La multinacional farmacéutica Merck pagará 50 millones de dólares por los efectos adversos de la vacuna Gardasil. En los tribunales de Estados Unidos se acumularon más de 200 demandas presentadas por pacientes que sufren enfermedades autoinmunes después de recibir la vacuna.
Según Merck, el acuerdo resuelve todas las demandas en curso, con la excepción de una, presentada contra su vacuna contra el VPH (Virus del Papiloma Humano).
En 2006 Gardasil se benefició de un procedimiento de autorización acelerada de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) y los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) la recomendaron para todas las niñas de 11 a 12 años. En aquel momento ya se sabía que Merck había utilizado un placebo bioactivo que contenía aluminio durante las pruebas previas a la comercialización y solo había probado la vacuna en un pequeño número de niños menores de 15 años.
Las más de 200 demandas presentadas desde 2022 se acumularon en una demanda colectiva. La vacuna había causado lesiones graves y problemas de salud crónicos, incluidas enfermedades autoinmunes, encefalitis y disfunciones neurológicas, síndrome de taquicardia ortostática postural (PTOS), diabetes, insuficiencia ovárica prematura (POI), infertilidad y muerte.
La demanda denunció un defecto de fabricación, una falta de información y negligencia. La farmacéutica no había tenido suficiente cuidado en la investigación, desarrollo, distribución y comercialización del Gardasil. Merck tampoco usó un placebo salino en los ensayos previos a la autorización y optó por un placebo neurotóxico bioactivo, y no probó suficientemente la vacuna en el grupo de edad objetivo.
Por si no fuera suficiente, la multinacional exageró los beneficios del Gardasil y no reveló adecuadamente los efectos adversos. No advirtió a los médicos y a la población sobre el riesgo real de lesiones y muerte relacionada con la vacuna. La campaña de propaganda de Merck para asustar a los padres para que sus hijos se vacunaran fue implacable, a pesar de la falta de estudios que demuestren que el Gardasil previene el cáncer.
Entre los demandantes estaba Jennifer Robi, una atleta de secundaria que fue internada. Quedó en silla de ruedas después de recibir tres dosis de la vacuna contra el VPH.
El caso Robi permitió la divulgación de algunos de los documentos internos de Merck. La empresa había diseñado sus ensayos clínicos para ocultar los efectos secundarios de la vacuna y había falsificado intencionadamente su seguridad.
En casi todos los ensayos clínicos, Gardasil contenía un coadyuvante a base de aluminio que causaba fuertes reacciones inflamatorias. Merck comparó la vacuna con un placebo que contenía aluminio bioactivo, no con un placebo inerte. Además, los documentos judiciales revelan que Merck no reveló a sabiendas que la vacuna contenía fragmentos de ADN del VPH, actuando como un coadyuvante sin licencia que podría causar enfermedades autoinmunes en algunas personas.