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El ciudadano Borbón es un ladrón

Ayer me quedaron cuatro cosas por decir en la entrevista de La Base de Pablo Iglesias. Me había preparado para hablar del archivo de las causas del emérito por parte de la fiscalía Anticorrupción, pero por falta de tiempo se me quedaron en el tintero cuatro ideas:

  1. Esto que ha pasado no tendría que haber pasado de ninguna manera. La Fiscalía anticorrupción nunca tendría que haber cerrado esos expedientes. La inviobilidad de la que habla la Constitución no se refiere a actos -y negocios- privados. Aceptar que el ciudadano Juan Carlos de Borbón en la práctica sea impune para todo es una barbaridad contraria a todo derecho. Es indenfendible que no se pueda hacer otra cosa, que tenemos las manos atadas, solo porque interpretamos una ley torticeramente. Y más cuando la fiscalía considera poco menos que probados los delitos investigados, y todavía un poco más. El ciudadano Borbón es un ladrón. La inviolabilidad cubre su actuación pública como rey, porque de sus errores serían responsables los cargos políticos que los refrendan. Pero como persona, como individuo y ciudadano, nadie refrenda sus actos, ¿o sí?

  2. Es la segunda vez que se aprovecha el momento mediático para minimizar la gravedad de un escándalo relativo a la monarquía. La primera fue la declaración del Estado de Alarma por la pandemia, que dejó el escándalo de la apertura de diligencias en Suiza en segundo plano. Y ahora se aprovecha el contexto de la Guerra de Ucrania. Una burdísima manipulación de la opinión pública para evitar que haya protestas. Pero el malestar seguirá ahí…

  3. Políticamente, ya es hora de dar un puñetazo en la mesa y decir “¡hasta aquí hemos llegado!” y no andarse con cortesías. Esto no es un problema judicial -que la justicia no es independiente en España lo sabemos todos- sino político. No se puede pasar por alto que ha sido “el gobierno más progresista de la historia” el que ha cerrado vergonzosamente las investigaciones. Esto pasará factura política, porque las nuevas generaciones son de sensibilidad abiertamente republicana. Por una “cuestión reputacional”, esto no tendría que haber pasado nunca.

  4. Ya como mínimo, como minimísimo, habría que poner los medios para que no se repita la misma situación con Felipe VI, modificando de inmediato la redacción de las leyes necesarias y la propia Constitución, para dejar claro y cristalino que todos somos iguales ante la ley y que los Borbones no tienen licencia para robar.

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¡Solidaridad con las Repúblicas del Donbas!

Han pasado ya 8 años desde que el fascismo ucraniano, apoyado y financiado por EEUU y la UE, diese un golpe de Estado en Kiev tras los sucesos del Maldán.

Desde entonces, la Junta fascista de Kiev no ha hecho más que aplicar una política de persecución contra la oposición interna y contra las minorías nacionales del país. Ejemplos claros de estas políticas son la ilegalización del Partido Comunista en 2015 o las leyes contra el uso de la lengua rusa. Pero si hay un hecho que mostró claramente al mundo la verdadera naturaleza del régimen de Kiev, esa fue la masacre de Odessa en mayo de 2014, cuando batallones fascistas quemaron vivas a 46 personas en la Casa de los Sindicatos.

En respuesta a estos hechos, la población del este de país se organizó política y militarmente para defenderse de la ofensiva de Kiev y sus batallones fascistas. Fruto de esta organización, el 12 de mayo de 2014 se proclamaron las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, tras la celebración de sendos referendos en los que más del 90% de la población votó a favor de la autodeterminación de las regiones.

Han pasado 8 años desde estos sucesos, pero en este tiempo no ha habido un sólo día en el que el ejército ucraniano no bombardease las regiones de Donetsk y Lugansk, acabando con la vida de 15.000 civiles desde entonces, A pesar de los repetidos intentos de llegar a acuerdos para pacificar la región, el régimen de Kiev nunca ha mostrado interés en detener la guerra sobre la población del Donbass. Como la propia Junta de Kiev ha llegado a afirmar, ellos no necesitan a la población del Donbass, sólo sus territorios.

