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El Rey de Kurdistán quiso ser un aliado fiel del imperialismo (1)

El dirigente kurdo Cheik Mahmud
El ejército colonial británico empezó a llegar a Mesopotamia en 1917. Dos años después ocupaban Bagdad y al norte de lo que hoy es Irak organizaron un encuentro con los notables kurdos de Suleimanya, una ciudad fronteriza con Irán. Querían preparar un gobierno provisional en Kurdistán o, más exactamente, en una parte de Kurdistán.

Después de la Revolución de Octubre, los imperialistas levantaron la bandera de la liberación de los pueblos y de las naciones oprimidas. No sólo los bolcheviques y la III Internacional eran los que hablaban entonces de emancipación.

Si los imperialistas no “liberaban” a los pueblos lo más probable es que se liberaran a sí mismos, y no podían correr ese riesgo. Por eso al final de la Primera Guerra Mundial, una guerra imperialista, en Londres, en París y en Washington sólo se hablaba del derecho de autodeterminación.

Los británicos eligieron a Cheikh Mahmud como futuro rey de Kurdistán. Terrateniente y jefe de la cofradía sufí Qadiriya, Mahmud era una de las personalidades más influyentes del norte de Irak.

El diseño del futuro reino de Kurdistán era consecuencia de factores internos al Imperio Británico: por razones estratégicas necesitaban tener la región bajo su control, pero no podían ocuparla militarmente, tanto por motivos logísticos como presupuestarios.

Como en India, necesitaban cipayos y eligieron a Mahmud como “hukumdar” (gobernador), un término cercano al de “emir”, es decir, una autoridad política y religiosa a la vez. Los británicos pusieron una vasta región en sus manos, aunque en cada provincia los delegados kurdos tenían a su lado a los “political officers” enviados por Londres vía Bagdad.

Pero esos “political officers” no tenían la misma opinión sobre la manera de regir Suleimanya. Mientras unos proponían imponer una administración indirecta, otros eran partidarios del modelo indio, es decir, el dominio directo de los funcionarios imperiales británicos.

La administración británica en aquel pedazo de Kurdistán nunca fue uniforme. Entre 1918 y 1923 impusieron el “Southern Kurdistan” (Sur de Kurdistán), administrado por los kurdos por sí mismos bajo la supervisión de los consejeros británicos. Luego cambiaron al control directo sobre el resto de las regiones kurdas, desde el Jebel Sinjar, al oeste, al Gran Zab, en el este.

La dominación británica levantó a la población kurda, encabezada por Mahmud, que nunca fue el patriarca dócil que esperaban en Londres. Hubo dos sublevaciones en 1919 y 1923-1924 que condujeron a los británicos a olvidarse de la independencia de Kuridistán para integrarlo finalmente en el nuevo Estado de Irak en 1926.

El primer gobierno de Mahmud duró poco, apenas los dos años de 1918 y 1919 porque el “emir” quiso extender su control a otras regiones de Kurdistán, como Kifri o Kirkuk, mientras que la divisa del Imperio Británico siempre fue la de “divide y vencerás”. En Londres siempre pensaron fragmentar su parte de Kurdistán en varios pedazos para mantener a todos ellos bajo su influencia.

A Mahmud le condenaron a muerte, pero luego lo acabaron desterrando a India y los colonialistas tuvieron que tomar el control de Suleimanya (“Southern Kurdistan”) en sus propias manos. Pero para entonces hablar de “control” era excesivo; los kurdos ya estaban en pie de guerra y volvieron a recurrir a Mahmud para que calmara los ánimos. El 10 octubre 1922 volvía a ser “hukumdar”, aunque él prefirió proclamarse a sí mismo “Rey de Kurdistán”.

Como los amantes que pasan de los brazos de uno a los del otro, los vasallos también cambian de protector y, finalmente, se arrojan a los pies de cualquiera. Al rey se le ocurrió la infeliz idea de pedir socorro a la Turquía kemalista surgida del desplome del Imperio Otomano, que era precisamente lo que los británicos pretendían impedir. Kurdistán estaba destinado a cumplir el papel de tapón entre Turquía y el Imperio Británico en Irak.

Como aquello no era lo pactado, el 16 de mayo de 1923 los británicos volvieron a ocupar Suleimanya, imponiendo un gobierno “autónomo” kurdo con el apoyo de notables dóciles, tras lo cual volvieron a abandonar Suleimanya, creyendo haber solucionado el asunto.

Pero Mahmud regresó el 11 de julio de 1923, esta vez por propia iniciativa. Ya no era el mismo; no podía pensar en ampliar los dominios de su “Kurdistán” ya que apenas controlaba una porción aún más reducida de la antigua Suleimanya.

La relación de Mahmud con los imperialistas fue un continuo tira y afloja. En diciembre de 1923 la RAF, la aviación británica bombardeó su cuartel general en Suleimanya. Los pilotos recibieron la orden de asesinarle, pero en ese momento el dirigente kurdo había acudido a rezar a la mezquita…

Su fracaso no impidió que en 1924 los británicos volvieran a imponer la administración directa. La región de Mosul, donde estaban los pozos de petróleo, ya la habían incorporado al nuevo Estado irakí. Su diseño respondió a la necesidad de asegurar el control de los monopolios británicos sobre el petróleo.

