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La policía privada ha empezado con la sanidad: Cataluña subcontrata con empresas la persecución de los apestados

En un protocolo elaborado el pasado 29 de mayo, la Generalitat de Cataluña subcontrata con empresas la detección de nuevos contagios por coronavirus, ante la incapacidad del sistema público de salud para rastrear a los apestados, a los sospechosos y a sus contactos.

El Departamento de Salud catalán insta a los servicios de prevención de riesgos laborales a “ayudar a controlar la transmisión” del coronavirus con actuaciones que, en la práctica, suponen suplir sus funciones. La Generalitat insta a las empresas a “establecer un servicio telefónico de consulta para sus trabajadores y para los trabajadores de sus empresas clientes sobre la pandemia del coronavirus”, con el fin asumir el rol que desempeña el 061, el teléfono público de atención sanitaria de la Generalitat.

“Debido a la evolución de la pandemia de coronavirus, el 061, pese al aumento de personal, ha estado sometido a una sobresaturación de llamadas que, en ocasiones, puede haber comprometido o comprometer la rapidez de respuesta”, admite el Departamento de Salud en el manual que lleva por nombre “Guía de actuación y colaboración de los servicios de prevención de riesgos laborales para hacer frente a la pandemia de coronavirus”.

Tras reconocer las debilidades de su sistema de vigilancia sanitaria, la Generalitat pide a los servicios de prevención de las empresas que su servicio privado de atención telefónica sobre el coronavirus esté activo “de ocho de la mañana a ocho de la tarde” y, “preferiblemente, los siete días de la semana”. A través de este sistema, las empresas deberán atender las consultas de sus trabajadores “siguiendo las instrucciones y guías de las autoridades sanitarias” y, en el caso de que localicen algún apestado o sospechoso, deberán “indicarle que se le tiene que realizar un test PCR en las primeras 24 horas”.

La Generalitat descarga en las empresas la realización de la prueba diagnóstica. En su protocolo invita a los servicios de prevención de riesgos laborales a realizar ellos mismos la PCR “si tienen la posibilidad y cumplen los requisitos establecidos”. En caso contrario, insta a la empresa a remitir a sus trabajadores a un centro sanitario público para que sean sometidos a la prueba.

“No se trata de sustituir al 061 recibiendo llamadas de cualquier persona”, se excusa la Generalitat en su protocolo. “Los servicios de prevención de riesgos laborales están llamados a colaborar con las autoridades sanitarias en la detección precoz de todos los casos compatibles con coronavirus, en sus contactos y en su notificación”, argumenta el Departamento de Salud catalán.

Los servicios de prevención de riesgos laborales ejercerán de gorrillas de las plagas. “Serán los encargados de establecer mecanismos para la investigación y seguimiento de contactos estrechos de aquellos casos sospechosos y confirmados, de las empresas a las que dan servicio”, dice el protocolo.

La Generalitat ya adjudicó a Ferroser Servicios Auxiliaries, una filial de la constructora Ferrovial, un contrato de 17 millones para rastrear y perseguir a los contactos de los apestados. Al revertir dicha adjudicación, deberá pagar una indemnización de casi un millón de euros a Ferrovial por no poder ejercer su papel de policía privada.

https://prevention-world.com/actualidad/noticias/cataluna-pasa-las-empresas-la-deteccion-nuevos-contagios-coronavirus/

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– Nueva subnormalidad: otro apestado al que los médicos ponen en busca y captura

Los apestados no podrán votar en las elecciones autonómicas gallegas

Ana Pontón, cabecilla del BNG
Las personas positivas en coronavirus no podrán votar en las elecciones autonómicas gallegas, salvo que estén en cuarentena. “Puede, con una mascarilla, ir al colegio y regresar a casa para continuar su cuarentena”, explicó el Conselleiro de Sanidade, Jesús Vázquez Almuiña (1).

El Conselleiro dijo ayer que las personas positivas en coronavirus no podrán ir a las urnas en las elecciones autonómicas del 12 de julio, mientras que los contactos cercanos en cuarentena podrán hacerlo, siempre que tomen “medidas de precaución”, que no concretó.

En una conferencia de prensa en la que anunció el cierre de A Mariña, en Lugo, durante cinco días debido a un supuesto “rebrote” registrado en la comarca, Almuiña destacó que los contactos son “personas sanas” que han estado con algunos positivos y tienen que ser monitoreados para ver si desarrollan síntomas, permaneciendo aislados durante ese período.

En tal caso, habría que preguntarle a Vázquez qué enfermedad padecen los que han positivos en un test de coronavirus, que no indica absolutamente nada.

