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La masacre de 17 de Octubre de 1961 en París

La masacre de París del 17 octubre de 1961 ocurrió durante la guerra de Argelia. La represión de la policía parisina, entonces dirigida por Maurice Papon (condenado en 1990 por crímenes contra la humanidad perpetrados durante el régimen colaboracionista Vichy), contra la población argelina de la región parisina dura todo el otoño de 1961. Para entonces Francia ya había más o menos perdido la guerra, y Charles de Gaulle empezaba a negociar con el FLN.

El día 17 de octubre de 1961, una manifestación pacífica convocada por el FLN contra el toque de queda impuesto sobre los argelinos que vivían en la región parisina por el prefecto de policía Maurice Papon desembocó en una represión brutal, que causó entre 70 y 200 muertos.

El historiador Jean-Luc Einaudi cuenta 200, y 325 argelinos muertos por la policía a lo largo del otoño de 1961. Los argelinos no fueron las únicas víctimas, porque el racismo de la policía hacía que cualquier persona de color (marroquíes y tunecinos, pero también portugueses) fuera detenida, golpeada y asesinada.

Algunas de las víctimas fueron arrojadas al río Sena desde los puentes, tras ser golpeadas hasta la inconsciencia. Los archivos policiales han demostrado que Papon animó a los oficiales a obrar de esa manera; por otro lado, los policías participantes tuvieron la precaución de quitarse el número de placa del uniforme, lo que demuestra una acción organizada.

El 17 de octubre de 1961 las fuerzas policiales bloquearon todos los accesos a la capital, las estaciones de metro, los trenes, las llamadas “portes” (puertas), etc. De aproximadamente 150.000 argelinos residentes en París, se calcula que entre 30.000 y 40.000 se unieron a la manifestación. Las acciones policiales efectuaron 11.000 detenciones y los detenidos fueron transportados por el RATP (autobuses y trenes de cercanías) al Parc des Expositions, centro de internamiento ya usado durante la ocupación nazi.

Los detenidos no sólo eran argelinos, sino también marroquíes, tunecinos, españoles e italianos emigrantes, que fueron enviados a diversos acuartelamientos, el Palais des Sports de la Puerta de Versalles, el Estadio Coubertin, etc.

A pesar de estas detenciones, entre 4.000 y 5.000 personas consiguieron agruparse y manifestarse pacíficamente entre la Plaza de la República y la Plaza de la Ópera, sin incidentes. Pero fueron bloqueados en Ópera, y los manifestantes retrocedieron. A la altura del Cine Rex (actual Rex Club, en los Grandes Bulevares), la policía abrió fuego y cargó contra los manifestantes, causando bastantes muertes.

En el puente de Neuilly (que separa a París de los suburbios) las fuerzas policiales también abrieron fuego, causando más muertos. Los argelinos fueron arrojados al Sena en diversos puentes de la ciudad y los suburbios, principalmente en el céntrico Puente Saint-Michel, justo al lado de Notre Dame y a dos pasos de la Prefectura de policía….

El silencio se mantuvo, en algunos casos, mediante amenazas contra policías que habían sido testigos y podrían haber denunciado a sus compañeros. La masacre fue objeto de ocultación estatal. El presidente Charles de Gaulle dijo que era algo “secundario”. El 8 de febrero de 1962 una manifestación, principalmente de miembros del Partido Comunista y de la CGT también acabó en una masacre (la llamada “masacre de Charonne”, una estación de metro parisina).

En la década de los 90 la Masacre del 17 de Octubre, como es conocida en Francia, llegó a la conciencia nacional. En particular, el testimonio de Jean-Luc Einaudi durante el proceso de Maurice Papon por crímenes contra la humanidad le ayudó a conseguir permiso para investigar los archivos de la policía, a los cuales no había tenido acceso antes (échate a temblar, Rodolfo Martín Villa…).

Papon fue juzgado solamente por los hechos perpetrados cuando era prefecto de Burdeos durante la Segunda Guerra Mundial y siempre negó, a pesar de las pruebas acumuladas contra él por el historiador Jean-Luc Einaudi, su responsabilidad directa en la masacre. El 17 octubre de 2001 el alcalde socialista de París, Bertrand Delanoë, puso una placa en el puente de Saint-Michel para conmemorar la masacre. El 18 de febrero de 2004 se realizó una petición para nombrar a una estación de metro en Gennevilliers como “17 de Octubre de 1961”, en recuerdo de la masacre.

“Aquí ahogaron a los argelinos”, recuerda la pintada

Una guerra antimperialista en el siglo XIX: la guerra del Paraguay

Darío Herchhoren

Lo que se conoce como «guerra del Paraguay», o «guerra de la triple alianza», o «guerra de la triple infamia», se desarrolló entre los años 1865 y 1870; pero en realidad comenzó muchos antes. Comenzó con las invasiones inglesas de 1806 y 1807, cuando la flota inglesa ataca Buenos Aires, y pretende hacerse con el control del Virreynato del Río de la Plata, que por entonces abarcaba la actual Argentina, Paraguay, Uruguay y lo que se llamaba entonces el Alto Perú, que es la actual Bolivia. Un territorio vastísimo, que encerraba enormes riquezas.

El imperio inglés trabajaba desde hacía mucho tiempo con el objeto de liquidar el imperio español, y fomentaba de todas las maneras posibles las sublevaciones nacionales de los pueblos oprimidos de América, con el objeto inconfesable de «heredar» el imperio español.

A tal efecto trataba de influir sobre oficiales del ejército español de origen criollo, con los cuales organizaba logias secretas donde se inculcaba a esos oficiales ideas de libertad al estilo de las que había difundido la Revolución Francesa de 1789; pero con el agregado subliminal de fomentar la «libertad de comercio», y contra el férreo monopolio que había establecido el estado español. Dicho monopolio era en realidad una valla contra la introducción de manufacturas que no fueran españolas y servía de freno a la expansión colonial del imperio inglés.

Pero las invasiones inglesas de 1806 y 1807 fracasan estrepitosamente, y se produce en mayo de 1810, lo que se conoce como «Revolución de Mayo de 1810», siguiendo el ejemplo de las sublevaciones de Tupac Amaru y de Cochabamba y Chuquisaca en el Alto Perú, en los años inmediatamente anteriores, a raíz de las invasiones napoleónicas de España y Portugal y las consiguientes abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII. Pero ya estaba incubándose el huevo de la serpiente; que estaba representado por los intereses de los comerciantes del puerto de Buenos Aires, que conformaban ya entonces una clase social ligada a las importaciones de manufacturas europeas, que perjudicaban notablemente a las industrias artesanales criollas.