El resto de Kurdistán era menos interesante para el Imperio Británico, lo cual significaba que no merecía la pena gastar mucho dinero en ella.

A pesar de las promesas británicas de autonomía, en 1929 se firmó el Tratado anglo-irakí donde no se establecía ningún régimen especial para Kurdistán. Se produjeron levantamientos, el más importante de los cuales fue el del 6 de setiembre de 1930, cuando el ejército irakí disparó sobre una muchedumbre que se manifestaba en las calles contra el Tratado, matando a 15 personas. Los responsables del levantamiento fueron detenidos y juzgados luego en Bagdad.

Al año siguiente otra revuelta encabezada por Mahmud fue aplastada y toda Suleimanya fue incorporada a Irak.

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Francia deportó a dos millones de argelinos durante la guerra colonial

En cada país la (des)memoria histórica es un “boomerang” que se lanza muy lejos con la vana esperanza que no regrese nunca… hasta que le golpea a alguien en la cabeza.

La campaña de propaganda sobre la deportación de los tártaros traída de 1944 a la actualidad gracias al Festival de Eurovisión, ha tenido desagradables efectos entre los colonialistas: les ha recordado sus propias deportaciones. A partir de ahí empiezan las típicas comparaciones entre los unos y los otros que tanto gustan a los que nada quieren entender.

En Francia ha destapado un sorprendente informe de Michel Rocard de 1959 sobre las deportaciones durante la guerra de Argelia. Rocard es un político socialdemócrata muy conocido al otro lado de los Pirineos, pero en 1959 nadie le conocía aún. Sólo era un joven licenciado sorprendido por la represión colonialista de su gobierno y su partido contra los argelinos.

Si los fascistas españoles quieren olvidar la guerra civil, los franceses quieren olvidar sus guerras coloniales, especialmente las más cercanas en el tiempo y en el espacio, como la de Argelia. Nadie prestó atención a aquel informe, titulado “Sobre los campos de reagrupamiento”.

A pesar de que fue reeditado en 2003, pudo más la mala conciencia y la necesidad del olvido… hasta que llegó Eurovisión para despertar los fantasmas.

La historia se empeña en recordar que el ejército francés fue el inventor de un nuevo estilo de guerra colonial basado en las deportaciones y el reagrupamiento de las poblaciones rurales en “aldeas estratégicas”
que, en definitiva, consiste en sacar a los campesinos en masa de sus
casas para instalarlos en determinados puntos geográficos.

Rocard estuvo varias semanas investigando el asunto por su cuenta. Descubrió que los primeros “campos de reagrupamiento” se crearon en 1955 en Aurés y fueron creciendo a lo largo de la guerra colonial, hasta que Argelia logró la independencia en 1960, momento en el que se habían creado ya casi mil nuevos campos para los realojados.

A los amantes de las comparaciones les gustará saber que Francia deportó a dos millones de argelinos, diez veces más que los tártaros de la Unión Soviética, y que murieron 200.000 personas, en su mayoría niños.

Ya sólo queda explicar las diferencias entre una guerra justa, antifascista, la del gobierno soviético, y otra injusta, colonial, la del francés.

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Puerto Rico anuncia el primer impago masivo de deuda de su historia

El virrey Alejandro García Padilla
La semana pasada Puerto Rico se declaró en quiebra. Es el primer impago masivo en la historia de esta colonia caribeña. Su virrey, Alejandro García Padilla, la calificó como “la peor crisis fiscal y humanitaria que ha enfrentado en su historia”.

Como buena colonia, Puerto Rico implora al Congreso de Estados Unidos que les permita una reestructuración para asegurar su viabilidad como país. Según el virrey, la situación es tan difícil “que a duras penas podemos proveer los servicios que nuestros estudiantes de educación especial necesitan desesperadamente” o “pagar la gasolina que necesitan las patrullas de nuestros policías y los camiones de nuestros bomberos”.

La crisis es cada día más profunda, lamenta García Padilla, que acusa a los “poderosos opositores del pueblo de Puerto Rico” de lanzar “una campaña brutal de discriminación racial” contra los puertorriqueños y convencer a algunos congresistas de que Puerto Rico necesita “un proceso justo de reestructuración”, no un “castigo colectivo”.

“En una acción de pura codicia, algunos de los fondos buitres y sus cabilderos quieren privar a Puerto Rico” de declararse en quiebra “bajo la protección de la legislación federal” de Estados Unidos, lo que permitiría reestructurar la deuda de forma ordenada.

El virrey colonial se lamenta de que la quiebra ha puesto de manifiesto con toda su crudeza la condición colonial de la isla. Dijo estar en contra de las condiciones que Washington quiere imponerles, que consisten en someter al gobierno local al control de una junta externa. Para García Padilla la imposición de una junta que esté por encima del gobierno es una falta de respeto al derecho de autogobierno del “Estado Libre Asociado”.

En una carta a los colonizados les dice: “Nos oponemos firmemente a una junta de control fiscal con funcionarios federales cuyas decisiones prevalezcan sobre las de tu Gobierno, decidiendo cómo se gasta tu dinero o a quién se le paga primero, o que tenga el poder de vetar, enmendar o derogar nuestras leyes a su antojo y sin ninguna responsabilidad de rendirte cuentas”.

