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Guerra psicológica

Estados Unidos financia a los periodistas de los ‘Papeles de Panamá’

El portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Mark Toner, ha informado hoy en rueda de prensa que los periodistas que investigan el escándalo de las empresas “offshore” en Panamá han sido financiados “de varias fuentes, incluido el gobierno de Estados Unidos”.También ha admitido que el sobresueldo lo entregan a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid).

Según Toner, el gobierno de Estados Unidos no financió a los periodistas “para perseguir ciertos objetivos o personas, sino para que realicen investigaciones periodísticas independientes”.

Es difícil de entender a qué llama el portavoz una investigación “independiente”. También es incomprensible que los periodistas se rasguen las vestiduras por la inmoralidad ajena, olvidándose de la suya. ¿No tienen bastante con el sueldo que les paga el periódico?

No es la única inmoralidad: en la mayor parte de los países del mundo, el pirateo de datos informáticos es un delito. ¿Creen los periodistas que tienen patente de corso para trabajar con datos de origen delictivo?

Los periodistas que manipulan los documentos de Panamá olvidan una de las normas deontológicas de su profesión, que no admite fuentes anónimas.

Pero lo más importante es que el periodista tiene la obligación de publicar la información en su integridad, sin recortes, mientras que el director del “Consorcio” ha dicho: “No tenemos intención de publicar todas las informaciones que podrían molestar la sensibilidad de individuos inocentes. No somos Wikileaks, nosotros hacemos periodismo responsable”.

En efecto, no son Wikileaks y tienen un morro que se lo pisan. A cribar la información lo llaman “periodismo responsable” y, sin necesidad de ningún juicio, ya han impuesto una barrera entre los “culpables” y los “inocentes”.

Permitan que seamos los lectores quienes, después de ver todas las pruebas, opinemos quién es culpable y quién inocente.

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Panamá lava más blanco

El abogado panameño Ramón Fonseca Mora
En Panamá, los bufetes de abogados, de los que Mossack Fonseca no es más que uno de los varios ejemplos, son un poder fáctico como cualquier otro, una multinacional del chanchullo que emplea a cerca de 500 personas en Panamá y alrededor del mundo.

En su país forman parte del poder político y su actividad está íntimamente ligada a su historia, gangrenada por la corrupción y la dictadura de Noriega, de la que Mossack y Fonseca formaron parte.

En 2006 la aduana panameña interceptó un paquete que contenía 45 diamantes de contrabando procedentes de África del sur. Estaba destinado a una fundación, de esas benefactoras y caritativas, pero sus propietarios reales eran los abogados Mossack y Fonseca, cuyos nombres salieron a relucir ya entonces, aunque a nadie le importó nada.

La sangrienta dictadura de Noriega (1984-1990) demostró hasta qué punto Panamá ha sido y es un puesto avanzado del imperialismo, en el mismo centro de América y a caballo entre dos océanos. Aquello acabó en cuanto Washington movió un dedo de su mano y metió a su peón Noriega en una cárcel en Estados Unidos, donde aún continúa.

Si en algún momento a Putin, que conoce estos detalles mejor que nosotros, se le ocurrió guardar sus ahorros en un sitio como Panamá, no tengan ninguna duda: era rematadamente idiota. Es como poner al zorro a cuidar de las gallinas.

A la privilegiada situación del país no le bastó con el canal. En 1977 quiso crear una nueva Suiza, o un nuevo Singapur, o Hong Kong, o algo parecido, una plaza fuerte financiera basada en el secreto bancario y cero impuestos.

A partir de entonces Panamá no sólo lavó el dinero sucio del capitalismo, sino que lo centrifugó, lo secó, lo planchó y lo tendió al aire tropical. Durante 40 años nunca le importó a nadie lo más mínimo.

Cuando se sabía que las filtraciones estaban a punto de producirse, Bloomberg entrevistó a los abogados del bufete panameño, plenamente conscientes de que su lucrativo negocio había comenzado a desplomarse.

Jürgen Mossack, de 68 años, es un panameño de origen alemán. En la posguerra su padre, un oficial de la Waffen SS, fue uno de los que logró escapar a Latinoamérica.

Ramón Fonseca Mora es un panameño muy cercano al gobierno desde los tiempos de la dictadura de Torrijos. Es vicepresidente del Partido Panamista, un partido nacionalista que llegó al poder en 2014, vinculado al actual Jefe de Estado, Juan Carlos Varela, que le nombró su consejero, por lo que tenía un asiento en el Consejo de Ministros.

