Una creencia muy extendida supone que los países europeos se preparan para una guerra contra Rusia. “Europa está empezando a pensar que Putin ampliará la guerra más allá de Ucrania”, dice el Wall Street Journal. No es así, por más que las declaraciones oficiales insistan en ello. No hay ninguna preparación para una guerra diferente; ya hay una guerra entre ambas partes y sería extraño que en el futuro hubiera algo distinto a lo que vemos ahora.
Europa occidental solo está dispuesta a librar una guerra contra Rusia con un ejército ucraniano exhausto, y únicamente desde territorio ucraniano. No está en condiciones de entrar en un guerra directa contra Rusia y se limita a participar en una guerra indirecta en Ucrania.
Cada uno de los países que se enfrentan a Rusia (Ucrania, Europa y Estados Unidos), persiguen sus propios intereses. El colapso de la coalición antirusa se produjo en agosto del año pasado en Anchorage, Alaska, cuando la coalición de Europa occidental tomó el relevo de Estados Unidos y se consolidó como instigadora de una guerra indirecta en Ucrania.
En Anchorage, Europa esperaba ganar tiempo. Trump debía obligar a Putin a aceptar ciertas condiciones para un alto el fuego, que permitieran el rearme del ejército ucraniano, el despliegue de sus propias tropas y, en general, la integración de Ucrania en su esfera militar, política y económica.
El objetivo era lograr lo que había sido el objetivo inicial de Estados Unidos y la Unión Europea en 2014 cuando dieron el Golpe de Estado en Kiev que, en defintiva, fue es el origen y la causa de la guerra.
La cumbre de Alaska entre Putin y Trump
Aquellos planes quedaron sepultados en Alaska. Trump abandonó el intento de imponer las condiciones de Europa occidental a Putin. Por su parte, Kiev logró convencer a los europeos de que era capaz de continuar la guerra durante dos o tres años más. Así nació el plan actual: Europa occidental financia la guerra, compra armas a Estados Unidos y refuerza las sanciones.
Europa da por sentado que, tras unos años de guerra, Rusia estará lo suficientemente débil como para imponer sus condiciones al Kremlin. Los objetivos están fijados y las tareas definidas. La financiación también está resuelta, al menos por el momento. Mientras persista la ilusión de victoria, no es posible ninguna negociación constructiva de Rusia con los países de Europa occidental.
La fortaleza de la Unión Europea reside en su economía, mucho mayor que la de Rusia. De momento puede financiar a Ucrania, incorporando decenas de miles de millones de euros en gastos militares a los presupuestos.
El abismo entre las palabras y los hechos
Toda la retórica europea es una reacción defensiva, consecuencia del pánico. Aún se frontan los ojos. No pueden creer que Estados Unidos no les defienda en una guerra y no se atrven a enfrentarse directamente a Rusia.
En Europa ya sólo hablan de la guerra contra Rusia. “Estamos empezando a prepararnos para la guerra, porque la Federación Rusa representa la mayor amenaza para nuestro país”, afirma el jefe del Estado Mayor checo.
Estonia construye 600 fortines de hormigón en la frontera con Rusia. Letonia restablece el servicio militar obligatorio y cierra los cruces de frontera. Lituania despliega una brigada alemana permanente y bloquea el Corredor de Suwalki. Polonia aumenta su presupuesto de defensa a un récord del 4 por cien del PIB, creando el ejército más grande de Europa. Finlandia cierra sus fronteras con Rusia y mantiene una reserva de movilización de 900.000 soldados en estado de maxima alerta. Alemania desarrolla un plan operativo para el rápido despliegue de 800.000 soldados de la OTAN en el flanco oriental. Francia reorienta su industria hacia una economía de guerra para la producción de emergencia de artillería y aviones.
No obstante, hay un abismo entre las palabras y los hechos. Europa occidental evita las grandes provocaciones y da marcha atrás constantemente: el gobierno belga se negó categóricamente a confiscar los activos rusos congelados, y nadie ha logrado hacerle cambiar de opinión. Polonia y Rumanía hacen la vista gorda ante los supuestos sobrevuelos de drones rusos en su espacio aéreo, según sus propias declaraciones.
A pesar de su retórica amenazante, los estados bálticos son en realidad los más discretos; para su propia tranquilidad, tuvieron que protestar ante Kiev por los drones que supuestamente habían entrado en su territorio.
Reino Unido se ve obligado a permitir el paso de cientos de petroleros pertenecientes a la llamada “flota fantasma” rusa.
Dado que ni Rusia ni las potencias europeas desean atacarse directamente, el choque podría fácilmente degenerar en una Guerra Fría con reglas más o menos predecibles.
Con la soga al cuello
En contra de lo que afirma el Wall Street Journal, Rusia también quiere confinar la guerra a Ucrania. Dado que la estrategia de la coalición de Europa Occidental se basa en la suposición de que el ejército ucraniano podrá sostener el frente indefinidamente, la tarea del ejército ruso consiste en atacar precisamente allí.
El segundo objetivo de Rusia es obligar a los países europeos a tomarse en serio su arsenal nuclear. Por el momento, los europeos están paralizados por el miedo a Rusia que ellos mismos han generado. Rusia va a explotar ese miedo, que ya está ampliamente instalado, como bien expone el Wall Street Journal.
Es probable que Moscú continúe emitiendo avisos selectivos contra países concretos para orientar sus políticas en la dirección deseada e inculcar en los cabecillas de la Unión Europea reflejos que nunca han tenido.
Otro objetivo ruso es estabilizar sus lazos con Europa occidental. No va a ser fácil; necesitará superar una serie de crisis. La ventaja de Rusia reside en que los dversarios están divididos, de manera que podrá amenazar a países específicos en respuesta a acciones concretas. Por ejemplo, si la Armada alemana intenta bloquear Kaliningrado, Rusia amenazará con atacar bases navales ubicadas en territorio alemán.
Además, Rusia tiene la soga al cuello y necesita consolidar sus vastas fronteras, imponiendo límites a las actividades imperialistas en los países vecinos: Ucrania, Bielorrusia, incluso los estados bálticos, Moldavia y el Cáucaso, donde especialmente Armenia está siguiendo un camino preocupante.