La carta no tiene desperdicio. El virrey asegura que los lazos entre Puerto Rico y Estados Unidos “están basados en la ciudadanía común y en que estamos firmemente comprometidos con la justicia, la democracia y la libertad”. Por lo tanto, “sería una vergüenza pública que los Estados Unidos tuvieran que admitir ante la comunidad de naciones del mundo que, mientras se va a la guerra en la defensa de la democracia en tierras extranjeras, se la deniegan a los puertorriqueños en su propio patio”.

“Si el Congreso actúa de manera distinta, estaría restableciendo el poder colonial sobre Puerto Rico, y eso abriría una caja de pandora con consecuencias sumamente peligrosas”, advierte García Padilla, quien apela a la “sangre derramada” por los cientos de miles de puertorriqueños que han servido en las fuerzas armadas estadounidenses, incluso en unidades segregadas. “Ahora, le toca el turno a Estados Unidos de demostrar que ese compromiso que nosotros hemos demostrado con nuestra sangre es mutuo”, apuntó García Padilla, quien afirmó seguir teniendo “fe” en la ayuda de Washington.

Como se ve la colonia de Puerto Rico vive en una falacia. Ni es “socio” de Estado Unidos ni tiene nada de “libre”. Los virreyes como Garcia Padilla son fieles lacayos de sus amos de la Casa Blanca y no van a cambiar su condición por más que envíen carne de cañón a dar la vida en favor de sus amos.

Se sabe desde hace dos mil años: Roma no paga a traidores y Washington tampoco.

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Las multinacionales saquean el oro de Mali

“Debido a que no posee los medios técnicos para extraer su oro y porque el Banco Mundial así lo ha decidido, el Estado de Mali solamente es accionista minoritario de las empresas explotadoras que actúan en su territorio”. En un informe publicado ya en 2007, la Federación Internacional de Derechos del Hombre (FIDH) levanta una esquina de la cortina sobre la gestión que las multinacionales hacen del oro maliense. Aun siendo el tercer productor mundial después de África del sur y Ghana, no por ello Mali deja de ser uno de los países mas pobres del mundo.

Esta constatación de la FIDH es confirmada por otros informes elaborados por organizaciones internacionales. Según el ministro maliense de Minas, en 2014 el valor total de las exportaciones de oro alcanzó 863.000 millones de francos CFA, lo que asciende al 70 por ciento de las exportaciones totales de Mali.

Pero ello sólo ha contribuido al presupuesto con 254.300 millones de francos CFA, el 25 por ciento de los ingresos y el 8 por ciento del PIB. Por si ello no bastara, la población residente no cata de ello más que el polvo. La contribución total de las sociedades mineras al desarrollo local es insignificante. En 2014 únicamente 1 millón de francos CFA había sido destinado al conjunto de los pueblos de Kayes, que alberga estas minas.

Esperanzas decepcionadas

“Las esperanzas de las comunidades locales, por lo que concierne la mejora del nivel de vida social y económico (educación, creación de empleos, infraestructuras) no se han cumplido”, indica un político local.

Y Amadu Konaré, operador económico de esta localidad añade: “Francamente, no sabemos lo que la explotación minera ha supuesto para la población de Syama, Furu y el círculo de Kadiolo. La prueba es que la SIMISY (Sociedad Minera de Syama) no ha llegado a asfaltar ni un trayecto de menos de 100 kilómetros, entre la mina y la carretera nacional que une Mali con Costa de Marfil. Durante el invierno, ese eje es impracticable, sin contar con que la población de Furu sufre una grave penuria de agua en la estación seca”.

Ante la reacción de las poblaciones, la SOMYSI recuerda haber dotado al pueblo de Furu de un instituto, una sala de espectáculos, un castillo de agua y aulas. Insuficiente, considera la población, compara con los centenares de miles de millones generados cada año por las minas de la localidad.

Y la ONG británica Alert recuerda en su informe internacional que las “bases de las comunidades se benefician poco de la explotación minera” en la región de Kayes. En el aspecto del empleo, las esperanzas están lejos de ser satisfechas. A falta de empleos bien remunerados en las minas, los jóvenes de las localidades mineras se ven obligados a emigrar, bien a Europa bien a las ciudades.

Un universitario, originario de esta localidad, acusa al gobierno, que no hace nada o prácticamente nada para defender sus intereses ni los de las poblaciones: “No debemos exigir a las sociedad mineras, sino al gobierno y sobre todo a nuestros cargos electos, que no defienden como debieran los intereses comunitarios”.

Por su parte el gobierno explica la situación por la falta de coordinación entre las acciones de las diferentes sociedades mineras que operan en las mismas zonas geográficas. Por eso, dice, cada sociedad minera dispone de un plan de desarrollo comunitario que pone en marcha, sin concertar con las demás. La puesta en funcionamiento de los planes de desarrollo local está dejada a la buena voluntad de las sociedades mineras.

El origen de la paradoja

En el origen de esta paradoja hay un plan diabólico, pensado y ejecutado por el Banco Mundial, en beneficio de las multinacionales. Se sobreentiende que Mali no tenía mas elección que someterse al Programa de Ajuste Estructural. Una orden prescrita a nuestro país por el “médico de Bretton Woods”, el Banco Mundial. Eso era en los años 80.

