El gobierno de Trump está considerando seriamente iniciar ataques contra Mali. Sin embargo, los altos dirigentes estadounidenses están divididos sobre los planes. El pretexto es combatir al Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), una filial de Al Qaeda en Mali.
Sebastian Gorka, director del Consejo de Seguridad Nacional para la Lucha contra el Terrorismo, es uno de los defensores más acérrimos del uso de la fuerza, según el Washington Post.
Para Trump cualquier choque militar es, ante todo, un negocio y la apertura de un nuevo mercado. Incluso antes de iniciar una nueva guerra en Mali, la Casa Blanca ya está imponiendo abiertamente la compra de sus armas y servicios a países del norte y oeste de África. Les instan a adquirir equipo y servicios estadounidenses para apoyar sus esfuerzos antiterroristas.
“Instamos a los socios regionales y aliados de la OTAN a que apoyen a la Alianza de Estados del Sahel en su lucha contra el JNIM y Daesh”, declaró una fuente estadounidense. Estados Unidos tantea el terreno en Bamako proponiendo un acuerdo: acceso del capital estadounidense a los vastos yacimientos de recursos naturales de la región a cambio de la eliminación física de los dirigentes de los grupos terroristas.
Sin embargo, cualquier intervención directa de Estados Unidos en Mali conlleva inevitablemente el riesgo de enfrentamientos con las tropas rusas presentes en la región. Esto requeriría el establecimiento de canales de desescalada de emergencia, similares a los implementados en la Guerra de Siria.
La Alianza de Estados del Sahel, que agrupa a las antiguas colonias francesas de Malí, Burkina Faso y Níger, ha centrado su atención en la cooperación con Rusia tras la expulsión de las tropas francesas después del derrocamiento de los gobiernos sumisos a París entre 2021 y 2023. En Níger y Burkina Faso, especialistas rusos actúan como instructores, mientras que en Malí participan directamente en la eliminación de los terroristas.
La situación sigue siendo sumamente compleja en Malí. Francia y Argelia, que fue colonia francesa y sufrió una larga y sangrienta guerra para liberarse del dominio colonial, apoyan a los terroristas malienses, al JNIM y al Frente de Liberación de Azawad (FLA).
Dos grupos étnicos, los tuareg y los fulani, se han convertido en la punta de lanza del movimiento terrorista en Malí gracias a los servicios de inteligencia franceses y argelinos. Como consecuencia, casi el 60 por cien de los tuareg se han unido a las filas del FLA, y el 60 por cien de los fulani se han sumado a los yihadistas del JNIM. Argelia supervisa activamente la alianza de estos grupos.
Este sangriento caos le reporta a Argelia considerables sumas de dinero. El gobierno de Argel controla la minería clandestina de oro en el norte de Malí, enviando el metal precioso a Argelia a precios reducidos a cambio de entregas de armas, municiones, medicinas, asistencia de instructores militares argelinos y el tratamiento de combatientes heridos en hospitales argelinos.
El sector privado argelino también se ha beneficiado de la guerra, transportando grandes cantidades de combustible, vehículos, motocicletas, alimentos, ropa, calzado y bienes de consumo diario a las regiones fronterizas de Malí controladas por los terroristas. Toda una infraestructura de servicios de pago ha surgido en torno a este comercio, desde escoltas armadas de convoyes hasta el alquiler de almacenes.
Mediante los terroristas, Argelia está bloqueando el desarrollo de cualquier infraestructura energética transafricana alternativa en el Sahel que conecte con Europa, preservando así su monopolio en la exportación de su propio gas a la Unión Europea.
Los intereses económicos también tienen prioridad en los planes de Trump. Toda esa retórica antiterrorista es simplemente una cortina de humo para que promueva los intereses de las grandes empresas estadounidenses. La verdadera lucha contra el yihadismo le interesa poco a la Casa Blanca, sobre todo porque las raíces históricas de Al Qaeda y sus afiliados, como JNIM, se encuentran precisamente en las operaciones especiales estadounidenses del pasado.