Este perjuicio lo sufrían sobremanera los artesanos del Paraguay, cuyo único contacto con Europa era el río Paraná. Dicho río nace en la selva brasileña, y es navegable en todo su curso, hasta desembocar en el Río de la Plata, y de allí a mar abierto, es decir al mundo entero.

Esa es la razón por la cual los comerciantes y artesanos paraguayos han sido y siguen siendo en la actualidad defensores de la soberanía de los estados ribereños del Río de la Plata, y del Paraná que es y era en su tiempo el único medio de comunicación por vía marítima entre Paraguay y el resto del mundo.

Debe tenerse presente que Paraguay es un país mediterráneo, es decir que no tiene salida al mar salvo mediante la navegación del Paraná, donde está el puerto de Asunción.

Ante los acontecimientos de Buenos Aires de 1810, las autoridades criollas de Paraguay, que formalmente seguían siendo parte de las «Provincias Unidas del Sur», se mantienen recelosas y no envían diputados ante las nuevas autoridades surgidas de la Revolución de Mayo, en una actitud que la Junta de Buenos Aires considera hostil, lo que lleva a que se organice una expedición militar para meter en cintura a la provincia rebelde.

Esa expedición a cuyo frente está el General Belgrano es derrotada militarmente en las batallas de Tacuarí y Curupaytí y la brecha entre el nuevo estado surgido de la Revolución de Mayo y la provincia rebelde de Paraguay se hace cada vez más honda.

Pero lo que en principio es que la mediterraneidad de Paraguay es un inconveniente para la recepción de manufacturas, termina siendo en realidad una defensa natural, que permite el surgimiento de una industria artesanal importante, ante la imposibilidad de recibir mercancías del exterior.

Es aquí justamente cuando comienza la cuenta regresiva que termina trágicamente con la destrucción del Paraguay por el imperialismo inglés por medio de sus vicarios, que eran los gobiernos de Argentina, Uruguay y sobre todo Brasil que actuaban como sicarios de Su Majestad Británica, y consuman uno de los mayores crímenes de lesa humanidad que se hayan conocido en el siglo XIX en América  Latina, y que acabó con la vida de dos tercios de la población paraguaya. El mantener una política de defensa del interés nacional a ultranza necesita sin duda la toma de medidas muchas veces durísimas, la formación de un ejército poderoso, armar al pueblo, formar oficiales con gran sentido patriótico, y sobre todo no ceder un ápice tanto ante el enemigo exterior como ante sus cómplices interiores. Hacía falta una dirección política esclarecida y fuerte, y que tuviera un importante arraigo entre la población. Estamos hablando de una revolución social, y de un líder que la conduzca con mano de hierro.

Ese líder revolucionario que conducirá al Paraguay a las más altas cotas de desarrollo a que jamás había llegado país alguno en Sudamérica fue José Gaspar Rodríguez de Francia, conocido también por el doctor Francia.

El doctor Francia había estudiado Teología y Derecho en la Universidad de Córdoba (Argentina), y se había doctorado en ambas carreras. Había nacido el 6 de enero de 1766, diez años antes de que por Real Cédula del Rey de España se creara el Virreynato del Río de la Plata, que se produjo en 1776.

Terminada su carrera vuelve a su ciudad natal Asunción, y gana una oposición a Secretario del cabildo de Asunción. A raíz de la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires, participa de los hechos que tienen lugar como su consecuencia, y se rodea de algunos jefes militares que lo siguen. Está imbuido de las ideas de la Revolución Francesa, es antimonárquico, y posee una vasta cultura histórica y política. Conoce la historia del imperio romano y sus instituciones. Con el apoyo de los militares, se crea como poder ejecutivo el Consulado, al estilo romano y luego napoleónico, y es designado cónsul con plenos poderes, siendo asesorado por el Cabildo, que está formado por los principales contribuyentes del país. Pero el Doctor Francia usó esos poderes a favor del Paraguay y su pueblo. Expropia a los grandes latifundistas, despoja de la propiedad de la tierra a los españoles europeos, cuyas tierras pasan a ser propiedad del estado; descabeza a la cúpula de las milicias, integrada por oficiales españoles europeos, obliga al clero a no reconocer mas autoridad que la de los obispos paraguayos sin reconocimiento alguno al papa de Roma, paga un sueldo a los sacerdotes que pasan a ser empleados del estado igual que los maestros, establece la enseñanza primaria obligatoria, gratuita y laica, crea nuevas milicias con campesinos y artesanos, y democratiza los cabildos quitando la obligatoriedad de ser contribuyente para integrarlos, con lo cual promueve el ingreso de obreros rurales, artesanos y campesinos en la administración pública.

El Doctor Francia es consciente de que estas medidas de gobierno traerán enemistades sobre todo por parte de las potencias afectadas por esa política, que eran en ese orden el Imperio Británico, el emperador del Brasil Pedro I, y la oligarquía argentina, y por eso manda construir fundiciones de hierro para construir cañones, con el hierro que se explota en la región del Guayrá, levanta fortalezas a la entrada de las principales ciudades y manda construir la famosa fortaleza de Humaitá para defender el puerto de Asunción.

Paralelo con esto arma milicias populares, que van armadas con los pocos fusiles que consigue, y con gruesos garrotes de madera, que se irán sustituyendo por las armas que irán fabricando los artesanos. Es así como se desarrolla una industria importante donde se fabrican con maderas del país las cureñas para los cañones, los fusiles, y los barcos que en principio son de madera y mas tarde serán de metal.

Sin duda Paraguay y el Doctor Francia son un peligro para la «democracia» de la época, y un muy mal ejemplo que hay que combatir.

Debemos tener siempre presente que Paraguay es un país mediterráneo, enclavado en la selva, y rodeado de enemigos, algunos de ellos muy poderosos como el imperio del Brasil, y que para mayor peligrosidad era un fiel servidor del imperio británico.

El Doctor Francia lleva un control estricto del comercio exterior, sobre todo de la exportación de yerba mate, de tabaco torcido (elaborado en cigarros y picadura) y fundamentalmente de maderas, que eran muy codiciadas en el mundo entero para elaborar muebles e instrumentos musicales.

Como corolario de todo esto, el gobierno de Paraguay establece un sistema de becas para que jóvenes paraguayos estudien en Europa y adquieran conocimientos que luego volcarán en su país. Es así como Paraguay tiene una gran cantidad de ingenieros, químicos, físicos e investigadores, que desarrollarán su país en los años siguientes.