Todo fue bien, hasta la crisis económica de 2007 y la intensificación de la rivalidad entre las potencias imperialistas, a lo que Falciani ha denominado con absoluta precisión “guerra económica”, acentuada por la crisis y que, entre otras, se está expresando en las sanciones que impone Estados Unidos como gendarme mundial.

Como buenos abogados, en el bufete panameño se creyeron muy listos y se atrevieron a burlar al imperialismo: en los archivos aparece que ocultaban a 33 empresas que estaban burlando el embargo impuesto por Estados Unidos a determinados países y determinadas empresas.

Realmente intolerable. Fonseca tuvo que dimitir de su cargo de consejero del Jefe del Estado y, además, le salpicó otro ocultamiento en Brasil, donde Estados Unidos está empeñado en dar un golpe de Estado judicial que acabe con el gobierno de Dilma Rousseff.

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¿Por qué no aparecen estadounidenses en los ‘Papeles de Panamá’?

Farhad Azima, agente de la CIA
Según el Senado, las arcas públicas de Estados Unidos pierden 150.000 millones de dólares de ingresos tributarios al año por fugas de capital hacia paraísos fiscales.

Entonces, ¿cómo es posible que no aparezcan ciudadanos de nacionalidad estadounidense en los “Papeles de Panamá”?

Son muchos los que se han hecho esta misma pregunta, entre ellos los periodistas de Fusión.net que han contactado con expertos en evasión fiscal para preguntarles por la ausencia de estadounidenses en los listados.

La respuestas son muy variadas.

El economista James Henry afirma a Fusión que “los norteamericanos usan ‘offshore’ todo el tiempo. Podría decirse que son los primeros usuarios. En la década del 70, hubo una financiera llamada Castle Blank & Trust Case en Bahamas que tenía a 200 personalidades estadounidenses que realizaban actividades de este tipo. Entre ellos había rockeros de la banda Creedence Clearwater Revival, dueños de la cadena de hoteles Hyatt y hasta la mafia de Cleveland”.

Según Don Semensky, antiguo jefe de la Oficina de Operaciones Financieras de la Agencia de Control de Drogas, es probable que aparezcan estadounidenses en las listas, pero con otros nombres y nacionalidades para cubrir de manera más efectiva sus actividades ilegales, incluso a través de empresas de distintos países.

¿Por qué a los amigos de Putin no se les ocurrió esta manera de tapar sus chanchullos?

La profesora de la Universidad de Utah Shima Baradaran Baughman sostiene que en los estados de Estados Unidos, como Wyoming, Delaware y Nevada también se pueden formar empresas “fantasma” y que por tal motivo para los norteamericanos no es necesario ir a Panamá para esconder sus actividades ilícitas.

La profesora Baughman dice que es posible “formar empresas fantasma en casi cualquier país del mundo, esas transacciones se hacen fácilmente de manera online” y que lo demostró en una investigación que llevó a cabo.

“Cada año, década a década, descubrimos variaciones en el mismo tema”, afirma el economista James Henry, quien cuenta que “los norteamericanos utilizan los grandes bancos suizos desde hace cuatro años” con movimientos constantes de miles de millones de dólares.


No obstante, en los “papeles” sí aparecen algunas personas domiciliadas en Estados Unidos. Concretamente han identificado a 211 de los que Fusión.net da algunos nombres (*). Entre ellos no está Farhad Azima, quizá porque no es precisamente estadounidense sino más bien iraní. Se trata de un ejecutivo de una empresa de aviación que donó enormes cantidades de dinero tanto al Partido Demócrata como al Republicano durante los años 80 y 90.

Pero la información no procede exactamente de los “papeles” incautados sino de datos obtenidos por otros medios.

La explicación es la siguiente: una parte de las empresas ficticias creadas por los abogados panameños tenía como objetivo ayudar a los espías y colaboradores de la CIA a pagar asesinatos, traficar con armas, promover el terrorismo, golpes y todo tipo de actividades sucias de los imperialistas a lo largo del mundo.

Los nombres usados para estas empresas criminales son tan poco ingeniosos como Octopussy, Goldfinger, SkyFall, GoldenEye o Moonraker. Esa información nunca la van a divulgar o, al menos, van a tratar de que permanezca en secreto, o nunca la van a relacionar con las actividades terroristas de Estados Unidos y sus organismos de inteligencia, especialmente la CIA.

Así, por ejemplo, el estadounidense descubierto por los papeles, al que ya hemos mencionado, el iraní Farhad Azima, es agente de la CIA.