Es en este contexto cuando el gobierno ucraniano comienza a fantasear con ser admitido en la OTAN, con la esperanza de que esta membresia le garantizaría el apoyo del resto de miembros de la Alianza para recuperar militarmente la región del Donbass. Ante estas pretensiones la OTAN, lejos de rechazar la idea de admitir en su seno a un país en situación de guerra interna se ha dedicado a azuzar las ansias de guerra de Kiev como forma de instrumentalizar a Ucrania en su particular disputa con Rusia. Envalentonado por este apoyo y por el material bélico recibido de países de la OTAN, la Junta de Kiev lazó el pasado jueves 17 de febrero una dura ofensiva contra el Donbass. Una ofensiva que además se realiza al dia siguiente de que Rusia retirase sus tropas de la frontera, en un intento de desescalar el conflicto.

Ante esta última ofensiva, quedaba ya claro que ni la Junta de Klev ni la OTAN tienen ningún interés en alcanzar acuerdos de paz en la región, y que estaban dispuestos a avanzar con todo en el Donbass. Es por ello que el reconocimiento oficial de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk por parte de la Federación Rusa, aunque tarde, era ya una necesidad impostergable para garantizar la seguridad de la población de estas repúblicas.

Por todo ello, y ante los acontecimientos que se están sucediendo, llamamos a todos los comunistas, antifascistas e internacionalistas en general, a organizarse en solidaridad con las repúblicas de Donetsk y Lugansk.

¡Fuera la Junta fascista de Kiev!
¡No a las guerras de la OTAN!

Comité de Apoyo al Donbass

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Comunicado del Movimiento Antirrepresivo de Madrid sobre la Guerra de Ucrania

¡No a las guerras de la OTAN!
¡Basta de agresiones imperialistas!


En la madrugada del 24 de febrero ha estallado la guerra. El empuje de la OTAN y sus secuaces no cesa. Llevan décadas arrasando países y sometiendo a pueblos enteros. Los últimos años vienen acosando de manera muy especial a Rusia, uno de sus grandes objetivos. Pretenden incorporar a la alianza a Ucrania y Georgia, lo que supondría llevar sus misiles hasta la frontera rusa, lo cual es una clara amenaza que esta última se niega a aceptar. La desestabilización de la Unión Europea y la congelación de las relaciones políticas y económicas con Rusia no se han hecho esperar, muy en particular en lo referente a la importación del gas y su pretendido reemplazo por el gas licuado a precios sustancialmente superiores.

El estado ucraniano, por su parte, manejado por auténticos fascistas desde el golpe de estado del Maidán en 2014, ha desplegado a la mayoría de su ejército en una guerra de terror (incluyendo batallones nazis de castigo con apoyo de armas y entrenamiento del Reino Unido y EEUU) contra las repúblicas soberanas del Donbass, que han pedido ayuda a Rusia.

La OTAN ha disfrazado sus ofensivas de “humanitarias”, pero no nos engañemos, estos imperialistas solamente buscan defender los intereses económicos de los más poderosos y arrastrarnos al pueblo trabajador a una guerra de consecuencias devastadoras.

Los medios de comunicación también tienen su parte de responsabilidad en esta guerra. Desde el primer momento han trabajado de manera incesante para arrojar más leña al fuego, con una continua propaganda bélica en redes, televisión, radio…

Igual que hizo Aznar con Bush en la guerra de Irak, el actual gobierno de España corre a lamer las botas de sus amos yankis, prometiendo toda ayuda y apoyo llegado el momento y es muy posible que arrastre a España a esta guerra que solo ellos desean. De hecho hay ya varias fragatas, cazas y centenares de soldados a la zona. La OTAN está preparando una auténtica guerra mundial y el gobierno español está decidido a meternos en ella.

Hoy debemos ser igual de contundentes que en 2003, cuando nos echamos a las calles masivamente para demostrar nuestro rechazo a la guerra imperialista. Es necesario volver a expresar firmemente nuestro rechazo a estas agresiones.

Las víctimas de estas guerras siempre son los pueblos.