Pero el Doctor Francia, que gobierna desde 1814 hasta 1840, muere en ese año, y es reemplazado por Carlos Antonio López, que era su secretario, y que sigue su misma política. Durante su gobierno Paraguay fabrica y exporta telescopios para explorar el cielo, cosa muy poco conocida y se tienden los primeros ferrocarriles de América, fabricándose en Paraguay locomotoras y vagones ferroviarios de carga y de pasajeros. Esto es un hito no solo de la historia de Paraguay sino de América Latina toda.

Carlos Antonio López muere en 1862, y es reemplazado por su hijo, el famoso Mariscal Francisco Solano López, que no solo sigue la misma política de los anteriores, sino que amplía la misma. En Paraguay se fabrica papel y se utiliza zumo de naranjas ácidas para blanquearlo, se fabrican laminados de hierro y buques artillados de metal, sus habitantes saben leer y escribir y los salarios que se pagan son los mejores de Hispanoamérica. Se crea el Banco de la Nación Paraguaya, y se establece que el peso paraguayo valga media esterlina. Todo esto era ya intolerable, y el imperio británico decide que ha llegado la hora de bajar el pulgar a Paraguay y acabar con esos atrevimientos. ¡Que se creen esos indios guaraníes!

El imperio brasileño comienza una serie de provocaciones en las fronteras con Paraguay, y este se defiende hundiendo varias cañoneras brasileñas. Es la guerra. El gobierno de Francisco Solano López pide permiso al gobierno argentino para atravesar con su ejército la provincia de Corrientes y atacar Río Grande del Sur, territorio brasileño donde la población era de origen guaraní y lograría su apoyo para la causa paraguaya, pero el ejecutivo argentino, ejercido por el cobarde servidor del imperio británico y fundador de la oligarquía argentina y del diario La Nación, el General Bartolomé Mitre se lo niega.

Ante eso, el Mariscal López comete un error, y atraviesa la provincia de Corrientes con el ejército paraguayo, y es aclamado por el pueblo correntino que lo recibe como a un libertador.

La oligarquía argentina no podía tolerar semejante situación, y declara la guerra a Paraguay, que se defiende con dientes y uñas, y hace retroceder al ejército argentino que sufre numerosas bajas. Hay un encuentro entre el Mariscal López y el General Mitre para lograr la paz, pero Mitre, fiel sirviente de Inglaterra pone tales condiciones que son inaceptables y la guerra continúa; pero en ella ya participan tropas uruguayas y brasileñas y a pesar de la heroica resistencia paraguaya, finalmente Paraguay pierde esa guerra. La guerra del Paraguay dura cinco años desde 1865 hasta 1870; y el ejército de la Triple infamia, acaba con la vida de las dos terceras partes de los habitantes del Paraguay. En su avance dicho ejército iba desmontando todas las industrias y talleres y eso es revelador del objetivo que tenía, que era el de aniquilar y destruir a un país y a un pueblo que había elegido ser libre y desatarse de las ataduras del imperialismo. El Mariscal Francisco Solano López muere heroicamente en Cerro Corá en 1970. Paraguay nunca logró recuperarse de esa derrota, y hoy se ha convertido en una colonia de los EEUU y de Israel.

Estimado lector ¿te suena esto? ¿No estamos ante hechos parecidos en el siglo XXI?

El gran negocio de las ONG

Hace años, hablando con una amiga, me preguntaba acerca de cuál era la forma ideal para montar su negocio con unas amigas (un gimnasio). Barajaba el constituir una SL, una sociedad civil/comunidad de bienes, una cooperativa, o bien simplemente como autónomas. Supongo que me tomaría a cachondeo cuando le señale que a mí me gustaban mucho las ONGs, que pensase en una Asociación sin ánimo de lucro, combinada con algún otro de los formatos indicados.

Por matizar, cuando hablo de ONGs hablo de cualquier organización que afirma no tener ánimo de lucro y que pertenece a la esfera privada. Son las conocidas como Tercer Sector, y en nuestro país se articulan básicamente alrededor de dos figuras jurídicas: las Asociaciones y las Fundaciones. Las primeras están centradas en el componente personal, en los socios y en su actividad. Las segundas son realmente un patrimonio adscrito a un fin. Hay ONGs que combinan ambas figuras, hasta constituir verdaderos holdings.

[…] No soy el único que cree que las ONGs son una buena alternativa para desarrollar un negocio. En el mismo periódico coinciden Luis Pineda de Ausbanc (ojo a su frase definitoria de “desde niño nunca me he bajado de un Mercedes”) y Eduardo Castellón de Intervida, ambos en el ojo del huracán. Son dos casos sonados, pero hay muchos más: la SGAE o su emporio empresarial, las distintas organizaciones de consumidores (por llamarlas de algún modo), el caso Anesvad, la mismísima ONCE, etc.

En mi opinión estas son algunas de las razones por las que algunos prefieren desarrollar su vena empresarial bajo el paraguas de las ONGs:

Algunas de estas organizaciones, especialmente las Asociaciones, son de más fácil y flexible constitución y vida que sus equivalentes mercantiles. Gozan de la misma personalidad jurídica, evitando así la responsabilidad personal de sus socios, pero su opacidad puede ser superior. Los controles (auditorias) son muchos menores, salvo quizás para el caso de Fundaciones (pero a la vista está que no suficientes). Para paliar esto han surgido algunas iniciativas como la Fundación Lealtad, aunque desconozco el alcance de su éxito.

Tiene un régimen fiscal más beneficioso que el de las sociedades mercantiles.

Les permiten captar fondos de simpatizantes, vía donaciones o similares. Fondos que muchas veces no están sujetos a un control fiscal tan fuerte como el de las ventas de una SL.

Acceden a fondos públicos vía subvenciones y adjudicaciones de contratos para organizaciones del Tercer Sector. Chirría esa definición de Organización No Gubernamental con el hecho de que muchas de ellas vivan esencialmente del presupuesto público. Tanto, que en ocasiones, se convierten en apéndices de los Partidos, en voceros suyos, como los sindicatos en su peor momento.

El hecho de constituirse como ONG no impide el que la cúpula dirigente constituya y desarrolle una galaxia de sociedades mercantiles que facturen a la ONG, y que este controlada, bien por ella, o casi mejor, por ellos.

