La diplomacia internacional acaba de entrar en una nueva era, en la que se ha puesto precio a la compra y venta de terrenos, como Gaza, donde la población que los habita no tiene nada que decir.
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La diplomacia internacional acaba de entrar en una nueva era, en la que se ha puesto precio a la compra y venta de terrenos, como Gaza, donde la población que los habita no tiene nada que decir.
El gobierno de Washngton ha realizado la primera transferencia de fondos procedentes de la venta de crudo venezolano al gobierno interino de Caracas. De un total de 500 millones de dólares generados por las ventas iniciales, ha canalizado 300 millones a través de bancos qataríes antes de llegar a Venezuela.
Delcy Rodríguez ha anunciado que estos fondos se utilizarían para estabilizar el bolívar, cuyo valor se ha ido devaluando constantemente. Este primer pago cumple con el acuerdo petrolero anunciado por Trump tras el secuestro de Maduro.
Ayer el discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos se centró en la agudización de las contradicciones entre las grandes potencias: Estados Unidos, China y Rusia.
Un nuevo ataque aéreo ruso a gran escala ha puesto a Kiev y a otras ciudades ucranianas muy pobladas al borde del colapso. Según fuentes ucranianas, Rusia utilizó desde misiles Iskander hasta misiles hipersónicos Zyrkon. Zelensky ha anunciado que más de un millón de personas en Kiev se quedaron sin electricidad.
Groenlandia podría negociar la anexión directamente con Estados Unidos, marginando a Dinamarca. Desde el año pasado, el gobierno de Copenhague ha denunciado intentos de manipulación de los residentes, operaciones de influencia, entrismo y reuniones de Estados Unidos con políticos locales. El parlamento autónomo de Groenlandia podría escuchar los cantos de sirena de Estados Unidos y ceder a la anexión, sobre todo si hay una recompensa económica.
La firma del “plan de prosperidad”, el acuerdo para la reconstrucción de Ucrania tras la guerra, entre Zelensky y Trump, prevista para el Foro Económico Mundial en Davos, ha sido cancelada.
Ayer la vicepresidenta de Soberanía Tecnológica de la Comisión Europea, Henna Virkkunen, presentó un nuevo reglamento de ciberseguridad que prohíbe a las empresas chinas operar redes de telecomunicaciones en Europa.
Con una historia que se remonta a décadas de actividad política, el Partido Comunista de España (PCE) ha transitado desde un modelo basado en patrimonio militante y propiedades históricas hacia una situación de dependencia de la financiación estatal, principalmente a través de su participación en Izquierda Unida y en coaliciones electorales, y de la liquidación de su patrimonio inmobiliario.
Tras el secuestro de Nicolás Maduro por parte del ejército de Estados Unidos, el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez parece haber emprendido un viraje económico pragmático y calculado. Su estrategia, presentada bajo el lema de “defender la soberanía frente a la agresión”, busca abrir puertas que estuvieron cerradas durante años, especialmente hacia Estados Unidos.
El largo período de paciencia estratégica que ha caracterizado a Irán parece estar llegando a su fin. Una nueva doctrina de ataques preventivos —peligrosamente vaga y anunciada públicamente— sugiere que el gobierno percibe un riesgo creciente en la moderación y ahora está listo para jugar un juego mucho más explosivo.
En una declaración sin precedentes, el Consejo Supremo de Defensa Nacional de Irán se reservó el derecho a lanzar ataques preventivos basándose en lo que denomina “señales objetivas de amenaza”. Esto no es una mera figura retórica. Tras el denso lenguaje y las referencias coránicas de la declaración del 6 de enero se esconde un auténtico cambio de doctrina: de la disuasión reactiva a lo que Teherán describe como “disuasión activa e impredecible”. La implicación es clara: Irán podría creer ahora que el coste de la espera supera los riesgos de la acción preventiva.
Algunos pasajes son explícitos. Si bien reafirma que la seguridad de Irán constituye una “línea roja inmutable”, la declaración añade que Teherán “no se limita a un enfoque reactivo”. La frase “señales objetivas” permanece deliberadamente indefinida, abarcando potencialmente evaluaciones de inteligencia, movimientos militares, actividades cibernéticas e incluso retórica política. En efecto, la prevención se presenta como una necesidad defensiva. Los expertos legales iraníes se apresuraron a fundamentar este cambio de política en el derecho internacional, invocando la prohibición del uso de la fuerza consagrada en la Carta de la ONU. Esta base jurídica es fundamental para el discurso de Teherán.
