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El fascismo no es una u otra política económica sino una forma de dominación política de tipo terrorista

Dos fascistas: el Borbón y Videla
Juan Manuel Olarieta
“A la fuerza ahorcan”, dice el refrán, y el socorrido “auge de la ultraderecha” sigue poniendo sobre el tapete un fenómeno que casi todos se habían empeñado en ocultar, como si fuera una antigualla… hasta que han visto la soga alrededor del cuello.

Antes sólo unos pocos hablaban de este tipo de fenómenos, pero ahora son más los que le dan vueltas a la cabeza porque, una vez superada una primera barrera, el fascismo les amenaza a ellos de manera directa, por eso que tanto se repite: “el fascismo avanza si no se le combate”. Al no haberlo combatido, al silenciarlo, el fascismo salta de la trinchera en la que se había mantenido hasta ahora.

Entonces Ricardo Aronskind publica un artículo (*) en el que nos propone eso, que hablemos del fascismo, que es “una categoría política precisa”, para concluir que el argentino Videla o el brasileño Bolsonaro no son fascistas. “No son como Hitler y Mussolini”, dice el subtítulo del artículo.

Evidente. No hay confusión de identidad posible. El siglo XXI tampoco es la posguerra; han pasado 80 años. Latinoamérica no es Europa. La URSS ha desaparecido, la Internacional Comunista también… En fin, así podríamos seguir enumerando diferencias importantes entre unos y otros.

También es evidente que el fascismo se utiliza como un adjetivo, normalmente para desacreditar a personajes, partidos o incluso Estados y, como todo adjetivo, se añade con mucha ligereza.

Los problemas comienzan cuando se pretende definir al fascismo, el viejo y el nuevo, de una manera sustantiva, como un fenomeno político que cambia con el tiempo, se viste y se desviste para ocultar su naturaleza en medio de siglas, calificativos y autodefiniciones que se separan o se alejan del III Reich, de Mussoloni, de Franco, de Vichy, de Metaxas…

Porque el fascismo no sólo cambia con el tiempo, sino que es camaleónico: su pellejo muda de un país a otro, porque las clases y la lucha de clases no son las mismas en todos los países del mundo, por más capitalistas que sean. En su camuflaje local, el fascismo recurre a eso que Aronskind califica como “nacionalismo”, que no es otra cosa que demagogia patriotera en virtud de la cual los fascistas se atribuyen la exclusiva de “la nación” y todos los demás se tienen que marchar fuera.

Es absolutamente imposible deducir el fascismo como categoría mínimamente precisa sin aludir al imperialismo, algo que no aparece en el artículo de Aronskind, donde las referencias son tópicos sobre la “globalización” y el “neoliberalismo”, lo cual refuerza la demagogia fascista de que ellos están contra ambas cosas, precisamente porque son “nacionalistas”.

El fascismo no es una u otra política económica. Como decía Dimitrov, es una forma de dominación de la burguesía en la época del imperialismo, que tiende a la reacción en todo el mundo, es decir, a resolver las contradicciones recurriendo a la violencia, tanto en el exterior como en el interior de cada país.

Tanto Mussolini como Hitler o Franco no fueron nunca “nacionalistas” sino que llegaron al poder y se mantuvieron en él como consecuencia del apoyo de las potencias imperialistas más fuertes de la época. En los años treinta los capitales alemanes difícilmente se podían diferenciar de los de otros países, como Estados Unidos. El “estatismo” y el “intervencionismo” en la economía no son rasgos característicos de los países fascistas sino que correspondían a cualquier otra potencia de aquella época.

Los marxistas lo llaman “capitalismo monopolista de Estado” y lo que diferencia a la política económica de entonces respecto de la de ahora no es más que un cambio en las formas de intervención del Estado, no la intervención misma, que es inherente a la etapa actual del capitalismo, es decir, al imperialismo.

Así pues, lo que diferencia a los países fascistas de otros que aún mantienen ciertos rasgos del decoro tradicional con que la burguesía impuso su dominación, no puede ser ese llamado “neoliberalismo” sino esas diferentes formas de dominación política que se ejercen contra la clase obrera y las organizaciones revolucionarias.

Sostener que un régimen, como el de Videla, que secuestraba, torturaba y arrojaba a los detenidos desde un avión, con absoluta impunidad, no es fascismo es una verdadera aberración. Es lavar la cara al fascismo moderno tanto como al antiguo y atar de pies y manos a quienes quieren combatir al fascismo y preguntan por la experiencia histórica del proletariado en la lucha contra el fascismo y en defensa de las libertades

(*) https://www.lahaine.org/mundo.php/brutal_actuacom_policial_empanha_estreia

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Fascismo y monopolismo, Hitler y Thyssen eran gente nada corriente

Thyssen detrás de Hitler
El fascismo no es propio de la “gente corriente”, como dice la BBC (*), ni de la pequeña burguesía, ni del lumpen. El fascismo es una forma de dominación característica del capital monopolista. Fritz Thyssen, un ejemplo perfecto de ello, fue el principal impulso para que Hitler llegara al poder en Alemania en 1933.

No es ningún misterio porque lo admitió él mismo. En 1941 publicó sus memorias, que se titulaban así: “Yo financié a Hitler”. En 1923, diez años antes de llegar al gobierno, Thyssen le entregó 100.000 marcos oro, una suma fabulosa.

En los años veinte Thyssen tenía pocos contactos en los círculos políticos alemanes, por lo que recurrió a un amigo, el general Erich Ludendorff, un antiguo prusiano y buen amigo del mariscal Paul Von Hindenburg, Jefe del Estado Mayor de las fuerzas alemanas durante la Primera Guerra Mundial.

Durante la guerra, Ludendorff fue uno de los designados para salvar al imperialismo alemán. En su persona coincidían el viejo militarismo prusiano de los “junkers” con los grandes capitalistas. Fue uno de los primeros impulsores de las bandas de matones que hostigaban a los obreros y los comunistas en sus reuniones y manifestaciones.

Estaba pagado por monopolistas, como Minnoux del grupo Stinnes. Los matones a su servicio se reclutaban entre los veteranos desmovilizados de la guerra mundial, de los que Hitler formaba parte. El general fue quien puso en contacto a Hitler con Thyssen.