¡El pueblo no quiere esta guerra!
¡El estado español y su gobierno son cómplices!

Movimiento Antirrepresivo de Madrid 24 de febrero del 2022

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La leyenda de los Uturuncos

En el mes de diciembre de 1959, un ataque a la comisarla de Frias, Provincia de Santiego del Estero, fue el bautismo de fuego de un movi­miento político miltar desconocido llamado «Uturuncos».

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Garzón y la agenda verde alimentaria: carne y productos frescos para quien pueda pagarlos y biotecnología para el resto

En julio de 2021, la Fundación Rockefeller publicó un documento, editado en especial para altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos, para lograr una profunda transformación de la agricultura mundial y la producción de alimentos.

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El cuento de nunca acabar

Desde que empezó este festival de virus y vacunas, los medios no hacen más que hablar de “expertos” a los que nunca citan con nombre y apellidos, y de una comunidad científica que como tal es un vago concepto porque su naturaleza es la de científicos dispersos cuya relación entre sí y la eficacia de sus estudios están basados en la total independencia entre unos y otros.

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La justicia y el orden

Tuvo que ser un romántico en etapa tardía, Goethe, quien prefiriera lo segundo, el orden, a la justicia. El orden burgués, se entiende. Sin embargo, en aras de la justicia es que ha habido motines y revueltas, levantamientos y asonadas, en épocas esclavistas y feudales. Sólo con la aparición del modo de producción capitalista y su desarrollo, surgió un término que sólo se reservaba a la física y la mecánica celeste: la revolución. Económico-política, se entiende.

El genio de Marx y Engels despanzurró las entrañas del capitalismo e indicó la senda revolucionaria. Ya no era bastante conseguir la «justicia» social -propio de anarquistas pequeñoburgueses-, sino que se trataba de hacer la Revolución, esto es, voltear el sistema imperante, acabar con él. Habrá ya reformistas y revolucionarios. Habrá quien pretenda «que se haga justicia», y habrá quien luche para crear las condiciones para que haya justicia. Los primeros tendrán un lugar en el sistema;los segundos, no.

Mientras tanto, sabemos ya por el sofista del siglo V a.C., Trasímaco, nacido en Calcedonia (Asia Menor), que la justicia es el interés del más fuerte (Ihering dirá en el XIX que el Derecho viene de la fuerza). Las leyes son dictaminadas por los que ejercen el poder con vistas a su propio beneficio o conveniencia. La justicia es aquello que beneficia, interesa y conviene al gobierno establecido y, por lo tanto, beneficia al más fuerte.

A Trasímaco no le interesa lo que debería ser la justicia sino lo que es realmente. Lo que denuncia este sofista -de primera generación con los Gorgias, Pródico, Protágoras, Hipias, Antifón- es que, debajo de todo el tejemaneje del poder, nos encontramos siempre con el dominio del fuerte sobre el débil. Trasímaco opina que lo justo no era sino lo más conveniente o útil al más fuerte, es decir, al interés de los fuertes o poderosos.

Sócrates refutaría la noción tradicional que define la justicia como «hacer bien a los amigos y mal a los enemigos». Para él, la justicia sería hacer el bien sin más.

Hoy los bienpensantes serían socráticos… sin más. La diferencia entre Trasímaco y Sócrates es que lo que es según el calcedonio, es lo que debe ser según Sócrates. Y hoy, en una sociedad dividida en clases, y con una justicia de clase, se sigue la prédica de Trasímaco, por mucho que haya llovido.

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Una enfermedad mortal para la democracia

Creonte: ¡Cómo! ¿Ha de ser la ciudad la que ha de dictarme lo que debo hacer?
Creonte: ¿Es que incumbe a otro que a mí el gobernar a este país?
Hemón: No hay ciudad que pertenezca a un solo hombre.
Creonte: Pero ¿no se dice que una ciudad es legítimamente del que manda?
(Antígona)

Estas palabras escritas por Sófocles (442 a.n.e) hace más de dos mil cuatrocientos años, deben haber sido el espejo en el cual se han mirado y regocijado las hordas gobernantes mundiales desde marzo de 2020. Así como en la tragedia griega el resultado de la acción de Creonte tiene como resultado la desesperación y la muerte, la acción de los que han actuado como él han sembrado el mundo de desesperación y muerte. Y en su afán autoritario niegan cualquier posibilidad de razonamiento.