Excelente imagen pública (al menos hasta ahora), fruto de la cual pueden acceder con mayor facilidad a los medios de comunicación y conseguir campañas de publicidad a bajo, e incluso nulo, coste. En ocasiones, las empresas crean ONGs que les sirven de pantalla a tales efectos. Veáse el caso Afinsa/Forum y el manejo que tenían de la patronal del sector.

Las que se dedican a cooperación internacional tienen una maravillosa patente de corso para justificar fuertes movimientos de dinero en el exterior. Y cuando el dinero da tantas vueltas, siempre se pueden ir recogiendo las migajas en cuentas en el extranjero. Además, tienen acceso directo a las autoridades públicas de muchos países del Tercer Mundo, aspecto fundamental para desarrollar negocios paralelos.

No creo que todas las ONGs sean empresas de nuevo cuño. Todo lo contrario, pero ya va siendo hora de que denuncien a los lobos que se esconden bajo el manto de su nombre. Con su silencio se hacen complices.

Fuente: http://www.elblogsalmon.com/entorno/las-ongs-como-negocio

Las calles recuerdan los nombres de los traficantes de esclavos

En un país sometido por unos políticos asquerosos, además de fascistas, los nombres de las calles están repletas de reconocimientos a los traficantes de esclavos.

La reina María Cristina de Borbón, con monumento frente al Casón del Buen Retiro y célebre parada de metro en Barcelona, en compañía de su segundo esposo, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, Duque de Riansares, practicó y promovió la trata de esclavos en las islas caribeñas y tuvo participaciones en diversos ingenios azucareros en el siglo XIX.

Leopoldo O’ Donnell, ex presidente de gobierno que ejerció la Capitanía general de Cuba con puño de hierro entre 1843 y 1848, ordenó una cruel represión tras una revuelta esclava en la isla. Según el cónsul británico en la isla, por cada “pieza” desembarcada recibía 51 pesos de los negreros. Los ingleses calcularon que debió amasar hasta 500.000 pesos durante su estancia en la isla (el equivalente a diez millones de reales en la moneda española de la época, una fortuna).

En el Puerto de Barcelona se levanta un monumento en honor a Antonio López y López, primer marqués de Comillas, que hizo fortuna con la trata de esclavos en las Antillas.

Su hija se casó con Eusebi Güell, mecenas de Antoni Gaudí e inspirador del espectacular parque Güell, que a la vez había recibido una considerable fortuna de parte de su padre, Joan Güell i Ferrer (también con un monumento en plena Gran Vía), que se había enriquecido también con la trata de esclavos.

Josep Xifré, primer presidente de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Barcelona (el embrión de La Caixa), también se lucró con el negocio de los esclavos.

La familia Vidal-Quadras (los antepasados del eurodiputado del PP, Alejo Vidal-Quadras) participaron del mercado esclavista en el siglo XIX.

Alicia y Esther Koplowitz, dos de las empresarias más conocidas de España, son hijas de Esther Romeu de Juseu y Armenteros, aristócrata cubana y como ellas marquesa de Casa Peñalver, de Campoflorido, del Real Socorro y de Bellavista, pomposos títulos unidos a las grandes plantaciones familiares en Cuba con cientos de esclavos.

Antonio López y López, Marqués de Comillas, que fue el fundador del Banco Hispano Colonial, cimentó su fortuna como negrero y dueño de cuatro cafetales y cuatro ingenios que aprovechaba para vender sus dotaciones de esclavos.

Pablo Epalza, fundador del Banco de Bilbao (BBVA) también amasó su fortuna con el comercio de esclavos.

La trama no contada de la invasión marroquí del Sahara

Salka Embarek

El plan estratégico de la invasión marroquí del Sáhara, no comenzó con la entrada de la Marcha Verde, eso vino después y sirvió para desviar la atención de la Comunidad Internacional. Ahí es donde estaba el espectáculo y la prensa, pero no donde se estaba produciendo la invasión militar del Sáhara.

La movilización de miles de colonos marroquíes enardecidos por el discurso de su rey Hassan II, precedidos por un despliegue militar con claras instrucciones, fue una maniobra acordada de antemano, meditada con tiempo y maquinada para lograr el objetivo sin estorbos. Esa estampa, que fue grabada, fotografiada y documentada desde una barrera segura por los medios españoles, franceses y marroquíes, es lo que ha permanecido en la memoria de gran parte de la sociedad española sobre los acontecimientos ocurridos hace tan solo 40 años. Eso es lo que vendió la prensa instalada con sus trípodes frente a los colonos que enarbolaban banderas de su país. Ahí es donde estaba el espectáculo pero no donde se estaba produciendo la invasión militar del Sáhara.

A finales de octubre de 1975, España, Marruecos y Mauritania, con la protección y el amparo de otros países como EE.UU., Francia e Israel, mantienen conversaciones con el fin de que la invasión militar del territorio saharaui se lleve a cabo, a pesar de que días antes, la Corte internacional de Justicia había emitido su dictamen jurídico en el que decretaba que no existían lazos de soberanía alguno para que Marruecos pudiera argumentar que el Sáhara era parte integrante de su territorio, por lo que al pueblo saharaui le pertenecía decidir su futuro mediante la celebración de un referéndum de autodeterminación. Dicho de otra forma: el pueblo saharaui tiene derecho a la autodeterminación.

La invasión se produce a 300 kilómetros del espectáculo de la Marcha Verde. El ejército marroquí aniquila a todo ser vivo y oculta los cadáveres de los saharauis en fosas comunes.

Marruecos se prepara militarmente utilizando arsenal bélico de origen americano y francés, con el apoyo de los petrodólares saudíes. Los oficiales del ejército español sirven de guías sobre el terreno.

En un intento de camuflar esta invasión ante la Comunidad Internacional, deciden comenzar su entrada alejándose un poco del Aaiun circundando el territorio desde Hauza y Chederia, al este de Smara. En ese momento, la cobertura mediática está controlada por la prensa de los tres principales actores: Francia, España y Marruecos. Los medios de estos tres países sólo hablan del desarrollo de una “marcha pacífica”, la Marcha Verde, mientras que a unos 300 kilómetros al este, se está aniquilando a la población saharaui, ejecutados o enterrados vivos en fosas comunes que abren para ocultar los cadáveres. Hasta el ganado es exterminado, envenenan el agua de los pozos, arrasan y destruyen todo lo que encuentran a su paso: tierra quemada. La idea de la “marcha pacífica” se presenta al mundo como una forma de “recuperar el Sáhara” mientras que Marruecos con sus aliados está invadiendo el territorio utilizando tácticas militares de guerra y cometiendo crímenes de lesa humanidad.