El monopolista había heredado de su padre una fábrica de acero y una industria metalúrgica en la región del Ruhr, y las transformó en un imperio. A principios del siglo XIX, tenía una posición dominante en la vida industrial y financiera alemana y una gran influencia en varios países de Europa.

Después de la Primera Guerra Mundial se dedicó a la política. No aceptó las sanciones económicas impuestas en los acuerdos de paz de Versalles tras la Primera Mundial y desató una campaña de resistencia contra la ocupación francesa del Ruhr.

Thyssen buscaba un prototipo de nuevo dirigente político para Alemania. “En un país que con siete millones de desempleados, era necesario desviar el pensamiento de las masas de las falsas promesas del socialismo radical. Porque estos extremistas habían comenzado a tomar el control durante la depresión económica, al igual que estuvieron cerca de ganar durante el período revolucionario posterior al colapso de 1918”, escribió en sus memorias.

El fascismo, pues, debía hacer frente al movimiento obrero y a la revolución socialista y Thyssen vió en Hitler a su mejor peón. El dinero y el apoyo político de Thyssen fueron lo que sostuvieron a loz nazis durante diez años, hasta que finalmente se auparon en el poder.

(*) http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46097108

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‘La ultraderecha’ y el gobierno se manifiestan juntos en Polonia para celebrar la independencia

Ayer el presidente polaco, Andrzej Duda, encabezó la manifestación que recorrió las calles de Varsovia para conmemorar el centenario de la independencia de Polonia, una movilización en la que los ministros fueron de la mano de los neonazis.

Se vieron emblemas del partido “Campamento Radical”, una formación polaca que tiene sus orígenes en un movimiento fascista que nació en los años treinta, y del partido italiano Fuerza Nueva.

También hubo algunos grupos que corearon mensajes racistas a favor de una Europa blanca o contra los refugiados, e incluso se quemaron algunas banderas de la Unión Europea.

Hasta ahora sólo los nazis convocaban la manifestación, hasta que finalmente el gobierno se ha sumado a ella y la ha encabezado, con la excusa de que el acto fuera inclusivo, es decir, transversal y abierto a “todos”.

En el discurso con el que arrancó la marcha, Duda insistió en que era “un acto abierto a todos y en el que todos pueden encontrar un acomodo”. Sin excepciones. Hasta el punto de que se organizó de manera conjunta con los nazis.

La manifestación del año pasado fue criticada por el Parlamento Europeo en una resolución donde se instaba a los Estados miembros a actuar de manera decisiva contra el fascismo (perdón: “la ultraderecha”).

En 2012 y 2013 la monifestación acabó en enfrentamientos con la policía y decenas de nazis detenidos, lo que llevó al Ayuntamiento de Varsovia a prohibirla por su carácter político.

Ahora los nazis han ganado la partida. Se han salido con la suya y la convocatoria cuenta con todos los avales del gobierno y el partido Ley y Justicia (PiS), que les dan cobertura.

La oposición ha cargado contra ellos, acusándoles de legitimar a los grupos fascistas. Para la dirigente del partido liberal Nowoczesna, Katarzyna Lubnaue, es lamentable que el presidente polaco marche junto a los fascistas.

Rafal Pankowski, uno de los responsables de la organización antirracista Nigdy Wiecej, explicó que el simple hecho de que gobierno y los grupos nazis hayan podido sentarse a negociar una manifestación conjunta es, de por sí, muy preocupante, y refleja un acuerdo “peligroso”.

El presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, estuvo presente en los actos organizados en Varsovia, algo que podría entenderse en clave electoral, ya que el político liberal suena como candidato de la oposición a la presidencia de Polonia en las elecciones de 2020.

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Fascismo e imperialismo: de Estados Unidos al Batallón Azov con billete de vuelta

Los neonazis ucranianos del Batallón Azov, financiados por los gobiernos de Ucrania y de Estados Unidos, adiestraron a los grupos racistas estadounidenses, según un reciente atestado del FBI. A su vez, unos y otros recibieron armas del gobierno israelí, lo cual cierra el círculo de las potencias imperialistas involucradas en el llamado “auge de la ultraderecha” (por más que los oportunistas lo mantengan en silencio).

El FBI presentó el atestado el mes pasado en Los Ángeles. Según la investigación, cuatro fascistas estadounidenses de RAM (Rise Above Movement), el fundador Robert Rundo así como Robert Boman, Tyler Laube y Aaron Eason, atacaron y agredieron violentamente a manifestantes que participaban en marchas contra el racismo en Estados Unidos, incluyenda la de Charlottesville del año pasado.

Los fascistas, dice el FBI, utilizaban internet para coordinar el entrenamiento de combate en preparación de agresiones y para reclutar miembros para eventos futuros.

Los informes judiciales describen a RAM como un “grupo extremista de supremacía blanca”, mientras que a sí mismos se definían como “un grupo activista, dispuesto a luchar, un nuevo movimiento nacionalista de supremacía blanca y de identidad blanca”.

La investigación presta especial atención a los viajes más recientes de Rundo, en particular a Europa a principios de este año, cuando estuvo en Alemania, Ucrania e Italia “para reunirse con miembros de grupos extremistas europeos de la supremacía blanca”, como Olena Semenyaka, jefa del Departamento Internacional del Cuerpo Nacional, un partido político ucraniano que se formó en 2016 como una rama del Batallón Azov.

El FBI detalla en el atestado la reunión de Rundo con Semenyaka y afirma que “el Batallón Azov es una unidad paramilitar de la Guardia Nacional ucraniana conocida por su asociación con la ideología neonazi y su uso del simbolismo nazi”. Luego añade que dicho Batallón “participó en la formación y radicalización de organizaciones de la supremacía blanca con sede en Estados Unidos”, como RAM.

En otras palabras, el gobierno de Estados Unidos reconoce ante los tribunales que el Batallón Azov está adiestrando grupos racistas violentos en Estados Unidos, lo que devuelve la pelota al tejado porque el gobierno de Estados Unidos ha fomentado directamente el crecimiento del Batallón Azov, es decir, que Estados Unidos está padeciendo las consecuencias de su propia política de apoyo a Ucrania y al fascismo internacional, un fenómeno que corre paralelo al del yihadismo.