Y los Creontes mundiales, agazapados en una legitimidad servil respaldada por los dioses de las grandes corporaciones, incluso han negado por primera vez desde Antígona, despedir a los muertos. “¿Cómo hemos podido aceptar, tan solo en nombre de un riesgo que era imposible de precisar, que las personas a las que apreciamos, y los seres humanos en general, no solo muriesen solos –algo que nunca había sucedido en la historia desde Antígona hasta hoy–, sino que sus cadáveres fuesen incinerados sin funerales? (1)

“El entierro de los muertos, el riesgo personal, el desdén por los reglamentos abstractos, el suicidio como acto de inmolación, es lo que antepone Antígona a la Ley mala, la ley abstracta. La que acusa a los que mantienen la norma estatal sin el respaldo moral que pueda convencer al último o a la última de las discrepantes… si perdemos el cuidado más hondo, el del abrazo y la visita a nuestros muertos, esto es, el tema de las grandes leyendas de la humanidad, nos será más difícil el rudo debate con los mercaderes de la muerte estadística, que como parece abstracta, la consideran como la cuota necesaria para seguir dominando el mundo” (2).

Lo que nos ha traído la impuesta pandemia ha sido un esfuerzo inimaginable para borrar cualquier signo de humanidad en los habitantes del planeta. La pérdida de humanidad es necesaria para conseguir las metas propuestas por el “nuevo espíritu del globalismo” que precisa de seres amorfos, obedientes, centrados solamente en sí mismos capaces de pisotear incluso a sus seres queridos para poder alcanzar la gloria de pertenencia a una sociedad posthumana o transhumana, en la cual las personas estén regidas por sofisticados algoritmos que decidan su comportamiento en el momento de tomar decisiones respecto a sí mismos y en relación al conjunto de la sociedad.

Ciertas clases sociales hace tiempo inmemorial que han relegado a la basura los rasgos característicos de la raza humana, lo cual hemos comprobado durante estos dos últimos años. Mientras una parte de la sociedad se hundía en la desesperación, la muerte y la pobreza, los organizadores de este apocalipsis han amasado en un breve período temporal, fortunas inmensas que los han convertido en los auténticos amos del mundo.

¿Pero y el proletariado mundial?, que ha sido junto a la desmembrada clase media, el objeto de este descalabro, al igual que en las grandes guerras. Y así como en las guerras se ha comprometido en la salvación de los capitales de “su clase dominante” esperando con ello una gratificación posterior, o imaginando que con su sacrificio se convertirían en sujetos de la historia, en esta nueva versión del agonismo del capital caracterizado por la presencia de enemigos invisibles, también se ha comprometido en la salvación de su clase dominante y ha defendido la puesta en circulación de armas de destrucción masiva.

Pero a diferencia de otras guerras mundiales, en la actual las armas se disparan contra la población indefensa ya que el supuesto “enemigo” no se sabe donde radica, ni tan solo si existe. Dicen que se trata de inocular las nuevas armas de destrucción en el interior de cada ciudadano para disponer de ellas ante la agresión de este enemigo invisible. Pero ya se está dando el caso que dichas armas explotan en el interior de cada individuo. Son daños colaterales, dicen los expertos.

Aceptado el sacrificio de participar en esta guerra, armados con algo inexplicable e inescrutable, protegido por el derecho de patente, el mundo se encamina presto a una aventura en la cual cualquier semejante puede ser portador del enemigo invisible. Y para conjurar este peligro nada más indicado que ser portador de un certificado de “limpieza de sangre” como salvoconducto, quedando los que no disponen de él como potenciales fuerzas enemigas a las cuales es preciso aislar, reprimir y si es preciso eliminar tanto social como físicamente.