Los reclutados para integrar esa marcha eran delincuentes, presos, criminales, y también personas sin recursos recogidos en las calles de las ciudades marroquíes, gente sin nada que perder. Estos fueron los elegidos para formar las columnas de 350.000 colonos invasores que llegarían a todos los rincones del Sáhara y entre los que también se encontraban unidades del ejército marroquí.

Hoy en día, muchos siguen creyendo que Marruecos no entró en el Aaiun, sino que se detuvo en las fronteras heredadas de España cuando la marcha recibió la orden de retroceder. En ese momento del retroceso, ya las unidades acorazadas marroquíes habían entrado al territorio saharaui cubriendo toda la parte este del Sáhara Occidental.

El acuerdo tripartito pretende formalizar algo ilegal y que estaba costando la vida de miles de personas inocentes.

El acuerdo tripartito de Madrid fue firmado pocos días después, (14 de noviembre de 1975), con la presión francesa hacia los mauritanos (Mokhtar Dadah), y con la presión de otros elementos interesados en el reparto. El objetivo fue legalizar la ocupación del Sáhara, una ocupación que ya estaba hecha.

La Asamblea General de las Naciones Unidas rechazó de forma determinante los hechos y presentó una resolución en la que se exigía el respeto a la legalidad internacional y que reconocía el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Hasta la fecha nadie reconoce la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara como tampoco Marruecos cumple con la legislación internacional ni reconoce las resoluciones de la ONU.

Cada 6 de noviembre, el Rey de Marruecos celebra a lo grande este trágico acontecimiento que supuso el genocidio de la población saharaui, la vulneración de todos sus derechos y el robo de su país, lo que conmemoramos todos los demás el 31 de octubre de cada año, como también se vuelve a poner sobre la mesa la responsabilidad de España, el abandono de la que fuera una más de sus provincias, junto a su población, el inconcluso proceso de descolonización, las resoluciones de la ONU a favor del derecho del pueblo saharaui, la necesidad de hacer cumplir a Marruecos con la legalidad internacional y la imposición de justicia para el pueblo saharaui en su derecho a ser soberano.

Pobreza extrema en los Campamentos de refugiados y violación de los derechos humanos en los Territorios Ocupados.

La población saharaui que logró huir de la invasión y alcanzó atravesar los miles de kilómetros de desierto bajo el bombardeo de la aviación militar marroquí, la que logró sobrevivir al Napalm y al Fósforo Blanco, al hambre y a la sed, a las enfermedades y a las inclemencias del tiempo, se estableció en campamentos de refugiados que hace pocos días fueron dañados por las intensas lluvias que cayeron en la zona. A pesar de que la vida parece imposible en la hammada, ellos han logrado crear de la nada una infraestructura para su supervivencia, y aunque malviven en condiciones de pobreza y malnutrición, su convicción política y el derecho a recuperar su tierra permanece intacto.

En los territorios ocupados, el régimen marroquí ataca con dureza a la resistencia pacífica saharaui. Secuestra a periodistas y defensores de derechos humanos, los somete a torturas y amenazas. El régimen marroquí ataca a los saharauis que se manifiestan o se concentran para reivindicar sus derechos, despliega a todos los cuerpos policiales por las ciudades ocupadas y arma a los colonos contra la población saharaui cercando y aislando sus barrios. Controla y persigue a los activistas, a las organizaciones de derechos humanos saharauis que considera ilegales, prohíbe la entrada de observadores internacionales al territorio, detiene a los saharauis de forma arbitraria, los encarcela y tortura para después someterlos a juicios sumarísimos en los que se dictan largas sentencias de años contra ellos por haber participado en una manifestación pacífica…

Pero la lucha contra la ocupación marroquí y a favor de la independencia crece y se fortalece en el tiempo. Las manifestaciones de la población saharaui han ido en aumento por todo el territorio desde que en el 2005 se produjera la primera intifada, a pesar de la larga lista de presos, desaparecidos y de muertos. La determinación de sus reivindicaciones se consolida y se refuerza generación tras generación, marcando fechas y acontecimientos que son hitos históricos en su lucha, como fueron las protestas y el levantamiento del campamento de Gdeim Izik en 2010, o el reconocimiento internacional de activistas defensores de los DDHH.

Los líderes activistas de la Causa saharaui han aumentado en estos últimos años en los Territorios Ocupados, respaldados por la Comunidad saharaui, tanto en las ciudades del Sáhara ocupado, como desde los Campamentos de Refugiados, como los que, desde el exilio les muestran su apoyo y consideración.

Fuente: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article94217

Los rostros pálidos indemnizarán a los indios con miles de millones de dólares

Después de varias décadas de litigios judiciales contra los indios, el gobierno de Estados Unidos ha tenido que reconocer la deuda histórica hacia 41 tribus norteamericanas autóctonas y ha firmado varios acuerdos para evitar ser condenado por los tribunales.

El último de los acuerdos, firmado en Nuevo México, admite el pago de una deuda de más de 1.000 millones de dólares, acumulada a lo largo de un siglo y cuyos beneficiarios son tribus indígenas localizadas en diferentes estados federales.

Entre las 41 tribus favorecidas por la millonaria indemnización, en cuyo reconocimiento actuó el Departamento del Tesoro, se cuentan los apaches, siux, oglala, zuni, navajos y otros.

Las indemnizaciones son muy cuantiosas porque la población indígena está representada en la actualidad por menos de dos millones de habitantes en todo el país. En la actualidad el gobierno tiene convenios con un total de 565 tribus.

De acuerdo con normas vigentes desde 1888, a través de un fideicomiso el Departamento del Interior administra cerca de 20 millones de hectáreas de tierras pertenecientes a reservas indígenas. Es una expropiación encubierta porque a su vez el gobierno central adjudicó las tierras a 100.000 contratistas para su uso como vivienda, explotaciones madereras, agricultura, ganadería y extracción de petróleo y gas, entre otros.

En virtud de los acuerdos, Washington reconoce una deficiente gestión de dicho fondo fiduciario. Sólo durante 2011 el fondo administró recursos cercanos a los 4.000 millones de dólares, los cuales generaron ingresos del orden de los 1.000 millones de dólares.

Para mejorar la administración de dichos terrenos, recientemente el Departamento del Interior ha tenido que imponer sanciones millonarias, especialmente a compañías petroleras, responsables de liquidar inadecuadamente el pago de tributos.