La capacidad del Batallón Azov para formar grupos racistas en Estados Unidos atestigua su importancia en los círculos fascistas que están proliferando por todo el mundo.

Originalmente el Batallón Azov surge como un grupo paramilitar de nazis ucranianos vinculados al Partido Nacional Socialista y luego se incorpora al Ministerio del Interior como parte de la Guardia Nacional.

El fundador del grupo, Andrey Bilitsky, es actualmente miembro del Parlamento ucraniano. Bilitsky dijo una vez que “la misión histórica de nuestra nación en este momento crítico es dirigir a las razas blancas del mundo en una cruzada final para su supervivencia”.

A través del gobierno ucraniano, Estados Unidos ha entregado cientos de millones de dólares al Batallón Azov en “asistencia técnica, programática y de seguridad”, con la excusa de la “agresión rusa”. Al menos desde 2015 se ha documentado varias veces la cooperación entre el ejército estadounidense y el Batallón Azov.

En 2015 un miembro del Batallón Azov habló al Daily Beast sobre la experiencia de su batallón con entrenadores y voluntarios estadounidenses, incluso mencionando a los ingenieros y médicos estadounidenses que les seguían ayudando.

La cooperación con los neonazis ucranianos desató una protesta en Estados Unidos. Obama rechazó los esfuerzos del Congreso para limitar las armas, el entrenamiento y la asistencia al Batallón Azov, que no fue prohibida hasta principios de este año.

Tras la prohibición, Estados Unidos ha encargado a Israel que siga entregando armas al Batallón.

https://www.mintpressnews.com/251687-2/251687/

El racista estadounidense Robert Boman durante una manifestación de RAM
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El fascismo, el catolicismo y la ‘izquierda’ babosilla van cogidos de la mano en ‘Santa Alianza’

El fascismo condecora a los curas
Antes y ahora, el fascismo no se puede entender sin la religión, sin ciertas religiones, como los evangelistas en Brasil, o los católicos en España o en Italia, bien entendido (por si no lo sabían) que para el materialismo histórico las religiones no son sólo creencias personales maś o menos extendidas, sino capital, empresas y grandes grupos de intereses económicos, e incluso Estados, como el Vaticano.

El “auge de la ultraderecha” tampoco se puede entender sin el de otros fenómenos paralelos, como los decididos apoyos que reciben (y prestan) las múltiples organizaciones católicas, desde las cofradías de Semana Santa hasta los colegios concertados, pasando por los movimientos contra el aborto. Esos apoyos proceden de bancos, de grandes empresas, fundaciones e incluso de las instituciones públicas de los Estados “laicos”.

Veamos algunos ejemplos que tampoco mencionan nunca los expertos en el “auge de la ultraderecha”:

1. Mussolini firmó el Tratado de Letrán que les dio a los católicos lo que ninguna otra organización tiene, un Estado, en agradecimiento al apoyo prestado por la jerarquía católica al fascismo.

2. Hitler llegó al poder gracias a un partido católico, el Zentrum, cuyas instrucciones políticas procedían del Vaticano y en agradecimiento ambas partes, nazis y católicos, firmaron un Concordato.

3. Franco recibió del Vaticano el único apoyo de masas que tuvo durante la Guerra Civil, que fue calificada como una “Santa Cruzada” por la jerarquía católica, un préstamo cuyos intereses sigue devolviendo el Estado fascista desde 1939 hasta el día de hoy.

Esto no ha cambiado absolutamente nada. Las recientes declaraciones del papa Francisco sobre el aborto (“pagar a un sicario para resolver un problema”) no han pasado inadvertidas en Verona, una ciudad del nordeste de Italia de 250.000 habitantes, que siempre ha sido un baluarte del fascismo.

En 1943 Mussolini escogió Verona para refundar el partido fascista tras haber sido restablecido por la Alemania nazi como dirigente del Estado títere que gobernó en el norte de Italia hasta 1945.

En los setenta y ochenta la ciudad se convirtió en un nido de grupos terroristas como el movimiento neonazi Ludwig y el club de fútbol local Hellas, muchos de cuyos seguidores son fascistas.

Ahora Verona sigue a la cabeza del fascismo y ha iniciado una “Santa Cruzada” contra el aborto. El mes pasado se convirtió en la primera ciudad en autoproclamarse “pro-vida” y ha prometido apoyo económico a los proyectos antiabortistas de la Iglesia Católica y sus grupos paralelos.

La propuesta procede del partido fascista Liga y fue aprobada por el gobierno municipal, pero no se lo pierdan Ustedes: la “izquierda”, el Partido Demócrata, votó a favor. Las consignas básicas que identifican al reformismo, entre ellas el feminismo, se han ido al garete. Luego se lamentan de las consecuencias, pero nunca de las causas…

En contra del aborto se ha formado, pues, una gran coalición entre los fascistas, los católicos y la “izquierda” babosilla y ya no hay quien les pare los pies: el año que viene Verona acogerá el Congreso Mundial de Familias, una coalición mundial antiabortista.

Pero prosigamos porque esto tiene mucha miga: una vez comprobado su éxito y que hasta la “izquierda” les sigue el juego, la reacción no se detiene ante nada y el ejemplo de Verona cunde en otras ciudades italianas, incluyendo Roma, Milán y Ferrara, que se han pasado al movimiento antiabortista.

Los fascistas se están muriendo de éxito. El aborto ya no les basta y de ahí pasan a la emigración: un grupo veronés con vínculos con el partido fascista Forza Nuova, Christus Rex Traditio (tomen buena nota del nombre), inicia una campaña por el regreso de la familia tradicional y, de paso, contra la emigración (por si cuela).

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Socialfascistas: cuando ‘la izquierda’ condecora a ‘la ultraderecha’

Elizabeth Cabezas, la ‘izquierda’
Para quienes no la conozcan les presentaremos a Elizabeth Cabezas, Presidenta del Parlamento ecuatoriano elegida por esa llamada “izquierda” latinoamericana al estilo de Lenin Moreno, es decir, ni fu ni fa. Puro baboseo.

El jueves tuvo un acto oficial, ya que visitaba Quito su colega Laszlo Kover, presidente del Parlamento de la República de Hungría, posicionado en el fascismo puro y duro de su partido, Fidesz, la Unión Cívica Húngara.