Pero no todos los espías de la CIA tienen esa nacionalidad. Otro de los que ha quedado con el culo al aire es Loftur Johannesson, conectado con, al menos, cuatro empresas “offshore” en las Islas Vírgenes Británicas y Panamá.

El jefe de la inteligencia de Arabia saudí, Sheikh Kamal Adham, al quien el Senado de Estados Unidos describió como “la principal conexión con Oriente Medio desde mediados de la década de 1960 hasta 1979” y que “controló empresas ‘offshore’ que más tarde se vieron envueltas en un escándalo bancario en Estados Unidos”.

(*) http://fusion.net/story/287775/panama-papers-leak-american-lawsuits/
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Los ‘Papeles de Panamá’ despiertan el fantasma de los GAL

Uno de los españoles que aparece en los “Papeles de Panamá” es el espía de los servicios secretos españoles y mercenario de los GAL Francisco Paesa Sánchez.

Paesa creó una empresa “offshore” a través del bufete panameño en el verano de 1998, dos semanas después de fingir su propia muerte.

En 1995 Paesa vendió a Luis Roldán, director de la Guardia Civil y prófugo por quedarse con dinero de los fondos reservados con los que el gobierno del PSOE financiaba el terrorismo de los GAL.

El espía se quedó con el dinero que Roldań había robado y, además, el gobierno del PSOE le recompensó con otros 300 millones de pesetas de la época.

Tras ello, en julio de 1998 fingió su muerte e incineración en Bangkok, la capital tailandesa. Incluso publicó su propia esquela y encargó 30 misas gregorianas por su alma en un convento de Burgos.

Dos semanas después de su muerte, a través de Mossack Fonseca, Paesa registró en las Islas Vírgenes Británicas la empresa Regus Assets, en la que figuraba como único director con el nombre de Francisco P. Sánchez.

En menos de un año y medio, el espía había convertido las islas en su centro de negocios y, además, creó otras seis empresas más para operar en los sectores inmobiliarios y de las comunicaciones en Marruecos.

Pero seis años después, en 2004, el periodista Antonio Rubio le “resucitó” por vez primera (*). En realidad, Paesa había residido durante todo ese tiempo en Luxemburgo junto a su sobrina Beatriz García Paesa, encargada de administrar las sociedades “offshore”. Utilizaba un pasaporte argentino a nombre de Francisco Pando Sánchez.

Paesa empezó su carrera en el espionaje en Guinea Ecuatorial, que entonces iniciaba su etapa neocolonial. Para eludir sospechas, el espionaje español, entonces en las manos del almirante Carrero, manejaba su dinero desde la antigua colonia africana.

En 1976 fue detenido por la Interpol en Bélgica, encarcelado en Suiza y a su salida le encargaron misiones de guerra sucia contra las organizaciones antifascistas, que luego el PSOE reconvirtió en los GAL.

Se hizo pasar por un traficante de armas para vender dos misiles antiaéreos a ETA. Era una trampa. Los misiles llevaban un geolocalizador y el vendedor era otro colaborador del
servicio secreto.

La operación sirvió para localizar, por primera vez, un importante zulo en Sokoa, el País Vasco francés, donde ETA almacenaba gran cantidad de armamento y documentación.

Para tapar aquella y otras turbias historias, el juez Garzón le dió una vuelta de 180 grados a la realidad y en 1988 procesó a Paesa por colaboración con… ETA, nada menos.

(*) http://www.elmundo.es/nacional/gal/investigacion/paesa.html
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De los ‘Papeles del Pentágono’ a los ‘Papeles de Panamá’

Los “Papeles del Pentágono”, la primera filtración del periodismo moderno, se llevaron al New York Times en 1971. El entonces héroe del periodismo de investigación Daniel Ellsberg tuvo que fotocopiar 7.000 páginas clasificadas sobre la Guerra de Vietnam.

Desde entonces se saben dos cosas que sólo recordarlas resulta pueril: que lo que dicen los gobiernos es mentira y que quien filtra una noticia (“garganta profunda”) tiene una cuota de poder y algún conflicto con otro poder.

Los héroes de la película, los periodistas de investigación no existen desde hace años. Los reporteros como Ellsberg, Woodward, Bernstein y tantos otros, son instrumentos útiles en una lucha de camarillas que hay entablada en las alturas y las grandes instituciones.