Además hay interpuestas varias denuncias ante los tribunales para que se reconozca el exterminio de 80 a 100 millones de indios desde los tiempos de la llegada de los colonos españoles a Florida.

Un comunista caribeño: Jacques Roumain

Jacques Roumain fue el fundador del Partido Comunista de Haití y muchas otras cosas más: pensador, diplomático y autor de obras científicas y literarias de muy diversa factura, desde la poesía hasta la geografía. Es reconocido entre las voces que contribuyeron a revelar el Caribe y definir sus valores y expresiones comunes en los años 30 y 40 del pasado siglo.

Nació el 4 de junio de 1907 en Puerto Príncipe, la capital, en el seno de una familia adinerada. Su abuelo, Tancredo Augusto, fue presidente de Haití cuando él era niño. Se educó en un colegio católico y luego completó su formación en Suiza, Bélgica, Francia y Alemania, aunque también vino a España, donde estudió agronomía.

Volvió a Haití cuando tenía 20 años, fundando la “Revista Indígena” con Émile Roumer, Philippe Thoby-Marcelin, Carl Brouard y Antonio Vieux, en la que aparecieron sus primeros versos y narraciones, a los que consideraba como “acción”, como “un arma al servicio de su pueblo”, como un panfleto. El poeta, escribió, es “el reflejo de la conciencia de una época”.

Roumain se hizo amigo del antropólogo francés Alfred Metraux con quien viajó por el Haití rural, documentando las tradiciones religiosas, en una investigación que Metraux convertiría en “Vudú en Haití”, un libro muy aclamado.

Por su parte, en 1930 Roumain publica el libro de relatos “La presa y la sombra” en el que hace una aguda crítica del mundo burgués y urbano de Puerto Príncipe. Al año siguiente aparece su novela corta “La montaña embrujada”, expresión de la vida campesina, las costumbres y creencias del vudú.

Al regresar Roumain se encontró con que su país estaba ocupado por el imperialismo, uniéndose al movimiento de liberación nacional. Primero apoyó la fundación de la Liga de la Juventud Patriota Haitiana, cuya lucha contra Estados Unidos y el gobierno títere lo llevaron a la cárcel durante 8 meses en 1928.

En 1934 dio un pasó más: participó en la creación del Partido Comunista Haitiano, por lo que fue nuevamente encarcelado, esta vez durante tres años.

Tras su liberación en 1936, Roumain se exilió en Estados Unidos, donde frecuentó la Universidad de Columbia y trabó relación con Langston Hughes y otros intelectuales.

En 1942 cambió el gobierno y le autorizaron a regresar a Haití, donde fundó la Oficina Nacional de Etnología. En esta época escribe su novela “Los gobernadores del rocío” y el poemario “Bosque de ébano”, donde aparece la expresión “Los condenados de la Tierra” que 40 años después el argelino Frantz Fanon adoptará para encabezar su propia denuncia del colonialismo. Entre sus mejores versos destacan los que defienden a la Unión Soviética y a Stalin de una manera vibrante.

Para sacarlo del país, el gobierno le nombra embajador en México. También viaja Cuba, donde vive un año entero en La Habana con el gran poeta comunista Nicolás Guillén.

Durante sus estancias en la cárcel contrajo el paludismo que, con 37 años de edad, le condujo a la tumba el 18 de agosto de 1944, tres días después de un regreso desde Cuba.

Desde entonces la decisiva obra política e intelectual de Roumain es objeto de estudios continuos. Su influencia sigue pesando en la lucha de los pueblos del Caribe y de toda Latinoamérica, junto a Mariátegui, Mella, Ponce y el Che Guevara.

La novela “Los gobernadores del rocío” es una de las mejores de la literatura caribeña contemporánea. Cuenta la historia de Manuel, un joven campesino que regresa a su empobrecida aldea de Fonds Rouge después de haber cortado caña de azúcar en Cuba durante 15 años, y advierte la pobreza en que se encuentra su tierra.

El título de la novela resume la tesis de Roumain: nosotros, cada uno de nosotros, somos los dueños de nuestro destino. Es una batalla contra el fatalismo y la superstición, que tanto proliferan entre los negros del Caribe (y entre los blancos de otros lugares). No hay maldiciones. Las cosas están ahí para cambiarlas. Sólo hay coger las riendas entre en las manos.

La lectura de Roumain es imprescindible para aquellos cuyas lagunas han convertido al marxismo en un recetario eurocentrista, para quienes desconocen el mundo negro, rural y tercermundista.

El primer genocidio de la historia lo cometieron los alemanes en Namibia

La verdad ha tenido que esperar cien años pero, por fin, el presidente del Parlamento alemán Norbert Lammert ha reconocido que las masacres cometidas contra los namibios hace un siglo constituyen un crimen de genocidio, el primero de la historia. Lammert lo ha confesado en un artículo publicado el miércoles en el diario Die Zeit. Hace sólo dos años, una votación en el Bundestag negó que Alemania hubiera cometido ningún genocidio en lo que se llamó como África del sudoeste en la época colonial.

En 2004 ocurrió algo parecido: el gobierno alemán desautorizó las palabras de su ministro de Ayuda al Desarrollo, Heidemarie Wiecaorek-Zeul, quien pidió perdón por las masacres coloniales y las calificó como genocidio.

Las matanzas empezaron con el reparto del mundo que las potencias coloniales llevaron a cabo en 1884. A Alemania le correspondieron los actuales Togo, Camerún, un área cerca de la actual Ruanda, y Namibia. De los cuatro, éste último era el trozo más grande, pero las mejores tierras ya estaban ocupadas por tribus locales, lo que dificultaba que los colonos se establecieran allí.

Ante tal situación, el primer virrey de la zona intentó conseguir las tierras a través de estratagemas como la compra, el intercambio por baratijas, los acuerdos con los caciques, el intento de enfrentar a unos clanes con otros, los abusos contra las mujeres, el robo de tierras y ganado, las expulsiones forzosas…

Pero donde hay opresión hay resistencia. El 12 de enero de 1904 estalló el primer levantamiento de los guerreros de la tribu herero, que acabaron con la vida de unos 200 civiles alemanes en unos pocos días. Alemania tenía que aplastar la rebelión, para lo cual envió a Lothar von Trotha, un general al que en 1933 los nazis honrarían con una calle en su honor a las afueras de Munich.