“Esas personas pueden votar. Un contacto obviamente puede votar”, dijo el conselleiro, recordando que votar es “un derecho fundamental”. Con una mascarilla puede ir al colegio y volver a casa para continuar su cuarentena», especificó.  “Un resultado positivo no puede”, dijo a continuación, señalando que estos casos podrían ir si superan su período de confinamiento.  En el caso de que alguien tenga síntomas pero esté pendiente del resultado de la prueba para ver si tiene coronavirus, se considerará «positivo» a los efectos de las restricciones que se aplican a ellos.

Los tarados del BNG, que llevan histéricos toda la cuarentena, han ido más allá que los de la Xunta y quieren suspender las elecciones para todos los vecinos de A Mariña (2), estén enfermos, sanos, contagiados, positivos, negativos y dudosos.

Para evitar que el vecindario esté “sujeto al dilema de elegir entre preservar su salud en medio de un rebrote de la pandemia y su derecho al voto”, hay que privarles de uno de los dos derechos. De esa manera no hay derecho ni tampoco dilema alguno.

Dicen que la “única” prioridad debe ser la salud de las personas. El pretexto es que la comarca acumula 106 positivos y 600 vecinos confinados.

(1) https://www.nosdiario.gal/articulo/social/persoas-positivas-covid-19-non-poderan-votar/20200705155852100816.html
(2) https://www.nosdiario.gal/articulo/politica/bng-pide-suspender-eleccions-marina/20200705181715100822.html

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Fascismo terapéutico: cuando la policía encarcela a los apestados por orden de los médicos

La policía ya no está sólo a disposición de los jueces y fiscales, sino también de los médicos.

El encarcelamiento ya no necesita delitos, ni juicios, ni abogados, ni pruebas. Lo ordenan los expertos en salud pública.

Los hospitales se han convertido en lugares de custodia de los reclusos. También están encerrando a los vecinos de bloques enteros en sus inmuebles y pronto harán lo mismo por barrios, calles, empresas o instituciones.

La condición de apestado es peor que la de criminal: no tiene ningún derecho.

En Galicia han privado del derecho a votar en las elecciones autonómicas a los apestados que den positivo en algún test de coronavirus. Los dudosos que estén a la espera de los resultados tampoco podrán ejercer su derecho (1).

Recientemente la Dirección General de Salud Pública ordenó a la policía el internamiento forzoso en régimen de aislamiento de un hombre que viajó a Ibiza, procedente de Barcelona, pocos días después de haber dado positivo en coronavirus en una prueba de PCR (2).

Tras la orden de detención y reclusión, el viernes la policía localizó al apestado en Ibiza y lo encerró al día siguiente en el hospital de Can Misses.

Al desafortunado le impusieron el 20 de junio la etiqueta de apestado, y los médicos le condenaron al castigo de arresto domiciliario.

El día 29 de junio se marchó de su domicilio en Barcelona y viajó a Ibiza.

Por si no tuvieran suficiente, la Dirección General de Salud Público le va a incoar un atestado por un delito contra la salud pública, el mismo por el que encarcelan a los narcotraficantes.

Además del apestado, ahora los médicos policiales han emprendido una investigación para conocer sus contactos y relaciones personales, que someterán al mismo protocolo de fascismo terapéutico.

(1) https://www.nosdiario.gal/articulo/social/persoas-positivas-covid-19-non-poderan-votar/20200705155852100816.html
(2) https://www.niusdiario.es/sociedad/sanidad/internamiento-forzoso-hombre-positivo-coronavirus-viajo-barcelona-ibiza_18_2973345070.html

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‘Los trastornos sicológicos vinculados al confinamiento pueden prolongarse hasta cuatro años’

El largo período de confinamiento causó o amplificó trastornos psicológicos en los franceses, según muestra un estudio científico dirigido por Pierluigi Graziani para las Universidades de Nimes y Aix-Marseille (1).

El estudio recopiló 3.763 testimonios a través de un cuestionario en línea y ha sido publicado el 28 de junio por el Journal du Dimanche (2).

La encuesta se refiere a trabajadores sociales, padres jóvenes abrumados, teletrabajadores ultraconectados o pacientes cuyos problemas psicológicos han aumentado. El confinamiento ha dejado importantes efectos en la salud mental de los franceses, como ansiedad, desórdenes alimentarios, insomnio, depresión y suicidios.

