Los ucranianos no quieren la guerra y, o bien huyen del país, o se niegan a ir a filas. A medida que se prolonga la guerra, la desobediencia civil contra el servicio militar obligatorio es cada vez más agresiva. El año pasado estuvo marcado por las ejecuciones de reclutadores.
Según datos oficiales del gobierno de Kiev, entre 2024 y 2025 los ataques a los oficiales de reclutamiento se han triplicado. En los primeros cuatro meses de este año se han producido al menos 117 ataques, más de 20 veces los cinco registrados en todo el primer año de la guerra.
A finales de enero un hombre se presentó en un centro de entrenamiento militar y mató a tiros al oficial que había reclutado a la fuerza a un conocido suyo.
En diciembre un oficial de reclutamiento fue ejecutado a puñaladas en la ingle por un hombre al que le había exigido la documentación. Luego agredió a otros tres oficiales antes de huir.
Los medios ucranianos dicen que los vídeos mostrando los secuestros de los reclutadores están alimentados por las redes de desinformación rusas. No obstante, es un hecho que son muy frecuentes, incluso en la vía pública, debido a una fuerte disminución de los alistamientos voluntarios y la escasez de mano de obra.
En diciembre un grupo de personas atacó a unos reclutadores que intentaban comprobar los documentos de los transeúntes en la via pública, hiriendo a uno de ellos, que acabó con una costilla rota.
Este año los enfrentamientos han aumentado. En enero un hombre mató a un oficial de reclutamiento y huyó con uno de los reclutas que escoltaba.
En febrero, hubo dos ataques contra los reclutadores en Jarkov y la región de Lvov. La policía sospechaba que en el último, una persona intentó ayudar a un recluta a escapar. Un mes después, un grupo embistió una furgoneta conducida por reclutadores y asaltó el vehículo para liberar al recluta que habían secuestrado.
En la primera semana de abril, hubo tres apuñalamientos en cuatro días, incluido el de un reclutador apuñalado en el cuello por un policía de aduanas cuyo hermano él y sus colegas habían intentado alistar por la fuerza.
Unos días más tarde, un grupo de adolescentes agredió a los reclutadores para proteger a un hombre al que intentaban secuestrar, y el mes terminó con un soldado de 48 años desertando y disparando su arma contra un coche en el que se encontraban los reclutadores junto a un policía. Dos de ellos fueron ingresados en el hospital.
Hace apenas unos días, un presunto evasor del servicio militar obligatorio envió a dos reclutadores más al hospital en estado grave, apuñalándolos cuando intentaban comprobar sus documentos.
Dos millones de desertores
El propio Ministro de Defensa ucraniano ha revelado que hay dos millones de desertores del servicio militar obligatorio. Si bien el alistamiento voluntario caracterizó la guerra en los primeros meses de combates, ahora el 70 por ciento de son reclutados a la fuerza.
Los ciudadanos ucranianos que huyeron a Europa al comienzo de la guerra se opusieron a los intentos europeos de repatriarlos, en algunos casos para ser reclutados a petición del gobierno ucraniano.
Mientras los ucranianos adinerados sobornan a los funcionarios para evitar el reclutamiento, el comandante de la Guardia Nacional Ucraniana insta a quienes “tienen problemas de dinero” para unirse al ejército. La gran mayoría de las bajas en combate proceden de localidades pequeñas, donde las tasas de pobreza son más altas.
Hay más en juego que sólo la victoria o la derrota de Ucrania. La prolongación de la guerra ha creado e intensificado una grave crisis económica y demográfica que amenaza el futuro de Ucrania como Estado viable. Algunos medios alemanes han comenzado a comparar a Ucrania con Gaza.
La semana pasada, el jefe de la Oficina de Política Migratoria de Ucrania estimó que el 70 por cien de los inmigrantes en el extranjero podrían no regresar al país, lo que resultaría en una amenaza de escasez de mano de obra en sectores cruciales. El Estado ucraniano, que ya cuenta con enormes préstamos europeos, tiene una deuda insostenible de miles de millones de euros con las familias de los soldados caídos, cuyo número ha crecido exponencialmente.