A Cabezas, la “izquierda”, no se le ocurrió otro cosa que condecorar al fascista Kover. En el pecho le puso la medalla José Joaquín de Olmedo.

Alguien pensará que se trataba un acto formal, de protocolo… Pues no es así. Hace poco estuvo Martín Vizcarra Cornejo, el nuevo Presidente del Perú y pasó completamente desapercibido; casi en secreto.

A la “izquierda” ecuatoriana no le bastó con condecorar a Kover sino que le agasajaron. Cabezas convocó un pleno parlamentario para que Cabezas pudiera soltarse un discurso insulso y estúpido como pocos (de esos que alguien escribe de encargo por unas pocas monedas).

Laszlo Kover, la ‘ultraderecha’
Como sólo apareció un tercio de los diputados, rellenaron los escaños con los trabajadores del Parlamento y trajeron a otros figurantes de los edificios oficiales cercanos para no sentirse solos en medio de aquella patraña.

El circo subió de tono cuando algunos diputados llegaron, no se pudieron sentar en sus escaños y empezaron a deambular sin saber exactamente cuál era su papel en aquel esperpento.

Es más: a partir de tan histórica visita, la Presidenta anunció la constitución de un grupo parlamentario de amistad con Hungría, que es posible que se rellene también con los ujieres y elservicio de limpieza de la Cámara.

Pero nosotros no podemos asegurar que la “izquierda” ecuatoriana (y por extensión el resto de la “izquierda” del mundo) quiera la amistad de Hungría y no la de los fascistas húngaros.

Existe el blanqueo de dinero negro y el blanqueo de la política negra. El papel que el reformismo tiene reservado es ese: lavar la cara al fascismo. No son nada distinto del fascismo; como denunció hace décadas la Internacional Comunista, son socialfascistas.

Luego, esa “izquierda”, tanto en Latinoamérica como en Europa, se lamenta de que antes que a ellos, una burda copia, los votantes elijan a los fascistas en su más puro estado. ¿Qué esperan?
La ‘izquierda’ y la ‘ultraderecha’ en pleno circo parlamentario
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Las campañas electorales ‘transversales’ de Hitler

Desde el punto de vista electoral, 1932 fue un año febril en Alemania, algo típico de las envejecidas democracias burguesas europeas. No había nada para comer pero podías votar continuamente: elecciones presidenciales a doble vuelta, otras dos elecciones legislativas…

La crisis del capitalismo se lo puso en bandeja a Hitler y los suyos. Si las papeletas electorales se pudieran comer, los alemanes se habrían empachado en 1932, o quizá se empacharon tanto que no les importó cuando los nazis acabaron de un plumazo con tantas votaciones. ¿Votar?, ¿para qué?, ¿a quién?

Cuando quemaron el Parlamento, nadie levantó la voz tampoco.

En la República de Weimar todo era viejo, todo estaba apolillado. Durante la campaña presidencial de 1932, los partidos de siempre, incluida la socialdemocracia, apoyaron a Paul von Hindenburg, que tenía 84 años y había ocupado el cargo desde 1925.

Su oponente fue Hitler, que entonces tenía 43 años, casi la mitad. El 13 de marzo ningún candidato obtuvo la mayoría absoluta, lo que desencadenó una segunda vuelta el 10 de abril, en la que Hindenburg ganó con el 53 por ciento de los votos, que le permitieron seguir en el cargo de Presidente de la República.

Luego hubo elecciones el 24 de abril en varios Länder (comunidades autónomas), el 31 de julio se convocaron más elecciones al Reichstag, seguidas de otras iguales el 6 de noviembre…

En aquella época los partidos políticos burgueses no eran como hoy. Se reducían a un puñado de notables, personalidades y caciques en torno a un grupo parlamentario.

Pero, lo mismo que en Italia, el partido nazi era otra cosa: era un partido burgués construido a imagen de los partidos obreros, de tal manera que pudiera agrupar y movilizar a las masas. Por eso entre sus siglas aparecía la definición de “socialista”.

Naturalmente que se diferenciaba de los partidos obreros por su componente de clase: no se dirigía a una u otra clase social sino a todos los alemanes, sin distinciones de clase social. Como también decían sus siglas, el partido era igualmente “nacional” o, como diríamos hoy, “transversal”.

Aunque hoy eso parece anodino, hace un siglo era absolutamente novedoso, incluso en el lenguaje. Como tanto otros cretinos, antes y ahora, los nazis se creían por encima de las clases sociales y hacían campaña prometiendo promover el “bien común” y diciendo que “todos navegamos en el mismo barco”.

Las campañas electorales de Hitler también fueron totalmente novedosas. Por ejemplo, durante 1932 pronunció 209 discursos públicos, lo que era algo absolutamente impensable para los transportes de la época. Por eso los nazis fueron los primeros en llevar a su jefe en avión de un mitin a otro, de manera que el mismo día podía hablar hasta en tres lugares a la vez.

El 27 de julio Hitler asistió a un mitin con 60.000 fieles en Brandenburgo, luego tuvo casi el mismo número de seguidores en Potsdam, hasta que por la noche se dirigió a una audiencia de 120.000 personas reunidas en el estadio de Berlín, donde apareció otra novedad: desde el exterior 100.000 más siguieron su discurso gracias a la megafonía.

A veces se relaciona el éxito de Hitler con la radio, pero no fue el caso de las elecciones porque la red de radiodifusión estaba bajo el control del gobierno, que tenía vetado a Hitler.

A los nazis se les ocurrió una idea mejor: dos semanas antes de las elecciones de julio difundieron una grabación fonográfica de Hitler con un discurso de ocho minutos titulado “Llamamiento a la nación”, otra gran novedad publicitaria que ellos introdujeron en el panorama electoral.

Distribuyeron nada menos que 50.000 discos de aquel “Llamamiento”, lo cual no era nada sencillo entonces desde el punto de vista técnico y, sobre todo, no era barato. Las innovaciones nazis en materia de técnica electoral ponían de manifiesto que, a diferencia de los viejos partidos burgueses, deseaban dirigirse directamente a “todos y cada uno”, sin intermediarios, con un leguaje que calificaríamos de “populista”, que no era otra cosa que demagogia pura y dura.