Con unos 10.000 hombres de apoyo, Von Trotha lanzó una contraofensiva brutal y tras la Batalla de Waterberg empujó a los herero hacia el desierto de Omaheke. Las órdenes de Von Trotha eran claras: “Todos los herero deben abandonar esta tierra. Si se niegan, les obligaré a hacerlo con las armas. Cualquier herero que se encuentre dentro de la frontera alemana, con o sin armas, será disparado. No quiero prisioneros”.

Se estima que unas 15.000 personas murieron de hambre y sed en el desierto. Muchos otros fallecieron a causa de las balas o los ahorcamientos masivos. También capturaron miles de prisioneros, que acabaron en campos de concentración, donde murieron por la mala alimentación, los trabajos forzados y las enfermedades. Antes de la rebelión, los hereros eran entre 80.000 y 100.000 nativos. Cuatro años después, quedaban unos 15.000. El 85 por ciento de un grupo étnico había sido exterminado por los alemanes.

Inmediatamente después de los herero se levantaron en armas los namaqua, aniquilados de manera similar: “O se rinden y se van del área alemana, o serán disparados, hasta su exterminio”. Se calcula que la mitad de los 20.000 miembros de los Nana fueron asesinados, mientras que los otros 9.000 fueron enviados a campos de concentración.

Estos primeros campos de concentración africanos se convirtieron en un ensayo de lo que sucedería más tarde los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Muchas mujeres fueron utilizadas como esclavas sexuales, dando algunas a luz niños mestizos sobre los que se llevaron a cabo experimentos seudocientíficos para demostrar que los negros eran inferiores a los blancos.

Centenares de ojos, cráneos, penes y otras partes del cuerpo fueron arrancadas de los cadáveres, metidas en formol y envidos a Alemania para el estudio y experimentación. Los restos fueron devueltos en 2011, en el transcurso de una ceremonia que terminó en escándalo cuando la representante de la delegación alemana que viajaba con los restos abandonó el acto tras ser abucheada.

Comunista, independentista, matemático

El año pasado se publicó en Francia un libro del periodista Jean-Charles Deniau titulado “La verdad sobre la muerte de Maurice Audin”, un comunista argelino, militante independentista y profesor de matemáticas en la Universidad de Argel, detenido y desaparecido durante la batalla de 1957 contra el colonialismo.

Fue un crimen de Estado, uno de los muchos que cometieron los colonialistas durante las guerras de liberación nacional de aquella época. No hay nada nuevo que decir sobre el asunto, como no sea volver a repetir, una y otra vez, lo que se sabe, que es mucho, y lo que se sospecha, que es más aún.

Que desde hace más de medio siglo Francia guarde silencio sobre los crímenes que ha cometido en Argelia es, en efecto, una redundancia. El silencio es una parte del terrorismo de Estado, y cuando tanto se habla ahora del terrorismo, precisamente en Francia, hay que empezar hablando del terrorismo promovido, armado, financiado, respaldado y meticulosamente organizado por el Estado francés.

A la casa en la que vivía Audin en Argel llegaron los paracaidistas el 11 de junio de 1957 y nada más se ha vuelto a saber de él, salvo que los criminales estaban a las órdenes del general Massu.

Su caso no es diferente de los otros 3.000 desaparecidos que hubo entre enero y octubre de aquel año, un verdadero agujero demográfico en medio de la “Batalla de Argel” que marcó el punto sin retorno en una guerra sin tregua por sacudirse de encima el yugo colonial.

Audin fue víctima de la paranoia anticomunista de la época. En medio de la guerra fría, para los imperialistas franceses la “Batalla de Argel” formaba parte de la lucha contra el comunismo y contra la URSS, lo que explica el ensañamiento con el profesor de matemáticas.

Había nacido en Beja, Argelia, el 14 de febrero de 1932. Tenía, pues, 25 años y una familia con tres hijos pequeños cuando fue secuestrado por los paracaidistas. También su mujer y sus tres hijos, uno de ellos recién nacido, estuvieron encerrados en la vivienda durante cuatro días, custodiados por los paracaidistas.

Audin militaba en el Partido Comunista de Argelia, que era clandestino desde hacía dos años. Además de sus clases en la universidad, se dedicaba al trabajo sindical. Pocos meses después de su desaparición, Laurent Schwartz leyó en la Universidad de la Sorbona su tesis doctoral, que fue premiada en ausencia.

El gobierno de París y los militares a su servicio lanzaron entonces la típica cortina de humo para consumo de la prensa: tras su detención Audin se había logrado fugar durante un traslado. Naturalmente que ni la policía ni los paracaidistas emprendieron su búsqueda. ¿Para qué?

En 1958 una investigación minuciosa (y censurada) llevada a cabo por el historiador Pierre Vidal-Naquet concluyó que no existió tal fuga y que murió a manos de los paracaidistas, indicando al posibilidad de que falleciera como consecuencia de las torturas de que fue objeto por el teniente Charbonnier durante su interrogatorio en el cuartel de El Biar.

Las memorias que dejó escritas el coronel Yves Godard empezaron a destapar que el asesinato no fue exactamente así, sino peor aún. Tras su detención Audin fue asesinado a sangre fría por Gerard Garcet, uno de los lugartenientes del general Massu.

Cada vez que se levantaba por las mañanas, el general francés redactaba una lista con los combatientes que debían morir y los que debían seguir con vida un poco más de tiempo. Entre la vida y la muerte de aquellos héroes la tortura estaba a medio camino.

En su libro Deniau pone en boca del general Aussaresses, otro criminal de la guerra de Argelia recientemente fallecido, que tras la detención de Audin, él personalmente como responsable de información se encargó de organizar su ejecución encubierta “con la cobertura plena y entera del poder político”. Pero, ¿cómo creer al general mentiroso, a ese que siempre había dicho que el detenido se fugó?

El cuerpo de Audin nunca apareció. A petición de su viuda y después de numerosas protestas, hace dos años Hollande prometió abrir los archivos y, en efecto, a los tres meses a la viuda le llegó un sobre con varios documentos del Ministerio de Defensa tan cuidadosamente seleccionados que no aportaban nada nuevo que no se supiera de antemano.

En enero del año pasado el ministro de Defensa repitió las promesas de contribuir al esclarecimiento de la verdad con todo lo que estuviera al alcance de su mano. Otra burla macabra. El ministro tiene la mano muy corta.

Sirvan estas líneas para recordar a los imperialistas, a todos ellos, que se equivocan si creen que el silencio es sinónimo de olvido. Todo lo contrario.

Canarias: ¿qué tipo de colonia?