En 1971 no había llegado aún la era digital y los “Papeles del Pentágono” eran papeles de verdad. A un promedio de un grueso libro de 700 páginas, la filtración equivalía a una pequeña biblioteca compuesta por sólo 10 libros.

La siguiente corresponde a la era digital. En 2010 WikiLeaks publicó una filtración de 1,73 GB (“gigas”) de documentos clasificados del Departamento de Estado. Este volumen de información era unas cien veces mayor que el de los “Papeles del Pentágono”.

La filtración de los “Papeles de Panamá” ocupa 2.600 GB en términos digitales, un tamaño mil veces mayor que el de WikiLeaks: equivalente a un millón de libros de los “Papeles del Pentágono”.

Ese volumen de información no se puede enviar por correo electrónico. Si, como promedio, el disco duro de un ordenador doméstico puede tener unos 200 GB, el supuesto pirata habrá utilizado unos 10 de ellos para guardar la información.

Antes habrá tenido que encontrar la clave y descifrar el contenido de los datos almacenados.

El periodista del Suddeutsche Zeitung Bastian Obermayer que recibió la información dice que la fuente nunca quiso revelar su identidad, aceptar llamadas telefónicas o encontrarse con él en persona.

Los medios dicen que para comunicarse utilizaron aplicaciones de chat cifradas, de las que borraban el historial cuando terminaban de hablar. Estas aplicaciones cambiaban de forma frecuente para dificultar el rastreo o que se rompiese el cifrado de las comunicaciones. Obermayer hace referencia a programas informáticos como Signal o Threema y a clientes de correo electrónico cifrados con PGP.

Pero si bien es posible que se comunicara con su fuente por correo electrónico, no aclara cómo le envió los documentos exactamente. ¿Dejó en la nube 2.600 GB de datos?, ¿cifrados?, ¿le envió los discos duros a través de un mensajero con moto?, ¿los troceó antes de enviarlos?, ¿por P2P?

Toda esta comedia es mentira desde el principio por una razón muy sencilla que, al mismo tiempo explica los motivos por los cuales en el listado no hay ciudadanos de nacionalidad estadounidense: en 2010 Estados Unidos firmó un acuerdo con Panamá por el cual los datos comerciales reservados no lo eran para Estados Unidos.

Pero aquello también fue otra comedia: Estados Unidos está al corriente de cada céntimo que se mueve en paraísos fiscales, cuentas opacas, testaferros, clientes “offshore” y demás chanchullos de ingeniería financiera.

Los abogados panameños no pueden contar nada a Estados Unidos que la Agencia Nacional de Seguridad no conociera de antemano. Son ellos quienes han filtrado las informaciones.

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Del Canal de Panamá al Canal de Nicaragua

Es imposible desvincular los Papeles de Panamá de la protección del gobierno ruso a Edward Snowden, quien divulgó el espionaje masivo en el mundo de la Agencia de Seguridad Nacional, que es el golpe político más severo que haya recibido el gobierno de Estados Unidos.

¿Qué hay detrás de los Papeles de Panamá? Un trasfondo geopolítico. Dentro de esta línea de pensamiento se puede ubicar a México y Centroamérica. Hay un vaso comunicante en la región con Rusia y China. Los países de América Latina iniciaron hace poco más de un lustro un acercamiento a Rusia y China, enfocado últimamente en la financiación del Canal de Nicaragua, un proyecto de 40.000 millones de dólares que concesionó el gobierno de Daniel Ortega –cercano a Moscú– a China por 50 años, que uniría por mar y tierra a los océanos Pacífico y Atlántico, y tendría ferrocarril, oleoductos y dos aeropuertos, que aplastaría la infraestructura del Canal de Panamá.

El Canal de Nicaragua convertiría en realidad un viejo sueño americano que lo pensó originalmente en el Istmo de Tehuantepec. Estados Unidos acariciaba desde finales del siglo XIX controlar esa ruta y estuvo dispuesto a pagar 15  millones de dólares por la tierra entre los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos. Casi 80 años después, el presidente José López Portillo impulsó el Proyecto Alfa-Omega que los conectaría, pero nunca se inició la construcción del nuevo canal. En el gobierno de Vicente Fox hubo otro intento, pero varios gobiernos en el sur se opusieron porque, alegaron, de abrirse esa ruta marítima, el país quedaría partido, y los estados más pobres para siempre condenados al abandono.