Como ya hemos expuesto en otra entrada, todas esas innovaciones exigían cuantiosas fuentes de financiación que los demás partidos no tenían (ni necesitaban). En Hitler y el nazismo, más que en ningún otro movimiento, hay que poner en primer plano aquello de que “quien paga manda” porque quien sacó a aquella marioneta al escenario político alemán fue el capital monopolista y financiero. Por eso el fascismo es la propia dominación política del monopolismo.


Más información:   
– Los nazis no llegaron al poder en Alemania por las urnas
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Fascismo y monopolismo, Auschwitz e IG Farben (lo que no cuentan los que hablan del ‘auge de la ultraderecha’)

Los campos de concentración son uno de los símbolos emblemáticos del fascismo y el de Auschwitz, a su vez, los simboliza a todos ellos. Lo que a ciertos historiadores no les interesa explicar es por qué crearon el campo de concentración de Auschwitz, ni tampoco por qué se emplazó en Auschwitz, o sea, en la región carbonífera de Alta Silesia, Polonia, en un pueblo cuya denominación autóctona polaca es Oswiecem.

A lo máximo los enterados, incluidos los “alternativos”, comentan que en las cámaras de gas los nazis utilizaban el Zyclon B para asesinar a los antifascistas en masa, añadiendo que lo fabricaba uno de los mayores monopolios alemanes de la época, llamado IG Farben que, por lo demás, sigue existiendo con otros nombres.

IG Farben era un monopolio creado por el gigantesco desarrollo de la química a finales del siglo XIX que creció aún más con el bloqueo al que los imperialistas occidentales sometieron a Alemania tras su derrota en la Primera Guerra Mundial.

En condiciones de bloqueo de la importación de materias primas, para sostener su gigantesca maquinaria de guerra, Alemania necesitaba buscar sustitutivos sintéticos de productos básicos, como el caucho. En menos de cuatro años IG Farben redujo las importaciones alemanas de caucho del 95 al 7 por ciento gracias a la “buna”, que es como llamaron al caucho sintético.

Tres años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial IG Farben construyó las dos primeras fábricas de “buna”; Auschwitz fue la tercera. Pero entonces Auschwitz estaba en Polonia, por lo que previamente había que apoderarse del país vecino. Eso es lo que explica el origen de la Segunda Guerra Mundial en Polonia.

Antes del inicio de la guerra IG Farben elegió Auschwitz para instalar la fábrica por dos motivos estratégicos:

  1. Era necesaria una fábrica de caucho sintético en el este para iniciar una guerra de agresión contra la URSS

  2. La fabricación de caucho sintético requiere mucho carbón y mucho agua y ambas cosas abundan en las minas de carbón de Silesia, en la confluencia de tres ríos

Queda, pues, explicar los motivos por los cuales se construyó un campo de concentración, que no fue para exterminar a los antifascistas, ni mucho menos a los judíos, sino porque en la región no había mano de obra capaz de trabajar en la fábrica.

Así, Auschwitz nació como un campo de trabajo, es decir, una cárcel unida a una fábrica. Los primeros planes datan de 1937 y, además de “buna” IG Farben aprovechó para instalar también una fábrica de “leuna”, un combustible sintético derivado de la hidrogenación del carbón.

Todo dependía, pues, de las minas de carbón de Silesia, que producían dos millones de toneladas al año, de las que IG se apoderó.

El nuevo sistema esclavista de Auschwitz, que estaba a medio camino entre una cárcel y una fábrica, no apareció de golpe sino que fue un proceso que respondió a las necesidades de la guerra. Primero hubo que levantar el campo de concentración para tener mano de obra disponible y en abundancia. Luego se empezó a construr la fábrica al lado y mientras estaban con las obras, Göring autorizó al monopolio a utilizar presos como mano de obra.

“El poder político, escribieron Marx y Engels, viene a ser el consejo de administración que rige los intereses colectivos de la burguesía” y Auschwitz no es una excepción. En el campo de concentración no mandaba el Estado, Hitler, el III Reich, ni las SS. Mandaba IG Farben, es decir, el capital monopolista. Auschwitz es más bien un símbolo del monopolismo que del nazismo.

El Campo I de Auschwitz se construyó en 1940 para albergar a 26.000 esclavos, pero en 1941, en el momento en que se iniciaron las obras de la fabrica de caucho sintético, contaba con 40.000. Entre 1941 y 1943 más de dos millones de esclavos pasaron por allá, de los que cientos de miles eran la fuerza de trabajo de IG Farben.

En cuanto a los Campos II y III, los historiadores aún no han encontrado los informes del monopolio químico. Al campo IV, llamado “Monowitz”, se le conocía como “el campo de concentración de IG Farben”. Fue construido para 5.000 trabajadores, pero llegó a emplear a 20.000 en algunos momentos.

Durante este período (que excluye 1944, el año más crudo), más de 100.000 trabajadores de IG Farben fueron asesinados en las cámaras de gas. Desde el principio hubo una relación directa entre las necesidades de producción del monopolio y el tratamiento de los presos. En la fábrica de caucho, sin contar la de combustible, IG Farben empleó a más de 300.000 esclavos en total, de los que más de 200.000 morirán en el trabajo porque las condiciones de trabajo en las fábricas de IG Farben eran peores que en los campos de concentración.

Algunos miembros de las SS llegaron a quejarse del trato que los dirigentes de IG Farben daban a los prisioneros. Antes de terminar la construcción de las fábricas, nueve de cada diez castigos fueron infligidos a los trabajadores de IG Farben.

A finales de febrero de 1943, se estableció un moderno crematorio en Auschwitz. El Zyclon B, utilizado para gasear a las víctimas de los campos de concentración, fue creado y patentado por IG Farben, que tenía el monopolio de las ventas mundiales desde 1934. Cada bote de gas Zyclon B emitido en las cámaras de gas de Auschwitz había sido fabricado por IG Farben.

Hay que añadir que IG Farben era una multinacional. Poco más de un 10 por ciento del capital era alemán, mientras que más de un 80 por ciento estaba en manos de ciudadanos suizos y estadounidenses.

