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Estados Unidos comienza a negociar el petróleo venezolano

El gobierno de Washngton ha realizado la primera transferencia de fondos procedentes de la venta de crudo venezolano al gobierno interino de Caracas. De un total de 500 millones de dólares generados por las ventas iniciales, ha canalizado 300 millones a través de bancos qataríes antes de llegar a Venezuela.

Delcy Rodríguez ha anunciado que estos fondos se utilizarían para estabilizar el bolívar, cuyo valor se ha ido devaluando constantemente. Este primer pago cumple con el acuerdo petrolero anunciado por Trump tras el secuestro de Maduro.

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Groenlandia podría negociar la anexión directamente con Estados Unidos

Groenlandia podría negociar la anexión directamente con Estados Unidos, marginando a Dinamarca. Desde el año pasado, el gobierno de Copenhague ha denunciado intentos de manipulación de los residentes, operaciones de influencia, entrismo y reuniones de Estados Unidos con políticos locales. El parlamento autónomo de Groenlandia podría escuchar los cantos de sirena de Estados Unidos y ceder a la anexión, sobre todo si hay una recompensa económica.

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El Tribunal de Cuentas describe al PCE como un partido técnicamente en quiebra

Con una historia que se remonta a décadas de actividad política, el Partido Comunista de España (PCE) ha transitado desde un modelo basado en patrimonio militante y propiedades históricas hacia una situación de dependencia de la financiación estatal, principalmente a través de su participación en Izquierda Unida y en coaliciones electorales, y de la liquidación de su patrimonio inmobiliario.

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El gobierno venezolano inicia un ‘giro pragmático‘ de su economía y su política exterior

Tras el secuestro de Nicolás Maduro por parte del ejército de Estados Unidos, el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez parece haber emprendido un viraje económico pragmático y calculado. Su estrategia, presentada bajo el lema de “defender la soberanía frente a la agresión”, busca abrir puertas que estuvieron cerradas durante años, especialmente hacia Estados Unidos.

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Irán redefine las reglas de su enfrentamiento con Estados Unidos e Israel

El largo período de paciencia estratégica que ha caracterizado a Irán parece estar llegando a su fin. Una nueva doctrina de ataques preventivos —peligrosamente vaga y anunciada públicamente— sugiere que el gobierno percibe un riesgo creciente en la moderación y ahora está listo para jugar un juego mucho más explosivo.

En una declaración sin precedentes, el Consejo Supremo de Defensa Nacional de Irán se reservó el derecho a lanzar ataques preventivos basándose en lo que denomina “señales objetivas de amenaza”. Esto no es una mera figura retórica. Tras el denso lenguaje y las referencias coránicas de la declaración del 6 de enero se esconde un auténtico cambio de doctrina: de la disuasión reactiva a lo que Teherán describe como “disuasión activa e impredecible”. La implicación es clara: Irán podría creer ahora que el coste de la espera supera los riesgos de la acción preventiva.

Algunos pasajes son explícitos. Si bien reafirma que la seguridad de Irán constituye una “línea roja inmutable”, la declaración añade que Teherán “no se limita a un enfoque reactivo”. La frase “señales objetivas” permanece deliberadamente indefinida, abarcando potencialmente evaluaciones de inteligencia, movimientos militares, actividades cibernéticas e incluso retórica política. En efecto, la prevención se presenta como una necesidad defensiva. Los expertos legales iraníes se apresuraron a fundamentar este cambio de política en el derecho internacional, invocando la prohibición del uso de la fuerza consagrada en la Carta de la ONU. Esta base jurídica es fundamental para el discurso de Teherán.

Funcionarios iraníes y analistas cercanos a ellos presentan este cambio como una medida disuasoria calculada, una advertencia a sus adversarios —en particular a Israel— de que Irán conserva la capacidad de imponer costos significativos y multifacéticos. La declaración enfatiza que cualquier guerra futura sería “compleja, impredecible y sin precedentes”, reforzando así la idea de que una acción militar contra Irán sería estratégicamente inútil.