En esta guerra, que inicialmente estaba encabezada por militares, policías y sayones, se han ido incorporando huestes del más variado colorido. Ahora, con porte militar, cualquier camarero o camarera, dependientes de comercio, porteros de cines, teatros y espectáculos varios se han investido de autoridad para poder exigir los certificados de limpieza de sangre a las personas que pretendan introducirse en unos espacios de los cuales estos pobres asalariados con contratos precarios, se sienten por primera vez en su vida “dueños” de la vida ajena y actúan como representantes de la legalidad otorgada por los nuevos dioses.

A este extremo ha llegado la degeneración del proletariado.

El sacrificio a los nuevos dioses tecnológicos, pandémicos, algorítmicos, mediáticos, políticos y académicos, ha sido considerado por una parte importante de la población mundial como un compromiso con los causantes de la desesperación y la muerte a la espera de una anunciada retribución al amparo de la nueva normalidad conocida como “el gran reinicio” de una carrera hacia un futuro ignoto.

Los que ya hemos visto nacer y crecer dos o tres generaciones, mantenemos el recuerdo de un tiempo en el cual el enemigo no era invisible, sino tangible y perteneciente a una clase social antagónica. Tal vez dentro de dos o tres generaciones posteriores renazca un nuevo proletariado que se niegue a ser el complemento de los actuales dioses y se niegue a obedecer cuando se le intente inocular estas armas de destrucción masiva y se le impida despedir y enterrar a sus muertos.

(1) Trazos de Antígona en pandemia. Carlos Gutiérrez, Juan Jorge Michel Fariña. Universidad de Buenos Aires, https://www.aesthethika.org/Trazos-de-Antigona-en-pandemia
(2) https://www.pagina12.com.ar/261547-antigona

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Jaime Richart: «Las Agencias sólo informan con cuentagotas y con mucha más malicia que prudencia»

Tengo el inmenso placer de deciros que MPR21 es la única fuente de información que me interesa de verdad.
Todos los demás soportes digitales o impresos o radiofónicos, y qué decir de los televisivos a los que hace más de un año no presto la más mínima atención, no es que no me inspiren confianza en los asuntos y dominios graves: sanidad, pandemia, vacunas, política, es que los considero autores, cómplices o parte de su artificiosa creación y por consiguiente de la realidad y atmósfera que respiramos.

No sólo en España, sino también en el resto del mundo aunque en éste menos. Porque de fuera las Agencias sólo informan con cuentagotas y con mucha más malicia que prudencia…

Casi desde el principio, por la forma y estructura de que se dota la información, siempre exhaustiva respecto a los datos de hechos, personas, entidades, etc mi lectura de los posts o noticias comienza siempre con la convicción de que MPR21 es absolutamente fiable.

Y, siendo como soy, no sólo por la edad y la experiencia sino también por auto didactismo filosófico, escéptico en tiempos además de un positivismo aniquilador, no encuentro solaz intelectivo más que en MPR21. No sé cómo os las arregláis para compilar tal número de datos que hacen para mí tan convincentes los relatos, pero el caso es que es el único espacio fuera de mi mismidad (nunca estoy menos solo que cuando estoy solo) en el que me encuentro sumamente cómodo leyendo todas vuestras veraces noticias.

Un cordial saludo para todos los que contribuís a tan seria y trabajado soporte en un país como éste en el que no hay espacio alguno que no imagine uno vendido, comprado, corrupto… y dedicado casi exclusivamente a adulterar todo lo posible la noticia, salvo los avatares dramáticos del volcán. Y eso sólo en la exposición exclusiva del fenómeno natural, pero tampoco fiable en cuanto a los efectos colaterales y sus posibles reparaciones…

Lo dicho. Mi felicitación y con yo mi ánimo para que prosigáis vuestro valioso trabajo. Llegará un momento en que de censurados pasaréis por ser el referente y ejemplo de lo que espera un país serio de un pueblo serio…

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Oprimirse es vivir, resistir es morir: la clave de la supervivencia

La identificación proyectiva, en psicoanálisis, parte de la idea de que quien abusa proyecta sus cualidades menores en el abusado, para luego, señalar a la victima como responsable de las conductas «nocivas» o «peligrosas» que a juicio de quien ostenta el poder, hay que erradicar.