Nicaragua fue la alternativa a Panamá, pero no bajo control estadounidense sino chino y con capitales rusos, prometidos por Putin a Ortega junto con armas y equipo militar para proteger la obra. Putin fue uno de los principales objetivos de la filtración de evasión fiscal, pero estuvo acompañado. Deng Jiagui, cuñado del presidente de China, Xi Jinping, y varios miembros de su familia fueron señalados de haber establecido empresas en paraísos fiscales vía Panamá, donde se han establecido los apalancamientos financieros para el Canal de Nicaragua, que ha sido visto negativamente por Estados Unidos, que ha venido reaccionando ante la expansión china y la creciente presencia rusa en la región.

Una expresión de su respuesta fue en México. Los únicos tres proyectos multimillonarios que no han podido cuajar en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto por las presiones de Washington, fueron el macrodesarrollo turístico y de infraestructura en Cabo Pulmo, Baja California Sur; el megacentro comercial Dragon Mart en Cancún, y el tren rápido México-Querétaro, donde el dueño de la constructora Higa, Juan Armando Hinojosa, muy cercano al Presidente, armó un grupo con empresas chinas para construirlo. Hinojosa, de los mexicanos mencionados en la investigación, es a quien más atención pusieron.

En un artículo publicado en la edición de invierno en la revista Americas Quarterly, en diciembre de 2015, sobre el declive del poder de Estados Unidos, la experta en la Guerra Fría, Diana Villiers Negroponte, esposa del influyente exembajador John Negroponte, alertó sobre la presencia china y rusa en la región. “Diseñar sanciones estadounidenses sobre la banca rusa hará que las instituciones financieras en Sur y Centroamérica duden de entrar en inversiones conjuntas con bancos rusos por temor de ser sujetas a penalidades del Departamento del Tesoro”, sugirió. En el caso de China y el Canal de Nicaragua, afirmó: “Hacerle sombra al Canal de Panamá que construyó Estados Unidos, desafiaría significativamente la hegemonía estadounidense en Latinoamérica. También le darían a China una base militar de facto muy cerca de Estados Unidos”.

Eso no lo pueden permitir. El escándalo sobre inversiones en paraísos fiscales para evadir impuestos beneficia a Estados Unidos, al ser puestos sus rivales a la defensiva y poner a pensar a sus potenciales aliados. Esto, claro, dentro de una hipótesis de trabajo sobre la guerra por el control regional, que puede no ser bélico, pero sigue siendo muy violento.

Fuente: http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/detras-de-los-panama-papers.html
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‘Calumnia que algo queda’

Ferdinand de Lesseps
Panamá es un Estado artificial creado por el imperialismo y en cuyo nacimiento Estados Unidos tuvo un papel destacado. Se desgajó de Colombia por la típica política imperialista de “divide y vencerás” para crear minifundios internacionales, más manejables que los grandes Estados, como Rusia, o China, o India.

En el caso de Panamá, el troceamiento se produjo como consecuencia de la construcción del Canal, una de las arterias fundamentales del comercio mundial que durante un siglo entero estuvo sustraído a la soberanía panameña.

El canal ha sido pues un trozo desgajado de otro trozo un poco mayor. Lo excavó a finales del siglo XIX una gran empresa internacional formada por Ferdinand de Lesseps, el mismo que también excavó el de Suez.

La gran empresa fue uno de los primeros ejemplos de concentración monopolista de capitales. Quebró en 1888, saliendo a la luz toda la basura escondida bajo las alfombras. Fue como la salida a bolsa de Bankia pero un siglo antes. Los tiburones de la ingeniería financiera engañaron a los pequeños accionistas y les robaron 300 millones de dólares de aquellos tiempos, una cantidad fabulosa.

Durante el juicio, que se celebró en París, salieron a relucir los pormenores del atraco, en el que no sólo estaban los ingenieros, como Lesseps, sino los capitalistas y los políticos, es decir, parlamentarios y ministros.

Fue un manual de capitalismo monopolista de Estado en el que aparecían los tres pilares, el técnico, el económico y el político. Como en las misas católicas, era la Santísima Trinidad del mercado moderno: tres personas distintas y un solo dios verdadero.

No vayan a creer que aquello fue cualquier cosa: en la estafa estaban involucrados 150 miembros del Parlamento francés de la III República, incluso Gustave Eiffel, el de la Torre Eiffel: el emblema mismo de París es la corrupción.

Casi todos los periódicos formaban parte de la trama del fraude. En realidad, la Santísima Trinidad capitalista son cuatro, como los jinetes del Apocalipsis. Nunca se puede olvidar a la prensa.