El monopolismo sigue existiendo e IG Farben también, pero ahora se llaman AGFA, Bayer, BASF, Hoechst (parte de Sanofi- Pasteur) y Pelikan que, por cierto, suministraba a las SS la tinta con la que tatuaban a los presos.

Más información:
— Fascismo y multinacionales: el papel de Volkswagen en las torturas practicadas durante la dictadura brasileña

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Aparece la fosa común del campo de concentración franquista de Albatera

Fue el campo de concentración más importante de la España de la posguerra. Allí fueron a parar una vez acabó el conflicto bélico destacados cargos republicanos, alcaldes, militares o artistas que se habían quedado sin billete en el último buque que salió de Alicante camino del exilio, el Stanbrook.

Pese a que la crueldad y el horror se dieron cita en el que antes de su reconversión había sido el campo de trabajo más emblemático de la República (destinado a presos que incluso contaban con permisos de fin de semana), el de Albatera es actualmente uno de los más desconocidos de los casi doscientos que llegaron a existir. Ahora, el arqueólogo e investigador Felipe Mejías arroja luz sobre un enclave que el franquismo se apresuró en borrar.

Pese a ello, gracias al trabajo que ha venido realizando el también historiador para la cátedra Interuniversitaria de Memoria democrática de la Comunidad Valenciana ha podido dar con la ubicación de la fosa común, «o pequeñas fosas» del campo de Albatera, situado actualmente en el término municipal de San Isidro. En esta localidad ha desgranado este sábado sus indagaciones en las XI Jornadas sobre el Campo de Concentración que ha organizado la Coordinadora de Asociaciones por la Memoria Histórica de Alicante (Coahmi).

«La única forma de saber dónde están los muertos es preguntando a la gente», explica Mejías, quien detalla el proceso que ha seguido hasta dar con el hallazgo. Anteriormente, otros investigadores iniciaron el mismo cometido, pero se encontraron «con el miedo o ignorancia» de los propietarios de las tierras agrícolas donde se asentó el campo, un terreno en el que solo ha quedado en pie la caseta de los guardias o «cuina». Sin embargo, los contactos de Damián Sabater, conocido por renunciar a la alcaldía de San Isidro en marzo de este año tras cumplir su programa electoral, le abrieron varias puertas.

Así, Felipe Mejías ha podido hablar con un antiguo operario y tres propietarios. En concreto, con un agricultor que en los años 50 labrando se topó con «un cráneo con pelo y cuero cabelludo a metro y medio de profundidad»; en otro emplazamiento, el descubrimiento macabro fue el de «un brazo con los huesos todavía en conexión anatómica»; y otro testimonio dio con un fémur. En definitiva, «todos coinciden en señalarme un sitio concreto» de un área que en su conjunto abarca los 700 metros de largo.

Era la época en la que llegaron a esta zona del sur de la provincia de Alicante colonos procedentes de otros puntos del país para cultivar las tierras dentro del proyecto del Instituto Nacional de Colonización del Ministerio de Agricultura. «Esa gente trabajaba todos los días en el campo y cuando se encontraban con huesos humanos los encargados les decían que eso eran muertos de la guerra que no había que hacer caso», rememora Mejías.

Otros de los testimonios de esos años los aportaron unos niños que contaron siendo ya adultos que iban con frecuencia a esa zona con sus bicicletas a coger dátiles y que un día vieron una fosa abierta con cadáveres «y cuando volvieron al día siguiente ya la habían tapado a la mitad». Esta pista y la aportada por labradores que al cavar se encontraron con cemento oscuro, «que seguramente sea cal viva», tendría la lectura para el arqueólogo de que la fosa podría estar en varias capas «lo que indicaría filas superpuestas».

Asimismo, el operario le ha contado a Mejías que trabajando allí en 1977 cuando el Ministerio de Agricultura le encargó trazar zanjas en todos los bancales para evacuar el agua de una zona de saladar «salieron varios muertos en varias zanjas separadas en intervalos de ocho a diez metros entre cada zanja», pero el descubrimiento «volvió a silenciarse». Además, otros testimonios como los de los hijos de los dueños de esas tierras le han puesto en la pista de las palmeras donde siguen estando los agujeros de los disparos de los vigilantes de las torres.

Los planes de Mejías, responsable para la provincia de Alicante de localizar fosas comunes, pasan ahora por realizar «un estudio en mayor profundidad» del campo cuya ubicación exacta y perímetro tiene localizado gracias a unas fotografías aéreas de 1946 realizadas por los americanos. «Es curioso, porque en ellas se ve la estructura de un campo que desde el terreno no se percibía porque lo habían arrasado y solo permanecían algunos escombros», explica. Tiene  previsto con la ayuda de un georradar terminar de hacer la prospección que se ha iniciado de la fosa o pequeñas fosas comunes encontradas para acabar finalmente excavando el terreno, «localizar los cuerpos y entregárselos a los familiares».

En un lugar que pasó de dar cabida como campo de trabajo republicano a 1.600 presos -sin que se registrara ningún fallecido- a 16.000 según Ginés Saura, miembro de Coahmi, ¿cuántas personas podrían permanecer enterradas? «Imposible saberlo de momento», responde Felipe Mejías. En el registro civil de Albatera constan ocho muertos durante los seis meses que permaneció abierto el campo –de abril a octubre de 1939-, según el historiador Miguel Ors. Pero como apunta el también historiador Francisco Moreno, «los testimonios orales hablan de muchas más víctimas». «Por fusilamiento las estimaciones que tenemos son entre 10 y 30 personas aproximadamente», apunta Mejías.

A este respecto cuenta en un documental Eduardo de Guzmán, un periodista anarquista preso, que lo pusieron en formación junto con otros compañeros y «fusilaron delante de nosotros a tres muchachos». No obstante, «lo más seguro es que los principales motivos de muerte en el campo fueran de enfermedad, penuria, deshidratación y hambre», aclara Mejías.

Entre las fallecidas se encuentra la hija del histórico dirigente del PCE Santiago Carrillo, presa en este campo junto con su primera mujer. «Allí mi hija contrajo una enfermedad que acabó con ella. La niña era pequeña y no había leche, no había nada y las condiciones fueron realmente trágicas», recuerda en el documental Rejas en la memoria. En anteriores jornadas organizadas por la Coamhi pasó el poeta comunista Marcos Ana, quien recordó cómo se fugó del campo de Albatera para acabar siendo detenido en Madrid y convertirse en el preso que más tiempo paso en una cárcel franquista.