El 15,1 por ciento de los que participaron en la encuesta declaró tener un nivel patológico de ansiedad y el 26,5 por ciento un nivel patológico de depresión. El umbral patológico se alcanza cuando “los participantes superan una puntuación anormalmente alta al responder a las preguntas, aunque esta puntuación no esté directamente relacionada con un cuadro clínico oficial”, explica Jonathan Del Monte, profesor de la Universidad de Nîmes y autor del estudio.

Las cifras que arroja el estudio son particularmente altas, porque los trastornos de ansiedad suelen afectar a alrededor del 10 por ciento de la población (3) y la depresión del 15 al 20 por ciento (4). El 27 por ciento de los participantes también se enfrentan a riesgos de suicidio, que a menudo son consecuencia de patologías como la depresión.

El cuestionario, transmitido a través de las redes sociales, llegó a personas de 18 a 87 años de edad, repartidas por toda Francia. Los investigadores se preocuparon de no compartirlo con los pacientes que ya eran objeto de seguimiento por desórdenes sicológicos para no distorsionar los resultados.

El estudio tiene un sesgo de género, ya que el 82 por ciento de los encuestados son mujeres. “Estudios anteriores, en particular sobre el Sars, han demostrado que las mujeres se ven más afectadas por el confinamiento”, dice Jonathan Del Monte.

Otro estudio de Salud Pública de Francia, realizado entre 2.000 usuarios de internet durante el confinamiento (5) confirma que las mujeres se ven más afectadas por los síntomas de ansiedad. Sin embargo, también muestra que más de una cuarta parte, el 27 por ciento, de los encuestados sentían un estado de ansiedad, cifra que sigue estando por encima de las estadísticas previas al confinamiento.

Además, la sanidad pública francesa menciona otros factores de riesgo, como ser menor de 50 años, estar en una situación económica difícil, el teletrabajo, ser padre de un niño de 16 años o menos, tener un pariente con síntomas que sugieren coronavirus, etc.

Estas cifras concuerdan con los resultados de otros estudios realizados durante cuarentenas anteriores, como se muestra en un artículo reciente publicado en la revista científica The Lancet (6). En él se recopilan unos 20 estudios científicos sobre personas que han vivido en cuarentena y han desarrollado trastornos como el estrés postraumático, en Taiwán y Hong Kong durante la epidemia de Sars (2002-2003), o en Sierra Leona, país afectado por el Ébola en 2018.

El confinamiento complica el acceso a la atención médica al añadir la distancia física a largo plazo a las barreras económicas. Por eso en Francia han creado líneas telefónicas, como InPsy, o CovidEcoute, para complementar las teleconsultas. A pesar de su éxito, estas plataformas no han conseguido absorber todas las peticiones.

“Estamos en una fase ambigua. Los psicólogos esperan un aumento de las consultas después del confinamiento, pero esto no necesariamente se produce porque los pacientes están esperando para consultar. Cuanto más esperen, más probable es que desarrollen formas crónicas y más difícil será tratarlas”, dice Jonathan Del Monte.

El investigador refuta la pertinencia del “síndrome de la cabaña”, noción que tiene por objeto explicar la explosión de trastornos por el temor al desconfinamiento: “Estudios antiguos ya demostraron que los trastornos psicológicos vinculados al confinamiento podían durar tres o cuatro años”.

Para responder a la emergencia siquiátrica, el 26 de mayo la Fundación FondaMental inició una campaña para recaudar dinero para apoyar la investigación siquiátrica, la atención y la prevención. “Ante el resurgimiento [de los trastornos psicológicos], el recurso temprano a la atención es esencial. Sin embargo, los prejuicios y el miedo que rodean a la psiquiatría son un primer obstáculo que hay que eliminar”, subraya en un comunicado de prensa, que también advierte de la llegada de nuevos pacientes en los próximos meses (7).

(1) https://www.psy.link/blog/2020/05/05/souffrance-psychologique-en-temps-de-confinement/
(2) https://www.lejdd.fr/Societe/Social/limpact-du-coronavirus-sur-la-sante-mentale-fait-craindre-une-deuxieme-vague-psychiatrique-3977827
(3) https://www.has-sante.fr/upload/docs/application/pdf/guide_medecin_troubles_anxieux.pdf
(4) https://www.inserm.fr/information-en-sante/dossiers-information/depression
(5) https://www.santepubliquefrance.fr/presse/2020/souffrance-psychique-et-troubles-psychiatriques-lies-a-l-epidemie-de-covid-19-et-difficultes-de-la-vie-en-confinement-les-evaluer-pour-mieux-agir
(6) https://www.lindependant.fr/2020/03/17/covid-19-les-effets-psychologiques-du-confinement,8805624.php
(7) https://www.fondation-fondamental.org/avec-lurgence-sanitaire-lurgence-psychiatrique

Los patólogos no han encontrado pruebas de que el coronavirus haya causado ninguna muerte en toda Europa

El patólogo Stoian Alexov afirma de que ni él ni ningún colega suyo en Europa han encontrado pruebas de ninguna muerte causada por el coronavirus.