Como se demostró en el juicio, los periódicos habían sido sobornados espléndidamente por la constructora Lesseps para alimentar la burbuja especulativa de un canal que se había construido a miles de kilómetros de distancia de París y costó miles de vidas humanas de las que nadie se acuerda.

El quinto jinete de la Santísima Trinidad capitalista son los jueces que revisaron la legalidad de aquel saqueo millonario. Finalmente sólo una persona fue condenada y, ¿saben Ustedes quién fue? Reflexionen un poco y acertarán: pues fue el único político semi-honesto.

Si, en efecto. Había un político casi honesto, Charles Baïhaut, antiguo ministro de Obras Públicas, condenado a cinco años de cárcel, que confesó que durante un tiempo no lo había sido tanto. Deduzcan de aquí la oportuna moraleja: la mafia no admite la ruptura de la “omertá”, el pacto de silencio y le condenaron por soltar la lengua.

En Francia los chorizos de los bajos fondos tienen un lema que procede de los viejos tiempos de la Revolución de 1789: si no quieres acabar en la guillotina, no confieses jamás tus pecados ante el juez. Es mucho peor.

En la jerga francesa la palabra “panamá” tiene un segundo significado como pelotazo, bastante cercano al castellano “estraperlo”, que procede de los tiempos de Segunda República.

De los tiempos del fraude del canal de Panamá procede otra frase conocida que pronunció el Primer Ministro francés Georges Clemenceau: “Calumnia que algo queda”, cuyo origen se remonta a los tiempos del Imperio Romano: “Calumniare fortiter aliquid adhaerebit”.

El aluvión desinformativo que nos espera es de tal magnitud que jamás llegaremos a saber la verdad… ni falta que hace, porque sabemos de sobra qué clase de gentuza lleva las riendas de este mundo.

Ningún periodista del mundo había oído hablar nunca hasta ahora del famoso “Consorcio” de periodistas “de investigación”, creado “ex professo” para dar cobertura a este montaje intoxicador. ¿Se han parado a pensar por qué los papeles han ido a parar a grandes medios de comunicación internacionales y no a medios de internet, como Wikileaks?, ¿por qué no los podemos consultar directamente en internet sin pasar por los filtros de esos periodistas “de investigación”?

La calunnia è un venticello,
un’auretta assai gentile
che insensibile, sottile,
leggermente, dolcemente
incomincia a sussurrar

(Gioachino Rossini, de la ópera “El barbero de Sevilla”)

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Lumpen de guante blanco

Bianchi

De las cuentas opacas en sociedades-pantalla sitas en «paraísos fiscales» por políticos, potentados, gentecillas del famoseo, futbolistas, etc. se dice que no tienen por qué ser delito salvo que no se declaren al Fisco del país de origen, aparte de la ética personal (como si tuvieran alguna) de estas personas, lo primero que me choca es el origen de esos dineros no declarados y, sobre todo, que esas inmensas sumas y montos pecuniarios ya en sí mismas son «delito», pues no existe fortuna adquirida honradamente, como dijera Balzac («detrás de cada gran fortuna hay un crimen»), y menos en el capitalismo, un sistema depredador y salvaje donde impera la jungla de asfalto y la ley del más fuerte.

Resulta irónico exonerar capitales inmensos si se declaran en el país propio cuando son precisamente bancos «nativos» quienes operan como intermediarios entre la firma consultora Mossack-Fonseca, en este caso, y sus clientes en el llamado «Panamá Papers». Y ya resulta casi hasta cómico si no fuera por lo sangrante pretender la licitud de un dinero colocado en un paraíso fiscal con la clara y exclusiva finalidad de eludir a la Hacienda propia, es decir, evadir el pago de impuestos. Incluso aunque los declararan no dejarían de ser unos ladrones como cualquier mafioso ruso.

No se diferencian estos delincuentes de los piratas que, al menos, tenían un aura romántica y novelesca. Estos buscaban islas donde esconder los tesoros robados a galeones de cualquier bandera ya que no tenían domicilio fijo, particular o social. Las islas actuales de los piratas modernos son los paraísos fiscales donde crean sociedades offshore (empresas puramente instrumentales sin ninguna actividad económica). Les une a ambos la improductividad de un tesoro acumulado pero inamovible -un «thesaurus»– y un capital pensado para el lujo improductivo. Otra cosa es blanquear dinero negro y la economía sumergida.

Un hacker informático, probablemente, ha podido entrar en las cuentas del despacho de abogados Mossack-Fonseca, que se dedica a la creación de empresas offshore para gente y firmas con mucho dinero y con la deliberada y expresa intención de no pagar impuestos, y ha sacado a relucir la información de todos los clientes -habrá más que saldrán a la palestra- que llevaba.