Otros de los testimonios, que también ha fallecido, es el de Juan Ramos, recuerda Saura. Estuvo preso en el campo con 14 años y tiempo después en un documental reconoció la cara de Rudolph Hess, ministro de confianza de Hitler, del que recuerda que cuando fue a beber agua del suelo tras varios días deshidratado le dio una patada en el estómago.

La dureza del día a día la contó en los años 80 Juan Caba quien tras revelar que a él y a otros republicanos capturados les llevaron desde Alicante a Albatera en un vagón de tren abarrotado con cien personas donde murieron varios por asfixia, llegaron al campo donde «las torturas y vejaciones» fueron una constante y el hambre el principal problema. Les entregaban cada dos o tres días «una lata de sardinas de 125 gramos y un chusco de 200 gramos para cada 5 personas».

El trabajo de investigación de Felipe Mejías, condensado en un artículo de 60 páginas que publicará en breve, incluye documentación gráfica que hasta ahora no había visto la luz como la fotografía que acompaña el artículo.

La imagen está fechada en febrero de 1938, cuando el campo de Albatera todavía era republicano. En contra de la opinión que todavía está extendida de que el campo anterior a Franco era de concentración, tanto Mejías como Saura niegan la mayor. «Era de trabajo, de rehabilitación de presos por razones de delincuencia común o políticas», explica Saura. «El campo republicano tenía barracones donde dormían bajo techo, enfermería, y con un régimen de visitas de familiares», explica Mejías. «Incluso algunos por buen comportamiento tenían los fines de semana libres y volvían el lunes», añade. «Era un campo emblemático para la República, del que se sentían orgullosos por representar un sistema penitenciario novedoso», concluye el arqueólogo.

Pero fue acabar la guerra civil y el bando nacional aprovechó la infraestructura para cercar a miles de personas que habían quedado atrapadas en el lado perdedor. A partir del 1 de abril de 1939 hasta que Franco ordena su cierre el 27 de octubre de ese año, «pasó a ser un campo de concentración puro y duro», señala Mejías quien duda de que, como apuntan algunos historiadores, fuera también un campo de exterminio. «No estaba pensado para ese fin, el de exterminar a gente como ocurrió con los nazis, pero lo cierto es que sí que dejaron morir a la gente de hambre y sed».

«Yo pienso que el campo de Albatera tenía una semejanza con esos campos de exterminio, aunque quizás lo que tenía era menos estructura, porque esto era muy artesano en todo», reveló en su momento el preso Narciso Julián.

https://www.eldiario.es/cv/alicante/comun-esconde-horrores-concentracion-Albatera_0_831866998.html

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Antifascismo

Ucrania: el ‘auge de la ultraderecha’ sería imposible sin el apoyo de los medios de intoxicación

Por fin -ya era hora- el Washington Post nos dio una alegría el mes pasado al dar un vuelco de 180 grados a las posiciones que viene manteniendo desde 2014 sobre Ucrania (*), tanto el periódico como los altavoces mediáticos del imperialismo, en general.

Hasta ahora decían que no era para tanto. Los nazis no habían desempeñado ninguna función relevante en el Golpe de Estado de la Plaza Maidan. Ahora Joshua Cohen publica un artículo titulado “Las milicias de extrema derecha ucranianas desafían al gobierno por un enfrentamiento”.

Naturalmente, el alcance del artículo es muy pequeño, pero menos da una piedra. Según Cohen los fascistas están desatando una oleada de furia mientras el gobierno de Kiev cierra los ojos. Eso es algo que sabemos desde el siglo pasado y no ha cambiado.

Los matones de un grupo nazi llamado C14, cuyo número deriva del lema de catorce palabras “Debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos”, golpearon a un político socialista, celebraron el cumpleaños de Hitler apuñalando a un militante pacifista y, como tienen la impunidad garantizada, se vanagloriaron de ello en su sitio web.

Otros nazis, dice Cohen, irrumpieron en los ayuntamientos de Lvov y Kiev atacaron exposiciones de arte, manifestaciones antifascistas, por la paz y los derechos de los homosexuales, así como un desfile del Día de la Victoria que conmemoraba la derrota de Hitler en 1945.

El gobierno de Kiev no ha hecho nada para detenerlo por razones que deberían ser obvias para todos. Respaldado por Estados Unidos, el Golpe de Estado de Maidan no sólo expulsó al presidente Viktor Yanukovich, que había ganado unas elecciones certificadas por la OSCE, sino que partió el país por la mitad, precisamente porque nazis como los de C14 estaban a la cabeza del movimiento.

Cuando la resistencia se opuso al golpe en Crimea y en zonas del este del país, en su mayoría de habla rusa y con base en los votantes de Yanukovich, estalló la guerra civil. Como el ejército ucraniano estaba colapsado, el nuevo gobierno golpista no tenía a nadie más en quien confiar, sino a los neofascistas que le habían ayudado a alcanzar el poder.

Se formó una alianza entre los oligarcas de arriba y los esbirros neonazis de abajo. Los fascistas no tienen el apoyo popular. Dmytro Yarosh, el cabecilla pirómano de la coalición para la supremacía blanca conocida como el Sector Derecho, recibió menos del uno por ciento de los votos cuando se postuló a la presidencia en mayo de 2014.

Pero el Estado es débil y está repleto de nazis en puestos clave. Andriy Parubiy, fundador del Partido Social Nacional de Ucrania, es el Presidente del Parlamento, mientras que el nazi Arsen Avakov es ministro del interior. Como señala Cohen, el resultado es la pasividad del gobierno, por un lado, y una creciente ola de violencia nazi, por el otro.

Al comienzo de la guerra civil, por ejemplo, los nazis quemaron a más de 40 personas vivas en un edificio sindical en Odessa, un hecho atroz minimizado por los altavoces mediáticos del imperialismo.

El Washington Post ha estado afirmando lo contrario durante más cuatro años. Ha sostenido que Rusia exageraba el papel de los nazis en Ucrania para desacreditar el Golpe de Estado, legitimar la anexión de Crimea y su propia supuesta interferencia en la Guerra del Donbas.