Para el Banco Mundial, los Estados africanos no son capaces de disponer de una industria minera; es decir, son demasiado pobres para asumir las inversiones necesarias para las capacidades técnicas de las industrias mineras. De golpe, su diagnóstico cae como una cuchilla: exige que nuestros países se doten con de una legislación minera atractiva; beneficiosa para las multinacionales.

De esa forma, en 1995, cerca de 35 países africanos reformaron sus leyes sobre la minería. En Mali la reforma tuvo lugar en 1991, porque el todopoderoso Banco Mundial amenazaba con cerrar el grifo. Y lo que tenía que llegar llegó.

El Estado de Mali, depauperado

La brecha estaba abierta, y las multinacionales se precipitaron en ella. Con sus capitales bajo el brazo, invierten fondos en la Bolsa de Toronto destinados a África. Principalmente al sector minero. En Mali tres multinacionales detentan el monopolio del oro: Anglogold Ashanti, Rangold y Iamgold.

Según el informe de investigación de la FIDH la mina de oro de Morila es la ilustración perfecta de la gestión mafiosa de las minas de oro de Mali por parte de las sociedades mineras.

En julio de 2000, explica el informe, Rangold cede el 40 por ciento de sus permisos de explotación a Anglogold. Juntos crean Morila Limited quien, con el Estado, accionista de un 20 por ciento, dará nacimiento a una sociedad fantasma denominada Morila SA. Es ésta la que presenta a Anglogold Ashanti Services Mali SA como operador minero. El 1 por ciento de sus ventas proceden de gastos de gestión. A título de ejemplo, esta sociedad fantoche percibió en 2005 un millón de dólares por gastos de consulta. ¿Por hacer qué exactamente? Por no hacer absolutamente nada.

Otro ejemplo de la gestión mafiosa del oro maliense por parte de las sociedades mineras, según la FIDH: Morila SA, a su vez, sólo se ocupa del mineral extraído. Su extracción está encargada a otra sociedad, SOMADEX. Es una filial del grupo francés Bouygues, y se atribuye la parte del león, por haber invertido en el material de extracción del mineral. He aquí, de forma esquemática, como los fondos generados por el oro se reparten entre las multinacionales y las subcontratas.

Hay que destacar que la mina de oro de Morila está llegando a su agotamiento. Está controlada en un 40 por ciento por Anglogold Ashanti, otro 40 por ciento por Rangold Ressources, y un 20 por ciento por el Estado. En quince años de explotación ha producido más de 6 millones de onzas de oro. Pero no ha reportado, tras esos quince años, mas que unos pobres 2.000 millones de dólares.

El Estado maliense y el mínimo vital

En el curso de una conferencia de prensa organizada la pasada semana, la Organización Internacional Publiquen lo que Pagan, PCQVP en siglas, denuncia la ausencia de ganancia sufrida por el Estado, como consecuencia de las exoneraciones acordadas a las sociedades mineras. “Los contratos mineros revelan, pese a una evolución positiva, numerosos problemas que originan las considerables pérdidas de ganancias para el Estado maliense”.

Entre estos problemas se pueden citar las “numerosas exenciones otorgadas a las sociedades mineras, así como las cláusulas de estabilidad contenidas en los contratos mineros”, lamenta el informe de PCQVP. Y el mismo informe precisa que “hemos comprobado una disminución progresiva de impuestos en beneficio de las sociedades mineras de Mali. La ley minera de 1999 consagra al Tesoro maliense un 35 por ciento de sus beneficios, en lugar del 45 por ciento previsto en 1991. El código de 2012 estipula una transferencia de sólo un 30 por ciento de beneficios al Tesoro”, deplora Nuhun Diakité, coordinador del PCQPV. Los autores del informe denuncian la falta de experiencia de las personas encargadas de negociar esos contratos.

En resumen, veinte años después del boom de explotación aurífera en Mali, la población todavía espera beneficiarse de ello. El Dr. Bubu Cissé, ministro de Minas en el gobierno de Tatam Ly, actualmente ministro de Economía y Finanzas había prometido un “completo inventario de todos los contratos mineros. Si hubiera contratos revisables en función de los intereses de Mali, iniciaremos negociaciones con los socios afectados”.

Tres años después, la promesa no tiene continuidad.

Oumar Babi http://www.mondafrique.com/main-basse-lor-mali/

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La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (4)

A raíz de una denuncia interpuesta por varios movimientos sociales, en 2010 el Tribunal Constitucional de Costa Rica prohibió la experimentación biomédica en el país hasta que hubiera una ley que la regulara.Pero las multinacionales farmacéuticas se lo guisan y se lo comen. Desde 1986 tres ejecutores de los experimentos médicos en Costa Rica han ocupado el cargo de ministro de Sanidad. Han sido ellos los que han aprueban las normas que reglamentan el negocio.

En Costa Rica es un grupo selecto de médicos el que realiza el grueso de los experimentos médicos, con la misma fórmula que en todos los ejércitos mercenarios del imperialismo: la subcontratación CRO (Contract Research Organization), que lava la imagen de las multinacionales farmacéuticas como verdaderas promotoras de la experimentación clínica.