Estas empresas se constituyen fuera del país de residencia en paraísos fiscales justamente para no pagar impuestos, o sea, robar al pueblo, al erario público, algo que en la Roma imperial te costaba la vida. O en la China actual.

O como los futbolistas extranjeros de la Real Sociedad en el 2000 que el club paga un sueldo a un jugador a una offshore domiciliada en un paraíso fiscal, el 90% de la ficha y siempre sin la firma del jugador, y otro contrato, esta vez con la firma del jugador, donde consta la soldada del futbolista legal a todos los efectos de cara a la Federación local de fútbol y la Hacienda estatal. Como diría Piterman (un presidente semimafioso que tuvo el Alavés), «todo legal».

Lo tragicómico de estas actividades lumpenburguesas es que quien se ve perseguido es el denunciante que saca trapos sucios de esta gentuza, véase, Falciani y su denuncia de cuentas secretas suizas, y donde nunca aparece el dinero defraudado y ni dios va al trullo o no se interceptan las cuentas corrientes materiales.

Cuando de vez en cuando sale algo, escarmientan y aprenden a hacerlo mejor la próxima vez. Es la naturaleza del sistema capitalista.

Buenos días.

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Represión

Los ‘Papeles de Panamá’ forman parte del golpe de Estado judicial (3)

Los “Papeles de Panamá”, la filtración de once millones de documentos reservados, la mayor de la historia del periodismo, forman parte del golpe de Estado judicial en curso en varios países, incluidos Brasil, Venezuela, Siria y, naturalmente, Rusia.Lo mismo que las últimas maniobras desestabilizadoras que se han producido en el mundo, como las “revoluciones” de colores o la Primavera Árabe, detrás está la mano de Estados Unidos. Los medios de comunicación que trabajan con el imperialismo en la desestabilización son uno de sus largos tentáculos.

Los periodistas se rasgan las vestimentas como buenos fariseos. Los hechos ni siquiera son nuevos. Hace ya tiempo que Yves Smith publicó (1) varios reportajes sobre el bufete panameño Mossak Fonseca. En diciembre de 2014 Ken Silverstein publicó otro en la revista Vice (2). Entonces la revista “Intercept” de Pierre Omidyar, rechazó la publicación.

En aquel momento el malo de la película se llamaba Bashar Al-Assad y lo que Silverstein quería contar era que un primo suyo millonario, Rami Makhlouf, tenía dinero escondido en el bufete panameño. Naturalmente se trataba de un testaferro de Al-Assad… Es “casi” seguro.

Hay que empezar todo este asunto, como dice el diario “Moon of Alabama” (3), preguntando por lo que no aparece entre las toneladas de papeles. ¿No hay bancos implicados?, ¿no hay fondos buitre?, ¿no hay grandes multinacionales?, ¿no hay senadores y congresistas de Estados Unidos? Los abogados panameños, titula la web “ZeroHedge”, tenían 441 clientes estadounidenses (4), ¿dónde están?

No, la pieza maestra de la corrupción mundial es el Primer Ministro… de Islandia.

No cabe duda: además de quitarse de encima a sujetos incómodos para Estados Unidos, en el listado de los 14.000 clientes sólo hay hombres de paja destinados a alimentar el morbo y el cotilleo de los medios de comunicación, empezando por Almodóvar y siguiendo por Messi, en el caso de España, aunque naturalmente al poner en marcha el ventilador la mierda pueda ir un poco más allá. Pero merece la pena correr algún riesgo.

Sin embargo, como ha reconocido el periódico británico The Guardian, “la parte más sustancial de las informaciones capturadas jamás se divulgará”. Ya nos vamos enterando de que la tarea de la prensa imperialista no es publicar lo que sabe sino callar la mayor parte de la información. Pues a mí personalmente lo que me gustaría saber no es lo que cuentan sino lo que callan…

El segundo pilar de las filtraciones, el “Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación”, es una organización creada y financiada por el llamado “Centro de Estados Unidos para la integridad pública”, a su vez creado y financiado por la Fundación Ford, la Fundación Carnegie, la Fundación Rockefeller, la Fundación W.K.Kellogg y la Fundación para una sociedad abierta, o sea, el especulador internacional George Soros, que de paraísos fiscales sabe bastante.