El doctor Alexov respondió a las preguntas planteadas en una entrevista que resume el criterio de los participantes en una reunión de la Sociedad Búlgara de Patología (1).

La entrevista, grabada en vídeo el 13 de mayo, fue realizada por el doctor Stoycho Katsarov, presidente del Centro de Protección de los Derechos de los Ciudadanos de Sofia y antiguo Ministro de Salud de Bulgaria.

Lo mismo han sostenido otros patólogos, como Rosemary Frei y Patrick Corbett.

En la entrevista Alexov califica a la Organización Mundial de la Salud como “organización médica criminal” por crear miedo y un caos mundial sin proporcionar objetivamente prueba verificable de una pandemia.

Alexov es presidente de la Asociación Búlgara de Patología y sostiene que actualmente es imposible crear una vacuna contra el virus.

También reveló que los patólogos europeos no han identificado ningún anticuerpo específico para el coronavirus.

Los supuestos anticuerpos específicos contra el coronavirus son la base del instrumental de pruebas serológicas que se utilizan en muchos países y que han demostrado su nula fiabilidad de manera reiterada.

Recientemente, un nuevo estudio científico publicado por el British Medical Journal así lo ha acreditado una vez más (2).

(1) https://bpa-pathology.com/esp-webinar-video-recordings-covid-19-unprecedented-daily-challenges-in-pathology-departments-across-europe-2/
(2) https://www.bmj.com/content/370/bmj.m2516

Más información:
– Dossier coronavirus
– Menos tests y más autopsias: ‘es la única manera de saber lo que pasa ahí fuera’
– La falsificación de los certificados de defunción para inflar el alcance de la pandemia
– Las autopsias practicadas en Italia demuestran que la terapia frente al coronavirus es contraproducente

La cifra de muertos de una pandemia que nunca existió

Ayer El Confidencial publicó que desde la última semana de mayo, los datos de mortalidad por todos los conceptos son inferiores a los de años precedentes. En un mes ha habido casi 4.000 muertos menos que los esperados (1).

La tasa de mortalidad ha pasado de ser superior a ser inferior a la de años anteriores, lo cual no es ninguna sorpresa, como reconoce el propio artículo. Se llama “efecto cosecha” y el motivo es que la distribución de las muertes no es regular al cabo de un mismo año.

En 2007 un estudio del INE sobre la campaña de gripe de los dos años antes concluyó que “las defunciones de la población más vulnerable (como ancianos y enfermos crónicos) se acumulan en un corto periodo de tiempo cuando hay algún factor externo extraordinario, en este caso, una gripe agresiva” (2).

Para saber si realmente se ha producido una epidemia causada por una determinada enfermedad son necesarias dos circunstancias. La primera es cuantitativa: el número de muertos superior al de años anteriores por el mismo concepto, y la segunda es cualitativa: la causa de dichos fallecimientos debe estar en la enfermedad, para lo cual se debieron practicar autopsias.

Como la pandemia ha sido de carácter mundial, esas circunstancias se deben reproducir, además, en varios países del mundo.

Si se ocultan las causas de la muerte, como ha ocurrido en España a lo largo de la campaña de histeria, dicha información no existe y en tal caso hay que recurrir a un medio indirecto, que es un número de muertos superior al de años anteriores por todos los conceptos.

Es un baremo que no es tan fácil de establecer porque, como todo fenómeno cuantitativo, depende de la vara de medir y, más en concreto, del periodo de tiempo dentro del cual se computan los muertos.

Hay quien hace el recuento en el pico de la epidemia, como si el “efecto cosecha” no existiera. En tal caso no cabe duda que en España ha habido un exceso de mortalidad muy importante, cuyas causas sería muy interesante discutir, porque habría que buscarlas -en todo caso- en el estado de alarma y no en ninguna enfermedad.

Pero si el recuento de muertos se lleva a cabo al término de un año, al ritmo actual lo más probable es que no aparezca ningún exceso de mortalidad.

Desde luego que el número de muertos, cualquiera que resulte, ni explica ni justifica el estado de alarma, y mucho menos las medidas que siguen en vigor tras su finalización nominal.