Diez días después del Golpe de Estado, el Washington Post aseguró a sus lectores que los informes rusos sobre “gamberros y fascistas” no tenían “ninguna base real”.

Una semana después, dijo que “el nuevo gobierno, aunque salpicado de políticos de derechas, está dirigido principalmente por políticos moderados y proeuropeos”.

Luego calificó a Bandera como “un personaje polémico” y citó a un empresario de Kiev: “Los rusos quieren llamarlo fascista, pero creo que fue un héroe para nuestro país. Putin lo está usando para tratar de dividirnos”.

Los nazis ucranianos veneran a Stepan Bandera, un colaboracionista cuyas fuerzas mataron a miles de judíos durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial y a casi 100.000 polacos.

En 1941 Bandera y los suyos dieron la bienvenida a Ucrania de los nazis, a pesar de que los nazis odian a los eslavos, y continuaron colaborando con ellos durante toda la ocupación.

En Ucrania los nazis organizaron un desfile de 15.000 antorchas en honor de Bandera y garabatearon un símbolo de las SS en una estatua de Lenin. También destruyeron un monumento a los ucranianos que lucharon por lo que los partidarios de Bandera consideran el lado equivocado de la Segunda Guerra Mundial: la URSS.

El New York Times no es mejor cloaca que el  Washington Post. En lugar de atacar a Ucrania, se ha dedicado a atacar a Rusia, acusando a Putin de “alarmismo” por lanzar “duros epítetos” como “neonazi” contras los dirigente ucranianos.

El diario Guardian, uno de los principales críticos de Putin, dijo sobre los nazis de Svoboda que “en la última década, el partido parece haberse suavizado, evitando la xenofobia”. Se apoyó en una declaraciones del embajador de Estados Unidos en Kiev, Geoffrey Pyatt, quien se mostró “positivamente impresionado” por la evolución de Svoboda en la oposición y su comportamiento en la Rada, el parlamento ucraniano. “Han demostrado su buena fe democrática”, según el embajador.

El fundador de Svovoda, Oleh Tyahnybok, dijo en un discurso de 2004 que quien gobernaba entonces en Ucrania era “la mafia judía de Moscú” y que los partidarios de Bandera habían luchado contra soviéticos, alemanes, judíos y otros enemigos que querían arrebatarles “nuestro Estado ucraniano”.

Pero lo que mejor refleja la campaña de intoxicación del imperialismo sobre Ucrania es un artículo publicado en el sitio web de Foreign Policy en mayo de 2014, titulado “Por qué judíos y ucranianos se han convertido en aliados improbables”.

El artículo comienza con el habitual remordimiento por Svoboda y Sector Derecho y lamenta que este último siga adorando al “controvertido” Bandera, cuyos partidarios “lucharon junto a los nazis desde 1944 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial”.

Pero, continuaba el artículo, por muy malos que sean los nazis ucranianos, Rusia es aún peor. “A pesar de la presencia sustancial de nacionalistas de derecha en Maidan durante la revolución, muchos miembros de la comunidad judía en Ucrania están descontentos de ser utilizados por Putin en su guerra de propaganda. La prueba de ello es una carta abierta firmada por 21 dirigentes judíos ucranianos declarando que el verdadero peligro era Moscú”.

“Sabemos que la oposición política está compuesta por varios grupos, algunos de los cuales son nacionalistas”, decía aquella carta. “Pero incluso los más marginales no dan muestras antisemitismo u otras formas de xenofobia. Y sabemos con seguridad que nuestros pocos nacionalistas están muy bien controlados por la sociedad civil y el nuevo Gobierno ucraniano, lo que es más de lo que se puede decir de los neonazis rusos, que se sienten alentados por sus servicios de seguridad”.

Aquellos judíos ucranianos salían, pues, en defensa de los nazis, a los que lavaban la cara porque estaban libres de antisemitismo y otras formas de xenofobia. “Excusatio non petita, acusatio manifesta”, decían los clásicos. Demasiadas explicaciones para justificar algo que no existía era marginal.¿Banderas confederales en el Ayuntamiento de Kiev? Sólo son símbolos. ¿Manifestaciones nocturnas con antorchas con retratos de Bandera colgados de los edificios públicos? Eso es libertad de expresión (y así sucesivamente).

El autor de la carta judía fue Josef Zissels, que tiene relaciones muy estrechas con los nazis ucranianos desde hace tiempo. Se define a sí mismo como “zhydobanderivets”, un acrónimo que se puede traducir más o menos como “un discípulo judío de Bandera”. Este nazi-judío criticó al diputado californiano Ro Khanna por enviar una carta al Departamento de Estado pidiendo que presione a los gobiernos de Polonia y Ucrania que tratan de revisar el relato acerca del ”holocausto” en sus países respectivos.

A la mayor parte de los judíos del este de Europa la deriva nazi les trae muy malos recuerdos. Enviaron una carta de agradecimiento a Khanna por su iniciativa en la que expresaban “su profunda preocupación por el aumento de los incidentes antisemitas y las expresiones de xenofobia e intolerancia, incluidos los ataques contra las comunidades romaníes” y “proclamando firmemente que el Sr. Iosif Zissels y la organización VAAD no representan a los judíos en Ucrania”.

Como vemos, los judíos no actúan al unísono, como creen los antisemitas. Un judío ruso estaba tan indignado contra Zissels y otro oligarca judío ucraniano, Igor Kolomoisky, que dijo que quería colgar a ambos “en Dnepropetrovsk frente a la Sinagoga de la Rosa Dorada hasta que dejaran de respirar”.

Resumiendo, el artículo de Foreign Policy sobre la alianza entre los judíos y los nazis ucranianos era un montaje, otro más.

Ahora los medios de intoxicación, como el Washington Post, no pueden ocultar por más tiempo la verdadera naturaleza del gobierno de Kiev.

(*) https://www.washingtonpost.com/news/democracy-post/wp/2017/06/15/ukraines-ultra-right-militias-are-challenging-the-government-to-a-showdown/

La bandera de la Confederación de Estados Unidos ondea en el ayuntamiento de Kiev