Sin embargo, la decisión de exponer públicamente dicha doctrina también abre la puerta a una interpretación más problemática. Los Estados que confían en su capacidad disuasoria rara vez se sienten obligados a anunciar las condiciones bajo las cuales podrían atacar primero. Esta situación puede interpretarse como un intento de Teherán de compensar sus vulnerabilidades percibidas —en particular, su espacio aéreo expuesto y su infraestructura crítica— intensificando su retórica y doctrina con la esperanza de paralizar la toma de decisiones de sus adversarios.

El cambio se produce en un contexto de presiones convergentes. A escala nacional, el gobierno sigue debilitado por las recurrentes protestas que cuestionan su legitimidad. A escala internacional, se enfrenta a un programa nuclear estancado, un creciente aislamiento y un Israel más asertivo. La referencia de la declaración a “viejos enemigos” anónimos —generalmente interpretada como una referencia a Israel y Estados Unidos— refleja una retórica de cerco que ha moldeado durante mucho tiempo la percepción iraní de la amenaza. Cuando la fragilidad interna se ve agravada por la presión externa, la lógica de la disuasión puede pasar de la estabilidad a la aceptación del riesgo.

Este cambio doctrinal no se ha producido de forma aislada. Es el resultado de un precedente peligroso y reciente: la transición irreversible de la guerra encubierta a los intercambios militares directos entre Irán e Israel. Una serie de ataques perpetrados en 2024 y 2025 —contra buques comerciales, oficiales militares e instalaciones diplomáticas— culminó en un período sin precedentes de confrontación abierta, que incluyó el bombardeo mutuo de territorios soberanos. Estos cruces del Rubicón demostraron el colapso de las antiguas reglas de la negación plausible y las guerras indirectas. Teherán parece creer ahora que esta nueva realidad de choque abierto requiere una doctrina nueva y explícita para gestionar los riesgos. Por lo tanto, el anuncio constituye un intento de formalizar las líneas rojas en un contexto donde ya se han cruzado violenta y repetidamente.

El peligro reside menos en las intenciones de Irán que en la ambigüedad que ha institucionalizado. En una región saturada de operaciones de inteligencia, señales militares y actividades clandestinas, la definición de “señal objetiva” es inherentemente subjetiva. Un ejercicio rutinario, una intrusión cibernética o un discurso belicista podrían malinterpretarse como el preludio de un ataque. Al reducir el umbral de intervención, Teherán ha aumentado el riesgo de errores de juicio por ambas partes.

También existen riesgos internos. Esta doctrina forma parte de una retórica interna persistente: las detenciones y ejecuciones por espionaje en los últimos meses, así como la atribución sistemática de la inestabilidad interna a Israel y otros enemigos, forman parte de la misma lógica de vincular las amenazas existenciales externas con la inestabilidad interna. Al extender este vínculo a su doctrina militar, el gobierno podría aspirar a conseguir apoyo público contra un enemigo común. La historia sugiere que el resultado es incierto. Un conflicto externo puede reforzar la legitimidad, pero con la misma facilidad puede exacerbar la ira popular hacia los dirigentes, percibidos como los causantes de la catástrofe. Por lo tanto, la comunidad internacional debería ir más allá de los marcos teológicos y el lenguaje legal. Irán no está simplemente lanzando otra advertencia; está revisando públicamente sus normas para el uso de la fuerza. Ya sea que esto refleje confianza o ansiedad, el resultado es el mismo: un clima de seguridad regional más inestable.

El riesgo principal ya no se limita a la manera en que Irán podría responder a un ataque. Ahora incluye la posibilidad de que Teherán, basándose en su propia interpretación de una señal ambigua, pueda lanzar uno. Descartar esta declaración como propaganda sería un error. Indica que el análisis costo-beneficio de Irán está cambiando. Sin estrategias diplomáticas creíbles ni canales de comunicación más claros, esta nueva doctrina vuelve aún más volátil una región ya de por sí frágil.

—Roohola Ramezani https://www.aspistrategist.org.au/iran-is-rewriting-its-rules-of-war-and-raising-the-stakes-for-everyone/

El oro intensifica la rivalidad entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos

La rivalidad entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, de la que hemos hablado en entradas anteriores, sigue su curso y se manifiesta, sobre todo, en el continente africano y, más en concreto, en Sudán, donde la guerra causa estragos desde 2023.