Unas medidas extraordinarias, como las que han impuesto, sólo se pueden justificar por causas igualmente extraordinarias

(1) https://www.elconfidencial.com/espana/2020-07-02/covid19-mortalidad-coronavirus-muertes_2664632/
(2) https://www.20minutos.es/noticia/236507/0/gripe/convirtio/muertes/

El gobierno chino refuerza la medicina tradicional de su país para tratar a los enfermos de coronavirus

Aprovechando la pandemia, el gobierno chino ha reforzado la medicina tradicional de su país y, además, quiere exportar su práctica al mundo entero (1).

Los borregos que se dedican a cazar seudociencias deben estar rabiando, empezando por el que ha redactado la entrada sobre el asunto en la Wikipedia, donde no faltan referencias a las “supersticiones” y al viejo dogma de la OMS, según el cual los “tratamientos carecen de una base científica” (2).

Pero el dogma ha cambiado (o cambió la OMS), pasando a admitir la “base científica” de la medicina china y de las medicinas tradicionales, en general (3). No obstante, los que no han cambiado son los mequetrefes de la Wikipedia.

En medicina, todo lo que no sea recetar las mercancías de los grandes monopolios farmacéuticos hasta intoxicar a los enfermos, es pura superchería. Son ellos los que establecen la frontera entre la ciencia y “todo lo demás”.

El gobierno chino, la mayor parte de cuyos miembros son científicos, no opina de la misma manera y el 92 por ciento de los casos positivos de coronavirus han sido atendidos con la medicina tradicional, bien de forma exclusiva o en combinación con las terapias que se recomiendan en los países occidentales.

A los médicos chinos, los que practican la medicina tradicional y los otros, no les gusta que los borregos ridiculicen sus prácticas terapéuticas ancestrales, por lo que presentaron para su aprobación un proyecto de ley que castiga “a cualquier persona u organización” que la menosprecie.

Por más que se empeñen en decir otra cosa, la evidencia empírica que apoya las antiguas terapias médicas es muy numerosa. Hay miles de artículos revisados por pares catalogados en la Biblioteca de Medicina de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

Un artículo reciente de la Revista de Medicina Molecular de la Academia China de Ciencias Médicas y la Universidad Nacional de Singapur llegó a la conclusión de que la medina tradicional china “representa un vasto recurso sin explotar para la medicina moderna”. Es un sistema médico que enumera más de 13.000 ingredientes medicinales diferentes y más de 100.000 decocciones y recetas únicas.

En 2015 le otorgaron el Premio Nobel de Medicina por primera vez a una científica china, Tu-You, por descubrir la artemisa, una remedio de la medicina tradicional china que es la base para un medicamento contra la malaria, como ya expusimos en otra entrada.

La medicina tradicional china es uno de los capítulos de la Nueva Ruta de la Seda. Se usa en 183 países y regiones y el gobierno de Pekín ha firmado acuerdos de cooperación en este sector con más de 40 gobiernos y organizaciones de todo el mundo, incluido Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Alemania, Francia, Canadá e Italia.

Para el tratamiento del coronavirus, en China los médicos han recurrido a seis remedios tradicionales. Los dos más destacados son Lianhua Qingwen -que contiene 13 hierbas como la Forsythia suspensa y la Rhodiola rosea– y Jinhua Qinggan, que fue desarrollado durante el brote de H1N1 en 2009 y que está hecho con 12 componentes que incluyen menta, regaliz y madreselva.

A diferencia de otras partes del mundo, en China la medicina occidental no ha eclipsado a la tradicional, que sigue creciendo, tanto en el interior como en el extranjero, donde la demanda es creciente. El año pasado el gobierno chino estimó que la industria de la medicina tradicional podría representar unos 420.000 millones de dólares a finales de este año.

China ha estado enviando suministros y expertos en medicina tradicional junto a los medicamentos y equipos convencionales a África, Asia Central y Europa. “Estamos dispuestos a compartir la experiencia china y la solución china para el tratamiento del covid-19 y dejar que más países conozcan, entiendan y usen la medicina china”, dijo en marzo Yu Yanhong, uno de los responsables del Instituto de Medicina Tradicional China.

(1) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53216833
(2) https://es.wikipedia.org/wiki/Medicina_china_tradicional
(3) www.who.int/medicines/areas/traditional/TRM_BeijingDeclarationSP.pdf

Una pandemia de autor tiene nombre propio y el de la actual es Anthony Fauci

Anthony Fauci
Por muchas razones, Anthony Fauci muestra en su persona las características esenciales sin las cuales no se entienden ni la ciencia, ni tampoco las seudociencias, ni las ideologías, ni las supersticiones de la posmodernidad.

