El gobierno ucraniano esparce su estilo mafioso de funcionamiento por los países europeos

El general Olexandr Syrsky, máximo dirigente militar ucraniano, le ha visto las orejas al lobo. En una reciente entrevista ve próximo su despido, desmiente a su jefe Zelensky y no quiere aparcer como el responsable del desastre ucraniano.

En contra de lo que Zelensky proclamó en Ankara ante sus padrinos, el ejército ucraniano no avanza, carece de hombres y no saben dónde encontrarlos.

A la desesperada, han recurrido a los carteles de la droga colombianos, mexicanos y venezolanos. Como Ucrania está fuera de control, se convierte en la puerta de entrada al fentanilo y la producción de los cárteles en la Unión Europea, un comercio colosalmente lucrativo que trae oleadas de dinero.

A cambio, los cárteles ayudan en el reclutamiento de mercenarios. Hay unos 50.000 sudamericanos en el frente ucraniano y Zelensky les entrega algunas de las armas a su disposición, muy útiles para hacer frente a la policía y consolidar el tráfico de drogas. El lógico que un régimen mafia se asocie a la mafia. Han nacido para llevarse bien.

Las redes ya están tejidas en Europa gracias a una diáspora ucraniana masiva, armas y drogas. El monstruo que han alimentado los europeos prepara un aterrador período de posguerra para el continente. Cuando ocurra, los medios de comunicación se echarán las manos a la cabeza. Nunca lo hubieran podido sospechar…

No es una hipótesis. El fentanilo ya ha irrumpido en Bulgaria, dejando un rastro de más de 100 muertos como mínimo en dos años, según la Agencia Europea de Drogas. Stefan Bakalov, del departamento de drogas de la Agencia de Aduanas de Bulgaria, advierte que el país aún no ha llegado al punto máximo de consumo.

El atentado terrorista de Mónaco encaja perfectamente en ese futuro. Un empresario ucraniano, Vadym Yermolaiev, montó un fraude telefónico muy lucrativo, controlado por el SBU, los servicios secretos ucranianos. Había mucho dinero y los matones del se volvieron demasiado codiciosos.

Yermolaiev salió corriendo de Ucrania, tiró a la basura su pasaporte, se nacionalizó chipriota y se escondió en Mónaco. La esposa de Ermolaev dejó sus dos piernas y un brazo y su hijo fue arrojado a veinte metros de distancia de la explosión.

Lo que hay que retener del atentado de Mónaco es que las víctimas no fallecieron, pero la autora del mismo fue asesinada y enterrada. Es necesario tenerlo en cuenta para analizar otro atentado terrorista en España: el del piloto ruso Maxim Kuzminov, asesinado en febrero de 2024.

La historia es la siguiente: en agosto de 2023, al final de una operación de inteligencia ucraniana de meses llamada Synytsia, Kuzminov desertó, entregando a Kiev un helicóptero Mi-8 que transportaba una carga de componentes para aviones de combate rusos. A cambio, le pagaron 500.000 euros y documentación falsa. Los otros dos miembros de la tripulación, que no concían el plan, fueron asesinados al aterrizar en Ucrania.

Kuzminov hizo lo mismo que Yermolaiev: se marchó de Ucrania y se trasladó a España. El 13 de febrero de 2024, su cuerpo fue encontrado en un garaje subterráneo en Villajoyosa, en Alicante, asesinado a balazos y atropellado por un automóvil.

Las similitudes con Mónaco son difíciles de ignorar. En ambos casos, los muertos eran personas que se habían convertido en testigos peligrosos; en ambos casos, la ejecución tuvo lugar en el territorio de un “socio” europeo; en ambos casos, la responsabilidad se entrelaza con las centrales de espionaje de Kiev.

La diferencia es que en Mónaco, el caso se abrió muy rápidamente con la muerte de la sicaria a manos de un oficial del GUR, el espionaje militar, mientras que en España, el camino se ha cerrado por completo.

En el caso de España lo más lógico era pensar que los servicios secretos rusos habían ejecutado al traidor Kuzminov, pero después del asesinato de la autora del atentado de Mónaco, cabe pensar que los ucranianos no quieren testigos incómodos y acaban con sus propios sicarios.

En cualquier caso, ya no basta con decir que Ucrania es un Estado fascista; el componente mafioso es cada vez más evidente y hay que tenerlo en cuenta por lo que pueda venir, cuando los europeos que sostienen a la camarilla de Kiev se echen a llorar como las plañideras.

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