Entre 1993 y 2004 un mercenario de una CRO local dirigió 50 ensayos clínicos, que representaban el 27 por ciento de todos los ensayos que se realizaron en el país. El director de otra CRO dirigió 24 (el 12 por ciento del total).

Se trata de personal de confianza de las multinacionales. Más de la mitad de los 83 ensayos que realizó el sistema público de salud en 2004 tuvieron lugar en el Hospital Nacional del Niño.

El negocio de los experimentos con seres humanos es de tal calibre que en Costa Rica han llegado a crear una universidad privada. Tras obtener una excedencia en el sistema público de salud, un lacayo de las multinacionales se apoderó del decanato de la Facultad de Medicina de la nueva Universidad que, seis años después, ya había realizado 216 experimentos.

La Universidad privada y los subcontratistas CRO del negocio han organizado su propio Comité de Ética de Investigación Clínica para aprobar con más facilidad los ensayos que gestionan. Los llaman “Comités Privados”.

Además de matar y arriesgar las vidas de los pobladores del Tercer Mundo, las condiciones en las que se lleva a cabo la experimentación médica pone en muy serias dudas la validez de la ciencia misma.

Una buena parte de lo que la ciencia conoce (o cree conocer) sobre el VPH (Virus del Papiloma Humano) procede precisamente de Costa Rica. Los ensayos clínicos más importantes para probar la vacuna del papiloma de la multinacional GSK también se llevaron a cabo en Costa Rica.

Las investigaciones tienen un presupuesto de más de 20 millones de dólares. Empezaron en 1985 en Guanacaste, la región más pobre de Costa Rica. Los subcontratistas CRO habían sido altos cargos del Ministerio de Sanidad.

Las condiciones en que se lleva a cabo la experimentación médica en el Tercer Mundo están muy lejos de la transparencia y, por lo tanto, difícilmente se puede reproducir.

En un experimento iniciado en 2004 en Costa Rica los matasanos que trabajaban por cuenta de la multinacional GSK estudiaron la efectividad de una vacuna VPH que no tenía carácter preventivo porque las mujeres que ya estaban infectadas previamente por el virus.

El prototipo de conejillo de Indias en el Tercer Mundo es de un nivel cultural muy bajo. No comprende el alcance de los ensayos ni sus posibles consecuencias. Ni siquiera comprende que participa en un experimento y que tiene que cumplir estrictamente las indicaciones que recibe. A no ser que se le supervise de cerca, lo más probable es que no las cumpla. Si enferma, puede acudir a otro médico que desconoce su participación en el ensayo o automedicarse, sin ponerlo en conocimiento del personal que dirige el ensayo.

Una experimentación opaca e incierta conduce a una medicina de las mismas características, que es la que se imparte en las facultades correspondientes.

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La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (3)

El empleo de personas como conejillos de Indias no es sólo que se trate a los sanos como si estuvieran enfermos. Tampoco es que los experimentos se lleven a cabo en el Tercer Mundo y no con esos millonarios, como Bill Gates, que se dedican a la beneficencia. Ni siquiera lo más grave es que se utilicen a niños. Lo realmente preocupante es que estamos en presencia de una compraventa de personas, de una forma moderna de tráfico de esclavos, en el que los matasanos han sustituido a los negreros.

El negocio es tan repugnante que en 1998 Estados Unidos tuvo que publicar un reglamento para la experimentación médica con niños (1) porque se habían producido numerosas complicaciones por el uso de antibióticos en niños, los cuales nunca habían sido estudiados en ellos.

Desde luego que ese tipo de reglamentos, que son sistemáticamente vulnerados por las multinacionales farmacéuticas, no rigen en los países del Tercer Mundo, donde disfrutan de ese gigantesco campo de concentración con el que siempre soñaron los matarifes del III Reich para experimentar a sus anchas.

El año pasado el ministro de Sanidad de Perú suspendió los permisos para emprender investigaciones clínicas en niños y comunidades nativas del país (2).

Es algo paradigmático, por muchas razones. Primero porque el gobierno se vio obligado a imponer la suspensión después -no antes- de una denuncia periodística sobre la experimentación médica con niños indígenas.

Los gobiernos del mundo son cómplices, miran hacia otro lado y quieren hacer creer que se enteran a través de los medios de comunicación.

El papel de las ONG en este tipo de crímenes no puede ser más repugnante. Además de encubrir a los verdaderos protagonistas de la experimentación, las multinacionales farmacéuticas, son las ONG actúan directamente sobre el terreno con su hipócrita discurso benefactor.

El año pasado en Perú la ONG Prisma experimentó con más de 3.000 niños sanos por cuenta de multinacionales tan conocidas como Pfizer, Sanofi Adventis, Brystol Myers Squibb, Novartis, GlaxoSmithKline, Biogaia, además de una pesquera local llamada Agrohidro (3).

En la medicina las aberraciones criminales suelen ser consecuencia, en ocasiones, de las intelectuales. En el caso del Perú ponen de manifiesto que la medicina moderna, calificada como “científica”, ha pasado en un siglo de una paranoia con los antibióticos a la contraria, la paranoia con los probióticos, o dicho en otros términos: antes consideraban que las bacterias eran malas y ahora dicen que son buenas para la salud.