Fauci es el asesor científico por antonomasia de la Casa Blanca, un cargo científico que ocupa desde hace 36 años, por lo que no es un partido u otro. Es la ciencia misma institucionalizada y convertida en un poder político por encima de cualquier resultado electoral.

Es el tercer funcionario mejor pagado de toda la burocracia federal. Su salario es unos 400.000 dólares al año. Gana más que el vicepresidente de Estados Unidos o el ministro de justicia (29).

Llegó al cargo con el Sida, otra de esas pandemias que jalonan la posmodernidad que descubrió una disciplina hasta entonces marginal: la inmunología. Fauci es inmunólogo.

Es un autor prolífico de artículos científicos. El motor de búsqueda PubMed recoge casi 300 publicaciones en las que ha participado en las dos últimas décadas, aunque dudamos que realmente los haya escrito. Se los han escrito para que él los firme, lo cual es un toque de distinción para los autores verdaderos, una plataforma de ascenso en el escalafón.

Fauci dirige el NIAID (Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas), otra de las típicas organizaciones burocráticas de Estados Unidos que aúnan lo público a lo privado sin solución de continuidad.

El NIAID dispone de gigantescos recursos presupuestarios: 4.900 millones de dólares en 2017. Tiene una unidad dedicada a la guerra biológica porque en el mundo actual es imposible separar la salud de la guerra. Es imposible decir si el dinero va destinado a curar o a matar.

Casi todos se oponen a que el dinero se destine a los ejércitos, pero ¿quién ha protestado alguna vez por los gigantescos capitales destinados al Sida o al coronavirus? Nadie levanta la voz porque se supone que es un dinero gastado para curar enfermos.

El dinero derrochado por Fauci en la pandemia de Sida jamás superaría una auditoría ni un control de calidad. Desde hace 35 años numerosas empresas han recibido dinero para trabajar en una vacuna destinada al “virus del Sida” que no existe. Ha ocurrido en todos los países del mundo, pero solo en Estados Unidos Fauci ha repartido más de 500.000 millones de dólares.

La administración del dinero le da a Fauci un enorme poder en el mundillo de la investigación médica y científica. Tiene muchos “fieles”, incluso grandes laboratorios a su disposición.

En una reunión celebrada en 2017, el NIAID simuló una pandemia. El mundo tendría una “explosión sorpresa” dentro de “los próximos años”, lo cual es una contradicción: algo que se ensaya previamente no puede sorprender.

En abril volvió a sacar su bola de cristal: “En otoño tendremos otra vez el coronavirus. Estoy seguro de que lo tendremos”, pronosticó Fauci. Pero si en 2003 la epidemia de Sars-Cov1 desapareció completamente, ¿por qué insisten ahora con rebrotes futuros?

Desde el comienzo de la pandemia, Fauci dijo que el coronavirus era incurable. Antes del 22 de mayo, cuando The Lancet publicó el artículo fraudulento de sobre la hidroxicloroquina, Fauci declaró que el uso de dicha sustancia no se había estudiado en relación con el coronavirus, lo cual era mentira. En un estudio publicado en 2005 en la revista Virology Journal aseguró que la cloroquina es un potente inhibidor de la infección por el coronavirus del Sars y de su propagación (1). El Sars es el Sars-CoV1. El Covid-19 también se llama Sars-CoV2 y tiene un genoma que en un 80 por ciento es idéntico al del Sars-CoV1.

15 años antes la cloroquina había sido aprobada por los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) de Estados Unidos. Trump se manifestó a su favor  y el 29 de marzo se autorizó la cloroquina en Estados Unidos para 19 pacientes de coronavirus en determinadas condiciones.

Fauci sabía todo eso, mintió y siguió mintiendo después, tras la publicación de The Lancet. “Ahora las pruebas científicas son realmente muy claras sobre la falta de eficacia de esa sustancia” (2), dijo entonces. ¿Se le escapó a Fauci que el artículo se basaba en datos falsos?

Si la cloroquina estaba aprobada, ¿por qué Fauci no recomendó tratar a los enfermos con ella? Porque en plena histeria introducir un remedio no sujeto a ninguna patente cerraría el mercado a las futuras pócimas de la industria farmacéutica: primero el remdesivir de Gilead y algún día la ansiada vacuna.

Desde un cargo público y en nombre de la ciencia, Fauci dirige una red de grandes empresas farmacéuticas y médicas con intereses repartidos por todo el mundo. Necesitan pandemias como ésta, más enfermedades y más enfermos.