Riad acaba de anunciar la compra de oro de Sudán, lo que marca una ofensiva estratégica en el comercio africano de metales preciosos. La iniciativa, presentada el sábado en el quinto Foro Minerales del Futuro en Riad, sitúa a Riad en competencia directa con Dubai, el centro tradicional del comercio continental de oro.

Lo que está en juego va más allá de una simple transacción comercial: busca reestructurar las rutas del comercio de oro africano y ofrecer a los productores del continente nuevas alternativas frente al contrabando que promueve Emiratos Árabes Unidos para financiar la guerra.

La Compañía de Refinería de Oro Saudí, una empresa pública saudí, ha confirmado oficialmente su disposición a adquirir inmediatamente lingotes de oro sudaneses. El anuncio se produce tras una reunión de alto nivel entre Bandar Alkhorayef, ministro saudí de Industria y Recursos Minerales, y su homólogo sudanés, Nur Al Dayem Al Taha. Suleiman Bin Saleh Al Othaim, presidente de la refinería saudí, confirmó que su empresa está dispuesta a iniciar transacciones con Jartum sin demora.

Esta iniciativa comercial forma parte de un plan más amplio de Riad para diversificar su economía más allá de los hidrocarburos. Al centrarse en el sector aurífero africano, Riad pretende captar una parte de los flujos comerciales que hasta ahora han transitado masivamente por Emiratos Árabes Unidos durante décadas. El momento es oportuno: Sudán atraviesa un período de guerra que lo impulsa a reconsiderar sus alianzas comerciales tradicionales.

Para Jartum la propuesta saudí representa una gran oportunidad para legitimar y formalizar sus exportaciones de oro. Durante años, el país ha visto que una parte significativa de su producción de oro fluía a través del contrabando hacia Dubai, eludiendo así los ingresos fiscales del gobierno. Las sanciones internacionales que han afectado a Sudán durante mucho tiempo han fomentado el mercado negro, privando al gobierno de ingresos vitales para su desarrollo.

La búsqueda de nuevos socios comerciales también llega en un momento en que Sudán intenta reactivar su frágil economía. Desde la secesión de Sudán del Sur en 2011, que se llevó consigo la mayor parte de sus reservas de petróleo, la minería de oro se ha convertido en la principal fuente de divisas del país. Esta dependencia del sector minero hace aún más crucial asegurar mercados de exportación fiables y transparentes.

El oro llena el subsuelo de varios países africanos

Los metales preciosos son un pilar económico para muchos estados africanos. Más allá de Sudán, países como Ghana, Malí, Burkina Faso, Tanzania y Sudáfrica dependen en gran medida de los ingresos generados por la minería y las exportaciones de oro. Las rentas en divisas financian importaciones esenciales, equilibran el comercio y financian los presupuestos públicos.

La minería del oro crea miles de empleos, tanto en la extracción industrial como en la minería artesanal, que sustentan a poblaciones enteras. Los ingresos fiscales procedentes de esta actividad suelen representar una parte sustancial de los ingresos públicos, especialmente en países donde la diversificación económica sigue siendo limitada. Sin embargo, la valoración óptima del oro depende en gran medida de la capacidad de los estados para establecer alianzas comerciales con compradores internacionales.

La volatilidad de los precios internacionales del oro y las fluctuaciones monetarias afectan directamente a las economías de los países productores. Disponer de múltiples canales de comercio ofrece cierta protección contra las crisis económicas y fortalece el poder de negociación de los gobiernos africanos. Precisamente desde esta perspectiva, la iniciativa saudí podría cambiar el equilibrio del mercado.

Emiratos Árabes Unidos se ha consolidado desde hace tiempo como el centro esencial del comercio de oro africano. Sus refinerías de vanguardia, su zona de libre comercio y su ubicación geográfica estratégica han atraído flujos masivos de metales preciosos de África. Sin embargo, hay sospechas de blanqueo de capitales con parte del oro comercializado.

Arabia Saudí está aprovechando su estatus de potencia regional y sus crecientes relaciones diplomáticas con varios países africanos para posicionarse como alternativa. Riad posee la infraestructura necesaria y tiene pretensiones de expansión económica continental que van más allá del sector minero. El objetivo también es propinar un golpe a Emiratos Árabes Unidos.

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