A través de la USAID, que doy por conocida, el referido “Consorcio” forma parte de un proyecto más amplio del imperialismo de control de lo que califican como crimen organizado y corrupción (OCCRP, Organized Crime and Corruption Reporting Project) pero que, en realidad, vigila a la mafia… rusa, es decir, vigila a Rusia con la disculpa de la mafia, tal y como muestran las últimas películas fabricadas en Hollywood.

La foto que encabeza este artículo está tomada en la sede del despacho de abogados de Panamá; pero si alguien ha creído ver ahí el emblema de la OTAN, ha padecido un espejismo. Sólo se parecen, y además eso no significa nada.

Lo que no es ningún espejismo es que la fuga no procede de ese bufete sino de los organismos de inteligencia de Estados Unidos y la filtración se irá dosificando a los medios internacionales en función de los intereses políticos y económicos de Estados Unidos.

La manera en que se va a divulgar la información gota a gota es un instrumento descarado de chantaje por parte del imperialismo, que filtrará unos datos y callará otros en función de la sumisión del hombre de paja correspondiente en algún remoto país.

(1) http://www.nakedcapitalism.com/?s=Mossack+Fonseca+
(2) http://www.vice.com/read/evil-llc-0000524-v21n12
(3) http://www.moonofalabama.org/2016/04/selected-leak-of-the-panamapapers-creates-huge-blackmail-potential.html
(4) http://www.zerohedge.com/news/2016-04-04/mossack-fonseca-has-441-us-clients-who-are-they

Más información:
— El golpe de Estado judicial. Primera parte
— Del árbol caído todos hacen leña

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La diferencia entre llamarse Putin o Borbón si te pillan con las manos en la masa

La evasora fiscal con su sobrino
Olivia Bertrand

El nombre de Vladimir Putin no aparece en ningún momento en los 11,5 millones de documentos filtrados en lo que se ha llamado el escándalo de “Los Papeles de Panamá” que implica a presidentes en activo y retirados, políticos, empresarios, deportistas o actores. Tampoco nadie en su sano juicio podrá decir que no es el gran implicado en esta gigantesca trama de evasión fiscal.

Como dice The Guardian, “aunque no aparezca el nombre de Putin como propietario de ninguna empresa offshore, todo apunta a que no habría sido posible que gente de su entorno tan cercano estuviese implicada sin la mediación del mismo”.

Los periodistas que han analizado durante un año los documentos filtrados, han determinado que los amigos íntimos de Putin no tenían la capacidad de generar los 2.000 millones de dólares que se le atribuyen a sus sociedades pantalla. No cabe duda, y por ello los medios internacionales le sitúan en sus portadas de hoy.

No es el caso de los medios españoles donde ocurre una extraña paradoja. El Confidencial, medio que ha participado activamente en la investigación, elige a Pilar de Borbón -hermana del Rey emérito de España- como la protagonista para ilustrar la trama. En este caso, se explica cómo fue capaz de mantener durante 40 años una sociedad opaca en un paraíso fiscal. Es decir, el mismo periodo en el que su hermano Juan Carlos I fue Rey de España.

Aunque no sabemos la cantidad de dinero que pudo esconderse tras este juego de ingeniería financiera, al parecer en el año 1993, el dinero que el padre de Juan Carlos I dejó en herencia, unos 1.100 millones de pesetas (unos 6,5 millones de euros), pudo acabar en esta sociedad. En ese mismo año, Pilar dejó de aparecer como presidenta de la empresa, figuró un tal Robin Malcolm Smeaton, diplomático británico afincado en España y las operaciones pasaron a ser ejecutadas por el despacho de abogados de Ignacio Gómez-Acebo.

¿Y dónde está la paradoja de la historia? Mientras que la prensa internacional se atreve a señalar directamente a Putin por enriquecerse a través de su entorno, a la española ni se le pasa por la cabeza que aquí pueda estar pasando lo mismo. Ni El Confidencial ni La Sexta parecen tener dudas. Pilar de Borbón está sola detrás de la evasión fiscal. Una evasión que empezó cuando su hermano accedió a la corona, una evasión que fue gestionada por numerosos agentes, una evasión donde pudo acabar el dinero de una herencia familiar.

Así queda la sentencia de los valientes investigadores: Pilar sí que fue capaz de generar ese dinero, pero los amigos de Putin no, ellos eran simples muñecos de paja del flamante presidente ruso […]

Fuente: http://www.codigonuevo.com/la-diferencia-entre-llamarse-putin-o-borbon-si-te-pillan-evadiendo-dinero/