Tamaimos, 21 de noviembre de 2014

A cuentas de la imposición de las prospecciones de petróleo en nuestras aguas ha cobrado auge el viejo debate sobre el trato colonial que España dispensa a Canarias. “Nos tratan como a una colonia”, repiten muchos, empezando por el presidente Rivero. “Es que somos una colonia”, responden otros, los menos, casi siempre desde sectores independentistas.
El debate sobre si Canarias es o no una colonia debería, creo, estar superado. Si usted ve algo con forma de mesa, que se emplea a modo de mesa, fabricado con materiales propios de una mesa, lo más probable es que lo sea.
Desde el punto de vista semántico, Canarias se adapta a la perfección a la definición que, en su tercera acepción, da la RAE para el término “colonia”: “Territorio fuera de la nación que lo hizo suyo, y ordinariamente regido por leyes especiales“. Llámese REF, trato diferenciado de Región Ultraperiférica o como quieran. Desde el punto de vista histórico, además, Canarias es un territorio que sufrió un proceso de conquista y colonización en el siglo XV, como narra cualquier manual. Como quiera que no ha habido un proceso de descolonización, lo que resulta es una colonia.
Ahora bien, lo que sí me parece interesante es dilucidar qué tipo de colonia somos y hacia cuál vamos. Me explico: una colonia fue, por ejemplo, el Congo Belga, considerada posesión personal del rey Leopoldo II, donde los europeos arrasaban por el caucho y el marfil, donde se intercambiaban mujeres y niños por materias primas, se amputaban las extremidades de los nativos con enorme facilidad, estaba extendido el uso de la ‘chicotte’ y se calcula el exterminio de unos 10 millones de personas. Pero también es una colonia el actual Gibraltar, con sus ventajas fiscales, su amplio autogobierno, su alto nivel de desarrollo económico y, quizás por ello, con una población queprefiere mayoritariamente seguir siendo británica. Más allá del ideal anticolonial que muchos compartimos debemos convenir que las condiciones materiales y morales de vida son decisivas al tratar estas cuestiones.
Las características ambientales y geológicas de las islas Canarias hicieron que, desde aquella conquista y colonización de siglo XV, este Archipiélago tuviese mayor valor geoestratégico que por lo que aquí se extrajese o produjese. Por nuestro origen volcánico y reciente, no tuvimos la desgracia -obviamente, desgracia- de naciones conquistadas poco después, como México o el Perú, que, por sus abundantes minerales preciosos, fueron sistemáticamente saqueadas por el aparato colonial y sus poblaciones nativas explotadas de modo masivo mediante trabajos forzados y penosos.
Pero tampoco convenía a la metrópoli dejar a estas islas “de la mano de Dios”, desatendidas hasta su posible despoblamiento, como ocurría con amplias regiones de América, porque todas las potencias de todas las épocas habrían estado deseosas de ocupar un archipiélago casi en pleno centro del océano que atraviesa el mundo, en medio de las rutas trasatlánticas.
Supongo que esa es una de las principales circunstancias que motivaron la articulación de un colonialismo propio para Canarias, que ha permitido que, siendo una de las primeras colonias del mundo, hoy seamos de las pocas últimas. La libertad de comercio con América o la aduanera de los puertos francos son algunas evidencias de ese “pactismo” histórico entre España con, no tanto las islas, sino sus élites económicas, a las que la metrópoli, estratégicamente, ha tratado de mimar.
Ahora bien, nos encontramos con que en pleno siglo XXI se intenta colocar en las islas una industria extractiva de hidrocarburos, como la que planean Repsol y el Gobierno español, con la oposición mayoritaria de la sociedad y las instituciones canarias. Esto no hace que empecemos a ser una colonia. Pero sí que se intenta cambiar, unilateralmente, la relación colonial que, mejor o peor, ha mantenido vinculado a este archipiélago respecto a su metrópoli. Quieren que nos convirtamos en una colonia de expolio de materias primas, pura y duramente. Que una multinacional machaque nuestro fondo marino, extraiga un recurso valiosísimo en términos económicos y no deje nada en el país, más allá de los bocadillos que puedan encargar sus operarios. Quieren hacerlo sin permitir que la población autóctona sea consultada, sin que su opinión sea tenida en cuenta. Y, quizás lo más grave, están decididos a hacerlo poniendo en riesgo nuestro modo de vida, nuestro medio ambiente y nuestra subsistencia, que depende del agua de mar desalada. Quieren implantar el peor de los colonialismos.
Realmente, el independentismo canario no es hoy por hoy un problema para España, pero es seguro que este cambio radical, impuesto y altanero del vínculo colonial traerá consecuencias graves para la relación de nuestro país con aquel Estado. Tampoco era un problema muy importante el independentismo catalán hace apenas 6 años, y miren cómo están las cosas. Y comparado con la imposición y el peligro que supone la extracción de petróleo en nuestras islas, lo del ‘Estatut’ queda reducido a una tarde en el SPA.
Esto mismo ya pasó en Escocia, donde la aparición del petróleo y el posterior grito de “el petróleo es de los escoceses” espoleó al independentismo de ese territorio respecto al Reino Unido. Y no está más cerca Londres de Edimburgo que Madrid de Tuineje. Además, de haber petróleo, se caería a trozos uno de los falsos pero utilísimos mitos que afianzan al españolismo en Canarias: la idea incierta pero extendida de que España nos mantiene. ¿Podría continuar ese espejismo si hubiese aquí petróleo para abastecer a 4 millones de personas -el doble de la población canaria-, como dice Soria, y nos obligaran a extraerlo?
Siempre habrá quien piense que nos mantendremos fieles a España por motivos sentimentales. Pero como hemos dicho, las condiciones materiales y no los sentimientos son las que suelen marcar este tipo de procesos. Y si de sentimiento se trata, en Canarias tenemos el menor espíritu de pertenencia a España del Estado, tras Euskal Herria y Cataluña, según el CIS español.
Pasa que los niveles de corrupción y rebenquismo de quienes nos gobiernan les impiden observar incluso el devenir histórico de nuestro pueblo. Van los peperos defendiendo las prospecciones al mismo tiempo que la españolidad de Canarias, cuando su trabajo a favor de una multinacional terminará teniendo las consecuencias contrarias, especialmente de encontrarse petróleo. Quién sabe. Si no fuese por lo impresentable del individuo, podríamos terminar erigiendo a Soria como prócer de la Patria.

Fuente: http://www.tamaimos.com/2014/11/21/canarias-que-tipo-de-colonia/

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