El brazo derecho de Fauci se declara culpable de conspirar durante la pandemia

Ayer David M. Morens, desde hace mucho tiempo dirigente del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID), se declaró culpable de conspiración ante un tribunal de Estados Unidos. De 2006 a 2022 Morens fue uno de los principales asesores en la oficina del entonces director de la NIAID, Anthony Fauci.

Morens se refiere a los delitos y al fraude en relación con la investigación del origen del “covid”. Durante la pandemia la burocracia sanitaria de Estados Unidos conspiraron para engañar a Estados Unidos después de que los Institutos Nacionales de Salud (NIH) cortaran el flujo del dinero, dijo la Oficina de la Fiscalía de Estados Unidos en un comunicado.

Bajo la batuta de Fauci, el NIAID financió a organismos que, a su vez, financiaban al Instituto de Virología de Wuhan. Como anunciamos en 2021, el dinero se canalizó a través de un tinglado que aparece con un nombre en clave, que oculta a la EcoHealth Alliance, una organización “sin fines de lucro” que mueve mucho dinero.

Uno de los detonantes de la pandemia fue situar a China como “zona cero” para bloquear las exportaciones chinas, cerrar los puertos a sus barcos, así como los vuelos de sus aviones. La campaña para centrar el foco de la pandemia en Wuhan fracasó muy rápidamente y una parte de la reacción estadounidense culpa de ello a Fauci bajo dos premisas. La primera es que Fauci financió el origen de la pandemia y la segunda es que lo ocultó, engañando a los estadounidenses.

La burocracia sanitaria se pasa a la clandestinidad

Como los conspiradores esperaban que su correspondencia se acabara filtrando, tarde temprano, acordaron por escrito ocultar deliberadamente sus mensajes, a través de la cuenta privada de Morens, en lugar de utilizar el servicio de mensajería oficial de los NIH. “Como saben, siempre trato de comunicarme a través de Gmail, ya que mi correo electrónico de los NIH se revisa constantemente”, escribió Morens, quien se comprometió a “eliminar todo lo que no quiero ver en el New York Times”. En febrero de 2021 incluso explicó la manera de borrar los correos electrónicos.

Es evidente que, en plena pandemia, los dirigentes de las instituciones sanitarias de Estados Unidos actuaban clandestinamente, como cualquier banda de delincuentes, y que trataban de borrar el rastro de sus manipulaciones y engaños. El propio Fauci se ocultaba tras el seudónimo de “Oficial Senior de NIAID 1”. El cabecilla era “demasiado inteligente para que sus colegas le enviaran cosas que podrían causarle problemas”, dice Morens.

Morens ha admitido haber hablado con un autor anónimo, identificado como “Cómplice 2”, dirigente de la EcoHealth Alliance, sobre las subvenciones al Instituto de Wuhan. En junio de 2020 le envió dos botellas de vino a su vivienda particular como agradecimiento por sus “maquinaciones detrás del escenario”.

El objetivo era desmentir las acusaciones de que el virus había escapado de un laboratorio financiado por Estados Unidos. Según el Ministerio de Justicia, Morens encargó la redacción de un “comentario científico” en una revista “de prestigio”, argumentando que el “covid” era de origen natural.

A cambio de su confesión, la fiscalía le ha retirado a Morens una parte de las acusaciones presentados en abril, incluida la destrucción, alteración o falsificación de expedientes en investigaciones, su ocultamiento o remoción, y la ayuda e instigación. Para cada una de estas acusaciones, Morens podría haber sido castigado con hasta 20 años de cárcel.

Ahora Morens, de 78 años de edad, puede enfrentarse a una sentencia de prisión de hasta cinco años, más tres años de libertad condicional.

La trampa del origen del ‘covid’

El caso de Morens forma parte de una disputa creciente sobre el origen del “covid”. Un comité del Senado recientemente votó para procesar al propio Fauci por desacato al Congreso después de que se negara a responder preguntas sobre su comportamiento durante y después de la pandemia.

Fauci se distanció de Morens en una audiencia de 2024, diciendo que no sabía nada sobre el uso de su correo electrónico privado. Sin embargo, reconoció que esa conducta violaba las normas de actuación. Como ya hemos explicado, aunque nunca ha sido condenado judicialmente, a Fauci le indultó Biden por precaución, una inmunidad que alcanza desde el 1 de enero de 2014 hasta el 19 de enero de 2025.

Fauci fue director del NIAID de 1984 a 2022 y, además del “covid”, también fabricó otra pandemia: la del sida.

Pero no es eso lo que una parte de los senadores y congresistas estadounidenses tratan de destapar. No ha habido ningún virus involucrado en ninguna nueva enfermedad que se haya producido en China y se haya propagado por el mundo. El exceso de mortalidad registrado en la primavera de 2020 en una minoría de países no se puede imputar a ningún virus ni a ninguna enfermedad nueva.

La pandemia una gigantesca operación sicológica montada en Estados Unidos con el único propósito de bloquear la exportaciones chinas y promover las nuevas vacunas de ARN mensajero diseñadas por Pfizer y Moderna. Como pocas veces se ha visto, la población fue aterrorizada para que aceptara lo inaceptable.

La hipótesis de un virus manipulado que escapó de un laboratorio es errónea, lo mismo que las invenciones sobre el “paciente cero”, las infinitas variantes, la “ganancia de función” o los más extravagantes delirios sobre el pangolín.

El papel del ejército de Estados Unidos

En los debates sobre la pandemia, sobresale el silencio sobre el papel de DARPA, el departamento de ciencia del ejército estadounidense. Las primeras inyecciones genéticas experimentales se llevaron a cabo bajo su supervisión y, como explicamos en su día, Moderna es una farmacéutica creada por el ejército.

En febrero de 2020, antes incluso de que se informara de la primera muerte por “covid” en Estados Unidos, el gobierno decidió que la pandemia en ciernes representaba una amenaza de NRBC (riesgos nucleares, radiológicos, biológicos y químicos) y que era necesario confiar la gestión al ejército.

La respuesta militar fue exportada a varios países y discretamente encauzada por el Pentágono a través de la OTAN. También fue el papel principal de DARPA y otra agencia estadounidense, la BARDA (Autoridad Biomédica de Investigación y Desarrollo Avanzado), en la Operación Warp Speed, de la que ya hablamos en su momento.

Pero si Fauci y sus acólitos trataron de borrar el rastro, el Pentágono hizo lo mismo: “Tirar la piedra y esconder la mano”.

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