En uno de los ensayos practicados con 60 niños peruanos sanos de 2 a 5 años de edad se trataba de comprobar su tolerancia a la bacteria Lactobacillus reuteri DSM 19738. En ocasiones, el probiótico, cuyo nombre comercial es BioGaia, puede provocar efectos secundarios serios.

Es la reproducción del mismo colonialismo que América Latina conoce desde hace 500 años: para experimentar con los niños peruanos, la ONG sobornó a sus padres con comida, por lo que el consentimiento para poner a sus hijos en manos de los matasanos no es libre sino obtenido bajo recompensas, tales como un poco de leche, arroz, aceite, atún y un pequeño juguete para el niño.

La aparición de niños e indígenas es una constante en la medicina moderna, donde la dominación se disfraza con la falta de escrúpulos (“es por su bien”). El interés del dominado lo determina el dominador y el interés de éste coincide con el del anterior.

¿No es más barato practicar todos estos experimentos con los niños de Washington? Los laboratorios se ahorrarían tener que regalarles juguetes y latas de atún…

(1) http://grants.nih.gov/grants/guide/notice-files/not98-024.html
(2) http://www.minsa.gob.pe/?op=51&nota=16657
(3) http://larepublica.pe/impresa/en-portada/7673-farmaceuticas-usan-mas-de-3000-ninos-peruanos-para-experimentos-medicos

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El yihadismo obliga a revisar la historia del colonialismo

Jacques Bardoux
Así lo afirma Michel J. Cuny en su web (1), recordando el significado último de los millones de personas muertas en la Primera Guerra Mundial, es decir, sacrificadas en pro de un nuevo reparto del mundo.

Continúa relatando Cuny que aquella guerra despedazó al Imperio Otomano y que sus despojos fueron devorados por el Tratado Sykes-Picot, firmado en 1916, sólo dos años después de que se apagara el estruendo de la última batalla.

Los británicos (Sykes) y los franceses (Picot) dibujaron en secreto el mapa de Oriente Medio tal y como ahora lo conocemos. En aquel momento nadie se enteró siquiera de su existencia. Entonces se llamaba “diplomacia secreta”, como si hubiera alguna diplomacia imperialista que no lo fuera.

Pero tuvieron mala suerte porque sólo un año después estalló la Revolución de Octubre que sacó la mierda flote para que el mundo tuviera que taparse la nariz con pinzas.

Los periodistas deberían estar interesados -casi tanto como los obreros- en otra Revolución como aquella. Ese tipo de cambios histórico-sociales -y no montajes como los “Papeles de Panamá”– son los que permiten que el mundo se entere de lo que ocurre realmente.

El francés que firmó el acuerdo, Picot, tenía una hermana de nombre aristocrático, Genoveva Henriqueta Jorge, que se casó con Jacques Bardoux.

La idolatrada República francesa es lo más parecido que puede haber a una monarquía. En 1936, cuando allá gobernaba el Frente Popular, Bardoux inició una campaña para acusar al Partido Comunista de preparar un golpe de Estado y empujar a Francia a una guerra contra Alemania para beneficiar a la URSS. En otras palabras: acusaba a los comunistas de pretender hacer lo que hizo la burguesía. Con la ayuda, entre otros, de Bardoux, una parte de la burguesía francesa dio un golpe de Estado y entregó el poder a los fascistas, mientras que la otra acabó luchando contra Alemania.

Luego el fascista Bardoux fue uno de los padres fundadores de la V República y su nieto Valery Giscard d’Estaing se convirtió en Presidente de esa misma República en 1974 (2), mostrando una enorme preocupación por retirar a los antifranquistas españoles (y vascos) el estatuto de refugiados políticos, como hoy se lo niegan a los sirios.

Tras el cambio de siglo, en Francia siguen gobernando los mismos. Los mismos que firmaron el Tratado Sykes-Picot, han destrozado Libia, aunque sigamos sin conocer los detalles que nos gustaría. Si una revolución proletaria no lo impide, tendremos que esperar 100 años, cuando la política se haya convertido en historia y ese tipo de anécdotas sólo interesen en las facultades universitarias.

Sabemos cuatro cosillas del trazo grueso, lo suficiente para observar el paralelismo entre las revueltas árabes contra el Imperio Otomano, azuzadas por los imperialistas franco-británicos, y la Primavera Árabe un siglo después.

Para que se levantaran, los imperialistas prometieron a los árabes un único Estado, que jamás tuvieron ocasión de edificar porque a Londres y París, lo mismo que hoy a Washington, le gusta el minifundismo, países del tamaño aproximado de Luxemburgo. Es lo que propusieron Sykes y Picot en 1916 y es lo que propone hoy el Plan Yinon.

Pero no basta dividir para dominar; desde siempre el colonialismo tuvo que asegurar sobre qué virreyes locales asentaba su dominación, que recayó en el wahabismo y las corrientes más reaccionarias del mundo islámico, que ellos se encargaron siempre de alimentar. ¿Quieren conocer el origen del yihadismo? Busquen en algún archivo de Londres, París o Washington… dentro de 100 años.

Marx diría que la historia se repite, aunque una vez vestida de tragedia y la otra de farsa.