(1) https://virologyj.biomedcentral.com/articles/10.1186/1743-422X-2-69

Ciencia e ideología: la arqueología médica no encuentra lo que esperaba en la “gripe española” de 1918

Juan Manuel Olarieta

La expresión “gripe española” es un absurdo total, no sólo porque nada tuvo que ver con España, sino porque en 1918, cuando se propagó la pandemia, la expresión “gripe” no significaba nada. Es lo mismo que hoy ocurre cuando los médicos dicen que una enfermedad tiene un origen “viral”. Lo que quieren decir, en realidad, es que no conocen su origen.

La palabra “gripe”, conocida como “flu” o “influenza” en los países anglosajones, procede del latín medieval y siempre tuvo un sentido astrológico: se trataba de enfermedades que tenían su causa en la influencia de los astros, lo cual no está desprovisto de significado por la naturaleza estacional de la gripe. Las gripes son consecuencia de la llegada del invierno y, por lo tanto, del movimiento de la Tierra y su interacción con el Sol.

Sin embargo, la llamada “gripe española” de 1918 no tuvo un carácter estacional; no fue una gripe.

Ya había ocurrido durante la epidemia de gripe de 1847 en Gran Bretaña, cuando el fundador de la epidemiología, el británico William Farr, abroncó a los médicos por su estrechez de miras, señalando un cuadro clínico complejo donde coexistían enfermedades del aparato respiratorio, como bronquitis, neumonías y asma, junto con otras no respiratorias (1).

En 1918 los médicos hablaron de “gripe” porque escondía su relación con la verdadera causa de la muerte de millones de personas, que está en la guerra imperialista. Se convirtió en un tópico del lenguaje seudocientífico, en torno al cual se ha articulado una ideología que juega el papel de cortina de humo.

Además de esconder el origen político, la “gripe española” de 1918 escondía un cuadro clínico complejo, sustituido por un esquemita raquítico (“la pandemia”) que asocia axiomáticamente un conjunto de enfermedades a su virus correspondiente (“el virus de la gripe”).

Con el tiempo, la noción de “pandemia” ha caminado por un derrotero cada vez más reduccionista, creando la pesadilla moderna de que millones de personas pueden morir por las mismas causas y con los mismos cuadros clínicos en el mundo entero porque hay enfermedades que se propagan, pasando de unos a otros como si se tratara de fotocopias de sí mismas.

A pesar de que en aquella época los virus ni siquiera se conocían, el esquemita triunfó y lo subieron a los altares de la “ciencia moderna”, creando un canon.

Por lo tanto, en la historieta de la epidemia de 1918 todo es falso: no era española, ni había gripe, ni la causa era un virus.

Afortunadamente, en 1918, a diferencia de la pandemia actual, no incineraron a los fallecidos para tapar las verdaderas causas, por lo que es posible recurrir a las autopsias que se practicaron, lo que arroja un cuadro bastante completo de la etiología de los muertos que confirma la tesis de Farr: en 1847 y en 1918 sólo una ínfima parte de los enfermos murieron de gripe.

Hoy la vuelta a los orígenes y a la complejidad adopta la forma de una doctrina, llamada de los “cofactores”, que empezó a abrirse camino en los ochenta con otra “pandemia”, el Sida. Su exposición más conocida es la del Premio Nobel francés Luc Montaignier.

Pero el francés siempre fue un científico muy poco claro y, además, polémico. En un mundillo que rehuye las polémicas, esa etiqueta impide darle un giro a una corriente ideológica. Para ello hace falta trabajar en Estados Unidos y formar parte de la burocracia científica y médica, unas características que convergen en autores como Anthony Fauci.

En 2007 Fauci emprendió, junto con David Morens, una interesante investigación sobre la epidemia de “gripe española” de 1918, cuyas conclusiones publicó en el Journal of Infectious Diseases (2). Es imposible resistirse a establecer un paralelismo con la pandemia actual.

La pandemia de gripe de hace un siglo, dijeron los autores, presentó una serie de “formas clínicas aparentemente nuevas y graves de la enfermedad” que a menudo resultaron mortales, incluido un tipo de “neumonía agresiva aguda” y un SDRA (síndrome de dificultad respiratoria aguda) con cianosis (falta de oxígeno en la sangre). Los positivos al coronavirus también han mostrado numerosos síntomas considerados “inusuales” (3) en los virus respiratorios clásicos, incluyendo signos de cianosis (4) y dificultades respiratorias parecidas al SDRA.

