todavía manejable.

Sin embargo, el jefe de la Reserva Federal de Estados Unidos, Janet Yellen, ha advertido de subidas de tipos para el 2017. Los tipos de los bonos deben volver a niveles en el rango de 2-4 por ciento y si el déficit comercial persiste al nivel de los últimos cinco años (3-4 por ciento del PIB), la combinación colocaría en peligro la estabilidad del dólar y de toda la economía de Estados Unidos.

Los desequilibrios comerciales generan guerras comerciales, que son iniciadas por los gobiernos cuando estos desequilibrios amenazan la estabilidad económica y política interna. El déficit comercial de Estados Unidos es el resultado de la combinación de muchos factores. Y el más importante es la legislación interna que ha facilitado la deslocalización de la producción en el extranjero.

La no sostenibilidad del déficit comercial de Estados Unidos permiten comprender la política exterior del presidente electo Trump. En primer lugar, un éxito considerable en la reducción del déficit comercial de Estados Unidos requiere reducir el desequilibrio con China. En el corto y medio plazo esto implica restricciones a las importaciones, con el conflicto político implícito. La llamada telefónica al presidente de Taiwán es una señal a China de la intención de intensificar el conflicto.

En segundo lugar, después de haber insultado a una gran potencia, Trump necesita un aliado de contrapeso. Rusia es el candidato obvio. La persona designada para la secretaria de Estado es un admirador confeso del presidente de Rusia, al igual que el propio Trump.

La combinación de un conflicto con China y la amistad con Rusia puede sentar las bases de un retorno a un orden mundial en que Estados Unidos espera establecer un control exclusivo sobre áreas específicas o “esferas de influencia”. Ocurra o no, hoy esta claro que el sueño neoliberal de un mundo armonioso de intercambios y de comercio libre fue una fantasía pasajera, inconsistente con la realidad de la competencia económica y política mundial.

Fuente: http://socialismo21.net/porque-la-politica-exterior-de-trump-anuncia-una-guerra-comercial-con-china/
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En Estados Unidos cada vez más trabajadores ya ni buscan trabajo

A finales del año pasado la prensa de todo el mundo volvió a lanzar las campanas al vuelo cuando las cifras de paro en Estados Unidos se pusieron en índices por debajo del cinco por ciento.

Pero la sociología burguesa es engañosa también en este punto: disminuye el porcentaje de trabajadores en paro que buscan trabajo, pero es que cada vez menos obreros buscan ya trabajo. Están fuera del mercado del trabajo. En Estados Unidos 7,5 millones de trabajadores han tirado la toalla en los últimos seis años.

El truco es parecido al de las elecciones y la abstención. Normalmente las cifras oficiales calculan el porcentaje de los que quieren trabajar respecto a los que trabajan, pero nadie habla de los que quieren trabajar y los que no.

Las cifras de reducción del paro coexisten, pues, con altas cifras de trabajadores que ni siquiera están apuntados al paro y una de las explicaciones del fenómeno son las pésimas condiciones de trabajo, la prolongación de la jornada de trabajo y los salarios de miseria que sólo son aceptados por emigrantes y población procedente de regiones deprimidas del mundo.

En sus cuentas los sociólogos suman los que trabajan con los que quieren trabajar y no tienen empleo, pero si lo hacemos al revés, si sumamos los que quieren trabajar con los que han arrojado la toalla, obtenemos cifras fabulosas, por encima de los 100 millones de personas que se desglosan de la siguiente forma: 95 no buscan trabajo y 7,5 lo buscan y no lo tienen.

Para quienes sostenemos que las sociedades se basan en el trabajo, no deja de ser otra forma de derroche de la capacidad creativa de un país. Lenin calificó esta situación como “capitalismo parasitario”, que es uno de los rasgos característicos en la etapa actual imperialista.

Estados Unidos es un país que se convirtió en una potencia mundial gracias al crecimiento del volumen de la fuerza de trabajo, que procedió de la emigración. Sin ese crecimiento está abocado al hundimiento.