Funcionarios iraníes y analistas cercanos a ellos presentan este cambio como una medida disuasoria calculada, una advertencia a sus adversarios —en particular a Israel— de que Irán conserva la capacidad de imponer costos significativos y multifacéticos. La declaración enfatiza que cualquier guerra futura sería “compleja, impredecible y sin precedentes”, reforzando así la idea de que una acción militar contra Irán sería estratégicamente inútil.
Sin embargo, la decisión de exponer públicamente dicha doctrina también abre la puerta a una interpretación más problemática. Los Estados que confían en su capacidad disuasoria rara vez se sienten obligados a anunciar las condiciones bajo las cuales podrían atacar primero. Esta situación puede interpretarse como un intento de Teherán de compensar sus vulnerabilidades percibidas —en particular, su espacio aéreo expuesto y su infraestructura crítica— intensificando su retórica y doctrina con la esperanza de paralizar la toma de decisiones de sus adversarios.
El cambio se produce en un contexto de presiones convergentes. A escala nacional, el gobierno sigue debilitado por las recurrentes protestas que cuestionan su legitimidad. A escala internacional, se enfrenta a un programa nuclear estancado, un creciente aislamiento y un Israel más asertivo. La referencia de la declaración a “viejos enemigos” anónimos —generalmente interpretada como una referencia a Israel y Estados Unidos— refleja una retórica de cerco que ha moldeado durante mucho tiempo la percepción iraní de la amenaza. Cuando la fragilidad interna se ve agravada por la presión externa, la lógica de la disuasión puede pasar de la estabilidad a la aceptación del riesgo.
Este cambio doctrinal no se ha producido de forma aislada. Es el resultado de un precedente peligroso y reciente: la transición irreversible de la guerra encubierta a los intercambios militares directos entre Irán e Israel. Una serie de ataques perpetrados en 2024 y 2025 —contra buques comerciales, oficiales militares e instalaciones diplomáticas— culminó en un período sin precedentes de confrontación abierta, que incluyó el bombardeo mutuo de territorios soberanos. Estos cruces del Rubicón demostraron el colapso de las antiguas reglas de la negación plausible y las guerras indirectas. Teherán parece creer ahora que esta nueva realidad de choque abierto requiere una doctrina nueva y explícita para gestionar los riesgos. Por lo tanto, el anuncio constituye un intento de formalizar las líneas rojas en un contexto donde ya se han cruzado violenta y repetidamente.
El peligro reside menos en las intenciones de Irán que en la ambigüedad que ha institucionalizado. En una región saturada de operaciones de inteligencia, señales militares y actividades clandestinas, la definición de “señal objetiva” es inherentemente subjetiva. Un ejercicio rutinario, una intrusión cibernética o un discurso belicista podrían malinterpretarse como el preludio de un ataque. Al reducir el umbral de intervención, Teherán ha aumentado el riesgo de errores de juicio por ambas partes.
También existen riesgos internos. Esta doctrina forma parte de una retórica interna persistente: las detenciones y ejecuciones por espionaje en los últimos meses, así como la atribución sistemática de la inestabilidad interna a Israel y otros enemigos, forman parte de la misma lógica de vincular las amenazas existenciales externas con la inestabilidad interna. Al extender este vínculo a su doctrina militar, el gobierno podría aspirar a conseguir apoyo público contra un enemigo común. La historia sugiere que el resultado es incierto. Un conflicto externo puede reforzar la legitimidad, pero con la misma facilidad puede exacerbar la ira popular hacia los dirigentes, percibidos como los causantes de la catástrofe. Por lo tanto, la comunidad internacional debería ir más allá de los marcos teológicos y el lenguaje legal. Irán no está simplemente lanzando otra advertencia; está revisando públicamente sus normas para el uso de la fuerza. Ya sea que esto refleje confianza o ansiedad, el resultado es el mismo: un clima de seguridad regional más inestable.
El riesgo principal ya no se limita a la manera en que Irán podría responder a un ataque. Ahora incluye la posibilidad de que Teherán, basándose en su propia interpretación de una señal ambigua, pueda lanzar uno. Descartar esta declaración como propaganda sería un error. Indica que el análisis costo-beneficio de Irán está cambiando. Sin estrategias diplomáticas creíbles ni canales de comunicación más claros, esta nueva doctrina vuelve aún más volátil una región ya de por sí frágil.
—Roohola Ramezani https://www.aspistrategist.org.au/iran-is-rewriting-its-rules-of-war-and-raising-the-stakes-for-everyone/