Hace cien años las tormentas de citoquinas (“una deletérea liberación excesiva de citoquinas proinflamatorias”) pueden haber contribuido a la mortalidad observada en adultos jóvenes, por lo demás sanos.

Las citoquinas son proteínas que señalan a las células que juegan un papel importante en la respuesta inmunológica pero que, en ciertas circunstancias, pueden volverse perniciosas (5).

Algunos pacientes con enfermedades graves asociadas al coronavirus han mostrado signos de “hiperinflamación viral” o lo que en The Lancet algunos autores han calificado como “síndrome de tormenta de citoquinas” (6).

En 2007 Morens y Fauci ofrecieron pocas explicaciones sobre las tormentas de citoquinas, además de sugerir que podrían ser desencadenadas por “anfitriones no apreciados o variables ambientales”.

La respuesta de un individuo a un virus nuevo podría “depender del historial de exposiciones anteriores”, decían Morens y Fauci, aunque ellos no consideraron a las vacunas como formas de “exposición previa”.

Sin embargo, un reciente estudio del Pentágono de enero de este año (7) y otro del Hospital de Barbastro (8) indican que deberían haberlo hecho. Las personas vacunadas contra la gripe tienen más de probabilidades de desarrollar una infección por coronavirus, lo cual ya se sabía por estudios anteriores (9).

El riesgo de infecciones respiratorias virales -tanto de gripe como de no gripe- aumenta, pues, a causa de las vacunas contra la gripe, lo que explica la incidencia de la pandemia actual entre los ancianos, rutinariamente sometidos a vacunas contra la gripe y el neumococo.

Al año siguiente, Fauci y Morens, junto con Jeffery K. Taubenberger, publicaron un análisis más exhaustivo de la pandemia de “gripe española” (9), en el que examinaron los restos “post mortem” aún disponibles y las series de autopsias publicadas. Aunque su análisis descartó las causas de muerte no pulmonares, los tres autores concluyeron que fue la infección por el virus de la gripe “en combinación con la infección bacteriana” la que dio lugar a la mayoría de las muertes.

En su artículo los autores describieron los cofactores que podrían ”cambiar el perfil de morbilidad y mortalidad durante una futura pandemia”, entre ellos “el creciente número de personas que viven en centros de atención y el número de personas que están inmunosuprimidas o sufren de enfermedades cardíacas, renales y/o diabetes mellitus”. Por lo tanto, concluyeron, “la planificación de la pandemia debe ir más allá de una única causa viral”.

Según los autores, la alta mortalidad de 1918 no fue, pues, consecuencia de la acción de un virus por sí solo, sino de una interacción viral-bacteriana “poco comprendida”, es decir, en combinación con una neumonía. Sin ella, “la mayoría de los fallecidos se hubiese recuperado”.

Hoy son bastantes los investigadores que llaman la atención sobre las coinfecciones de coronavirus, señalando que muchos de los que mueren parecen tener infecciones bacterianas o incluso hongos secundarios.

En el estudio de 2008 encontraron bacterias (neumococos o estreptococos) en 164 de 167 muestras de tejido pulmonar que se sometieron a autopsia, lo que representa el 98,2 por ciento.

Es un panorama bastante más complejo que el de una pandemia, y se complicaría aún más si se hicieran autopsias a los que murieron en Europa. En tal caso es posible que hablaran de varias y no de una única pandemia. Lo mismo ocurrirá cuando dentro de un siglo la arqueología médica pueda analizar los restos -si queda alguno- de los que hoy han fallecido con los fantasmales “síntomas compatibles” con el coronavirus. Bajo el polvo encontrarán cosas muy distintas a las que esperan.

(1)
A.D.Langmuir, William Farr: founder of modern concepts of surveillance, International Journal of Epidemiology, Vol. 5, No. 1, pgs.13-18
(2) https://academic.oup.com/jid/article/195/7/1018/800918
(3) https://time.com/5837591/unusual-symptoms-of-coronavirus/
(4) https://www.businessinsider.com/covid-19-symptoms-cdc-list-2020-4
(5) https://www.forbes.com/sites/claryestes/2020/04/16/what-is-the-cytokine-storm-and-why-is-it-so-deadly-for-covid-19-patients/
(6) https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)30628-0/fulltext
(7) https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0264410X19313647?via%3Dihub
(8) https://elarconte.com/wp-content/uploads/2020/06/POSIBLE-CAUSA-PANDEMIA-POLISORBATO-VACUNA-GRIPE-actualizado_18-06-2020.pdf
(9) https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0264410X18303153?via%3Dihub
(10) https://academic.oup.com/jid/article/198/7/962/2192118

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