(1) http://unefrancearefaire.com/2016/04/06/quand-daesh-nous-oblige-a-relire-lhistoire-coloniale-de-la-france/
(2) http://www.agoravox.fr/tribune-libre/article/parmi-les-petites-mains-du-168525
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África

La masacre rifeña

Asqueados de la humillaciones y abusos que padecían, en 1921 los rifeños del norte del Magreb se levantaron en armas contra los colonialistas españoles, proclamando su independencia. La criminal monarquía española respondió de la única manera que sabe: con una sanguinaria guerra que dejó un saldo desolador, con miles de muertos.

Naturalmente los muertos eran los obreros y campesinos más humildes, utilizados como carne de cañón para defender los intereses de Alfonso XIII y su cortejo. Para no ser enviados a aquella carnicería, muchos obreros y campesinos se vieron obligados a automutilarse cruelmente.

En la masacre se incubó una casta de oficiales del ejército español sin escrúpulos, llamados desde entonces “africanistas” (Franco, Sanjurjo o Millán Astray) que demostraron luego sus artes en el aplastamiento de la sublevación asturiana y poco después en la guerra civil.

Poniendo al descubierto su verdadero naturaleza carnicera, los militares españoles no vacilaron en emplear por vez primera en la historia gas mostaza y fosgeno contra una población civil indefensa, algo prohibido por las leyes internacionales. Pero España nunca ha entendido de legalidades cuando se trata de aplastar una rebelión. Todos los medios les parecen pocos.

Los heroicos rifeños insurrectos estaban dirigidos por un dirigente guerrillero, Abdelkrim El-Jatabi, que ocasionó a los militares hispanos una humillante derrota en la batalla de Annual, que los libros de historia aún califican como un “desastre”.

Lejos de abandonar Marruecos a sus habitantes, la rancia oligarquía dominante espoleó a los capitostes uniformados, que se aprestaron a resarcirse de su absoluta ineptitud con una cruel venganza. “Siempre fui refractario al empleo de gases asfixiantes contra estos indígenas, pero después de lo que han hecho, y de su traidora y falaz conducta, he de emplearlos con verdadera fruición”, decía el alto comisario español en Marruecos, el general Dámaso Berenguer, al entonces ministro de la Guerra en un telegrama.

Al año siguiente el gobierno del abuelo del actual monarca español, Juan Carlos, compró gas mostaza a empresas francesas y alemanas, lucrándose personalmente en uno de los negocios más sucios pero más rentables de la monarquía española. En 1923 Alemania inició sus suministros de gas y levantaron una fábrica militar de armanento químico en las proximadades de Madrid, La Marañosa, que aún sigue en funcionamiento.

La aviación española gaseó sin compasión campos de cultivo y aldeas indefensas para arrasar la retaguardia de la guerrilla rifeña. Utilizaron gas mostaza, fosgeno y otros componentes químicos altamente tóxicos.

El empleo de gas mostaza estaba prohibido internacionalmente desde el Tratado de Versalles de 1919. Sin embargo, el Reino Unido lo usó contra el Ejército Rojo en 1919 durante la guerra civil.

Una de las principales propiedades del gas mostaza es que es vesicante, es decir, produce ampollas cuando entra en contacto con la piel humana. También causa profundas alteraciones en el genoma de los tejidos expuestos, inhibiendo la división celular y provocando mutaciones cuyos efectos se manifiestan durante generaciones.

El Rif es una región montañosa muy aislada y la población ni siquiera sabía con qué les bombardeaban. No eran capaces de identificar la enfermedad; hablaban del “akhenzir”, un término bereber que identificaba los síntomas que todo el mundo padecía. Los más ancianos hablaban de un humo amarillo y de que les ardía la piel o de que se asfixiaban.

España jamás ha reconocido la masacre, nunca se ha realizado una investigación y los hechos se han mantenido en el secreto más riguroso. Se ignora cuantas personas murieron, pero desde el bombardeo químico de 1923 el cáncer y las y enfermedades pulmonares son una plaga en la región. Durante los años 60 y 70 del siglo pasado seguían muriendo miles de rifeños.

Los responsables del Instituto Oncológico de Rabat admiten que el 60 por ciento de sus pacientes provienen de la región de Alhucemas y Nador y que existe un estrecho vínculo entre el bombardeo con gas mostaza en 1921 y la multiplicación de los casos de cáncer de laringe y de estómago en en el norte de Marruecos.

Un grupo de rifeños de Alhucemas fundó el 8 de julio de 2000 la Asociación de Víctimas del Gas Tóxico, que exige a la monarquía española y a los países que le suministraron el armamento químico que, al menos, pidan disculpas por los crímenes cometidos.

En febrero de 2007 el Congreso de los Diputados rechazó una propuesta para que el España asuma sus responsabilidades por asesinar con gases tóxicos a miles de inocentes en la colonia norteafricana. Las Cortes fascistas se volvieron a cubrir de gloria. El silencio de los medios fue todavía más ilustrativo. El crimen siempre necesita esa clase de complicidades, que no se acabaron con Alfonso XIII.

Mientras tanto la Audiencia Nacional sigue buscando genocidas por todo el mundo, hasta las mismas cumbres del Tibet. Es mucho más fácil: podría empezar por los que tiene más a mano y declarar criminal de guerra a Alfonso XIII.

