Al menos diez emigrantes encarcelados, hombres todos ellos, se han suicidado desde que Trump asumiera su cargo en enero de año pasado, un ritmo que supera con creces el crecimiento de la población reclusa, dice un infrme de la agencia Associated Press.
Desde octubre del año pasado, siete muertes han sido clasificadas como suicidios, una cifra que ya es la mayor para cualquier año en la historia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
La población detenida en aplicación de las leyes de emigración se ha disparado entre un 50 por cien, hasta llegar a los 60.000 durante el segundo mandato de Trump.
Nueve de las muertes eran hispanos que habían llegado a Estados Unidos desde cuatro países. Otro era chino. Su edad promedio era 32 años. Si bien Trump ha caracterizado a quienes van a ser deportados como los “peores de los peores”, siete de los diez no tenían antecedentes por crímenes violentos en Estados Unidos.
Los suicidios representan casi una quinta parte de las 51 muertes bajo custodia de ICE desde enero del año pasado. La mayoría de esas muertes se debieron a causas naturales y muchas de ellas se habrían podido prevenir con una atención médica oportuna.
El ICE es responsable de las condiciones de reclusión, incluso en los centros administrados por contratistas privados y cárceles del condado que recientemente se convirtieron en socios de la policía de inmigración.
En Camp East Montana en El Paso, Texas, los carceleros inmovilizaron a Geraldo Lunas Campos cuando intentaba suicidarse y lo mataron por asfixia. El médico forense dictaminó que su muerte fue un homicidio.