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McDonald arroja la toalla en China porque no es capaz de competir ventajosamente

El rey de la comida basura, McDonald, acaba de anunciar que vende el 80 por ciento de sus operaciones en China a la empresa local Citic y al fondo de inversiones Carlyle por más de 2.000 millones de dólares.

La transacción dará lugar a la creación de una empresa de gestión encargada de administrar la franquicia, tanto en China como en Hong Kong, durante 20 años.

Citic y Carlyle se apoderarán del 52 por ciento de la gestora, donde McDonald sólo dispondrá del 20 por ciento. El precio de 2.000 millones de dólares se pagará en efectivo y en acciones de la nueva gestora.

La empresa china Citic es el típico “holding” chino que alcanza a los restaruantes tanto como a las finanzas, los inmuebles o la energía.

Agobiado por la morosidad, McDonald no ha sido capaz de competir con las empresas chinas del sector, iniciando una retirada que posiblemente se extenderá a otros países asiáticos, como Singapur y Malasia.

En China McDonald tenía 2.400 restaurantes en China y 240 en Hogng Kong, aunque una parte de ellos ya eran franquicias anteriormente.

No obstante, el monopolio basurero de Illinois considera que China es una pieza clave en sus proyectos de expansión y que la asociación con los chinos les permitirá desarrollarse más rápidamente.

En los próximos cinco años, la marca tiene previsto abrir otros 1.500 restaurantes adicionales en el mercado chino, para llegar a las ciudades en los que aún no han logrado imponer el estilo de “comida” gringo.

En 2014 McDonald tuvo serios problemas en China por vender género en muy mal estado. Le obligaron a suspender temporalmente la venta de “nuggets”, pollo y otros “alimentos” podridos.

La venta de comida basura ha provocado una fuerte crisis en la multinacional. En 2015 tuvo que cerrar hasta 700 locales en Estados Unidos, Japón y China y quiere cambiar su imagen actual por otra basada en la calidad y la limpieza con una nueva receta de pollo a la plancha.

Además, ha anunciado planes para frenar el uso de antibióticos en la cría de pollos, una de las pesadillas de la sanidad mundial ocultada durante décadas.
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En África la lucha contra el neocolonialismo sigue adelante

El dirigente panafricanista Kemi Seba
El sábado comenzaron en 14 países africanos las reuniones contra el franco CFA, una de las reliquias que dejó el colonialismo francés en África. El 26 de diciembre el militante panafricanista Kemi Seba promovió en Dakar, Senegal, una movilización, directamente dirigida contra Francia y sus últimos “harkis” (*) en África.

El llamamiento fue consecuencia -precisamente- de la visita de uno de esos “harkis”, el Presidente senegalés Macky Sall, a París, donde declaró que el franco CFA era estable que había que conservar. De momento, no había otra moneda mejor, dijo, por lo que se trataba de “fortificar nuestra zona monetaria”.

En una semana Seba ha logrado movilizar a economistas africanos de renombre, como Nicolas Agbohou, para organizar conferencias, y no sólo en los 14 países en los que la moneda francesa sigue en activo, sino en toda la diáspora de emigrantes africanos repartidos por el mundo. Incluso en Canadá ha logrado reunir a muchos partidarios de este movimiento.

Es destacable que no han aparecido por ninguna parte los antiglobalistas, ni todos aquellos que hace unos años gritaban que “otro mundo era posible”, y es que con determinado tipo de movimientos otro mundo es imposible; totalmente imposible.

Próximamente está prevista una reunión central en Bamako, la capital de Mali, para formar una plataforma internacional contra el franco CFA. El objetivo de Seba es, no obstante, el que ya promoviera Gadafi a costa de su vida y la de su país: crear una moneda única de África para África.

La lucha es como cualquier otra: por las buenas o por las malas. Si Francia no admite que su moneda deje de circular, dice Seba, iniciarán una campaña de boicot a las empresas francesas en todos los países que sigan utilizando el franco francés.

(*) En Argelia llaman “harkis” despectivamente a los colaboracionistas argelinos que lucharon al lado de Francia contra la independencia de su propio país. La palabra procede del árabe “haraka”, que significa “movimiento”.