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Colonialismo e islam

Una fuente recurrente de “noticias” para las televisiones de los países islámicos es paralela a cualquier otra televisión del mundo. Se trata de la moda. Las grandes marcas internacionales, como Marks&Spencer, han diseñado algo tan paradójico como el “burkini”, una prenda que responde al neologismo: a medio camino entre el burka y el bikini. Su precio en internet es de 62,95 euros.

A nadie se le ocurre pensar que la moda es un fenómeno espontáneo, de tal manera que, de repente, a la gente, tanto en Occidente como en Oriente, se le ocurre vestir con una u otra prenda. La moda la imponen empresas comerciales por motivos comerciales.

No creemos que sea necesario explicar que dichas empresas son occidentales, que para desarrollar su negocio cuentan con la complicidad de los medios de comunicación y que sus mercancías se introducen a través de la burguesía, que es quien puede pagarlas. Vestimos a imitación de la burguesía local cuyo papel es intermediario respecto a las multinacionales. Lo que decimos de la ropa se puede extender a los perfumes, las barras de labios, el calzado, el rimel, el jabón, el maquillaje, el esmalte de uñas o la peluquería.

En esto no hay ninguna diferencia entre Oriente y Occidente, protestantes e islamistas. La empresa sueca H&M tiene una línea “islámica” de diseño de ropa que se propaga a través de una intensa campaña publicitaria en la que estimula a las musulmanas a que sean “chics” y, a la inversa, para ser “chic” hay que ser musulmana.

No resulta, pues, nada singular que en el mundo islámico la moda también se apoye en campañas de publicidad atosigantes, que tienen a la mujer como diana principal. Su resultado es imponer -a quienes puedan pagar su precio- eso que ahora llaman “un estilo de vida”.

Un anuncio publicitario de una cadena de televisión de un país islámico muestra a una mujer joven que conduce un coche descapotable portando un velo de colores vivos que el aire ondea como si fuera una bandera. Los nuevos ricos no quieren vestir de gris y negro, como los gañanes de pueblo. Están dispuestos a pagar lo que sea para diferenciarse.

Antes se llamaba “alta costura” porque los destinatarios de la moda eran los aristócratas, especuladores y grandes capitalistas que acaparaban tanto las revistas de moda como las de cotilleo. Los demás queremos imitarles. Sus ropas y sus mansiones con piscina subyugan nuestra imaginación.

Como todo lo demás, ese “estilo de vida” que imita a lo islámico, no tiene nada que ver con el islam. Su origen está en el origen de todo: en el imperialismo. La empresa japonesa Uniqlo va a poner en los escaparates de sus tiendas de Londres un muestrario de sus últimos “hijabs” o velos islámicos. La multinacional Dolce&Gabbana también ha anunciado el lanzamiento de una colección de velos y túnicas “islámicas” llamada “Abayas”.

Los países que, como Francia, han prohibido el velo por ser “islámico”, además del ridículo, han hecho un pésimo negocio. La Meca de la moda ha dejado pasar el tren delante de sus narices.

El islam -un cierto islam- está de moda. Quien lo ha puesto de moda son los colonialistas, cuya religión es diferente. La moda no es más que una metáfora de la penetración colonial en los países islámicos. El colonialismo, como la moda, no inventa nada nuevo; se apoya en lo que hay, lo transforma y lo prostituye todo a cada paso.

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La guerra del opio en Afganistán

Enrico Piovesana ha escrito un libro titulado “Afganistán, la nueva guerra del opio” sobre la connivencia entre el ejército estadounidense de ocupación y los traficantes de heroína en Asia central.

Durante muchos años Piovesana fue corresponsal de guerra en Afganistán de la agencia de noticias PeaceReporter, la sección periodística de la organización Emergency.

Tiene una amplia experiencia internacional. También ha sido corresponsal en Pakistán, Chechenia, Osetia del norte, Bosnia, Georgia, Sri Lanka, Birmania y Filipinas.

Algunos de sus reportajes han aparecido en l’Expresso, Il Corriere della Sera, La Stampa, Il Manifesto, Il Venerdi di Repubblica, Left y Oggi. Actualmente trabaja en la web “Il Fatto Quotidiano”.

La obra pone de manifiesto que la CIA sigue siendo el mayor traficante mundial de drogas. Si en el escándalo Irán-Contra se trataba de cocaína, en Afganistán está siendo la heroína. No hay un gramo de la droga, de los muchos que circulan por el mundo, que no pase antes por sus manos.

Como cualquier otra droga, la heroína cumple a la perfección numerosas funciones para el imperialismo:

– abarata los costes de mantenimiento de la maquinaria de guerra
– financia operaciones encubiertas, sustraídas al control de los parlamentos y de la prensa
– crea redes clientelares, mano de obra gratuita de colaboradores y espías

La cínica “prohibición” de las drogas, impulsada en los años veinte por Estados Unidos, al mismo tiempo que el alcohol, multiplica los efectos funcionales de las drogas con el dinero “negro” que nadie puede detectar, controlar ni fiscalizar.

Además, el dinero “negro” se tiene que lavar, una mordida de la que los bancos internacionales obtienen la mayor parte de sus beneficios y que les ha permitido salir -de momento- de la bancarrota de 2008.